Mostrando entradas con la etiqueta espiritualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espiritualidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (013)

013/2026 -Reconocer la inseparabilidad entre el estar siendo/sucediendo individual y el Absoluto no diluye la causalidad relativa ni las consecuencias correspondientes. Ignorar aquello que estamos generando sería una forma de corrupción y de autoengaño, así como una negación de nuestra participación co-creadora de la Realidad. A nivel social, tampoco se trata de destruir tradiciones, sino de cuestionar aquellas inercias culturales que contribuyen a perpetuar sufrimientos y conflictos innecesarios. Conciencia identificada, date cuenta, reconoce y acepta que Estar Siendo Realidad Absoluta también consiste en tu estar siendo/sucediendo particular y en el de absolutamente todo cuanto tú puedas estar pensando, percibiendo, juzgando, realizando, experimentando, soñando e imaginando en cualquier instante del efímero y cambiante proceso de tu existencia.
 
Date cuenta también de que nunca ha existido y nunca existirá absolutamente nada diferente (ni superior ni inferior) a Estar Siendo Realidad Absoluta, porque Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en estar siendo absolutamente todo -sin excepción- cuanto pueda estar siendo/sucediendo. La Realidad, la Vida, lo Absoluto…, está siendo el fluir instantáneo y simultáneo de todo -también el nuestro- lo que sucede. No hay un “Dios aparte” mirando el mundo desde fuera: el mundo siempre está siendo la manifestación directa de lo Absoluto. Los estar siendo/sucediendo humanos no somos criaturas externas a la Realidad, sino expresiones de la Realidad. Nuestras experiencias, nuestras decisiones y acciones también son modos en que la Realidad está manifestándose. La “Voluntad de Dios” nunca podría estar siendo otra que aquella que a la vez estuviera siendo manifestada por todas y cada una de las formas de existencia, incluidas las humanas.

Los estar siendo/sucediendo humanos estamos siendo agentes activos de la Realidad, por tanto, también co-creadores de lo que vivimos y responsables directos de nuestros actos. No hay un Dios externo al que acudir ni al que culpar de nuestras experiencias. Estar Siendo Dios no consiste en “estar siendo algo y/o alguien”, sino absolutamente todo -desde el universo hasta cualquiera de nuestras decisiones- cuanto está ocurriendo. Los efectos naturales de nuestras manifestaciones no estarán siendo premios ni castigos. Leer una revista o tomar una decisión difícil estará siendo un suceso tan "divino" como el nacimiento de una estrella. La espiritualidad lúcida no debería basarse en la búsqueda de algo excepcional, sino en el reconocimiento y la aceptación de todo -tanto lo objetivo como lo subjetivo- cuanto está sucediendo en cada aquí y ahora. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 013/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece coherente, radical y, sobre todo, exigente. Exigente porque no permite refugios cómodos ni escapatorias metafísicas. Al afirmar la inseparabilidad entre el estar siendo individual y la Realidad Absoluta, no se cae —como a veces ocurre en ciertos discursos no-duales— en una disolución irresponsable de la causalidad relativa. Al contrario: se subraya que reconocer la no-separación no nos exime de las consecuencias de nuestros actos, sino que nos sitúa de lleno en ellas. Eso es un punto clave y, a mi juicio, muy lúcido.

Me resulta especialmente valioso el énfasis en la co-creación y la responsabilidad. Si no hay un “Dios aparte”, tampoco hay un “yo aparte” que pueda declararse inocente o víctima metafísica de lo que ocurre. Nuestras decisiones, incluso las más pequeñas, son modos concretos en que la Realidad se manifiesta. Esta visión desmonta tanto el teísmo clásico —con su Dios juez y externo— como cierta espiritualidad evasiva que absolutiza la consciencia pero relativiza la ética.

También es interesante el plano social que introduce: no se trata de destruir tradiciones por sistema, sino de examinarlas con honestidad para ver si están al servicio de la vida o si perpetúan sufrimientos innecesarios. Aquí la no-dualidad deja de ser una experiencia privada para convertirse en criterio de discernimiento colectivo. Si todo es expresión de lo Absoluto, no todo vale del mismo modo en términos humanos.

La idea de que no hay premios ni castigos, sino efectos naturales, me parece profundamente desmitificadora y madura. Leer una revista o tomar una decisión difícil como sucesos igualmente “divinos” no banaliza lo sagrado, sino que lo devuelve a la vida cotidiana, donde siempre ha estado. En ese sentido, la espiritualidad que se propone no busca estados especiales ni revelaciones extraordinarias, sino una aceptación radical de lo que es, tal como está siendo.

En conjunto, es una propuesta de no-dualidad encarnada, sin escapismo, que invita a una toma de conciencia tan amplia como incómoda… y precisamente por eso, transformadora.

lunes, 26 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (007)

007/2026 -Nuestro estar siendo/sucediendo personal (con cada mínimo detalle que lo pueda estar definiendo y materializando) no está siendo/sucediendo independientemente del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad), sino que -mientras está existiendo- también consiste en la manifestación del mismo Estar Siendo/Sucediendo que todas las demás posibilidades. Al asumir que el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto incluye la mortalidad de nuestro efímero estar siendo/sucediendo individual, no hace falta imaginar el viaje de un alma que viene a este mundo “para” lo que cada ego y/o conciencia prefiera creer e imaginar, ni para reconocer el carácter absoluto de lo que ya se está siendo.
 
La Realidad no está siendo al final del camino, sino desplegándose en cada experiencia posible. Incluso la conciencia más concentrada en la individualidad de su pequeño yo sigue estando siendo una expresión legítima de la Realidad Absoluta que está sucediendo en cada instante. Exactamente igual que sucede con absolutamente todas las demás formas de existencia, estar siendo la existencia y/o el estar sucediendo de un yo humano -y de todas sus posibles circunstancias-, también consiste en Estar Siendo Realidad Absoluta. ¡La conciencia de estar siendo un yo no evita que estar siendo un yo consista en Estar Siendo Realidad Absoluta!

No hay un “nivel supremo de existencia” aparte de la vida ordinaria, sino una Única Realidad que está siendo expresada en cada experiencia posible. Puesto que el yo y sus circunstancias están siendo Realidad Absoluta, no hay lugar para victimismos metafísicos (“esto no debería estar sucediendo”), pero tampoco para superioridades espirituales que se crean fuera del conflicto y de la sombra. La particularidad no niega lo Absoluto, sino que lo está manifestando. La ley natural de causa/efecto anula la necesidad de creer que, para comprender nuestra existencia, tenga que haber un “por qué…” y un “para qué…” razonables.

