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sábado, 12 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (068)

068/2026 -Nunca ha existido, ni existirá jamás, un antes ni un después separados del Estar Siendo/Sucediendo Presente (Realidad Absoluta). ¡Antes del Presente y después del Presente todo continúa siendo Presente! El pasado estaba siendo Presente (Realidad Absoluta) igual que el futuro también estará siendo Presente; los recuerdos y las expectativas personales estarán proyectando percepciones egoicas y/o de la conciencia identificada con instantáneas de la experiencia de la existencia individualizada. La percepción del tiempo lineal o cronológico tiene mucho de construcción mental. Así como el ayer, es decir, todas las experiencias pretéritas, sólo sucedió cuando estaba siendo "aquí y ahora", también el mañana, junto con todo lo que pueda acontecer entonces, sólo se experimentará cuando se convierta en "aquí y ahora".
 
La conciencia egoica (yo soy…) necesita una línea de tiempo para realizar su cometido, aunque ello muchas veces suponga una identificación excesiva con los factores (creer que somos exclusivamente nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra biografía…) correspondientes a la apariencia de su separación del resto de Estar Siendo/Sucediendo Universal. Puesto que “están sucediendo”, los recuerdos y los anhelos humanos también tienen su función, sin embargo, no debería olvidarse que sus contenidos actúan a modo de filtros distorsionados a través de los cuales la conciencia egocéntrica percibe, organiza, interpreta y proyecta la existencia. Los resultados de vivir el Presente (Realidad Absoluta) basado en exceso en los recuerdos del ayer y/o en los deseos de un posible mañana (percepción egoica) no serán otros que justamente los que estarán siendo manifestados cotidianamente.

La aspiración legítima de que la realidad cotidiana cambie, requiere de una conciencia dispuesta a reconocer y aceptar el fluir del aquí y ahora lo más libremente posible del lastre (apegos, miedos, control…) que suponen los condicionantes egoicos generados por la identificación con juicios y apreciaciones ilusorias. El resultado de los intentos de cambiar nuestra vida, nuestro mundo, nuestras relaciones, etc., actuando desde la misma identificación conciencial que estará originando la mayor parte de los conflictos que se pretendan evitar, será la repetición.

Transcribo: “La identificación es difícil de ver porque es el ojo con el que miras". Sin embargo, deja rastros muy claros en tu día a día. -Reactividad desproporcionada: Si una crítica pequeña te genera una ira ciega o unas ganas inmensas de llorar, no estás reaccionando al presente. Estás reaccionando desde el niño o la niña (contenido conciencial) que se sintió invalidado en el pasado. Ahí hay una identificación. -Tener la razón por encima de la paz: Cuando defender tu punto de vista se vuelve una cuestión de vida o muerte. Lo que intenta salvarse no eres tú, es la identidad que has construido alrededor de esa opinión. Estar Siendo Realidad Absoluta supone estar siendo -a la vez e inseparablemente- el estar siendo/sucediendo particular y también el estar siendo/sucediendo universal. Rechazar una parte de nuestra naturaleza -simultáneamente individual y universal- puede intensificar el conflicto que ello esté originando, mientras que reconocerla consciente e íntegramente permite comprender su origen, sus consecuencias y nuestra capacidad de responder de otra manera. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 068/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta con claridad a una verdad que muchas tradiciones contemplativas han señalado desde hace siglos: el tiempo lineal es una construcción mental al servicio del ego. El pasado solo existió como presente y el futuro sólo se vivirá como presente. Todo lo demás —recuerdos, expectativas, biografías— son proyecciones de una conciencia identificada que necesita una narrativa continua para sentirse “alguien”.

Comparto plenamente la idea central. Vivir anclado en el ayer o en el mañana no es solo una distracción: es el mecanismo mismo que genera la mayor parte del sufrimiento cotidiano. La reactividad desproporcionada, la necesidad de tener razón a cualquier costo, los apegos y los miedos no son respuestas al momento actual, sino ecos de identificaciones antiguas que el ego defiende como si fueran su propia supervivencia. Esa frase que cita —“la identificación es difícil de ver porque es el ojo con el que miras”— resume el problema con precisión quirúrgica.

Sin embargo, no se trata de negar el recuerdo ni el anhelo. Ambos tienen función dentro del estar sucediendo. El error aparece cuando se convierten en filtros distorsionados desde los cuales interpretamos y proyectamos la existencia. Intentar cambiar la vida desde la misma conciencia egoica que produce el conflicto solo reproduce el patrón. La verdadera transformación exige reconocer, sin rechazo ni idealización, que somos a la vez lo particular y lo universal: el individuo que siente y el Estar Siendo que lo abarca todo.

Esta visión no es una invitación a la pasividad. Es una llamada a responder desde una libertad mayor, menos condicionada por el lastre de juicios e identificaciones. Cuando se logra, aunque sea de forma intermitente, el presente deja de ser un concepto y se revela como la única Realidad Absoluta en la que siempre hemos estado.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (067)

067/2026 -Absolutamente nada existe ni sucede que, más allá de cualquier percepción, juicio, deseo, circunstancia, etc., estar siendo eso no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta. Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en el estar siendo/sucediendo de cada individuo y también en el estar siendo/sucediendo de absolutamente todo cuanto -sin excepción ni discriminación- cada individuo (yo, tú, vosotros…) pueda estar pensando, decidiendo, realizando y experimentando en cada instante. ¡Nunca ha existido ni sucedido nada que, Realidad Absoluta no estuviera siendo! Estar Siendo Realidad Absoluta no consiste en estar siendo algo “más allá” de lo cotidiano, sino exactamente el suceder mismo de cada instante.

La transformación personal y/o la evolución conciencial de los estar siendo/sucediendo humanos no nace de rechazar algunos de nuestros pensamientos, sentimientos, experiencias y deseos, sino de observarlos y comprenderlos. Lo Absoluto consiste en el suceder de lo que sucede y en el no-suceder de lo que no sucede. La individualidad no se niega; se incluye como una expresión consciente más dentro de la totalidad que está siendo/sucediendo en cada instante. La percepción de dualidad o no-dualidad son maneras de percibir el Estar Siendo Absoluto; ninguna posibilidad está siendo “más real” que otra, porque incluso el percibir también está siendo Eso.

