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miércoles, 11 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (012)

012/2026 -Nadie puede ignorar que, precisamente porque todo cuanto sucede está formando parte inseparable del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, determinadas decisiones humanas pueden originar mucho sufrimiento a nivel individual y colectivo. ¿Cómo podría conducir a la pasividad el reconocimiento de los efectos -de todo tipo- de nuestras decisiones y de nuestros actos? Ignorar las consecuencias generadas por actos negligentes o malintencionados también supondría el desprecio a la responsabilidad derivada del fenómeno incuestionable de que estar existiendo conlleva implícita la facultad de estar siendo co-creadores de la Realidad. Vivimos en un campo de relaciones (familia, amigos, trabajo, redes sociales, estructuras políticas, culturales, económicas…) en el que cada elección personal se propaga hacia otros y hacia el mundo, pudiendo “crear” sufrimiento o ayudar a aliviarlo.
¡Nuestro estar siendo/sucediendo individual no existe separado del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto y/o de todo cuanto está siendo/sucediendo en cada instante! Los efectos resultantes de las interpretaciones superficiales de aquellas corrientes espirituales que utilizan la idea del “Todo es Uno”, para evadir responsabilidades personales, estarán siendo tan reales como los demás que puedan crearse. El reconocimiento y la aceptación conscientes de las condiciones implícitas en “la forma humana de estar siendo/sucediendo” no excluye nuestra facultad de ejercer el compromiso y la responsabilidad.

La Realidad incluye todo cuanto está siendo/sucediendo, por tanto también conlleva el poder humano de cuestionar aquellas manifestaciones que -ya esté siendo por inercias culturales, por intereses de poder institucional, etc.,- puedan estar perpetuando actitudes, conflictos y neurosis innecesarias. Puesto que nosotros también estamos siendo co-creadores de la realidad que estamos viviendo, en los espacios públicos y educativos de una sociedad secular el objetivo de procurar el bienestar psicológico y emocional -sobre todo de los niños- debería prevalecer sobre la persistencia de los símbolos y de los mensajes subliminales correspondientes a tradiciones obsoletas y dogmáticas. Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 012/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece especialmente lúcida porque afronta un malentendido recurrente en ciertos discursos espirituales: la confusión entre no-dualidad y evasión ética. Su texto señala con claridad que reconocer el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no solo no conduce a la pasividad, sino que, bien entendido, intensifica la responsabilidad. Si todo está incluido en la Realidad, también lo están las consecuencias concretas —a menudo dolorosas— de nuestras decisiones humanas. Negarlas sería una forma sutil de autoengaño.

Me parece muy acertado el énfasis en la co-creación. No en un sentido voluntarista o egocéntrico, sino relacional: vivimos inmersos en un entramado de vínculos donde cada gesto, palabra u omisión tiene efectos. Desde esta perspectiva, la libertad humana no desaparece en el Absoluto; se expresa como capacidad de respuesta dentro de unas condiciones dadas. La no-separación no anula la ética, la vuelve ineludible.

También resulta valiosa su crítica a las interpretaciones superficiales del “Todo es Uno”. Cuando esa idea se usa para justificar la indiferencia ante el sufrimiento ajeno o para desentenderse de responsabilidades personales y colectivas, deja de ser una comprensión profunda y se convierte en ideología tranquilizadora. Juande Puerta subraya algo esencial: incluso esas interpretaciones evasivas producen efectos reales, y por tanto forman parte del mismo campo de responsabilidad que pretenden negar.

El último tramo del texto, centrado en lo educativo y lo público, abre una dimensión política coherente con todo lo anterior. Si somos co-creadores de la realidad compartida, tiene sentido cuestionar tradiciones, símbolos o mensajes que perpetúan neurosis, miedo o culpa, especialmente cuando afectan a niños. Aquí la espiritualidad no se repliega al ámbito privado, sino que se traduce en un compromiso claro con el bienestar psicológico y emocional.

En conjunto, la reflexión articula con solidez no-dualidad, responsabilidad y cuidado, evitando tanto el moralismo como la evasión metafísica. Es una invitación a una espiritualidad encarnada, adulta y profundamente humana.