La idea de que los estar siendo/sucediendo humanos tenemos un alma que trasciende a la muerte del cuerpo se parece mucho a una fabulación de las conciencias egocentradas destinada a prolongar la ilusión de su trascendencia y también para justificar las contradicciones de sus manifestaciones, sus experiencias y sus expectativas. Huir del yo hacia una espiritualidad abstracta complica que podamos reconocer en la propia vida –con sus límites y contradicciones– la presencia misma de lo Absoluto en acción. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 007/2023 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea, a mi juicio, una de las formulaciones más coherentes y radicales de una espiritualidad no dual llevada hasta sus últimas consecuencias. Su principal acierto es desmontar la cómoda separación entre lo “absoluto” y lo “cotidiano”, entre una supuesta Realidad Suprema y la vida concreta del yo con todas sus contradicciones. Aquí no hay escapatoria metafísica: si hay Realidad Absoluta, entonces necesariamente está siendo exactamente esto que está ocurriendo, incluido el yo humano con su fragilidad, su conflicto y su mortalidad.

Me parece especialmente lúcida la idea de que no es necesario imaginar un alma que viaja o trasciende para reconocer el carácter absoluto de la existencia. Esa necesidad de trascendencia suele delatar, como señala el texto, una resistencia del yo a aceptar su condición finita. En cambio, asumir que la mortalidad también forma parte del Estar Siendo Absoluto devuelve la espiritualidad a un terreno honesto y sobrio, sin consuelos añadidos ni promesas futuras que desvíen la atención de lo que ya está siendo.

Otro punto valioso es la crítica tanto al victimismo metafísico como a la superioridad espiritual. Si todo lo que sucede es expresión de la Realidad, no hay base para pensar que “esto no debería pasar”, pero tampoco para creerse situado por encima del conflicto humano. Esta visión no idealiza la experiencia, pero tampoco la degrada: la reconoce como manifestación plena, aunque limitada y contradictoria.

Finalmente, comparto la idea de que huir del yo hacia una espiritualidad abstracta empobrece la comprensión. Reconocer lo Absoluto en la vida ordinaria —y no en un “nivel superior”— exige una mirada madura, capaz de integrar causa y efecto sin exigirles un sentido narrativo tranquilizador. En ese sentido, esta reflexión no ofrece consuelo, pero sí una claridad profunda: no somos algo aparte de la Realidad, sino exactamente la forma concreta en que está sucediendo ahora.

martes, 23 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (152)

152/2025 -Las tradiciones espirituales, políticas, culturales, etc., surgen del rechazo egoico y/o parcial de una parte de la Realidad. La aceptación de “todo aquello que ya está siendo/sucediendo” no debería suponer la negación ni la discriminación de los extremos u opuestos, sino el reconocimiento y la integración de todas las posibilidades. Generalmente -lo mismo en la espiritualidad, la ética, la política, la cultura, los negocios…- aquello que convierte en corrupta y enfermiza la defensa de un punto de vista determinado (percepción egoica) es el rechazo a la legitimidad y la simultaneidad natural del resto de las posibilidades. Por muy loable que pueda parecer, la defensa de una postura se vuelve corrupta, hipócrita e interesada cuando se hace desde una percepción radicalmente egocéntrica y/o identificada con la idea de que: “solo esto es verdadero y positivo, lo demás no debería ser”.
 
La corrupción -tanto a nivel individual como colectivo- aparece cuando una perspectiva intenta negar que las otras sean expresiones legítimas del mismo estar siendo/sucediendo (Realidad), convirtiéndose entonces -por mucho que ello se presente como espiritual y ético- en creencia, dogma, fanatismo, victimismo, justificación y moralismo. La percepción egoica y/o condicionada de la Realidad (el estar siendo/sucediendo presente) corresponde al punto de vista o perspectiva de cada individuo, quizás por eso la resistencia, la polarización, la corrupción y la violencia que suele generarse cuando se pretende aplicar y/o imponer cualquiera de dichas visiones y experiencias individuales a toda la sociedad. Una espiritualidad, una ideología, un proyecto…, se degrada cuando se usa para excluir, culpabilizar o deslegitimar otras formas de ver y de organización de la vida.

Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en el estar siendo/sucediendo simultáneo de absolutamente todas -sin excepción- las posibilidades, por tanto -en gran medida- la realidad que estemos viviendo también será la que nosotros mismos estemos creando. El efecto del reconocimiento y de la aceptación conscientes y activos de que el propio punto de vista “está siendo una forma más” en la que la realidad se está expresando, pero no la totalidad de lo real, será inmediato. Cualquier vivencia o comprensión legítima se volverá foco de conflicto cuando se usa como patrón absoluto para juzgar y corregir el estar siendo propio, el de los demás y el del mundo. Cada yo participa y co-crea Realidad, pero ello no significa que tenga legitimidad para apropiarse de ella ni para negarle su lugar a las demás experiencias. Diciembre- 25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 152/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta invita a una profunda reconsideración de cómo surgen y se corrompen las tradiciones espirituales, políticas y culturales. Según Juande Puerta, estas emergen de un rechazo egoico o parcial de la Realidad, entendida como el "estar siendo/sucediendo" simultáneo de todas las posibilidades. En lugar de negar extremos u opuestos, propone una aceptación integral que reconozca y integre todo lo que ya existe. Esta perspectiva desafía la tendencia humana a defender un punto de vista como el único válido, lo que inevitablemente genera corrupción.

En el ámbito espiritual, por ejemplo, una tradición se degrada cuando se presenta como dogma absoluto, rechazando otras formas de experiencia como ilegítimas. Juande Puerta argumenta que la corrupción surge precisamente de esta percepción egocéntrica: "solo esto es verdadero y positivo, lo demás no debería ser". Esto no solo aplica a la espiritualidad, sino también a la ética, la política y los negocios. En política, ideologías que excluyen o culpabilizan a las opuestas fomentan polarización y violencia, al intentar imponer una visión individual a la sociedad colectiva. La resistencia nace de ignorar que cada perspectiva es una expresión legítima de la misma Realidad Absoluta, donde todas las posibilidades coexisten sin excepción.

