REFLEXIONES - 2015



1- Nada puede vivirse en este mundo que no sea aquello que cada individuo decida y, por lo tanto, que cada uno de dichos personajes haya creado de la manera exacta que lo viva.  Enero-15

2- En este “mundo de ensueño” la vida no es de ninguna manera; cada individuo la vive y/o la crea de la forma que la ve, y la ve dependiendo de cómo se perciba a si mismo. Aquí todo consiste en una proyección de la consciencia que se tiene de uno mismo. Pese a todo cuanto pueda argumentarse, la vida no cambia, sólo cambia la forma de vivir, es decir, de percibir la vida y/o a sí mismo, por lo tanto, para cambiar la manera de vivir se hace imprescindible cambiar primero el cómo percibirse. Más, para hacernos conscientes de cómo estamos percibiendo la vida y/o a nosotros mismos sólo hay que ver qué y cómo estamos viviendo.   Enero-15

3- Respecto a esa gran puerta que conduce directamente a la paz interior, la gratitud, opino que, como todo lo que no es material y efímero, no se trata de dar, tanto como de “sentir y/o de sentirse eso”. Excepto para la percepción limitada y condicionada del ego, no hay nada verdadero que pueda darse, pues al no existir algo ni alguien, que excepto aparentemente no consista en el estar siendo del Todo Uno, en realidad siempre se está compartiendo todo. Nadie puede dar algo a otro alguien salvo en el mundo imaginario y fugaz surgido con la consciencia ilusoria de la separación y de la dualidad. Sin embargo, con el sentimiento consciente y desinteresado proyectado desde la consciencia del “Estar Siendo todo Uno”, la conexión con la realidad intrínseca se hace más evidente, intensa y gozosa; entonces el sentir gratitud equivale exactamente al mismo grado de aceptación del Uno Mismo que está siendo siempre Todo.  Enero-15

4- Si ahora alguien me preguntara si estamos aquí de paso para aprender, pienso que mi respuesta sería que esas cuestiones sólo son válidas y útiles para la procurar la supervivencia de los mismos egos y/o de las mismas consciencias identificadas que se las plantean. Fuera del universo de los egos no existe un aquí, ni nadie que esté en ningún aquí, ni nada de nada que necesite ninguna razón para algo: ¡Sencillamente todo consiste en el estar siendo universal y/o que lo integra absolutamente todo! Por el mismo motivo, queda claro que, excepto en la fábula especulativa donde aparentemente existen y ocurren las cosas, todo ha estado siendo siempre más que perfecto.  Enero-15

5- La comprensión del Todo Uno conlleva el despertar de la aceptación y del miedo a la mayor responsabilidad posible, pues supone también la apertura a la consciencia de que más allá de las apariencias y de los limitados juicios humanos todo esté siendo y/o consistiendo en el ser del “Uno Mismo”. En este sentido, cuando escuchamos decir la famosa frase “Conócete a ti mismo”, deberíamos darnos cuenta de que en realidad no está refiriéndose al uno mismo personal, condicionado y mortal, sino al Uno Mismo que, con absoluta independencia de las apariencias y de las valoraciones egocéntricas, lo está siendo siempre absolutamente todo a la vez.  Respecto al anhelo de sentirse plenos y libres, por lo que yo he experimentado lo único que funciona es sentirse ilimitado en carencia de necesidades, cosa esta imposible de alcanzar en el ámbito de la identificación con los distintos personajes interpretados desde la consciencia personificada. Otro dato importante,  a tener presente en el camino del reconocimiento transpersonal, consiste en confiar sin la menor duda en aquello que vaya descubriéndose, y que, para ser verdadero, siempre debe ser positivo, pues si no lo fuera significaría que estaríamos ante una percepción indiscutiblemente errónea.   Enero-15

6- Conforme la consciencia de la Unicidad va esclareciéndose, reconociéndose, expandiéndose, abriéndose y aceptándose, los viejos paradigmas también van mostrándose necesitados de revisión, de renovación, de reinterpretación; pues ya no sirven, ya no valen, ya pesan demasiado. Otra consecuencia natural de aquello es que el ego (consciencia de individualidad separada) tampoco tiene más remedio que modificar los límites de sus antiguas zonas de confort, ya que sus grandes pilares, la culpabilización y el miedo, pierden efectividad cuando se comprende que producen bastante más dolor del que supuestamente deberían evitar. Entonces, incluso mensajes tan idolatrados y poderosos como aquel que propugna que “no hagamos a los demás lo que no queramos que los demás nos hagan a nosotros”, comienzan a tambalearse por incongruentes o desfasados. La razón de ello es tan simple o sencilla que ahora cuesta comprender cómo algo tan evidente había pasado desapercibido antes. Sencillamente queda profundamente asumido que en la Unicidad no hay ningún “todos somos uno”, pues no hay absolutamente nada excepto el estar siendo del Uno; no hay ningún nosotros, no hay ningún ellos, no hay ningún hacer a otros, no hay ningún plural. Desde la consciencia de la Unicidad se comprende que no se trata de “evitar hacer aquello mismo que no quieras recibir de otros”, sino de amarte (aceptarte) hasta el extremo de vivir eligiendo no sentir por ello miedo ni culpabilidad; se trata de amarte y vivir en todo momento según aquello que sientas con independencia de juicios, prejuicios y otras consecuencias de la identificación con la personalidad separada.    Enero-15

7- En la consciencia de la Unicidad (allí donde no existe el juicio, la diferencia ni la separación), se comprende que lo aparentemente hecho por alguien, y también el aparente hacedor de ello, no son dos realidades separadas, por mucho que en el mundo del ego eso parezca algo incuestionable. En la Unicidad nada es hecho por nadie ni hecho a otro: ¡Todo es uno! Ante la ausencia de cualquier diversidad, no prevalece nada real de lo que lamentarse, nada real que temer, nada real por lo que sentirse mal ni por lo que culpar ni culparse. Todos los conflictos humanos consisten en una consecuencia derivada de la identificación con un personaje hipotético. ¡Ahora se trata de asumir la responsabilidad de lo que significa la aceptación de estar siendo la Unicidad! En la consciencia de la Unicidad lo experimentado por alguien, aquello que se experimenta y el experimentador no son cosas distintas; no existe por separado lo que se percibe, lo que se valora, lo que se siente y lo que se experimenta en la consciencia del ego. Simplemente nadie experimenta nada que no consista en el estar siendo de la Unicidad. En la unicidad no existe el yo personal que experimenta, no existen los otros, no existen las acciones de los otros; no existen los motivos reales para envidiar, ambicionar, comparar ni sentirse mejor o peor, superior o inferior, perfecto o imperfecto. En la consciencia de la Unicidad deja de tener sentido “el no hacer a los otros lo que no quieras que los otros te hagan a ti”, pues, desde el estar siendo único, aquel mensaje se percibe como una fuente interminable de temores, culpabilidades, represiones, juicios, comparaciones, humillaciones, sumisiones, frustraciones; negaciones del Sí mismo por miedo a asumir la responsabilidad y la liberación que ello entraña. En lugar de ello: ¡Permítete Ser!  Enero-15  

8- Ser la Divinidad, ser la Unicidad, ser la Vida, etc., no consiste en ser sólo aquello que, desde la auto-concepción de individuos (egos), percibimos y calificamos de bueno, y en cambio no estar siendo también lo que etiquetamos de malo. Ser la Divinidad no significa tener que actuar de ninguna manera determinada (mejor ni peor) ni tener que reprimirse de nada. En la Unicidad no existe la necesidad del juicio que valora, diferencia, discrimina, escoge, rechaza. Todos esos recursos pertenecen al minúsculo  e ilusorio ámbito del ego. Ser la Unicidad consiste en Ser, y sólo en ser; consiste en existir, y sólo en existir, sin nada más que agregar. Todo lo demás no constituye nada más que adornos ilusorios, anecdóticos y secundarios. Ser la Unicidad significa estar siendo “a la vez” aquello que el ego (consciencia de individualidad separada) considera que es la guerra y también la paz, la enfermedad y también la salud,  la creación y también la destrucción, la alegría y también la tristeza, el afecto y también el odio; ser la Unicidad equivale a estar siendo “en Una” todas las aparentes manifestaciones y/o posibilidades separadas del universo al mismo tiempo. ¡No hay otra opción que la de aceptarlo sin entrar en valoraciones egocéntricas y discriminatorias! Es hora de dejar de idealizar y soltarse de tanto juicio y tanta predilección interesada y pueril. Es hora de desnudarse de los viejos harapos y desprenderse de las armaduras. ¡Vivir en paz y feliz no es nada más que la consecuencia de estar aceptando sin condiciones y con gratitud la consciencia de estar siendo la Unicidad Misma, sin excluir el estar siendo de absolutamente nada!   Enero-15

9- Mientras no estemos sintiéndonos el estar siendo del universo entero, será porque estaremos poniéndonos límites, estaremos negándonos a nosotros mismos, estaremos resistiéndonos a aceptar Aquello que verdaderamente somos y teniendo que asumir las repercusiones de ello en todos los ámbitos de nuestra existencia. En ese sentido, por muy loables y extraordinarios que llegaran a ser los objetivos planteados desde la consciencia de la individualidad personificada (ego), éstos siempre se corresponderán con auténticas migajas de cuanto por naturaleza está a nuestro alcance. ¡Permítete ser tú mismo sin caer en el antiguo paradigma de considerarte algo distinto y separado de lo que percibes como ajeno y diferente! Como la experiencia lleva demostrando desde hace miles y miles de años, de nada sirve vivir en base a lo que puedan hacer, decir, pensar, sentir, creer, poseer, etc., los demás, pues los demás sólo existen como tal entidad particular y externa en la manera discriminatoria de percibir y de comprender la Unicidad absoluta de la Realidad. ¡Vivir basándose en una ilusión únicamente puede producir la perpetuación de esa misma ilusión! Por ser todo Uno mismo, todo está en Uno mismo, por ese motivo considero vital guiarse por el sentir de Uno mismo antes que por el consejo de “no hacer a los demás lo que no quieras que los demás te hagan a ti”. En la Unicidad no existen los demás. En la Unicidad los demás también son Uno mismo. La existencia de los demás como entidades separadas y diferenciadas sólo es necesaria para justificar esas mismas condiciones en la propia existencia. Cuando tomamos como referencia a los demás, ¿a quiénes otros en concreto estamos refiriéndonos teniendo en cuenta la infinita diversidad de criterios, consciencias, culturas, religiones, formas de vivir, etc., que ello implica? ¿Para qué decirle a alguien que haga, sienta y viva como los demás cuando eso es imposible y además hacerlo supondría la obligación de dejarse de lado a sí mismo? ¿Qué ocurriría si, con independencia de su naturaleza esencial todas las células de nuestro cuerpo actuaran exactamente igual y/o entre ellas se entablaran relaciones de envidia, competencia, celos y todas esas barbaridades que entre los seres humanos justificamos con tanta facilidad? La Unicidad no consiste en la suma de nada, sino en el estar siendo de aquello que siempre permanece siendo Lo Único.  Enero-15   

10- He escuchado decir a conferenciantes de renombre “que cada uno de nosotros vive en todas las dimensiones a la vez”, más yo siento que aunque no seamos conscientes de ello todavía, “estando siendo todo Uno Mismo” la Realidad es que todos los seres de todas las dimensiones son el mismo y el único Estar Siendo. ¡Sólo hay un Yo, de ahí que Yo esté siendo a la vez el rico y el pobre, el enfermo y el sano, el hombre y la mujer, el fuerte y el débil, el joven y el viejo, el que nace y el que muere, el asesino y la víctima, el cruel y el compasivo, el humano y el ángel! Estando siendo Yo el único Estar Siendo, ¿acaso no estaré siendo yo también la persona “que estoy percibiendo” como si fuera mi vecino, mi jefe, mi padre, mi compañera, mi amigo, mi deportista favorito y absolutamente todas las demás posibilidades y/o aparentes formas distintas de Estar Siendo en todas las dimensiones del universo y de la Realidad, ya fueran de apariencia humana, animal, vegetal, mineral, energética…? He ahí que, entonces, cuando amo a alguien en realidad me amo a mi, cuando ofendo a alguien en realidad me ofendo a mi, cuando creo algo en realidad me creo a mi, cuando destruyo algo en realidad me destruyo a mi…, y que Estando Siendo Yo todo y todos los aparentes estares siendo, realmente nunca ceso de nacer y de morir, de crear y de destruir, de amar y de temer… pues soy lo único que Ahora mismo y siempre Está Siendo. Consecuentemente, Estando Siendo Yo el Estar Siendo Único que permanente y simultáneamente está manifestándose en forma de riqueza y de pobreza, de salud y de enfermedad, de hombre y de mujer, de trabajador y de empresario, de humano y de animal, ¿qué razón habría para continuar rivalizando y compitiendo entre sí cualquiera de esas formas de estar siendo Yo mismo? Compréndase que la mayor parte de los conflictos del ser humano nacen única y exclusivamente de la consciencia y/o concepción que el propio ser humano tiene de sí mismo, y que todo ello podría ser distinto con solo admitirlo y decidir que fuera de otro modo.  Enero-15

11- Todo cuanto ocurre en el mundo de los humanos es responsabilidad de los humanos, pues somos nosotros quienes lo decidimos y/o estamos permitiéndolo. Las desigualdades sociales de todo tipo, la destrucción del medio ambiente, así como las guerras entre países, religiones, culturas, etc., no caen del cielo ni las origina nadie más que las consciencias humanas. No hay progreso humano posible sin progreso (trascendencia) en la consciencia humana. Mientras el ser humano se tenga a si mismo por el centro sobre el cual gira su existencia (egocentrismo), ¿cómo podrá evitar ser el origen y el destino de todo aquello por lo que vive lamentándose y victimizándose? ¡Y, sin embargo, fuera del mundo de las efímeras consciencias humanas nada de eso cuenta para nada! Algún día habrá que soltarse del miedo a aceptar al auténtico Uno mismo, y también soltarse de las culpabilidades y del resto de los asideros ideados para evitar desapegarnos de los patrones establecidos e impuestos con este fin. ¡Uy, si fuese verdad que todos los seres (formas aparentes de estar siendo) fueran el único Yo Mismo, resultaría que yo sería el ladrón que me robó, la pareja que me abandonó, el empresario que me explotó, aquel familiar que murió, la enfermedad que padecí, la suerte que nunca me acompañó… y que, por lo tanto, nunca fue necesario sufrimiento ni sacrificio alguno! Más entonces, ¿de qué podría seguir lamentándome, a quién podría continuar culpando, cómo podría justificar mis actitudes y comportamientos presentes y pasados, qué soluciones mágicas necesitaría esperar del futuro? ¡Uy, socorro! ¿No sería más inteligente continuar como hasta ahora antes de arriesgarse a que todo mi mundo se hunda sin remedio? Parafraseando a Jesús: ¡Que levante la mano aquel que no esté siendo, con todo lo que estar siendo supone!   Enero-15

12- Del mismo modo que cualquier malestar interior que sintamos básicamente estará motivado por una percepción errónea de la situación, la vicisitud, la experiencia, etc., que esté viviéndose (básicamente porque estará percibiéndose y juzgándose desde la consciencia particularizada del ego), así también cada vez que en algún aspecto de la existencia apreciemos cualquier signo de dualidad (diversidad/pluralidad) podremos estar seguros de que ello estará siendo erróneamente percibido también. ¿En qué consistimos las personas, sino en una forma delimitada de percepción de la Realidad, y, por lo tanto, cómo podemos cambiar algo en nuestras hipotéticas vidas individuales, salvo cambiando la consciencia de nosotros mismos? Cuando alguien se plantea a sí mismo cuestiones trascendentales tales como: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Para qué estoy aquí? Generalmente no somos conscientes de que podemos estar partiendo de una hipótesis absolutamente ilusoria, y que, por lo tanto, todas las respuestas posibles también carecerían de ningún tipo de relación con la Realidad. ¿Acaso el hecho de que esas preguntas todavía no hayan sido respondidas satisfactoriamente a lo largo de miles de años no puede estar certificando dicha incongruencia? Desde mi punto de vista, las cuestiones anteriores obedecen a interrogantes absolutamente retóricos y erróneos, pues parten de un “estar dando por cierto” algo que, como la experiencia no deja de señalar, no tiene porqué serlo, y además, salvo por suposición, tampoco ha estado demostrado todavía. Paradójicamente, al estar dando por cierta la posibilidad de que cada uno de nosotros seamos alguien diferenciado, en lugar de asumir la posibilidad de estar siendo Algo infinitamente superior a ello, lo que estaremos consiguiendo de partida será limitarnos, condicionarnos, encasillarnos, creyéndonos un rebaño necesitado de pastores, y, lo peor de todo, sin tener consciencia de ello estaremos negando y rechazando la Realidad, a pesar de que ésta continuará permaneciendo inalterable ante tales despropósitos. En el conocimiento del Uno Mismo no se trata de saber, sino de aceptar; las preguntas sólo producen más preguntas porque su fin muchas veces consiste en no tener que aceptar el Estar Siendo todo siempre.  Enero-15

13- Sobre el mito de la diferencia entre las palabras y los hechos (en teoría siempre mejor valorados los hechos que las palabras), considero que el simple motivo de estar diferenciando entre palabras y hechos ya elimina casi por completo cualquier valoración posterior. Tanto las palabras como los hechos precisan de una fuente, de un autor,  de un actor, consecuentemente también de una intención, de una consciencia, de un fondo, de unas referencias, de una necesidad de satisfacción; pero también de los juicios y de las valoraciones de unos terceros que viven y que lo analizan todo desde sus respectivos mundos. ¿Acaso al ego, origen y finalidad de todo particular y supuesto hacer humano, no le resulta tan fácil mentir, fingir, actuar, engañarse a sí mismo, etc., con las palabras como con los hechos? ¿Acaso los hechos humanos están exentos de la apariencia, del interés oculto, de la segunda intención, de la inconsciencia y de otras manipulaciones mentales? ¡Qué tienen de real y de meritorio los actos realizados en el sueño que inventa cada personaje! Por mucho que cueste admitirlo, aquello que no fuera dicho, hecho, pensado, sentido, vivido desde la consciencia del Estar Siendo todo Uno Mismo (Unicidad), nunca dejará de consistir en una manifestación de algo básicamente personal e ilusorio. La vida no es esto ni lo otro, la vida no es así ni asá; la vida sólo Es, por ese motivo, aquello que se diga y/o se añada a continuación lo ponemos nosotros según nuestro estado de consciencia (aceptación del todo uno mismo), y quizás para que todo siga igual dentro de la infinita cantidad de aparentes cambios y de la aparente evolución de la ficción en que ocurre todo hacer y todo ocurrirle a alguien.  Enero-15 

14- En el libro de Emilio Carrillo, “Dios”, leo: “Cualquier percepción de cambio y su necesidad es una invención del ego y pura vanidad de nuestro pequeño yo. No hay necesidad de cambio, sino de evolución constante, cíclica y muy rápida”. Quisiera decir que estoy completamente de acuerdo con esas palabras, pero únicamente en cuanto respecta a la innecesariedad de los cambios. Desde mi punto de vista, tan innecesarios son los cambios como la evolución. Para mí, fuera de las fantasías o invenciones humanas tampoco existe ningún tipo de evolución, pues en la Realidad no hay principio ni final, no hay camino que recorrer, no hay meta que alcanzar: la Realidad consiste en un Estar Siendo único, sin condiciones ni finalidad alguna. La dualidad no existe, por lo tanto, tampoco ningún objetivo real (evolución) que precise ser alcanzado por nada ni por nadie. De nuevo tenemos al ser humano situándose en el centro del universo y pensando que todo se rige para dar satisfacción a sus supuestas necesidades o carencias. Nada acontece que sea algo distinto al acontecer único. De la misma manera que la creencia en la existencia de la perfección conlleva la creencia en la existencia de la imperfección, así fuera de la especulación egocéntrica no existe ningún tipo de evolución ni tampoco de involución. Aquello que estuviera sujeto a algún tipo de evolución, salvo en el mundo de la ficción no podría ser real. ¡Conócete hasta el punto de comprender que ya puedes soltarte de la aparente y estresante necesidad de cambios, de evolución y de todas las esperanzas posibles!  PD. El Estar Siendo incluye la apariencia de los cambios y de la evolución, sin que realmente se produzcan ni los unos ni los otros. Entre otras cuestiones debería recordarse que en el Estar Siendo Uno no existen ni el tiempo, ni el espacio, ni las formas ni todo cuanto supuestamente podría estar expuesto a la necesidad de los cambios y de la evolución. Enero-15

15-  Cuando se comprende y acepta que todo consiste en el Estar Siendo del Uno Mismo, las conductas competitivas, violentas y egocéntricas remiten sin más: ya no hay educación ni herencia que consiga alentarlas y perpetuarlas. La consciencia de la Unicidad lleva a poder soltarse de la supuesta necesidad de estar viviendo siempre mirando hacia lo aparentemente ajeno;  siempre comparando, siempre juzgando, siempre escogiendo, siempre discriminando, siempre compitiendo, siempre rivalizando, siempre luchando, siempre temiendo y deseando. Cuando se comprende y acepta que todo consiste en el “Estar Siendo del Uno Mismo”, aquello que antes era percibido desde la consciencia del yo personal y/o del ego, no sólo deja de tener sentido, sino que va volviéndose cada vez más difícil de justificar. “No hagas a los demás lo que no quieras que los demás te hagan a ti…” pudo tener su utilidad mientras la consciencia humana transitaba por la oscura caverna del individualismo llevado hasta el fanatismo. Percibido desde la consciencia del “Todo Uno Mismo” nada se parece a cuando dicha observación se hacía desde la consciencia del “yo soy yo y lo demás es lo demás”, pues entonces desaparecen los espejismos del tiempo, del espacio, de las formas, de los acontecimientos y todas las posibilidades de diferenciación y de separación. Estando siendo yo, y los demás, y el resto de las apariencias el Único Estar Siendo real, ¿con quién puede competirse? ¿A quién se necesita imitar ni superar ni cambiar ni perdonar ni enseñar? ¿Quién necesita de ayuda distinta a la práctica de un simple estar compartiéndose? ¿Qué sentido tiene luchar, agredir, envidiar, y todas esas acciones que para el ego (consciencia de separación) siempre estaban absolutamente razonadas?  Cuando se comprende y acepta que todo consiste en el Estar Siendo del Uno Mismo también queda comprendido y aceptado que nunca hubo ningún error, ninguna culpa; nada absolutamente de lo que ahora arrepentirse ni renegar ni desear modificar, pues simplemente la consciencia que originó y/o permitió cada vivencia no permitía ninguna otra que no fuera la que finalmente fue manifestada en el ilusorio mundo de las manifestaciones así percibidas. Pese a que, desde la fantasía de cada individualidad, estuviera siendo percibido de otro modo, realmente todo consistió, consiste y consistirá siempre en el Estar Siendo Único la Unicidad.  Enero-15

16- Dice Deepak Chopra: “Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo. Lo que más amas es lo que más deseas dentro de ti. Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución”. A mi modo de comprender, si negamos en nosotros mismos aquello que, estando, lo odiamos, tampoco hay motivo verdadero alguno para desear dentro de nosotros mismos aquello que estemos amando, pues también estará ya. Simplemente, “tanto lo que odiamos como lo que más amamos de los demás”, está dentro de nosotros, porque eso  también está siendo nosotros. Yo con mis circunstancias y los demás con las suyas no somos realidades distintas ni separadas. ¡Salvo ilusoriamente no hay ningún yo separado de nada ni de nadie porque no hay nada que no esté siendo la Unicidad Absoluta! En la consciencia del Estar Siento Todo Uno Mismo, igual que nadie puede amar a otro, tampoco otro puede amarme a mi, pues verdaderamente no existen dos seres que no sean el único Estar Siendo infinito. ¡Así ha estado siendo siempre y así continuará, por mucho que percibido desde la consciencia de cada hipotética particularidad diferenciada lleven persistiendo milenios los pensamientos y las creencias contrarias! ¿Significa esto que después de comprender “que nadie puede amar a otro” (porque en realidad no existe ningún otro distinto al Yo único universal) las personas debamos dejar de manifestar nuestros sentimientos de amor hacia los que todavía vivamos considerando nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestro rivales, es decir, otros seres? Por supuesto que no, pero quizás deberíamos comenzar a permitirnos manifestar ese amor, esa amistad, ese afecto…, e incluso ese odio, esa envidia, esos celos… desde la consciencia de que los otros y yo somos el mismo y el único Estar Siendo verdadero (no confundir con un Ser determinado), y que, por lo tanto, todo está en mi naturaleza siempre, y también todo depende de mi interpretación siempre.   Enero-15

