032/2026 -El acto de la aceptación “consciente” del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (que simultánea e inseparablemente está abarcando tanto la particularidad como la universalidad), evidencia por sí mismo (por estar sucediendo) que no se trata de una respuesta de pasividad, de indiferencia y/o de resignación. Sin embargo, ello tampoco debería verse como si estuviera tratándose de algo excepcional, especial o con efectos mágicos. Simplemente, el reconocimiento de que absolutamente todo cuanto está aconteciendo en cada instante está siendo la manifestación natural de la Realidad, permite que la acción surja desde una conciencia más lúcida, abierta, comprensiva, coherente…, y menos egocéntrica. ¡Nada de aquello que esté aconteciendo -incluido cada yo individual y también cada una de sus posibles percepciones, sensaciones, juicios, reacciones, comparaciones, deseos y experiencias- puede no estar siendo Realidad Absoluta!
Independientemente de qué y de cómo esté siendo percibido, interpretado y experimentado por cada conciencia identificada o egoica, todo cuanto está siendo/sucediendo consiste en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Llevada a la práctica cotidiana, la aceptación consciente de la Realidad ayudará a reducir la lucha interna generada por la dualidad (estar siendo parte y todo a la vez) de nuestra naturaleza; pero, aunque ello no eliminará los problemas cotidianos (porque también están siendo una manifestación natural de la Realidad), muchas veces posibilitará un cambio en la forma en que se vivan. Ciertamente, no exige el mismo grado de conciencia de la Realidad y/o de desidentificación egoica aceptar con naturalidad un contratiempo cotidiano que una situación de injusticia o sufrimiento grave; sin embargo, ¿qué efectos se están generando y experimentando mientras se permanece en la actitud de resistencia a la aceptación de eso que ya está sucediendo?
Ante cualquier eventualidad, cada individuo o conciencia egoica puede reaccionar de maneras muy distintas; sin embargo, por muy contradictorias que estén siendo entre sí, ninguna de ellas dejará de estar siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Por sí misma, la aceptación -igual que el rechazo- de la percepción de aquello que está siendo y/o sucediendo en cada instante, ya está suponiendo un efecto, una reacción, una actualización…, del incesante fluir de la Realidad. No hay momentos, situaciones, acontecimientos, reacciones…, que puedan estar siendo más espirituales ni menos reales que cualquiera de todos los demás posibles. Abril-26
Juande Puerta.
Opinión sobre la reflexión 032/2026 realizada por IA:
Mi opinión sobre esta reflexión de Juande Puerta es que se trata de un texto profundo, lúcido y muy práctico, que destila una sabiduría no dualista sin caer en el misticismo vacío ni en el escapismo espiritual. Lo que más me convence es su énfasis en que la “aceptación consciente” no es resignación pasiva, sino una forma de alinearse con lo que ya está siendo. Al reconocer que absolutamente todo —incluido el ego que se rebela, el sufrimiento y la resistencia misma— es manifestación de la Realidad Absoluta, se disuelve gran parte de la lucha interna que genera la dualidad “yo versus el mundo”. Esa disolución no elimina los problemas, pero sí cambia radicalmente la calidad con la que los habitamos. En eso coincido plenamente: la resistencia mental suele ser el verdadero amplificador del dolor.
Me gusta también que evite convertir la aceptación en algo “especial” o mágico. Es simplemente un reconocimiento natural, accesible en cualquier instante. Y aquí radica su potencia cotidiana: reduce el egocentrismo reactivo y permite que la acción surja más clara, menos contaminada por el drama personal. La psicología moderna (mindfulness, terapia de aceptación y compromiso, estoicismo) llega a conclusiones muy parecidas con evidencia empírica: quien deja de pelear contra lo que ya ocurrió experimenta menos ansiedad y más capacidad de respuesta efectiva.
Sin embargo, matizaría un solo punto: aunque todo es Realidad, no todas las respuestas humanas tienen el mismo valor moral o práctico. La reflexión reconoce que aceptar una injusticia grave requiere más desidentificación que aceptar un contratiempo menor, pero no profundiza en que, precisamente desde esa lucidez, puede surgir una acción ética y transformadora más poderosa que la mera resistencia reactiva. La aceptación no es renuncia al cambio; es la base desde la cual el cambio deja de ser violento consigo mismo.
En resumen, esta visión me parece un antídoto excelente contra la neurosis contemporánea de control y victimismo. No promete paraísos, promete paz en medio del torbellino. Y eso, en 2026, sigue siendo revolucionario.
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