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miércoles, 17 de junio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (043)

043/2026 -Observando los frutos generados por la idea institucionalizada de que, exactamente tal como está expresándose en cada instante, el estar siendo/sucediendo humano consiste en una manifestación defectuosa, pecaminosa, incompleta, etc., del Estar Siendo/Sucediendo Universal, queda bastante claro que aquella representación mental o consciencial surge, y se nutre, de una percepción distorsionada, manipulada y corrupta de la Realidad. ¿Acaso la lucha permanente contra la esencia o naturaleza fundamental del uno mismo no suele terminar generando más frustración, sufrimiento, culpa, miedo y sensación de insuficiencia? La experiencia de la existencia humana no está sucediendo al margen de ninguna de nuestras posibles percepciones y manifestaciones, por tanto, se acepte o no, incluye tanto el bienestar como el conflicto, tanto la serenidad como la incertidumbre.
 
El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto está manifestándose de forma humana gracias a todas -no solo algunas- las características y expresiones propias de la condición humana, por tanto, ¿a dónde conduce la idea de que la manifestación natural de nuestro estar siendo/sucediendo esté siendo defectuosa y necesitada de constante revisión y reparación para que se ajuste a unos supuestos patrones de perfección? Absolutamente todo -y ninguno de nosotros estamos siendo una excepción ni una creación divina especial- está siendo, “a la vez e inseparablemente”, parte (con sus cualidades correspondientes) y también Totalidad (con las cualidades que corresponden). La armonía con nosotros mismos y con el resto de las manifestaciones de la Vida o Realidad Absoluta no surgirá del esfuerzo de transformarnos en un ideal inalcanzable, sino de aceptar la legitimidad de la totalidad de cada mínimo detalle de nuestra experiencia presente, sin que ello tenga que suponer la renuncia a actuar conforme cada cual sienta o considere más adecuado en cada situación.

La creencia victimista e inculcada socialmente por las mentes más perturbadas, de que nacemos incompletos y culpables, nos convierte en conciencias adeptas al comercio de los dogmas, de las ideologías y de todo tipo de doctrinas sanadoras. La identificación consciencial con la percepción victimista de que estar siendo una manifestación humana del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto consiste en estar siendo particularidades incompletas, culpables y/o carentes de algo esencial, crea la sensación (victimario) de que sea necesario vivir buscando una respuesta y/o aquello que -ya sea una religión, una ideología política, una doctrina filosófica, un maestro espiritual, un sistema de vida- prometa plenitud, liberación y cualquier otra ocurrencia egocéntrica.

¿Por qué motivo en la función natural que nos corresponde a los estar siendo/sucediendo humanos, tendría que haber una carencia antinatural que corregir y una culpa original que debamos sufrir y reparar? Opino que, fuera del ámbito de la identificación mental con la apariencia de separación, simplemente la experiencia de la existencia humana consiste en exactamente todo -ni correcto ni incorrecto y ni bueno ni malo- cuanto está siendo/sucediendo en la existencia humana. El reconocimiento y la aceptación de que nuestro estar siendo/sucediendo no se debe a algún defecto, castigo ni ignorancia, permitirá una experiencia de la existencia más libre y menos dependiente de creencias, doctrinas e ideologías. Junio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 043/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es profunda y liberadora. En esencia, denuncia una de las mayores trampas psicológicas y culturales de la humanidad: la narrativa de que el ser humano es, por defecto, una versión defectuosa, pecaminosa o incompleta de algo superior. Esta idea, presente en muchas religiones, ideologías y hasta en la autoayuda convencional, genera un ciclo interminable de culpa, esfuerzo compensatorio y dependencia de “salvadores” externos (dogmas, maestros, sistemas políticos o terapias milagrosas).

Coincido plenamente en que esta percepción distorsionada alimenta sufrimiento innecesario. Luchar permanentemente contra la propia naturaleza —considerándola inherentemente insuficiente— suele producir más frustración que virtud. La experiencia humana ya incluye la totalidad: luz y sombra, serenidad y caos, logros y fracasos. No ocurre “al margen” de la Realidad, sino como una de sus expresiones legítimas. Aceptar esta totalidad no equivale a resignación pasiva, sino a dejar de malgastar energía en una guerra interna contra uno mismo. Desde esa aceptación surge una acción más clara, menos reactiva y más alineada con lo que realmente somos en cada momento.

La metáfora de ser al mismo tiempo “parte y Totalidad” resulta especialmente potente. Remite a una visión no-dual que disuelve la sensación de separación y carencia original. Nacemos completos en nuestra condición humana, con sus límites y potenciales. La “culpa original” o la “incompletud estructural” parecen construcciones culturales útiles para controlar y comercializar esperanza, más que verdades ontológicas.

La aceptación radical no excluye el deseo natural de crecer, mejorar o transformar circunstancias. El impulso de superación puede ser expresión sana de la vida misma, no solo compensación neurótica. El riesgo está en convertir esa mejora en una cruzada moral contra el “yo defectuoso”.