17- ¡Ver lo que ya está! Cuando estamos refiriéndonos a la búsqueda de cosas no físicas, ante la decepción de no hallarlas muchas veces concluimos que quizás estábamos buscando en el tiempo y el lugar equivocado; pero eso quizás sólo sea debido a que partimos de la idea de que existe alguna hora y lugar que es el acertado, el correcto, el propicio. ¡De nuevo la dualidad, los juicios, las predilecciones, la discriminación, el miedo! Continuamente sentimos e intuimos que aquello que buscamos está cerca y que no podemos verlo debido a que algo externo está impidiéndolo. Sin embargo, “Estando Siendo todo Uno Mismo siempre” pienso que en estos casos sólo se trata de ver lo que ya está en “todas partes y siempre”. ¿Será que nos hemos acostumbrado a mirar con las gafas de ver sólo las apariencias, esto es, con las gafas del ego? ¡No puede haber tiempo ni lugar equivocado, pues todo está en todas partes a la vez y siéndolo todo al mismo tiempo siempre! En cualquier caso, las equivocaciones, si realmente fueran posibles (ahora mismo opino que realmente no existen), consistirían en los prejuicios, en las interpretaciones, en las creencias y en todo aquello que perteneciera y/o que condicionara el mirar y el ver. ¡Estando Siendo todo Uno Mismo siempre, ya no se trata tanto de la intención de querer ver algo en algún tiempo y lugar determinado, como de aceptar verlo ahora mismo y en cualquier lugar por la simple razón de que siempre ha estado allí y que incluso el observador está siendo eso mismo también! Miro una piedra y, si realmente quiero, puedo ver el universo entero, pues acepto en lo más profundo que todo está siendo el estar siendo de todo. Miro una hierba cualquiera y, si realmente quiero, puedo ver en ella todo el amor, toda la paz, toda la dicha y toda la plenitud capaz de comprender. ¡Se mire donde se mire, si se mira correctamente y realmente quiere verse, todo sin excepción puede ser visto aquí y ahora mismo! Mirando así, ya no existe el tiempo, ni el espacio, ni nada que no sea lo único que siempre está existiendo, sin la menor necesidad de ser algo ni alguien ni de ninguna manera ni con ningún fin ni durante ninguna vez. Sencillamente allá donde se mira se ve. ¡Si se mira desde la consciencia de la Unicidad, todo está siendo aquí y ahora!   Enero-15

18- ¿Ayudar a otros? Esto me recuerda la expresión de Jesús: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”. Sólo el ego, desde su propia percepción y función de ego, puede pensar en ayudar a otros. Para ayudar “a otros” se hace imprescindible ver a los otros como desiguales, carentes y necesitados de algo que tú posees y que te pertenece. Para ayudar “a otros” se hace imprescindible ver a los otros como egos también. En resumen: se necesita percibir a los otros como a los otros, es decir, negándoles la condición natural de estar siendo Uno con todo. ¿Qué ayuda puede proporcionarse a partir de dicha “exclusión consciencial” de la naturaleza única? En efecto, una ayuda de caridad, una ayuda de migajas, una ayuda de pobreza, una ayuda de apariencia, una ayuda religiosa y de falsos méritos, que más que ayuda lo que hace es contribuir a perpetuar las viejas creencias y los antiguos paradigmas, es decir, el origen de todo lo que supuestamente estaría pretendiéndose evitar o subsanar. ¿Ayudar a otros? La ayuda a los otros comienza en la comprensión de que los otros son el Uno Mismo conformado por todo a la vez, y que, consecuentemente, no es a los otros a quienes se ayuda, sino que todo hacer consiste en estar compartiéndose y/o Estar Siendo Uno Mismo. “…Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha...” (Mateo 6:3)  PD. Si puedes compartir con alguien la comida que necesite, hazlo, pero sin creer que estás ayudando a alguien que no estés siendo tú mismo en aquella situación que ves ajena a ti.  Enero-15

19- ¿La muerte? Estando Siendo Todo Uno, es decir, Todo Uno Mismo, es decir, todo YO mismo, ¿cómo sería posible que yo continúe viviendo cuando otra persona muere? ¿Qué significa esa aparente contradicción? ¿Qué vive y qué muere entonces? Si las otras personas y yo somos Uno, ¿por qué no muero yo también cuando lo hacen otras personas? La respuesta parece evidente: ¡Realmente no muere nadie! Percibido desde la consciencia de la Unicidad la muerte no existe; la llamada muerte no evita que todo continúe siendo Uno mismo. La muerte sólo existe como una percepción del ego (consciencia de individualidad separada). Muere la percepción. Se acaba aquello que era percibido desde una concepción determinada. ¿Acaso el ego no consiste también en el efecto de una percepción disgregada de la Realidad? Aquello que las personas o egos percibimos, interpretamos y experimentamos como la muerte (y también cualquier otra posibilidad de existencia determinada), únicamente existe formando parte de dicha especulación y/o espejismo mental. La muerte supone el final definitivo del ego, de la personalidad humana, del personaje transitorio e imaginario (nacido de sus semejantes también transitorios e imaginarios), con todo cuanto desde su propia concepción éste estuvo considerando real; pero sin serlo de esa manera. La muerte supone la prevalencia de la realidad sobre la especulación. Sin excepción posible, todo cuanto se vive desde el ego es ego también, de ahí el miedo y el dolor que los egos solemos experimentar con aquello que, desde dicha posición, denominamos la muerte. ¡Solo se puede sentir dolor ante la muerte desde la percepción del ego, porque la muerte sólo existe para el ego! En la Unicidad no existen las individualidades y tampoco las particularidades y/o las características propias de las individualidades. En la Unicidad no existe la muerte; en la Unicidad aquello que el ego considera la muerte no consiste en nada más que en el ejercicio del “Estar Siendo continuo e inalterable del Todo Uno Mismo. El Estar Siendo todo Uno Mismo no evita que, ante la muerte de una o cien personas, todo continúe Siendo Uno, sin que aquello produzca el menor cambio ni evolución en la Unicidad.  La muerte del personaje egocéntrico no hace nada más que demostrar la invariabilidad y la indivisibilidad de la Unicidad. ¡Solo percibido desde la perspectiva del ego la vida y la muerte necesitan tener algún tipo de sentido!  Enero-15

20- Conversando con una amistad: "Se que soy la paz, la felicidad, la libertad…, pero no lo siento así".  Opino que si sabemos qué somos y no lo sentimos, la cuestión que quizás deberíamos plantearnos sería, ¿a quién no estamos sintiendo entonces? Nada puede sentirse, experimentarse, vivirse, etc., que ello no consista en el Estar Siendo Todo Uno Mismo. ¡Nada puede sentirse que no esté siendo el Uno Mismo, y el Uno mismo nunca puede dejar de sentirse! Excepto el Estar Siendo Todo Uno Mismo nada más existe ni ocurre realmente. No hay nada que pueda estar siéndose, viviéndose, sintiéndose, pensándose, haciéndose, etc., que no consista en el Estar Siendo Uno Mismo, por mucho que pueda estar considerándose otra cosa bien distinta. Desde la auto-consideración y/o la auto-consciencia de estar siendo individuos o personas diferenciadas nunca se podrá permanecer sintiéndose en paz consigo mismo, ni feliz ni libre. ¡De la misma manera que ni tan siquiera en un continente cerrado el humo permanece estable, así las invenciones del ego tampoco se mantienen por sí mismas! Paradójicamente, a la vez que, desde aquella atalaya, no pueda permanecerse en el disfrute de dichos sentimientos, en cambio siempre se “Estará Siendo” aquello mismo que el personaje esté deseando alcanzar; siempre se estará siendo, no el sentir de la paz, de la felicidad y de la libertad, sino el estar siendo continuo e imperturbable de la paz, la felicidad y la libertad.  Opino que el simple deseo de sentir y/o de dejar de sentir algo determinado, por partir de la presunción de  que ello no está siendo así ya, y además exigir la presencia dualista de un personaje sentidor y/o experimentador, actúa a modo de anestésico y/o ensoñación.  Enero-15

21- “¡No pienso mendigar amor a nadie!” –me dijo-. No por poco habitual y corriente, aquella expresión me pareció tremendamente significativa. Reconozco que entonces escucharla resonó fuerte en mi interior. ¿Mendigar amor? ¿Pedir ser amados? En el mundo imaginario del ego todo es posible, pues en eso de imaginar consiste precisamente el mundo del ego. Sin embargo, comprobada una y otra vez la transitoriedad y la levedad de todo cuanto pertenece a ese ámbito ilusorio, ¿puede realmente amarse a otra persona, allí donde no existen las personas ni las supuestas necesidades, carencias, condiciones, obligaciones, etc., que pudieran afectar a esas entidades? ¡Conócete a ti mismo y comprenderás que verdaderamente sólo puedes amarte a Ti mismo; conócete a ti mismo, pues así te amarás conscientemente a Ti mismo y dejarás de sentir inconscientemente que “necesitas” el amor de otras apariencias de estar siendo, que realmente no estén siendo Tú mismo también! Nadie puede ser amado por otro, sencillamente porque no existe ese otro y tampoco el amor que pueda ser donado por otro. Los demás sólo existen como proyecciones o reflejos del Uno Mismo. No es a los demás (nuestros propios reflejos) a quienes podemos amar, ni de los que podemos necesitar recibir amor. Todo el amor que podamos creer que estamos sintiendo hacia los demás y/o necesitando recibir de los demás, nunca podrá ser otra cosa distinta al amor que estemos proyectando en esa percepción concreta y limitada del Uno mismo. Hay cosas que el ego no puede admitir ni resistir, por eso las disfraza de posibilidades aparentemente ajenas. E igual que ocurre con eso que los seres humanos llamamos amor, ocurre también con el resto de los sentimientos, de los actos y de cualquier actividad humana: que siempre estará consistiendo en el Estar Siendo del YO Único que siempre lo Está Siendo todo a la vez.  Enero-15

22- En la consciencia de la Unicidad se comprende que, aunque en el mundo de la percepción egoica parezca distinto, nada Es ni ocurre por algo ni para algo, pues nada existe ni acontece jamás que no consista en el Estar Siendo Único, sin causa ni finalidad. Los aconteceres aislados y/o personales no son reales fuera de esa manera de percibir el Estar Siendo Único. Al contrario de lo que supuestamente predomina en el universo de los egos -que todo parece necesitar de un porqué y de un para qué específicos y claros-, en la consciencia de la Unicidad nada es por alguna causa ni para alcanzar alguna meta. ¡Los ejemplos del mundo del ego no sirven para explicar ni para comprender la naturaleza de la Unicidad! En la consciencia de la Unicidad no es preciso dar las gracias a nada externo o superior (ni expresar quejas o frustración) por ningún qué y tampoco por ningún para qué, pues allí donde excepto el Estar Siendo Todo el Uno Mismo Único no existe nadie ni ocurre nada, tampoco nada precisa del juicio ni del reconocimiento de alguien. Sólo el ego necesita de razones para justificar su existencia y agradecer algo que considere ajeno y favorable a sus intereses; sólo el ego experimenta la necesidad de sentir gratitud porque esto o aquello haya ocurrido o dejado de ocurrir, ya sea porque debido a ello le será posible aprender alguna supuesta cosa ignorada, obtener algún beneficio, hacerse consciente de algo, o por cualquier otra hipotética razón. En la consciencia de la Unicidad se comprende que la gratitud se esta siendo y manifestando siempre sin otro motivo que por existir. ¡Ya es posible soltarse de todas las esperanzas humanas y de convertir esa energía en la confianza de que, más allá de cualquier juicio o apariencia, Ahora mismo y siempre ya Está Siendo todo Uno Mismo!   Enero-15 

23- Durante una conversación: “…imagínate la que se podría liar si cada uno se aceptara tal y como es. Todo el mundo ahí, siendo feliz”. Sí, pero –añado entonces-, ¿Y si resultara que nadie puede aceptarse como es, porque nadie es nadie y, por lo tanto, tampoco es de ninguna manera determinada, ya que solamente Es el Estar Siendo único, indefinido e infinito, que además nunca está siendo exactamente igual, como tampoco es la corriente de un río, la superficie del océano y ninguna de las demás posibilidades manifestadas en este mundo? ¿Y si estamos persiguiendo la quimera de poder ser un alguien, que a su vez puede ser de alguna manera concreta y continua, es decir, aquello que en el fondo es un ego? ¿Te imaginas lo que sería vivir en la fluidez y/o sin dependencia de la aparente necesitad de tener que ser alguien y de alguna manera siempre, es decir, vivir sin tener que ser nada ni de ninguna manera nunca, en la libertad absoluta de cualquier consideración particular?  ¿Y si resultara que lo que tú eres realmente careciera de las necesidades que llevas toda la vida considerando que tienes, a partir de la consideración errónea que tienes de ti? Para valorar y experimentar cualquier acontecimiento siempre se precisa una consideración de partida a partir de la cual o sobre la cual edificar todos los juicios y respuestas posteriores. Ahora bien, ¿estamos empleando las consideraciones o puntos de partida adecuados viendo los resultados que producen y/o los acontecimientos que están materializándose a lo largo de todo el mundo y de toda la historia de la humanidad? Desde una consideración personal o egoica, lo que ha ocurrido en Paris estos días, y está continuamente ocurriendo en el resto del planeta con protagonismo humano, sólo puede deberse a los efectos de la inconsciencia de sí mismos que caracteriza a los seres humanos. Sin embargo, opino que fuera del pequeño escenario percibido por nuestros limitados sentidos y consciencias egocentradas, salvo el Estar Siendo del Universo, nada más acontece nunca. (sigue)  Enero-15

24- (sigue) Durante la misma conversación: “…Me gusta creer que cada experiencia que sentimos, por dura que sea nos engrandece…”. ¡De nuevo el uso de una consideración humana siendo empleada para intentar comprender algo que sobrepasa hasta extremos ilimitados la capacidad de comprensión personal! Más no por habitual y generalizada esa expresión deja de chirriarme interiormente. Reflexionando a cerca de lo que podría significar que "cada experiencia que sentimos por dura que sea nos engrandece..." comprendo que esa creencia podría estar escondiendo una autocondena o autocastigo demasiado cruel e injusta hacia nosotros mismos. ¡Dudo que el personaje protagonista de dichas experiencias pueda engrandecerse sin variar la consciencia que tenga de sí mismo,  y también que el Estar Siendo -que realmente Está Siendo todo- necesite de aquel engrandecimiento! Paradójicamente –pienso-, quizás esté siendo la pretensión personal de ser feliz, libre, etc., la causa fundamental que dificulte llegar a esos objetivos. No se puede ser feliz ni libre ni de ninguna manera mientras exista detrás de ello el personaje que lo persigue, pues precisamente la identificación con ese sujeto imaginario y pretencioso, además de la duda de que aquello que desea no estuviera siéndolo ya, estaría impidiendo darse cuenta o el resurgir de esa consciencia. ¡Nadie merece ni necesita nada de lo que creerse alguien le hace sentirse merecedor y carente! En cambio, otra vez paradójicamente, el Estar Siendo Todo Uno, que en verdad están siendo absolutamente todas las posibilidades de ser a la vez, incluye el ser, no feliz, sino la felicidad; incluye el ser, no libre, sino la libertad; incluye el sentirse, no en paz, sino ser la paz; incluye el sentirse, no el que ama y es amado, sino ser el amor. Salvo ilusoriamente, nadie puede ser de ninguna manera mientras continúe creyéndose y sintiéndose que es ese alguien que desea algo que no está siéndolo ya. (sigue)  Enero-15

25- (sigue) La felicidad, la alegría, la confianza, no es de nadie ni es parte de nadie, por eso esos sentimientos no están sujetos a méritos, esfuerzos, sacrificios ni caprichos personales. Sólo la “consciencia de no ser nada nunca” abre la puerta a la “consciencia de estar siendo todo aquí y ahora mismo”. ¡Estando siendo TODO UNO MISMO, de nada se carece y nada más se puede ni se necesita ser! ¿Necesita ser feliz la felicidad; necesita ser libre la libertad; necesita ser paciente la paciencia? ¿Cómo se puede pretender ser feliz a la vez que estando considerándose un yo, es decir, siendo otra cosa distinta y carente de aquello que se persigue? ¡No necesitamos ser felices, porque somos la felicidad, es decir, somos la carencia absoluta de esa y de cualquier otra aparente necesidad; no necesitamos ser lo que ya somos! Los seres humanos llevamos engañándonos los unos a los otros miles y miles de años, hasta el punto de que hemos convertido esas mentiras en la base primordial de negocios, religiones, filosofías e instituciones que sobreviven opulentamente a fuerza de que dichas falacias se mantengan activas en la mentalidad de las nuevas generaciones. Puesto que somos Todo Uno Mismo, esto es, la carencia de todas las aparentes necesidades propias de la individualidad que se considera única pero separada, ¿qué estaríamos planteándonos realmente al preguntamos si somos felices? Ser, siempre se Es. Ser, nunca se puede dejar de ser. ¡Ser, o no ser…, nunca ha sido la cuestión! ¿Acaso consiste en lo mismo ser, que sentir? Ser, siempre se está siendo sin necesidad de ser nada determinado, sin embargo, sentir depende de la consciencia y/o de consideración que alguien tenga de sí mismo. ¡Aquello que no se Está Siendo tampoco puede sentirse; sentir sólo es posible gracias a que se Está Siendo!  Enero-15

26- El ego (la persona), ante cualquier supuesta experiencia puede elegir entre sentir paz y gratitud o rabia, contrariedad y envidia. El ego puede escoger sentir, pensar, imaginar e incluso experimentar todo cuanto le venga en gana; sin embargo, en su naturaleza ilusoria no puede “permanecer experimentando” absolutamente nada de lo elegido. Aquello que pertenece al estar percibiéndose y actuando desde la identificación con el yo separado siempre resulta complicado y fugaz, porque, al contrario de lo que supone Ser, las percepciones del ego carecen de existencia propia. Ante cualquier eventualidad, elegir conscientemente entre sentir paz interior (aceptación) o sentir  conflicto (rechazo) puede suponer entrar en un estado emocional calmado y placentero o en la experimentación de todo lo contrario; en cualquier caso debería comprenderse que dichos estados o sentimientos no serían tanto el efecto directo de aquello que se elige sentir, como desde la consciencia desde la que se escoge “percibirse a Uno Mismo”. Todo puede vivirse distinto dependiendo desde qué consciencia y/o desde qué “yo” esté percibiéndose Uno Mismo: desde la consciencia del yo egocéntrico, personal y mortal o desde la consciencia del YO transpersonal, indefinido e indefinible. Un ejemplo práctico: si cuando pienso que en el mundo de las individualidades –consciencias que se creen y se sienten separadas- alguien puede estar criticándome, entonces yo lograra conectar con la consciencia de que “estando siendo todo uno mismo siempre” en realidad seria yo el que estaría realizando dicho acto de crítica hacia mi mismo, entonces ¿dónde podría caber ningún tipo de conflicto, malestar, desarmonía, reacción agresiva, etc., contra aquel supuesto acto externo a mi?  Todo surge del Uno Mismo, porque no hay nada que no esté consistiendo nada más que en el Estar Siendo indeterminado e ilimitado del Todo Uno Mismo, de ahí que cualquier cosa que fuese catalogada de alguna manera siempre consistiría en un simple juicio y/o punto de vista a partir del ego como punto central de referencia.  Enero-15

27- Dice la física cuántica que “si se tira un dado, aunque únicamente se perciba una de las caras, en realidad siempre saldrán las seis caras cada vez que el dado se suelte”. A mi modo de comprender, lo que la física cuántica está afirmando es que, aunque creamos que estamos viviendo aquello que estemos percibiendo en cada momento, realmente siempre estaremos viviendo todas las posibilidades que pudiésemos plantearnos tanto consciente como inconscientemente. Este fenómeno, aparentemente tan difícil o complicado de comprender, y de aceptar desde una mentalidad cerrada, sin embargo, percibido desde la consciencia de la Unicidad queda comprendido y asumido de la forma más fácil y simple. Al Estar Siendo Todo Uno Mismo, es decir, “todo lo único que existe siendo realmente sólo Uno”, es posible darse cuenta de que, en efecto, en cada tirada salen todas las caras del dado y que también cada aparente individualidad pueda estar viviendo al mismo tiempo (Ahora Mismo) absolutamente todas las posibilidades que estén siendo percibidas y experimentadas por cada uno de los seres y/o de las formas de estar siendo la Unicidad (Todo Uno). En resumen: como bien apunta la física cuántica, sin ser conscientes de ello (porque vivimos rechazando nuestra verdadera naturaleza) cada ser humano (por la sencilla razón de que está siendo Uno con todo) está viviendo a la vez todas las experiencias que estén siendo vividas por toda la humanidad, e incluso por todo el Universo. Cada yo no es sino el único YO, y, por lo tanto, está siendo todos los yoes percibidos consciencialmente por separado. Cada ser, estando siendo en verdad el único Estar Siendo, estará siendo a su vez todos los aparentes seres particulares y también todo cuanto cada uno de esos seres consideren que está formando parte de su existencia. ¡Compréndase que cada uno de nosotros es a su vez todos los demás y que está siendo el autor y el protagonista de todo cuanto pueda percibirse y juzgarse en los demás, en el mundo y en la vida entera!   Enero-2015 

28- Así como en el cuerpo de una persona están naciendo y muriendo miles de células al mismo tiempo, sin que “el estar siendo uno” en que aparentemente ocurre ello se vea alterado, así también el “Estar Siendo Todo Uno Mismo” tampoco se modifica en lo más mínimo mientras están naciendo y muriendo millones de personas a la vez en todo el mundo y en todo el Universo. He ahí pues un ejemplo de cómo Estando Siendo Todo Uno Mismo Ahora mismo, aunque no seamos conscientes de ello –porque estemos viviéndolo desde consciencias aparentemente separadas-, en realidad el YO Único, que estamos siendo todas las formas de ser y cada una, también está naciendo y muriendo, enfermando y sanando, enriqueciendo y empobreciendo, amando y odiando continuamente, sin que –al margen de los juicios humanos- nada de ello llegue jamás a consistir en nada distinto al simple ejercicio del Estar Siendo Todo Uno, indeterminado e ilimitado. ¡No existe la muerte, no existe el destino, no existe el libre albedrío, no existe la suerte, no existe la culpa, no existe el castigo, no existe la reencarnación, no existe el karma, no existe nada que pudiera ser de alguien, porque fuera del existir del Estar Siendo Todo Uno Mismo Universal no existe nada ni nadie! Nacen, crecen, evolucionan, enferman, sufren, gozan, mueren, etc., las consciencias separadas (egos), de ahí que esos hechos y circunstancias sean percibidas también de esa manera por el resto de las consciencias separadas y sólo desde ese tipo de consciencia, aunque más allá de esas percepciones nada esté siendo realmente eso ni de esa manera. La buena nueva consiste en darse cuenta de que se puede vivir perfectamente sin esas creencias, y sin muchísimas más, que no hacen nada más que mantenernos inconscientes y esperando milagros que lleguen de fuera y en el futuro. Enero-15

29- ¿Cómo se explica que al amar, comprender, apoyar, etc., a alguien y/o a cualquier forma de existencia, nos sintamos bien interiormente con nosotros mismos, y al revés cuando hacemos algo contrario, si no fuera porque en realidad -hagamos lo que hagamos- siempre nos lo estaremos haciendo a nosotros mismos, es decir, al Estar Siendo Único que verdaderamente está siendo todo a la vez? No vale amar y comprender a unos mientras odiamos y despreciamos a otros, sin que ello esté afectándonos a nosotros mismos y originando confusión y desarmonía interior. Cualquier discusión, enfado, discrepancia, prejuicio, etc., pero sobre todo la muerte de alguna persona más o menos cercana, acostumbra a producir dolor y malestar interior, ¿no será ello debido a que tales hechos, actitudes, acontecimientos, etc., originan una especie de profundización y/o potenciación en la creencia de que somos seres separados, y, por lo tanto, en algo que no es real ni natural? Quizás el dolor por la muerte de los seres amados no se deba tanto a la muerte en sí (verdaderamente la muerte no existe) como porque todavía acentúa más la falsa y traumática creencia de que somos seres separados, distintos, solitarios, carentes y mortales. Todo cuanto potencie la ilusión de sentirnos “no estar siendo la Unicidad” –cosa que hace la supuesta muerte de lo que consideramos que son los demás- por fuerza producirá sentimientos distorsionantes de incomprensión, de rebeldía y de un profundo dolor. El malestar interior, el dolor anímico, el sufrimiento y el vació que experimenta cada individuo no puede deberse a algo ajeno y/o que le esté aconteciendo a otra persona, mientras no sea porque lo estuviera percibiendo con una profunda identificación. Por eso, puesto que realmente “Todo Está Siendo Uno Mismo”, los efectos siempre obedecen a causas propias e inconscientes. El dolor por lo que hagan otros y/o les ocurra a otros siempre se debe al despropósito de creernos un ser distinto a los demás, y, por lo tanto, que lo ocurrido es algo distinto al Estar Siendo de nuestra propia esencia o naturaleza: ¡Ser Uno!   Enero-15  