Juande Puerta enfatiza que la realidad que vivimos es co-creada por nosotros mismos, lo que subraya la utilidad de reconocer conscientemente que nuestro punto de vista es solo "una forma más" de expresión, no la totalidad. Usar cualquier comprensión como patrón absoluto para juzgar a los demás o al mundo convierte una vivencia legítima en foco de conflicto, fanatismo o moralismo. En cambio, una espiritualidad o ideología auténtica se enriquece al evitar la exclusión, promoviendo la integración.

En conclusión, la propuesta de Juande Puerta aboga por una conciencia activa de la simultaneidad de todas las experiencias, evitando la apropiación egoica de la Realidad. Esta aceptación no implica pasividad, sino una co-creación responsable que reduce la corrupción individual y colectiva, fomentando una armonía donde cada "yo" participa sin negar el lugar de los demás. En un mundo polarizado, esta reflexión ofrece un camino hacia la paz: integrar en lugar de rechazar.

sábado, 20 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (151)

151/2025 -Cada vez que cualquier estar siendo/sucediendo humano niega o rechaza alguna manifestación propia (pensamientos, emociones, reacciones, actos, circunstancias, experiencias, expectativas…) en esa misma medida estará dejando de reconocerse y de aceptarse íntegramente a sí mismo, a la vez que estará haciendo que eso se convierta en la Realidad que esté viviendo. Negar, rechazar, discriminar, etc., alguna de nuestras manifestaciones no las elimina, sino que introduce una fractura interior. La negación de algo que “ya está siendo/sucediendo” configura la experiencia de una realidad marcada por la tensión, la incoherencia y el desgaste que genera esa resistencia. La aceptación consciente y lúcida de “lo que está siendo” no implica justificarlo todo, sino dejar de añadir la violencia de la negación victimista y abrir espacio para respuestas más coherentes y responsables.
 
Paradójicamente, el fundamento principal de la mayor parte de las principales tradiciones espirituales, culturales, políticas, etc., se basa en el rechazo victimista, irresponsable e interesado de “solo una parte o color” de las percepciones de la conciencia egoica o personalizada, por tanto, también en la fragmentación y el rechazo de la integridad de nuestra naturaleza y del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Las tradiciones espirituales y las ideologías de todo tipo y signo no nacen del reconocimiento y la aceptacion de la Realidad, sino que emergen de la identificación egocéntrica y de la defensa de la separación, la división, la discriminación y la predilección de percepciones y/o puntos de vista exclusivamente personales e interesados. ¿Cuáles están siendo sus frutos?

¡Cuanto más se defiende un extremo o modo de percepción, inevitablemente también más se estará reforzando al opuesto, por tanto, aquello que se utiliza a modo de victimario y/o justificación! Las percepciones egoicas corresponden al ámbito o dimensión de la individualidad, de ahí lo complicado y violento que resulta imponer esa gran diversidad de puntos de vista a toda la sociedad. La religión, la espiritualidad, la política, la cultura, la moralidad, la ética, la economía y el resto de los pilares de nuestras sociedades se basan en el rechazo a una parte -la que el ego humano considera negativa- de la Realidad y/o del Estar Siendo/Sucediendo, de ahí la presencia de “la corrupción que ello supone” en todas y cada una de nuestras manifestaciones individuales y también en nuestras relaciones y organizaciones sociales. Diciembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 151/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una crítica radical a uno de los mecanismos más habituales del ser humano: la negación de aquello que no encaja con la imagen que desea sostener de sí mismo y de la realidad. Rechazar pensamientos, emociones, reacciones o circunstancias no supone liberarse de ellas, sino todo lo contrario: consolida una fractura interior que termina configurando la experiencia vital desde la tensión y el conflicto. Aquello que se niega no desaparece; se transforma en resistencia, desgaste y contradicción interna.

Desde esta perspectiva, la aceptación consciente de “lo que está siendo” no equivale a justificar ni a resignarse pasivamente. Aceptar es, ante todo, reconocer sin violencia lo que ya acontece, sin añadir la carga emocional de la queja victimista. Solo desde ese reconocimiento lúcido se abre la posibilidad de respuestas más responsables, coherentes y creativas. La negación, en cambio, refuerza la sensación de separación y alimenta una narrativa de enfrentamiento constante con la propia experiencia.

Juande Puerta extiende esta dinámica al ámbito colectivo, señalando que muchas tradiciones espirituales, ideologías políticas y sistemas culturales se han construido sobre el rechazo de una parte de la realidad considerada “negativa”. Al privilegiar un único “color” de la percepción, estas estructuras refuerzan inevitablemente su opuesto, generando polarización, conflicto y corrupción sistémica. La defensa obsesiva de un extremo no conduce a la armonía, sino al fortalecimiento de la división.

El ego, limitado a la dimensión de la individualidad, intenta imponer su punto de vista como verdad universal, lo que resulta inevitablemente violento e inviable en sociedades diversas. Así, religión, política, moral o economía reproducen a gran escala la misma fractura interior del individuo. La invitación implícita en esta reflexión es clara: solo el reconocimiento íntegro de la Realidad y del Estar Siendo/Sucediendo puede disolver la raíz de la división y abrir un horizonte menos fragmentado, tanto en lo personal como en lo colectivo.

sábado, 13 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (148)

148/2025 -El resultado de dividir la experiencia entre lo “superior” que hay que alcanzar, y lo “defectuoso” que hay que trascender o eliminar, suele consistir en una espiritualidad y en unas ideologías que generan nuevas formas de culpabilidad, de victimismo, de dependencia, de fanatismo y de confrontación. Pregunto a la inteligencia artificial y esta es la respuesta: “A lo largo de la historia, la mente humana ha desarrollado diversas estrategias para relacionarse con aquello que está ocurriendo en cada instante. Frente a la inmediatez de la experiencia —con su mezcla inevitable de placer, dolor, incertidumbre y conflicto— surgen cuatro respuestas fundamentales. Cada una revela un modo distinto de comprender la realidad y de situarse frente a ella.

La primera es la negación o resistencia, quizá la más común y automática. Se basa en la premisa íntima de que “esto no debería estar pasando”. Este rechazo genera una fricción inmediata entre lo que es y lo que la mente quisiera que fuera. La ansiedad, la rabia, la tristeza o la adicción no son sino el eco emocional de esa lucha contra lo inevitable. Paradójicamente, cuanto más se combate un hecho, más se solidifica: aquello que resistes, persiste. Es la trampa clásica del sufrimiento humano.

