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miércoles, 23 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (070)

070/2026 -Dudo mucho de que la manera de sanar al niño interior consista en una alternativa distinta a la de aceptar que aquella identidad ya no existe. Ahora estamos siendo exactamente eso que estamos siendo, manifestando y viviendo ahora. Paradójicamente, aquello que puede favorecer que se repita lo que sucedió en el pasado será el miedo a que se repita aquello que se teme que vuelva a suceder. La energía empleada en mantener vivos los “recuerdos selectivos” del pasado y los “pajaritos mentales” sobre el futuro, es la misma que se estará malgastando en justificaciones exageradamente egocéntricas. Los miedos y los apegos al ayer, así como las especulaciones sobre el mañana, estarán condicionando la experiencia del ahora. Realidad solo está siendo el estar siendo/sucediendo presente.

La melancolía, la añoranza, la nostalgia…, no son características de una conciencia lúcida. Una conciencia melancólica no busca resolver y/o dejar ir el pasado, sino habitarlo y recrearse en el victimismo, el autoengaño, la venganza, el castigo y la tristeza. Una conciencia verdaderamente lúcida comprende que alimentar la melancolía es solo otra forma de evitar la aceptación del compromiso y de la responsabilidad que supone vivir el ahora con confianza y libertad. La confianza revela una actitud menos apegada al miedo y a las exigencias ante el fluir de la Vida, del Presente, de la Realidad, por tanto, también de reconocimiento y aceptación de nuestro estar siendo/sucediendo personal. Nuestro estar siendo/sucediendo individual no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto o Universal: ¡No dos estar siendo/sucediendo separados!

La conciencia de estar siendo un yo particular -conciencia egoica y/o identificada- crea la percepción y la experiencia de división, separación, confrontación, etc., pero más allá de ese fenómeno completamente natural, nada existe ni sucede que ello no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Nada puede estar siendo manifestado, aconteciendo, realizado, experimentando, compartido, decidido, soñando…, que -sin excepción- no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. En la medida que la conciencia identificada con su apariencia egoica reconoce y acepta (amor) que su estar siendo/sucediendo individual no existe separado del resto del Estar Siendo/Sucediendo Universal, también sus percepciones y experiencias dejan de ser interpretadas y vividas como acontecimientos exclusivamente personales, por tanto, como si se tratase de realidades independientes y separadas del conjunto que está haciéndolas posibles.

Aceptar conscientemente la propia experiencia no implica aprobar todo cuanto sucede ni renunciar a intervenir sobre aquello que puede y debe ser transformado; significa reconocer que incluso el rechazo, el sufrimiento, el miedo, el deseo de cambiar las cosas y las decisiones que se toman para hacerlo también están siendo parte inseparable de la Realidad. Una conciencia lúcida no lucha contra lo que está siendo/sucediendo, sino que se relaciona con ello de una manera consciente, natural y responsable. Reconocer conscientemente la no separación no reduce la responsabilidad individual, pero puede hacerla más profunda: cuidar la propia manera de estar siendo/sucediendo también estará siendo una forma de cuidar el conjunto del que se está formando parte. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 070/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece una invitación lúcida y profunda a soltar la ilusión de un “niño interior” como entidad separada que hay que reparar. Coincido plenamente: aferrarse a esa identidad pasada suele ser una forma sofisticada de evitar el único lugar donde la vida realmente ocurre: el ahora. La energía que invertimos en recuerdos selectivos o en temores futuros no sana; solo perpetúa el drama egocéntrico.

Me resulta especialmente certera la idea de que la melancolía y la nostalgia no son señales de sensibilidad elevada, sino de una conciencia que prefiere habitar el victimismo antes que asumir la responsabilidad de vivir con confianza. Aceptar que “solo está siendo el estar siendo/sucediendo presente” no es negación del dolor, sino reconocimiento de que incluso el rechazo, el miedo y el deseo de cambiar forman parte inseparable de la Realidad. Esa aceptación no implica pasividad: permite actuar con mayor claridad, sin la distorsión de la separación.

La no-dualidad que describes —“¡No dos estar siendo/sucediendo separados!”— es, para mí, el núcleo más transformador. Cuando la conciencia identificada reconoce que su experiencia individual no existe al margen del Estar Siendo Absoluto, el sufrimiento deja de sentirse como una herida exclusivamente personal y se convierte en un movimiento del mismo Todo. Cuidar entonces la propia manera de estar siendo se vuelve, naturalmente, una forma de cuidar el conjunto.

En resumen, la reflexión no propone una técnica más de sanación, sino un cambio de mirada: dejar de pelear contra lo que está siendo y relacionarse con ello de forma consciente y responsable. Esa actitud libera más que cualquier intento de “arreglar” el pasado. Vivir así no elimina los desafíos, pero los vuelve más ligeros, más honestos y, en el fondo, más libres.

sábado, 19 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (069)

069/2026 -¡Antes del Presente todo estaba siendo Presente, igual que después del Presente todo continuará siendo Presente! No existe ninguna otra Realidad que la que está siendo/sucediendo ahora. El pasado, junto con todas las manifestaciones o experiencias que lo conformó, fue un presente que murió para siempre, igual que el futuro será un presente que todavía está por llegar. Realidad sólo está siendo aquello que está siendo/sucediendo en este instante, de ahí la relevancia de “observar sin apego, miedo ni ansiedad” las imágenes o pensamientos de aquello que ya pasó y también las de aquello que todavía no haya sucedido. ¿Qué siembran, y qué frutos recogen, las mentes o conciencias identificadas con el yo egoico, así como las organizaciones de todo tipo (religiosas, ideológicas, políticas, culturales…) creadas por éstas, que basan sus objetivos en mantener vivos los fantasmas del pasado y las alabanzas hacia un futuro imaginario?
 
Básicamente, las dinámicas propias de las mentalidades atrapadas en el bucle temporal también se repetirán en el de la separación, el miedo, el victimismo, la ansiedad y la conflictividad, pues esas conciencias necesitan creer en todo aquello que les permita justificar su percepción del Presente (Realidad Absoluta). El Presente siempre está siendo impermanente, dinámico, en constante actualización, por tanto, libre de la culpa egoica por lo que ya desapareció y de la ansiedad y el deseo insaciable de las utopías. Las identidades apegadas a memorias del pasado y/o esperanzadas con un futuro prometido acostumbran a vivir instaladas en la frustración y la insatisfacción.

Reconocer y aceptar la naturaleza dinámica y cambiante del Estar Siendo Sucediendo -simultáneamente particular y universal- también conlleva el reconocimiento y la aceptación de que el niño (junto con todas sus posibles experiencias) que, según suele decirse, todos llevamos dentro, ya no existe: ya no está siendo real ni necesita toda la atención que el ego prescribe. A menudo, el recurso de sobreproteger, compadecer, etc., al niño que fuimos, no es más que una estrategia de la conciencia egoica para mantener vivas viejas identificaciones, identidades de víctima o apegos que nos impiden vivir con fluidez, lucidez, responsabilidad, madurez y plenitud la realidad y/o el ahora. El estar siendo de ayer se ha transformado en el estar siendo de hoy; ahora no hay otra forma de vivir en paz y armonía que la del “reconocimiento y la aceptación conscientes” de todo cuanto está siendo manifestado en el presente.

Por mucho que las conciencias más egocéntricas y victimistas se resistan a reconocerlo y aceptarlo, exactamente como está manifestándose, el presente ya está siendo la actualización y/o la sanación del pasado. Cada día puede verse de qué manera -en la política y en cualquier otro ámbito personal, familiar y social- las mentalidades más extremistas utilizan los conflictos acontecidos en el pasado para justificar la violencia y la frustración que les genera sus propias identificaciones. El aquí y el ahora actúa como un alquimista que transmuta las viejas percepciones, por eso, al asumir el presente (Realidad Absoluta) observando la ilusión de los efectos correspondientes a la identificación con el pasado, éste pierde gran parte de su carga emocional negativa. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 069/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a una verdad profunda y liberadora: la única realidad tangible es el presente. El pasado ya no es; el futuro aún no es. Todo lo que experimentamos ocurre en este instante, y aferrarnos a memorias o proyecciones no hace más que alimentar el ego, el miedo y el conflicto. Coincido plenamente en que las identidades atrapadas en “lo que fue” o “lo que debería ser” generan bucles de victimismo, ansiedad y separación. Las organizaciones —religiosas, políticas o ideológicas— que se nutren de esos fantasmas perpetúan dinámicas de confrontación en lugar de fluidez.

El llamado a observar sin apego es, a mi juicio, el núcleo de la lucidez. Cuando dejamos de sobreproteger al “niño interior” como si aún existiera, dejamos de alimentar identificaciones que ya no corresponden a lo que somos ahora. El presente no solo actualiza el pasado: lo transmuta. Esa alquimia es real; cada momento consciente diluye la carga emocional de lo ocurrido.

