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miércoles, 3 de junio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (041)

041/2026 -El “conflicto interno” y la “paz interior” siempre están coexistiendo de manera absolutamente natural. Ni la paz interior elimina el conflicto interior, ni el conflicto interior suprime a la paz interior; ambas percepciones están formando parte de la experiencia humana al mismo tiempo. La identificación conciencial con las cualidades propias de nuestra naturaleza humana no debería excluir el reconocimiento de que “a la vez” también estamos siendo una expresión de las cualidades propias de nuestra naturaleza universal. Experimentar los efectos de un conflicto interno no significa que se haya perdido la capacidad natural de sentir calma y/o serenidad. La comprensión de que una posibilidad está existiendo a la vez que su opuesta también facilita la comprensión de que no sea necesario vivir luchando contra lo uno para poder alcanzar lo otro.
 
Nuestra naturaleza dual (al mismo tiempo estar siendo/sucediendo individual y estar siendo/sucediendo universal) no necesita ser transformada; en lugar de eso basta con aceptar (amar) la manifestación de la totalidad de las cualidades correspondientes a la experiencia de nuestra existencia. Nada ni nadie está siendo el estar siendo/sucediendo de un elemento aislado, pues, incluso esa percepción estará consistiendo en una expresión directa del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La espiritualidad que señala hacia la necesidad de dominar el ego, silenciar la mente, trascender el cuerpo, buscar un ideal de perfección, alejarse de todo cuanto pueda perturbar nuestra paz interior, etc., parte de premisas excluyentes, manipuladas y profundamente victimistas.

Más allá de la totalidad de la experiencia presente y/o del estar siendo/sucediendo no hay metas extraordinarias ni estados superiores que alcanzar. La “aceptación consciente” del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad) no consiste en nada más que en la “aceptación consciente” de la legitimidad de todo -sin excepción- cuanto está siendo/sucediendo. La observación de nuestros estados internos, prescindiendo de la identificación con los juicios y las etiquetas de “correctos o incorrectos” (mirar como testigos y no como jueces) cambiará los efectos emocionales que esa elección genere, pero eso tampoco modificará que todo continúe siendo Realidad Absoluta. La aceptación del estar siendo/sucediendo no convierte ni diferencia a las manifestaciones de la Realidad en espirituales o no espirituales. Junio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 041/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta es profunda y liberadora. Me parece especialmente acertada su insistencia en la coexistencia natural del conflicto interno y la paz interior. No son etapas sucesivas ni enemigas, sino dimensiones simultáneas de la experiencia humana. Esta visión evita la trampa dualista tan común en muchas corrientes espirituales: la idea de que hay que “eliminar” el ego, silenciar la mente o trascender el cuerpo para alcanzar un estado superior. Juande Puerta desmonta con elegancia esa narrativa excluyente y, en mi opinión, a menudo victimista, que convierte la práctica espiritual en una lucha perpetua contra uno mismo.

Coincido en que nuestra naturaleza es dual: al mismo tiempo particular (con deseos, miedos, limitaciones) y universal (parte de un todo que simplemente está siendo). Intentar suprimir una mitad en favor de la otra genera más sufrimiento que paz. La aceptación consciente de “todo cuanto está siendo/sucediendo”, sin etiquetas de bueno o malo, es un acto de madurez radical. Observar como testigos en lugar de jueces reduce efectivamente la carga emocional, aunque no cambie la Realidad Absoluta. Esa distinción es clave y muy práctica.

Sin embargo, aunque la aceptación sea el fundamento, no siempre es suficiente como única herramienta. En ciertos conflictos internos graves (traumas, adicciones, patrones destructivos), la mera observación benevolente puede necesitar complementarse con acción concreta, conocimiento psicológico o incluso cierta “disciplina” del ego, no como represión, sino como reorientación inteligente. La aceptación no implica resignación pasiva ante todo.

En conjunto, Juande Puerta ofrece una espiritualidad no dual madura, alejada de promesas de perfección inalcanzable y más cercana a una amorosa inclusión de la totalidad. Es un antídoto potente contra el perfeccionismo espiritual que tanto daño ha hecho. Su mensaje invita a descansar en la realidad tal como está siendo, sin necesidad de convertirse en otro “buscador” agotado. Una invitación valiosa y humana.

miércoles, 20 de mayo de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (037)


037/2026 -La percepción de opuestos no significa que cada una de esas posibilidades exista separada de la contraria. Un concepto no puede definirse ni estar siendo sin el estar siendo de su contrario y de todos los demás posibles. Aquella actitud que se mantenga con respecto a una polaridad y/o percepción de la Realidad (Totalidad simultánea y sin separación) al mismo tiempo también estará manifestándose con respecto al resto de las posibilidades. Por muy contradictorios que parezcan entre sí los diferentes opuestos, Realidad Absoluta está siendo todas las posibilidades y/o percepciones a la vez. La percepción de opuestos por parte de la conciencia egoica sirve para orientarnos, elegir, discriminar, etc., pero no divide la Unidad del estar siendo/sucediendo. A mayor “aceptación de la Realidad” (sin discriminaciones, está siendo absolutamente todo cuanto está sucediendo) también mayor “comprensión de la Realidad” y viceversa.