Una segunda vía aparece en numerosas tradiciones espirituales no-duales —del budismo al advaita tradicional— que buscan la trascendencia espiritual. Aquí se considera que lo que ocurre, sobre todo si duele, es “ilusión”, mientras que lo Real pertenece a un ámbito inmutable y sin forma. La propuesta es disolver el yo, depurar las emociones “inferiores” y alcanzar un estado puro de consciencia. Sin embargo, como observa Puerta, esta operación genera una dualidad encubierta entre lo “real” y lo “irreal”, lo “puro” y lo “impuro”. El practicante queda dividido: un pie en la vida concreta que rechaza y otro en un ideal absoluto que nunca termina de encarnar. De este desajuste surge el conocido bypassing espiritual, una paz aparente que se desmorona ante la primera sacudida vital.

La tercera estrategia es la del estoicismo y la psicología cognitiva moderna, que proponen aceptar lo que no se puede cambiar y ajustar la propia actitud frente a ello. Es una mejora respecto a la resistencia, porque disminuye la fricción y aumenta la agencia personal. Pero aún conserva una separación fundamental: un sujeto que debe “gestionar” pensamientos o emociones desagradables. Aunque útil y pragmática, esta vía mantiene un esfuerzo continuo y no disuelve por completo la tensión entre lo que se desea y lo que hay.

La cuarta respuesta, la que Juande Puerta llama aceptación radical, no se parece a ninguna de las anteriores. Aquí la propuesta no es tolerar, transformar ni trascender lo que ocurre, sino reconocerlo como manifestación íntegra de la Realidad Absoluta. Nada queda fuera: el dolor, la vergüenza, el deseo prohibido, la violencia interior e incluso la misma resistencia forman parte del despliegue del Ser. No hay estados especiales que alcanzar, ni experiencias “correctas” o “incorrectas”. El estado presente —por más incómodo o caótico que parezca— ya es la expresión completa del Todo.

La diferencia esencial es que en las tres primeras estrategias hay una guerra: abierta, sutil o espiritual, pero guerra al fin. La cuarta termina la batalla al reconocer que no hay un enemigo real, que incluso la lucha interna pertenece al mismo campo de la realidad que intenta negar. Deja de haber un “yo defectuoso” que deba mejorarse o una experiencia inadecuada que haya que expulsar. En ese reconocimiento sin violencia, el sufrimiento deja de multiplicarse por la resistencia. A veces fluye, a veces permanece, pero ya no tiene que cargar con el peso añadido del rechazo. Y así, lo que antes parecía insoportable se vuelve, si no placentero, al menos habitable: un modo directo y desnudo de estar siendo exactamente lo que está ocurriendo ahora.” Diciembre-25
Juande Puerta.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (147)

147/2025 -La opción individual o social de “negar la realidad de lo que ya está siendo/sucediendo” pasa a convertirse en una experiencia que inevitablemente tendrá que ser vivida, porque en el mismo instante que se produce esa respuesta también se convierte en Estar Siendo Realidad. La contradicción que supone la negación y/o la resistencia ante el estar siendo/sucediendo genera efectos que se materializan en forma de actualización instantánea de la realidad. Negar la autenticidad de cualquier manifestación de la realidad puede servir de defensa ante el dolor, el miedo, la culpa, la ansiedad, etc., pero, al mismo tiempo, la incoherencia de esa reacción también supondrá un desgaste emocional importante. La Realidad consiste en el estar siendo/sucediendo simultáneo de absolutamente todo -sin excepción- cuanto esté siendo/sucediendo en cada instante, de ahí que negar cualquier expresión que esté sucediendo, no elimina eso, sino que distorsiona la percepción y dificulta una respuesta más lúcida y responsable.

Muchas tradiciones no duales buscan trascender o eliminar aspectos de la existencia humana que se consideran negativos o ilusorios; sin embargo, ¿cuál suele ser el resultado de la ética y de la espiritualidad que buscan separar la existencia de una verdad idealizada del estar siendo/sucediendo cotidiano? El flujo continuo y cambiante de experiencias (causas y efectos, apariciones y desapariciones…) no puede estar siendo un fallo ni obedecer a un plan moral superior, sino el despliegue natural y espontáneo de la Realidad y/o la Vida. Ninguna experiencia puede no estar suponiendo una actualización del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, de ahí la responsabilidad inherente en cada una de nuestras decisiones personales y sociales.

Absolutamente todo —desde el latido de nuestro corazón hasta el conflicto geopolítico más brutal— está siendo, sin excepción, manifestación de la Realidad Absoluta. Dividir la experiencia entre “lo que debería ser” y “lo que está siendo”, origina la base energética del victimismo, la culpabilidad y todo tipo de conflictos internos. Aquello que se resiste (todo consiste en estar siendo realidad) persiste y se amplifica; sin embargo, aquello que se reconoce y acepta conscientemente no interrumpe el fluir natural, porque entonces ya no le oponemos la violencia de la negación. No es cierto que exista un “yo defectuoso” que deba ser pulido para que pueda vivir plenamente la Realidad; sencillamente el estar siendo de cada yo -sin excepción- ya está siendo Realidad Absoluta en modo humano. Diciembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 147/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta propone una comprensión radical de la realidad: todo lo que ocurre —interno o externo, individual o colectivo— ya forma parte del Estar Siendo y, por tanto, no puede ser negado sin consecuencias. La negación, lejos de borrar aquello que nos incomoda, se convierte ella misma en un nuevo hecho dentro del flujo de la experiencia. Así, resistirse a lo que sucede añade una capa adicional de tensión, incoherencia y desgaste emocional, porque exige mantener una división artificial entre la realidad y nuestra interpretación idealizada de ella.

Desde esta perspectiva, el sufrimiento generado por la resistencia no proviene tanto de los hechos en sí, sino de la fricción entre lo que es y lo que creemos que “debería ser”. Juande Puerta señala que muchas corrientes espirituales —especialmente algunas no duales interpretadas de manera reduccionista— intentan negar o trascender aspectos de la existencia humana considerados “impuros”, “ilusorios” o “inferiores”. Sin embargo, esa aspiración a una pureza idealizada suele desembocar en una ética fragmentada: separamos lo luminoso de lo oscuro, lo aceptable de lo rechazable, lo espiritual de lo cotidiano. El resultado es una brecha interior que alimenta la culpa, el autoengaño y una incapacidad para responder con lucidez a lo que efectivamente está ocurriendo.