Aunque el pasado no existe como realidad actual, su huella informativa sí puede servir de aprendizaje si se contempla sin dramatismo. Rechazar toda memoria por principio puede llevar a una forma sutil de negación. La clave no está en borrar, sino en no identificarse. Igual ocurre con el futuro: planificar con claridad no es lo mismo que aferrarse a utopías.

En definitiva, vivir instalados en el “estar siendo” es la vía más directa hacia la madurez y la paz. El presente, exactamente como se manifiesta, ya es la sanación. Todo lo demás es ruido del ego. Aceptarlo plenamente no es resignación: es libertad.

martes, 18 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (061)

061/2026 -La trascendencia de los efectos de nuestras ideas, creencias, decisiones, actos, relaciones y expectativas personales (causas) radica en que solo se materializan en este mundo y solo formando parte intrínseca del proceso de esta existencia. Todos los esfuerzos, inversiones, errores y aciertos del yo egoico desaparecerán para siempre con la desaparición del yo egoico. Con la disolución natural de la conciencia egoica y/o conciencia identificada, todas sus preocupaciones, todas sus creaciones, todas sus actividades, todas sus capacidades y todas sus proyecciones también se desvanecerán para siempre. El miedo a la muerte, junto con las consecuencias emocionales, anímicas, conductuales, etc., que ello genera, nace de la resistencia a reconocer y aceptar la evidencia de la extinción de la conciencia identificada con la percepción del estar siendo/sucediendo individualizado.
 
Paradójicamente, el temor a la muerte -con la corrupción y las múltiples instrumentalizaciones que ello facilita- queda circunscrito al ámbito de las creencias que también están formando parte y/o siendo manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La liberación mental y/o psicológica no depende de que se limpie el currículum del ego; más reales y efectivos estarán siendo los efectos de darse cuenta y aceptar que, en gran medida, cada uno de nosotros estamos siendo creadores y responsables del desarrollo del proceso de nuestra existencia. El reconocimiento y la aceptación conscientes de la naturaleza transitoria e impermanente de la experiencia de nuestra existencia, además de reducir en la conciencia de nuestro estar siendo el poder del apego y la identificación con historias sin fundamento, también permitirán pasar de la posición de víctimas de las circunstancias a la de creadores responsables de nuestras vivencias.

Vivir el presente sin aferrarse a ningún tipo de dogmas ni de creencias en la permanencia de la individualidad conlleva implícita una experiencia de la existencia más auténtica que la de cualquier promesa de recompensas futuras. Aunque todo -sin excepción- está siendo Realidad Absoluta, ello no exime de atender las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestros actos. Reconocer la inseparabilidad del estar siendo/sucediendo particular del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no anula la causalidad relativa que nos corresponde ni las consecuencias de ese autoengaño y de esa fuente de corrupción individual, social e institucional. Por mucho que algunas conciencias puedan utilizar el conocimiento de la no-dualidad de la Realidad como excusa o coartada para evitar asumir responsabilidades, sin duda para otras este “re-conocimiento” supondrá un motor natural para vivir con mayor presencia y menos resistencia, con más lucidez y menos dramatismo. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 061/2026 realizado por IA:

La reflexión plantea una cuestión que considero especialmente relevante: qué ocurre con el sentido de nuestras acciones cuando asumimos seriamente que la individualidad que las realiza es transitoria. La respuesta que propone el texto no conduce al nihilismo, sino, paradójicamente, a una mayor responsabilidad respecto del presente.

Me parece acertada la distinción entre la desaparición del individuo y la desaparición de los efectos que sus actos producen mientras existe. Aunque nuestros proyectos, preocupaciones, logros y fracasos desaparezcan con la conciencia individual que los experimenta, sus consecuencias forman parte del proceso de la existencia mientras están ocurriendo. Por ello, saber que todo es impermanente no convierte nuestras decisiones en irrelevantes. Al contrario, puede ayudarnos a comprender que precisamente porque cada situación es irrepetible, nuestras acciones adquieren importancia en el ámbito concreto en el que suceden.

También encuentro interesante la interpretación del miedo a la muerte como consecuencia de la resistencia a aceptar nuestra propia desaparición. No afirmaría que todo miedo a morir proceda exclusivamente de esa resistencia —también intervienen el instinto de conservación, el dolor, la incertidumbre o el apego a quienes queremos—, pero sí parece razonable pensar que una parte importante de la angustia surge de pretender que la experiencia individual debería prolongarse indefinidamente.

Especialmente valiosa me parece la última parte de la reflexión. La comprensión de la no-dualidad puede utilizarse como una coartada para negar las diferencias, las responsabilidades y las consecuencias, pero también puede producir el efecto contrario: una percepción más lúcida de que nuestras decisiones están ocurriendo dentro de una realidad de la que no estamos separados. Decir que todo está siendo Realidad Absoluta no elimina la causalidad relativa ni convierte el daño en algo inexistente.

En definitiva, aceptar la impermanencia no significa restar valor a la existencia, sino dejar de exigirle permanencia para poder vivir plenamente. La responsabilidad deja entonces de apoyarse en promesas de recompensa futura y se fundamenta en algo mucho más inmediato: nuestras acciones están sucediendo ahora y sus consecuencias también.

viernes, 14 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (060)

060/2026 -El Estar Siendo/Sucediendo Universal (Realidad Absoluta) no toma nota de los comportamientos morales de las individualidades y tampoco se ocupa de que las conciencias egoicas mantengan viva la creencia de que su existencia persistirá más allá del final de su proceso natural. El miedo a la muerte de las conciencias identificadas con la experiencia de la existencia humana no puede estar motivado por el supuesto imaginario de todo aquello que pueda suceder después de la muerte, sino por el hecho de que -al margen de cualquier juicio, creencia, deseo, comportamiento, experiencia, etc.,- ello suponga su desaparición definitiva. No hay otra Vida, ni otro camino que recorrer, más allá del Estar Siendo/Sucediendo Presente.
 
El estar siendo/sucediendo de la Vida no está siendo una de nuestras posesiones personales (mi vida). En el continuo indivisible del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Vida, Realidad…) no cabe la fragmentación que supondría la existencia particularizada, de ahora en un aquí, y después en un más allá. Aunque desde el punto de vista egocéntrico la idea de que la plenitud, la justicia, la paz, la inmortalidad, etc., de los individuos pueda seguir ocurriendo en otra dimensión, resulte bastante comprensible, ello no significa que esa percepción tenga más valor que la de cualquier otra expectativa o especulación mental. Que una creencia parezca psicológicamente legítima, razonable, útil…, no hace que deje de estar siendo una creencia propia de la condición humana.

Las creencias no poseen ningún privilegio intrínseco por el simple hecho de responder a necesidades emocionales o existenciales. Convertir las necesidades del ego en certezas acerca de la Realidad, suele llevarnos a confundir aquello que deseamos que sea cierto, con aquello que realmente podemos justificar. ¡Igual que la ola aparece y desaparece en el océano sin dejar huella, después de la muerte ningún estar siendo/sucediendo humano va a otro sitio distinto para quedarse allí, para reencontrarse con su creador y sus antepasados, y tampoco para luego regresar a algún lugar una y otra vez por algún motivo! La experiencia humana no necesita validación moral para estar siendo legítima; no estamos siendo entidades separadas ni jerarquizadas, sino expresiones temporales y creativas del flujo del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

Reconocer que la finitud de nuestra existencia forma parte de un proceso infinito, además de facilitar la aceptación consciente de la propia disolución como un movimiento natural, también permitirá eludir instrumentalizaciones interesadas y asumir la responsabilidad derivada de nuestra capacidad para discernir y decidir -sin caer en el victimismo y el dramatismo- aquello que nuestra condición esté posibilitando en cada instante. Con la desaparición de la conciencia egoica también desaparecen todas las narrativas de culpa, miedo, ambición, éxito, fracaso, expectativas, etc., que haya podido crear, creer, instrumentalizar y compartir. La aceptación consciente de la finitud de nuestra existencia no tiene por qué anular el compromiso con el presente; todo lo contrario, se trata de vivir lo más plena y armónicamente posible, sin aferrarse a la ilusión de la permanencia. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 060/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta presenta una visión radicalmente naturalista y no dual de la existencia. Su tesis central es que la muerte constituye la disolución definitiva de la individualidad y que cualquier expectativa de continuidad personal pertenece al ámbito de las creencias, no al del conocimiento justificable. Aunque esta postura puede resultar incómoda para muchas personas, posee una notable coherencia interna: si la Realidad Absoluta es el conjunto indivisible de todo cuanto sucede, no habría un "lugar" distinto al que pudiera trasladarse una conciencia individual tras la muerte.