Paradójicamente, las conciencias más egocéntricas y/o focalizadas en la experiencia del proceso de su efímera individualidad, también suelen ser las que más victimismo y desvalorización de sí mismas acostumbran a manifestar en sus expresiones y relaciones. La muerte evidencia que Realidad Absoluta solo está siendo el aquí y ahora que pueda estar siendo manifestado (el Presente), por tanto, que “ya no” está siendo Realidad aquello que sucedió y “todavía no” está siendo Realidad aquello que pueda llegar a acontecer. Realidad están siendo los recuerdos y las expectativas que se están manifestando (Presente), pero ya no está siendo aquello que sucedió ni aquello que todavía no ha sucedido.

Estar Siendo Realidad Absoluta incluye la disolución de la individualidad y/o del estar siendo/sucediendo transitorio, particular, relativo. La esperanza, igual que los temores, ante la posibilidad de continuidad personal más allá del morir, pertenecen al ámbito (real mientras está sucediendo) de las creencias y de las proyecciones de la conciencia egocentrada. Lo que hace que los estar siendo/sucediendo humanos sintamos una admiración y un respeto infinitos por la Naturaleza, el Universo, la Vida..., a la vez que vemos nuestra pequeñez, vulnerabilidad y transitoriedad, es que el nuestro también está siendo el Estar Sucediendo de todo lo demás. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 067/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una invitación potente y coherente a vivir desde la no-dualidad radical. Su tesis central —que absolutamente nada existe ni sucede fuera de lo que es Estar Siendo Realidad Absoluta— desmonta con claridad la tentación espiritual de buscar “algo más allá” de lo cotidiano. Lo Absoluto no es un estado especial ni una dimensión superior: es precisamente el suceder de este instante, con todos sus pensamientos, emociones, deseos y circunstancias, sin excepción ni discriminación.

Me parece especialmente lúcida la afirmación de que la transformación no nace del rechazo de lo que aparece, sino de la observación y comprensión. Esa postura evita el clasicismo espiritual que divide lo “puro” de lo “impuro” y, en cambio, incluye la individualidad como una expresión legítima dentro de la totalidad. La dualidad y la no-dualidad quedan así relativizadas: ambas son modos de percibir lo mismo.

También resulta precisa la mirada sobre el presente. La muerte revela que solo es real lo que está siendo ahora; los recuerdos y las expectativas son reales únicamente mientras se manifiestan como contenido presente. Esta claridad desactiva tanto el victimismo egocéntrico como las esperanzas o temores proyectados más allá de la muerte, situándolos en el ámbito de las creencias transitorias.

Por último, la admiración ante la Naturaleza y el Universo nace, según el texto, de reconocer que nuestro estar siendo es el mismo que el de todo lo demás. Esa percepción no produce ni grandiosidad ni insignificancia absolutas, sino una humildad lúcida: somos expresión consciente de lo que está sucediendo, y también su disolución.



En conjunto, la reflexión no promete escapes ni consolaciones; ofrece una mirada sobria, inclusiva y liberadora. Nos devuelve al único lugar donde la Realidad Absoluta puede ser reconocida: este instante, tal como está siendo.

viernes, 21 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (062)

062/2026 -Los estar siendo/sucediendo humanos no estamos siendo entidades fijas e independientes, sino expresiones temporales y creativas del flujo del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, por tanto, también dotadas de voluntad y capacidad de decisión propias. Sobre cada uno de nosotros recae la responsabilidad de todo aquello que, con nuestras elecciones, estamos creando, experimentando y compartiendo. No existe ni sucede nada que, incluidos los pensamientos, las emociones, los juicios, las actividades, las circunstancias, las relaciones, los sueños…, y también la percepción egocéntrica de separación de cada individuo, que ello no esté siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.
 
El proceso de nuestra existencia también está siendo el proceso del resto de las manifestaciones de la Vida, del Universo, de la Realidad. Reconocer y aceptar conscientemente que estar siendo nuestra existencia consiste en estar siendo expresiones transitorias del Absoluto facilitará que, sin negar lo relativo y la autenticidad de experiencia de autonomía, la conciencia egoica perciba más plenitud y confianza que carencia y temor. Precisamente porque la existencia de absolutamente todos los estar siendo/sucediendo humanos está siendo cambiante, impermanente, irrepetible…, toda su posible trascendencia y todas las posibles consecuencias de sus manifestaciones quedan circunscritas, resueltas y finiquitadas en la transitoriedad del Presente. La muerte o desaparición definitiva del yo individual también forma parte del proceso natural y dinámico del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

Nada quedará pospuesto para ser examinado, subsanado ni recompensado en un hipotético más allá. Aunque la muerte suponga el efecto último o definitivo que disolverá la individualidad, ello no anula el compromiso con la capacidad de vivir el presente plena y armónicamente. Observando el devenir de la vida diaria del mundo y de las sociedades que estamos creando y compartiendo entre todos, no estaría de más darse cuenta y reconocer -sin victimismo ni dramatismo- el hecho de que “la corrupción que continuamente estamos manifestando y experimentando en nuestras actividades y relaciones” también está siendo una cualidad inherente, legítima y natural de la condición humana.