30- Suele decir E. Carrillo en sus conferencias: “Nosotros traemos a nuestra vida aquello que necesitamos para impulsar el proceso evolutivo de nuestro nivel consciencial. Todo tiene su por qué y su para qué… Todo encaja”. A pesar de que comparto con Emilio  bastantes puntos de vista, en este caso no es del todo así. Mi opinión es que ¡No traemos nada a nuestra vida, ya que aquello que podamos considerar de ese modo únicamente se tratará de juicios y discriminaciones a cerca de la vida de nadie; simples justificaciones, ya que no hay absolutamente nada particular que pueda sucederle a alguien en particular, fuera de los juicios que así pretendan hacerlo creer! La vida no es personal y nada de cuanto parezca acontecer podrá serlo tampoco. Tomarse como personal algo de cuanto pueda experimentarse –la vida- sólo ocasionará malestar y frustración. Se juzga creyendo que estamos percibiendo y juzgando algo distinto y ajeno al juzgador. No terminamos de aceptar que aquello y aquellos a los que juzgamos sólo existen como tales dentro de otro juicio o fantasía, y que realmente siempre estará juzgándose al Uno Mismo, criticándose al Uno Mismo, ignorándose al Uno Mismo, incomprendiéndose al Uno Mismo, no aceptándose al Uno Mismo, no amándose al Uno Mismo. He aquí entonces que ya podemos soltarnos también del hábito de juzgar, porque sencillamente no hay nada que juzgar (comparar con otro algo). Todo sin excepción consiste siempre en “Estar Siendo Uno Mismo”, y, puesto que realmente nada más hay que pueda ser algo distinto a Estar Siendo Uno Mismo, ¿qué puede juzgarse y con qué fin distinto al de estar negándose? Nadie puede traer nada a su vida por la sencilla razón de que la vida y aquel que cree vivirla jamás podrán ser dos cosas distintas ni separadas. No habiendo nadie, tampoco puede haber el porqué y ni el para qué de nada ni de nadie. Todas las supuestas necesidades de progreso y de evolución nacen de la fantasía de creernos entidades reales fuera del Todo Uno Mismo. ¿Miedo…?  Enero-15  

31- Ser “todo lo mismo” no significa que todo lo aparentemente distinto tenga que ser igual entre sí… sino que todo aquello, pese a la apariencia, en realidad “sólo es Uno” y, por lo tanto, que no es la suma de lo aparentado ni los juicios que se puedan realizar sobre las apariencias. ¡Ser todo lo mismo implica ser todo Uno Mismo desde antes del supuesto nacimiento de la apariencia y también después de la supuesta muerte de la apariencia! No hay dos. No hay diferencias. No hay separación. Todo permanece siendo siempre igual y lo único que ES, pues, a pesar de los aparentes cambios y evoluciones de las apariencias, la Unicidad siempre permanece inalterable. El Estar Siendo siempre todo Uno Mismo nunca se ve alterado por el fenómeno de la muerte ni por la transformación de ninguna apariencia; el Estar Siento Todo Uno Mismo lo incluye absolutamente todo. Nada hay, nada ocurre, nada real puede hacerse ni vivirse fuera del Estar Siendo del instante presente, es decir, fuera del Ahora mismo, por lo tanto, tampoco puede haber ninguna clase verdadera de la pretendida evolución de algo ni de nadie, que ello simplemente no estuviera consistiendo en el Estar Siendo Uno Mismo Ahora Mismo. El sufrimiento nos lo causamos nosotros al considerarnos seres separados, limitados, condicionados, carentes y mortales, es decir, seres imaginarios; pero además, no conformes con ello todavía, luego -actuando también desde esa concepción tan pobre e ilusa-, pretendiendo adaptar el mundo al gusto de cada uno y luchando para que las cosas sean como a cada individuo le interesen que fueran. ¡Cualquier cosa menos aceptar que ya Está Siendo Todo, y que, excepto SER, no hay nada “real” que pueda hacerse ni que pueda alcanzarse!   Enero-15

32- En la existencia no existe el existir de los demás, pues toda la existencia es Una. Sólo puede amarse a otros desde la hipótesis de estar siendo alguien con una existencia aparte. Estando Siendo todo Uno Mismo, amamos en los demás aquello que, generalmente inconscientemente, amamos en nosotros mismos, aunque, a la vez, ello seguramente esté siendo reprimido, negado, rechazado por el ego en uno mismo. Amamos en los demás aquello con lo que hay identificación y rechazamos aquello que tememos aceptar, sin darnos cuenta de que todo ello, tanto lo de un signo como lo del otro, no es real, pues el personaje que vive todo eso tampoco lo es, tal y como él mismo está considerándose a sí mismo. No existen las individualidades ni todo cuanto pueda vivirse desde la consciencia limitada, condicionada, interesada y egocentrada de tenerse por una persona. Amar a otra persona, convivir con otra persona, hacer algo por otra persona, etc., considerando que esa persona no es Uno Mismo, más tarde o más pronto sólo puede terminar originando un grado importante de decepción, de frustración, de resignación, de hastío.   Enero-15

33- El egoísmo. El egoísmo consiste en “ver a la vida, al mundo y a los demás como a la vida, como al mundo y como a los demás”, es decir, el egoísmo consiste en “no ver” a la vida, al mundo y a los demás como el Estar Siendo del Uno mismo Ahora mismo. El egoísmo consiste en ver y vivir “como real” aquello que en verdad, es decir, fuera del egoísmo, jamás podrá serlo. El egoísmo consiste en ver y vivir “como ajeno” aquello que únicamente puede ser propio, es decir, que sólo puede consistir en el Estar Siendo del Uno Mismo Ahora mismo. El egoísmo consiste en ver y vivir “como externo” aquello que no tiene ninguna otra posibilidad verdadera o real que ser interno; tan interno que nunca podrá consistir en otra cosa distinta al Estar Siendo Uno mismo y sólo el Estar Siendo del Uno Mismo siempre. Egoísmo es todo cuanto se hace, se dice, se piensa, se desea, se imagina, se vive de alguna manera, etc., desde la consideración de que es algo separado y distinto a una manifestación del Estar Siendo Uno Mismo Ahora mismo. Nadie tiene un ego; el ego es el mismo alguien que cree tenerlo. El ego no es nada más que la percepción separada y limitada que se tiene de Sí mismo, con todo cuanto ello origina y supone. El ego es el efecto de una percepción y una idea de Sí mismo completamente errónea y, por lo tanto, irreal. Sin embargo, puesto que realmente no existen las personas separadas del resto de cuanto parece existir por separado, entonces tampoco, salvo constituyendo una ficción, existe el ego ni el egoísmo. ¡He ahí que comprendiendo eso todo puede ser trascendido; todo puede soltarse con sólo soltarse del yo irreal!   Enero-15

34- El ego y el amor. El ego no es nada más que un punto de vista y/o una forma particular de percepción de la Realidad Una, por lo tanto, en sí mismo no es nada. Su naturaleza es psicológica e inestable; actúa a modo de instinto. ¿En qué consiste el amor entonces? El amor conocido por los seres humanos (egos) bien podría consistir en algo semejante a la energía resultante del nivel de ausencia de ego en la percepción, esto es, en el efecto natural emergido de la percepción de la Realidad y/o del Estar Siendo Todo Uno Mismo (ausencia de dualidad y separación). Sentir amor no es nada más que sentirse a Uno Mismo, aunque sea reflejado en aquello que puede estar considerándose algo distinto a Uno mismo. El amor alienta la consciencia de la Unicidad. Los seres humanos nos creemos diferentes a los otros porque no nos damos cuenta de que también somos los otros. Los seres humanos nos creemos mejores o peores que los otros porque no nos damos cuenta de que también somos los otros. Los seres humanos nos sentimos mejor o peor tratados por la vida porque no nos damos cuenta de que también somos la vida. Tenemos que aprender a ver la Realidad como cuando miramos al océano y no vemos cada gota de agua por separado, sino siendo todo Uno. Los conflictos humanos, y entre los humanos, y entre los humanos y el resto de la naturaleza o formas de existencia, surgen de la consciencia separada y/o de la percepción separada del Estar Siendo Todo Uno Mismo, pues, por tratarse de algo absolutamente desvirtuado e irreal, mientras persista, esa percepción jamás cesará de originar sensaciones de inestabilidad, de fugacidad y de desarmonía.   Enero-15  

35- Más allá del mundo mental e imaginario del ego (allí donde lo Uno puede percibirse como infinidad de partes distintas y con mil cualidades diferentes cada una), en verdad nada Es, ni ocurre, ni puede hacerse por algo ni para algo, pues, fuera de dicha especulación mental nada consiste en algo distinto al Estar Siendo Todo Uno sin más. Aunque vivimos en la ilusión de que todo sucede con relación a los demás, en verdad sólo podemos enfadarnos con nosotros mismos, sólo podemos discutir con nosotros mismos, sólo podemos enamorarnos de nosotros mismos, sólo podemos sentir miedo de nosotros mismos, sólo podemos encapricharnos de nosotros mismos, sólo podemos juzgarnos a nosotros mismos, y, por lo mismo, es decir, porque no existe ni ocurre ni puede hacerse nada que no consista en el Estar Siendo de la Unicidad Absoluta (Uno Mismo), tampoco es posible reírse nada más que del Uno Mismo. ¡Como humanos podemos elegir hacer aquello que nos venga en gana; sin embargo, partiendo desde la consciencia de que en verdad todo hacer siempre estará consistiendo en el Estar Siendo del Uno mismo, quizás las decisiones y sus efectos resultarían más realistas y placenteros! Alguien me comenta que, “…salvo meditar, no consigue convertir en una práctica espiritual ninguna actividad más”. Considero que, por mucho  que quizás estemos practicándolo sin consciencia, a regañadientes, negándolo, etc., aquello no es cierto. No hay hacer ni vivir que no consista en una práctica espiritual. No hay hacer ni vivir que no consista en la única práctica espiritual posible. No hay hacer ni vivir que no consista en Estar Siendo Todo Uno Mismo. No hay hacer ni vivir que, desprovisto de los juicios y valores del ego, consista en una práctica más espiritual que su opuesta. Igual tiene de práctica espiritual el acto de meditar en la naturaleza, de orar en el desierto y/o de mantenerse en silencio en cualquier lugar sagrado, como ir al baño o darse un paseo. Dejemos de diferenciar y de buscar categorías diferenciadoras, pues nada de eso evitará que todo permanezca siendo el Estar Siendo del Único Uno Mismo. Más, por lo mismo, todo puede ser meditación también.  Enero-15

36- La espiritualidad. Si realmente la espiritualidad pudiera consistir en algo determinado, entonces la espiritualidad consistiría en el Estar Siendo Ahora mismo Todo Uno Mismo, sin más. La espiritualidad en su máximo grado emerge del simple hecho o ejercicio de existir al margen de cualquier identidad concreta. La espiritualidad, por lo tanto, no exige prácticas ni conocimientos de ningún tipo. Cualquier hecho derivado de la existencia es tan espiritual como cualquier otro, incluido también el de estar haciendo sin estar haciendo algo. ¡No hay otro hacer que el de Ser, pues todos los aparentes haceres consisten en el ejercicio de Estar Siendo con absoluta independencia de los adornos y etiquetas que el ego (identificación con ser alguien) adjudique a cada apariencia de hacer! No hay ni ocurre ni puede hacerse absolutamente nada que sea más o menos espiritual que otra cosa, por la sencilla razón de que salvo Estar Siendo (existiendo indefinida e ilimitadamente) no hay ni acontece nada más. ¡Del mismo modo que no existe una actividad ni un lugar más espiritual que otro, tampoco nadie puede ser más espiritual que los demás, pues en el Estar Siendo Todo Uno Mismo no existen los seres ni ninguna otra forma limitada de existencia! La espiritualidad no admite particularidades ni la necesidad de ser algo ni alguien ni de ninguna manera ni por alguna razón. ¡Igual que ocurre con la felicidad, el hecho de creerse alguien dificulta la comprensión y el disfrute de la espiritualidad! Creerse más espiritual por realizar alguna práctica concreta, por seguir algún tipo de conocimiento y/o de líder, por leer algunos textos, por realizar algunas actividades sociales, por alimentarse de alguna forma determinada, etc., en mi opinión obedece a que todavía no se ha comprendido que, fuera de la naturaleza esencial y/o del Estar Siendo sin una identidad limitada, realmente no hay nada más. ¡Estando Siendo Todo Uno Mismo nada puede ser particular ni especial!  El despertar de la consciencia parte de la aceptación profunda de que, considerándote una individualidad separada, tú no eres el personaje de un sueño o fantasía, sino el sueño en el que un personaje vive considerándose real y con una vida propia. En ese sueño, cuando se pregunta por un quién, responder con un nombre acostumbra a considerarse normal. Ahora bien, fuera del sueño y/o la hipótesis por la que supuestamente todo el mundo es alguien y todo ocurre por algo y para algo, no existe ningún qué, ningún quién, ningún para qué, ni cualquier otra posibilidad distinta a Estar Siendo Todo Uno Mismo, sin más.  Enero-15

37- Un amigo le dice a otro: -“Yo hago esto, tú haces aquello…” A lo que el segundo le responde: -“Es una ilusión, nadie está haciendo nada”. Esas palabras, que en otro Ahora me habrían pasado desapercibidas, en éste Ahora exclaman en mi consciencia: ¡Quizás no sea tanto que nadie esté haciendo nada, como que todo esté siendo hecho a la vez y siempre por nadie! ¡Quizás no sea tanto que nada sea verdad, como que todo está siéndolo siempre para nadie! Desde la consciencia de la Unicidad se comprende que no hay nada, ni hay nadie, ni acontece nada, ni nadie hace nada… que todo ello no consista nada más que en el Estar Siendo del TODO UNO MISMO Único. A la luz de la consciencia de que Todo Está Siendo el Estar Siendo del Uno Mismo Único, ¿qué, y a quién, puede juzgarse ni envidiarse entonces por algo? ¿Qué puede lamentarse, temerse ni desearse entonces? ¿Qué puede ambicionarse, perseguirse, conseguirse o perderse entonces? ¡En la Unicidad todo es real, pero nada como se interpreta ni se escoge, porque entonces queda convertido en una simple interpretación! Anthony Blake: "Todo lo que han visto ha sido producto de su imaginación. No le den mas vueltas, no tiene sentido". –Pienso que, visto con los ojos del ego cerrados, también podría afirmarse que ¡Todo lo que pueda ser visto ha sido un reflejo del Uno Mismo, pues el Uno Mismo consiste precisamente en el Estar Siendo Siempre todo a la vez! Consistiendo todas las posibilidades de percepción en la única de estar percibiéndose a Sí Mismo, ¿puede ser visto algo que no consista siempre en el Estar Siendo del Uno Mismo, con independencia del juicio personal que surja de ello? ¡He ahí que el ser humano podría continuar existiendo sin la necesidad ni las dependencias propias de permanecer sujeto, cogido, condicionado por todo cuanto llegara a asumir como algo distinto al Estar Siendo injustificable de la Unicidad! Enero-15

38- Separación y tiempo. Separación y tiempo. Ante la imagen virtual de un grupo de individualidades espirituales en contacto físico las unas con las otras, leo: “Nunca perdimos la conexión los unos de los otros. No existe la distancia ni el tiempo, solo nos olvidamos de ello...” –Considero que si en lugar de percibirnos como si fuéramos los unos y los otros, lográramos darnos permiso para percibirnos y aceptarnos como UNO SOLO, ¿sería posible imaginar la desconexión entre unos y otros sin tener que aceptar también que ello únicamente sería posible en un supuesto absolutamente hipotético y sin tener que recurrir tampoco al “olvido” (tiempo) como posible causa para justificar aquella supuesta desmemoria? Muchas veces escucho decir eso de que “no recordamos lo que somos realmente…”. Pero, siendo que el recuerdo implica inexistencia de lo recordado, esto es, de aquello que sólo perteneciera al pasado y sólo permaneciera en el pasado, entonces, ¿quién tendría que recordar ahora, qué debería recordarse ahora y para qué esos recuerdos ahora? Manifestamos que “no recordamos lo que somos realmente…” como si realmente fuéramos algo determinado, como si realmente fuéramos alguien concreto, como si realmente fuéramos algo distinto al Estar Siendo sin más. Afirmamos que “no recordamos lo que somos realmente…” dando por sentado que somos un alguien dotado de memoria que, por lo tanto, después de múltiples técnicas y experiencias, podría llegar a recordar aquello que no existe ni existirá nunca fuera del Ahora mismo y/o del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. En el Estar Siendo de la Unicidad no puede haber nada que recordar, nadie que necesite hacerlo y tampoco nada que falte por hacerse para conseguir algo que no esté siendo ya… Ahora mismo.   Enero-15

39- Personas y religión. Ser persona y ser buena persona (la máxima aspiración de la mayor parte de los progenitores, de los educadores y de las instituciones desde hace siglos) bien podría no pasar de consistir en dos idealizaciones o creencias profundamente perniciosas, distorsionantes de la realidad y generadoras de continuos equívocos, conflictos y frustraciones. No existen las buenas personas por un lado y las malas personas por otro; de hecho, fuera del mundo imaginario de los egos humanos (consciencia de dualidad) ni tan siquiera existen las personas. Educar en base a esos criterios no tiene razón de ser. La historia demuestra que el simple hecho de creer en la existencia real de las personas, como entidades determinadas y separadas, es el origen de sentimientos tales como la discriminación, la injusticia, la rivalidad, la envidia, los celos, el desamor, la codicia, el miedo, la culpa, la violencia y toda clase de prejuicios o percepciones erróneas. ¿Cómo puede justificarse todavía que existan líderes de religiones mayoritarias en el mundo que se autoproclamen “máximos representantes de la Divinidad en el planeta”, y que se atrevan a hablar públicamente de “buenas personas” mientras las instituciones que gestionan están basadas en conceptos tales como: culpabilidad, castigo, sacrificio, esperanza, salvación…? Por si no fuera suficiente con ello, la expresión: “Nosotros somos diferentes…” –que estos días estoy escuchando de bastantes políticos refiriéndose a sus respectivos partidos- supone un contrasentido tan espectacular y una demostración tan incuestionable de la razón principal de la situación política, social, económica, cultural, etc., de la humanidad, y también un desconocimiento tan exagerado de la Realidad, que dan ganas de ponerse a dormir y no despertar hasta dentro de unos siglos. De locos no es sentirse la Unicidad (Todo Uno) en la que las personas solo son personajes de un sueño que nadie está soñando realmente; de locos es utilizar esa idea limitada de sí mismo para creer en la necesidad de dejarse manipular, de dejarse gobernar, de dejarse guiar, de dejarse explotar, de dejarse salvar, etc., por la versión propia más inconsciente, más ciega, más torpe y más asustada que podamos imaginarnos. ¡De locos es escoger sufrir sin necesidad, sólo por preferir sentirse algo distinto y separado del auténtico Uno Mismo!   Enero-15

40- Unicidad. Unicidad viene de Uno, es decir, de Único. En la consciencia de la Unicidad todo es el único Uno. Más siendo la Unicidad lo Único, la Unicidad también podría comprenderse como el UNO MISMO ÚNICO. Unicidad significa que, salvo el estar siendo Uno, todo lo demás son apariencias de particularidad y de separación. Sin embargo, "realmente", como no podría ser de otra manera, incluso las apariencias duales y separadas están consistiendo en el estar siendo del UNO inconcreto e ilimitado. En la Unicidad no existe dualidad ni pluralidad ni diversidad que no sea aparente. Por consistir la Unicidad en el Estar Siendo de todo a la vez y, por lo tanto, de nada concreto, en la Unicidad no existe el bien ni el mal, no existe lo mejor ni lo peor, no existe el tú y el yo, no existe este mundo y otros mundos, no existe esta vida y otras vidas. ¡En la consciencia de Unicidad no existe nada de lo que parece necesario e imprescindible para existir en la consciencia de la dualidad! La dualidad y el universo de diferencias e interrogantes, que aparecen al admitir esa posibilidad, sólo existen constituyendo el mundo del ego, es decir, el mundo imaginario donde la Unicidad puede percibirse, interpretarse e identificarse como dividida y separada en partes que, por muy unidas entre sí que parezcan, nunca dejan de ser realidades ilusorias. La Unicidad puede imaginarse como siendo Dios, como siendo la Realidad, como siendo el Amor, como siendo la Energía, como siendo la Consciencia… o con el nombre y la naturaleza que se prefiera, aunque permaneciendo en la consciencia de que Ello siempre estará siendo el Estar Siendo Único. En esa consciencia todo está alcanzado, nada falta, nada es necesario. ¡Absolutamente todo (incluido el yo egocéntrico) consiste en EL ESTAR SIENDO ESO ÚNICO QUE SIEMPRE ESTÁ MANIFESTÁNDOSE EN EL AHORA MISMO! Nada de pasado, nada de futuro, nada de miedos, nada de deseos, nada de culpas, nada de esperanzas, nada de premios ni de castigos. ¡SER es todo y lo único...!  No teniendo la Unicidad consciencia de sí misma (pues la Unicidad no es nada concreto) sin embargo es posible tener consciencia de la Unicidad. Nadie tiene consciencia de la Unicidad, y, sin embargo, la consciencia de la Unicidad está siendo.  Enero-15

41- No hace mucho escribí que en el camino hacia el esclarecimiento de la consciencia transpersonal “no se trata tanto de soltar nada, como de soltarse del yo personal, con todo el bagaje de falacias mentales que ello conlleva”. Hoy quiero manifestar que, por el mismo motivo, esto es, porque fuera del Estar Siendo Todo Uno Mismo indeterminado no existe ni ocurre nada determinado, también podría resultar positivo tomar consciencia de que al hablar de “percibir”, a lo que realmente estaremos refiriéndonos será a “percibirse Uno Mismo”. ¡Estando Siendo todo Uno Mismo, excepto Ello nada puede percibirse realmente! Profundizando un poco más, puesto que el Estar Siendo Todo Uno Mismo implica carencia de cualquier factor limitante (tiempo, espacio, juicio, culpa, esperanza, deseo…), el Estar Siendo real, igual que el “estar percibiéndose real”, únicamente es posible en el Ahora Mismo. El YO consiste en el Estar Siendo universal, inconcreto e ilimitado Ahora Mismo. Yo soy el Estar Siendo de Todo Uno (Unicidad) Ahora Mismo. ¡Yo soy Uno con todo lo que estoy percibiendo y experimentando Ahora Mismo! Soy Uno con todo lo que estoy percibiendo y viviendo Ahora Mismo, por lo tanto, Ahora Mismo estoy percibiéndome y viviéndome a mí mismo en todo cuanto estoy percibiendo y viviendo. He aquí que YO no soy sólo el personaje que percibe y vive, pues desde siempre he estado siendo, y continuaré siendo también a la vez (no existe la muerte del Estar Siendo), todo lo percibido y vivido -consciente o inconscientemente- “por cualquier forma de existencia y/o de Estar  Siendo”.  (Sigue) Enero-15 

42- (sigue) He aquí que YO no soy solamente aquello determinado, separado y limitado con lo que desde siempre he estado identificándome, y que, consecuentemente, siempre ha sido absolutamente normal que, mientras estaba percibiéndome de esa manera, casi nada pudiera tener sentido ni perdurara. He aquí que el YO, que nunca deja de Ser, sólo puede estar siendo el Estar Siendo Todo Uno Mismo Ahora, con absoluta independencia de que esté siendo percibido así o de cualquier otra forma. Ahora ya está alcanzado todo. Ahora ya está siendo todo. Ahora ya está percibiéndose todo. Ahora ya está siendo y percibiéndose que todo es Uno Mismo. ¡Soy Unicidad siendo y percibiendo! La vida humana actual todavía discurre entre los efectos de permanecer en la inconsciencia del Estar Siendo Todo Uno Mismo Ahora. Sólo siendo Uno con todo lo que estoy percibiendo Ahora, la existencia comienza a tener sentido y a carecer de la necesidad de juicios, de deseos y de predilecciones. ¡Todo cuanto ahora esté percibiendo, viviendo y experimentando de cualquier manera posible, eso estoy siendo yo también! Nada es ajeno ni externo al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Nadie es un cuerpo ni una mente ni nada que sea algo determinado ni de ninguna manera concreta... y, sin embargo, por Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad), también se está siendo todo eso, pues nada está separado del resto; nada está siendo algo distinto y separado de la Unicidad. Todas mis percepciones son de mí, y sólo del Mi Mismo. Todas mis relaciones son conmigo mismo. Percibimos a la vida, al mundo, a los demás y a todo cuanto experimentamos, de la misma forma que estamos percibiéndonos a nosotros mismos, esto es, de una manera disgregada, condicionada, carente, hostil, competitiva, caótica, mortal. Pienso que eso debería servir para tomar consciencia del motivo principal de la naturaleza de nuestras vivencias.  Enero-15   