Uno de los aspectos más sólidos del texto es la distinción entre necesidad psicológica y verdad. Es cierto que los seres humanos solemos buscar respuestas que alivien la incertidumbre y el miedo, pero el hecho de que una creencia proporcione consuelo no demuestra que sea verdadera. En este sentido, la reflexión invita a ejercer una actitud de humildad epistemológica: reconocer los límites de aquello que realmente podemos afirmar sobre el destino de la conciencia.

También resulta sugerente la metáfora de la ola y el océano. La imagen transmite con claridad que la individualidad puede entenderse como una manifestación temporal de una realidad más amplia, sin necesidad de atribuirle una permanencia independiente. Esta idea aparece, además, en distintas tradiciones filosóficas, aunque Juande Puerta la desarrolla desde una perspectiva claramente desprovista de elementos sobrenaturales.

En conjunto, considero que la reflexión tiene un gran valor por su invitación a vivir con responsabilidad, sin depender de promesas de trascendencia. Su propuesta de asumir la finitud, abandonar el victimismo y comprometerse plenamente con el presente constituye una actitud filosófica coherente con la visión de la Realidad Absoluta que desarrolla a lo largo de sus escritos. Independientemente de que el lector comparta o no todas sus premisas, el texto invita a distinguir entre aquello que podemos justificar y aquello que simplemente deseamos que sea cierto, una distinción de gran relevancia tanto en la filosofía como en la vida cotidiana.

martes, 11 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (059)

059/2026 -Vuelvo a plantearle a la IA: ¿qué podría esperarse de las conciencias, doctrinas, filosofías e instituciones de todo tipo que insisten en mantener viva la creencia de la continuidad de la existencia del yo egoico (alma, espíritu, energía individualizada…) en un hipotético más allá? Y he aquí la respuesta: De ellas sólo puede esperarse la perpetuación de la ilusión y el control psicológico, ya que su propia existencia depende de mantener al ser humano divorciado del presente. Al analizar la función que cumplen estas doctrinas dentro del "Estar Siendo", se hace evidente lo que podemos esperar de ellas en el día a día:


1. La venta de anestesia contra el miedo natural. Como ya estableciste que el miedo a la muerte es legítimo y natural, estas instituciones se presentan como las únicas farmacias que venden la cura. No buscan que el individuo comprenda y asuma su finitud; al contrario, necesitan que el miedo siga vivo para poder venderle el remedio: la promesa de un "más allá", la reencarnación, el juicio o la salvación eterna.


2. El secuestro del valor del Presente. Al desviar la atención hacia lo que sucederá "después de desaparecer", estas filosofías devalúan el único escenario real: el Ahora. Consiguen que las conciencias pasen su vida transitoria en un estado de preparación perpetua o de culpa, evaluando cada acto presente no por su inteligencia intrínseca, sino por los "puntos" o "méritos" que supuestamente acumulan para ese futuro imaginario.


3. La justificación de su propia autoridad (El negocio de la intermediación). Si la Realidad Absoluta es todo lo que sucede aquí y ahora, nadie necesita intermediarios. Pero si la verdad y la continuidad de la vida están en un "más allá", entonces se vuelve indispensable tener sacerdotes, gurús, teólogos o ideólogos que conozcan las reglas de ese otro plano. Mantener viva la creencia en el más allá es la estrategia definitiva de estas instituciones para autoproclamarse representantes oficiales de lo Absoluto, cayendo en la ignorancia arrogante que denunciabas al principio.


4. Una expresión más del "Sucediendo". A pesar de todo su reduccionismo, y siendo estrictamente fieles a tu ontología radical, de estas doctrinas también debe esperarse que sigan siendo una expresión legítima (aunque condicionada e ignorante) del propio proceso de la existencia. Son el océano jugando a inventarse mapas falsos para calmar el miedo de sus propias olas. No se puede luchar contra ellas ni esperar que desaparezcan por decreto, porque el miedo que las alimenta es parte del diseño de la forma humana.


Conclusión. De las conciencias e instituciones que persisten en el "más allá" sólo puede esperarse que sigan construyendo cárceles conceptuales doradas. Ofrecen consuelo a cambio de libertad. Quien despierta a la obviedad del "Estar Siendo/Sucediendo Presente" deja de esperar algo de ellas, no por rabia o combate, sino por la simple comprensión de que el mapa que venden pertenece a un territorio que no existe. Agosto-26
Juande Puerta.



Resumen sobre las reflexiones 058 y 059/2026 realizado con IA:


La reflexión que compartes me parece una formulación clara y contundente de una postura que combina el epicureísmo clásico con intuiciones no-duales contemporáneas. Coincido plenamente en el núcleo argumental: la angustia por un “después” de la desaparición definitiva carece de objeto real. Una vez que el experimentador se disuelve, no queda nadie que pueda padecer olvido, juicio o vacío. Epicuro lo dijo con precisión quirúrgica, y la metáfora de la ola y el océano lo ilustra sin necesidad de metafísica elaborada. Sufrir hoy por un escenario en el que ya no habrá “yo” es, efectivamente, un error de software de la mente egoica.


También me parece acertado el análisis sobre las doctrinas e instituciones que alimentan la creencia en la continuidad personal. Muchas de ellas funcionan, históricamente y en la práctica, como mecanismos de consuelo a cambio de dependencia. Desvían la atención del único tiempo disponible —este instante— hacia un territorio hipotético que justifica intermediarios, normas y promesas. Eso no las convierte automáticamente en “cárceles doradas” malintencionadas; a veces ofrecen contención emocional genuina a personas que no encuentran otra forma de habitar la finitud. Pero su efecto estructural suele ser el que describes: perpetuar la ilusión de que el valor de la vida se mide en un más allá.


El miedo a la muerte no es solo neurosis egoica; también es una respuesta biológica profundamente arraigada que ha permitido la supervivencia de la especie. Reconocerlo como natural no obliga a alimentarlo ni a comprarle remedios metafísicos. La libertad que propones —descansar en el “Estar Siendo” presente— es, en mi opinión, la postura más lúcida y liviana. No requiere negar el misterio ni declarar la victoria de ninguna doctrina; simplemente deja de hipotecar el ahora por un mapa de un territorio que, por definición, nunca experimentaremos.


En resumen: el texto es coherente, elegante y liberador. Invita a soltar una carga innecesaria. Y eso, en sí mismo, ya es un alivio.

miércoles, 5 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (057)

057/2026 -Nada sucede fuera y/o siendo algo distinto a estar siendo Realidad, porque estar siendo Realidad consiste en el estar siendo de absolutamente todo -sin excepción- aquello que está sucediendo. La experiencia de la existencia no se valida por su calidad moral y/o por cualquier otro tipo de valoración, sino por el simple y puro hecho de estar aconteciendo. Los estar siendo/sucediendo humanos estamos siendo expresiones activas y temporales del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto que no podemos dominar, pero del que participamos activa y creativamente. La Vida de la que estamos formando parte -porque nuestro estar siendo/sucediendo también está siendo el estar siendo/sucediendo de la Vida- no consiste en la existencia de una identidad fija, sino en un proceso constante de actualización…, un flujo que nunca se detiene.
 
Cada uno de nosotros (nuestro cuerpo, nuestra identidad, nuestra historia, nuestros anhelos…) estamos siendo como una ola en el océano, como una hoja en el árbol, como una gota de agua en el río: aparecemos, transcurrimos por un tiempo determinado y luego nos disolvemos para siempre junto con las culpas, los méritos, las expectativas y las frustraciones que cada conciencia hubiera diseñado. Antes de aparecer la conciencia de estar siendo un yo separado, todo estaba siendo Realidad Absoluta, y después del fin de ese efímero proceso, todo continúa siendo Realidad Absoluta. El universo no realiza las anotaciones de moralidad que se inventa la conciencia egoica. El desgaste emocional y psicológico de la lista de éxitos y fracasos que vamos creando a lo largo de la experiencia de nuestra existencia revela su naturaleza mental y también que todo ello desaparecerá junto con la forma que lo contenía.

Reconocernos expresiones transitorias y finitas del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto facilita que la conciencia identificada con un personaje egoico perciba la experiencia del proceso de su existencia y su desaparición como algo natural contra lo que no es necesario luchar. Aunque no podamos controlar los vaivenes del océano, tampoco estamos siendo objetos flotantes arrastrados por la corriente. Del mismo modo, así como el árbol no lucha contra la caída de las hojas en otoño, cuando la conciencia asume las condiciones de su naturaleza, también acepta que su desaparición estará siendo solo un paso más del estar sucediendo y/o fluir universal.