¿Cuántos abusos, injusticias, discriminaciones, etc., de los que estemos quejándonos, no suceden porque nosotros mismos -individual y colectivamente- estamos creándolos y permitiéndolos, por no estar comprometiéndonos con la responsabilidad del “estar sucediendo presente” que nos corresponde? El autoritarismo, la tiranía y el resto de formas de abuso y de dominación, de cualquier signo, que pueda estar materializándose en los comportamientos individuales, (y por extensión de las organizaciones humanas de todo tipo) no tendrá una “causa esencial” distinta a las del signo contrario, de ahí que -como se puede comprobar fácilmente- sus efectos tampoco serán diferentes. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 062/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta invita a contemplar la existencia humana no como entidades aisladas y fijas, sino como expresiones temporales del “Estar Siendo/Sucediendo Absoluto”. Comparto la intuición central: la percepción de separación egocéntrica es real en el plano relativo, pero no última. Todo —pensamientos, emociones, relaciones, incluso la corrupción y los abusos— forma parte del mismo flujo. Esta visión disuelve la fantasía de un “más allá” donde se juzguen o recompensen las acciones, y sitúa la responsabilidad plenamente en el presente.

Me parece especialmente lúcido el énfasis en la responsabilidad creativa. Si somos manifestaciones del Absoluto dotadas de voluntad, entonces lo que creamos y permitimos —injusticias, dominaciones, negligencias— no es ajeno a nosotros. Reconocer que la corrupción es inherente a la condición humana, sin victimismo ni dramatismo, evita la auto exculpación y la proyección externa. Al mismo tiempo, no convierte el abuso en legitimidad moral: ser “natural” no implica ser deseable ni inevitable en cada caso concreto. La misma potencia que genera tiranía puede generar cooperación y cuidado.

La impermanencia radical del yo individual aporta una serenidad posible: nada queda pospuesto. Esto no anula el compromiso ético, sino que lo intensifica. Vivir el presente con plenitud y armonía deja de ser un ideal abstracto y se convierte en la única trascendencia disponible. La conciencia egoica, al aceptar su carácter transitorio, puede soltar parte del temor y la carencia.

En suma, la reflexión ofrece un marco no dual que no niega lo relativo ni la autonomía experiencial. Invita a una madurez sobria: asumir que somos co-creadores del mundo que habitamos, incluidos sus lados sombríos, y que la única “resolución” posible ocurre aquí y ahora. Esa claridad, si se sostiene sin dogmatismo, puede generar más confianza que angustia y más responsabilidad que resignación.

martes, 18 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (061)

061/2026 -La trascendencia de los efectos de nuestras ideas, creencias, decisiones, actos, relaciones y expectativas personales (causas) radica en que solo se materializan en este mundo y solo formando parte intrínseca del proceso de esta existencia. Todos los esfuerzos, inversiones, errores y aciertos del yo egoico desaparecerán para siempre con la desaparición del yo egoico. Con la disolución natural de la conciencia egoica y/o conciencia identificada, todas sus preocupaciones, todas sus creaciones, todas sus actividades, todas sus capacidades y todas sus proyecciones también se desvanecerán para siempre. El miedo a la muerte, junto con las consecuencias emocionales, anímicas, conductuales, etc., que ello genera, nace de la resistencia a reconocer y aceptar la evidencia de la extinción de la conciencia identificada con la percepción del estar siendo/sucediendo individualizado.
 
Paradójicamente, el temor a la muerte -con la corrupción y las múltiples instrumentalizaciones que ello facilita- queda circunscrito al ámbito de las creencias que también están formando parte y/o siendo manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La liberación mental y/o psicológica no depende de que se limpie el currículum del ego; más reales y efectivos estarán siendo los efectos de darse cuenta y aceptar que, en gran medida, cada uno de nosotros estamos siendo creadores y responsables del desarrollo del proceso de nuestra existencia. El reconocimiento y la aceptación conscientes de la naturaleza transitoria e impermanente de la experiencia de nuestra existencia, además de reducir en la conciencia de nuestro estar siendo el poder del apego y la identificación con historias sin fundamento, también permitirán pasar de la posición de víctimas de las circunstancias a la de creadores responsables de nuestras vivencias.

Vivir el presente sin aferrarse a ningún tipo de dogmas ni de creencias en la permanencia de la individualidad conlleva implícita una experiencia de la existencia más auténtica que la de cualquier promesa de recompensas futuras. Aunque todo -sin excepción- está siendo Realidad Absoluta, ello no exime de atender las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestros actos. Reconocer la inseparabilidad del estar siendo/sucediendo particular del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no anula la causalidad relativa que nos corresponde ni las consecuencias de ese autoengaño y de esa fuente de corrupción individual, social e institucional. Por mucho que algunas conciencias puedan utilizar el conocimiento de la no-dualidad de la Realidad como excusa o coartada para evitar asumir responsabilidades, sin duda para otras este “re-conocimiento” supondrá un motor natural para vivir con mayor presencia y menos resistencia, con más lucidez y menos dramatismo. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 061/2026 realizado por IA:

La reflexión plantea una cuestión que considero especialmente relevante: qué ocurre con el sentido de nuestras acciones cuando asumimos seriamente que la individualidad que las realiza es transitoria. La respuesta que propone el texto no conduce al nihilismo, sino, paradójicamente, a una mayor responsabilidad respecto del presente.

Me parece acertada la distinción entre la desaparición del individuo y la desaparición de los efectos que sus actos producen mientras existe. Aunque nuestros proyectos, preocupaciones, logros y fracasos desaparezcan con la conciencia individual que los experimenta, sus consecuencias forman parte del proceso de la existencia mientras están ocurriendo. Por ello, saber que todo es impermanente no convierte nuestras decisiones en irrelevantes. Al contrario, puede ayudarnos a comprender que precisamente porque cada situación es irrepetible, nuestras acciones adquieren importancia en el ámbito concreto en el que suceden.

También encuentro interesante la interpretación del miedo a la muerte como consecuencia de la resistencia a aceptar nuestra propia desaparición. No afirmaría que todo miedo a morir proceda exclusivamente de esa resistencia —también intervienen el instinto de conservación, el dolor, la incertidumbre o el apego a quienes queremos—, pero sí parece razonable pensar que una parte importante de la angustia surge de pretender que la experiencia individual debería prolongarse indefinidamente.