43- Dualidad. Cuando se experimenta algún tipo de malestar anímico casi siempre suele deberse al efecto de una percepción errónea de la situación (¿existen las situaciones?) que supuestamente esté produciendo esa desarmonía. ¿Pueden ser aquello que las personas denominamos “situaciones” algo diferente al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo…, pueden ser (por mucho que lo parezca) algo separado, ajeno y/o externo? Mi opinión es que yo y mis circunstancias somos exactamente el mismo Estar Siendo, sin separación real posible. Pero volviendo a la causa del malestar interior que citaba al principio, considero que la forma más corriente de percibir erróneamente consiste en aquella en la que la consciencia de sí mismo se identifica que una visión dualizada de la Realidad. La visión dualista consiste siempre en una percepción distorsionada y fragmentada de la Unicidad, esto es, del Uno Mismo, de ahí que sea la causa primordial de la mayor parte de los conflictos y de las frustraciones humanas. La percepción dualista hace que yo me perciba separado del resto de la existencia y que considere “circunstancias” aquello que estoy siendo yo mismo. Profundizando un poco más en esto, puede llegar a comprenderse porqué en verdad nadie puede mantenerse feliz, en paz, alegre, etc., pues la simple intención de alcanzar dicho objetivo ya implica dualidad (separación). El deseo de algo no sólo implica la aceptación inconsciente de la existencia real de un sujeto por una parte, y del objetivo de ese individuo por la otra (dualidad y separación); tan importante como eso también resulta el hecho de que “el deseo implica identificación con la creencia en la carencia y en la necesidad” de lo deseado en la naturaleza del Estar Siendo "Ahora" Todo Uno mismo. ¿He ahí el motivo por el cual se nos dijo hace tanto tiempo que desechásemos el deseo de nuestras mentes? Si existe la necesidad de felicidad no puede existir también, de manera diferenciada, el personaje que la experimente, pues ello implica dualidad, separación e inconsciencia, esto es, el conflicto de la negación del Estar Siendo Ahora “Todo” Uno Mismo y/o la Unicidad. No existe percepción errónea que no se corresponda con la percepción errónea del YO que está siendo “Todo” Uno Mismo Ahora. Allí dónde hay una percepción dicotomizada y limitada del Sí Mismo Único, por fuerza tiene que producirse un malestar, una desarmonía, una enfermedad, una locura, una sensación de vacío y de insatisfacción, una muerte.  Enero-15

44- Dualidad: separación y desarmonía. A partir de que excepto el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, nada más hay ni ocurre realmente, ¿consiste la felicidad en eso que los seres humanos acostumbramos a sentir cuando las cosas son y/o se producen como a cada uno le viene de gusto? No lo parece, y la prueba de ello es que esos sentimientos siempre dependen de aquello “aparentemente externo” que los origina y que no acostumbran a perdurar. No hay dos Estar Siendo Todo Uno, por lo tanto, tampoco puede consistir en algo real aquello que estuviera condicionado por algo ajeno. Ser, equivale a Unicidad, porque no implica nada más que Estar Siendo, sin necesidad de ser algo ni alguien; sin embargo, el deseo, la necesidad, la experiencia de sentir algo concreto implica dualidad  -división, separación y conflicto- pues requiere la existencia de dos realidades diferenciadas entre sí: la del personaje que experimenta y la del objeto experimentado. A partir de esto, tal y cómo los individuos las percibimos, ¿son reales las supuestas necesidades emocionales humanas o simplemente obedecen a creencias asumidas como ciertas sin que verdaderamente lo sean? Las necesidades, carencias y vacío emocionales que creemos experimentar no pueden ser reales fuera de la identificación con el ego y/o con el personaje que representamos; más bien se corresponden con los efectos de la percepción dualista, separada, incompleta, ilusoria… del Uno Mismo. He aquí que en las relaciones (conscientes o inconscientes) que buscan satisfacer dichas “aparentes carencias y/o llenar aquella sensación de vacío interior” predomina la dependencia y los intereses del ego que las origina. ¿Significa eso que al carecer realmente de dichas aparentes necesidades podemos dejar de relacionarnos? Claro que no, lo que supone es que entonces la relación es inocente: con Uno Mismo. Quizás la imposibilidad de mantener un sentimiento (no importa del signo que sea) surja del esfuerzo que requiere mantener en pie la falacia de una percepción errónea o separada de la Unicidad. Por mucho que, desde la identidad egocéntrica del yo personal, nos obstinemos en sentirnos divididos y separados, la Unicidad siempre permanece presente y activa. Ocurre como con el océano, que por mucho que la fuerza del viento agite su superficie, en el momento que el aire cesa de empujar la naturaleza esencial del océano recobra su estado de calma y equilibrio naturales.  Enero-15

45- La sombra y el espejo. Existe la teoría de que la relación con los demás sirve para vernos reflejados, pues los demás hacen de espejo. Pero, “puesto que ni yo ni los demás existimos por separado realmente”, en verdad las relaciones con los demás solo pueden corresponderse con el Estar Siendo del Todo Uno. ¡He ahí que ni el reflejo ni lo reflejado son reales, por lo tanto, que también podemos soltarnos de la necesidad ficticia de juzgarnos, de castigarnos y de querer cambiarnos! Proyectamos en la percepción de los demás las cosas que “creemos que son nuestras, aunque tampoco puedan serlo fuera de esa percepción del ego”. La expresión: “Vemos la paja en el ojo ajeno antes que la viga en el nuestro…” ya no sirve. ¡Lamento decir que en esa cita histórica y también en la teoría del espejo continúa predominando la percepción y la concepción dualista de la Realidad! En la Unicidad no existen los otros, ni la vida de nadie, ni el mundo en el que creemos vivir, ni las circunstancias personales, ni nada que pueda ser juzgado ni valorado de ninguna manera; la Unicidad consiste en el Estar Siendo Ahora Todo Uno sin más. También dicen que la sombra se  manifiesta cuando vemos reflejado en los demás algo que sentimos molestarnos especialmente. Sin embargo, de nuevo, estando siendo Todo Uno, ¿qué podría percibirse, que fuera algo distinto del Estar Siendo del Uno Mismo y que, por lo tanto, pudiera considerarse de alguna forma concreta fuera de la fantasía del ego? Una cosa sería lo percibido y otra la realidad de lo percibido, pues estando siendo todo real, sólo cuando “no es nada ni de ninguna manera para nadie” puede ser Realidad. Esto debería llevarnos, de una vez por todas, a dejar de lado cualquier tipo de diferenciación y de valoración (positiva o negativa) en las supuestas percepciones del espejo. ¡Nada se percibe que no se corresponda con el Uno Mismo! Estando siendo Ahora Todo Uno Mismo, nada puede ser algo distinto al Estar Siendo del Uno Mismo, y, consecuentemente, tampoco puede tratarse de nada propio ni ajeno, bueno ni malo, mejor ni peor, acertado ni erróneo, sombra o luz, etc. El efecto espejo corresponde al mundo dualista del ego, de ahí que se produzca durante cualquier experiencia o vivencia del ego, y no únicamente con las relaciones humanas. Empleando los ojos y la mente de la consciencia identificada con el yo personal (ego) siempre estará percibiéndose dualidad, separación y oposición, pues en eso consiste la naturaleza egocéntrica. Sin embargo, por mucho que percibamos virtudes y defectos, enfermedad y salud, vida y muerte, riqueza y pobreza, belleza y fealdad, felicidad e infelicidad, lo cierto es que nada de ello será realidad y considerarlo real sólo sirve para perpetuar esa ficción. En el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no hay diferenciación ni discriminación posible; no hay nada que juzgar ni que cambiar.  Enero-15 

46- Ya que tanto nos gusta etiquetar, ¡etiquetemos! Pero entonces hagámoslo correctamente, llamando a cada cosa por su verdadero nombre. Paradójicamente, para etiquetar fidedignamente todo cuanto pudiera percibirse a través de los sentidos físicos, de la imaginación, de las emociones y de cualquier otro canal de percepción, sólo necesitaríamos una etiqueta: aquella en la que pusiera ¡SOY! Que veo a un semejante: ¡Soy! Que veo un árbol: ¡Soy! Que veo un animal: ¡Soy! Que veo un color, un sabor, una forma, un sonido, un olor, un movimiento, un tiempo, un espacio: ¡Soy! Que veo un pensamiento, un sentimiento, una emoción, un silencio, una sensación, una intuición, un recuerdo: ¡Soy! Que veo una enfermedad, un nacimiento, una muerte, una alegría, una tristeza, una felicidad, una fiesta, cualquier acontecimiento, cualquier experiencia: ¡Soy! Más, quien lo prefiera, si en su etiquetaje pretende indicar algo siempre cierto, en lugar de ¡SOY! en su etiqueta también podría poner: ¡Estoy Siendo! Mientras que a ¡Soy y/o a Estoy Siendo! no se le añada nada más, esto es, no se le adjudique ninguna supuesta identidad particular, tampoco podrá emplearse para pluralizar, calificar, limitar ni condicionar. Soy y/o Estoy Siendo lo incluye y lo integra todo de tal manera que excepto ese “Estar Siendo” no hay ni ocurre ni puede hacerse nada más.   Enero-15

47- He escuchado a bastantes personalidades ilustres de la nueva espiritualidad (¿nueva espiritualidad?) referirse al espacio entre dos pensamientos, al espacio entre dos palabras y/o al espacio entre dos sonidos como el espacio donde reside el verdadero Ser y/o la Consciencia pura. No estoy de acuerdo. Desde mi punto de vista no hay espacios entre nada, porque simplemente tampoco hay nada verdadero entre lo que pueda haber espacios. ¡No hay dos! ¿Acaso los pensamientos, las palabras, los sonidos…, pueden existir separados de su causa, y, por lo tanto, no ser su causa misma? ¡Todo es el Estar Siendo Uno! En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad) no hay espacios ni silencios ni evoluciones ni ninguna otra posibilidad de haber que la del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Todos los conflictos, los malestares y demás motivos de sufrimiento humano surgen precisamente de esa percepción, profundamente condicionada y distorsionada, consistente en ver espacios y/o separación donde nunca jamás podrá existir algo distinto a Unicidad. Unicidad significa Uno, Único, sin dos…, consecuentemente, sin partes, sin características, sin principio ni final, sin metas, sin carencias, sin necesidades y sin cualquier otra posibilidad perceptible e imaginable desde la consciencia identificada con la hipótesis especulativa de la existencia dualista, plural, diversificada, egocéntrica, finita, transitoria y mortal… comúnmente denominada ego. El estar siendo Unicidad, percibido desde el ego, está lleno de tópicos como el de que “el silencio dice más que mil palabras”, sin caer en la cuenta de que al diferenciar entre silencio y palabras lo único que está admitiéndose es la conformidad con que todo siga igual.  Enero-15

48- Los juicios, que desde la consciencia egocéntrica o dualista, no dejan de aparecer e intervenir en la percepción humana, acostumbran a producir desarmonía y dolor porque sin darnos cuenta de ello están generando percepción de división y de separación donde jamás podrán existir tales posibilidades. Los juicios, por lo tanto, suponen una especie de ataque y/o de rechazo psicológico contra la Unicidad, esto es, contra la aceptación incondicional del Estar Siendo Todo Uno Mismo. ¿Cómo podemos pretender vivir en paz y armonía cuando no solamente estamos negando nuestra propia naturaleza, sino que además vivimos esforzándonos, sacrificándonos y luchando con todas nuestras energías para conseguir cambiarla? Pese a todo, nunca podremos “ser” de una manera ni dejar de “ser” de otra, por la sencilla razón de que ni tan siquiera somos algo que pueda definirse ni nombrarse; no somos el yo personal que siempre hemos estado creyendo y defendiendo hasta la muerte. No somos aquello determinado que nos gusta, pero tampoco somos aquello que aborrecemos; no somos aquello que interpretamos como positivo, pero tampoco aquello que interpretamos como negativo.  ¡No somos el espejo de nada ni de nadie, pero tampoco lo reflejado en el espejo de algo ni de alguien! Nada es algo distinto al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, sin identidad y sin identificación. Desde mi punto de vista, de todo lo percibido desde la consciencia identificada o dualista, sólo existe la existencia; pero sin formas y sin ninguna otra característica particular. ¿Estando Siendo Todo Uno, si el ego fuese algo, qué podría ser entonces el ego? ¿Estando Siendo Todo Uno, qué puede haber y/o suceder entonces que sea mejor o peor y merecer premio o castigo, culpa o perdón? Todo cuanto creemos vivir consiste en el Estar Siendo del Uno Mismo. No existen por separado la vida y el sujeto que la vive, más, precisamente por eso, todo cuanto vivimos podría ayudar a reconocerse.    Enero-15

49- A raíz de mi insistencia en expresar que todos somos uno, y que, por lo tanto, en realidad (fuera de las percepciones y de la limitada consciencia humana) no hay dos personas que no estén siendo el único Estar Siendo Todo Uno Mismo, bastantes veces me cuestionan: “¿Acaso cuando te duele algo a ti, le duele a tu vecino también?” Parece evidente que el hecho de que mi dolor no lo sienta el vecino, ni que yo sienta el suyo, no tiene porqué significar que no estemos siendo Uno; sencillamente “no estamos considerándonos uno”.  Desde el momento que yo me considero un yo, y a mi vecino lo considero otro yo distinto, la aparente separación física, mental, psicológica, emocional, etc., que se origina, hace que cada parte sólo tenga consciencia de su aparente identidad separada. Opino que cuando me duele algo a mi, me duele a mi debido a la identificación que tengo conmigo, y que, por eso mismo, yo tampoco siento el dolor que pueda experimentar la identificación de mi vecino. Ser “todo lo mismo” no significa que todo lo aparentemente distinto tenga que ser igual entre sí… ¿Acaso por ser la misma persona tendría que dolerle a alguien todo el cuerpo a la vez? Igual ocurre en el caso de la muerte: ¡Si cuando muere alguien no mueren los demás, no se debe a que no estén siendo el mismo Estar Siendo, sino que en verdad nunca fueron las partes que se creían partes y además separadas!  ¿Acaso deja de ser alguien “el uno que es”, cuando pierde algún pelo de su cabeza y/o cuando simplemente cambia de aspecto? ¿Acaso el Universo Uno deja de ser el Universo Uno cuando muere o nace alguna estrella, cuando algún meteorito se desintegra, cuando desaparece alguna especie animal o vegetal, cuando algún bosque se quema? Por mucho que a la consciencia identificada con la individualidad le cueste percibir y aceptar la realidad, lo cierto es que todo sin excepción consiste en el mismo y el único “Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo”. ¡Soy la apariencia que nace, y también, a la vez, la que muere y la que está viviendo, pues siendo todo MI manifestación, nunca dejo de Ser y/o de Estar Siendo!   Enero-15

50- No hay nada que sea lo Manifestado por un lado y lo No-manifestado por el otro. Va siendo hora de atreverse a decir que lo Manifestado y lo No-manifestado, igual que el Todo y la Nada, igual que el 0 y  el 1, igual que el Ser y el No-ser, igual que lo consciente y lo inconsciente, igual que lo físico y lo psíquico, igual que lo subyacente y lo superficial, igual que arriba y abajo, igual que dentro y fuera, etc., sólo son dos maneras distintas de nombrar a lo mismo y lo único que realmente Esta Siendo Todo Ahora Mismo. No dualidad, no dos, no separación, no diferencia, no carencia: ¡Todo Uno Mismo Ahora Mismo! He leído que alguien decía: “Hoy es el aniversario de algo que marcó mi vida hace muchísimos años y de lo que todavía no he conseguido soltarme…” A mi modo de ver, mientras persista la identificación física, mental y emocional con el supuesto alguien (la partícula personal que creemos ser), es decir, con ese individuo al que alguna vez pudo ocurrirle algo que la vida creó concretamente para él (ufff), entonces soltarse de esa percepción egoica, dualista y errónea de sí mismo y de lo que significa SER, puede resultar una tarea tan complicada como la de pretender que otra persona se plantee desprenderse voluntariamente de una parte de su cuerpo que considere vital e imprescindible. Sólo desde la consciencia de la Unicidad (Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo), puede comprenderse que nunca hubo nada determinado que le ocurriera a alguien también determinado, y, por lo tanto, comenzar a soltarse definitivamente de las ficciones gravadas en la ilusión del tiempo. Por mucho que todo pareciera ocurrirle a quienes se creyeron el personaje que estaba viviendo aquel hecho (no importa su naturaleza positiva o negativa), lo cierto es que a nadie le ocurrió nada nunca. Todo cuanto vivimos no es nada más y nada menos que “el Estar Siendo del Uno Mismo Universal” en el que no caben personalismos, juicios, intereses ni condiciones. ¡No existen por separado la vida y el supuesto personaje que la vive! ¡Todo cuanto vivimos (sin excepción) ayuda a reconocernos, pues no somos el individuo que ahora mismo estamos creyéndonos, sino el estar siendo ahora mismo absolutamente todo a la vez (Unicidad)!  Febrero-15

51- Parece evidente que si yo (consciencia de individuo humano) puedo tener la sensación de cambiar algo en el mundo y/o en cualquier otra forma de existencia, ello únicamente sería posible debido precisamente a que aquello que yo estuviera percibiendo e interpretando como algo distinto y separado de mí, en realidad también estaría siendo  el Yo Mismo. Salvo la consciencia a cerca del Uno Mismo, nada más puede modificarse, de ahí que cualquier cambio referente a la consciencia del Uno Mismo, que Está Siéndolo Todo a la vez, repercuta en todo lo que parece “lo demás”. Con independencia del grado de consciencia desde el que se perciba (color del cristal con el que se mira), todas las percepciones son del Uno mismo; nada más puede percibirse, sencillamente porque nada más hay. La diferencia de sentimientos se debe a la diferencia de manera de ver “Ahora” la Realidad, esto es, a la manera de ver el Estar Siendo de Sí mismo, por esto depende de nosotros que nuestra vida, es decir, el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, la experimentemos como un drama, como una fiesta o como cada consciencia se lo permita así misma. Visto desde la mentalidad del yo individuo, convencido de estar viviendo su propia vida, todo resulta erróneo y conflictivo, pues dicha dicotomía jamás será real. En ese mundo ilusorio y dualista sólo queda el recurso de moverse como el péndulo que va de un extremo al opuesto, de manera que cuando las cosas nos agradan las consideramos positivas y cuando nos desagradan las consideramos negativas. La Realidad es que, fuera del juicio que así lo cataloga, nada es algo ni es de ninguna manera. ¡Nada hay… todo Es! Todo consiste en el Estar Siendo de nada concreto ni limitado. Paradójicamente, pese a que los seres humanos insistimos en manifestar nuestros grandes deseos de vivir en un mundo de paz, de libertad, de amor y de felicidad… para conseguirlo hemos optado por hacerlo desde el rol de víctimas, es decir, de egos apegados a la percepción dualista y separada de la Realidad, en la que siempre puede culparse a “lo ajeno” de todo cuanto origina el miedo a aceptar que en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no existe la posibilidad ni la necesidad de ningún péndulo.    Febrero-15

52- Sobre el ego. He oído decir que: “…ante cualquier circunstancia, el ego siempre busca un culpable”. Opino, que en lugar de eso el ego (consciencia identificada con una individualidad separada) siempre está “obligado” a sobrevivir. El  ego no puede ser una causa ni la causa de nada; el ego sólo puede consistir en un efecto involuntario e impersonal. De la misma manera que en la consciencia de Unicidad no existe consciencia de separación, sin consciencia de separación tampoco hay ego. La presencia y la actividad del ego dependen de la consciencia que prevalezca a cerca del Uno Mismo. Por no tener, el ego no tiene ni naturaleza propia, pues consiste en la ausencia de consciencia (no es algo sustancial) de la Realidad y/o de la Unicidad. Por decirlo de un modo gráfico, el ego representaría la parte vacía de la botella: allí donde no hay consciencia de “Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo”, hay ego, esto es, vacío de consciencia (¿inconsciencia?). Precisamente por dicha obligación ineludible de existencia o de supervivencia, el ego siempre supone percepciones e interpretaciones que, con independencia del signo positivo o negativo que se les atribuya, impliquen separación, juicio, comparación, preferencia, conflicto, victimismo y sus opuestos. El ego consiste en la percepción de no-Unicidad. La culpa y el perdón, el miedo y el amor, la libertad y la dependencia, el deseo y el arrepentimiento, la felicidad y el sufrimiento, la paz y la desarmonía… todos los conceptos de uso humano que quieran añadirse, bien podrían tratarse de simples consecuencias naturales del ego y/o de la ausencia de consciencia. Todo aquello que requiera de la “necesaria aceptación de la existencia de un sujeto protagonista” (yo), de un sentidor, de un experimentador, de un hacedor, etc., siempre exige también la oculta necesidad de asumir la existencia y la veracidad de sus sentires, de sus experiencias, de sus haceres, de sus vivires… y, consecuentemente, sin darnos cuenta de ello, la perpetuación de la percepción dualista, separatista, diferenciadora, victimista, santurrona, etc., con lo que justificar y defender la existencia de una consciencia identificada, esto es, la resistencia a aceptar la consciencia de Unicidad, en la realmente que no existen las individualidades ni todo cuanto estás defienden. ¡Es posible soltarse del fantasma del ego!   Febrero-15  

53- Identificación con la muerte. He escuchado: “Cuándo muere un familiar directo y/o una persona con la que se tiene algún tipo de relación, ¿cómo no vas a identificarte con ese suceso y sufrir con esa muerte?”. Opino que en estos casos deberíamos darnos cuenta de que la identificación con la muerte ya existía previamente, y que además estaba gobernando prácticamente la totalidad de nuestra supuesta existencia personal. Por ese motivo,  ante una situación como la de “esa aparente separación definitiva” con alguien amado y/o simplemente conocido, lo extraño seria no experimentar un profundo dolor y una angustiosa sensación de pérdida. ¿Acaso no llevábamos toda nuestra vida entrenándonos para reaccionar de ese modo y no soltarnos por nada del mundo de la identificación con cualquier experiencia que pareciera estar afectándonos de algún modo, a nosotros…, pobres individualidades separadas del resto? Pero –como ya he escrito en alguna otra ocasión-, por consistir la Realidad en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (donde verdaderamente no existe la muerte ni nadie que pueda morir), quizás delante de la partida de alguien el dolor no proceda tanto de la muerte en sí, como del hecho auto-agresivo de, al tomárnoslo de ese modo erróneo, con ello estar reforzando la identificación con la creencia en la posibilidad irreal de la separación (nunca habida ni posible), esto es, con la causa fundamental de todos nuestros conflictos y aflicciones. ¡Si mi amigo muere y yo sigo con vida, cómo no vamos a ser dos seres distintos y separados en lugar de Estar Siendo Siempre la Unicidad! –exclama la consciencia egoica, dependiente (como siempre) de esa percepción limitada y distorsionada de la Realidad, esto es, atrapada en la necesidad de victimizarse y de seguir justificando la naturaleza de sus viejas, resignadas y dolorosas reacciones. E igual que acostumbramos a responder con respecto a la idea de la muerte, también solemos repetir el mismo patrón de conducta en relación con el resto de las experiencias (enfermedades, accidentes, ruptura de parejas, perdida de trabajo, etc.) a las que, como si fueran algo distinto y/o sobrevenido a nuestra propia esencia, habitualmente culpamos de causarnos dolor y un profundo malestar interior. ¡Todo está siendo Uno siempre; nada hay ni ocurre fuera del Uno Mismo nunca!  Febrero-15

54- La creación y la muerte. Dios no creó nada. La idea de la creación no tiene sentido fuera del déficit de consciencia y/o de la mentalidad egoica. Sólo la naturaleza fragmentadora y separadora del ego (pues la percepción dividida y separada conforma su propia imagen y su semejanza) puede imaginar una Divinidad definida, diferenciada y separada de Sí Misma. La idea de la creación planteada por las religiones supone la admisión inconsciente de la existencia real de la dualidad y también de la separación entre un dios determinado y su hipotética creación. ¡Ya basta de seguir identificados con algún tipo de creación, pues eso implica que nuestra existencia estaría incluida en dicha falacia y dificulta el darnos cuenta de que nunca han existido ni existirán seres distintos a la propia Divinidad! Creernos parte de la creación nos condena a tener que peregrinar por una vida ilusoria padeciendo las consecuencias de creerse la mentira de haber sido expulsados del paraíso de nuestra propia consciencia. Dios y su supuesta creación, sin llegar nunca a ser algo determinado, siempre son Uno, esto es, lo Mismo y lo Único que verdaderamente Está Siendo siempre. Otra idea que tampoco tiene razón de ser, y que demuestra lo arcaico del tinglado mental predominante, es aquella por la que se pretende que Dios creara el mundo a lo largo del tiempo. ¡No existe la creación ni el tiempo ni nada que no consista única y exclusivamente en el Estar Siendo “Ahora” Todo Uno Mismo! He aquí que también podemos “soltarnos” de esa creencia y de todo cuanto de un modo sibilino y subliminal implica y genera en el mundo ficticio de la dualidad y de la separación. Ya es posible comprender que para continuar existiendo (pues al fin y al cabo dejar de existir es lo que más asusta al yo identificado) “no necesitamos” seguir creyendo en nosotros como individualidades. Muy al contrario, paradójicamente es la creencia y la identificación con la individualidad diferenciada aquello que jamás podrá continuar existiendo: lo único que puede morir. ¡Mueren las apariencias de la dualidad; nunca el Estar Siendo Unicidad!  Febrero-15

