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sábado, 20 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (151)

151/2025 -Cada vez que cualquier estar siendo/sucediendo humano niega o rechaza alguna manifestación propia (pensamientos, emociones, reacciones, actos, circunstancias, experiencias, expectativas…) en esa misma medida estará dejando de reconocerse y de aceptarse íntegramente a sí mismo, a la vez que estará haciendo que eso se convierta en la Realidad que esté viviendo. Negar, rechazar, discriminar, etc., alguna de nuestras manifestaciones no las elimina, sino que introduce una fractura interior. La negación de algo que “ya está siendo/sucediendo” configura la experiencia de una realidad marcada por la tensión, la incoherencia y el desgaste que genera esa resistencia. La aceptación consciente y lúcida de “lo que está siendo” no implica justificarlo todo, sino dejar de añadir la violencia de la negación victimista y abrir espacio para respuestas más coherentes y responsables.
 
Paradójicamente, el fundamento principal de la mayor parte de las principales tradiciones espirituales, culturales, políticas, etc., se basa en el rechazo victimista, irresponsable e interesado de “solo una parte o color” de las percepciones de la conciencia egoica o personalizada, por tanto, también en la fragmentación y el rechazo de la integridad de nuestra naturaleza y del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Las tradiciones espirituales y las ideologías de todo tipo y signo no nacen del reconocimiento y la aceptacion de la Realidad, sino que emergen de la identificación egocéntrica y de la defensa de la separación, la división, la discriminación y la predilección de percepciones y/o puntos de vista exclusivamente personales e interesados. ¿Cuáles están siendo sus frutos?

¡Cuanto más se defiende un extremo o modo de percepción, inevitablemente también más se estará reforzando al opuesto, por tanto, aquello que se utiliza a modo de victimario y/o justificación! Las percepciones egoicas corresponden al ámbito o dimensión de la individualidad, de ahí lo complicado y violento que resulta imponer esa gran diversidad de puntos de vista a toda la sociedad. La religión, la espiritualidad, la política, la cultura, la moralidad, la ética, la economía y el resto de los pilares de nuestras sociedades se basan en el rechazo a una parte -la que el ego humano considera negativa- de la Realidad y/o del Estar Siendo/Sucediendo, de ahí la presencia de “la corrupción que ello supone” en todas y cada una de nuestras manifestaciones individuales y también en nuestras relaciones y organizaciones sociales. Diciembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 151/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta plantea una crítica radical a uno de los mecanismos más habituales del ser humano: la negación de aquello que no encaja con la imagen que desea sostener de sí mismo y de la realidad. Rechazar pensamientos, emociones, reacciones o circunstancias no supone liberarse de ellas, sino todo lo contrario: consolida una fractura interior que termina configurando la experiencia vital desde la tensión y el conflicto. Aquello que se niega no desaparece; se transforma en resistencia, desgaste y contradicción interna.

Desde esta perspectiva, la aceptación consciente de “lo que está siendo” no equivale a justificar ni a resignarse pasivamente. Aceptar es, ante todo, reconocer sin violencia lo que ya acontece, sin añadir la carga emocional de la queja victimista. Solo desde ese reconocimiento lúcido se abre la posibilidad de respuestas más responsables, coherentes y creativas. La negación, en cambio, refuerza la sensación de separación y alimenta una narrativa de enfrentamiento constante con la propia experiencia.

Juande Puerta extiende esta dinámica al ámbito colectivo, señalando que muchas tradiciones espirituales, ideologías políticas y sistemas culturales se han construido sobre el rechazo de una parte de la realidad considerada “negativa”. Al privilegiar un único “color” de la percepción, estas estructuras refuerzan inevitablemente su opuesto, generando polarización, conflicto y corrupción sistémica. La defensa obsesiva de un extremo no conduce a la armonía, sino al fortalecimiento de la división.