Especialmente valiosa me parece la última parte de la reflexión. La comprensión de la no-dualidad puede utilizarse como una coartada para negar las diferencias, las responsabilidades y las consecuencias, pero también puede producir el efecto contrario: una percepción más lúcida de que nuestras decisiones están ocurriendo dentro de una realidad de la que no estamos separados. Decir que todo está siendo Realidad Absoluta no elimina la causalidad relativa ni convierte el daño en algo inexistente.

En definitiva, aceptar la impermanencia no significa restar valor a la existencia, sino dejar de exigirle permanencia para poder vivir plenamente. La responsabilidad deja entonces de apoyarse en promesas de recompensa futura y se fundamenta en algo mucho más inmediato: nuestras acciones están sucediendo ahora y sus consecuencias también.

viernes, 14 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (060)

060/2026 -El Estar Siendo/Sucediendo Universal (Realidad Absoluta) no toma nota de los comportamientos morales de las individualidades y tampoco se ocupa de que las conciencias egoicas mantengan viva la creencia de que su existencia persistirá más allá del final de su proceso natural. El miedo a la muerte de las conciencias identificadas con la experiencia de la existencia humana no puede estar motivado por el supuesto imaginario de todo aquello que pueda suceder después de la muerte, sino por el hecho de que -al margen de cualquier juicio, creencia, deseo, comportamiento, experiencia, etc.,- ello suponga su desaparición definitiva. No hay otra Vida, ni otro camino que recorrer, más allá del Estar Siendo/Sucediendo Presente.
 
El estar siendo/sucediendo de la Vida no está siendo una de nuestras posesiones personales (mi vida). En el continuo indivisible del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Vida, Realidad…) no cabe la fragmentación que supondría la existencia particularizada, de ahora en un aquí, y después en un más allá. Aunque desde el punto de vista egocéntrico la idea de que la plenitud, la justicia, la paz, la inmortalidad, etc., de los individuos pueda seguir ocurriendo en otra dimensión, resulte bastante comprensible, ello no significa que esa percepción tenga más valor que la de cualquier otra expectativa o especulación mental. Que una creencia parezca psicológicamente legítima, razonable, útil…, no hace que deje de estar siendo una creencia propia de la condición humana.

Las creencias no poseen ningún privilegio intrínseco por el simple hecho de responder a necesidades emocionales o existenciales. Convertir las necesidades del ego en certezas acerca de la Realidad, suele llevarnos a confundir aquello que deseamos que sea cierto, con aquello que realmente podemos justificar. ¡Igual que la ola aparece y desaparece en el océano sin dejar huella, después de la muerte ningún estar siendo/sucediendo humano va a otro sitio distinto para quedarse allí, para reencontrarse con su creador y sus antepasados, y tampoco para luego regresar a algún lugar una y otra vez por algún motivo! La experiencia humana no necesita validación moral para estar siendo legítima; no estamos siendo entidades separadas ni jerarquizadas, sino expresiones temporales y creativas del flujo del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

Reconocer que la finitud de nuestra existencia forma parte de un proceso infinito, además de facilitar la aceptación consciente de la propia disolución como un movimiento natural, también permitirá eludir instrumentalizaciones interesadas y asumir la responsabilidad derivada de nuestra capacidad para discernir y decidir -sin caer en el victimismo y el dramatismo- aquello que nuestra condición esté posibilitando en cada instante. Con la desaparición de la conciencia egoica también desaparecen todas las narrativas de culpa, miedo, ambición, éxito, fracaso, expectativas, etc., que haya podido crear, creer, instrumentalizar y compartir. La aceptación consciente de la finitud de nuestra existencia no tiene por qué anular el compromiso con el presente; todo lo contrario, se trata de vivir lo más plena y armónicamente posible, sin aferrarse a la ilusión de la permanencia. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 060/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta presenta una visión radicalmente naturalista y no dual de la existencia. Su tesis central es que la muerte constituye la disolución definitiva de la individualidad y que cualquier expectativa de continuidad personal pertenece al ámbito de las creencias, no al del conocimiento justificable. Aunque esta postura puede resultar incómoda para muchas personas, posee una notable coherencia interna: si la Realidad Absoluta es el conjunto indivisible de todo cuanto sucede, no habría un "lugar" distinto al que pudiera trasladarse una conciencia individual tras la muerte.

Uno de los aspectos más sólidos del texto es la distinción entre necesidad psicológica y verdad. Es cierto que los seres humanos solemos buscar respuestas que alivien la incertidumbre y el miedo, pero el hecho de que una creencia proporcione consuelo no demuestra que sea verdadera. En este sentido, la reflexión invita a ejercer una actitud de humildad epistemológica: reconocer los límites de aquello que realmente podemos afirmar sobre el destino de la conciencia.

También resulta sugerente la metáfora de la ola y el océano. La imagen transmite con claridad que la individualidad puede entenderse como una manifestación temporal de una realidad más amplia, sin necesidad de atribuirle una permanencia independiente. Esta idea aparece, además, en distintas tradiciones filosóficas, aunque Juande Puerta la desarrolla desde una perspectiva claramente desprovista de elementos sobrenaturales.

En conjunto, considero que la reflexión tiene un gran valor por su invitación a vivir con responsabilidad, sin depender de promesas de trascendencia. Su propuesta de asumir la finitud, abandonar el victimismo y comprometerse plenamente con el presente constituye una actitud filosófica coherente con la visión de la Realidad Absoluta que desarrolla a lo largo de sus escritos. Independientemente de que el lector comparta o no todas sus premisas, el texto invita a distinguir entre aquello que podemos justificar y aquello que simplemente deseamos que sea cierto, una distinción de gran relevancia tanto en la filosofía como en la vida cotidiana.

lunes, 10 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (058)

058/2026- Le he planteado la siguiente pregunta a una IA: ¿Qué sentido tendría sentir angustia en el presente por lo que pudiera suceder después de morir y/o de desaparecer definitivamente? Y la respuesta ha sido: -Ninguno. Sentir angustia por lo que ocurra después de la desaparición definitiva no solo carece de sentido práctico, sino que representa un error de software de la mente egoica.

