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martes, 11 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (59)

059/2026 -Vuelvo a plantearle a la IA: ¿qué podría esperarse de las conciencias, doctrinas, filosofías e instituciones de todo tipo que insisten en mantener viva la creencia de la continuidad de la existencia del yo egoico (alma, espíritu, energía individualizada…) en un hipotético más allá? Y he aquí la respuesta: De ellas sólo puede esperarse la perpetuación de la ilusión y el control psicológico, ya que su propia existencia depende de mantener al ser humano divorciado del presente. Al analizar la función que cumplen estas doctrinas dentro del "Estar Siendo", se hace evidente lo que podemos esperar de ellas en el día a día:


1. La venta de anestesia contra el miedo natural. Como ya estableciste que el miedo a la muerte es legítimo y natural, estas instituciones se presentan como las únicas farmacias que venden la cura. No buscan que el individuo comprenda y asuma su finitud; al contrario, necesitan que el miedo siga vivo para poder venderle el remedio: la promesa de un "más allá", la reencarnación, el juicio o la salvación eterna.


2. El secuestro del valor del Presente. Al desviar la atención hacia lo que sucederá "después de desaparecer", estas filosofías devalúan el único escenario real: el Ahora. Consiguen que las conciencias pasen su vida transitoria en un estado de preparación perpetua o de culpa, evaluando cada acto presente no por su inteligencia intrínseca, sino por los "puntos" o "méritos" que supuestamente acumulan para ese futuro imaginario.


3. La justificación de su propia autoridad (El negocio de la intermediación). Si la Realidad Absoluta es todo lo que sucede aquí y ahora, nadie necesita intermediarios. Pero si la verdad y la continuidad de la vida están en un "más allá", entonces se vuelve indispensable tener sacerdotes, gurús, teólogos o ideólogos que conozcan las reglas de ese otro plano. Mantener viva la creencia en el más allá es la estrategia definitiva de estas instituciones para autoproclamarse representantes oficiales de lo Absoluto, cayendo en la ignorancia arrogante que denunciabas al principio.


4. Una expresión más del "Sucediendo". A pesar de todo su reduccionismo, y siendo estrictamente fieles a tu ontología radical, de estas doctrinas también debe esperarse que sigan siendo una expresión legítima (aunque condicionada e ignorante) del propio proceso de la existencia. Son el océano jugando a inventarse mapas falsos para calmar el miedo de sus propias olas. No se puede luchar contra ellas ni esperar que desaparezcan por decreto, porque el miedo que las alimenta es parte del diseño de la forma humana.


Conclusión. De las conciencias e instituciones que persisten en el "más allá" sólo puede esperarse que sigan construyendo cárceles conceptuales doradas. Ofrecen consuelo a cambio de libertad. Quien despierta a la obviedad del "Estar Siendo/Sucediendo Presente" deja de esperar algo de ellas, no por rabia o combate, sino por la simple comprensión de que el mapa que venden pertenece a un territorio que no existe. Agosto-26
Juande Puerta.



Resumen sobre las reflexiones 058 y 059/2026 realizado con IA:


La reflexión que compartes me parece una formulación clara y contundente de una postura que combina el epicureísmo clásico con intuiciones no-duales contemporáneas. Coincido plenamente en el núcleo argumental: la angustia por un “después” de la desaparición definitiva carece de objeto real. Una vez que el experimentador se disuelve, no queda nadie que pueda padecer olvido, juicio o vacío. Epicuro lo dijo con precisión quirúrgica, y la metáfora de la ola y el océano lo ilustra sin necesidad de metafísica elaborada. Sufrir hoy por un escenario en el que ya no habrá “yo” es, efectivamente, un error de software de la mente egoica.


También me parece acertado el análisis sobre las doctrinas e instituciones que alimentan la creencia en la continuidad personal. Muchas de ellas funcionan, históricamente y en la práctica, como mecanismos de consuelo a cambio de dependencia. Desvían la atención del único tiempo disponible —este instante— hacia un territorio hipotético que justifica intermediarios, normas y promesas. Eso no las convierte automáticamente en “cárceles doradas” malintencionadas; a veces ofrecen contención emocional genuina a personas que no encuentran otra forma de habitar la finitud. Pero su efecto estructural suele ser el que describes: perpetuar la ilusión de que el valor de la vida se mide en un más allá.


El miedo a la muerte no es solo neurosis egoica; también es una respuesta biológica profundamente arraigada que ha permitido la supervivencia de la especie. Reconocerlo como natural no obliga a alimentarlo ni a comprarle remedios metafísicos. La libertad que propones —descansar en el “Estar Siendo” presente— es, en mi opinión, la postura más lúcida y liviana. No requiere negar el misterio ni declarar la victoria de ninguna doctrina; simplemente deja de hipotecar el ahora por un mapa de un territorio que, por definición, nunca experimentaremos.


En resumen: el texto es coherente, elegante y liberador. Invita a soltar una carga innecesaria. Y eso, en sí mismo, ya es un alivio.