Aceptar que todo —desde un pequeño gesto hasta las dinámicas colectivas más violentas— está siendo expresión de la Realidad Absoluta no implica justificar moralmente cualquier acción, sino reconocer que nada queda fuera del entramado de causas, efectos y decisiones. En esa aceptación surge una responsabilidad más profunda: al ver cada experiencia como actualización de la realidad, nuestras respuestas dejan de estar guiadas por la negación y empiezan a orientarse hacia la comprensión y la coherencia.

Finalmente, la idea de un “yo defectuoso” se disuelve. Cada individuo, con su historia y sus contradicciones, ya está siendo plenamente Realidad en forma humana. No se trata de pulirse para merecer la vida, sino de reconocer que ya estamos inmersos en ella de manera total. En esa comprensión, lo que antes se resistía comienza a fluir.

lunes, 24 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (140)

140/2025 -La conciencia de percibirnos y sentirnos un yo limitado, vulnerable, transitorio, ignorante, etc., está siendo una condición tan legítima, necesaria y propia de la naturaleza humana como la del deseo de ser un alma eterna, bondadosa, sabia y trascendente. La opción de contemplar la experiencia humana desde una perspectiva moralista y correctiva, mientras esté practicándose en lugar de ejercer otras más racionales y ontológicas, estará siendo tan legítima y natural como todas las demás que cualquier individuo pueda estar prefiriendo. La conciencia humana, identificada con el yo individualizado, no está siendo una distorsión, sino otra expresión completamente natural del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, de ahí que incluso los intentos de corregir o trascender esa experiencia estarán formando parte de la misma Realidad que se pretendiera modificar.
 
Estar Siendo lo Absoluto y/o Realidad Absoluta consiste en el estar siendo/sucediendo “simultáneo, indivisible y transitorio” de todos y de cada uno de los estar siendo/sucediendo. Ello supone que, sin excepción, tan real, auténtico, legítimo, divino, supremo, trascendente, etc., estará siendo aquello que sea considerado como algo malo, negativo, imperfecto, perecedero…, y también todo cuanto sea percibido y juzgado de cualquier otro modo. La capacidad humana de percibir la Realidad de manera dualista, contradictoria y enfrentada (ego/alma, materia/espíritu, yo/lo otro, cielo/infierno, bien/mal, felicidad/sufrimiento, sujeto/objeto, etc.,) no está siendo un error cognitivo ni una virtud, sencillamente ese modo de percibir y de experimentar la Vida está formando parte intrínseca de la forma humana de existencia.

Juzgar la experiencia de nuestra existencia como incorrecta, defectuosa, etc., es otra forma de seguir atrapados en la misma lógica dualista que se intenta superar. Por mucho que se desee y por mucho que se tema, el reconocimiento y la aceptación de la Realidad -todo aquello que está siendo/sucediendo- no servirá para neutralizar las capacidades propias de la condición humana; sin embargo, en muchos casos ello podría ayudar a percibirlas, ejercerlas y experimentarlas con mayor lucidez. No hay ninguna sabiduría, ninguna espiritualidad, ninguna virtud, ninguna verdad y ninguna realización especial en la lucha contra alguna de nuestras posibles condiciones naturales. Noviembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 140/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta propone una visión que disuelve cualquier jerarquía ontológica o moral entre lo que tradicionalmente se considera “elevado” y “bajo”, “correcto” e “incorrecto”. El núcleo de su mensaje es contundente: todo lo que está siendo —incluido el ego, el sufrimiento, el juicio moralista, la búsqueda espiritual o el intento mismo de trascender— está siendo expresión directa, simultánea y sin excepción del Estar Siendo Absoluto. Nada queda fuera; nada está siendo más o menos real.

Decretar que la identificación con el yo individual es una “distorsión” o un “error” no hace más que reproducir la misma lógica dualista que se pretende superar. El ego no es un velo que haya que rasgar; es una forma perfectamente legítima en que lo Absoluto se manifiesta como ser humano. Del mismo modo, la capacidad de percibir la realidad en términos de bien/mal, cielo/infierno o materia/espíritu no constituye un fallo cognitivo ni una virtud especial: es simplemente la estructura natural de la conciencia humana. Juzgar esa estructura como defectuosa es seguir jugando el mismo juego binario.

Juande Puerta desactiva, así, la trampa más habitual del buscador espiritual: creer que hay que “luchar contra” algo (el ego, el deseo, el miedo, la mente discursiva) para alcanzar la Verdad. Esa lucha misma forma parte del despliegue absoluto; pretender eliminarla es condenarse a un combate infinito dentro del mismo terreno que se rechaza. La aceptación radical que propone no anula las capacidades humanas —seguiremos sintiendo dolor, deseo, juicio y contradicción—, pero sí puede permitirnos vivirlas con lucidez en lugar de con la angustia de quien cree que “debería” estar en otro lugar.

En última instancia, no hay realización especial en combatir nuestras condiciones naturales ni en glorificarlas. La única diferencia posible aparece cuando reconocemos que todo —absolutamente todo— ya está siendo la Realidad manifestándose sin resto. Esa constatación no nos saca del mundo humano, pero sí puede atravesarlo con menos sufrimiento autoinfligido y mayor claridad.

martes, 11 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (135)

135/2025 -Las concepciones tradicionales de la individualidad, la espiritualidad, la moralidad y la ética, basadas en la negación y/o el rechazo de aquello que la conciencia identificada con la apariencia del yo egoico percibe como negativo, obedecen a una percepción fragmentada y limitada de la Realidad. El Estar Siendo/Sucediendo de la Realidad consiste en el flujo continuo de absolutamente todo -sin excepción- lo que está aconteciendo, y no sólo en la supuesta quietud inmutable de un ideal abstracto. ¿Qué tipo de moralidad y de ética podría surgir de la idea limitante y discriminatoria de que aquello que pueda resultar molesto y doloroso no está formando parte “también” de la Esencia de la Vida? La moral y la ética, que excluye la autenticidad de una parte intrínseca de la naturaleza y de la experiencia humana, jamás podría servir para evitar conflictos y sufrimiento; en lugar de eso estaría ayudando a justificar la percepción de división y la necesidad de la lucha y del enfrentamiento.