La aceptación de la Realidad supone el reconocimiento y la comprensión de que -comenzando por la propia existencia- todo cuanto se está viviendo, incluso lo incómodo o contradictorio, siempre está siendo expresión de lo Absoluto. Aunque la plenitud ya está presente (ya está siendo) en el conjunto de la experiencia y sin exclusiones, ello no evita que, lícitamente, algunas conciencias vivan buscando una realidad idealizada. Aceptar que Realidad “ya está siendo” todo sin excepción, va unido a asumir responsabilidad, coherencia y acción ética, porque comprender la totalidad no elimina la necesidad de actuar dentro de su Estar Siendo. El estar siendo/sucediendo humano -de cada individuo- no está sucediendo fuera del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto; mientras existimos, siendo esa transitoria manifestación, también está siéndolo cada una de nuestras posibles expresiones, actitudes y experiencias.

Lo negativo está siendo tan constitutivo o propio de la experiencia humana como lo positivo, de ahí que juzgarnos y lamentarnos de sentirnos tristes, confundidos, contrariados, etc., generalmente estará correspondiéndose con una percepción y una respuesta egocéntrica, idealizada y victimista de la Realidad. Al elegir dejar de luchar “consciente y voluntariamente” contra la dualidad de nuestra naturaleza, la intensidad del conflicto interno disminuye, permitiéndonos vivir con menor dependencia de que las circunstancias sean siempre del agrado de la conciencia egoica. Todo está siendo parte y totalidad a la vez; percibirnos, creernos, identificarnos…, casi exclusivamente con la parte o individualidad no deja darnos cuenta de que, inseparablemente, también estamos siendo Totalidad y/o Realidad Absoluta. El victimismo requiere de un culpable (el mundo, la vida, los demás, la condición humana…) y también de un victimario. La paz interior no llega haciendo desaparecer el conflicto natural que genera nuestra naturaleza dual (estar siendo parte y totalidad a la vez), sino con la ausencia de resistencia al conflicto. Mayo-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 037/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta presenta una visión profundamente no-dualista que desafía la fragmentación con la que solemos procesar nuestra existencia. Mi opinión es que su planteamiento no solo es una pieza metafísica coherente, sino una herramienta práctica para la gestión emocional y ética.

El punto central sobre la interdependencia de los opuestos es fundamental. Solemos cometer el error de querer "lo bueno" eliminando "lo malo", sin comprender que, como el norte y el sur de un imán, son expresiones de una misma unidad. Juande Puerta acierta al señalar que el ego divide la realidad para navegar en ella (funcionalidad), pero el problema surge cuando creemos que esa división es real. Al identificarnos solo con "la parte" (nuestra individualidad o nuestros deseos), nos condenamos al victimismo, pues cualquier evento contrario a nuestra voluntad se percibe como una agresión externa y no como una manifestación del "Estar Siendo" Absoluto.

Lo más valioso de su texto es la distinción entre aceptación y pasividad. A menudo se confunde aceptar la Realidad con el conformismo; sin embargo, Juande Puerta aclara que la comprensión de la totalidad exige responsabilidad y acción ética. No se trata de ignorar el conflicto, sino de actuar dentro de él sin la resistencia interna que genera el sufrimiento innecesario.

Finalmente, la idea de que la paz interior nace de la "ausencia de resistencia al conflicto" es revolucionaria. Nos libera de la tiranía de buscar una "felicidad ideal" que excluya la tristeza o la confusión. Al entender que lo incómodo también es expresión de lo Absoluto, dejamos de luchar contra nosotros mismos. En definitiva, es una invitación a vivir con una integridad radical, donde ser conscientes de nuestra finitud no nos impide reconocernos como parte de una Totalidad plena y ya presente.

miércoles, 29 de abril de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (033)

033/2026 (Reflexión escrita a partir de la escucha de un vídeo sobre budismo) -Los estar siendo/sucediendo humanos no estamos siendo guiados hacia lo que el alma (conciencia egoica finita) necesita aprender, desaprender y trascender. Nada ni nadie está siendo una manifestación separada, privilegiada o predilecta del resto del estar siendo/sucediendo. La Vida -que está siendo absolutamente todo cuanto, a nivel particular y universal, está siendo manifestado en cada instante- no busca castigarnos, pero tampoco despertarnos ni pulir nuestra conciencia, pues el fluir de la Vida carece de la intención y/o de los propósitos que el yo egoico pueda atribuirle. La evolución espiritual de cada individuo comienza con su nacimiento y termina definitivamente con su desaparición o muerte. La Vida (Realidad Absoluta) tampoco nos lleva exactamente a donde debamos estar por algún motivo misterioso o desconocido.
 