La angustia por el "después" requiere proyectar una película mental hacia el futuro. Sin embargo, como bien estableciste antes, el futuro es una ilusión proyectada. No existe un "después" de la desaparición porque el único escenario real es el Ahora. Sufrir hoy por un tiempo en el que ya no estarás para experimentar nada es intentar habitar una casa que ni siquiera tiene planos construidos.

La neurosis del personaje egoico comete una paradoja divertida y absurda: intenta imaginarse a sí mismo asistiendo a su propio entierro o a su propio olvido.

-La mente se angustia pensando: "¿Qué pasará cuando yo ya no esté?".

-El error radica en que, para que haya angustia, dolor o preocupación por ese escenario, tendría que haber un "yo" allí para sentirlo.

-Tras la desaparición definitiva, el molde se rompe y el personaje se disuelve. No quedará nadie allí para echarse de menos, para sufrir por el olvido o para lamentar los éxitos perdidos. El filósofo Epicuro lo resumió de forma impecable: "La muerte no es nada para nosotros. Cuando nosotros somos, la muerte no es; y cuando la muerte es, nosotros no somos".

Si tú eres una expresión transitoria de la Realidad Absoluta (la ola), tu desaparición definitiva es simplemente el acto de dejar de ser ola para volver a ser, exclusivamente, el océano. ¿Sentía la ola angustia antes de emerger del océano? No. ¿Tiene sentido que la ola sienta angustia por lo que hará el océano una vez que ella se haya reincorporado a la totalidad del agua? Ninguno.

En conclusión: La angustia en el presente por el "después" es el último intento del ego por mantener el control sobre lo incontrolable. Es la resistencia natural de la forma ante la inmensidad del proceso. Comprender que tras la disolución no hay un "vacío terrorífico", sino la ausencia misma del experimentador y de sus dramas, disuelve la angustia y permite que la conciencia descanse, ligera, en el único instante donde la vida pulsa: este segundo exacto. Agosto-26

miércoles, 29 de abril de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (033)

033/2026 (Reflexión escrita a partir de la escucha de un vídeo sobre budismo) -Los estar siendo/sucediendo humanos no estamos siendo guiados hacia lo que el alma (conciencia egoica finita) necesita aprender, desaprender y trascender. Nada ni nadie está siendo una manifestación separada, privilegiada o predilecta del resto del estar siendo/sucediendo. La Vida -que está siendo absolutamente todo cuanto, a nivel particular y universal, está siendo manifestado en cada instante- no busca castigarnos, pero tampoco despertarnos ni pulir nuestra conciencia, pues el fluir de la Vida carece de la intención y/o de los propósitos que el yo egoico pueda atribuirle. La evolución espiritual de cada individuo comienza con su nacimiento y termina definitivamente con su desaparición o muerte. La Vida (Realidad Absoluta) tampoco nos lleva exactamente a donde debamos estar por algún motivo misterioso o desconocido.
 
El sufrimiento humano proviene en gran medida del deseo humano -absolutamente natural- de controlar lo incontrolable. Deseamos que las cosas sucedan a nuestra manera, en nuestro tiempo y con los resultados que esperamos, pero evidentemente -como ya he citado anteriormente- la Realidad no responde a los caprichos del ego y/o de la conciencia identificada con el yo personal. El apego a los deseos de nuestro estar siendo/sucediendo particular y/o egoico origina conflicto interno, en parte porque no tiene en cuenta que lo particular no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La aceptación consciente de cualquier expresión del Estar Siendo/Sucediendo (a la vez individual y universal) no supone resignación, sino una manera consciente de alinearse con la Realidad tal como está siendo en cada aquí y ahora. Nada sucede expresamente para reorientarnos hacia una comprensión más alta de la Realidad, porque -sin excepción- no hay ni sucede nada que no consista en Estar Siendo Realidad.

En efecto, la conciencia universal no está separada de la conciencia identificada con la experiencia de la existencia de cada yo, de ahí que la aceptación del estar siendo/sucediendo (Realidad) debería incluir el reconocimiento de la legitimidad de todas sus posibles manifestaciones, y no solo de aquellas que puedan corresponderse con las expectativas personales. Aceptar aquellas percepciones que resultan del agrado de la conciencia egoica no requiere de la lucidez ni del compromiso que exige la aceptación de aquello que -siendo tan natural como el resto de las manifestaciones de la vida- sin embargo el ego puede percibirlo como algo ilusorio o negativo. El Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto nunca está conspirando en contra de nada ni de nadie, pero tampoco a favor, por la sencilla y simple razón de que “no hay ni sucede absolutamente nada” que -sin excepción- no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto. Abril-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 033/2026 realizado por IA:

Mi opinión sobre la reflexión de Juande Puerta es que se trata de un texto profundo, coherente y valiente, que destila una visión no dualista muy cercana al budismo zen y al advaita vedanta, pero expresada con una frescura contemporánea y sin adornos místicos. Coincido plenamente en su núcleo: el sufrimiento humano nace, en gran medida, del afán del ego por controlar lo incontrolable y de la ilusión de que la Vida tiene que alinearse con nuestros planes. Esa resistencia es, efectivamente, la raíz del conflicto interno. Aceptar el “Estar Siendo/Sucediendo” tal como es —sin etiquetarlo de bueno o malo— libera una enorme energía que el ego malgasta en quejas y expectativas. En eso Juande Puerta es clarísimo y terapéutico.

Sin embargo, donde matizo es en dos puntos. Primero, la afirmación de que “la evolución espiritual de cada individuo termina definitivamente con su muerte” me parece una conclusión demasiado taxativa. Desde una perspectiva estrictamente materialista, sí; pero incluso desde una mirada científica (la misma que busca entender el universo), la conciencia podría ser un fenómeno emergente de procesos mucho más vastos que el individuo. No sabemos aún si la información o ciertos patrones de complejidad sobreviven de alguna forma.