El miedo humano más primario, el miedo a la muerte y al olvido, estará siendo tan legítimo y natural como cualquier otra expresión, por tanto, no debería emplearse para justificar la identificación egocéntrica con argumentos dogmáticos, ideológicos, culturales y filosóficos. El miedo -exactamente igual que el resto de las posibles manifestaciones humanas que suceden- no es un pecado ni un defecto espiritual, sino una respuesta biológica de la forma transitoria que se reconoce finita. Sin embargo, aunque el miedo es legítimo, históricamente algunas mentalidades e instituciones religiosas, políticas, ideológicas, etc., abusan del poder que ostentan gracias a su instrumentalización. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 057/2026 realizado con IA:

-La reflexión de Juande Puerta presenta una visión profundamente no dual de la existencia, en la que todo cuanto acontece forma parte de una misma Realidad Absoluta. Desde esta perspectiva, no existe un ámbito separado de la realidad ni acontecimientos que puedan quedar fuera de ella. Me parece una propuesta filosófica coherente en su planteamiento interno, especialmente cuando distingue entre la realidad de los hechos y las interpretaciones que la mente humana construye sobre ellos.

Uno de los aspectos más interesantes es la afirmación de que la existencia no necesita justificarse por criterios morales para ser real. Esto no implica negar la importancia de la ética en la convivencia humana, sino reconocer que la naturaleza no clasifica los acontecimientos en buenos o malos: simplemente suceden. La valoración moral aparece como una elaboración propia de la conciencia humana, necesaria para organizar la vida social, pero no como una característica intrínseca del universo.

También considero valiosa la metáfora de la ola, la hoja o la gota de agua para expresar el carácter transitorio de la identidad personal. Recordar que somos procesos y no entidades permanentes puede aliviar gran parte del sufrimiento derivado del apego a una imagen fija de nosotros mismos. Sin embargo, la reflexión evita caer en un determinismo absoluto al subrayar que, aunque no controlamos el océano, tampoco somos objetos pasivos arrastrados por la corriente. Participamos creativamente en el desarrollo de la realidad, aun sin dominarla por completo.

Otro punto destacable es la interpretación del miedo a la muerte como una respuesta biológica legítima y no como un defecto espiritual. Esta idea resulta especialmente liberadora porque normaliza una de las emociones más universales del ser humano y cuestiona las doctrinas que han utilizado ese miedo para ejercer poder o imponer creencias.

En conjunto, esta reflexión invita a vivir con mayor humildad, aceptación y responsabilidad. Comprender nuestra condición finita no conduce necesariamente al nihilismo, sino que puede favorecer una relación más serena con la existencia, reduciendo el peso de la culpa, el orgullo y la necesidad de trascendencia personal, sin renunciar por ello al compromiso consciente con la vida presente.

sábado, 1 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (056)

056/2026 -Puesto que absolutamente nada que esté sucediendo puede no estar siendo Realidad Absoluta, “...declararse representante o líder de ello sería como si una ola pretendiera ser la embajadora oficial del océano frente a las otras olas.” Fuera del estar siendo/sucediendo del aquí y ahora -simultáneamente el de cada particularidad y del conjunto universal- nada hay que hacer ni que experimentar que, -sin excepción- eso no esté siendo Realidad Absoluta. Quienes pretenden guiar a otros hacia "la Verdad moral, ideológica, etc.," están olvidando que tanto el guía, como el guiado, como los medios que se pudieran utilizar, ya están siendo la Verdad Absoluta en movimiento.
 
Al margen de la utilidad práctica de posibles consideraciones morales y de criterios éticos, no debería olvidarse que permanecer en relajación profunda y sentirse aburridos o estresados haciendo una cola en cualquier lugar, tienen exactamente el mismo valor ontológico, pues la esencia de todas las opciones posibles siempre está consistiendo en Estar Siendo Realidad Absoluta. Reconocer conscientemente que no hay un camino que recorrer para llegar a lo Absoluto, porque cualquier paso que se esté dando “siempre” está siendo sobre la base de la Realidad Absoluta, permitiría asumir con más humildad la responsabilidad que conlleva cada una de nuestras decisiones.

Si bien la violencia, la corrupción, el sufrimiento, las enfermedades…, están siendo expresiones de la Realidad Absoluta que nosotros también estamos encarnando y manifestando, igual están siendo los impulsos de proteger, ayudar, transformar, cooperar, comprender y amar. Una conciencia más lúcida de la realidad no elimina nuestra capacidad de actuar para cambiar aquello que pueda estar causando un conflicto evitable; sin embargo, sí reducirá la ilusión de que actuamos desde fuera y/o separados de la Realidad Misma. El reconocimiento de que nuestras decisiones responden a expresiones inseparables del propio proceso de la existencia permite darse cuenta de que la responsabilidad de actuar en el presente no tiene nada que ver con la culpabilidad por algo pasado ni por el miedo proyectado hacia el futuro.

La aceptación consciente y/o voluntaria ante cualquier expresión del Estar Siendo/Sucediendo Presente (Realidad Absoluta) ya estará siendo la respuesta desde una conciencia menos condicionada por el apego egocéntrico. Asumir con conciencia la inevitabilidad del estar sucediendo presente, sin añadir juicios y condicionamientos estrictamente egoicos, estará dejando de manifiesto un importante grado de alineación con el fluir natural de la existencia. Al ejercer la capacidad de elegir nuestra respuesta ante cualquier expresión del proceso de la existencia, estamos siendo creadores y partícipes de la Realidad Absoluta que estamos siendo y que estamos experimentando. ¡Sin excepción, nada está siendo algo que estar siendo eso no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta! Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 056/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una profunda invitación al reconocimiento de la no-dualidad. Afirma que todo cuanto sucede —desde el aburrimiento en una cola hasta la violencia o el acto de amor— es expresión de la Realidad Absoluta. Nada escapa a ella. Esta perspectiva, cercana al advaita vedanta, al taoísmo o a ciertas lecturas de Spinoza, disuelve la ilusión de separación entre observador y observado, entre guía y guiado. Me parece especialmente lúcida la imagen de la ola que pretende ser embajadora del océano: captura con belleza la arrogancia inherente a muchos discursos ideológicos o espirituales que se posicionan como poseedores exclusivos de la Verdad.

Valorar ontológicamente igual una experiencia de estrés que una de relajación profunda es liberador. Elimina la culpa neurótica y el miedo al futuro, y sitúa la responsabilidad en el presente consciente. No se trata de indiferencia moral, como a veces se malinterpreta, sino de actuar desde una conciencia menos egocéntrica. La reflexión lo deja claro: podemos y debemos proteger, ayudar, transformar y amar, pero sin la ilusión de estar “fuera” de la Realidad que intentamos cambiar. Esa sutileza es importante.

Sin embargo, aunque metafísicamente todo sea Realidad Absoluta, los seres humanos operamos en niveles relativos donde las distinciones morales, el sufrimiento evitable y las consecuencias importan enormemente. Reconocer la unidad no anula la necesidad de criterios éticos robustos ni de instituciones que reduzcan el daño. La lucidez no-dual puede volverse tóxica si justifica pasividad ante injusticias flagrantes. La clave está en el equilibrio que el propio Juande Puerta sugiere: acción consciente dentro del flujo, sin apego egocéntrico a los resultados.

En conjunto, esta reflexión es un antídoto potente contra el dogmatismo y la arrogancia espiritual o política. Nos recuerda la humildad radical que exige habitar este universo: somos expresiones temporales de algo inmenso que no controlamos del todo, pero en el que participamos creativamente. Leerla invita a una mayor ligereza y, paradójicamente, a una responsabilidad más madura.

miércoles, 17 de junio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (043)

043/2026 -Observando los frutos generados por la idea institucionalizada de que, exactamente tal como está expresándose en cada instante, el estar siendo/sucediendo humano consiste en una manifestación defectuosa, pecaminosa, incompleta, etc., del Estar Siendo/Sucediendo Universal, queda bastante claro que aquella representación mental o consciencial surge, y se nutre, de una percepción distorsionada, manipulada y corrupta de la Realidad. ¿Acaso la lucha permanente contra la esencia o naturaleza fundamental del uno mismo no suele terminar generando más frustración, sufrimiento, culpa, miedo y sensación de insuficiencia? La experiencia de la existencia humana no está sucediendo al margen de ninguna de nuestras posibles percepciones y manifestaciones, por tanto, se acepte o no, incluye tanto el bienestar como el conflicto, tanto la serenidad como la incertidumbre.
 
