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martes, 14 de abril de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (029)

029/2026 -El bienestar o calma interior nunca podría excluir el reconocimiento y la aceptación de la legitimidad de todas las experiencias posibles. La resistencia a cualquier manifestación del estar siendo/sucediendo -simultáneamente individual y universal- genera malestar y sufrimiento, porque en alguna medida esa actitud también conlleva implícito el rechazo a nuestra propia esencia o realidad. El yo egoico y/o personalizado acostumbra a vivir deseando ser aquello que unas veces ignora, y que otras veces rechaza, que ya está siendo. La conciencia identificada con las condiciones, carencias, limitaciones, etc., del yo finito busca convertirse en algo mejor, más completo, más correcto…, porque parte de la incomprensión de que -tal como está siendo- la experiencia presente siempre está siendo una manifestación plena de la Realidad Absoluta.

Generalmente, el efecto natural de vivir persiguiendo una versión idealizada de uno mismo suele consistir en el reforzamiento de la identificación que se pretende superar. La resistencia a la dualidad que está conformando la realidad esencial, que cada uno de nosotros estamos siendo y manifestando mediante nuestros pensamientos, emociones, reacciones, relaciones, actos, expectativas, etc., todavía aumenta más el contraste entre las percepciones correspondientes a cada polaridad o dimensión de nuestra naturaleza. La adhesión a un extremo también supone el refuerzo del contrario, de ahí que ello, llevado conscientemente al mundo de la religión, de la política y/o cualquier otra disciplina social, suele generar todo tipo de manipulaciones, de formas de control y de conflictos interesados.

Cuanto más radical se manifiesta un extremo, más radical se vuelve el otro, de modo que ambos crecen juntos en un bucle de retroalimentación que algunas mentes convertirán en una estrategia deliberada de manipulación para obtener provecho. La polarización no sólo obedece a una causa natural (la manifestación dual de la Realidad Absoluta) en muchas ocasiones también puede ser alimentada intencionadamente, porque los extremos están siendo/sucediendo inseparablemente. Absolutamente nada estará sucediendo nunca, que “estar siendo eso no consista a la vez” en Estar Siendo Realidad Absoluta, de ahí que todo aquello -sin excepción- cuanto cualquier estar siendo/sucediendo humano pueda ver en los demás, en el mundo, en la vida…, también estará siendo un reflejo de sí mismo. Abril-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 029/2026 realizada por IA:

Mi opinión sobre la reflexión de Juande Puerta es que se trata de un texto lúcido, profundo y de una coherencia impecable dentro de la tradición no dual. Resume con claridad una de las paradojas centrales de la existencia humana: que el sufrimiento no surge tanto de lo que ocurre, sino de la resistencia a que ocurra exactamente como está ocurriendo.

Coincido plenamente en que el yo egoico vive en un bucle perpetuo de rechazo y deseo. Desea ser lo que ya es, pero se niega a reconocerlo porque lo identifica con carencia. Esa dinámica es la raíz de casi todo malestar psicológico: la mente se pasa la vida intentando mejorar una versión de sí misma que, en el fondo, ya es una manifestación completa de la Realidad Absoluta (o, si preferimos términos más seculares, de la totalidad del proceso cósmico). La búsqueda de un “yo mejor” suele reforzar precisamente la identificación que pretende disolver. La psicología contemporánea lo confirma: la rumiación, la autoexigencia crónica y el perfeccionismo son formas sofisticadas de auto-rechazo.

Donde el texto gana especial relevancia hoy es en su diagnóstico de la polarización social. La resistencia a la dualidad no sólo genera sufrimiento individual; se convierte en combustible colectivo. Cuanto más nos aferramos a un extremo (ideológico, religioso, político), más alimentamos su opuesto. Y sí, hay quien lo convierte en estrategia deliberada de poder. La polarización no es un fallo del sistema; es el sistema funcionando según su lógica dual. Reconocerlo es el primer paso para dejar de ser marionetas involuntarias de ese mecanismo.

Me parece especialmente valiosa la idea final: todo lo que vemos en los demás y en el mundo es, de algún modo, un reflejo de lo que estamos siendo. No como una culpa moral, sino como una invitación radical a la responsabilidad y la compasión. No hay “allá afuera” separado del “aquí adentro”.