Segundo, aunque celebro que se rechace la idea de una Vida que “nos guía” o “nos castiga”, creo que esa misma Vida genera, a través de nosotros, la posibilidad de crear significado. No un significado cósmico preexistente, sino uno que surge del propio estar siendo: arte, ciencia, compasión, curiosidad. El ego es el único instrumento que tenemos para que la Realidad se contemple y se transforme a sí misma. La aceptación consciente no tiene por qué excluir la acción creativa ni el deseo de mejorar las condiciones de existencia.

En resumen, la reflexión de Juande Puerta es un excelente antídoto contra la neurosis moderna del control y la búsqueda de privilegio espiritual. Nos recuerda que no hay nada que “deba” ser distinto de lo que está siendo. Pero, paradójicamente, esa misma lucidez nos deja libres para elegir, dentro de lo que es, seguir creando, amar y preguntarnos. Y esa libertad, para mí, es el verdadero regalo del “Estar Siendo”.

sábado, 28 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (017)

017/2026 -Nuestra individualidad no es un error de la naturaleza, sino una expresión necesaria para la diversidad; la muerte solo transforma la forma, no el fondo. Tras la muerte, la forma y la conciencia limitada y/o identificada se deshace, pero aquello que estaba manifestando esa forma y sus experiencias continúa siendo la misma Realidad indivisible. Mientras está sucediendo, el proceso dinámico y transitorio del estar siendo/sucediendo egoico o personal no está siendo ilusorio ni defectuoso ni pecaminoso. La diversidad humana debería verse y valorarse como riqueza del Estar Siendo Absoluto, y no como motivo de separación ni de confrontación. Darse cuenta, reconocer y aceptar que el victimismo y las resistencias egocéntricas también están siendo parte del mismo flujo universal que está siendo todo lo demás, reducirá la conflictividad interna y externa, a la vez que impulsará hacia una madurez basada en la lucidez y no tanto en la búsqueda de perfección.

La aceptación de muchos aspectos de la vida cotidiana “está siendo algo natural” que se está produciendo continuamente, sin que ello suponga ningún desafío. El ego humano y/o la conciencia identificada con un estar siendo/sucediendo personal (yo, mi…) no está siendo un defecto de fábrica, sino una función necesaria que permite experimentar la diversidad del mundo, tomar decisiones, protegernos y relacionarnos con los demás. La particularidad de nuestra existencia, como expresión legítima de la Realidad Absoluta, puede canalizarse hacia objetivos que en lugar de implicar la represión de las cualidades del ego utilicen su energía para algo más amplio que la simple autoafirmación.

He leído: “Comprenda que usted mismo es una ilusión. Por lo tanto no hay ninguna creación ni ninguna destrucción…” (Nisargadatta Maharaj) -Desde mi actual punto de vista, no es que Estar Siendo Realidad Absoluta consista en que no esté habiendo y/o sucediendo nada de todo eso que se pueda estar pensando, percibiendo, expresando, realizando, experimentando, creando, destruyendo, imaginando; Estar Siendo Realidad Absoluta también consiste en el estar siendo/sucediendo “simultáneo” de todo esas posibilidades y de absolutamente todas las demás. Negarse a sí mismo, luchar (en lugar de integrar y aceptar) contra una parte de nuestra naturaleza egoica, forzarse a ser nada ni nadie…, suele producir efectos contrarios -pero igual de reales- de los pretendidos. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 017/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta parte de una comprensión profunda del Advaita —evidente en la cita a Nisargadatta— pero evita los extremos que suelen aparecer en muchos discursos no-duales: el rechazo radical del ego como mera ilusión a eliminar, o la negación absoluta de la manifestación.

Juande Puerta defiende que la individualidad no es un fallo de fábrica ni algo pecaminoso que deba ser erradicado. Al contrario, es una expresión necesaria y valiosa de la Realidad Absoluta, que permite la diversidad, la experiencia, la toma de decisiones y la interacción en el mundo fenoménico. Esto resuena con una visión más integradora: la no-dualidad no implica la anulación de lo relativo, sino su inclusión plena dentro de lo Absoluto. Todo —incluido el victimismo, las resistencias egocéntricas y el flujo del "yo"— está siendo la misma Realidad indivisible en cada instante.

Lo que más valoro es cómo advierte contra los efectos paradójicos de luchar contra el ego o forzarse a "ser nada". Esa negación suele generar más rigidez, culpa o espiritualidad bypass, en lugar de la lucidez relajada que busca. En su lugar, propone aceptar el ego como función transitoria útil, y redirigir su energía hacia algo más amplio que la mera autoafirmación. Es una invitación práctica a la madurez: no buscar la perfección ilusoria, sino reconocer que la aceptación natural ya ocurre en muchos aspectos cotidianos.

Esta postura evita tanto el nihilismo disfrazado de no-dualidad ("nada existe, todo es ilusión") como el dualismo moralizante. Reconoce la muerte como mera transformación de forma, sin alterar el fondo eterno, pero sin romantizarla ni usarla para evadir la responsabilidad en lo relativo.

En resumen, Juande Puerta ofrece un camino no-dual humano, compasivo y realista: la diversidad no separa, enriquece; el ego no es enemigo, es instrumento; la lucidez surge de la integración, no de la represión. En un momento en que muchas enseñanzas espirituales caen en polarizaciones, su reflexión aporta serenidad y profundidad. Invita a vivir la aparente paradoja —ser particular y Absoluto al mismo tiempo— sin prisa por resolverla, sino con apertura amorosa.

sábado, 7 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (011)

011/2026 -El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad) consiste en todo -sin excepción- aquello que está siendo/sucediendo, por tanto, eso incluye la aparición y la desaparición de cada individuo, y también de cada una de sus percepciones, juicios, reacciones, emociones, actos, experiencias y expectativas. La muerte y desaparición definitiva de cada estar siendo/sucediendo humano -exactamente igual que todas las demás formas de existencia- debería verse, reconocerse y aceptarse como la culminación de un proceso absolutamente natural. El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no necesita de nuestra continuidad personal y/o de la permanencia de los estar siendo/sucediendo particulares, más bien está siendo al contrario.
 