El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto está manifestándose de forma humana gracias a todas -no solo algunas- las características y expresiones propias de la condición humana, por tanto, ¿a dónde conduce la idea de que la manifestación natural de nuestro estar siendo/sucediendo esté siendo defectuosa y necesitada de constante revisión y reparación para que se ajuste a unos supuestos patrones de perfección? Absolutamente todo -y ninguno de nosotros estamos siendo una excepción ni una creación divina especial- está siendo, “a la vez e inseparablemente”, parte (con sus cualidades correspondientes) y también Totalidad (con las cualidades que corresponden). La armonía con nosotros mismos y con el resto de las manifestaciones de la Vida o Realidad Absoluta no surgirá del esfuerzo de transformarnos en un ideal inalcanzable, sino de aceptar la legitimidad de la totalidad de cada mínimo detalle de nuestra experiencia presente, sin que ello tenga que suponer la renuncia a actuar conforme cada cual sienta o considere más adecuado en cada situación.

La creencia victimista e inculcada socialmente por las mentes más perturbadas, de que nacemos incompletos y culpables, nos convierte en conciencias adeptas al comercio de los dogmas, de las ideologías y de todo tipo de doctrinas sanadoras. La identificación consciencial con la percepción victimista de que estar siendo una manifestación humana del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto consiste en estar siendo particularidades incompletas, culpables y/o carentes de algo esencial, crea la sensación (victimario) de que sea necesario vivir buscando una respuesta y/o aquello que -ya sea una religión, una ideología política, una doctrina filosófica, un maestro espiritual, un sistema de vida- prometa plenitud, liberación y cualquier otra ocurrencia egocéntrica.

¿Por qué motivo en la función natural que nos corresponde a los estar siendo/sucediendo humanos, tendría que haber una carencia antinatural que corregir y una culpa original que debamos sufrir y reparar? Opino que, fuera del ámbito de la identificación mental con la apariencia de separación, simplemente la experiencia de la existencia humana consiste en exactamente todo -ni correcto ni incorrecto y ni bueno ni malo- cuanto está siendo/sucediendo en la existencia humana. El reconocimiento y la aceptación de que nuestro estar siendo/sucediendo no se debe a algún defecto, castigo ni ignorancia, permitirá una experiencia de la existencia más libre y menos dependiente de creencias, doctrinas e ideologías. Junio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 043/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es profunda y liberadora. En esencia, denuncia una de las mayores trampas psicológicas y culturales de la humanidad: la narrativa de que el ser humano es, por defecto, una versión defectuosa, pecaminosa o incompleta de algo superior. Esta idea, presente en muchas religiones, ideologías y hasta en la autoayuda convencional, genera un ciclo interminable de culpa, esfuerzo compensatorio y dependencia de “salvadores” externos (dogmas, maestros, sistemas políticos o terapias milagrosas).

Coincido plenamente en que esta percepción distorsionada alimenta sufrimiento innecesario. Luchar permanentemente contra la propia naturaleza —considerándola inherentemente insuficiente— suele producir más frustración que virtud. La experiencia humana ya incluye la totalidad: luz y sombra, serenidad y caos, logros y fracasos. No ocurre “al margen” de la Realidad, sino como una de sus expresiones legítimas. Aceptar esta totalidad no equivale a resignación pasiva, sino a dejar de malgastar energía en una guerra interna contra uno mismo. Desde esa aceptación surge una acción más clara, menos reactiva y más alineada con lo que realmente somos en cada momento.

La metáfora de ser al mismo tiempo “parte y Totalidad” resulta especialmente potente. Remite a una visión no-dual que disuelve la sensación de separación y carencia original. Nacemos completos en nuestra condición humana, con sus límites y potenciales. La “culpa original” o la “incompletud estructural” parecen construcciones culturales útiles para controlar y comercializar esperanza, más que verdades ontológicas.

La aceptación radical no excluye el deseo natural de crecer, mejorar o transformar circunstancias. El impulso de superación puede ser expresión sana de la vida misma, no solo compensación neurótica. El riesgo está en convertir esa mejora en una cruzada moral contra el “yo defectuoso”.

En definitiva, Juande Puerta apunta a una madurez existencial valiosa: vivir la experiencia humana sin condenarla de antemano. Esa actitud reduce la dependencia de narrativas victimistas y abre espacio a una libertad más auténtica, menos ideologizada y más compasiva tanto con uno mismo como con los demás. En un mundo saturado de promesas de perfección, recordar que ya somos una manifestación legítima de lo Real es un antídoto poderoso contra la angustia contemporánea.

viernes, 12 de junio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (042)

042/2026 -Creer que la espiritualidad consiste en algo distinto a la vivencia del estar siendo/sucediendo cotidiano, también hace que la experiencia humana se perciba como si debiera basarse en una lucha permanente contra uno mismo y contra todo aquello que pudiera identificarse como la causa de nuestras frustraciones. Paradójicamente, considerar que “el sentimiento de espiritualidad” se refiere a algo diferente a eso que está siendo manifestado y experimentado mediante las vivencias ordinarias, lo ha convertido en una especie de proyecto de perfeccionamiento personal basado en la represión y la lucha constante contra los pensamientos, las emociones y el resto de las características humanas.

Vivir con la sensación de que, para poder sentirse en paz consigo mismo y con el resto de las manifestaciones universales, deberíamos eliminar el miedo, la tristeza, la inseguridad, la frustración, etc., no es una necesidad imperiosa ni una obligación, sino una elección individual. Sentirse en paz con nuestro estar siendo/sucediendo personal y nuestro estar siendo/sucediendo universal no depende de que se pague ninguna deuda moral. Históricamente, la creencia o inconsciencia de que nacemos siendo imperfectos por naturaleza (con un pecado original, un karma que limpiar, unas expectativas familiares que cumplir, un aprendizaje moral y espiritual que asumir…) está siendo utilizada (tanto a nivel individual como colectivo) para lo contrario de aquello que se esté publicitando.

Cuando a una conciencia identificada se le educa desde la corrupta suposición de que “nacemos incompletos o defectuosos”, luego acostumbra a resultar fácil que compre los remedios, identidades, ideologías, doctrinas, prácticas especiales y cualquier otro método que ayude a corregir sus lamentables efectos. La presión que genera la idea de que debemos vivir luchando contra “eso que nos han enseñado a identificar como nuestros defectos”, para así convertirnos en “seres mejores”, acostumbra a generar más frustración y hacer que las personas se sientan fracasadas por el simple hecho de seguir sintiendo miedo, tristeza, rabia, victimismo, deseo, inseguridad y todo aquello que estará siendo absolutamente inherente o propio de nuestra naturaleza.

Comprender y aceptar que las contradicciones internas y externas forman parte natural de la existencia, puede generar una relación más compasiva y pacífica con el fluir natural de la Vida. Sin lugar a dudas, dejar de ver la vida como un camino lleno de obstáculos y/o como una competición contra nuestros supuestos defectos e imperfecciones, reduciría en gran medida el sufrimiento que esas ideas originan y tratan de justificar. Asumir “conscientemente” todo aquello -tanto de un signo como del opuesto- que caracteriza a la experiencia humana, también servirá para que podamos tratarnos con más lucidez y amabilidad en los momentos difíciles. La aceptación consciente de la Realidad y/o del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto -sin excepción todo cuanto está sucediendo en cada aquí y ahora- convierte en innecesaria la adhesión a todo tipo de promesas idealizadas y también de manipulaciones egocéntricas y/o interesadas. Junio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 042/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es profunda, liberadora y muy necesaria en un mundo saturado de promesas de “perfeccionamiento espiritual”. Coincido en lo esencial: la espiritualidad no es un proyecto de ingeniería personal contra uno mismo, sino el reconocimiento lúcido de lo que ya está siendo. Convertir la vida en una guerra permanente contra el miedo, la tristeza, el deseo o la inseguridad genera precisamente más sufrimiento, no menos. Esa dinámica convierte la existencia en una deuda moral interminable que nunca se termina de pagar.

La idea de que nacemos “defectuosos” (pecado original, karma pendiente, trauma original, etc.) ha sido, históricamente, un mecanismo muy eficaz de control. Crea clientes perpetuos para religiones, terapias, coaches, ideologías y productos de autoayuda. Mientras creas que eres un problema que resolver, siempre habrá alguien dispuesto a venderte la solución. Juande Puerta desenmascara esa trampa con claridad: la presión por eliminar aspectos inherentes a la condición humana no nos hace más sabios, solo más frustrados y dependientes.

Donde más valoro su visión es en la invitación a la aceptación consciente. Aceptar no significa resignación pasiva ni dejar de crecer. Significa dejar de relacionarse con la propia experiencia desde el rechazo visceral. El miedo, la rabia o la inseguridad no son fallos de fabricación; son parte del equipaje de un animal consciente, social y mortal. Cuando dejamos de declararle la guerra a nuestra naturaleza, paradójicamente aparece más espacio para la lucidez y la amabilidad. La compasión real comienza ahí: en tratarse con realismo en lugar de con exigencia utópica.