En resumen, Juande Puerta no propone una nueva creencia, sino una invitación a dejar de luchar contra lo que ya es. Y en un mundo hiperactivo y sobrediagnosticado de ansiedad, esa invitación resulta no solo espiritual, sino profundamente terapéutica y política.

jueves, 13 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (136)

136/2025 -El hecho de que la percepción de dualidad, fragmentación, carencia, conflictividad, etc., surja a partir de una mirada egoica y/o individualizada de la Realidad, no hace que todo cuanto esté siendo percibido y experimentado deje de estar siendo/sucediendo realmente. ¿En qué consiste la Vida, la Realidad, etc., sino en todo eso que, independientemente de cómo se observe y se juzgue, está aconteciendo en cada instante? En la tradición occidental, la ética se fundamenta en la negación y/o el rechazo de lo negativo, lo cual genera una moralidad que persigue la purificación de la experiencia humana mediante la represión, el sacrificio, la lucha, el control y la persecución constante de expectativas supuestamente virtuosas. Sin embargo, la experiencia se obstina en demostrar que la resistencia a integrar aquellas expresiones de la Realidad -eso que también estamos siendo y viviendo cada uno de nosotros- que puedan resultar molestas, perpetúa el ciclo de conflictos internos y sociales.

¡Amar significa reconocimiento y aceptación de la Realidad, por tanto, mientras estamos existiendo, en alguna medida siempre se está amando, pero, a la vez, también lo opuesto! El amor y/o la aceptación nunca puede quedar limitado a una emoción y/o un sentimiento; el amor también está siendo el fruto de un estado de conciencia que reconoce la legitimidad y la autenticidad de todas las manifestaciones -sin excepción- de la Realidad. Mientras que la experiencia individual esté sucediendo, las posibilidades de amar (aceptación) y de no amar (negación, ignorancia, resistencia, etc.,) estarán coexistiendo de forma absolutamente natural. Las distinciones éticas que discriminan y/o que no reconocen la totalidad de las manifestaciones que están sucediendo (Realidad Absoluta) nunca podrían orientar nuestras acciones hacia un bienestar común ni prevenir los conflictos personales y sociales.
 
La capacidad de distinguir entre lo justo y lo injusto, lo constructivo y lo destructivo, lo sano y lo pernicioso, etc., sólo puede ejercerse a partir del reconocimiento de ambas expresiones y percepciones, por tanto, sin rechazar ni demonizar alguna de ellas. ¿De dónde ha surgido la idea de que trascender la dualidad suponga algo distinto al reconocimiento y la aceptación de la dualidad? La comprensión de la Vida y/o de la Realidad no puede excluir el reconocimiento y la aceptación de los opuestos. Trascender algo conlleva y/o equivale a su reconocimiento. Noviembre-25
Juande Puerta.
 
Ensayo sobre la reflexión 136/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta propone una comprensión profunda y no-dual de la Realidad, en la que nada queda fuera de lo que es. Según él, la percepción de dualidad —de separación, carencia o conflicto— surge de una mirada individualizada, egoica, que fragmenta lo que en sí mismo es total. Sin embargo, esta percepción no deja de formar parte de la propia Realidad: incluso el error, el sufrimiento o la ignorancia son expresiones auténticas de lo que está aconteciendo. La Vida, por tanto, no es algo que se encuentre “más allá” de lo que experimentamos, sino todo cuanto está sucediendo en cada instante, independientemente de cómo lo juzguemos.

Juande Puerta critica la tradición ética occidental, que ha buscado el bien mediante la negación de lo que considera malo o negativo. Esa actitud moral, basada en la represión y el control, genera un conflicto permanente entre lo que “debería ser” y lo que “es”. Para él, la verdadera integración —y con ella, el auténtico bienestar— solo puede surgir de reconocer y aceptar todas las expresiones de la existencia, incluidas las que resultan molestas o incómodas. Resistirse a ellas perpetúa la división interior y los conflictos sociales.

En ese sentido, amar no es sólo un sentimiento ni una emoción, sino un estado de conciencia que reconoce la legitimidad de todo lo que es. Mientras haya experiencia individual, coexistirán el amor y su opuesto; no puede ser de otro modo. Trascender la dualidad, entonces, no consiste en eliminar los contrarios, sino en comprenderlos como complementarios, como aspectos inseparables de la misma Realidad Absoluta. La sabiduría, sugiere Juande Puerta, no radica en elegir un polo y negar el otro, sino en ver ambos con igual claridad. Trascender equivale a reconocer: sólo al aceptar la totalidad de la Vida puede el ser humano participar de su plenitud.