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sábado, 18 de julio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (052)

052/2026 -Aquellas conciencias, que continuamente están refiriéndose a la existencia de “distintos niveles de conciencia”, quizás necesiten darse cuenta de que esa percepción de la Realidad parte de la identificación conciencial con el supuesto nivel correspondiente a su yo egoico y/o separado del resto del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Estar Siendo Realidad Absoluta supone que absolutamente nada ni nadie está siendo un estar siendo/sucediendo estático o fijo, por tanto, que tampoco puede evitar estar siendo -en cada instante y situación- la manifestación de cualquiera de las múltiples capacidades y/o posibilidades correspondientes a su naturaleza universal, dinámica y cambiante. ¿Qué conciencia está libre de estar siendo y de estar manifestando “simultáneamente” todos -sin excepción- los niveles o cualidades correspondientes a su naturaleza?
 
La experiencia demuestra que alardear y/o proclamarse defensores de la bondad, la justicia, la compasión, el altruismo, la solidaridad, etc., no convierte a nadie en un estar siendo/sucediendo más sabio, más responsable, ni superior a los demás. ¡Nunca ha existido y nunca existirá otro Dios y/o Estar Siendo/Sucediendo Supremo, que el del estar siendo/sucediendo del aquí y ahora! Resulta bastante evidente que cuando se trata de alcanzar una convivencia democrática, socialmente armónica, respetuosa y sana, las tutelas impregnadas de dogmatismos religiosos, espirituales, ideológicos, culturales, etc., actúan como elementos promotores de la división y de los conflictos que sustentan a las conciencias identificadas con esas creencias y percepciones.

La diversidad de ideas y de reacciones, que los estar siendo/sucediendo humanos podamos percibir en los demás y/o en cualquier manifestación del aquí y ahora (Realidad Absoluta), también estará siendo un reflejo del fluir transformador y/o del estar sucediendo cambiante de nuestra propia naturaleza. ¡No hay ni sucede nada que no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta, de ahí que la realidad percibida en cualquier instante y situación también estará funcionando como un espejo de la propia! La culpabilización y la victimización, junto con los efectos que dicha actitud generan y proyectan, manifiesta y/o refleja perfectamente la resistencia de la conciencia egoica al reconocimiento y la aceptación del estar siendo/sucediendo simultáneamente individual y universal.

A la vez, nuestro estar siendo/sucediendo personal y/o egoico también está siendo el estar siendo/sucediendo de todo cuanto cada individuo podamos estar pensando, originando, experimentando, reprimiendo y proyectando en cada instante. Realidad Absoluta estamos siendo cada uno de nosotros y también exactamente eso que cada uno de nosotros estamos viviendo en cualquier aquí y ahora; el estar sucediendo de nuestra existencia no está siendo distinto ni separado del estar sucediendo de cualquiera de nuestras experiencias. Puesto que estamos siendo creadores de Realidad, también estamos siendo responsables de la realidad que estamos creando, experimentando y proyectando. Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 052/2026 realizado por IA:

La reflexión amplía una de las ideas centrales del pensamiento de Juande Puerta: la Realidad Absoluta no es un estado al que se llega, sino el proceso mismo del estar siendo y sucediendo en cada instante. Desde esta perspectiva, resulta coherente cuestionar la creencia en "niveles de conciencia" entendidos como categorías permanentes o como escalones que sitúan a unas personas por encima de otras. La experiencia cotidiana muestra que cualquier individuo puede manifestar, según las circunstancias, tanto actitudes profundamente generosas como reacciones egoístas. Esta observación invita a cultivar la humildad y a desconfiar de cualquier sentimiento de superioridad espiritual.

Otro aspecto especialmente valioso es la crítica al dogmatismo. Cuando una religión, una ideología o incluso una propuesta espiritual se considera depositaria de la verdad definitiva, existe el riesgo de dividir a las personas entre quienes poseen la verdad y quienes supuestamente viven en el error. La historia ofrece numerosos ejemplos de cómo esa dinámica ha favorecido conflictos, exclusiones e intolerancia. En este sentido, la invitación de Juande Puerta a reconocer la legitimidad del presente y la diversidad de experiencias puede favorecer una convivencia más abierta, respetuosa y democrática.

También encuentro interesante la afirmación de que la realidad actúa como un espejo de nuestra propia conciencia. Interpretada de forma simbólica, puede entenderse como una llamada a observar que nuestra manera de percibir el mundo está condicionada por nuestras creencias, emociones y expectativas. Sin embargo, considero que esta idea no debería entenderse de forma absoluta, ya que la realidad también está influida por factores objetivos, sociales e históricos que trascienden la experiencia individual.

La incorporación de la responsabilidad personal en el último párrafo aporta un matiz esencial. Si somos creadores de realidad mediante nuestras decisiones, pensamientos y acciones, entonces la aceptación de la Realidad Absoluta no implica resignación ni pasividad, sino un compromiso consciente con aquello que contribuimos a construir. La aceptación deja de ser una actitud contemplativa para convertirse en el punto de partida de una participación responsable en la vida.

