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miércoles, 8 de julio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (049)

049/2026 -La tendencia humana -absolutamente legítima y natural- de identificarse con unas cualidades intrínsecas y rechazar otras igual de propias -egocentrismo clásico- genera un conflicto permanente que, paradójicamente, también fortalece aquello mismo que se pretende eliminar. Las conciencias identificadas con la mayor parte de las religiones, las filosofías, las ideologías, las políticas, las culturas…, cuando se enfocan en defender un punto de vista y/o una manera estática y perfecta del estar siendo/sucediendo individual y universal: ¿saben a lo que están dedicándose y cuáles están siendo los frutos de sus obras? Nuestras sombras forman parte inherente de la condición humana, por tanto, nunca han constituido un error que deba ser erradicado, sino capacidades naturales que requieren ser conocidas, comprendidas, respetadas, aceptadas y expresadas con la misma honestidad que sus opuestas.
 
Al etiquetar negativamente “algunas” cualidades inherentes y/o propias de nuestra naturaleza, sin las que tampoco sería posible existir ni sobrevivir, también estaremos creando los síntomas o consecuencias enfermizas correspondientes a dicho conflicto. Asumiendo e integrando “conscientemente” la totalidad de características propias de la experiencia humana, en lugar de agredirnos y sabotearnos estaremos facilitando el fluir del proceso de la existencia y enfocando nuestra energía hacia una vida más fluida, íntegra, pacífica y armoniosa. Los estar siendo/sucediendo humanos no estamos siendo entidades fijas o estáticas, de ahí lo antinatural y/o corrupta que resulta la actitud de vivir luchando a favor del control, de la permanencia y de lo inmutable, de una identidad rígida que pretende resistirse tanto al cambio constante como a la pluralidad y la diversidad de capacidades que nos conforman.

¡No estamos siendo solo individualidades egoicas; pero también estamos siendo individualidades egoicas, con todo lo que legítimamente ello está suponiendo en cada instante! Dejar de lado la evidencia de que estamos siendo la expresión de un proceso activo -simultáneamente particular y universal- de continua actualización, también favorece que caigamos en el apego a versiones obsoletas, infantiles, discriminatorias y victimistas de nosotros mismos. Siempre se puede reconocer y aceptar que quizás la autenticidad que perseguimos conquistar no radique tanto en “ser algo/alguien”, como en permitirnos “estar siendo” y en percibir la diversidad y la transformación sin convertirla en una amenaza: vivir, no como defensa frente al cambio, sino como participación consciente en él. Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 049/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta propone una visión de la naturaleza humana basada en la integración antes que en el enfrentamiento con uno mismo. Su idea central es que el conflicto psicológico surge cuando aceptamos solo aquellas cualidades que consideramos positivas y rechazamos las que juzgamos negativas, como si unas fueran legítimas y las otras constituyeran un error. Desde esta perspectiva, la lucha interior no elimina aquello que rechazamos, sino que lo fortalece al mantenerlo en permanente oposición.

Resulta especialmente interesante la crítica a las religiones, ideologías, filosofías o culturas cuando pretenden imponer una imagen rígida de cómo debería ser el ser humano o la realidad. La historia muestra que muchas veces los intentos de alcanzar una perfección absoluta han desembocado en intolerancia, culpabilidad o exclusión de quienes no encajaban en ese ideal. La reflexión invita a preguntarnos si la búsqueda obsesiva de una identidad perfecta no termina alejándonos precisamente de una vivencia más auténtica y libre.

También destaca la importancia de reconocer que las llamadas "sombras" forman parte inseparable de la condición humana. Aceptarlas no significa justificar conductas dañinas, sino comprender que emociones como la ira, el miedo, la envidia o el orgullo cumplen funciones naturales que pueden ser canalizadas de manera consciente. Cuando estas dimensiones se reprimen o se niegan, suelen manifestarse de formas más destructivas.

Otro aspecto valioso es la afirmación de que el ser humano no constituye una identidad fija, sino un proceso continuo de transformación. Esta idea invita a abandonar el apego a definiciones estáticas sobre quiénes creemos ser y a comprender la existencia como un devenir permanente. La autenticidad, según esta mirada, no consiste en alcanzar una versión definitiva de nosotros mismos, sino en participar conscientemente en el cambio constante que caracteriza la vida.

