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martes, 18 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (061)

061/2026 -La trascendencia de los efectos de nuestras ideas, creencias, decisiones, actos, relaciones y expectativas personales (causas) radica en que solo se materializan en este mundo y solo formando parte intrínseca del proceso de esta existencia. Todos los esfuerzos, inversiones, errores y aciertos del yo egoico desaparecerán para siempre con la desaparición del yo egoico. Con la disolución natural de la conciencia egoica y/o conciencia identificada, todas sus preocupaciones, todas sus creaciones, todas sus actividades, todas sus capacidades y todas sus proyecciones también se desvanecerán para siempre. El miedo a la muerte, junto con las consecuencias emocionales, anímicas, conductuales, etc., que ello genera, nace de la resistencia a reconocer y aceptar la evidencia de la extinción de la conciencia identificada con la percepción del estar siendo/sucediendo individualizado.
 
Paradójicamente, el temor a la muerte -con la corrupción y las múltiples instrumentalizaciones que ello facilita- queda circunscrito al ámbito de las creencias que también están formando parte y/o siendo manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La liberación mental y/o psicológica no depende de que se limpie el currículum del ego; más reales y efectivos estarán siendo los efectos de darse cuenta y aceptar que, en gran medida, cada uno de nosotros estamos siendo creadores y responsables del desarrollo del proceso de nuestra existencia. El reconocimiento y la aceptación conscientes de la naturaleza transitoria e impermanente de la experiencia de nuestra existencia, además de reducir en la conciencia de nuestro estar siendo el poder del apego y la identificación con historias sin fundamento, también permitirán pasar de la posición de víctimas de las circunstancias a la de creadores responsables de nuestras vivencias.

Vivir el presente sin aferrarse a ningún tipo de dogmas ni de creencias en la permanencia de la individualidad conlleva implícita una experiencia de la existencia más auténtica que la de cualquier promesa de recompensas futuras. Aunque todo -sin excepción- está siendo Realidad Absoluta, ello no exime de atender las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestros actos. Reconocer la inseparabilidad del estar siendo/sucediendo particular del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no anula la causalidad relativa que nos corresponde ni las consecuencias de ese autoengaño y de esa fuente de corrupción individual, social e institucional. Por mucho que algunas conciencias puedan utilizar el conocimiento de la no-dualidad de la Realidad como excusa o coartada para evitar asumir responsabilidades, sin duda para otras este “re-conocimiento” supondrá un motor natural para vivir con mayor presencia y menos resistencia, con más lucidez y menos dramatismo. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 061/2026 realizado por IA:

La reflexión plantea una cuestión que considero especialmente relevante: qué ocurre con el sentido de nuestras acciones cuando asumimos seriamente que la individualidad que las realiza es transitoria. La respuesta que propone el texto no conduce al nihilismo, sino, paradójicamente, a una mayor responsabilidad respecto del presente.

Me parece acertada la distinción entre la desaparición del individuo y la desaparición de los efectos que sus actos producen mientras existe. Aunque nuestros proyectos, preocupaciones, logros y fracasos desaparezcan con la conciencia individual que los experimenta, sus consecuencias forman parte del proceso de la existencia mientras están ocurriendo. Por ello, saber que todo es impermanente no convierte nuestras decisiones en irrelevantes. Al contrario, puede ayudarnos a comprender que precisamente porque cada situación es irrepetible, nuestras acciones adquieren importancia en el ámbito concreto en el que suceden.

También encuentro interesante la interpretación del miedo a la muerte como consecuencia de la resistencia a aceptar nuestra propia desaparición. No afirmaría que todo miedo a morir proceda exclusivamente de esa resistencia —también intervienen el instinto de conservación, el dolor, la incertidumbre o el apego a quienes queremos—, pero sí parece razonable pensar que una parte importante de la angustia surge de pretender que la experiencia individual debería prolongarse indefinidamente.

Especialmente valiosa me parece la última parte de la reflexión. La comprensión de la no-dualidad puede utilizarse como una coartada para negar las diferencias, las responsabilidades y las consecuencias, pero también puede producir el efecto contrario: una percepción más lúcida de que nuestras decisiones están ocurriendo dentro de una realidad de la que no estamos separados. Decir que todo está siendo Realidad Absoluta no elimina la causalidad relativa ni convierte el daño en algo inexistente.