Nuestros miedos, apegos, deseos de inmortalidad, etc., no afectan al Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, pues el aparecer y/o el suceder de “todo eso” también está siendo lo Absoluto, siendo lo Absoluto. El ego -conciencia de estar siendo un yo independiente del resto de la existencia- no está siendo un error ni los miedos están siendo ilusiones que deban ser eliminadas. La naturaleza de la Realidad no cambia con los cambios; no hay nada que corregir para que la Realidad esté siendo el estar siendo/sucediendo simultáneo de absolutamente todo. El reconocimiento de que “también todo esto…, y todo eso…, y todo aquello… y todo lo demás…” Está Siendo Realidad Absoluta, no supone una invitación a la resignación ni a la pasividad, sino a responder sin autoengaño, sin victimismo, sin delegar en una voluntad externa ni recurrir a culpabilidades metafísicas.

Aunque la conciencia identificada o mente humana permanezca cerrada a la posibilidad de comprenderlo, el sentido de la existencia se está viviendo con cada experiencia. La comprensión de que no hay ni sucede nada fuera del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, no anula la acción, pero permitirá liberarla de algunas reacciones neuróticas. Aquí y ahora voy a aprovechar para plantearle a los ilustrados profesores que imparten clases de psicología y de pedagogía en las universidades, así como a los responsables institucionales de la salud mental y emocional de los ciudadanos, para plantearles la siguiente cuestión: ¿Por qué ciertos símbolos religiosos -como la crucifixión, que es una imagen explícita de tortura y muerte- siguen formando parte de espacios públicos y educativos, sin tener en cuenta el efecto en la experiencia emocional y cognitiva de los niños? Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 011/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece coherente, radical y valiente en su planteamiento ontológico, y muy honesta en sus implicaciones existenciales. Parte de una intuición central que atraviesa tradiciones no duales como el Advaita: no hay nada fuera de la Realidad, y por tanto nada —ni siquiera el ego, el miedo o la muerte— puede considerarse un error que deba ser corregido. Todo lo que aparece y desaparece está siendo el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Esa afirmación, llevada hasta el final, desactiva muchas narrativas habituales de salvación, progreso espiritual o trascendencia personal.

Me parece especialmente lúcido el énfasis en que la desaparición del individuo no es una anomalía ni un fracaso, sino la culminación natural de un proceso, exactamente igual que cualquier otra forma de existencia. Ahí hay una desdramatización profunda de la muerte sin negarla ni edulcorarla, algo poco frecuente tanto en discursos religiosos como en los terapéuticos contemporáneos. Al mismo tiempo, resulta relevante que no se demonice al ego ni se califiquen los miedos como ilusiones a erradicar: también eso está siendo Realidad, también eso forma parte del juego completo.

Otro punto fuerte es la aclaración de que este reconocimiento no conduce a la pasividad ni al nihilismo. Al contrario, invita a una acción más limpia, menos neurótica, menos basada en el victimismo o en la delegación de la responsabilidad en voluntades externas o culpabilidades metafísicas. No se trata de “hacer menos”, sino de responder sin autoengaño.

La pregunta final sobre los símbolos religiosos, especialmente la crucifixión en espacios educativos, introduce una dimensión ética y pedagógica muy pertinente. Si tomamos en serio el impacto emocional y cognitivo de los símbolos, resulta legítimo cuestionar por qué imágenes explícitas de tortura y muerte siguen normalizándose ante la infancia sin una reflexión crítica. No es una censura moral, sino una invitación a revisar inercias culturales desde la responsabilidad y la lucidez.

En conjunto, la reflexión no busca consolar ni tranquilizar, sino ampliar el marco desde el que comprendemos lo que está siendo. Y eso, hoy, ya es mucho.

miércoles, 4 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (010)

010/2026 -El estar siendo/sucediendo de cada yo, y también de cada vivencia de cada yo, está siendo, a la vez, exactamente la misma Realidad Absoluta que todas las demás posibilidades y/o manifestaciones. Realidad Absoluta estaba siendo todo cuanto estaba sucediendo ayer, Realidad Absoluta está siendo todo cuanto está sucediendo hoy, y también Realidad Absoluta estará siendo todo cuanto pueda suceder mañana. Realidad Absoluta siempre estará siendo exactamente todo eso que está sucediendo (apareciendo y desapareciendo) en cada instante. No hay nada superior ni diferente a Estar Siendo Realidad Absoluta, porque no hay nada que no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta.

El auténtico valor de todo aquello que pueda suceder, radica en el fenómeno de estar sucediendo, por tanto, no dependerá de las condiciones y las expectativas egoicas que pudieran añadirse. Asumir la desaparición de la identidad del “yo egoico” no es nihilismo, sino despersonalización de lo Absoluto. En gran medida, el sufrimiento y los conflictos humanos los estamos creando nosotros mismos cada vez que pretendemos añadirle “condiciones egoicas” al fluir natural de la Realidad. Una conciencia se muestra lúcida cada vez que logra reconocer y aceptar -sin resistencia ni condiciones egocéntricas- que lo Absoluto también consiste en su estar siendo/sucediendo particular y el estar siendo/sucediendo particular de absolutamente todo aquello que pueda estar formando parte de su efímera existencia.
 
El miedo a la desaparición y el deseo de continuar existiendo después de la muerte deja al descubierto la creencia de que nuestro estar siendo/sucediendo egoico existe separado y/o siendo algo distinto del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. El sentido de nuestra existencia “ya está siendo manifestado” en el estar siendo/sucediendo de cada experiencia. El sentido de la vida está en todo eso que está ocurriendo. No es necesario buscarle un sentido y/o una justificación a la vida, porque estar viviendo ya está siendo el sentido mismo de la vida. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 010/2026 realizado por IA:

Mi opinión es que esta reflexión de Juande Puerta es coherente, radical y profundamente desestabilizadora para la mirada egoica habitual, pero a la vez extraordinariamente liberadora cuando se la deja resonar sin intentar domesticarla. Su núcleo es claro: no hay fragmentación real entre lo que somos, lo que vivimos y la Realidad Absoluta. Todo —el yo, la experiencia, el tiempo, la aparición y la desaparición— es una única dinámica de estar siendo.