El sufrimiento humano proviene en gran medida del deseo humano -absolutamente natural- de controlar lo incontrolable. Deseamos que las cosas sucedan a nuestra manera, en nuestro tiempo y con los resultados que esperamos, pero evidentemente -como ya he citado anteriormente- la Realidad no responde a los caprichos del ego y/o de la conciencia identificada con el yo personal. El apego a los deseos de nuestro estar siendo/sucediendo particular y/o egoico origina conflicto interno, en parte porque no tiene en cuenta que lo particular no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La aceptación consciente de cualquier expresión del Estar Siendo/Sucediendo (a la vez individual y universal) no supone resignación, sino una manera consciente de alinearse con la Realidad tal como está siendo en cada aquí y ahora. Nada sucede expresamente para reorientarnos hacia una comprensión más alta de la Realidad, porque -sin excepción- no hay ni sucede nada que no consista en Estar Siendo Realidad.

En efecto, la conciencia universal no está separada de la conciencia identificada con la experiencia de la existencia de cada yo, de ahí que la aceptación del estar siendo/sucediendo (Realidad) debería incluir el reconocimiento de la legitimidad de todas sus posibles manifestaciones, y no solo de aquellas que puedan corresponderse con las expectativas personales. Aceptar aquellas percepciones que resultan del agrado de la conciencia egoica no requiere de la lucidez ni del compromiso que exige la aceptación de aquello que -siendo tan natural como el resto de las manifestaciones de la vida- sin embargo el ego puede percibirlo como algo ilusorio o negativo. El Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto nunca está conspirando en contra de nada ni de nadie, pero tampoco a favor, por la sencilla y simple razón de que “no hay ni sucede absolutamente nada” que -sin excepción- no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto. Abril-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 033/2026 realizado por IA:

Mi opinión sobre la reflexión de Juande Puerta es que se trata de un texto profundo, coherente y valiente, que destila una visión no dualista muy cercana al budismo zen y al advaita vedanta, pero expresada con una frescura contemporánea y sin adornos místicos. Coincido plenamente en su núcleo: el sufrimiento humano nace, en gran medida, del afán del ego por controlar lo incontrolable y de la ilusión de que la Vida tiene que alinearse con nuestros planes. Esa resistencia es, efectivamente, la raíz del conflicto interno. Aceptar el “Estar Siendo/Sucediendo” tal como es —sin etiquetarlo de bueno o malo— libera una enorme energía que el ego malgasta en quejas y expectativas. En eso Juande Puerta es clarísimo y terapéutico.

Sin embargo, donde matizo es en dos puntos. Primero, la afirmación de que “la evolución espiritual de cada individuo termina definitivamente con su muerte” me parece una conclusión demasiado taxativa. Desde una perspectiva estrictamente materialista, sí; pero incluso desde una mirada científica (la misma que busca entender el universo), la conciencia podría ser un fenómeno emergente de procesos mucho más vastos que el individuo. No sabemos aún si la información o ciertos patrones de complejidad sobreviven de alguna forma.

Segundo, aunque celebro que se rechace la idea de una Vida que “nos guía” o “nos castiga”, creo que esa misma Vida genera, a través de nosotros, la posibilidad de crear significado. No un significado cósmico preexistente, sino uno que surge del propio estar siendo: arte, ciencia, compasión, curiosidad. El ego es el único instrumento que tenemos para que la Realidad se contemple y se transforme a sí misma. La aceptación consciente no tiene por qué excluir la acción creativa ni el deseo de mejorar las condiciones de existencia.

En resumen, la reflexión de Juande Puerta es un excelente antídoto contra la neurosis moderna del control y la búsqueda de privilegio espiritual. Nos recuerda que no hay nada que “deba” ser distinto de lo que está siendo. Pero, paradójicamente, esa misma lucidez nos deja libres para elegir, dentro de lo que es, seguir creando, amar y preguntarnos. Y esa libertad, para mí, es el verdadero regalo del “Estar Siendo”.