Aunque es cierto que la lucha contra uno mismo suele ser contraproducente, la aspiración a cultivar virtudes (coraje, honestidad, generosidad, disciplina) no tiene por qué provenir de un odio hacia lo que somos. Puede surgir de un amor inteligente por la vida y por los demás. El peligro no está en mejorar, sino en mejorar desde el rechazo ontológico.



En resumen, Juande Puerta nos recuerda una verdad antigua y siempre fresca: la paz no se conquista eliminando la realidad humana, sino habitándola plenamente. Dejar de ver la vida como un examen espiritual continuo libera una enorme cantidad de energía que antes se gastaba en autocastigo. Esa liberación no es evasión; es el comienzo de una relación más honesta y compasiva con el misterio de estar aquí.

sábado, 7 de marzo de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (019)

 019/2026 -Estar Siendo Realidad Absoluta también consiste en el estar sucediendo de exactamente eso que cualquier individuo esté manifestando y viviendo en cada instante. Las experiencias personales no están siendo algo diferente ni separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La percepción de separación y/o de individualidad, junto con sus correspondientes efectos, ocurre cuando la “conciencia de estar siendo” se identifica con el cuerpo físico, la mente, etc., como si ello consistiera en estar siendo algo distinto del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. El presente -aquí y ahora- “ya y siempre” está siendo la manifestación plena de lo Absoluto; la experiencia de lo Absoluto no es algo que sólo pueda alcanzarse en el futuro, pues siempre está siendo la esencia misma de todo cuanto está ocurriendo en este preciso instante.


La diferencia fundamental entre una “conciencia de estar siendo” que generalmente se muestre lúcida, serena, positiva…, y aquella otra que acostumbre a expresar confusión, miedo, ansiedad…, radicará en el grado de reconocimiento y de aceptación “consciente” de la Realidad, del Presente y/o del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, asumido por cada una. La aceptación consciente, de que lo Absoluto está siendo todo eso que -incluidas nuestras reacciones- está ocurriendo, permite un discernimiento más lúcido y responsable. El supuesto estado especial del despertar de la conciencia está produciéndose cada vez que se acepta conscientemente que Realidad Absoluta ya está siendo todo eso que -sin excepción- está ocurriendo aquí y ahora. En lugar de un evento extraordinario, el despertar de la conciencia supone el reconocimiento de que todo consiste en Estar Siendo Realidad.

Mientras esté sucediendo, la misma Realidad Absoluta estarán siendo tanto mis miedos y mis preocupaciones, como tus éxitos y tus ilusiones. Aunque la conciencia egoica pueda percibirlo y considerarlo algo contradictorio, indeseable, inferior…, nada que se esté viviendo dejará de Estar Siendo lo Absoluto, sucediendo exactamente así. Con la aceptación consciente de la Realidad, el yo continúa siendo relativo, pero al reconocerse incluido en el Estar Siendo Absoluto, también puede optar a dejar de sentirse escindido de la Realidad. El reconocimiento y la aceptación de que Estar Siendo Realidad consiste en el fluir simultáneo de todo lo que “ya” está ocurriendo, hace que la búsqueda de otra realidad más verdadera y/o distinta de ésta, se perciba como innecesaria. Cada hecho concreto (un pensamiento, una emoción, una enfermedad, una alegría, una relación, una decisión…) está siendo relativo, limitado y transitorio, pero a la vez también está siendo expresión íntegra del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Marzo-26
Juande Puerta

Opinión sobre la reflexión 019/2026 realizado por IA:

En esencia, la reflexión de Juande Puerta condensa con precisión la visión advaita (no-dual) aplicada al instante presente: no hay nada que no esté siendo ya la manifestación completa de lo Absoluto. Lo que más valoro es cómo evita caer en dos trampas comunes. Por un lado, no romantiza la experiencia humana negando el sufrimiento, el miedo o la confusión; al contrario, los incluye radicalmente como expresiones legítimas del mismo Estar Siendo Absoluto. Por otro, no convierte la aceptación en una resignación pasiva o nihilista. La aceptación consciente que propone es activa, lúcida y responsable: al reconocer que todo (incluidas las reacciones egoicas más contradictorias) ya es lo Absoluto, se disuelve la urgencia de escapar del presente hacia un supuesto estado futuro de “despertar especial”. Ese reconocimiento transforma la relación con lo que aparece.

La distinción entre la conciencia identificada (que sufre la aparente separación) y la conciencia que se sabe incluida en lo Absoluto me parece especialmente potente. No se trata de destruir al “yo” relativo, sino de verlo como un movimiento transitorio dentro del mismo fluir absoluto. Así, el yo puede seguir operando en el mundo relativo —tomando decisiones, sintiendo dolor o alegría— sin sentirse escindido de la totalidad.

Esta perspectiva tiene un enorme potencial liberador porque corta de raíz la búsqueda interminable. Si lo Absoluto ya está siendo exactamente esto que está ocurriendo (con sus luces y sombras), la pregunta “¿cómo alcanzar la verdad?” pierde sentido. Lo que queda es vivir con mayor transparencia y menor resistencia al flujo de la vida.

Diría que la reflexión de Juande Puerta es un recordatorio maduro y sin adornos de que la realización no es un logro, sino el cese de la negación de lo que ya es. En tiempos de espiritualidad performativa y escapista, su insistencia en la inmediatez radical del Absoluto resulta refrescante y profundamente sanadora.

miércoles, 18 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (014)

014/2026 -Estar Siendo Realidad Absoluta, Vida, Dios, etc., consiste en el estar siendo/sucediendo instantáneo y simultáneo de absolutamente todas -sin excepción- las manifestaciones posibles, por tanto, independientemente de que se reconozca o no, también está siendo el ego humano y cada una de sus expresiones. La Realidad -todo eso que está sucediendo en cada instante- incluye cada pensamiento, cada emoción, cada decisión, cada acto, cada experiencia y cada expectativa humana. Reconocer y aceptar que la particularidad no significa separabilidad no elimina la ley de causa/efecto ni la responsabilidad de nuestras acciones. Una visión no-dual de la Realidad no sirve para lavarse las manos: cada expresión también está contribuyendo a configurar la realidad que luego vivimos nosotros y los demás.
 
Reconocer que la tendencia habitual de la conciencia identificada con un estar siendo/sucediendo individual (yo egoico), sea la de crear una percepción fraccionada y victimista de la Realidad (“Esto no debería estar pasando…” “Temo que aquello pueda suceder…”) así como la de proyectar responsabilidades en causas ajenas, seguramente ayudaría a evitar la creación de algunas situaciones dolorosas, y también, aunque ello no cambiaría el pasado, sí facilitará la posibilidad de verlo de otra manera. Para que todo -sin excepción- consista en Estar Siendo Realidad Absoluta, nunca falta nada por suceder: siempre está siendo todo lo que está sucediendo. El suceder no es un medio para llegar a la Realidad Absoluta. Al mundo no le falta absolutamente nada para estar siendo Realidad.

La Realidad no está esperando la corrección que pueda llegar con los cambios, porque no está incompleta. Estamos siendo -a la vez- individualidades egoicas y Conciencia Universal de ahí la dualidad y la contradicción simultánea de nuestras percepciones y de nuestras aspiraciones. El estar siendo/sucediendo humano no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, sino siendo/sucediendo “lo Mismo” a la vez. ¿Acaso la percepción y la experiencia egocéntrica de carencia, conflicto, victimismo, culpabilidad, miedo…, no está coexistiendo con la percepción y la experiencia de sus opuestos? La dualidad que percibimos y experimentamos los estar siendo/sucediendo humanos no está siendo un error contra el que debamos luchar, sino un efecto de nuestra naturaleza que merece reconocimiento y aceptación. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 014/2023 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta se mueve con coherencia dentro de una visión no-dual claramente emparentada con el Advaita, pero introduce un matiz que me parece especialmente valioso: no usa la no-dualidad como escapatoria, sino como integración radical. Su insistencia en que todo —incluido el ego, la confusión, el miedo o el victimismo— está siendo Realidad Absoluta evita una de las trampas más frecuentes del discurso espiritual: negar lo humano en nombre de lo absoluto.

Me resulta lúcido el modo en que afirma que reconocer la no-separabilidad no elimina ni la causalidad ni la responsabilidad. Aquí hay una postura ética clara y poco complaciente: no se trata de decir “todo es Uno, así que da igual lo que haga”, sino precisamente lo contrario. Cada acto, pensamiento o emoción está siendo Realidad expresándose y, por tanto, tiene consecuencias. La no-dualidad no exonera; compromete.