55- “La felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien” –John Lennon-. Aunque con matices, comparto el fondo de esta afirmación, pues, Estando Siendo Ahora Todo Uno Mismo, realmente no existe ningún "alguien" distinto del Uno Mismo Único y, por lo tanto, tampoco nada que no consista en Ser sin más. En la consciencia de Unicidad no es necesaria ni la felicidad, ni el personaje que la pretende sentir y tampoco nada de aquello que pudiera proporcionarla. ¡Todo es Uno! En verdad jamás existirá nada que sea ni que acontezca fuera del Uno Mismo Único; más sólo creer lo contrario hace que la consciencia invente y busque en un “fuera imaginario” todo cuanto estando siendo ya Realidad, sin embargo parece invisible y exigente de existencias y de acontecimientos externos. Querer y/o desear algo, implica permanecer enredado en la consciencia del supuesto de que existe alguien real deseando algo de lo que cree carecer en su propia naturaleza (algo que no esté siendo ya), cosa realmente falaz, y, consecuentemente, distorsionante y enfermiza. ¿He ahí el origen de las sumisiones, de los apegos y de las dependencias emocionales humanas? ¿Cómo se puede carecer, es decir, no estar siendo uno mismo, aquello de cuya existencia se es consciente? La consciencia de la felicidad, del amor, de la paz, de la libertad, de la gratitud, etc., jamás podría alcanzarse ni intuirse si no fuera porque “ya se está siendo uno con ello”. ¡Paradójicamente, el simple hecho de desearlo podría estar demostrando que, más allá del teatro y de la apariencia, lo que realmente está haciéndose no es deseándolo, sino temiendo ser también eso mismo, y, por lo tanto, tener que admitir que siempre existió la carencia de su necesidad!  Ser, significa estar siendo ahora mismo todo a la vez con absoluta independencia de que ello se asuma desde la consciencia que lo acepta o desde la inconsciencia que lo rechaza. Sólo la inconsciencia que rechaza estar siendo la felicidad y todas las demás posibilidades (incluido todo aquello que aborrecemos), puede pretender alcanzar un estado de felicidad (ser feliz), pues ello evidencia la incomprensión de que el simple hecho de pretenderlo condena a la identificación con un personaje carente y separado de lo que busca: un pobre ser desdichado, es decir, una percepción del sí mismo absolutamente ilusoria, egoísta y victimista. ¡En el mundo de la percepción dualista puede ser coherente pretender ser alguien particular y además ser feliz y/o de cualquier otra manera determinada de ser; sin embargo, en la consciencia de la Unicidad eso mismo se vuelve absolutamente imposible, innecesario e incoherente!  Febrero-15

56- Vivir las circunstancias cotidianas. En la consciencia de la Unicidad no existen eso que las personas conocemos como las circunstancias, las vivencias, las vicisitudes, las experiencias, las situaciones ni los acontecimientos de la vida de nadie, pues, todo cuanto pudiera percibirse de esa manera pertenecerá a una percepción realizada desde la consciencia fragmentada, separada e ilusoria de la individualidad. En la consciencia de la Unicidad, Estando Siendo Ahora Todo Uno Mismo (carencia absoluta de dualidad y de conflicto), nada puede verse como algo distinto ni separado de la consciencia que supuestamente está percibiéndolo, experimentándolo, etc., porque sencillamente nada consiste en algo ajeno al Estar Siendo del Uno Mismo Único. Y tampoco nada puede afectar (ni en positivo ni en negativo), por la sencilla razón de que el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo incluye y/o integra todas las posibilidades en su misma naturaleza, de manera que no existe por un lado la percepción y la vivencia de lo que está aconteciendo, y por otro lado el personaje que cree estar percibiéndolo y experimentándolo. ¿Cómo podría haber choque o conflicto entre dos partes cuando en verdad no existe nada más que una Realidad, esto es, cuando no hay dualidad ni separación alguna? Del mismo modo que no puede haber mayor felicidad que la resultante de la innecesariedad absoluta de cualquier grado de felicidad, así tampoco es posible mayor plenitud de vida que aquella en la que toda vivencia carezca de la menor obligatoriedad de algún juicio y/o valoración personal. En la consciencia de la Unicidad nunca está ocurriéndome nada a mí, porque entonces YO también estoy siendo eso que, percibido desde la consciencia dualista y/o egoica, parece estar sucediéndole a un personaje. Viviendo desde la identificación con la consciencia de la indivi-dualidad separada, resulta muy complicado desapegarse de las actitudes del victimismo, del pobre de mí y de la sensación de un vacío interior (que nada consigue llenar), con las que tan fácil resulta poder culpar y justificar cualquier supuesto acontecer y cualquier posible respuesta. He aquí que también es factible soltarse de la identificación con la “aparente necesidad de sentir” discriminando entre experiencias agradables o desagradables, pues cualquiera de esas opciones siempre resultaría de un juicio erróneo o ajeno al Estar Siendo del Uno Mismo Único.   Febrero-15 

57- Adicción a creerse especial. Vivir en el mundo de la consideración propia de estar siendo una individualidad (percepción egoica o dualista) ¿acaso no supone vivir en el mundo particularizado de la consideración de ser especial, esto es, algo único y separado del resto de la multiplicidad de elementos también únicos, separados, especiales? Nada que objetar a esa elección; sin embargo, ¿cómo salir entonces de la dependencia y de las condiciones subliminales que imponen el apego a esa auto-consideración, esto es, de esa adicción a las percepciones condicionadas y egocéntricas de la Realidad? En ese caso, ¿cómo salir del laberinto imaginario aparecido con la identificación a ultranza con una existencia fraccionada en infinitas apariencias virtuales? Creerse individualidades, es decir, seres especiales en lugar del Estar Siendo Único, conlleva implícita la necesidad inconsciente -pero imperativa-, de experimentar sentimientos especiales, de adquirir pertenencias especiales, de tener relaciones especiales, de realizar actividades especiales, de desear acontecimientos especiales, de vivir días especiales, etc., como si verdaderamente hubiera algo más especial que el simple, sencillo y natural hecho de Estar Siendo sin más. Paradójicamente, las tremendas e ingentes complicaciones de nuestra supuesta existencia especial (individual y separada) podrían desaparecer con el mero hecho de eliminar de nuestra consciencia la etiqueta donde pone “yo”.  Estando Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad), por mucho que Ello pueda percibirse e interpretarse de infinitas formas aparentemente distintas (especiales), lo cierto es que sólo es posible Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad). He ahí la razón por la que elegir Unicidad equivale a elegir experimentarse paz, armonía, plenitud, carencia de carencias…,  mientras que elegir dualidad supone elegir experimentar la adicción a las condiciones de vida que caracteriza  a esta última manera especial de percibirse. ¿Qué supone la adicción a la identificación con un ser particular o especial, sino la adicción a las percepciones egoicas, esto es, a una percepción del Sí Mismo conflictiva, carente, dividida y separada, victimista, etc., causa y efecto de aquellas manifestaciones de las que la humanidad lleva milenios cansina y enfermizamente dependiente?  Febrero-15  

58- El amor dual o humano. El amor entre dos personas siempre estará siendo idealizado; en el amor sin idealismo ni condiciones sólo se puede Estar Siendo Uno. No es posible admitir la existencia del dos sin tener que asumir también los correspondientes intereses y condiciones impuestos por aquella elección; por lo tanto, sin la obligación de percibir el amor como algo limitado y sublimizado por aquella misma mente que abrazó la posibilidad de la dualidad. Realmente no hay otros, de ahí que en verdad “el amor a los otros consista en el Amor con condiciones al Uno mismo”, que lo está siendo absolutamente todo a la vez, aunque, por hacerlo desde la creencia en la separación y/o desde la consciencia del ego, esté percibiéndose de manera fragmentada y limitada. ¿Acaso cuando dos seres afirman amarse no sienten lo más parecido que existe a la atracción de experimentarse como si fueran el mismo Estar Siendo? ¿Acaso no consiste el sentimiento del amor en la energía que tiende a mantenerlo todo Unificado? Aquello que, por muy elevado y maravilloso que parezca, pueda vivirse como algo externo, ajeno, separado…, siempre consistirá en una percepción errónea, egoísta, dual, conflictiva, victimista, inconsciente e ilusoria del Uno Mismo. La persona que “busca y cree necesitar” el amor de otras personas lo que realmente está expresando consiste en la propia “necesidad y apremio interior” de aceptar la Unicidad en Sí Misma (necesidad de merecer amarse/aceptarse), esto es, la necesidad de asumir la consciencia de su Estar Siendo Uno con Todo, con lo que poner fin al doloroso peregrinar por el árido y solitario desierto de la consciencia egoica. Amar significa aceptarse sin condiciones, esto es, aceptar que todo está siendo manifestación del Uno Mismo. Nadie puede dar AMOR, porque no hay amor que pueda darse ni nadie que pueda darlo y tampoco nadie que pueda recibirlo. Ya es posible soltarse de la pesada y ficticia carga de la ilusoria necesidad de amar a otros y de ser amados por otros, esto es, de la creencia en que ello no está siendo ya de la manera más natural y sin la necesidad de ninguna intención ni demostración por parte de algún personajillo que viva considerándose a sí mismo una entidad especial, y, consecuentemente, carente de algo. Más, por no existir dos seres separados, sino el Estar Siendo Único ¿en qué podría consistir entonces el deseo y la relación sexual, más o menos amorosa, aunque casi siempre expresión de una consciencia dualista?  Febrero-15 

59- Ego y miedo. No hay hacer humano, por muy elevado que parezca, que, realizado desde la consciencia del yo particular y separado, no pertenezca al mundo mental y transitorio de las actividades egoicas. Pero darse cuenta de eso tampoco significa que haya que molestarse ni afligirse, pues, más allá de esa apariencia, la Realidad permanece inalterable. Comprender el hecho de que la mayor parte de nuestra existencia haya estado controlada, gobernada, dirigida por los efectos de una percepción errónea del Uno Mismo y/o de la Realidad, también podría asumirse con una profunda satisfacción. El ego (el individuo que creemos ser y también todas las identificaciones que esa percepción limitada del Uno Mismo haya adoptado como propias y auténticas) no tiene porqué considerarse como algo negativo ni ajeno y separado de la Unicidad, pues nada hay ni ocurre que no consista en el Estar Siendo Unicidad. ¡No hay juicio humano que, salvo aparentemente, sea más acertado ni más erróneo que otro! El ego no es nada más que el efecto de una percepción condicionada (juicio) de lo que somos realmente, de ahí que su naturaleza ilusoria y transitoria no tenga en qué sustentarse y siempre esté generando más y más ficción. Leo: “Al miedo hay que vencerlo poco a poco”. Mi opinión es que al miedo hay que amarlo, es decir, aceptarlo, como a Ti mismo, pues, aunque percibido desde la consciencia dualista pueda interpretarse de otro modo, en verdad nada está siendo nunca algo distinto al Estar Siendo del Uno Mismo. Amar significa aceptar sin condiciones, esto es, aceptar que todo está siendo siempre el Uno Mismo ilimitado, en el que, por lo tanto, no existe el protagonismo de ningún sujeto y tampoco nada que sea necesitado por alguien ni que falte por hacerse por parte de nadie. ¡Nada es algo ni de ninguna manera fuera del juicio que así hace creerlo y que también obliga a experimentar las consecuencias de dar por cierta esa fantasía!  Febrero-15 

60- Osho: “Si te sientes feliz es por ti, si sufres es por ti, si te sientes dichoso es por ti, nadie ni nada mas es el responsable de como te sientes... tu eres el cielo o el infierno”. Percibida la Unicidad desde la consciencia egoica o dualista (identificación con una individualidad única, pero diferenciada y separada del resto), siempre aparecen diferentes perspectivas o posibilidades de interpretación opuestas, entre las que “aparentemente” (porque no es verdad) existe la necesidad ineludible e inexcusable de escoger: sentirse feliz o infeliz, sentir sufrimiento o sentir dicha, sentir alegría o sentir tristeza, sentir envidia o sentir solidaridad. Por supuesto que la inmensa mayoría de los seres humanos (consciencia identificada) siempre optaremos por la elección de sentir aquello que juzguemos como mejor y/o que nos produzca más satisfacción y bienestar personal. Curiosamente la elección nunca coincidirá en todos los casos. Ahora bien, ¿no consistirá en “crear esa oferta múltiple e ilusoria” (entre la que luego necesitar elegir), el truco que empleamos las consciencias egocentradas para continuar dentro del laberinto del que a la vez afirmamos desear salir? ¿En base a qué sería preciso escoger cuando en la Unicidad no hay nada entre lo que pudiera distinguirse ninguna diferencia? ¿Y si –como si fueran nubes pasando- en lugar de elegir entre los conceptos, los pensamientos, los sentimientos, los deseos, las dudas, las sensaciones, etc., que vemos pasar y/o reflejarse en la pantalla de nuestra consciencia, simplemente nos limitásemos a percibir su tránsito sin juzgar, sin clasificar, sin escoger, sin preferir…, esto es, sin entrar en el juego ilusorio de optar por la creencia en la desigualdad, en la aparente diversidad de la separación, en la negación de Estar Siendo Todo Unicidad? ¿Qué diferencia real podría apreciarse entre un sentimiento y otro cuando no se admitiera juicio ni necesidad de elección entre distintas percepciones de la Unicidad? No estamos acostumbrados a vivir sin elegir, sin tomar partido, sin identificación ni apego, sin la necesidad de necesitar; sin embargo, estoy convencido de que prescindir de esos viejos recursos no significa que nuestra existencia tuviera que ser necesariamente menos plena y dichosa. Al elegir una opción, inconscientemente siempre se está eligiendo y asumiendo (creando) la falsa existencia también de la opuesta, por lo tanto, reforzando la ficción de la dualidad, de la separación, del conflicto, del victimismo, de la carencia, de la desarmonía. Propongo elegir no elegir; propongo elegir no identificación ni apego con ninguna posibilidad…, elegir no dualidad, elegir no conflicto, elegir Unicidad. ¡Elegir ni cielo ni infierno!  Febrero-15 

61- Espiritualidad y tiempo. Referente al supuesto camino espiritual ascendente de regreso a casa, pienso que cuando verdaderamente siempre se habría estado en lo más alto de la escalera, ¿qué peldaños tendrían que ir subiéndose poco a poco hasta llegar arriba? Pero, ¿realmente hay peldaños que puedan subirse y alguien que pueda hacerlo? ¿No estará sirviendo esa hipótesis de excusa a la consciencia identificada para no dejar de moverse, pero sin avanzar, para así no tener que reconocer la Realidad en la que todos esos espejismos dejan de ser necesarios? En la conciencia de la Unicidad la idea de la existencia de alguien, que supuestamente tiene que regresar a algún lugar o estado, no tiene razón de ser. Referente a la hipotética necesidad de evolución humana o espiritual, ¿qué puede haber de cierto en aquello que estaría sujeto, no sólo a la existencia concreta de alguna entidad determinada, sino también al paso del tiempo? En el Ahora mismo no existen ni el pasado ni el futuro ni el presente ni nada que pudiera consistir en algo específico y delimitado. En el aparente devenir del Ahora el personaje y/o la consciencia identificada con el pasado y con el futuro, con la culpa y con el perdón, con el amor y con el rencor, con el miedo y con el amor, “únicamente existe como una hipótesis” y nada más. Se dice que muchas veces el malestar, el sufrimiento, la desarmonía, la frustración, la enfermedad…, nacen del recuerdo del pasado y del deseo proyectado en el futuro; pero de aquello que no existe realmente (el tiempo y las circunstancias concretas) ¿cómo podría surgir algo con existencia real que pudiera experimentar alguien que tampoco existe fuera de una hipótesis? En el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad) no existe la posibilidad de una existencia delimitada ni de dualidad ni de los efectos propios de esas maneras distorsionadas de percibir la Realidad, de ahí que sólo pueda experimentarse en la identificación con la consciencia que, al suponerlo, lo crea. Generalmente, el deseo de comprender algo es precisamente aquello que impide la comprensión de ese algo que quiere ser comprendido por alguien. Sin embargo, precisamente porque todo está siendo única y exclusivamente el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo: ¡Compréndete a ti mismo y todo estará siendo comprendido ya; ámate a ti mismo y todo estará siendo amado ya!   Febrero-15

62- La enfermedad. Llama la atención que, a pesar de que la investigación clínica y la ciencia médica no dejan de realizar grandes descubrimientos fisiológicos y de “sacar al mercado” nuevos medicamentos, sin embargo las enfermedades continúan manifestándose. Cuando parece que se encuentran los remedios para curar una patología, en alguna parte del mundo aparece otra nueva que parece responder a las circunstancias de ese tiempo. Esto me lleva a pensar a cerca de la verdadera naturaleza de la causa de las enfermedades. ¿Las enfermedades, e incluso los accidentes, pueden estar originados por causas externas y/o ajenas? ¡Percibida la existencia desde la consciencia de la Unicidad, resulta fácil comprender que nada es ajeno ni externo al Uno Mismo, sino el Estar Siendo natural y continuo del Uno Mismo Único e incondicional! Todo cuanto sea percibido como algo concreto, determinado, definible, cognoscible, etc., visto de esa manera, por fuerza surge y pertenece al mundo ilusorio del ego y/o de la consciencia dualista. Entonces, ¿podría encontrarse en el ego, esto es, en la percepción individualizada y separada del Uno Mismo (fragmentada e ilusoria), la causa de aquello que las personas conocemos e identificamos con el nombre de enfermedades físicas, psíquicas y emocionales…, inexistentes como tales en la consciencia de la Unicidad? ¿Podría ser que el origen de las enfermedades –también las que cada ego pudiera heredar de las identificaciones de sus antepasados y progenitores- esté en el hecho antinatural de creer que somos aquello limitado que nadie puede ser realmente, y, por lo tanto, de vivir como si sólo fuésemos una parte ínfima y condicionada del Estar Siendo Universal? ¿Podría encontrarse la causa de las enfermedades o de los desequilibrios en el hecho de vivir negándose el Uno Mismo, reprimiéndose el Uno Mismo, resistiéndose al Estar Siendo el Uno Mismo? En algunos ámbitos se dice que no es el cuerpo el que enferma, sino el que padece los síntomas de la enfermedad, de la incoherencia y/o de la desarmonía. ¿Será la identificación de la consciencia con la dualidad la causa fundamental de las enfermedades y/o de los desequilibrios funcionales que la medicina institucionalizada no suele tratar, quizás porque, desde los criterios de la percepción egoica tampoco interese ni suponga un buen negocio? Nota: En la Unicidad los hongos, las bacterias, los virus, los leones, las personas y todo lo demás…, no existen por separado, sino porque sencillamente están siendo lo Mismo; por lo tanto, al estar siendo Todo Uno, ¿de qué podría depender la enfermedad sino del Uno que únicamente Está Siendo? Otra cosa sería cuando aquello se percibiera como elementos separados y enfrentados por naturaleza, es decir, en el mundo que cree existir la mayor parte de la humanidad.   Febrero-15

63- Experiencia. Voy paseando por la calle cuando observo algo ante lo que experimento cierto malestar interior. Consciente de que mi sentir se no se debe a lo observado (nada es externo), tanto como a la reacción que ello ha originado en mi consciencia identificada, y, por lo tanto, que el origen de dicho efecto desagradable parte de una percepción errónea, esto es, de una percepción a través de los cristales del juicio, de la diferenciación y de la separación entre el presunto perceptor y lo presuntamente percibido, rectifico mi actitud a la vez que procuro percibir eso mismo desde la consciencia de Unicidad: ¡Unificándome con ello; siendo yo eso también!  Pero esta vez, a parte de notar la llegada de una oleada de calma, también llega a mi consciencia una interrogante: ¿por qué y/o para qué habría que “entrar en el juego” de sentir la necesidad de escoger entre lo que podamos considerar positivo o negativo, bueno o malo, mejor o peor, etc., de manera que una opción sea abrazada con satisfacción mientras que la opuesta merezca rechazo y desdén? ¿Acaso al elegir una opción determinada no se está escogiendo (creando) inconscientemente también la opuesta y, por lo tanto, otorgando realidad a la dualidad, la separación, el conflicto, la alternancia, la frustración, la desarmonía, la enfermedad…? ¿Por qué y para qué un sentimiento de envidia, celos, desprecio, etc., tiene que ser reprimido, ocultado, odiado, rechazado…, (juzgado como negativo) mientras que un sentimiento de alegría, paz, satisfacción…, merezca una actitud y un comportamiento completamente distinto? ¿Acaso esa predilección no está suponiendo caer de cuatro patas en la identificación con la dualidad y en todas sus consecuencias, por mucho que a simple vista no lo parezca? ¿Qué diferencia habría entre unos sentimientos y los otros cuando todos ellos fueran vistos sin juicio ni condiciones ni intención por parte de ningún sujeto, esto es, como el simple y natural ejercicio del Estar Siendo Unicidad en su plenitud? ¡Ignorando el juicio, que la consciencia identificada con la indivi-dualidad siempre hace aparecer, no sólo desaparecen las opciones de pensar, diferenciar y preferir entre la falacia de bueno y malo, mejor o peor, etc., entonces también puede comprenderse que ni tan siquiera ha habido nunca un juzgador y tampoco nada separado y/o distinto del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo que pueda percibirse y juzgarse!  Febrero-15 

64- Percepciones erróneas. En bastantes ocasiones he insistido en expresar que la mayor parte de los conflictos humanos y/o los malestares anímicos, emocionales, del alma, etc., nacen de una percepción errónea del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad). Aquí y ahora admito que entre dichas percepciones erróneas también deberían incluirse aquellas que suelen dar lugar a sentimientos considerados agradables o positivos. Así como la tristeza, el miedo, la envidia, los celos, la impaciencia… nacen de una percepción errónea de la Unicidad, también la felicidad, la calma, la alegría, el amor, etc., tienen su origen en una percepción igualmente ilusoria. Todo cuanto sea considerado positivo, bueno, virtuoso… emerge de una percepción del Si Mismo tan tergiversada, limitada y condicionada como aquello otro que pudiera considerarse negativo, malo, perjudicial, despreciable. ¡Tanto dividen, separan, condicionan y originan adicción los juicios de un signo como los del opuesto! Va siendo hora de darse cuenta y de reconocer que igual de extraña es la necesidad de buscar y de luchar por lo tomado por bueno como la de rechazar y repudiar cuanto fuera tomado por malo, pues ambas opciones precisan de “la creación y la identificación” con un protagonista ilusorio. ¡Todo esta siendo Uno, por lo tanto, en verdad sólo puede cambiarse la manera de percibirlo! Ser algo, ser alguien, ser de alguna manera, ser alguna vez, ser en algún lugar… son todas percepciones egoicas de la Realidad Única. Fuera del estar siendo el Estar Siendo Unicidad (nada ni nadie determinado), nada más hay ni falta. ¡En la consciencia de la Unicidad ni podemos ser felices, ni necesitamos ser felices ni de ninguna otra manera! Tanto dividen, separan y desarmonizan unas creencias como las otras. ¡El burro hambriento lo mismo persigue a una zanahoria grande como a otra más pequeña! ¡No hay juicio sin juzgador ni juzgador sin identificación con la innecesaria necesidad de juzgar! Todas las posibilidades de experimentación consisten en Ser y/o en el Estar Siendo de nada en particular; la diversidad de las percepciones y de las interpretaciones se corresponde con ficciones del ego: invenciones, suposiciones, hipótesis, mentiras, sueño; pero no son necesidades ni carencias verdaderas. ¿Puede haber una virtud más virtuosa que aquella que no se precisa? ¿Sin que ello fuera de naturaleza ilusoria, puede preferirse ni precisarse algo, estando siendo todo a la vez? Al considerarlas reales y posibles, las percepciones de la felicidad y de la desdicha se crean la una a la otra y se convierten en los extremos opuestos de un péndulo imaginario. ¡La única diferencia entre silencio y ruido radica en la manera de percibir y de nombrar el Estar Siendo Unicidad! He aquí que siempre hemos tenido a nuestra disposición la varita mágica que tanto deseábamos, ¿tendremos ahora la consciencia suficiente para atrevernos a utilizarla?  Febrero-15  

