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viernes, 21 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (062)

062/2026 -Los estar siendo/sucediendo humanos no estamos siendo entidades fijas e independientes, sino expresiones temporales y creativas del flujo del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, por tanto, también dotadas de voluntad y capacidad de decisión propias. Sobre cada uno de nosotros recae la responsabilidad de todo aquello que, con nuestras elecciones, estamos creando, experimentando y compartiendo. No existe ni sucede nada que, incluidos los pensamientos, las emociones, los juicios, las actividades, las circunstancias, las relaciones, los sueños…, y también la percepción egocéntrica de separación de cada individuo, que ello no esté siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.
 
El proceso de nuestra existencia también está siendo el proceso del resto de las manifestaciones de la Vida, del Universo, de la Realidad. Reconocer y aceptar conscientemente que estar siendo nuestra existencia consiste en estar siendo expresiones transitorias del Absoluto facilitará que, sin negar lo relativo y la autenticidad de experiencia de autonomía, la conciencia egoica perciba más plenitud y confianza que carencia y temor. Precisamente porque la existencia de absolutamente todos los estar siendo/sucediendo humanos está siendo cambiante, impermanente, irrepetible…, toda su posible trascendencia y todas las posibles consecuencias de sus manifestaciones quedan circunscritas, resueltas y finiquitadas en la transitoriedad del Presente. La muerte o desaparición definitiva del yo individual también forma parte del proceso natural y dinámico del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

Nada quedará pospuesto para ser examinado, subsanado ni recompensado en un hipotético más allá. Aunque la muerte suponga el efecto último o definitivo que disolverá la individualidad, ello no anula el compromiso con la capacidad de vivir el presente plena y armónicamente. Observando el devenir de la vida diaria del mundo y de las sociedades que estamos creando y compartiendo entre todos, no estaría de más darse cuenta y reconocer -sin victimismo ni dramatismo- el hecho de que “la corrupción que continuamente estamos manifestando y experimentando en nuestras actividades y relaciones” también está siendo una cualidad inherente, legítima y natural de la condición humana.

¿Cuántos abusos, injusticias, discriminaciones, etc., de los que estemos quejándonos, no suceden porque nosotros mismos -individual y colectivamente- estamos creándolos y permitiéndolos, por no estar comprometiéndonos con la responsabilidad del “estar sucediendo presente” que nos corresponde? El autoritarismo, la tiranía y el resto de formas de abuso y de dominación, de cualquier signo, que pueda estar materializándose en los comportamientos individuales, (y por extensión de las organizaciones humanas de todo tipo) no tendrá una “causa esencial” distinta a las del signo contrario, de ahí que -como se puede comprobar fácilmente- sus efectos tampoco serán diferentes. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 062/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta invita a contemplar la existencia humana no como entidades aisladas y fijas, sino como expresiones temporales del “Estar Siendo/Sucediendo Absoluto”. Comparto la intuición central: la percepción de separación egocéntrica es real en el plano relativo, pero no última. Todo —pensamientos, emociones, relaciones, incluso la corrupción y los abusos— forma parte del mismo flujo. Esta visión disuelve la fantasía de un “más allá” donde se juzguen o recompensen las acciones, y sitúa la responsabilidad plenamente en el presente.

Me parece especialmente lúcido el énfasis en la responsabilidad creativa. Si somos manifestaciones del Absoluto dotadas de voluntad, entonces lo que creamos y permitimos —injusticias, dominaciones, negligencias— no es ajeno a nosotros. Reconocer que la corrupción es inherente a la condición humana, sin victimismo ni dramatismo, evita la auto exculpación y la proyección externa. Al mismo tiempo, no convierte el abuso en legitimidad moral: ser “natural” no implica ser deseable ni inevitable en cada caso concreto. La misma potencia que genera tiranía puede generar cooperación y cuidado.

La impermanencia radical del yo individual aporta una serenidad posible: nada queda pospuesto. Esto no anula el compromiso ético, sino que lo intensifica. Vivir el presente con plenitud y armonía deja de ser un ideal abstracto y se convierte en la única trascendencia disponible. La conciencia egoica, al aceptar su carácter transitorio, puede soltar parte del temor y la carencia.