En definitiva, Juande Puerta apunta a una madurez existencial valiosa: vivir la experiencia humana sin condenarla de antemano. Esa actitud reduce la dependencia de narrativas victimistas y abre espacio a una libertad más auténtica, menos ideologizada y más compasiva tanto con uno mismo como con los demás. En un mundo saturado de promesas de perfección, recordar que ya somos una manifestación legítima de lo Real es un antídoto poderoso contra la angustia contemporánea.

sábado, 20 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (151)

151/2025 -Cada vez que cualquier estar siendo/sucediendo humano niega o rechaza alguna manifestación propia (pensamientos, emociones, reacciones, actos, circunstancias, experiencias, expectativas…) en esa misma medida estará dejando de reconocerse y de aceptarse íntegramente a sí mismo, a la vez que estará haciendo que eso se convierta en la Realidad que esté viviendo. Negar, rechazar, discriminar, etc., alguna de nuestras manifestaciones no las elimina, sino que introduce una fractura interior. La negación de algo que “ya está siendo/sucediendo” configura la experiencia de una realidad marcada por la tensión, la incoherencia y el desgaste que genera esa resistencia. La aceptación consciente y lúcida de “lo que está siendo” no implica justificarlo todo, sino dejar de añadir la violencia de la negación victimista y abrir espacio para respuestas más coherentes y responsables.
 
Paradójicamente, el fundamento principal de la mayor parte de las principales tradiciones espirituales, culturales, políticas, etc., se basa en el rechazo victimista, irresponsable e interesado de “solo una parte o color” de las percepciones de la conciencia egoica o personalizada, por tanto, también en la fragmentación y el rechazo de la integridad de nuestra naturaleza y del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Las tradiciones espirituales y las ideologías de todo tipo y signo no nacen del reconocimiento y la aceptacion de la Realidad, sino que emergen de la identificación egocéntrica y de la defensa de la separación, la división, la discriminación y la predilección de percepciones y/o puntos de vista exclusivamente personales e interesados. ¿Cuáles están siendo sus frutos?

¡Cuanto más se defiende un extremo o modo de percepción, inevitablemente también más se estará reforzando al opuesto, por tanto, aquello que se utiliza a modo de victimario y/o justificación! Las percepciones egoicas corresponden al ámbito o dimensión de la individualidad, de ahí lo complicado y violento que resulta imponer esa gran diversidad de puntos de vista a toda la sociedad. La religión, la espiritualidad, la política, la cultura, la moralidad, la ética, la economía y el resto de los pilares de nuestras sociedades se basan en el rechazo a una parte -la que el ego humano considera negativa- de la Realidad y/o del Estar Siendo/Sucediendo, de ahí la presencia de “la corrupción que ello supone” en todas y cada una de nuestras manifestaciones individuales y también en nuestras relaciones y organizaciones sociales. Diciembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 151/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una crítica radical a uno de los mecanismos más habituales del ser humano: la negación de aquello que no encaja con la imagen que desea sostener de sí mismo y de la realidad. Rechazar pensamientos, emociones, reacciones o circunstancias no supone liberarse de ellas, sino todo lo contrario: consolida una fractura interior que termina configurando la experiencia vital desde la tensión y el conflicto. Aquello que se niega no desaparece; se transforma en resistencia, desgaste y contradicción interna.

Desde esta perspectiva, la aceptación consciente de “lo que está siendo” no equivale a justificar ni a resignarse pasivamente. Aceptar es, ante todo, reconocer sin violencia lo que ya acontece, sin añadir la carga emocional de la queja victimista. Solo desde ese reconocimiento lúcido se abre la posibilidad de respuestas más responsables, coherentes y creativas. La negación, en cambio, refuerza la sensación de separación y alimenta una narrativa de enfrentamiento constante con la propia experiencia.

Juande Puerta extiende esta dinámica al ámbito colectivo, señalando que muchas tradiciones espirituales, ideologías políticas y sistemas culturales se han construido sobre el rechazo de una parte de la realidad considerada “negativa”. Al privilegiar un único “color” de la percepción, estas estructuras refuerzan inevitablemente su opuesto, generando polarización, conflicto y corrupción sistémica. La defensa obsesiva de un extremo no conduce a la armonía, sino al fortalecimiento de la división.

El ego, limitado a la dimensión de la individualidad, intenta imponer su punto de vista como verdad universal, lo que resulta inevitablemente violento e inviable en sociedades diversas. Así, religión, política, moral o economía reproducen a gran escala la misma fractura interior del individuo. La invitación implícita en esta reflexión es clara: solo el reconocimiento íntegro de la Realidad y del Estar Siendo/Sucediendo puede disolver la raíz de la división y abrir un horizonte menos fragmentado, tanto en lo personal como en lo colectivo.