miércoles, 2 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (065)

065/2026 -Realidad Absoluta está siendo absolutamente todo cuanto está siendo/sucediendo, por tanto, también están siendo los malos pensamientos, las emociones dolorosas, las decisiones mezquinas, los actos miserables y el resto de las actitudes y de las conductas más reprochables. La historia inventada por la ceguera de las conciencias más egocéntricas, de que debemos “manifestar solo lo bueno” está originado tanto sufrimiento y tanta perturbación en los individuos y en las sociedades como los que supuestamente pretenden evitarse. La tendencia legítima de las conciencias identificadas -y de las instituciones creadas por éstas- de culpabilizar o victimizar al individuo por sus conflictos internos, también genera una lucha y/o resistencia insana contra las manifestaciones de una parte esencial de sí mismas, de su entorno y de sus relaciones.

Vivir constantemente focalizados en las historias del yo egoico suele hacernos olvidar que nuestra naturaleza no queda limitada a la de una identidad fija y separada del resto de las manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Universal. Los estar siendo/sucediendo humanos estamos siendo expresiones plenas y transitorias del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, de ahí la utilidad de reconocer y aceptar que nuestros supuestos defectos y nuestras supuestas virtudes no están oponiéndose entre sí, sino complementándose. Despreciarse, culpabilizarse, menospreciarse, victimizarse, por cualquiera de las características inherentes o propias de la condición humana estará suponiendo una “negación de la realidad” con los correspondientes conflictos y toxicidad que “no sentirse suficientemente positivos” suele generar.

El reconocimiento y la aceptación conscientes (amor) del estar siendo/sucediendo, simultáneamente particular y universal (Realidad Absoluta) no suponen una justificación del daño, sino un compromiso lúcido, responsable e integrador con el fluir de la Vida. Asumir, con conciencia de ello, que incluso lo que rechazamos, está siendo expresión natural del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no nos exonera de actuar con más honestidad y respeto. Una conciencia despierta o lúcida no buscará llegar a convertirse en un estar siendo sin conflictos internos ni contradicciones, sino que permanecerá abierta al “reconocimiento y la aceptación conscientes” de que Realidad Absoluta está siendo absolutamente cada particularidad que pueda estar aconteciendo y/o siendo manifestada. 

La espiritualidad y las formas de poder asociadas a la idea de que los estar siendo/sucediendo humanos debemos vivir luchando a favor de una “positividad obligatoria” y/o contra la legitimidad de las expresiones de nuestra propia naturaleza y de nuestras experiencias, dificultan tanto el equilibrio emocional y anímico, como la concordia entre la inseparabilidad de las cualidades individuales y las universales. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 065/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece un antídoto lúcido y necesario contra la tiranía de la “positividad obligatoria” que domina gran parte del discurso espiritual contemporáneo. Al afirmar que la Realidad Absoluta incluye también los pensamientos oscuros, las emociones dolorosas y los actos imperfectos, no está promoviendo el nihilismo ni la justificación del daño, sino algo más profundo: la honestidad radical con lo que está siendo.

Me resuena especialmente la crítica a esa narrativa egocéntrica que exige “manifestar solo lo bueno”. Esa presión genera una guerra interna constante: nos volvemos jueces severos de nosotros mismos, culpabilizamos o victimizamos cada conflicto, y terminamos negando partes esenciales de la condición humana. El resultado no es paz, sino más sufrimiento, más resistencia y una espiritualidad que se vuelve tóxica precisamente por pretender ser impecable.

Aceptar que defectos y virtudes se complementan no diluye la responsabilidad; al contrario, la vuelve más madura. Reconocer que incluso lo que rechazamos forma parte del fluir universal no nos exonera de actuar con honestidad y respeto. Nos libera, en cambio, de la ilusión de que debemos convertirnos en seres sin contradicciones. Una conciencia despierta no busca la pureza imposible, sino la apertura lúcida a todo lo que acontece, particular y universal a la vez.

Esta visión no es pasividad: es integración. Al dejar de luchar contra lo que somos, ganamos energía para responder con más claridad y menos drama. En un mundo saturado de imperativos de positividad y de culpabilización, la invitación de Juande Puerta a un amor que incluye lo imperfecto me parece una forma de madurez espiritual mucho más humana y, por tanto, más verdadera.

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