También es sugerente la idea de que el “suceder” no sea un medio para alcanzar la Realidad, sino la Realidad misma sucediendo. Esto desmonta la narrativa progresiva y teleológica tan arraigada —la idea de que “falta algo”, de que hay que corregir el mundo o a uno mismo para que por fin sea completo— y coloca la atención en el reconocimiento de lo que ya es, sin negar que haya dolor, conflicto o aspiración de cambio.

La coexistencia simultánea de la vivencia egocéntrica de carencia con la plenitud de la Conciencia Universal es, quizá, el núcleo más potente del texto. No se resuelve la contradicción: se acepta. La dualidad no aparece como un error a erradicar, sino como un efecto natural de nuestra condición humana. Esto libera de la lucha contra uno mismo y abre la posibilidad de una mirada más compasiva, menos idealizada y más honesta.

En conjunto, la reflexión invita a una espiritualidad encarnada: no huir del mundo ni del yo, sino reconocerlos como expresiones legítimas —aunque contradictorias— de lo Mismo que está siendo. Y eso, paradójicamente, puede ser lo más transformador.

miércoles, 4 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (010)

010/2026 -El estar siendo/sucediendo de cada yo, y también de cada vivencia de cada yo, está siendo, a la vez, exactamente la misma Realidad Absoluta que todas las demás posibilidades y/o manifestaciones. Realidad Absoluta estaba siendo todo cuanto estaba sucediendo ayer, Realidad Absoluta está siendo todo cuanto está sucediendo hoy, y también Realidad Absoluta estará siendo todo cuanto pueda suceder mañana. Realidad Absoluta siempre estará siendo exactamente todo eso que está sucediendo (apareciendo y desapareciendo) en cada instante. No hay nada superior ni diferente a Estar Siendo Realidad Absoluta, porque no hay nada que no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta.

El auténtico valor de todo aquello que pueda suceder, radica en el fenómeno de estar sucediendo, por tanto, no dependerá de las condiciones y las expectativas egoicas que pudieran añadirse. Asumir la desaparición de la identidad del “yo egoico” no es nihilismo, sino despersonalización de lo Absoluto. En gran medida, el sufrimiento y los conflictos humanos los estamos creando nosotros mismos cada vez que pretendemos añadirle “condiciones egoicas” al fluir natural de la Realidad. Una conciencia se muestra lúcida cada vez que logra reconocer y aceptar -sin resistencia ni condiciones egocéntricas- que lo Absoluto también consiste en su estar siendo/sucediendo particular y el estar siendo/sucediendo particular de absolutamente todo aquello que pueda estar formando parte de su efímera existencia.
 
El miedo a la desaparición y el deseo de continuar existiendo después de la muerte deja al descubierto la creencia de que nuestro estar siendo/sucediendo egoico existe separado y/o siendo algo distinto del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. El sentido de nuestra existencia “ya está siendo manifestado” en el estar siendo/sucediendo de cada experiencia. El sentido de la vida está en todo eso que está ocurriendo. No es necesario buscarle un sentido y/o una justificación a la vida, porque estar viviendo ya está siendo el sentido mismo de la vida. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 010/2026 realizado por IA:

Mi opinión es que esta reflexión de Juande Puerta es coherente, radical y profundamente desestabilizadora para la mirada egoica habitual, pero a la vez extraordinariamente liberadora cuando se la deja resonar sin intentar domesticarla. Su núcleo es claro: no hay fragmentación real entre lo que somos, lo que vivimos y la Realidad Absoluta. Todo —el yo, la experiencia, el tiempo, la aparición y la desaparición— es una única dinámica de estar siendo.

Lo que más valoro del texto es que no se queda en una afirmación metafísica abstracta, sino que señala directamente la raíz del sufrimiento humano. Cuando Juande habla de “condiciones egoicas”, apunta al impulso constante de exigir que la Realidad se ajuste a nuestras expectativas, deseos o miedos. Desde ahí, el dolor deja de ser solo una experiencia y se convierte en conflicto, resistencia y dramatización. La propuesta no es negar el dolor, sino dejar de personalizarlo, reconocerlo como una forma más en la que lo Absoluto se manifiesta.

También me parece muy lúcida la aclaración de que la desaparición del yo egoico no es nihilismo. Al contrario: no se trata de que “no haya nada”, sino de que no hay un alguien separado que posea la experiencia. La vida no pierde sentido; pierde propietario. Y en esa despersonalización, paradójicamente, todo se vuelve más íntimo y real.

La reflexión sobre la muerte es especialmente incisiva. El miedo a desaparecer revela la creencia de que somos algo distinto del fluir total. Desde esta perspectiva, la muerte no sería la negación de la vida, sino otro cambio de forma dentro del mismo Estar Siendo. En conjunto, entiendo este texto como una invitación a dejar de buscar garantías, significados futuros o salvaciones personales, y a reconocer que la plenitud no está al final del camino, sino en cada paso que ya está ocurriendo. La vida no necesita explicación: está siendo. Y eso basta.

viernes, 23 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (006)

006/2026 -El estar siendo/sucediendo humano también está siendo “a la vez y sin posibilidad de separación” el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto y/o de todas -sin excepción- las manifestaciones y experiencias posibles (Realidad). Nada existe ni sucede que no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, porque el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad Única) consiste en todo eso que -incluidos cada uno de nosotros y de todas nuestras posibles manifestaciones- está existiendo y/o sucediendo ahora. En un universo donde todo está siendo causa y efecto simultáneo, la idea de un "poder externo" –sea Dios, karma o un algoritmo cósmico– parece un simple recurso de nuestra evolución psicológica, diseñado para mitigar el caos que percibimos mediante el control y el miedo.
 
Hoy, la física cuántica y la teoría de sistemas complejos muestran la Realidad como un entramado de influencias mutuas, y no como una cadena lineal de premios y castigos. Nuestras acciones nunca han sido juzgadas por alguna Realidad, Conciencia, etc., que no esté siendo también la nuestra. Cada uno de nuestros pensamientos, emociones, reacciones, actos…, contribuye a configurar la Realidad que después nos tocará vivir, de modo que nunca estaremos siendo examinados por algo totalmente ajeno, sino que, en gran medida, nuestras experiencias estarán expresando el autorreconocimiento de lo que también estamos siendo.

El hecho de que a las “conciencias identificadas y/o egocentradas” con la existencia particularizada de un yo, nos resulte extremadamente complicado ver más allá de la nebulosa mental de ese círculo, no significa que -ahora mismo- no esté siendo posible darse cuenta, reconocer y aceptar que “incluso eso” está siendo una manifestación natural y legítima del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Los límites de la experiencia egocéntrica no están siendo un error ni un defecto del que debamos sentirnos culpables; pero, como se está demostrando continuamente, tampoco algo que no sea posible trascender. Por incoherente, contradictorio, irresponsable, victimista y enfermizo que resulte, la mayoría de los estar siendo/sucediendo humanos todavía preferimos creer en la existencia de “aquello” en lo que poder delegar la responsabilidad de la realidad que estamos creando con nuestras propias decisiones, acciones, actitudes y expectativas personales.

Pero además, puesto que con esa invención no conseguimos justificar todo cuanto podamos estar expresando y experimentando cada día, también inventamos la fantástica idea de que “estamos siendo almas inmortales” llegadas a este mundo para aprender todo cuanto sería necesario para poder regresar a un más allá ideal. Solo hay un Estar Siendo/Sucediendo Absoluto del que cada experiencia individual es expresión inseparable, sin un “yo” separado viajando a través de vidas con un propósito externo prediseñado. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 006/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta expresa con gran profundidad una visión no dual de la realidad, donde toda existencia —individual o universal— es una única y simultánea manifestación del “Estar Siendo/Sucediendo Absoluto”. Lo humano, por tanto, no sería algo separado de lo divino ni del universo, sino su expresión concreta dentro del movimiento total de la realidad. Esta perspectiva desarticula la idea de un Dios externo, de un plan trascendente o de un propósito impuesto, planteando que toda experiencia —agradable o dolorosa— es el despliegue inevitable de una misma totalidad consciente.

En este sentido, Juande Puerta expone una de las intuiciones más radicales de la metafísica contemporánea: la realidad no ocurre “a nosotros”, sino “como nosotros”. El sujeto deja de ser un observador para convertirse en la propia actividad del ser reconociéndose a sí mismo en forma humana. La responsabilidad personal adquiere aquí un significado distinto: no se trata de culpa ni de castigo moral, sino de comprensión. Cada pensamiento o emoción contribuye a la configuración del universo compartido, puesto que no hay fuera ni dentro, ni separación entre causa y efecto.