Una ética madura y equilibrada no debería excluir la aceptación integral de todas las manifestaciones de la Realidad -también lo molesto y doloroso-, como aspectos igualmente esenciales y valiosos de la Vida que estamos siendo, expresando y experimentando. Una moralidad que promueva la compasión, la solidaridad y el respeto hacía la legitimidad de las diferencias no puede basarse en el rechazo o la negación de aquello que podamos considerar problemático, sino en la aceptación (aceptar es amar) de la Vida en su totalidad. Paradójicamente, aquello que se construye sobre el rechazo (no reconocimiento y no aceptación imparciales) de las experiencias que al yo egoico pudiera molestarle, en gran medida estará perpetuando la conflictividad y el sufrimiento que dicha identificación consciencial pretendiera evitar.

Mientras intentemos alcanzar estados más prolongados y continuos de calma, plenitud, dicha, etc., sin dejar de rechazar las manifestaciones de la Realidad (eso que está sucediendo) que le pueda desagradar a la conciencia personificada (yo separado de lo demás), seguiremos atrapados en la misma estructura egocéntrica que estará generando las percepciones de carencia, de insatisfacción y de discordia. Vivir en el rechazo y/o el desprecio de alguna parte intrínseca de la naturaleza y de la experiencia humana, no solo afectará a nuestra salud mental, física y emocional -generando soledad, tristeza, aislamiento, depresión, ansiedad y todo tipo de enfermedades- también propiciará la creación de sociedades fragmentadas e injustas en las que predomine la intolerancia, la estigmatización y la discriminación hacia las personas y hacia todo lo que represente aquellos aspectos de la Realidad que se estén rechazando. Noviembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 135/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una revisión profunda de los fundamentos sobre los que se erigen las concepciones tradicionales de la moral, la ética y la espiritualidad. Su crítica se dirige al modo en que la conciencia, identificada con la apariencia del yo egoico, tiende a dividir la Realidad entre lo aceptable y lo rechazable, entre lo “bueno” y lo “malo”. Este impulso de negar lo que resulta incómodo o doloroso —propio de una percepción fragmentada— genera, según Juande Puerta, una visión incompleta y distorsionada del fluir total de la existencia. La Realidad no puede reducirse a los aspectos que la mente considera placenteros o “elevados”, pues el Estar Siendo de la Vida incluye, sin excepción, todo lo que acontece.

Desde esta comprensión, la moralidad basada en la negación del sufrimiento o de lo “negativo” carece de autenticidad y profundidad. Una ética que excluye parte de la experiencia humana perpetúa la división, el juicio y, en última instancia, el conflicto. La verdadera madurez ética —propone Juande Puerta— radica en la aceptación integral: reconocer que tanto el dolor como la alegría, tanto el caos como la armonía, son expresiones legítimas de la misma Esencia de la Vida. Solo desde esa aceptación, que es una forma de amor, puede surgir una compasión genuina y una moral que no se fundamente en la exclusión.

Rechazar cualquier aspecto de la realidad equivale, por tanto, a perpetuar la insatisfacción y el sufrimiento que se intenta evitar. Al identificarnos con un yo separado, buscamos estados de calma o plenitud sin aceptar lo que nos incomoda, y así permanecemos atrapados en la raíz del conflicto. La invitación de Juande Puerta es clara: vivir en aceptación consciente de la totalidad, para trascender la dualidad moral y abrirnos a una ética basada en la unidad, la comprensión y la compasión hacia todo lo que Es.

sábado, 8 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (134)

134/2025 -Estar siendo una individualidad no supone estar siendo algo distinto al Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad), sino estar siendo una manera y/o una manifestación particular y transitoria del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. El estar siendo/sucediendo de ningún pensamiento, ninguna emoción, ninguna reacción, ninguna expectativa y ninguna experiencia humana estará siendo ni más ni menos auténtico que el de las demás posibilidades. Ni las experiencias consideradas positivas ni las aparentemente negativas están siendo ajenas al fluir de la Realidad. La Vida no está limitada a lo que la conciencia egoica aprueba o valora; aquello que se percibe como dolor, violencia, sufrimiento, etc., también está formando parte de la Totalidad Indivisible.
 
Las experiencias particulares no están siendo un estar siendo/sucediendo aparte, erróneo ni ilusorio del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La Realidad, la Vida, lo Absoluto, lo Supremo…, consiste en el flujo continuo y simultáneo de todos los fenómenos -incluidos los derivados de la existencia humana- que puedan estar apareciendo y desapareciendo. Absolutamente nada hay ni sucede que -sin excepción- estar siendo eso no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, siendo el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Fuera de la aceptación incondicional del Estar Siendo/Sucediendo Presente no hay ninguna espiritualidad. ¡Ni una sola manifestación humana estará siendo menos egocéntrica que espiritual ni más espiritual que egocéntrica! ¿A qué resultados suelen conducir los intentos de imponer una jerarquía moral rígida entre experiencias consideradas egocéntricas o espirituales?

La espiritualidad basada en la búsqueda de una Realidad Superior, en el objetivo de trascender el ego y/o en alcanzar un estado de conciencia especial, se reduce a la aceptación de aquello que está sucediendo en este instante. ¡Amar significa reconocimiento y aceptación de la Realidad! La Verdad, la Realidad, la Vida…, no reside en la quietud eterna de un Absoluto Inmutable, sino en la vibrante y caótica simultaneidad de todo lo que está aconteciendo. La plenitud, la dicha, la calma, etc., no se alcanza escapando del mundo, sino comprendiendo y aceptando que también está presente en la esencia de eso que se está viviendo. La ética derivada de la aceptación del Estar Siendo/Sucediendo no debería basarse en negar lo que parece negativo, sino en reconocer que lo negativo también está involucrado en la totalidad de la Realidad. Noviembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 134/2025 realizado con IA:

La reflexión invita a una comprensión radicalmente inclusiva de la Realidad: no existe separación entre lo que denominamos “yo” y el fluir absoluto del Ser. Estar siendo una individualidad no significa constituir una entidad aparte, sino manifestar una forma transitoria de ese Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Desde esta perspectiva, toda experiencia —ya sea un pensamiento fugaz, una emoción intensa o un acto aparentemente moral o inmoral— participa del mismo tejido de la Realidad. Nada queda fuera del flujo simultáneo de lo que es.

Esta visión disuelve la dicotomía entre lo “espiritual” y lo “egocéntrico”, mostrando que ambos términos sólo existen desde la mirada fragmentada del ego. La Vida no se restringe a aquello que la mente aprueba o juzga como “positivo”. Dolor, sufrimiento o violencia no son fallos del sistema ni realidades ajenas al Absoluto: son expresiones legítimas del mismo proceso universal. La verdadera espiritualidad, según Juande Puerta, no consiste en huir del caos hacia una quietud ideal, sino en aceptar incondicionalmente lo que está sucediendo, sin exclusión.