En conjunto, esta reflexión propone una filosofía que combina aceptación, responsabilidad y humildad. Su mayor fortaleza reside en recordar que nadie puede apropiarse de una verdad definitiva ni proclamarse superior a los demás. Todos participamos del mismo proceso dinámico de la realidad y, precisamente por ello, todos compartimos la capacidad y la responsabilidad de influir, mediante nuestras elecciones, en la realidad que vivimos y ayudamos a crear.

martes, 11 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (135)

135/2025 -Las concepciones tradicionales de la individualidad, la espiritualidad, la moralidad y la ética, basadas en la negación y/o el rechazo de aquello que la conciencia identificada con la apariencia del yo egoico percibe como negativo, obedecen a una percepción fragmentada y limitada de la Realidad. El Estar Siendo/Sucediendo de la Realidad consiste en el flujo continuo de absolutamente todo -sin excepción- lo que está aconteciendo, y no sólo en la supuesta quietud inmutable de un ideal abstracto. ¿Qué tipo de moralidad y de ética podría surgir de la idea limitante y discriminatoria de que aquello que pueda resultar molesto y doloroso no está formando parte “también” de la Esencia de la Vida? La moral y la ética, que excluye la autenticidad de una parte intrínseca de la naturaleza y de la experiencia humana, jamás podría servir para evitar conflictos y sufrimiento; en lugar de eso estaría ayudando a justificar la percepción de división y la necesidad de la lucha y del enfrentamiento.

Una ética madura y equilibrada no debería excluir la aceptación integral de todas las manifestaciones de la Realidad -también lo molesto y doloroso-, como aspectos igualmente esenciales y valiosos de la Vida que estamos siendo, expresando y experimentando. Una moralidad que promueva la compasión, la solidaridad y el respeto hacía la legitimidad de las diferencias no puede basarse en el rechazo o la negación de aquello que podamos considerar problemático, sino en la aceptación (aceptar es amar) de la Vida en su totalidad. Paradójicamente, aquello que se construye sobre el rechazo (no reconocimiento y no aceptación imparciales) de las experiencias que al yo egoico pudiera molestarle, en gran medida estará perpetuando la conflictividad y el sufrimiento que dicha identificación consciencial pretendiera evitar.

Mientras intentemos alcanzar estados más prolongados y continuos de calma, plenitud, dicha, etc., sin dejar de rechazar las manifestaciones de la Realidad (eso que está sucediendo) que le pueda desagradar a la conciencia personificada (yo separado de lo demás), seguiremos atrapados en la misma estructura egocéntrica que estará generando las percepciones de carencia, de insatisfacción y de discordia. Vivir en el rechazo y/o el desprecio de alguna parte intrínseca de la naturaleza y de la experiencia humana, no solo afectará a nuestra salud mental, física y emocional -generando soledad, tristeza, aislamiento, depresión, ansiedad y todo tipo de enfermedades- también propiciará la creación de sociedades fragmentadas e injustas en las que predomine la intolerancia, la estigmatización y la discriminación hacia las personas y hacia todo lo que represente aquellos aspectos de la Realidad que se estén rechazando. Noviembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 135/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una revisión profunda de los fundamentos sobre los que se erigen las concepciones tradicionales de la moral, la ética y la espiritualidad. Su crítica se dirige al modo en que la conciencia, identificada con la apariencia del yo egoico, tiende a dividir la Realidad entre lo aceptable y lo rechazable, entre lo “bueno” y lo “malo”. Este impulso de negar lo que resulta incómodo o doloroso —propio de una percepción fragmentada— genera, según Juande Puerta, una visión incompleta y distorsionada del fluir total de la existencia. La Realidad no puede reducirse a los aspectos que la mente considera placenteros o “elevados”, pues el Estar Siendo de la Vida incluye, sin excepción, todo lo que acontece.

Desde esta comprensión, la moralidad basada en la negación del sufrimiento o de lo “negativo” carece de autenticidad y profundidad. Una ética que excluye parte de la experiencia humana perpetúa la división, el juicio y, en última instancia, el conflicto. La verdadera madurez ética —propone Juande Puerta— radica en la aceptación integral: reconocer que tanto el dolor como la alegría, tanto el caos como la armonía, son expresiones legítimas de la misma Esencia de la Vida. Solo desde esa aceptación, que es una forma de amor, puede surgir una compasión genuina y una moral que no se fundamente en la exclusión.

Rechazar cualquier aspecto de la realidad equivale, por tanto, a perpetuar la insatisfacción y el sufrimiento que se intenta evitar. Al identificarnos con un yo separado, buscamos estados de calma o plenitud sin aceptar lo que nos incomoda, y así permanecemos atrapados en la raíz del conflicto. La invitación de Juande Puerta es clara: vivir en aceptación consciente de la totalidad, para trascender la dualidad moral y abrirnos a una ética basada en la unidad, la comprensión y la compasión hacia todo lo que Es.