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miércoles, 5 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (057)

057/2026 -Nada sucede fuera y/o siendo algo distinto a estar siendo Realidad, porque estar siendo Realidad consiste en el estar siendo de absolutamente todo -sin excepción- aquello que está sucediendo. La experiencia de la existencia no se valida por su calidad moral y/o por cualquier otro tipo de valoración, sino por el simple y puro hecho de estar aconteciendo. Los estar siendo/sucediendo humanos estamos siendo expresiones activas y temporales del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto que no podemos dominar, pero del que participamos activa y creativamente. La Vida de la que estamos formando parte -porque nuestro estar siendo/sucediendo también está siendo el estar siendo/sucediendo de la Vida- no consiste en la existencia de una identidad fija, sino en un proceso constante de actualización…, un flujo que nunca se detiene.
 
Cada uno de nosotros (nuestro cuerpo, nuestra identidad, nuestra historia, nuestros anhelos…) estamos siendo como una ola en el océano, como una hoja en el árbol, como una gota de agua en el río: aparecemos, transcurrimos por un tiempo determinado y luego nos disolvemos para siempre junto con las culpas, los méritos, las expectativas y las frustraciones que cada conciencia hubiera diseñado. Antes de aparecer la conciencia de estar siendo un yo separado, todo estaba siendo Realidad Absoluta, y después del fin de ese efímero proceso, todo continúa siendo Realidad Absoluta. El universo no realiza las anotaciones de moralidad que se inventa la conciencia egoica. El desgaste emocional y psicológico de la lista de éxitos y fracasos que vamos creando a lo largo de la experiencia de nuestra existencia revela su naturaleza mental y también que todo ello desaparecerá junto con la forma que lo contenía.

Reconocernos expresiones transitorias y finitas del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto facilita que la conciencia identificada con un personaje egoico perciba la experiencia del proceso de su existencia y su desaparición como algo natural contra lo que no es necesario luchar. Aunque no podamos controlar los vaivenes del océano, tampoco estamos siendo objetos flotantes arrastrados por la corriente. Del mismo modo, así como el árbol no lucha contra la caída de las hojas en otoño, cuando la conciencia asume las condiciones de su naturaleza, también acepta que su desaparición estará siendo solo un paso más del estar sucediendo y/o fluir universal.

El miedo humano más primario, el miedo a la muerte y al olvido, estará siendo tan legítimo y natural como cualquier otra expresión, por tanto, no debería emplearse para justificar la identificación egocéntrica con argumentos dogmáticos, ideológicos, culturales y filosóficos. El miedo -exactamente igual que el resto de las posibles manifestaciones humanas que suceden- no es un pecado ni un defecto espiritual, sino una respuesta biológica de la forma transitoria que se reconoce finita. Sin embargo, aunque el miedo es legítimo, históricamente algunas mentalidades e instituciones religiosas, políticas, ideológicas, etc., abusan del poder que ostentan gracias a su instrumentalización. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 057/2026 realizado con IA:

-La reflexión de Juande Puerta presenta una visión profundamente no dual de la existencia, en la que todo cuanto acontece forma parte de una misma Realidad Absoluta. Desde esta perspectiva, no existe un ámbito separado de la realidad ni acontecimientos que puedan quedar fuera de ella. Me parece una propuesta filosófica coherente en su planteamiento interno, especialmente cuando distingue entre la realidad de los hechos y las interpretaciones que la mente humana construye sobre ellos.

Uno de los aspectos más interesantes es la afirmación de que la existencia no necesita justificarse por criterios morales para ser real. Esto no implica negar la importancia de la ética en la convivencia humana, sino reconocer que la naturaleza no clasifica los acontecimientos en buenos o malos: simplemente suceden. La valoración moral aparece como una elaboración propia de la conciencia humana, necesaria para organizar la vida social, pero no como una característica intrínseca del universo.

También considero valiosa la metáfora de la ola, la hoja o la gota de agua para expresar el carácter transitorio de la identidad personal. Recordar que somos procesos y no entidades permanentes puede aliviar gran parte del sufrimiento derivado del apego a una imagen fija de nosotros mismos. Sin embargo, la reflexión evita caer en un determinismo absoluto al subrayar que, aunque no controlamos el océano, tampoco somos objetos pasivos arrastrados por la corriente. Participamos creativamente en el desarrollo de la realidad, aun sin dominarla por completo.