65- Sin identidad. Suele afirmarse que “la causa de lo que sentimos nunca está fuera, sino dentro… y que tampoco se debe a los otros, sino a uno mismo…”. ¿Dentro…? ¿Qué significa “dentro de Uno Mismo” cuando se vive en la aceptación de que excepto el Uno Mismo (sin delimitaciones ni identidad) no hay absolutamente nada más…, esto es, no hay dentro ni fuera? ¿Cómo podría comprenderse eso si no fuera integrando que aquello que normalmente llamamos “fuera” en realidad es “todo”, y que “los demás” realmente también consiste en el Estar Siendo Uno Mismo? ¡He aquí que Estando Siendo Ahora “Todo” Uno Mismo (Unicidad), en efecto, la causa de todo cuanto pueda vivirse desde la identidad personal o consciencia identificada, en verdad no consiste en nada más que en un juicio erróneo y particular de lo que significa Estar Siendo Uno Mismo! Estando siendo Yo Mismo (no la persona) lo único que verdaderamente está siendo todo siempre, debería ser fácil comprender que la causa de todo siempre estará en MÍ, y, por lo tanto, que tampoco nada estará aconteciendo nunca que en verdad no consista en MI propio Estar Siendo. Sólo existe un YO, de manera que no existe ni acontece nada excepto el Estar Siendo (sin rastro de juicio ni identidad) del Yo Único. Pero entonces, no habiendo nada ni nadie más que el Estar Siendo Uno, ¿qué otra posibilidad, que fuera real, podría ir alguna vez a favor o en contra de mí? ¿Qué hay por lo que se deba luchar para conseguirlo y/o por rechazarlo? ¿Qué hay “que necesite de” ambicionarse, temerse, desearse, envidiarse, preferirse, juzgarse, celebrarse…? Sólo hay una etiqueta que sirva para etiquetarlo absolutamente todo cuanto pueda percibirse, experimentarse, imaginarse, soñarse…, desde la creencia en el ego: ¡Soy! Quizás para ver que todo está consistiendo en el Estar Siendo Uno bastara con eliminar la ilusión de los límites y las definiciones de todas y cada una de las percepciones posibles. ¿Cómo? Opino que sencillamente utilizando para ello la misma mente empleada para ponerlos, crearlos y percibirlos.  ¡Paradójicamente, percibirme a MÍ Mismo sin identidad ni delimitaciones de ningún tipo no me hace desaparecer; pero sí comprender que antes me percibía erróneamente!   Febrero-15 

66- Leo: “Perdonar es dejar de estar enfadado…”. Desde mi punto de vista ese mensaje exige un esfuerzo perpetuo o también un acto de fe basado en un dogma descomunal, pues, ¿existe realmente la individualidad separada que necesite perdonar algo y que se percibe a sí misma enfadada por alguna causa ajena que justifique dicha reacción o juicio? ¡Una vez más buscando soluciones a algo presunto que supuestamente  ha sido dado por cierto! Si perdonar fuera posible (antes además habría que suponer una culpabilidad surgida de la inocencia) pienso que más bien consistiría en “darse cuenta y aceptar que ese enfado no obedece a nada ni a nadie real”, y que, fuera de la percepción egocéntrica o dualista que genera dicha apariencia, toda esa percepción es completamente errónea, victimista e imaginaria. ¡Creerse alguien concreto quizás consista en la visión más perturbadora, cruel y victimista, que sobre uno mismo jamás pudiera imaginarse! Después de ver y de aceptar el hecho de sentirse contrariado consigo mismo, con otra persona y/o por algún acontecimiento determinado, es hora de asumir también el efecto de separación y de distorsión interna que dicha percepción puede estar dejando al descubierto. Observado desde la consciencia de la Unicidad, queda claro que el dualismo culpabilidad-perdón consiste en algo absolutamente ilusorio e irracional; entonces, ¿por qué o para qué continuar potenciando esa malsana, distorsionante y enfermiza percepción, confrontada entre sí, del Uno Mismo? En efecto, seguramente para poder continuar creyéndonos el personaje separado (victima) con el que la consciencia está identificada, a pesar de los continuos conflictos que ello origina y el malestar que experimentamos y que transmitimos a quienes, por otro lado, afirmamos amar por encima de todo. Sin embargo, la explicación de que “las cosas son por algo y son para algo” (que todo tiene un qué y un para qué) ya suena a la vieja excusa de siempre; una excusa muy digna de respeto, pero una excusa inventada a modo de justificación del hecho de preferir continuar como hasta ahora, antes que aceptar la posibilidad de haber estado equivocados toda nuestra supuesta vida. He aquí que la consciencia identificada ya puede soltarse (desidentificarse) también de la falacia de la necesidad de que realmente exista u ocurra algo con identidad propia y que además lo sea por algo y para algo real.   Febrero-15

67- ¿Karma? Nada de lo vivido por alguien en su pasado estuvo mal; sólo, al elegir vivirlo desde la “consciencia carente”  (ego), fue juzgado e interpretado así. Más, si aquello todavía causa malestar, seguramente se deba a que en su aparente protagonista aún continúa perdurando el mismo juicio, la misma inconsciencia, la misma identidad con respecto a Sí Mismo. Nada de lo vivido en pasado tampoco estuvo bien; sólo, al elegir vivirlo desde “la consciencia carente” (ego), fue juzgado e interpretado de esa manera. Más, si todavía persiste el deseo de volver a repetirlo, seguramente se deba a que en su aparente protagonista aún continúa perdurando el mismo juicio, la misma inconsciencia, la misma identidad respecto a Sí Mismo. ¡Salvo en el juicio que así lo hiciera creer, lo cierto es que nada estuvo bien ni mal en el pasado y tampoco en el presente y tampoco en el futuro! El Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad carece de la necesidad de juicios y de valoraciones. Dice Deepak Chopra: “El karma es un balance cósmico. Ninguna deuda no se paga…” Opino que para que existan deudas necesariamente deberían existir deudores…, cosa absolutamente imposible fuera del mundo imaginario de la percepción dualista y separatista de la Realidad. Salvo como una más de las infinitas invenciones y justificaciones de las carencias que conforman el vacío del ego, el karma no tiene razón de ser. ¡Nada que sea algo y/o que pueda ser nombrado y comprendido por alguna personalidad, dejará jamás de consistir en una simple creación ilusoria y/o egoísta! En la consciencia de la Unicidad no existen ideas de ningún tipo, y mucho menos serían posibles aquellas que consciente o inconcientemente implican división, diferenciación, clasificación, separación, carencia y/o cualquier otro tipo de enjuiciamiento, dualidad, trinidad, pluralidad, diversidad ni alguna manera de existencia determinada, condicionada e identificada. ¡Tal como todo Está Siendo, ya Está Siendo todo sin carencias! Febrero-15

68- Sobre la meditación. Una amistad me dice: “Medito porque quiero saber quién soy”. Por descontado que no hay nada que objetar a la voluntad de meditar (para mi es una manifestación del Estar Siendo como otra cualquiera), y tampoco nada que decir ante la manera de meditar que cada cual prefiera. Sin embargo, aunque esa práctica pudiera llevar al “darse cuenta” de algo, debería comprenderse que ello siempre estaría relacionado con la naturaleza ilusoria del personaje que estuviera intentándolo. Cuando alguien manifiesta su deseo de “querer saber quién es”, siempre está partiendo de la hipótesis y de la convicción de que “Es” un alguien real, concreto, existente y que se desconoce a sí mismo. Sin embargo, puesto que dicha existencia particularizada únicamente es posible dentro de una percepción errónea, dualista, carente, conflictiva, victimista y/o egoísta de la Realidad, ninguna práctica podrá llevar más allá de la comprensión del error desde el que estaba partiéndose. ¡Nadie puede saber quién es, pues simplemente nadie es alguien; únicamente es posible ser el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo…, sin el menor rastro de identidad! Tan sólo en la inconsciencia del Uno Mismo (ego) puede darse la creencia en la existencia real del personaje que dice querer y necesitar saber quién es. Paradójicamente, Estando Siendo Todo Uno Mismo, no hay nada de lo que pueda hacerse ni vivirse que no esté demostrado Aquello indeterminado que se está siendo y/o que no consista en una experiencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno. Ya que nada existe que no consista en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, ¿qué puede haber, suceder, experimentarse, vivirse, hacerse…, desde la consciencia del yo identificado con la apariencia de la individualidad separada… que no esté consistiendo también en la experiencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, por mucho que percibirlo e interpretarlo desde dicha supuesta identidad resulte casi incomprensible e inaceptable? Nadie puede conocerse a sí mismo por la sencilla razón de que verdaderamente no existe el personaje que plantea ese deseo… y sin embargo, nada está existiendo ni ocurriendo Ahora mismo que no consista en el Estar Siendo de Todo Uno. Otro tema sería el de renunciar al apego a la identidad que dificulta ver y aceptar más allá de sus límites y condiciones.  Febrero-15

69- Identificación (I). ¿Qué se entiende normalmente por identificación? “…La identificación está vinculada a la identidad, que es el conjunto de los rasgos propios que caracterizan a un sujeto o una comunidad. La identidad es, por otra parte, la conciencia que un ser humano tiene respecto a sí mismo”. Si nos quedamos con está última expresión: “…la conciencia que un ser humano tiene respecto a sí mismo”, podremos comprender que la identificación del individuo humano aparezca completamente condicionada, adulterada y manipulable por los juicios, las creencias, las experiencias, la educación, las costumbres, las relaciones, las circunstancias, las habilidades, los intereses, las políticas, las ideologías, etc., a que dicho sujeto fuera expuesto, con independencia de que ello fuese real o no. La identificación exige la aceptación de la existencia real del individuo que se identifica, pero, a su vez, también la de aquello (considerado propio o ajeno) con lo cual se produce la identificación. El resultado de esto es que al hablar de “identificación” siempre estaremos refiriéndonos al mundo de la existencia percibida dualmente, esto es, con predominio de la división, de la separación, de los supuestos, de los opuestos, de la rivalidad, del conflicto, del victimismo y de todo cuanto caracteriza a la concepción egocéntrica o delimitada del Uno Mismo. Desde mi punto de vista, la identificación del ser humano consiste en el mismo fenómeno que la identificación, consigo mismo y con todo cuanto constituya su aparente existencia, de cualquier personaje ficticio de la literatura. ¡Ni el individuo que se identifica ni el objeto de su identificación son reales! El hecho de que yo (persona) me sienta identificado con una posible cualidad mía, una relación mía, una pertenencia mía, una percepción mía, una vicisitud mía, una experiencia mía, una aspiración mía, un miedo mío…, lo que hace es dejar de manifiesto la dualidad y la separación virtual entre lo que considero “ser yo” y lo que considero “ser mío”. Yo soy yo; pero yo no soy lo que vivo yo, ni la manera de vivirlo yo. Yo soy yo; pero yo no soy todo lo que percibo distinto y separado de mí. Yo soy yo; pero yo no soy ni tengo responsabilidad con respecto a nada de lo que considero que no soy yo. ¡He ahí que tanto el pecado original como la consiguiente expulsión del paraíso o separación con la Divinidad sólo ocurre ilusoriamente, y que todo cuanto se vive desde dicha creencia o consciencia identificada impulsa a darse cuenta y salir de esa falsedad! (sigue) 

70- Identificación (II). De todos modos, para que alguien pueda identificarse con algo y/o con otro alguien, en primer lugar ha tenido que producirse la identificación de ese supuesto “alguien inicial” consigo mismo, dando lugar así a la aparición del ego y/o de las percepciones dualistas. Sólo después de la identificación Consigo Mismo (““y ya como consecuencia ineludible de esa primera identificación y/o dualización””) llegarían las identificaciones de dicho supuesto individuo con todo (la Unicidad) cuanto éste personaje “no podría evitar percibir y considerar egoica y/o separadamente”, es decir, verlo como algo propio o ajeno, real o irreal, positivo o negativo, agradable o desagradable, importante o despreciable, acertado o erróneo, etc. Sin embargo, Estando Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad), ¿qué ha podido identificarse con qué y/o con quién en un principio? He aquí entonces que sólo YO (Unicidad) he podido identificarme con otro “supuesto e hipotético” yo, esto es, con otro yo imaginado y/o ilusoriamente creado por MÍ. Y he aquí también que indirectamente YO (Unicidad) de alguna manera estoy identificándome con todo aquello con lo que posteriormente dicha creación mía (el individuo y/o el yo ilusorio) pueda identificarse, siendo realmente que todas las identificaciones podrían estar consistiendo en la identificación ficticia de la Consciencia de Unicidad consigo Misma, y que, consecuentemente, en el fondo identificación también podría estar significando “reconocimiento inconsciente” del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. ¡La Consciencia de Unicidad reconociéndose a Sí Misma a través de las identificaciones de Sí Misma! He ahí que, percibido desde la conciencia del “yo nacido identificado” (con el germen o programa de la creencia en la culpabilidad por el pecado imaginario de la separación ilusoria con la Divinidad), todo esta siendo a imagen y semejanza de su misma naturaleza ficticia, y, por lo tanto, carente de cualquier condición y trascendencia fuera de esa manera egoísta, victimista y dualista de estar percibiéndose. ¡Va siendo hora de que las instituciones que amparan y potencian las actividades del ego (yo identificado) reconozcan su inutilidad!  Febrero-15

71- El mañana y la reencarnación. Opino que cuando las personas nos ponemos a pensar en el posible devenir del futuro, no debería tratarse (como suele ser habitual) de sentir preocupación ni miedo ni incertidumbre ante aquello desconocido que pudiera llegar; más bien se trataría de “no albergar dudas” respecto a que, con absoluta independencia de lo que pareciera ser, todo dependería de la consciencia desde la que ello fuera percibido. Nada acontecerá jamás que pueda consistir en algo distinto al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad), de ahí que, percibido desde la consciencia de que Todo Está Siendo Uno Mismo, nada podría ser motivo de ningún temor ni malestar. Exactamente las mismas circunstancias, pero vividas desde la consciencia egoica, dualista y, por lo tanto, victimista, ¿qué efectos producirían? ¡Nada depende de algo externo ni ajeno, por la sencilla razón de que ello no existe realmente! Las personas que creen en la reencarnación afirman que “…antes de esta vida han vivido muchas otras y que después de esta vida (como si el tiempo existiera realmente) volverán a reencarnar en infinitas ocasiones más”. ¿No estará sirviendo esa creencia para continuar reforzando y justificando el miedo a aceptar la infinitud de nuestra verdadera naturaleza? Percibiendo desde la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad) puede comprenderse y aceptarse con total tranquilidad que, no existiendo verdaderamente ni el tiempo ni la separación, pues todo permanece en el Ahora mismo Siendo Uno y sólo Uno, “en este preciso instante Estoy Siendo la existencia de siete mil millones de vidas humanas a la vez”. He ahí que desde la apariencia de la individualidad separada sólo puede estar viviéndose una vida, mientras que desde la consciencia de Unicidad todas las vidas posibles son la misma y sin tiempo ni otras condiciones ajenas que pueda limitarla.     Febrero-15

72- Aparentes necesidades. En una cadena de televisión están transmitiendo un spot publicitario cuyo slogan exclama: ¡Que bien se está cuando se está bien…! Resulta una expresión alegre y simpática. Hoy al escucharla me he hecho consciente de otra parecida: ¡Que bien se está cuando realmente se quiere y se acepta la responsabilidad de estar bien! Dicho de otro modo: ¡Que bien se está cuando realmente se tiene voluntad de Estar Siendo sin entrar en el juego de la necesidad de los juicios, de las valoraciones personales, de las preferencias, de las comparaciones…, esto es, cuando se acepta el Estar Siendo Uno Mismo sin recurrir a la “aparente necesidad” de apoyarse en creencias, en excusas y en las mismas justificaciones de siempre! En la aceptación incondicional de “estar siendo eso mismo que está viviéndose y de la manera que está viviéndose”, no caben desarmonías ni conflictos. Quizás alguna vez deberíamos plantearnos si cuando no estamos sintiéndonos bien, en el fondo ello no estará motivado por “el interés inconsciente” de sentirnos de ese modo, antes que tener que asumir la responsabilidad de estar siendo aquello (aceptación del Uno Mismo Único) que lo evitaría, pues en verdad “nunca hay nada verdadero que no se trate nada más que de una cuestión de consciencia”. Ni suerte, ni destino, ni capacidad, ni carencia, ni miedo, ni herencia…, ni nada que dependa de algo externo o ajeno…. ¡Sólo consciencia!  Febrero-15

73- Identificación (III). En la identificación de la Consciencia Unitaria con un hipotético yo particular o personal, a parte de la creación de aquel personaje dualista o segregado, también ilusoriamente debe aparecer el programa de la creencia de estar siendo “seres especiales” (en plural, es decir, con diferencia y separación de la Unicidad). Consecuentemente, “seres” forzosamente obligados a percibirnos y a considerar que vivimos una vida especial (por concreta y separada), en un mundo especial (por concreto y separado) donde nos ocurrirán cosas no menos especiales (nacimiento, circunstancias, enfermedades, muerte…) tan concretas, diferenciadas y separadas como el reflejo de nuestra propia percepción (a nuestra imagen y semejanza ilusoria). Condiciones que, como viene ocurriendo desde el principio jamás habido, ineludiblemente parecerá precisar de atenciones, tratamientos, precauciones, esfuerzos, sacrificios, etc., no menos especiales o mágicos. El yo especial (por concreto y separado) nace identificado, delimitado, circunscrito; conforme avanza en su desarrollo no va identificándose consigo mismo, sino con todo lo que, debido a su naturaleza identificada, egoica, dualista y  victimista, percibe y considera que es distinto y que está verdaderamente separado de sí mismo. Los seres humanos o seres especiales vivimos apegados a la creencia de que absolutamente todo (para que algo sea algo y/o alguien tiene que verse concreto y separado) es especial y mágico (lo vulgar seria la Unicidad), sin darnos cuenta de que lo único que estamos consiguiendo con eso es continuar justificando y reforzando “el falaz victimario” propio de la sensación de culpabilidad, miedo y carencias que acompaña al fenómeno de la identificación y/o de la percepción fragmentada, separada y concreta del Estar Siendo sin identidad ni límites. Pero, siendo “seres” o formas de ser ilusorias, ¿cómo podríamos llegar a darnos cuenta de ello y, sobre todo, de qué serviría? Sólo somos seres ilusorios o especiales en la ilusión que supone creérselo, esto es, en la identificación con esa posibilidad, pues, por mucho que supuestamente pueda percibirse de manera especial o diferenciada, excepto el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo absolutamente indefinido e indeterminado, nada más hay realmente. ¡He ahí el valor de la confianza y/o de la fe en el Sí Mismo corriente o universal, que estando siendo simultáneamente todo, sin embargo jamás será nada percibido con algún rastro de concreción o identidad!  Marzo-15  

74- Fe y/o Confianza. Todo cuanto vivimos, y de la manera que lo hacemos desde la consciencia humanizada, no es nada más que la consecuencia de creer que vivimos, es decir, el efecto de la creencia de que somos alguien viviendo algo distinto al Estar Siendo Unicidad. He aquí que la antigua fe religiosa no debería interpretarse como la necesidad dogmática de creer en la existencia de una divinidad, de un poder supremo, de un padre creador y celestial…, externo a su obra y además con una naturaleza concreta, sino en dejar de creer eso para poder darnos cuenta de que por el simple hecho de estar consistiendo en algo determinado para alguien específico o especial, todas las creencias son puras ilusiones. Opino que la Fe y/o “la Confianza actualizada” deberían interpretarse como la innecesariedad de algún tipo de creencia y de algún creyente en algo; más bien se trataría de la renuncia a la percepción de nosotros mismos como algo distinto y separado del Uno Mismo Único. Dejar de creer en un dios mental, superior y separado… para comenzar a percibirnos a nosotros como el Estar Siendo la Unicidad de todo lo aparentemente distinto y separado. Dejar de creer en nosotros como seres especiales y/o distintos al Estar Siendo Todo Uno Mismo sin identidad ni carencias ni limitaciones posibles. ¡Tener aquella Fe que mueve montañas significa aceptar Estar Siendo Uno con Todo, es decir, Todo Uno! Atreverse a dar ese salto al vacío en el que la existencia particular del individuo que creemos ser deja de tomarse por útil y necesaria para alguna finalidad real. Quiero insistir: ¡La Fe auténtica (no religiosa, dogmática ni manipulable por las consciencias egoicas) no consiste en creer en la existencia de un dios, sino en “aceptar sin condiciones” Estar Siendo Todo Uno simultáneamente y/o Estar Siendo el equivalente de la divinidad misma! La Fe y/o la Confianza en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo permite superar el abismo de las percepciones identificadas con las apariencias que nos convierten en particularidades ilusorias vagando en busca del reconocimiento y el reencuentro con el Sí Mismo carente de identidad y de mente.  Marzo-15  

75- Entiéndase por "YO" a todo el Estar Siendo ahora mismo del universo. ¡Sólo hay un YO; pero ninguna palabra puede nombrarlo porque no tiene límites reales! En el Estar Siendo del YO único y sin identidad no hay ningún tú, no hay ningún él, no hay ningún nosotros, no hay ningún vosotros, no hay ningún ellos. Tampoco hay ningún mío, ningún tuyo, ningún nuestro, ningún esto, ningún eso, ningún aquello. YO significa “Estar Siendo” Ahora mismo Todo, sin “ser” nunca algo determinado. El Estar siendo del YO único implica no dualidad, no trinidad, no pluralidad, no diversidad, no ser algo concreto ni especial. YO y Unicidad consiste en el mismo y único Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni límites de ningún tipo. Salvo ilusoriamente, nada hay ni ocurre ni puede hacerse que no esté consistiendo en el Estar Siendo absolutamente inconcreto e indeterminado del YO único. El Yo Mismo está continuamente naciendo, manifestándose y muriendo, sin que nada de esas manifestaciones suponga jamás dejar de consistir en el Estar Siendo de Todo simultánea e instantáneamente (Ahora mismo). No existe el nacimiento ni la muerte del YO único, pues el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, por no tratarse de algo delimitado ni determinado, nunca nace ni muere; nacer y morir no deberían verse como hechos específicos y separados del Estar Siendo, sino el mismo fluir continuo del Estar Siendo. La muerte, la enfermedad y todos los conflictos que afectan al yo personal, identificado y separado no son nada más que las percepciones del propio Estar Siendo único, ilimitado e inmortal, pero interpretadas como dichas apariencias finitas y condicionadas. Ilusión es la interpretación que hace el ego (consciencia identificada) de la realidad. ¡Todo es real mientras no consista en nada distinto de Estar Siendo; pero nunca cuando fuera interpretado como “el ser” de algo y/o de alguien ni de ninguna manera concreta! El egoísmo consiste en la ilusión de ver y de vivir “como real” aquello que en verdad, es decir, fuera de la percepción dualista, identificada o enjuiciada, jamás podrá serlo. En efecto, el dios que rige la vida normal de los seres humanos es el egoísmo; las personas vivimos respirando y nutriéndonos de egoísmo desde el momento que nacemos. Sin embargo, puesto que nada puede “ser algo”, tampoco hay nada sustancial que sea el ego. El ego consiste en una manera fraccionada e imaginaria de percibir y de comprender, de ahí que vivir de esa manera pueda considerarse egoísmo, es decir, una manera identificada, limitada, condicionada, victimista y enfermiza de percibir e interpretar la Unicidad, pero que permanece completamente integrada en la misma naturaleza del Estar Siendo. ¡Nada puede “ser” algo, ni dejar de Estar Siendo todo a la vez! Pese a todas las  apariencias, creencias e interpretaciones humanas, en verdad sólo puede vivirse la experiencia de Estar Siendo sin más, con independencia de la consciencia que se tenga de ello. Nadie es (ni tiene) un cuerpo, una mente, un alma, un espíritu… ni nada que sea tomado por algo ni de alguna manera… y, sin embargo, al Estar Siendo Ahora Todo Uno (Unicidad), tampoco nada Está no Siendo.  Marzo-15

76- Nada y Todo. No se trata de “ser” la Unicidad (Todo Uno), como de “Estar Siendo” Unicidad. ¡Nada Es…, todo Está Siendo! Incluso “ser” podría interpretarse como algo estancado y definido; sin embargo, “Estar Siendo” implica actividad e infinitud incontenibles por el tiempo, el espacio ni cualquier otra posibilidad. Al colocar el artículo definido “la” delante de Unicidad sucede que la indefinición absoluta de Unicidad puede percibirse mental y psicológicamente circunscrita, limitada, tergiversada, desnaturalizada. Para mi, este pequeño matiz, aparentemente poco relevante, ayuda a la comprensión de la naturaleza indeterminada, indefinible, ilimitada, incontenible e incontrolable… del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Nada puede ser “la” Unicidad y, sin embargo tampoco nada puede dejar nunca de estar siendo Unicidad. ¡Unicidad no consiste en “ser algo ni alguien”, sino en Estar Siendo todo a la vez sin el menor rastro de identidad ni de concreción! La percepción y la creencia en el estar siendo algo y/o alguien en particular siempre es transitoria y conflictiva, porque pese a los esfuerzos del ego por sobrevivir como tal particularidad, el Estar Siendo al que pertenece nunca permanece estático ni identificado. Los seres humanos (consciencia identificada con esa apariencia limitada y temporal) percibimos todo de la manera que nos percibimos a nosotros mismos, esto es, individual y separadamente (a imagen y semejanza de nuestra propia percepción), de ahí que, desde esa identificación, nos resulte tan difícil aceptar que la realidad jamás pueda corresponderse con esas características. ¡Si yo soy consciente de mi, y yo soy el Estar Siendo Unicidad, entonces la consciencia de mi, por fuerza también está siendo Unicidad! He ahí que es posible soltarse de las ideas y de las creencias limitadoras que tenemos adoptadas a cerca de nosotros mismos, sin que ello tenga que suponer algo distinto a una simple actualización de consciencia, y, por lo tanto, nada real ni tangible a lo que temer. En el Estar Siendo Unicidad no hay nada que hacer, nada que pensar, nada que sentir, nada que reflexionar, nada que desear, nada que temer, nada que perdonar, etc., por parte de nadie, pues excepto Estar Siendo sin más, nada más Está Siendo. ¡Todo hacer, todo pensar, todo sentir, todo vivir humano sin excepción y sin juicio ni valoración posible, jamás consistirá en nada más que en el Estar Siendo Unicidad sin más!   Marzo-15