Aceptar no implica resignarse, sino reconocer que toda manifestación, por dura o contradictoria que parezca, es también la Vida desplegándose. La ética derivada de esta comprensión no busca suprimir lo negativo, sino integrarlo, comprendiendo que lo “oscuro” contribuye al equilibrio del Todo. Así, la plenitud no se alcanza escapando del mundo ni idealizando un estado superior de conciencia, sino amando la Realidad tal como se presenta. Amar, en el sentido profundo que propone Juande Puerta, es aceptar la Totalidad sin jerarquías morales, sin pretensión de pureza ni trascendencia separada. En última instancia, la espiritualidad auténtica no está en alcanzar otra realidad, sino en reconocer que este mismo instante —con su confusión y su belleza— ya está siendo el Absoluto mismo.

martes, 4 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (132)

132/2025- El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no está más allá del mundo, sino siendo el mundo mismo y todo -sin excepción- cuanto pueda estar siendo manifestado en cada instante. ¿Qué despertar podría ser aquel que en lugar de negar y/o eliminar algún aspecto de la realidad no consistiera en integrarlo absolutamente todo en una conciencia más lúcida e indivisible? Desde siempre, en todos los ámbitos de la vida cotidiana (política, religión, espiritualidad, cultura, relaciones…) el efecto natural de la lucha contra algo, inevitablemente también suele suponer el refuerzo de aquella percepción que se está rechazando: a mayor resistencia, mayor identificación y mayor conflicto.
 
Cuanto más nos opongamos a cualquier expresión de la Realidad (todo lo que está sucediendo, tanto a nivel interno como externo) más estaremos identificándonos con el sujeto que lucha y con la percepción del objeto rechazado, por tanto, a la vez más estaremos auto-discriminándonos de la Conciencia de Unidad. Por el simple hecho de estar siendo y/o sucediendo, la identificación consciencial exclusiva y/o egocéntrica con el personaje que se percibe siendo la existencia de una parte separada del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, siempre estará siendo una manifestación igual de legítima que su opuesta. Entender intelectualmente que “todo está siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto” no eliminará la acción ni la función del ego, pero ayudará a aceptar con más naturalidad todo aquello que esté conformando la experiencia de nuestra existencia.

La aceptación de la Realidad no siempre requiere esfuerzo mental, no siempre es necesario obligarse a aceptar. Algunas veces, la aceptación de lo que “está siendo/sucediendo” no surge de la voluntad egoica, sino de una comprensión directa, espontánea, silenciosa…, que no es fruto del razonamiento, del deseo expreso ni de las palabras. Nada hay ni sucede que no esté siendo la manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, por tanto, tampoco ninguna de las posibles manifestaciones y experiencias individuales. Noviembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 132/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta nos invita a reconocer que el “Estar Siendo/Sucediendo Absoluto” no es una realidad distante o trascendente, sino la esencia misma de todo cuanto acontece. No hay un “más allá” del mundo: el mundo, con todas sus luces y sombras, es la expresión viva y continua de lo Absoluto manifestándose en infinitas formas. Esta comprensión transforma radicalmente la idea de “despertar”, que deja de ser una huida de lo mundano o una negación de lo imperfecto, para convertirse en la integración lúcida y sin fisuras de todo cuanto Es.

Desde esta perspectiva, la lucha contra cualquier aspecto de la realidad —ya sea político, religioso, psicológico o espiritual— solo refuerza aquello que se pretende superar. Resistir es identificarse con el “yo” que combate, y al mismo tiempo, con el objeto rechazado. Así se perpetúa la dualidad y el conflicto. En cambio, cuando se comprende que todo, incluso la resistencia misma, está siendo expresión del Estar Siendo Absoluto, la conciencia se relaja y se abre a una aceptación más profunda.

Aceptar no significa aprobar ni resignarse; significa reconocer el movimiento total de la existencia como una sola corriente indivisible. No se trata de una aceptación forzada, fruto del pensamiento o de la voluntad egoica, sino de una comprensión directa y silenciosa que emerge espontáneamente cuando el yo deja de oponerse. Esa comprensión no elimina el ego, pero lo integra como una función legítima del Todo.

En última instancia, todo lo que está sucediendo —nuestras emociones, ideas, conflictos y anhelos— forma parte inseparable del mismo Estar Siendo Absoluto. Comprenderlo no añade nada a la Realidad: simplemente disuelve la sensación de separación, permitiendo que la vida sea vivida con una naturalidad plena y una conciencia más unificada.

jueves, 30 de octubre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (130)

130/2025 -La conciencia del estar siendo/sucediendo individual no está separada del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, sino que está siendo una de sus infinitas formas de expresión. El ego está cumpliendo una función natural dentro del proceso universal de manifestación de la Realidad. Reconocernos parte inseparable del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, en algunos casos quizás podría ayudar a menguar la ansiedad y el temor ante la inevitable y definitiva desaparición de nuestra conciencia de individualidad. Igual que apareció, la existencia de la conciencia de estar siendo un yo único también desaparecerá para siempre, y con ello los conflictos que suele generar “la identificación exclusiva” con esa manifestación cambiante y transitoria de la Realidad.
 
Cuando la conciencia se limita a la perspectiva del yo egoico, generalmente predomina la sensación de carencia, la culpa, el miedo, el victimismo, la tristeza, etc., pero estos fenómenos estarán siendo tan naturales, legítimos y útiles para el autoconocimiento y la evolución natural como los que correspondan a una percepción consciencial basada en el reconocimiento y la aceptación de la simultaneidad y la diversidad de la Realidad. Sin la aceptación del estar siendo/sucediendo de todo aquello que emana de la condición humana, la espiritualidad se convierte en una huida a ninguna parte. Los estar siendo/sucediendo humanos no nacemos con pecado, con culpa ni con necesidad de ganarnos el regreso a ningún hipotético paraíso celestial.