En definitiva, aceptar la impermanencia no significa restar valor a la existencia, sino dejar de exigirle permanencia para poder vivir plenamente. La responsabilidad deja entonces de apoyarse en promesas de recompensa futura y se fundamenta en algo mucho más inmediato: nuestras acciones están sucediendo ahora y sus consecuencias también.

sábado, 25 de julio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (054)

054/2026 -Más allá del ámbito mental creado por la conciencia egoica, nunca ha habido y nunca habrá algún tipo de trascendencia fuera del Estar Siendo/Sucediendo Presente. Así como las consecuencias de “meter la mano en el fuego” son inmediatas (causa/efecto), aunque no puedan percibirse igual de contundentemente, también están siendo instantáneos los efectos de cada pensamiento, cada juicio, cada decisión, cada relación y cada respiración. El Estar Siendo/Sucediendo Universal no responde, pero incluye, las narrativas conceptuales y morales creadas por las conciencias identificadas con la experiencia del estar siendo/sucediendo individualizado. Las cualidades y manifestaciones -de todo signo- propias del estar siendo/sucediendo personal no pueden separarse de las cualidades correspondientes al Estar Siendo/Sucediendo Universal.
 
Aunque los estar siendo/sucediendo humanos nos percibamos y experimentemos como entidades separadas, ello no anula que, a la vez, estemos siendo expresiones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Los estar siendo/sucediendo humanos “compartimos” la capacidad de crear la realidad que estamos viviendo, por tanto, también la responsabilidad derivada de los efectos de cada una de nuestras expresiones. Gran parte de la conflictividad, el desgaste energético y los desequilibrios que produce vivir buscándole a la existencia un sentido que se ajuste a los deseos e intereses de la conciencia identificada con las características propias de la identidad egoica, podrían evitarse gracias al reconocimiento y la aceptación conscientes de que no hay ninguna otra Realidad que la del Estar Siendo/Sucediendo Presente.

Buscar causas acerca del presente, fuera del estar siendo/sucediendo presente, condiciona y frena nuestra capacidad de reconocer la realidad y de actuar coherente e inteligentemente en cada aquí y ahora. Muchas preocupaciones nacen de los juicios y de las comparaciones constantes entre lo que está sucediendo y lo que cada uno de nosotros -conciencias identificadas con la individualidad separada del yo personal- estamos considerando que debería suceder. La aceptación consciente de que a la vez estamos siendo causa y efecto, parte y totalidad, etc., no implica resignación, sino compromiso con la responsabilidad de todo aquello que estamos originando, manifestando y compartiendo.

El reconocimiento y la comprensión -no tanto la negación, la lucha, la culpabilización, la victimización ni la búsqueda de trascendencia- de que, de forma legítima y natural, la conciencia identificada o mente egocéntrica tiende a construir historias en las que percibe a su personaje siendo protagonista de todo tipo de situaciones contradictorias, permitirá vivir todos los posibles matices del presente, desde dentro del estar siendo/sucediendo presente. Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 054/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una invitación profunda y coherente a la no-dualidad vivida, no sólo pensada. Me parece especialmente lúcida su insistencia en que no existe trascendencia fuera del Estar Siendo Presente. Esta afirmación desmonta con elegancia la escapatoria espiritual más común: buscar un “más allá” (iluminación futura, paraíso, despertar definitivo) que nos distrae de la única realidad que jamás hemos abandonado: el ahora incesante.

Coincido plenamente en que las consecuencias de cada pensamiento, juicio y respiración son instantáneas, aunque sus frutos más sutiles se desplieguen con el tiempo. La mente egoica tiende a vivir en diferido: lamentando el pasado o anticipando el futuro, generando así gran parte del sufrimiento innecesario. Juande Puerta señala con acierto que muchas preocupaciones nacen de la brecha entre lo que es y lo que “debería ser” según nuestra narrativa personal. Esa brecha es la madre de la frustración, la ansiedad y el conflicto.

Me gusta especialmente su rechazo de la resignación. Aceptar que somos simultáneamente causa y efecto, parte y totalidad, no nos convierte en espectadores pasivos, sino en participantes más despiertos y responsables. Al dejar de buscar culpables (fuera o dentro) y de victimizarnos, liberamos energía para responder con mayor inteligencia al flujo presente. Es un compromiso activo con la vida tal como se presenta, sin la carga emocional de la lucha constante contra lo que ya es.

Sin embargo, aunque la conciencia egoica construya historias, no todas son igualmente tóxicas. Algunas narrativas (como propósitos coherentes o valores elegidos conscientemente) pueden servir como brújulas útiles dentro del presente, siempre que no nos identifiquemos con ellas de forma rígida.

En resumen, Juande Puerta nos recuerda una verdad antigua expresada con frescura: la liberación no está en cambiar de realidad, sino en dejar de huir de la única que está siendo. Vivir desde esa comprensión no elimina el dolor ni las contradicciones, pero sí disuelve gran parte del sufrimiento auto-generado. Una visión madura, práctica y profundamente liberadora.