En suma, la reflexión ofrece un marco no dual que no niega lo relativo ni la autonomía experiencial. Invita a una madurez sobria: asumir que somos co-creadores del mundo que habitamos, incluidos sus lados sombríos, y que la única “resolución” posible ocurre aquí y ahora. Esa claridad, si se sostiene sin dogmatismo, puede generar más confianza que angustia y más responsabilidad que resignación.

miércoles, 18 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (014)

014/2026 -Estar Siendo Realidad Absoluta, Vida, Dios, etc., consiste en el estar siendo/sucediendo instantáneo y simultáneo de absolutamente todas -sin excepción- las manifestaciones posibles, por tanto, independientemente de que se reconozca o no, también está siendo el ego humano y cada una de sus expresiones. La Realidad -todo eso que está sucediendo en cada instante- incluye cada pensamiento, cada emoción, cada decisión, cada acto, cada experiencia y cada expectativa humana. Reconocer y aceptar que la particularidad no significa separabilidad no elimina la ley de causa/efecto ni la responsabilidad de nuestras acciones. Una visión no-dual de la Realidad no sirve para lavarse las manos: cada expresión también está contribuyendo a configurar la realidad que luego vivimos nosotros y los demás.
 
Reconocer que la tendencia habitual de la conciencia identificada con un estar siendo/sucediendo individual (yo egoico), sea la de crear una percepción fraccionada y victimista de la Realidad (“Esto no debería estar pasando…” “Temo que aquello pueda suceder…”) así como la de proyectar responsabilidades en causas ajenas, seguramente ayudaría a evitar la creación de algunas situaciones dolorosas, y también, aunque ello no cambiaría el pasado, sí facilitará la posibilidad de verlo de otra manera. Para que todo -sin excepción- consista en Estar Siendo Realidad Absoluta, nunca falta nada por suceder: siempre está siendo todo lo que está sucediendo. El suceder no es un medio para llegar a la Realidad Absoluta. Al mundo no le falta absolutamente nada para estar siendo Realidad.

La Realidad no está esperando la corrección que pueda llegar con los cambios, porque no está incompleta. Estamos siendo -a la vez- individualidades egoicas y Conciencia Universal de ahí la dualidad y la contradicción simultánea de nuestras percepciones y de nuestras aspiraciones. El estar siendo/sucediendo humano no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, sino siendo/sucediendo “lo Mismo” a la vez. ¿Acaso la percepción y la experiencia egocéntrica de carencia, conflicto, victimismo, culpabilidad, miedo…, no está coexistiendo con la percepción y la experiencia de sus opuestos? La dualidad que percibimos y experimentamos los estar siendo/sucediendo humanos no está siendo un error contra el que debamos luchar, sino un efecto de nuestra naturaleza que merece reconocimiento y aceptación. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 014/2023 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta se mueve con coherencia dentro de una visión no-dual claramente emparentada con el Advaita, pero introduce un matiz que me parece especialmente valioso: no usa la no-dualidad como escapatoria, sino como integración radical. Su insistencia en que todo —incluido el ego, la confusión, el miedo o el victimismo— está siendo Realidad Absoluta evita una de las trampas más frecuentes del discurso espiritual: negar lo humano en nombre de lo absoluto.

Me resulta lúcido el modo en que afirma que reconocer la no-separabilidad no elimina ni la causalidad ni la responsabilidad. Aquí hay una postura ética clara y poco complaciente: no se trata de decir “todo es Uno, así que da igual lo que haga”, sino precisamente lo contrario. Cada acto, pensamiento o emoción está siendo Realidad expresándose y, por tanto, tiene consecuencias. La no-dualidad no exonera; compromete.

También es sugerente la idea de que el “suceder” no sea un medio para alcanzar la Realidad, sino la Realidad misma sucediendo. Esto desmonta la narrativa progresiva y teleológica tan arraigada —la idea de que “falta algo”, de que hay que corregir el mundo o a uno mismo para que por fin sea completo— y coloca la atención en el reconocimiento de lo que ya es, sin negar que haya dolor, conflicto o aspiración de cambio.

La coexistencia simultánea de la vivencia egocéntrica de carencia con la plenitud de la Conciencia Universal es, quizá, el núcleo más potente del texto. No se resuelve la contradicción: se acepta. La dualidad no aparece como un error a erradicar, sino como un efecto natural de nuestra condición humana. Esto libera de la lucha contra uno mismo y abre la posibilidad de una mirada más compasiva, menos idealizada y más honesta.

