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sábado, 13 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (148)

148/2025 -El resultado de dividir la experiencia entre lo “superior” que hay que alcanzar, y lo “defectuoso” que hay que trascender o eliminar, suele consistir en una espiritualidad y en unas ideologías que generan nuevas formas de culpabilidad, de victimismo, de dependencia, de fanatismo y de confrontación. Pregunto a la inteligencia artificial y esta es la respuesta: “A lo largo de la historia, la mente humana ha desarrollado diversas estrategias para relacionarse con aquello que está ocurriendo en cada instante. Frente a la inmediatez de la experiencia —con su mezcla inevitable de placer, dolor, incertidumbre y conflicto— surgen cuatro respuestas fundamentales. Cada una revela un modo distinto de comprender la realidad y de situarse frente a ella.

La primera es la negación o resistencia, quizá la más común y automática. Se basa en la premisa íntima de que “esto no debería estar pasando”. Este rechazo genera una fricción inmediata entre lo que es y lo que la mente quisiera que fuera. La ansiedad, la rabia, la tristeza o la adicción no son sino el eco emocional de esa lucha contra lo inevitable. Paradójicamente, cuanto más se combate un hecho, más se solidifica: aquello que resistes, persiste. Es la trampa clásica del sufrimiento humano.

Una segunda vía aparece en numerosas tradiciones espirituales no-duales —del budismo al advaita tradicional— que buscan la trascendencia espiritual. Aquí se considera que lo que ocurre, sobre todo si duele, es “ilusión”, mientras que lo Real pertenece a un ámbito inmutable y sin forma. La propuesta es disolver el yo, depurar las emociones “inferiores” y alcanzar un estado puro de consciencia. Sin embargo, como observa Puerta, esta operación genera una dualidad encubierta entre lo “real” y lo “irreal”, lo “puro” y lo “impuro”. El practicante queda dividido: un pie en la vida concreta que rechaza y otro en un ideal absoluto que nunca termina de encarnar. De este desajuste surge el conocido bypassing espiritual, una paz aparente que se desmorona ante la primera sacudida vital.

La tercera estrategia es la del estoicismo y la psicología cognitiva moderna, que proponen aceptar lo que no se puede cambiar y ajustar la propia actitud frente a ello. Es una mejora respecto a la resistencia, porque disminuye la fricción y aumenta la agencia personal. Pero aún conserva una separación fundamental: un sujeto que debe “gestionar” pensamientos o emociones desagradables. Aunque útil y pragmática, esta vía mantiene un esfuerzo continuo y no disuelve por completo la tensión entre lo que se desea y lo que hay.

La cuarta respuesta, la que Juande Puerta llama aceptación radical, no se parece a ninguna de las anteriores. Aquí la propuesta no es tolerar, transformar ni trascender lo que ocurre, sino reconocerlo como manifestación íntegra de la Realidad Absoluta. Nada queda fuera: el dolor, la vergüenza, el deseo prohibido, la violencia interior e incluso la misma resistencia forman parte del despliegue del Ser. No hay estados especiales que alcanzar, ni experiencias “correctas” o “incorrectas”. El estado presente —por más incómodo o caótico que parezca— ya es la expresión completa del Todo.

La diferencia esencial es que en las tres primeras estrategias hay una guerra: abierta, sutil o espiritual, pero guerra al fin. La cuarta termina la batalla al reconocer que no hay un enemigo real, que incluso la lucha interna pertenece al mismo campo de la realidad que intenta negar. Deja de haber un “yo defectuoso” que deba mejorarse o una experiencia inadecuada que haya que expulsar. En ese reconocimiento sin violencia, el sufrimiento deja de multiplicarse por la resistencia. A veces fluye, a veces permanece, pero ya no tiene que cargar con el peso añadido del rechazo. Y así, lo que antes parecía insoportable se vuelve, si no placentero, al menos habitable: un modo directo y desnudo de estar siendo exactamente lo que está ocurriendo ahora.” Diciembre-25
Juande Puerta.