En conjunto, la reflexión ofrece una propuesta de inspiración no dual que invita a sustituir la lucha interior por la comprensión, la aceptación y la integración, favoreciendo una relación más serena, flexible y armoniosa con uno mismo, con los demás y con el continuo fluir de la existencia.

miércoles, 25 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (016)

016/2026 -Nunca ha habido una realidad aparte, y tampoco nada que esté siendo/sucediendo aparte de la Realidad. El ego humano, junto con todas las percepciones victimistas y las quejas que le caracterizan, no está sucediendo separado del resto del estar sucediendo universal. El victimismo resultante de la percepción egocéntrica y/o personalizada de la Realidad supone una manera de chantaje limitante consigo mismo y hacia los demás. ¿Qué objetivo más extraordinario (¿espiritual?) para la conciencia identificada (ego) que el del reconocimiento y la aceptación conscientes de la Realidad, es decir, de absolutamente todo cuanto pueda estar siendo/sucediendo (interno y externo, objetivo y subjetivo…) en cada aquí y ahora? La meta más difícil de alcanzar para la conciencia egoica no es la de lograr desaparecer ni la de volverse perfecta, sino la de asumir lúcida, libre e incondicionalmente el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.
 
Los miedos, resistencias y deseos humanos, contemplados como formas y/o manifestaciones legítimas de la Realidad Absoluta, también pueden ser acogidas con naturalidad. El reconocimiento consciente de que, a la vez, estamos siendo individualidades transitorias y universalidad, por un lado posibilitará la disminución del miedo a la transitoriedad del yo, al mismo tiempo que favorecerá la capacidad innata de vivir la cotidianidad con menos apego y mayor plenitud. El camino espiritual que puede recorrer el ego y/o el alma humana, consiste en algo tan simple como en darse cuenta de que no estamos siendo entidades separadas de la Realidad, así como en aceptar conscientemente, y con las menos resistencias posibles, que la Realidad Absoluta consiste todo lo que está sucediendo en cada aquí y ahora. El estar siendo/sucediendo individual, con las condiciones y características (egocentrismo) que le son legítimas o naturales, no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

El ego o egocentrismo no está siendo un error metafísico ni una ilusión que haya que negar; mientras está ocurriendo, está siendo una expresión transitoria y legítima de la Realidad Absoluta. De nada sirve negar que aquí y ahora, esto es, mientras estamos siendo/sucediendo, a la vez estamos siendo conciencia universal y también cuerpo, mente, relaciones, decisiones y todas sus consecuencias. ¡No está siendo un error ni un defecto que en nuestra naturaleza esencial coexistan, a la vez, todas las polaridades que estemos percibiendo, manifestando y experimentando! Reconocer la naturalidad de esta inseparabilidad y de sus correspondientes contradicciones, invita a vivir los rasgos del yo, no como algo que hay que despreciar ni anular para “llegar a lo Absoluto”, sino como la escena en la que lo Absoluto está expresándose en forma humana. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 016/2026 realizada por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece profundamente coherente dentro de la tradición no dual, especialmente cercana al enfoque del Advaita, donde no existe una realidad separada del Todo. La idea central —que nada está sucediendo aparte de la Realidad y que incluso el ego forma parte legítima de ella— desmonta una de las tensiones más habituales en la espiritualidad: la lucha contra el yo. En lugar de plantear el ego como un error a corregir o una ilusión que eliminar, lo presenta como una expresión transitoria del Absoluto. Esa mirada desdramatiza la experiencia humana.

Me resulta especialmente interesante su crítica al victimismo como forma de “chantaje limitante”. Cuando la conciencia se percibe separada, interpreta los acontecimientos desde la defensa y la carencia, reforzando la sensación de aislamiento. Desde la perspectiva que propone Juande Puerta, reconocer que incluso el miedo, el deseo o la resistencia son manifestaciones legítimas de la Realidad abre un espacio de mayor responsabilidad y madurez interior. No se trata de negar la experiencia humana, sino de incluirla.

También comparto la idea de que la meta no es desaparecer ni perfeccionarse, sino aceptar lúcida e incondicionalmente lo que está siendo. Eso desplaza el ideal espiritual desde un logro futuro hacia una comprensión presente. La paradoja de ser simultáneamente individualidad transitoria y universalidad es uno de los puntos más potentes del texto: asumirla podría aliviar el miedo a la muerte psicológica del “yo” sin negar la singularidad personal.

Ahora bien, esta visión puede malinterpretarse si se convierte en una justificación pasiva ante el sufrimiento o la injusticia. Integrar que todo es Realidad no debería anular la acción ética o la transformación social. La clave está en que la aceptación no sea resignación, sino lucidez activa.

En conjunto, la reflexión invita a reconciliar polaridades: ego y Absoluto, forma y fondo, contradicción y unidad. Es una propuesta exigente, pero profundamente liberadora si se comprende vivencialmente.