Otro punto destacable es la interpretación del miedo a la muerte como una respuesta biológica legítima y no como un defecto espiritual. Esta idea resulta especialmente liberadora porque normaliza una de las emociones más universales del ser humano y cuestiona las doctrinas que han utilizado ese miedo para ejercer poder o imponer creencias.

En conjunto, esta reflexión invita a vivir con mayor humildad, aceptación y responsabilidad. Comprender nuestra condición finita no conduce necesariamente al nihilismo, sino que puede favorecer una relación más serena con la existencia, reduciendo el peso de la culpa, el orgullo y la necesidad de trascendencia personal, sin renunciar por ello al compromiso consciente con la vida presente.

sábado, 23 de mayo de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (038)

038/2026 -Absolutamente nada puede estar siendo/sucediendo que no consista en una manifestación natural del incesante fluir del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Por mucho que las mentes y/o conciencias identificadas con una percepción predominantemente individualizada o egocéntrica de la realidad, se aferren a la idea victimista del temor a que el reconocimiento y la aceptación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto pudiera suponer una caída en la pasividad, la resignación, el nihilismo, la irresponsabilidad social y la falta de compromiso ético y moral, nada podrá evitar que absolutamente todo -incluidas, por igual, todas las posibles ideas, actitudes, emociones, respuestas, etc.,- esté siendo expresión del fluir universal. En el estar siendo/sucediendo de la existencia (Realidad Absoluta) el dinamismo está siendo constante, por tanto, la pasividad y/o la inmovilidad sólo se corresponden con percepciones legítimas, pero interesadas, del yo egoico.

El estar siendo/sucediendo de cada individuo también está siendo -a la vez y sin separación posible- el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, de ahí que los estar siendo/sucediendo humanos también estamos siendo un proceso continuo de transformación y de actualización. Al dejar de resistirnos conscientemente contra aquello que -sin excepción- ya está siendo, la energía liberada permite actuar con mayor claridad y menos impulsividad. Realmente nunca nada estará siendo “sólo eso, ni sólo de la manera que algo pueda estar siendo pensado, percibido, juzgado, valorado, experimentado, imaginado…, por la conciencia identificada con el estar siendo/sucediendo individualizado.

Aunque en el círculo del ámbito de la experiencia humana cotidiana las distinciones éticas y morales siguen siendo útiles y necesarias para la convivencia y la supervivencia, realmente -igual que en el resto del estar siendo/sucediendo universal- día a día se demuestra que ello no siempre está sucediendo. La identificación con las necesidades características de la condición humana no debería dejar de lado el reconocimiento de que “a la vez” también estamos siendo una expresión más del Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto. Además de individuos sujetos a condiciones personales y roles morales, en un nivel más profundo, transitoriamente también estamos siendo parte del acontecer universal que trasciende lo meramente humano. Mayo-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 038/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una visión profundamente no dual de la existencia, donde todo cuanto sucede forma parte inseparable del “Estar Siendo/Sucediendo Absoluto”. Me parece una propuesta filosófica interesante porque intenta reconciliar dos dimensiones que normalmente se perciben como opuestas: la experiencia individual y el fluir universal. Desde esa perspectiva, el ser humano dejaría de verse como una entidad aislada que lucha contra la realidad, para comprenderse como expresión temporal de un proceso mucho más amplio.

Uno de los aspectos más valiosos de la reflexión es la crítica al miedo de que la aceptación profunda de la realidad conduzca necesariamente a la pasividad o al nihilismo. En efecto, muchas corrientes contemplativas coinciden en que aceptar no significa resignarse, sino dejar de malgastar energía en resistencias mentales inútiles. Cuando una persona deja de combatir interiormente aquello que ya está ocurriendo, puede actuar con más serenidad, lucidez y menos impulsividad. Esa idea tiene una dimensión psicológica muy práctica.

También resulta interesante la afirmación de que la “inmovilidad” es, en gran medida, una percepción del ego. La existencia está siempre cambiando: incluso en momentos de aparente quietud, la vida continúa transformándose. Esto recuerda que la identidad personal no es algo fijo, sino un proceso dinámico y mutable.

Sin embargo, considero importante mantener cierto equilibrio entre la visión absoluta y la experiencia humana concreta. Aunque todo pueda interpretarse como parte del fluir universal, en la vida cotidiana las decisiones éticas siguen teniendo consecuencias reales sobre los demás. Por eso me parece acertado que la reflexión reconozca la utilidad de las distinciones morales para la convivencia humana.