viernes, 5 de diciembre de 2025

REFLEXIONANDO - 2025 (145)

145/2025 -La aceptación consciente (aceptar supone amar) de aquello que está siendo/sucediendo (Realidad) no paraliza las manifestaciones de la Realidad, sino que potencia una vivencia y una práctica ética más madura, sana, armónica y libre de culpabilización. La victimización resultante del rechazo y/o de la resistencia ante lo que está siendo/sucediendo, lejos de suprimir la responsabilidad personal la convierte en un factor insano y/o enfermizo. La aceptación consciente y activa del estar siendo/sucediendo particular y universal (Realidad) resulta crucial para el crecimiento personal y el bienestar emocional.
 
Reconocer y asumir la responsabilidad del control sobre la propia respuesta a los estados, los acontecimientos, las relaciones, etc., empodera al individuo, mientras que evitarlo hará que se sienta más débil, aislado, carente y dependiente. La existencia de los estar siendo/sucediendo humanos no está siendo algo “ni distinto ni separado” del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto; la conciencia de estar siendo individualidades con cualidades, experiencias y expectativas propias no nos convierte en realidades especiales ni marginales. El hecho de sentirnos “un yo” —con características propias, historia personal y deseos concretos— no significa que estemos siendo algo aparte ni distinto del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Cada individuo, con sus luces y sombras, está siendo una actualización igual de legítima y esencial del Estar Siendo Absoluto que cualquier otra forma de existencia.

La conciencia de estar siendo alguien concreto no es ni un defecto que deba superarse ni un privilegio digno de enaltecimiento; simplemente cada uno de nosotros “estamos siendo una expresión consciente” más, plenamente incluida, en la totalidad (Realidad Absoluta) que está siendo en cada instante. Nuestra existencia particular está siendo una de las formas en que la Realidad Absoluta está siendo ahora mismo. La conciencia individual no está separada de la Esencia de la surge; está siendo su expresión, igual de válida y completa que todas las demás. Reconocer y aceptar “consciente y activamente” la naturaleza individual y universal del estar siendo/sucediendo de nuestra existencia no requiere tanto de un acto de fe, como de una simple actitud de humildad, confianza y apertura. Diciembre-25
Juande Puerta.

Ensayo sobre la reflexión 145/2025 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta profundiza en la noción de aceptación consciente como pilar para una existencia armónica y empoderada. Juande Puerta sostiene que aceptar lo que está siendo o sucediendo —la Realidad— no implica pasividad, sino un acto de amor que fomenta una ética madura, libre de culpabilización. Esta perspectiva contrasta con la victimización derivada del rechazo o resistencia, que transforma la responsabilidad personal en un factor insano, perpetuando debilidad emocional y dependencia.

En el núcleo de su pensamiento yace la idea de que la aceptación activa potencia el crecimiento personal. Al reconocer que controlamos nuestras respuestas ante eventos, relaciones y estados, nos empoderamos. Evitar esta responsabilidad, en cambio, nos aísla y nos hace sentir carentes. Juande Puerta enfatiza que esta dinámica no solo afecta el bienestar individual, sino que se extiende a una comprensión universal: nuestra existencia humana no es distinta ni separada del Estar Siendo Absoluto. Sentirnos como un "yo" con historia, deseos y cualidades propias no nos marginaliza; al contrario, cada individuo es una actualización legítima y esencial de esa Realidad Absoluta.

Esta unidad ontológica implica que la conciencia individual es una expresión plena de la Esencia universal, sin defectos ni privilegios. Juande Puerta invita a una actitud de humildad, confianza y apertura para reconocer esta interconexión, sin necesidad de fe ciega. Así, la aceptación no es resignación, sino una práctica liberadora que integra lo particular con lo universal. En conclusión, la reflexión de Juande Puerta propone un camino hacia la madurez emocional y espiritual, donde la aceptación consciente disuelve ilusiones de separación y fomenta una vida ética y plena. Esta visión resuena con filosofías como el estoicismo o el advaita vedanta, recordándonos que somos manifestaciones del Todo, en constante devenir.