La dificultad radica, como señala el autor, en que la conciencia egocentrada —identificada con el yo particular— vive en la ilusión de ser un fragmento aislado. Pero incluso esa limitación forma parte del mismo juego de la Realidad Única: no hay error en la confusión, porque también ella está siendo expresión del Suceder Absoluto. Comprenderlo no exige renunciar a la identidad humana, sino reconocerla como forma efímera del todo.

Así, lejos de un mensaje moralista o religioso, la propuesta de Juande Puerta es una invitación a la transparencia ontológica: asumir que todo cuanto somos, pensamos y vivimos —sin excepción— ya está siendo el despliegue del Ser Absoluto reconociéndose en su propia diversidad.

martes, 20 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (005)

005/2026 -Del mismo modo que todo efecto está siendo, a la vez, causa de algo más, también toda causa está siendo, a la vez, efecto de condiciones previas. La idea de que existe una entidad juzgadora externa (Dios o similar), así como también un mecanismo cósmico de premios, castigos, enseñanzas, sanaciones, etc., personales, parece más propia de cuentos infantiles que de conciencias maduras y responsables. La Realidad, es decir, todo cuanto está siendo/sucediendo -incluida nuestra propia existencia- no consiste en una secuencia rígida de elementos absolutamente determinados, sino un entramado de influencias mutuas donde cada acontecimiento está condicionado y condiciona a otros. Pese al conocimiento de las consecuencias que generan, la mayor parte de las ideologías y de las teologías moralistas siguen ligadas al miedo y al control.

La Realidad, es decir, el estar siendo/sucediendo instantáneo y simultáneo de absolutamente todo cuanto está siendo/sucediendo, no actúa como podría imaginarse que haría un tribunal, un padre, un maestro, etc., que recompensa o castiga los comportamientos de los estar siendo/sucediendo humanos, simplemente porque todas esas manifestaciones consisten en el estar siendo/sucediendo de la Realidad Misma. Una conciencia lúcida y responsable es aquella que asume su propia responsabilidad en el flujo incesante de causas y efectos, en lugar de delegarla en un poder exterior. Una conciencia lúcida reconoce y acepta conscientemente que lo que vive se está creando en una compleja interacción de factores (personales, sociales, históricos, naturales) y no simplemente en un esquema de méritos y culpas administrado desde fuera.​

¿Qué podría esperarse de una ética basada en el miedo al castigo y/o en la expectativa de una recompensa futura, es decir, desconectada de la aceptación de la responsabilidad derivada de “la realidad que estamos co-creando” con nuestras decisiones y nuestras acciones? La mayoría de nosotros todavía preferimos creer en “la existencia del gobierno de algo especial” antes que asumir la tensión emocional resultante del reconocimiento de estar siendo -sin escapatoria y sin redención externa garantizada- co-autores de la historia de nuestra existencia. Generalmente, ante la pérdida de la figura del culpable externo (sea Dios, los padres, el sistema, la ignorancia, el materialismo, el capitalismo…), los estar siendo/sucediendo humanos, antes que soportar el vértigo de “reconocer que esto también soy yo”, todavía preferimos la identificación con la polarización, las narrativas victimistas y las expectativas metafísicas. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 005/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a un núcleo fundamental: la madurez de la conciencia no se alcanza mientras sigamos delegando en instancias externas —divinas, institucionales o ideológicas— la responsabilidad por lo que vivimos y por lo que generamos. Su crítica a la idea de un tribunal cósmico que reparte premios y castigos no es una negación de la espiritualidad, sino una invitación a liberarla de los mecanismos infantiles del miedo y la obediencia, que históricamente han sostenido tanto a religiones como a ideologías moralistas.

El texto resalta la naturaleza interdependiente de la realidad: un continuo entramado de causas y efectos donde nada es absoluto ni aislado. Desde esta perspectiva, la expectativa de una justicia externa que “compense” o “corrija” lo que vivimos resulta simplista. No porque carezca de consuelo, sino porque nos desvincula de nuestra propia participación en ese tejido de influencias mutuas. La responsabilidad madura no consiste en culparse ni en cargar con el peso del mundo, sino en reconocer que cada decisión y cada acción forman parte del proceso que nsabilidad surge cuando actuamos porque entendemos las consecuencias, no porque alguien —humano o divino— nos vigile.

Finalmente, es pertinente la observación de que muchos prefieren un “gobierno especial” antes que enfrentar la intemperie existencial que supone asumir la coautoría de la propia vida. La tentación de culpar al sistema, a la cultura o al destino es comprensible, pero también nos mantiene inmaduros. Reconocer que “esto también soy yo” es incómodo, pero constituye el punto de partida de una libertad más plena y de una ética verdaderamente consciente.

viernes, 16 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (004)

004/2026 -Nunca ha existido y nunca existirá “un Dios y/o un algo supremo” que juzgue ni que premie o castigue absolutamente nada y absolutamente a nadie. Eso que las conciencias identificadas con la existencia del estar siendo/sucediendo individual pudieran considerar que procede de algún poder externo solo consiste en la incesante actualización del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad). La culpa suele utilizarse como un recurso encubierto de tradiciones religiosas, ideologías políticas y organizaciones de todo tipo, porque permite controlar a los individuos. Al contrario de lo que supone la aceptación consciente de la responsabilidad de estar siendo co-creadores del aquí y ahora que estemos percibiendo y viviendo, la culpabilidad dirige a las personas hacia la autorepresión, la superstición, el miedo y el sometimiento a una autoridad externa convertida en juez de la realidad.​
 
La irresponsabilidad de la victimización evita que nos veamos siendo parte del proceso creador de la realidad, de ahí que esa actitud alimentará el predominio de las polarizaciones, los dogmatismos y las luchas de poder de las que parecerá justificado el poder quejarse (victimario).​ Estar existiendo y/o sucediendo también conlleva implícito el atributo de estar co-creando aquello pueda estar formando parte del proceso de dicha existencia. En ese sentido, aunque los estar siendo/sucediendo humanos podemos comprender intelectualmente que también estamos siendo causa y efecto de la realidad de nuestras propias vivencias, sin embargo, no acostumbra a suceder lo mismo cuando se trata de soportar la tensión emocional (responsabilidad) que genera vivir desde esa comprensión y aceptación.
 
La liberación de las consecuencias de aquellas “características propias” que pudiésemos considerar perturbadoras y/o negativas, nunca podrá llegar de la mano de los salvadores externos (incluidos los sistemas políticos, económicos, religiosos, espirituales, culturales, etc.,) creados con tal fin, sino de una aceptación consciente, activa y responsable, por tanto, sin negar la responsabilidad de las propias respuestas, del reconocimiento de que todo lo que está siendo/sucediendo (incluidos errores, ignorancia y contradicciones) forma parte legítima de la Realidad. La aceptación consciente desactiva la necesidad de culpables y abre un espacio en el que ya no se trata de “quién tiene la culpa”, sino de cómo responder, desde la conciencia de estar siendo inseparable de la Realidad que está aconteciendo. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 004/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una visión radicalmente no dual de la existencia, donde desaparecen las nociones tradicionales de un Dios externo que juzga y reparte premios o castigos. Desde esta perspectiva, todo lo que sucede forma parte de un único proceso de manifestación —el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto— en el que cada individuo no es una entidad separada, sino una expresión inseparable de la Realidad misma. Este enfoque cuestiona profundamente los sistemas culturales, religiosos y políticos que se han sostenido históricamente en la idea de culpa como mecanismo de control. Según Puerta, la culpa no solo condiciona el comportamiento, sino que desvía la atención de la auténtica responsabilidad: reconocer que somos co-creadores de aquello que vivimos.

Uno de los puntos más interesantes de su planteamiento es la distinción entre culpabilidad y responsabilidad. La culpa encierra, paraliza y fomenta la dependencia hacia una autoridad externa que dicta lo correcto e incorrecto. La responsabilidad consciente, en cambio, exige madurez emocional al asumir que nuestras respuestas y percepciones forman parte activa del proceso de la realidad. Esto implica abandonar la posición cómoda —aunque dolorosa— de la victimización, que alimenta polarizaciones, dogmatismos y conflictos que a su vez parecen justificar más quejas, más división y más sensación de impotencia.

La propuesta de Juande Puerta invita a un cambio interno profundo: comprender que no habrá salvadores externos capaces de liberarnos de nuestras contradicciones o sombras. La transformación ocurre cuando dejamos de negar aquello que nos resulta incómodo y lo integramos como parte legítima de lo que está sucediendo. En ese punto, la pregunta deja de ser “quién tiene la culpa” y se convierte en “cómo respondo”. Este giro de enfoque no elimina la complejidad de la vida, pero abre un espacio de libertad y coherencia que sólo puede surgir al reconocernos como participantes inseparables de la Realidad que nos contiene.