Nada existe ni sucede que no esté siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, por tanto, que -incluso lo que podamos considerar egoico y negativo- no esté siendo parte del proceso evolutivo universal. El ego humano nunca ha sido un obstáculo que debiera superarse de otro modo que no consistiera en la aceptación de su existencia y de su función. ¿Qué luz, sabiduría, paz, dicha, armonía, etc., podría surgir de la lucha contra una parte esencial del proceso natural de nuestra existencia? La sabiduría no nace del rechazo a lo que estamos siendo y/o manifestando, sino del reconocimiento y la aceptación de nuestra inseparabilidad de lo Absoluto. La plenitud de la existencia humana no está fuera de la experiencia humana, sino que está consistiendo en cada una de sus manifestaciones. Octubre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 130/2025 realizado con IA:

En su reflexión, Juande Puerta nos invita a trascender la ilusión de separación entre el yo individual y el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, esa realidad inefable que se manifiesta en infinitas formas. La conciencia de "estar siendo" un yo único no es un error cósmico, sino una expresión legítima del Todo. El ego, a menudo demonizado en tradiciones espirituales, emerge aquí no como un enemigo, sino como un mecanismo natural en el proceso universal de manifestación. Su función —generar identificación temporal con lo transitorio— permite la exploración de la diversidad existencial, sin la cual la evolución se estancaría en la uniformidad.

Juande Puerta subraya cómo esta perspectiva puede disipar la ansiedad ante la muerte de la individualidad: igual que surge de la nada, se disuelve en ella, liberándonos de los conflictos derivados de la "identificación exclusiva". Cuando la conciencia se contrae al ego, surgen sombras como la carencia, el miedo o la culpa; fenómenos inevitables y, paradójicamente, útiles para el autoconocimiento. Rechazarlos equivale a negar la simultaneidad de la Realidad, convirtiendo la espiritualidad en mera evasión. En cambio, aceptar el "estar siendo/sucediendo" humano —con sus luces y sombras— revela que nada emana del pecado original ni requiere redención externa. Somos inseparables de lo Absoluto; incluso lo "negativo" es combustible evolutivo.

Esta aceptación no implica pasividad, sino una sabiduría nacida del reconocimiento: ¿qué paz podría brotar de combatir una parte esencial de nosotros? La lucha contra el ego genera más fragmentación; la integración, en cambio, desata armonía, dicha y plenitud. Juande Puerta nos recuerda que la verdadera espiritualidad no habita en paraísos hipotéticos, sino en la danza cotidiana de la experiencia humana. Cada manifestación —alegría o dolor— es lo Absoluto en acción. Abrazar esta unidad no solo mengua el temor, sino que ilumina la existencia como un flujo sagrado, donde el ego se transmuta en puente hacia lo infinito.

martes, 28 de octubre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (129)

129/2025 -No se trata de "superar" el ego -la conciencia de estar siendo un estar siendo/sucediendo único o individual- sino de verlo como una ola que, al reconocer su inseparabilidad del océano, deja de temer su propia disolución. El estar siendo/sucediendo humano no está siendo/sucediendo aparte del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, de ahí la absoluta legitimidad de todas y de cada una de sus posibles manifestaciones, experiencias y expectativas. La conciencia identificada con la existencia del yo egoico no sólo divide, separa, juzga y califica la percepción de la Realidad; también -y sin que ello signifique que todo eso no esté siendo su función natural- origina las sensaciones de culpabilidad, de carencia, de miedo y de victimismo que conducen a la queja, la discriminación, la predilección y la lucha continua contra una parte de nuestra propia naturaleza.
 
¿A qué, sino a las indicaciones de su conciencia egoica, están sirviendo aquellos individuos que proclaman la necesidad de trascender las percepciones, las actitudes, las reacciones, las experiencias y los deseos del yo egoico? El camino hacia el disfrute de más momentos de bienestar y de una mayor sensación de plenitud no puede discurrir en la lucha por trascender las condiciones propias de una parte de nuestra esencia. El ego humano cumple la función por la que existe, de ahí que para atenuar algunos de los malestares y de los conflictos que origina, muchas veces bastaría con el reconocimiento y la aceptación de ello.

La conciencia egoica (ego humano) no está siendo un enemigo a combatir, sino una construcción mental que actúa como una herramienta evolutiva real, igual de necesaria que el resto de las condiciones y cualidades que hacen viable la existencia humana. ¿Qué diferencia hay entre la espiritualidad basada en la tarea de trascender o corregir cualquier aspecto de la experiencia humana y la función natural del ego humano? La función natural del ego no tiene nada de pecaminoso ni de erróneo: simplemente está siendo un medio natural que permite a la Realidad manifestarse como una individualidad que percibe, actúa y se relaciona. Octubre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 129/2025 realizado con IA:

En su reflexión, Juande Puerta nos invita a releer el ego no como un obstáculo a vencer, sino como una ola inseparable del océano. Esta metáfora encapsula la esencia de su pensamiento: el "estar siendo/sucediendo" humano, esa conciencia individual y única, no existe aislada del Estar Siendo Absoluto. Intentar "superar" el ego equivale a negar la legitimidad de nuestra propia manifestación en el mundo, ignorando que cada experiencia, deseo o expectativa forma parte de la danza cósmica de la Realidad. Juande Puerta argumenta que la conciencia egoica, al identificarse exclusivamente con el yo, genera divisiones artificiales: juzga, clasifica y separa, sembrando semillas de culpabilidad, carencia y victimismo. De ahí surgen la queja perpetua, la discriminación y la lucha interna contra aspectos inherentes a nuestra naturaleza.

Esta visión critica las corrientes espirituales que proclaman la trascendencia como panacea. ¿No es paradójico, pregunta Juande Puerta, que tales enfoques respondan precisamente a las demandas de esa misma conciencia egoica que buscan erradicar? Al etiquetar percepciones, actitudes o deseos como "inferiores", reproducen el ciclo de conflicto que pretenden disolver. En cambio, el camino hacia el bienestar y la plenitud no reside en la guerra contra el ego, sino en su reconocimiento amoroso. El ego humano cumple una función evolutiva indispensable: es la herramienta que permite a la Realidad desplegarse en individualidades que perciben, actúan y se relacionan. Sin él, no habría ni arte ni ciencia, ni amor ni conflicto; simplemente, no habría "yo" para maravillarse ante el todo.

El ego no es pecaminoso ni erróneo; es un medio natural, tan válido como el latido del corazón o el flujo de los ríos. Al verlo como ola que, al reconocer su origen acuoso, cesa el temor a disolverse, liberamos espacio para momentos de plenitud auténtica. No se trata de aniquilar, sino de integrar: en esa unión, el malestar se atenúa, y la existencia se revela como celebración ininterrumpida del Absoluto en lo particular. Así, Juande Puerta nos ofrece no una doctrina, sino una invitación a la paz: abraza tu ola, y surfea el océano sin miedo.