El ego, limitado a la dimensión de la individualidad, intenta imponer su punto de vista como verdad universal, lo que resulta inevitablemente violento e inviable en sociedades diversas. Así, religión, política, moral o economía reproducen a gran escala la misma fractura interior del individuo. La invitación implícita en esta reflexión es clara: solo el reconocimiento íntegro de la Realidad y del Estar Siendo/Sucediendo puede disolver la raíz de la división y abrir un horizonte menos fragmentado, tanto en lo personal como en lo colectivo.

jueves, 6 de noviembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (133)

133/2025- Estar siendo un yo egoico también consiste en Estar Siendo Realidad Absoluta. La sensación de estar siendo algo particular y separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto está siendo tan absolutamente lícita y natural como cualquier otra. Las manifestaciones de la conciencia identificada con el yo individual (ego) no surgen ni suceden fuera del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Percibirse y experimentarse siendo una identidad diferenciada de la Realidad Absoluta también está siendo una manifestación de la Realidad Absoluta. Afirmar que nuestros actos no los está realizando nadie, supone algo tan absurdo como aquello de atribuirse la exclusividad de su autoría. Las manifestaciones de nuestro estar siendo/sucediendo individual nunca podrían separarse y/o desvincularse de las manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.
La conciencia de estar siendo un yo exclusivo (ego) utiliza la espiritualidad para otorgarse la continuidad, notoriedad y trascendencia que desaparecerán con su disolución. Nada -incluida la espiritualidad- que nace del ego humano (conciencia identificada con la posibilidad del estar siendo individual), perdurará más allá del fin definitivo del proceso de su efímera existencia; pero, por la misma razón, tampoco desaparecerá antes. La lucha del ego contra las manifestaciones naturales del ego no es un error ni un defecto, sino un mecanismo de supervivencia. En lugar de liberarlo de las condiciones propias de su naturaleza, la lucha del ego contra sí mismo y/o a favor de sí mismo, es lo que hace que se mantenga activo. Exactamente igual que el miedo, el deseo, la ira, el orgullo, etc., están siendo expresiones del ego, también están siendo egoicas las manifestaciones opuestas a esas.
Nada hay ni sucede que no esté siendo una expresión del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, por tanto, ¿qué pueden estar siendo las conciencias identificadas con una identidad particular, junto con absolutamente todas -sin excepción- sus posibles percepciones, juicios y manifestaciones? Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en estar siendo yo y mis circunstancias, estar siendo tú y tus circunstancias, estar siendo el mundo y sus circunstancias, estar siendo el cosmos y sus circunstancias. Para Estar Siendo Realidad Absoluta no es necesario huir de nada y tampoco buscar más allá del Estar Siendo/Sucediendo Presente. Lo relativo (yo, tú, pensamientos, emociones, actos, mundo, cosmos) no está limitando a lo Absoluto: está siéndolo y/o expresándolo, de ahí que la iluminación no consista en un estado aparte, sino en el reconocimiento y la aceptación consciente de que no hay ni sucede nada que no esté siendo una manifestación de lo Absoluto. Noviembre-25
Juande Puerta.
Ensayo sobre la reflexión 133/2025 realizado con IA:
En el vasto tapiz de la conciencia, Juande Puerta nos invita a contemplar una verdad liberadora: el "yo egoico" no es un impostor exiliado de la Realidad Absoluta, sino su expresión misma. Estar siendo un yo particular, separado y efímero, no contradice el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto; al contrario, es tan lícito y natural como el flujo del cosmos. Esta perspectiva disuelve la dicotomía entre lo individual y lo universal, revelando que toda manifestación —incluidas las ilusiones de separación— surge inmanente en el Todo.
Juande Puerta argumenta que percibirnos como identidades diferenciadas no es un error ontológico, sino una vibración auténtica del Absoluto. Afirmar que "nuestros actos no los realiza nadie" roza lo absurdo, equiparándose a reclamar exclusividad sobre ellos. El ego, con su danza de miedos, deseos e iras, no opera fuera del Absoluto; sus contradicciones —lucha contra sí mismo o a favor— son mecanismos de supervivencia que lo perpetúan, no defectos. Incluso la espiritualidad, cuando el ego la empuña para buscar continuidad y trascendencia, es una manifestación temporal: nace de la identificación individual y se disuelve con ella, sin perdurar ni extinguirse prematuramente.
Aquí radica la paradoja iluminadora: nada escapa al Absoluto. Las conciencias egoicas, con sus juicios y percepciones, también están siendo expresiones plenas. El orgullo y su opuesto, la humildad forzada; la ira y la paz impostada —todo ello teje el mismo lienzo. Estar Siendo Realidad Absoluta no exige huida ni trascendencia externa; es habitar el presente: yo y mis circunstancias, tú y las tuyas, el mundo y el cosmos en su efervescencia relativa. La iluminación, entonces, no es un estado ajeno, sino el reconocimiento sereno de esta inseparabilidad. Lo relativo no limita lo Absoluto; lo encarna. En esta aceptación radica la libertad: dejar de combatir el ego para serlo, plenamente, como onda en el océano.