En conjunto, la reflexión invita a una espiritualidad encarnada: no huir del mundo ni del yo, sino reconocerlos como expresiones legítimas —aunque contradictorias— de lo Mismo que está siendo. Y eso, paradójicamente, puede ser lo más transformador.

miércoles, 14 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (003)

003/2026 -Reconocer y aceptar conscientemente la responsabilidad que emana de nuestra capacidad intrínseca o natural de “crear realidad”, es decir, de estar siendo parte originaria de aquello que estamos manifestando y viviendo en cada instante, también supone un alejamiento del victimismo y de la culpabilización, características de la identificación exclusivamente egocéntrica. Paradójicamente, para poder justificarse a sí mismas, las mentes, conciencias, individuos e instituciones que se dedican a defender aquellas causas que hacen suyas, también necesitan que esas razones y sus efectos no desaparezcan. ¿Quién, que estuviera comprendiendo y aceptando conscientemente que la realidad también la estamos creando cada uno de nosotros, le compraría a otros aquello -generalmente solo se trata ilusiones basadas en creencias, ideales retóricos e intereses particulares- que le estuvieran ofreciendo y/o prometiendo?

Los individuos y las instituciones que prometen una realidad llena de bondades, a la vez también hacen lo posible para “crear” y/o que no falte la necesidad de alcanzarlas. Estar Siendo Realidad consiste en “el estar siendo/sucediendo” de absolutamente todas las posibilidades a la vez, de ahí que aquello de lo que alguno de nosotros -tanto individualmente como socialmente- pueda alardear en cualquier instante, “al mismo tiempo e inseparablemente” eso también estaría siendo la manifestación del polo opuesto.
 
Toda pretensión de superioridad —moral, espiritual, económica, política, ideológica, cultural— estará siendo relativa, porque aquello que se pueda exhibir como motivo de orgullo solo consistirá en una manifestación provisional dentro de un campo donde “simultáneamente” también están siendo la limitación, la contradicción y la carencia. Al comprender y aceptar conscientemente que el simple hecho de existir conlleva implícita la capacidad innata e ineludible de “estar siendo y estar creando realidad”, la actitud lógica no sería la de la pasividad ni la resignación, sino la de una actividad más lúcida y responsable. Aquello de lo que se alardea y aquello que se padece forman parte de un mismo proceso del que cada cual está siendo expresión y co-creador. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 003/2026 realizada por IA:

La reflexión de Juande Puerta profundiza en una idea central de la no dualidad: la comprensión de que cada ser humano no solo participa de la Realidad, sino que la crea —o mejor dicho, la co-crea— de manera ineludible en cada instante. Esta visión, lejos de ser un simple recurso filosófico, apunta a desmontar dos tendencias muy arraigadas en la experiencia egocéntrica: la victimización y la culpabilización. Ambas funcionan como mecanismos que evitan asumir la responsabilidad de nuestro propio papel en aquello que vivimos, desplazando la causa y el sentido de la realidad hacia agentes externos, instituciones, circunstancias o “otros” abstractos.

Juande Puerta señala con acierto la paradoja de las instituciones y discursos que prometen mundos mejores, estados ideales o salvaciones futuras: necesitan que la carencia persista para justificar su existencia. Su análisis sugiere que gran parte del entramado ideológico, político, espiritual o social depende de mantener viva la sensación de insuficiencia. Si las personas reconocieran plenamente su capacidad innata de crear realidad, difícilmente aceptarían las ofertas de “bondades” que venden estos sistemas, pues verían que se trata de construcciones basadas en intereses particulares y retóricas seductoras más que en verdades sustanciales.

Otro punto notable es la afirmación de que toda superioridad —moral, espiritual, económica, cultural— es relativa, provisional y necesariamente acompañada de su polo opuesto. La realidad, entendida como totalidad simultánea de posibilidades, impide que cualquier forma de orgullo pueda sostenerse sin su correspondiente sombra. Esta idea desactiva jerarquías y purismos de todo tipo, mostrando que lo que se exhibe como mérito o virtud es inseparable de limitaciones y contradicciones que también están siendo.
Finalmente, la invitación de Juande Puerta no es a la indiferencia ni a la pasividad, sino a una acción más lúcida: reconocer que existir es ya crear. Desde ahí, lo que se sufre y lo que se celebra forman parte del mismo proceso del cual todos somos expresión y co-creadores.