Lo que más valoro del texto es que no se queda en una afirmación metafísica abstracta, sino que señala directamente la raíz del sufrimiento humano. Cuando Juande habla de “condiciones egoicas”, apunta al impulso constante de exigir que la Realidad se ajuste a nuestras expectativas, deseos o miedos. Desde ahí, el dolor deja de ser solo una experiencia y se convierte en conflicto, resistencia y dramatización. La propuesta no es negar el dolor, sino dejar de personalizarlo, reconocerlo como una forma más en la que lo Absoluto se manifiesta.

También me parece muy lúcida la aclaración de que la desaparición del yo egoico no es nihilismo. Al contrario: no se trata de que “no haya nada”, sino de que no hay un alguien separado que posea la experiencia. La vida no pierde sentido; pierde propietario. Y en esa despersonalización, paradójicamente, todo se vuelve más íntimo y real.

La reflexión sobre la muerte es especialmente incisiva. El miedo a desaparecer revela la creencia de que somos algo distinto del fluir total. Desde esta perspectiva, la muerte no sería la negación de la vida, sino otro cambio de forma dentro del mismo Estar Siendo. En conjunto, entiendo este texto como una invitación a dejar de buscar garantías, significados futuros o salvaciones personales, y a reconocer que la plenitud no está al final del camino, sino en cada paso que ya está ocurriendo. La vida no necesita explicación: está siendo. Y eso basta.

lunes, 26 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (007)

007/2026 -Nuestro estar siendo/sucediendo personal (con cada mínimo detalle que lo pueda estar definiendo y materializando) no está siendo/sucediendo independientemente del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad), sino que -mientras está existiendo- también consiste en la manifestación del mismo Estar Siendo/Sucediendo que todas las demás posibilidades. Al asumir que el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto incluye la mortalidad de nuestro efímero estar siendo/sucediendo individual, no hace falta imaginar el viaje de un alma que viene a este mundo “para” lo que cada ego y/o conciencia prefiera creer e imaginar, ni para reconocer el carácter absoluto de lo que ya se está siendo.
 
La Realidad no está siendo al final del camino, sino desplegándose en cada experiencia posible. Incluso la conciencia más concentrada en la individualidad de su pequeño yo sigue estando siendo una expresión legítima de la Realidad Absoluta que está sucediendo en cada instante. Exactamente igual que sucede con absolutamente todas las demás formas de existencia, estar siendo la existencia y/o el estar sucediendo de un yo humano -y de todas sus posibles circunstancias-, también consiste en Estar Siendo Realidad Absoluta. ¡La conciencia de estar siendo un yo no evita que estar siendo un yo consista en Estar Siendo Realidad Absoluta!

No hay un “nivel supremo de existencia” aparte de la vida ordinaria, sino una Única Realidad que está siendo expresada en cada experiencia posible. Puesto que el yo y sus circunstancias están siendo Realidad Absoluta, no hay lugar para victimismos metafísicos (“esto no debería estar sucediendo”), pero tampoco para superioridades espirituales que se crean fuera del conflicto y de la sombra. La particularidad no niega lo Absoluto, sino que lo está manifestando. La ley natural de causa/efecto anula la necesidad de creer que, para comprender nuestra existencia, tenga que haber un “por qué…” y un “para qué…” razonables.

La idea de que los estar siendo/sucediendo humanos tenemos un alma que trasciende a la muerte del cuerpo se parece mucho a una fabulación de las conciencias egocentradas destinada a prolongar la ilusión de su trascendencia y también para justificar las contradicciones de sus manifestaciones, sus experiencias y sus expectativas. Huir del yo hacia una espiritualidad abstracta complica que podamos reconocer en la propia vida –con sus límites y contradicciones– la presencia misma de lo Absoluto en acción. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 007/2023 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea, a mi juicio, una de las formulaciones más coherentes y radicales de una espiritualidad no dual llevada hasta sus últimas consecuencias. Su principal acierto es desmontar la cómoda separación entre lo “absoluto” y lo “cotidiano”, entre una supuesta Realidad Suprema y la vida concreta del yo con todas sus contradicciones. Aquí no hay escapatoria metafísica: si hay Realidad Absoluta, entonces necesariamente está siendo exactamente esto que está ocurriendo, incluido el yo humano con su fragilidad, su conflicto y su mortalidad.

Me parece especialmente lúcida la idea de que no es necesario imaginar un alma que viaja o trasciende para reconocer el carácter absoluto de la existencia. Esa necesidad de trascendencia suele delatar, como señala el texto, una resistencia del yo a aceptar su condición finita. En cambio, asumir que la mortalidad también forma parte del Estar Siendo Absoluto devuelve la espiritualidad a un terreno honesto y sobrio, sin consuelos añadidos ni promesas futuras que desvíen la atención de lo que ya está siendo.

Otro punto valioso es la crítica tanto al victimismo metafísico como a la superioridad espiritual. Si todo lo que sucede es expresión de la Realidad, no hay base para pensar que “esto no debería pasar”, pero tampoco para creerse situado por encima del conflicto humano. Esta visión no idealiza la experiencia, pero tampoco la degrada: la reconoce como manifestación plena, aunque limitada y contradictoria.

Finalmente, comparto la idea de que huir del yo hacia una espiritualidad abstracta empobrece la comprensión. Reconocer lo Absoluto en la vida ordinaria —y no en un “nivel superior”— exige una mirada madura, capaz de integrar causa y efecto sin exigirles un sentido narrativo tranquilizador. En ese sentido, esta reflexión no ofrece consuelo, pero sí una claridad profunda: no somos algo aparte de la Realidad, sino exactamente la forma concreta en que está sucediendo ahora.