77- Si existiera Dios, entonces Dios sería “lo único” que verdaderamente existiría; pero siempre comprendiendo que la Divinidad no fuera algo limitado ni concreto ni con ninguna cualidad que pudiera valorarse de ningún modo. Dios (para mi, Estar Siendo Unicidad) no puede tener cualidades ni nada de todo cuanto parece necesariamente imprescindible para la consciencia identificada, dualista, victimista e ilusoria del ser humano. De consistir en algo, la Divinidad consistiría en la ausencia de cualquier tipo de dualidad, esto es, de juicio ni distinción sobre su naturaleza. Expresiones tales como: Dios es amor, Dios es bondad, Dios es misericordia… etc. ya han causado bastante desorientación, sufrimiento, violencia y pobreza en las consciencias particulares y en las sociedades que se lo han creído. ¡Sólo el ego necesita creer que Dios sea algo determinado y con cualidades específicas! Pero en muchas consciencias esas consideraciones comienzan a verse arcaicas, infantiles e inútiles. ¡La Divinidad no puede consistir en estar siendo esto y dejando de ser lo otro! Por el simple hecho de Estar Siendo Todo Uno simultáneamente, Dios jamás podría estar siendo nada específico ni de ninguna manera concreta. Imaginar una cualidad determinada en la Divinidad representa una simplería tan grande como aquella de asignarle la imagen humana de un viejo con barba blanca y sentado en su trono celestial vigilándolo todo. En la naturaleza indefinida e ilimitada de la Unicidad no son necesarias cualidades ni atributos específicos de ningún tipo. ¡Para demostrar las consecuencias de tomar por cierta esa barbaridad ya estamos los seres humanos experimentándolo en todo eso que interpretamos como nuestra vida! Pero igual que esa percepción de la Divinidad comienza a desvanecerse, y con ello a tambalearse también las instituciones que todavía viven lucrándose y abusando del miedo que produce dicha falacia, así también, conforme la consciencia de Unicidad vaya esclareciéndose, irá prevaleciendo la Confianza suficiente en la naturaleza del Uno Mismo que permita admitir la inexistencia del Hijo de Dios (Jesús) explicado e impuesto en las religiones inventadas por las mentalidades más oscuras, débiles, violentas, miserables e inconscientes. El Estar Siendo Unicidad no es padre ni tiene hijos, pues consiste en la ausencia absoluta de cualquier identificación y/o limitación; sencillamente sólo existe el Estar Siendo Divinidad. ¡En el Estar Siendo Todo Uno ni existen ni son necesarios los intermediarios, ni los mensajeros, ni los profetas, ni los maestros, pues sencillamente todo Está Siendo sin más! En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no es necesaria la necesidad de la existencia de nada que no consista en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad), por lo tanto, tampoco todo cuanto mantiene a la consciencia humanizada experimentando las consecuencias de creerse algo distinto (especial) a la propia Unicidad.  Febrero-15  

78- ¿Cuerpo, mente y alma? Muchas veces escucho afirmar con toda naturalidad que este mundo es ilusorio; sin embargo, en las mismas conversaciones también se sostiene que “…los seres humanos tenemos un cuerpo, una mente y un alma…”. Desde mi punto de vista, entre ambas expresiones existe una profunda contradicción, pues, siendo este mundo ilusorio, debido precisamente a la manera de percibirlo e interpretarlo, ¿acaso no sería igual de ilusorio todo cuanto pudiera considerarse que habita en este mundo ilusorio? He aquí que, percibidos e interpretados como individualidades, el ser humano es una entidad tan ilusoria como el mundo en el que cree haber nacido, habitar, tener experiencias y morir. Pero, entonces, siendo tan ilusorio el mundo como todo cuanto tuviera algún tipo de vinculación con su naturaleza ilusoria, ¿para qué continuar creyendo en cuerpos, mentes y almas individuales que no estuvieran siendo ilusorias también? ¡Nada es ilusorio por Aquello que realmente Está Siendo, sino por lo que pueda parecer al percibirlo y juzgarlo desde fuera y/o desde la “consideración especial” de estar creyéndose algo distinto al Estar Siendo Unicidad sin más! Estando siendo yo (individuo separado) una entidad ilusoria en un mundo igualmente ilusorio, ¿cómo podría ser real algo de cuanto yo pudiera vivir desde esa percepción especial y/o personal de mí mismo, y, por lo tanto, cómo podría justificar entonces las actitudes y los comportamientos protagonizados hasta ahora en los que he vivido otorgando realidad a todo? ¿Puede imaginarse un victimismo más primitivo que aquel en el que alguien ilusorio se castiga y culpabiliza por lo protagonizado durante su existencia también ilusoria? Todo cuanto el ser humano viene considerando que configura el desarrollo y el devenir de su vida (aparentemente tan complicado de comprender), queda reducido a un simple ejercicio de consciencia. ¿Existo yo siendo algo separado del resto de las infinitas posibilidades simultáneas de existencia o, por mucho que no alcance a comprenderlo, en verdad siempre estoy siendo todo cuanto está siendo? Incluso lo ilusorio (por el simple hecho de ser) sólo puede estar siendo realidad, esto es, Unicidad percibida e interpretada desde la identificación humana. ¡Todo está siendo lo único que está siendo todo… pues no hay nada más que Estar Siendo!  Febrero-15

79- Preguntas retóricas. ¿Tiene algún sentido la hipótesis de que pudiera haber algo sustancial, y no humano, que deseara (personalismo) hacerse consciente de sí mismo, cuando el simple hecho de desearlo significaría que ya está siéndolo? ¿Tiene algún sentido pensar que aquello que fuera consciente de sí mismo decidiera olvidarlo para así poder iniciar el proceso de volver a recobrar la consciencia de sí mismo? ¿Es posible olvidar algo voluntariamente aunque fuera con la intención de experimentar conscientemente el proceso de recobrar la memoria de lo olvidado con ese fin? Desde el instante que soy consciente de que nunca salí de casa, ¿para qué continuar hablando del camino de regreso a la casa que comprendo que nunca abandoné verdaderamente? Cuando se es consciente de que la culpa no existe, ¿a qué fin seguir dándole vueltas a la posibilidad del perdón de una culpa y de un culpable inexistentes? Me temo que las cuestiones planteadas anteriormente sólo sirven para reforzar con ellas la creencia y el apego a las percepciones egocéntricas, esto es, a la inconsciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, a la dualidad, al conflicto continuo, al victimismo y a todo aquello que pueda ayudar para que, a pesar de los lloriqueos, nada se mueva realmente. Llegados a este punto de la reflexión, ahora tocaría hablar de la hipocresía y de la incoherencia que caracteriza a la percepción indivi-dualista de la realidad, sin embargo, recurrir a eso, ¿acaso no supondría volver a caer de cabeza en el mismo pozo que estoy tratando de señalar? En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no existe ni el ser humano ni todo cuanto pudiera ser vivido desde esa creencia o fantasía; sencillamente todo ello siempre continuaría consistiendo en el simple discurrir del Estar Siendo Unicidad, aunque interpretado egoísta y/o victimistamente. Pero, volviendo a las preguntas retóricas, es decir, entretenidas..., ¿quién soy yo, para qué estoy aquí, de dónde vengo y a donde voy?  Febrero-15 

80- Amor y sexo. En la consciencia de la Unicidad la existencia de “dos seres” y, consecuentemente, dos seres diferenciados y separados entre sí, nunca podrá corresponderse con algo real. Salvo el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, sin identidad ni limitaciones, todo es aparente. A partir de ello, ¿en qué podría consistir entonces el deseo y la relación sexual, más o menos amorosa, expresada por las consciencias dualizadas y/o desdobladas en el ámbito de su mundo ilusorio? Percibiendo desde la consciencia de la Unicidad (Todo Uno Mismo), las relaciones sexuales pueden comprenderse como “una manifestación distinta” a la relación entre dos o más seres del mismo o de diferente sexo. En la consciencia de la Unicidad nada (no sólo el sexo) consiste en algo diferente al simple Estar Siendo sin más, por lo tanto, tampoco a cualquier tipo de relación entre partes ni entidades verdaderamente diferenciadas entre sí. ¡Compréndase entonces que, por lo tanto, en verdad nunca puede haber “pecado” en las relaciones sexuales entre dos seres (no importa el género), por la sencilla razón de que ello sólo se corresponde con una interpretación errónea de la realidad y/o de algo que sólo ocurre dentro de una percepción ilusoria o humana! El pecado, la culpa, el premio, el castigo… sólo son inventos de los egos, quizás para imponer sus terribles miedos a sus semejantes: una manera de controlar y gobernar la ignorancia de las sociedades dentro de la ficción en que se desarrollan. ¿Puede imaginarse unas consciencias más desorientadas que aquellas que se atreven a reprimir y a culpar a otras, aludiendo a motivos morales, religiosos o de algún tipo de justicia? Experimentado desde la consciencia dualista o egoica, en la que aparentemente intervienen diferentes identidades, todo equivale a la relación de un Estar Siendo artificialmente fragmentado y separado. ¿Surgirá el deseo sexual de una intuición inconsciente, pero intensa y profunda, de un reconocimiento del Sí Mismo Único? Quizás sería hora de comenzar a darse cuenta de lo inapropiado de vincular la relación sexual con sentimientos que conlleven algún atisbo de posesión, dependencia, pertenencia, celos, explotación, dominación, valorización, esto es, de separación…, y empezar a abrirse a la comprensión de que muy posiblemente las relaciones íntimas “con otro supuesto ser” podrían corresponderse con algo propio, íntrínseco o divino. En el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo nadie necesita a otro para vivir, nadie necesita a otro para sentirse feliz y tampoco nadie necesita sacrificarse por nada que pertenezca a otro, por la sencilla razón de que en el Estar Siendo Unicidad aquello que en la consciencia desdoblada se considera “otro” realmente sólo consiste en el Estar Siendo del Uno Mismo sin identidad. Más igual que el pueblo que le canta a sus miserias necesita miserias para seguir cantando, así “incluso el amor” entre dos, tres, cuatro, miles, millones…, también precisa mantener viva la creencia en la separación de la Unicidad para que continúe perdurando esa ilusión.  Febrero-15

81- ¿Preocupaciones? Ayer un amigo me comentó que estaba pendiente de entrevistarse con alguien y que el sólo hecho de pensar en ello le hacía sentirse mal. Lógicamente, hoy mi mente identificada, no conforme con  recordarme la charla que mantuve con mi amigo, también insiste en proyectar las “aparentemente lógicas, naturales y muy humanas preocupaciones” generadas por mi propia inconsciencia. -¿Cómo le habrá ido? ¿Estará pasándolo mal? ¿Habrán discutido entre ellos?- Pero cuando se reconocen los efectos de la percepción dualista, consistente en percibir la realidad hecha añicos, aquella manera de ver y de sentir queda desprotegida de sus antiguos trucos o efectos especiales. Aquí estaba yo, atrapado en esa “mentira” e intentando deshacerme de las desagradables sensaciones aparecidas con los pensamientos relacionados con aquella percepción segmentada y victimizada de la realidad. ¡Gracias, pero ya no quiero eso! Percibido desde la consciencia de la Unicidad, esto es, desde la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (en la que no existen individuos, juicios ni vicisitudes posibles), se comprende que cualquier experiencia y/o acontecimiento, vivido desde la consciencia indivi-dualizada, ya fuera en el pasado, en el presente o quizás en un próximo futuro, en verdad nunca existió, ni existe ni existirá para nadie que no viva en el mundo imaginario de su identidad particular. ¡Adiós a la fantasía de las culpas, de los miedos, de los apegos, de los deseos y de las preocupaciones originadas a partir de mi propia percepción separada, juzgadora y victimista! Bien podría ser que aquello a lo que ahora estamos llamando “responsabilidad” no lo sea tanto. ¿Qué ocurriría si revisáramos las actitudes y los comportamientos de la mayor parte de los personajes (responsables políticos, religiosos, económicos, judiciales, empresariales, etc.,) que afirman ejercer grandes responsabilidades? Responsabilidad sólo hay una, y radica en la aceptación incondicional de Estar Siendo Uno con todo, sin identidad ni identificación. Las demás responsabilidades, por grandes y trascendentales que parezcan, corresponden a los intereses del ego, y, por lo tanto, al esfuerzo por mantener activa la consciencia de separación a base de sacrificios y otros inventos o cantos de sirenas. Todo es real cuando sólo consiste en Estar Siendo sin más. Lo irreal no existe; lo irreal solo es lo real, pero interpretado por el ego conforme a su propia imagen y semejanza irreal. ¡Nada falta ni necesita cambiarse! No habiendo fuera del Estar Siendo Unicidad nada real ni irreal, ¿qué podría ser motivo de preocupación ni de cualquier otra actitud (ni positiva ni negativa), para quién podría serlo y con qué fin?  Febrero-15

82- Defectos y virtudes. La sociedad en general, y las instituciones educativas, religiosas, políticas, etc., en particular, insisten en repetir el mensaje subliminal encaminado a que los seres humanos no consigamos darnos cuenta de que todo cuanto en este mundo pueda experimentarse desde una consciencia fragmentada y separatista de la realidad, siempre será falso, erróneo, conflictivo y enfermizo. Absolutamente todo está encaminado a reforzar la creencia y la identificación con la individualidad personal y con todo aquello que, considerados de esa manera, acostumbra a caracterizar las ideas, las emociones, las actitudes y los comportamientos humanos. Sin embargo, pese a tantos esfuerzos y campañas de intoxicación, basta con atreverse a percibir la existencia con un poco más de lucidez, para darse cuenta de que absolutamente ninguno de esos dogmas y paradigmas logra sustentarse sin la necesidad de una atención, una competencia, un engaño, una violencia y un esfuerzo continuo. Todos los denominados problemas del ser humano surgen de la creencia en la existencia real del ser humano como una entidad autónoma y separada del resto. He ahí que partiendo de dicha consideración (creernos individualidades y vivir como tales), la proclama de la necesidad de hacernos conscientes de nuestros defectos y de nuestras virtudes acaba convirtiéndose en una invitación al destierro y/o a la expulsión del paraíso de la Realidad. Lo cierto es que absolutamente nadie puede hacerse consciente de sus defectos ni de sus virtudes, por la simple razón de que aquel individuo que crea tener alguna de esas características (todo eso sólo son juicios basados en supuestos egoicos) en verdad no existe como tal, y el simple hecho de pretender luchar contra ello y/o a favor de ello lo único que conlleva es el fortalecimiento de dichas ideas disgregadoras en primer termino, y la perpetuación de la creencia en esa manera distorsionada de verse a sí mismo (Todo Uno) en segundo lugar. Nadie es de ninguna manera, porque nada concreto, permanente y delimitado existe realmente. Nada está bien ni está mal. Nada es virtud ni defecto. ¡Ser alguien y ser de alguna manera determinada sólo sería posible dentro de un juicio absolutamente ficticio!   Febrero-15

83- Vivir el Ahora sin tentación. El “Carpe Diem” actual bien podría traducirse por el popular: ¡Vive el ahora! Estando de acuerdo con ello, sin embargo quisiera matizar un pequeño detalle que considero trascendental. Vivir el ahora puede estar muy bien, pero tan importante como esa actitud resulta el hecho de darse cuenta “desde qué consciencia” se vive ese “vivir el ahora”. Desde mi punto de vista, para que dicha vivencia del presente no quede convertida en más de lo mismo, no queda otra alternativa que la de “vivir el Ahora siendo el Ahora mismo y/o siendo uno con el Ahora”.  ¡Vivir el Ahora desde la consciencia de la identidad personal que cree estar viviendo algo, supone estar viviendo un ahora tan imaginario como frustrante! Mientras perdure la idea del sujeto que cree estar viviendo algo, que no Está Siendo Uno consigo mismo, las infinitas diferenciaciones y separaciones, que esa consciencia dualista establece, convierte la vida en algo puramente anecdótico. Se trata, por lo tanto, de vivir el Ahora siendo el Ahora mismo, es decir, prescindiendo de cualquier “tentación o juicio” que origine distanciamiento y la aparente necesidad de tener la obligación de pensar, comparar, elegir, desear, rechazar y/o realizar cualquier otro hacer. ¡Vivir el Ahora fuera del apego y la identificación con el personaje que se cree distinto al Sí mismo y que cree vivir algo distinto al Estar Siendo el Sí Mismo!  El ser humano conforma una entidad ilusoria, de ahí que desde esa consciencia sólo pueda crear, percibir y vivir apariencias y experiencias ilusorias también. De la misma forma y por el mismo motivo que sólo se puede Estar Siendo “Ahora”, así también Ahora sólo se puede Estar Siendo Todo Uno Mismo. Cuando se comprende y acepta el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad sin identidad), entonces también queda comprendido y aceptado que, excepto el Estar Siendo Unicidad, no se está siendo ni haciendo ni sintiendo ni viviendo ni pensando nada más. En esa consciencia no hay ni tristeza ni alegría, ni miedo ni valentía, ni felicidad ni sufrimiento…, sólo Estar Siendo Ahora, y, por lo tanto, nada ni nadie ni de ninguna manera determinada de Estar Siendo. Estando Siendo “el estar siendo” de todo a la vez no puede diferenciarse entre cosas distintas, porque sencillamente no las hay. Y así desaparece la necesidad de caer en la tentación de diferenciar entre bueno y malo, positivo o negativo, verdad o mentira, erróneo o acertado, culpa o inocencia. ¡No somos nada ni nadie…, sólo Estar Siendo… hasta el extremo de que ni tan siquiera existe otra posibilidad!  Febrero-15

84- Eckhart Tolle: “El amor verdadero no tiene opuesto. El amor, la alegría y la paz son estados profundos del Ser o más bien tres aspectos del estado de conexión interior con el Ser. Como tales, no tienen contrarios. Esto se debe a que surgen de más allá de la mente”. Por muy sublime que parezca algo (amor, alegría, paz, libertad…), siempre que pertenezca a la consciencia identificada con la dualidad o consciencia dualista, su apariencia carecerá de valor. Basta con nombrar algo para que, sin excepción y sin necesidad de decirlo, indirectamente esté admitiéndose también la posibilidad de la existencia de su opuesto. Cualquier algo concreto que fuera nombrado tendrá su opuesto igual de aparente e ilusorio que eso. ¿La causa? Que quién lo nombrara estaría haciéndolo desde el supuesto de su propia existencia separada o desdoblada. Salvo ilusoriamente, no hay amor verdadero, ni amor falso, ni aquellos personajes o entidades que puedan sentir aquello a lo que, desde dichas percepciones y/o consciencias” pudiera juzgarse como “amor”, ni de ninguna otra manera. Por lo mismo, opino que desde “más allá de la mente” tampoco puede surgir nada, pues nada habrá jamás que no Estuviera Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin tiempo ni espacio ni juicios ni límites. De más allá de la mente no puede surgir nada que la mente pueda interpretar. Cualquier interpretación de la mente sólo puede ser una interpretación de la mente, por lo tanto, al consistir en algo concreto (interpretado e identificado) para alguien también concreto e identificado (yo), jamás pasará de corresponderse con una simple ilusión o nebulosa mental. Comprendo la dificultad que puede entrañar comprender esto que escribo; sin embargo, ¿se trataría de la capacidad de comprensión o quizás de la voluntad de comprender? Seguramente ni lo uno ni lo otro, pues de nuevo sería preciso admitir la existencia del sujeto que necesitara comprender algo distinto al Estar Siendo integral. Percibiendo desde la dualidad y la concreción de la consciencia identificada, todo nos recuerda y nos encierra en esa identificación, pues todas las vivencias y experiencias humanas son el fruto de ello, es decir, de ese supuesto jamás producido realmente. Conciencia identificada es sinónimo de juicios. El sueño de la separación comenzó con un juicio o tentación, de ahí que seguramente también terminará cuando ese juicio se desvanezca en la aceptación total del Estar Siendo sin más.  Marzo-15

85-  ¿Origen del Universo? (I) “La teoría del Big Bang o teoría de la gran explosión trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espacio-temporal…” (Wikipedia). Antes de nada, ¿puede comprenderse que el Universo consista en algo determinado, es decir, con límites establecidos, definibles, identificables, condicionados, con un principio y con un final? Desde mi punto de vista, la respuesta a esa cuestión debería bastar para comprender la naturaleza ilusoria en la que está desenvolviéndose todo cuanto los seres humanos (erróneamente) vivimos considerando Universo y Realidad. Desde la consciencia de Unicidad (Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo) queda claro que la naturaleza del famoso “Big Bang” sólo puede ser mental y que no tiene nada que ver con la Realidad, sino con la percepción humana de la Realidad. El Universo no fue creado por ningún Dios; pero tampoco fue el efecto de ninguna “gran explosión cósmica”, pues ni tan siquiera existe como algo determinado que pueda nombrarse ni experimentarse ni conocerse. ¡Absolutamente nada, que alguna vez y en algún lugar pudiera considerarse que es algo y/o de alguna manera determinada, podrá ser Realidad! Considero que la supuesta creación del supuesto Universo y de todo cuanto pudiera surgir a partir de aquella supuesta gran explosión (aquí también podría incluirse el metafórico pecado original bíblico) debería abordarse a partir de la consideración de la hipótesis de la identificación de la Consciencia. ¡Desde mi punto de vista, la aparente creación del Universo, así como todo cuanto aparentemente supuso y continúa suponiendo ello para la mente humana, está íntimamente relacionado con el inicio de la percepción dualista de la Realidad, originada por la identificación consciencial! ¿Es posible imaginar algo más indeterminado que el estar siendo indeterminado de la consciencia y/o del origen de absolutamente todas las posibilidades especulativas de percepción de comprensión? ¡Todo comenzó en el supuesto de que algo hubiera comenzado realmente! (sigue) Marzo-15

86-  ¿Origen del Universo? (II) ¿Aprender a desaprender? Con el fin de avanzar en el proceso del hipotético y deseado esclarecimiento de la consciencia personal o egoica, en los nuevos enfoques de la espiritualidad suele exponerse la necesidad de “aprender a desaprender”. Reconociendo que ese concepto (aprender a desaprender) puede suponer un paso adelante hacia la consecución de aquel objetivo (más lucidez), pues en el fondo supone una aceptación de la posibilidad de haber estado dando por cierto algo que posteriormente puede llegar a descartarse, aquí y ahora quiero exponer: ¿Qué ocurriría si en lugar de aprender a desaprender lo teóricamente aprendido a lo largo del tiempo por un individuo en particular (yo), mediante hipotéticos juicios y experiencias concretas, aquello que se procurase fuera “comenzar a desidentificarse” con dicho personaje…, esto es, desidentificarse de la propia consideración de individuos que deberían olvidar unos aprendizajes para empezar a tener presentes otros? ¡Sólo hay una identidad posible: aquella en la que no hubiera ningún rastro de identificación! Ahora mismo considero que no se trata tanto de aprender a desaprender (¿es posible olvidar lo aprendido?) como de darse cuenta y de aceptar que aquello supuestamente aprendido (vivido) por alguien determinado nunca pudo corresponderse con algo verdaderamente real. Como mucho, el pasado, el presente y el futuro de cualquier individuo estaría constituido por interpretaciones y suposiciones. La consciencia del ego, es decir, de la “percepción” dualista, separada, conflictiva, victimista, condicionada, delimitada, humana, etc., jamás pudo suceder fuera de la hipótesis de que alguna vez pudiera haber sucedido. La identificación con la consciencia de las percepciones egoicas, esto es, aquella en la que la Consciencia indeterminada, ilimitada, incondicionada y sin identidad posible (Unicidad), supuestamente accedió a identificarse consigo misma (inicio de la percepción mental de la Creación y/o del Big Bang) originó también la posibilidad de percibirse de forma fragmentada, delimitada, condicionada, concreta, separada…, sin necesidad de que ninguna de esas percepciones obedeciera a la realidad. Por lo dicho anteriormente, no estaríamos ante el fenómeno de tener que asumir o desaprender algo que nunca ocurrió (identificación, separación, salida de casa y necesidad de regreso a la ausencia de identificación), pues, simplemente se trataría de admitir la responsabilidad de estar siendo exclusivamente Unicidad y/o lo que es exactamente lo mismo, Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin posibilidad de limites, de determinaciones, de condiciones ni identificación de ningún tipo. El Universo y todo cuanto pueda percibirse como algo concreto sólo puede tener un origen virtual. Marzo-15    

