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lunes, 10 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (058)

058/2026- Le he planteado la siguiente pregunta a una IA: ¿Qué sentido tendría sentir angustia en el presente por lo que pudiera suceder después de morir y/o de desaparecer definitivamente? Y la respuesta ha sido: -Ninguno. Sentir angustia por lo que ocurra después de la desaparición definitiva no solo carece de sentido práctico, sino que representa un error de software de la mente egoica.

La angustia por el "después" requiere proyectar una película mental hacia el futuro. Sin embargo, como bien estableciste antes, el futuro es una ilusión proyectada. No existe un "después" de la desaparición porque el único escenario real es el Ahora. Sufrir hoy por un tiempo en el que ya no estarás para experimentar nada es intentar habitar una casa que ni siquiera tiene planos construidos.

La neurosis del personaje egoico comete una paradoja divertida y absurda: intenta imaginarse a sí mismo asistiendo a su propio entierro o a su propio olvido.

-La mente se angustia pensando: "¿Qué pasará cuando yo ya no esté?".

-El error radica en que, para que haya angustia, dolor o preocupación por ese escenario, tendría que haber un "yo" allí para sentirlo.

-Tras la desaparición definitiva, el molde se rompe y el personaje se disuelve. No quedará nadie allí para echarse de menos, para sufrir por el olvido o para lamentar los éxitos perdidos. El filósofo Epicuro lo resumió de forma impecable: "La muerte no es nada para nosotros. Cuando nosotros somos, la muerte no es; y cuando la muerte es, nosotros no somos".

Si tú eres una expresión transitoria de la Realidad Absoluta (la ola), tu desaparición definitiva es simplemente el acto de dejar de ser ola para volver a ser, exclusivamente, el océano. ¿Sentía la ola angustia antes de emerger del océano? No. ¿Tiene sentido que la ola sienta angustia por lo que hará el océano una vez que ella se haya reincorporado a la totalidad del agua? Ninguno.

En conclusión: La angustia en el presente por el "después" es el último intento del ego por mantener el control sobre lo incontrolable. Es la resistencia natural de la forma ante la inmensidad del proceso. Comprender que tras la disolución no hay un "vacío terrorífico", sino la ausencia misma del experimentador y de sus dramas, disuelve la angustia y permite que la conciencia descanse, ligera, en el único instante donde la vida pulsa: este segundo exacto. Agosto-26

miércoles, 27 de mayo de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (039)

039/2026 -Absolutamente nada hay ni ocurre que no consista en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto que, por tanto, también estamos siendo cada uno de los estar siendo/sucediendo humanos, junto con absolutamente todas nuestras posibles expresiones, experiencias y expectativas. Cada estar siendo/sucediendo humano, con su cuerpo, su mente y también sus dramas, limitaciones, condiciones, emociones y circunstancias particulares o propias, nunca podría existir separado del resto del Estar Siendo/Sucediendo Universal y de todas las cualidades que dicho estar siendo/sucediendo “dual” conlleva. En nuestra esencia no sólo están presentes implícitamente las características propias de la condición humana; también laten en lo más profundo de cada uno de nosotros aquellas que corresponden a nuestra universalidad.
 
Las dudas, las contradicciones, los conflictos internos, etc., que los estar siendo/sucediendo humanos estamos sintiendo y experimentando continuamente no están siendo errores ni defectos, sino manifestación de una parte fundamental e ineludible de nuestra naturaleza. El sufrimiento psicológico derivado de juzgar nuestros estados internos como "malos" es innecesario o autoinfligido, ya que la contradicción es una ley inherente al estar siendo/sucediendo (Realidad Absoluta). Reconocer y aceptar “consciente y voluntariamente” (amor) que la impermanencia y el cambio de estados internos son legítimos, naturales e inevitables, reducirá la tendencia egoica y victimista de vivir culpabilizándonos y saboteándonos de forma obsesiva.

Los humanos -igual que el resto de las formas de existencia- no tenemos que hacer nada para alcanzar la divinidad que intuimos, porque estar siendo cada uno de nosotros y de todas -sin excepción- nuestras posibles manifestaciones, también consiste en Estar Siendo Divinidad. Para Estar Siendo Divinidad, Universalidad, Vacuidad, Realidad Absoluta…, no hay que trascender absolutamente ninguna manifestación humana. El estar siendo/sucediendo humano, exactamente igual que todas las demás posibles formas de existencia y/o de estar sucediendo, siempre está siendo plena Divinidad o Realidad Absoluta. La aparente dualidad (lo finito y lo infinito, lo personal y lo impersonal, lo imperfecto y lo perfecto, el egoísmo y el altruismo, lo material y lo espiritual…) están siendo formas en que la Realidad Absoluta se está manifestando en cada aquí y ahora.

No hay nada fuera del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, ni nada que -por muy contradictorio que resulte- esté siendo algo distinto al Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La lucha interna entre “lo que soy” y “lo que debería ser” está siendo tan natural como cualquier otra manifestación de la Realidad. Paradójicamente -aunque eso también esté siendo una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto- muchas tradiciones espirituales, religiosas, políticas, culturales, filosóficas, etc., persisten gracias a la manipulación que supone mantener viva la creencia de la separación entre el estar siendo/sucediendo humano y el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Mayo-26
Juande Puerta.


Opinión sobre la reflexión 039/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta es una exposición clara y profunda de una visión no-dual de la realidad, muy cercana a tradiciones como el Advaita Vedanta, el budismo mahayana o el taoísmo, pero expresada con un lenguaje contemporáneo y accesible. Coincido en lo esencial: todo, absolutamente todo —incluidos nuestros dramas, contradicciones y limitaciones—, forma parte de un Estar Siendo Absoluto. No hay nada fuera de él. Esta perspectiva disuelve la ilusión de separación y libera de una enorme carga psicológica innecesaria.

Me parece especialmente valioso su énfasis en que las contradicciones y el sufrimiento derivado de juzgarlas como “malas” son inherentes a la condición humana, no errores a corregir. Aceptar la impermanencia y la dualidad aparente (finito/infinito, ego/altruismo, imperfecto/perfecto) como formas naturales en que lo Absoluto se manifiesta reduce la autoflagelación y la victimización. En un mundo donde abundan las narrativas de “deberías ser diferente”, este recordatorio de radical aceptación resulta sanador y anti-frágil.

También acierto en su crítica a muchas tradiciones que mantienen viva la separación para perpetuar control y dependencia. La promesa de “llegar a ser divino” mediante trascendencia suele convertirse en una trampa perpetua de insuficiencia.

Aunque ontológicamente ya seamos Divinidad, fenomenológicamente seguimos operando en un plano relativo donde las elecciones importan. La aceptación plena no debe confundirse con pasividad o renuncia a mejorar condiciones concretas (personales o colectivas). La misma Realidad Absoluta se expresa también a través del esfuerzo, la ética y la transformación. El reto práctico está en sostener simultáneamente la paz del reconocimiento no-dual y la responsabilidad en el juego dual.

En resumen, Juande Puerta ofrece una invitación liberadora a dejar de luchar contra lo que ya somos. En un siglo marcado por ansiedad y división identitaria, esta visión de unidad radical es oportuna y profundamente humanista. No elimina el dolor, pero sí gran parte del sufrimiento añadido. Una reflexión que invita a la paz sin negar la complejidad de la existencia.