87- 1)No hay nada que pueda verse, tocarse, olerse, gustarse, oírse, pensarse, imaginarse, sentirse, desearse, recordarse, crearse, reproducirse, transformarse, destruirse…, que no consista única y exclusivamente en la experimentación del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. La diversidad percibida desde la consciencia identificada o dualista no es nada más que el Estar Siendo Unicidad percibido de manera fragmentada y separada, esto es, egoica, conflictiva, carente y victimistamente. 
2) Creencias. El simple hecho de que alguien crea en algo, no sólo convierte a ese algo en una creencia, sino que también convierte a dicho alguien en una entidad creyente, y, por lo tanto, en algo física, psicológica y emocionalmente separado por naturaleza de su creencia y del resto de las posibilidades. Las creencias, por consistir en percepción aislada y diferenciada del sujeto que las asume, establecen una dualidad y una separación entre ambos conceptos (el creedor y lo creído) tan imperceptible como insalvable e irreconciliable hasta que sea reconocida.
3) Algunas veces, cuando felicitamos a alguien sin decir un motivo concreto, la respuesta por su parte suele ser un ¿por qué? Entonces acostumbramos a puntualizar algún detalle determinado, como si separar algo de lo vivido durante cada Ahora fuera posible. Nada puede separarse porque todo es uno sin la menor fisura, por mucho que la consciencia de individualidad lo perciba todo separado y diferenciado.
4) Si nos pusiéramos a repasar aquella situación que tanto malestar nos produjo, ¿acaso descubriríamos que entonces no estábamos completos, que nos faltaba aquello que habría evitado haber vivido dichos acontecimientos de otra manera? ¡Siempre estamos siendo Uno Mismo con Todo, siempre estamos completos; pero vivirlo desde la percepción dualista y separada siempre conduce hacia el conflicto y hacia el victimismo! Nunca se necesita algo que no este siendo ya uno con Sí mismo.   Marzo-15

88- Irracionalidad e incoherencia. Mientras un ser humano continúe creyendo a ultranza que él/ella es él/ella, y que todo cuanto vive él/ella lo vive él/ella realmente, ¿cómo podría salir esta persona de esa ilusión y de todas las consecuencias (pensamientos, actitudes, comportamientos, circunstancias, etc.) que ello conlleva u origina en su vivir cotidiano? A partir de dicho punto de partida (identificación absoluta de la consciencia con ese personaje y con sus creencias y vicisitudes), no deberían de extrañar expresiones tales como: “Todavía no es el momento de… Todavía no estoy seguro/a ni me siento preparado/a para…” En estos casos, quizás la cuestión a plantearse sería, ¿verdaderamente se quiere cambiar algo de aquello que lleva a expresarse de ese modo? ¿Verdaderamente se está dispuesto a dejar de creerse aquello que motiva todo cuanto se afirma desear dejar de lado? ¿Se quiere realmente salir del estado de consciencia o de inconsciencia que está creando absolutamente todas las experiencias y emociones en las que aparentemente discurre la supuesta existencia de su hipotético protagonista? ¿Puede considerarse cuerda la pretensión de vivir en la certeza total de estar siendo un ser humano cualquiera, a la vez que no estar dispuestos a aceptar sin condiciones los efectos naturales o consecuencias de dicha percepción de sí mismos? Por cruel que parezca, lo cierto es que, a pesar de todo cuando digamos, miles de millones de seres humanos no sólo vivimos prefiriendo precisamente ese modo tan irracional, frustrante e incoherente de vida, sino que tampoco estamos dispuestos a que eso cambie verdaderamente. He aquí que “para que todo cambiara no habría que hacer absolutamente nada” salvo estar dispuestos a vernos y aceptarnos con un poco más de cordura y lucidez, esto es, asumiendo un poco más de responsabilidad. Al considerarnos una persona (un ser específico) quedamos convertidos en el personaje de ficción de una obra de ficción de la que, sin embargo, basta con “darse cuenta de ello y aceptarlo sin condiciones” para poder liberarse. No somos una persona. No somos un cuerpo. No somos una mente. No somos un alma. No somos un espíritu. ¡Simplemente no somos; más en el no ser nada concreto consiste el Estar Siendo de todo a la vez! Marzo-15

89- Del mismo modo que percibiendo desde la consciencia sin identidad ni identificación (Unicidad), todos los aparentes haceres humanos quedan reducidos a un único estar haciendo (el de Ser y/o Estar Siendo sin diferenciación posible), así también todos los aparentes estar siendo particulares en realidad son expresión del Único Estar Siendo. ¡El ser humano no se identifica; el ser humano, percibido por él mismo como tal individualidad diferenciada y autónoma, constituye el resultado o el efecto de la identificación que lo origina y, a su vez, la causa de sus aparentes experiencias personales! La percepción humana del Sí Mismo, es decir, fragmentada, separada, condicionada, delimitada,  dualista, egoica, conflictiva, victimista, transitoria, enfermiza, mortal…, únicamente ocurre en el universo ilusorio surgido de la “consciencia identificada o ensoñadora”, donde esas divisiones y diferenciaciones parecen reales. ¡Todo consiste en el Estar Siendo Unicidad, por lo tanto, no hay definición humana que no consista en una definición limitada y parcial a cerca del Uno Mismo! Cuando, en lugar de al Sí Mismo Único e indeterminado, está viéndose a otro en la apariencia del otro, no deberían quedar dudas de que dicha percepción se corresponde con una visión distorsionada y ficticia de la realidad. No hay ningún yo particular mejor ni peor que otro por la sencilla razón de que, salvo de manera especulativa, no existe ningún yo separado. ¿Cuál puede ser la causa de todo cuanto cree protagonizar cada individuo sino la propia creencia en dicho individuo y en todos los fenómenos que ello supone? ¿Desde cuando culparse uno mismo o culpar a los otros de algo ha resuelto alguno de los supuestos problemas humanos? Por lo mismo, verdaderamente no hay ningún yo apegado a nada, por la simple razón de que no hay ningún yo; he ahí que, por lo tanto, no es del apego, ni de ninguna otra condición, de lo que el ser humano debería tratar de desprenderse, soltarse o hacerse consciente, sino de la concepción que tiene a cerca del Sí Mismo. Pero –surgirá la pregunta-, ¿cómo alguien que no existe podría hacerse consciente de que no existe? La respuesta es simple. No se trata de creer ni de pensar ni de aprender algo, tanto como de aceptar lo evidente: que el hecho de estar tratando dicha cuestión evidencia que dicha consciencia es anterior a cualquier planteamiento.  Marzo-15 

90- Confiar en los demás. El sin sentido que supone confiar en la vida y en los demás, ya sean estos nuestros padres, hermanos, parejas, hijos, amigos, etc., tarde o temprano suele acabar produciendo sentimientos de decepción, de sorpresa y de algún dolor emocional. Pese a eso, la causa de dichas frustraciones nunca debería buscarse en aquello que no ocurrió de la manera que se esperaba, y tampoco en aquello otro que sucedió cuando no se suponía. En esos casos sencillamente se está recogiendo el fruto de lo que se sembró: Confiar en algo (la vida) y/o en alguien (los demás) que, por lo tanto, está considerándose separado del Uno Mismo, esto es, distinto al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Confiar en algo/alguien desde la consciencia de que ello/ellos son algo ajeno, separado, distinto al supuesto sujeto que deposita la confianza, por tratarse de algo completamente extraño y fuera de la realidad (origina sentimientos de carencia y dependencia), sólo puede acabar desembocando en el vasto océano de las decepciones humanas. ¡No hay mayor confianza que aquella que no necesita depositarse en nada ni en nadie, porque no existen dudas respecto a la naturaleza “siempre inocente” del posible devenir! Una vez más queda demostrado que los conceptos creados por la mente humana no pueden separarse de sus opuestos. Solo necesita confiar aquel que vive creyendo en la posibilidad de la desconfianza y dudando de Sí Mismo. La confianza, para que no termine generando desconfianza ni cualquier otro “conflicto en el sentir del Uno Mismo”, siempre debería partir de la consciencia y de la aceptación incondicional de que la vida, los demás y la persona que decide confiar, en verdad no son realidades distintas ni separadas. Confiar en algo y/o en alguien, que no esté consistiendo en el Estar Siendo del Uno Mismo Universal (Unicidad), sencillamente supone depositar la confianza en una ilusión generada por los intereses ocultos del ego (percepción errónea del Uno Mismo). ¿De dónde procede entonces la sensación de dolor y la decepción, que experimenta el individuo confiador, sino de la rendición ante lo que, por estar siendo Uno Mismo, también siempre está siendo evidente, por mucho que no quiera aceptarse? Peregrinar por el camino de la consciencia identificada con las particularidades supone asegurarse una buena cosecha de decepciones. Al confiar en la vida y/o en los demás, desde la negación de Estar Siendo Todo Uno Mismo (viendo dualidad, diferencia, separación, incertidumbre, etc.) lo que realmente está dejándose en evidencia es la desconfianza de un personaje ficticio en el auténtico Uno Mismo.  Marzo-15 

91- El ego humano, es decir, la condición humana nacida de la percepción y/o del juicio particular y victimista que la consciencia del ser humano tiene adoptada respecto al sí mismo, no es una maldición ni un castigo divino. Todo ese entramado mental no consiste en nada más que en una creencia que, para muchas consciencias identificadas ya está comenzando a volverse tan insoportable como increíble. Siempre que estés dispuesto a responsabilizarte de las consecuencias que ello genera en este mundo efímero e ilusorio (lo que sea), vive de la manera que te de la gana; pero vive siendo consciente de que a parte de los juicios y de las interpretaciones que (desde la identificación con el yo personal) puedas generar o creer, nada estará bien ni mal y tampoco nada será mejor ni peor (plena libertad). Más allá de las apariencias o espejismos surgidos de la percepción egocéntrica o humana, “todo hacer, todo sentir, todo pensar, todo vivir…” en realidad únicamente consistirá en el Estar Siendo Unicidad (Todo Uno). Los límites sólo existen en la consciencia identificada (ego) que se los inventa. ¡Considerándonos personas, con todas las condiciones y limitaciones que ello supone, sólo podemos ser una mentira viviéndose a sí misma! Pero, fuera de esa mentira (la de creernos y vivir como partes y/o individualidades separadas), lo cierto es que nunca podremos ser el estar siendo de algo/alguien determinado y/o concreto (personas), sino el Estar Siendo sin más, esto es, el Estar Siendo de nada ni de nadie que pudiera percibirse limitado, condicionado, identificado ni de cualquier otro modo.  Marzo-15

92- No somos un ser concreto que está siendo, sino el Estar Siendo de todas las posibilidades de estar siendo a la vez. No somos algo, ni alguien, que está viviendo su vida y sus circunstancias, pues no existe nada que sea distinto de la posibilidad de Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Únicamente puede pensarse en algo y/o pensar en alguien determinado (incluido uno mismo) desde la identificación con un pensador, es decir, desde la especulación que supone el apego a la posibilidad de la separación física, mental, emocional, psicológica…, con aquello que se piensa, se recuerda, se imagina, se desea, se teme, etc., y, por lo tanto, desde la ilusión y el victimismo que supone concebirse a Sí mismo fraccionado, disgregado, enfrentado, limitado, conceptualizado. Opino que “juzgar” que alguien está haciendo algo erróneo y a continuación pensar “que un día u otro la vida le pasará factura y deberá pagar con la misma moneda…, que un día u otro la vida le pondrá en su sitio…”, no es propio de consciencias mínimamente lúcidas y/o desidentificadas. Todo ser, todo hacer, todo suceder, todo vivir y todo percibir concreto…, únicamente estará sucediendo en la mente que así lo imaginase, y sólo en esa “mentalidad efímera e intrascendente”; sólo en la creencia y en la sugestión de la mente identificada puede juzgarse y haber repercusiones o consecuencias. Percibiéndose a sí mismo como Estar Siendo Unicidad (sin identidad ni identificación), nada de lo habitual y aparentemente lógico, justo, correcto, etc., tiene el menor sentido. En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo tampoco hay lugar para la culpa, el error, el castigo, la venganza…, pues nada de eso existe realmente fuera de su respectiva creencia. Por consistir absolutamente todas las posibilidades de existencia en el Estar Siendo del Uno Mismo, en verdad nadie puede hacer, decir, pensar, sentir…, algo que no sea con respecto a Sí Mismo.  Marzo-15  

93- El observador, lo observado y la redención humana. Nada es la Unicidad (Todo Uno), y, sin embargo, todo está siendo el Estar Siendo Unicidad. Percibiendo desde la consciencia de Unicidad (nada es algo) queda claro que nadie puede “ser” el observador de nada y tampoco “ser” nada de lo observado. Por el simple hecho de que estén siendo considerados y nombrados de esa manera concreta, ni el observador ni lo observado, ni el pensador y lo pensado, ni el sentidor y lo sentido, ni el hacedor y lo hecho…, serán jamás reales por separado. Nada, que sea algo y/o de alguna manera determinada (comenzando por el supuesto yo personal), podrá ser nunca real fuera de la ficción en la que lo parezca. Paradójicamente, desapareciendo el juicio, que catalogaba esos elementos y/o diferenciaciones, es decir, dejando de ser considerados de ese modo limitado, tanto el observador como lo observado estarán conformando el Estar Siendo universal sin la menor posibilidad de división ni de separación. Solo por ser visto como algo específico, es decir, siendo eso y de esa manera que alguien percibe, estaremos ante una percepción ilusoria e irrelevante. Todo está siendo el Estar Siendo Unicidad, de ahí que en el instante que se percibe dualidad, diferencia, separación, oposición, conflicto…, puede asegurarse que se está en el universo imaginario de la consciencia identificada…, allí donde nada tiene sentido. ¿Consistirá la famosa “redención humana del error original” en la desidentificación total con el yo personal o ego (percepción falaz del uno mismo), esto es, en la aceptación del Estar Siendo Unicidad y únicamente Unicidad? Aquí y ahora siento que sí, pues en la consciencia de Estar Siendo Unicidad no cabe absolutamente ninguna tentación, ni separación, ni conflicto, ni juicio, ni deseo, ni temor, ni culpa, ni nada de cuanto es propio del ego y/o de la consciencia que se cree individual y separada.  Marzo-15

94- La Tierra no es plana ni redonda. Por mucho que, cada vez que creo que soy alguien determinado y/o que estoy viviendo algo definido…, pierda la consciencia de que únicamente es posible “el Estar Siendo ilimitado de todo a la vez”, lo cierto es que realmente siempre consistiré en “Estar Siendo” sin más. Por mucho que cuando creo y me identifico con la posibilidad real de poder existir siendo algo y/o alguien específico y/o con identidad particular, pierda la consciencia del Mí Mismo carente de identificación, lo cierto es que siempre Estoy Siendo todo y nada a la vez. Siempre estoy siendo Unicidad, pese a que al caer en la tentación de creer que soy cualquier otra posibilidad me sienta falsamente expulsado del paraíso de estar siendo Unicidad. ¡Todo está siendo uno sin condiciones y lo demás sólo especulación; todo está siendo uno y no hay nada que sea lo demás! Percibido desde la perspectiva estrictamente humana, la Tierra puede verse plana y parecer que eso es cierto. Percibido desde la perspectiva exclusivamente humana, la tierra también puede verse redonda y parecer que eso es verdadero. Pero a pesar de todo cuanto quiera argumentarse, fuera de esa manera concreta y limitada de percibir, la Tierra no puede ser ni plana ni redonda. Excepto comprendiendo desde la identificación con una percepción fragmentada de la realidad, la Tierra jamás podrá existir siendo algo separado del resto del supuesto Cosmos: la Tierra (exactamente como el resto de las percepciones realizadas desde la consciencia egoica) jamás podrá comenzar ni terminar donde nuestra limitada capacidad de comprensión determine. He aquí que para acceder a horizontes más extensos de consciencia algún día deberemos asumir otras posibilidades menos discriminatorias y limitantes de percibir y de comprender la naturaleza del Estar Siendo Unicidad. En el Estar siendo, nada “es” algo determinado ni de ninguna forma concreta o estática, de modo que, por lo tanto, también sería hora de aceptar que no es cierto que nadie haya venido aquí (la Tierra) para absolutamente nada.  Marzo-15

95- Hace unas semanas escribí que “percibido desde la consciencia de  Unicidad, en este preciso instante Estoy Siendo la existencia de siete mil millones de vidas humanas a la vez”. A ello habría que añadirle que simultáneamente también estoy siendo todas las vidas animales, vegetales, etc., de este planeta y del resto del universo. A partir de ahí, ¿puedo yo estar triste o alegre, feliz o infeliz…, es decir, puedo ser yo exclusivamente ese personaje que esté sintiéndose de alguna manera concreta en algún momento determinado por alguna cuestión específica? ¡Rotundamente, no! He ahí que yo, Estando Siendo Ahora Todo Uno, y, por lo tanto, Todo Uno Mismo (Unicidad), jamás podré ser nada ni nadie delimitado, definido, circunscrito, identificado, etc., fuera del ámbito de una falsa creencia o una percepción errónea respecto a mí mismo. ¡Quizás no se trate tanto de aceptarlo todo de la manera que es percibido, como de aceptar que siendo esa posibilidad determinada (yo, vida, mundo, felicidad, miedo, tristeza, alegría, etc.) nada de eso puede ser real! Desde mi punto de vista, cualquier posibilidad, que fuese percibida desde la consciencia identificada con un yo particular, jamás podrá corresponderse con algo real fuera del universo ilusorio en el que pudiera estar considerándose así. Excepto el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo nada más hay ni ocurre realmente, por lo tanto, tampoco eso que comúnmente viene denominándose “ego”. Al ego, igual que a todo cuanto pudiera nombrarse y/o atribuírsele alguna forma determinada de existencia (todos los nombres y conceptos humanos sin excepción) no consiste en nada más que en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, pero percibido con identificación, con separación, con límites y con condiciones absolutamente hipotéticas. He aquí que la lucha a favor y/o en contra de algo (el ego, los defectos, las virtudes, las carencias…) consiste exactamente en lo mismo y, además, en lo contrario de lo que supuestamente se pretenda. ¡Cualquiera acto, emoción, actitud, idea, pensamiento, comportamiento humano…, realizado desde la consciencia identificada, no hace sino reforzar la fantasía a la que pertenece! Así mismo, nadie puede amar específicamente a otro, porque por el simple hecho de intentarlo significará que está viéndose al otro como a alguien distinto, y, consecuentemente como alguien irreal. ¡Sólo los egos pueden relacionarse unos con otros!   Marzo-15

96- Naturaleza dualista. Paradójicamente, pese a que los seres humanos insistimos en manifestar nuestros grandes deseos de vivir en un mundo de paz, de libertad, de amor y de felicidad… para conseguirlo hemos optado por el camino más largo, tortuoso y conflictivo, esto es, hacerlo desde el rol de víctimas indefensas, es decir, de egos apegados a la percepción dualista y separada de la Realidad, en la que, por creernos y considerarnos individualidades particulares y separadas, siempre puede culparse a “lo aparentemente ajeno” de todo cuanto origina el miedo a aceptar que en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no existe la posibilidad ni la necesidad de ningún tipo de evolución ni de experiencia personalizada. Entonces, ¿culpabilizar a quién y por qué motivo, sin que el pobre e indefenso personaje, que viva apegado a dicha fantasía, se auto-imponga la obligación de ir cargándose con el peso de continuas frustraciones? ¡Curiosamente, para que alguien consiguiera “sentirse” feliz (no “ser” feliz) sólo se requiere que el individuo que desea eso desaparezca, es decir, que comprenda lo ilusorio de su naturaleza dualista! Sólo el Estar Siendo indeterminado es real, porque fuera del Estar Siendo sin limitaciones no hay nada más. Puesto que nada hay, tampoco nada está siendo ilusorio; lo ilusorio son las percepciones concretas e identificadas, surgidas a imagen y semejanza de nuestra propia identidad identificada o personal. Si el ego pudiera ser algo, entonces el ego también sería Unicidad; el ego sólo es ego percibido desde la identidad imaginaria del ego. Nada hay que no sea el Estar Siendo del “Ahora” Todo Uno Mismo, de ahí que si hubiera ego, entonces el ego también consistiría en una percepción adulterada del Estar Siendo Unicidad. Volviendo a la paradoja del principio, ¿qué puede estar dificultando que vivamos en un mundo de paz, amor, libertad, dicha y plenitud… a parte de la identificación con los personajes identificados consigo mismos, que expresan esos deseos también identificados e ilusorios y, por lo tanto, correspondientes a una realidad en la que nada real puede ser alcanzado por nadie, ni necesita ser alcanzado por nadie? ¡En la consciencia de Unicidad nada hay, nada ocurre, nada falta… pues todo consiste únicamente en Estar Siendo sin más!    Marzo-15

97- A) -Soy consciente de que esto que voy a decir quizás tampoco se comprenda; pero considero un gran error, una trampa más, otro ejemplo del victimismo humano... felicitarse por estar percibiéndose como mujer, hombre, trabajador o con cualquier otra etiqueta que, como todas las clasificaciones, sólo sirve para mantener la división entre unos y otros.... y, consecuentemente, para reafirmar y perpetuar también aquellas injusticias y discriminaciones que se dicen querer cambiar a base de celebraciones especiales. Y así año tras año...!  (publicado 8/03/15) B)-Mientras haya alguien que crea ayudar o ser ayudado... continuará la división, la separación y los conflictos derivados de esa manera de percibir la realidad una. Más no se trata de cambiar la mentalidad de ese alguien por otra mentalidad distinta (que nunca sería ni mejor ni peor), sino de comprender que ese alguien particular y separado nunca ha existido.

98- ¿La iluminación? Francis Lucille: “La iluminación es la comprensión profunda de lo que no somos. Cuando lo que no somos es eliminado, no hay necesidad de encender la vela, porque nuestra verdadera naturaleza más allá del tiempo brilla en su propia gloria”. Desde mi punto de vista, aquello de “Ser o no Ser…” nunca fue una auténtica cuestión fuera del comecocos humano. De regreso al tema de la iluminación de las personas: ¿Es posible el ser de algo que no seamos, es decir, que no estemos siendo ya? ¿Es posible ser, no ser? Mi opinión es que no hay ni ocurre nada que no Esté Siendo y/o lo que sería lo mismo, que “no hay no estar siendo” ni tampoco el estar siendo de algo definido. ¡El origen de  todos los espejismos radica en la creencia en la particularidad separada como algo cierto! Simplemente todo sin excepción consiste en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni condiciones de ningún tipo. Lo que somos no puede comprenderse, sencillamente porque eso no existe estando siendo algo y/o alguien concreto; pero, por lo mismo, tampoco es posible comprender lo que no somos. ¡No hay nada ni nadie que sea algo distinto al Estar Siendo sin más! Nada se puede ser, ni no ser, y tampoco comprenderse, ni no comprenderse. Sólo por el simple hecho de que la iluminación sea algo, la iluminación no puede pasar de consistir en una falacia más, una necesidad ilusoria más, una percepción fragmentada y errónea más, un victimario humano más. ¿Cómo puede haber alguien iluminado cuando no hay nada que sea la iluminación y tampoco nadie que sea alguien, iluminado ni sin iluminar? Creer en la iluminación como algo específico no sólo obliga a creer en esa particularidad con existencia propia, especial, a parte  (ser algo peculiar o excepcional), sino que dicha creencia también origina y refuerza la identidad del personaje que la considere. Definir algo convierte al personaje que realiza esa tarea en alguien aparentemente real, con lo que, consecuentemente, aquello que está demostrándose es la ilusión en la que discurre todo ello. Del mismo modo que, al preguntarnos “quién soy yo”, estamos partiendo de la afirmación encubierta de que damos por seguro que somos alguien (eso sólo puede hacerse desde el ámbito ficticio o especulativo), también al citar la posibilidad de “eliminar lo que no somos…” estaría manteniéndose subliminalmente que, por lo tanto, habría “algo” que sí somos. ¿Acaso alguna vez algo, incluso percibido como concreto y separado, ha permanecido siendo exactamente igual? ¡Nada es…, ni permanece siendo algo ni alguien, pues todo consiste en el único e indefinido Estar Siendo!  Marzo-15
 

99-  Sobre la felicidad y otros inventos. ¿No sería maravilloso poder ser feliz con independencia de que se cumpliesen nuestros deseos?  Opino que por el simple hecho de estar creyéndose alguien determinado, que desea algo también determinado, el objeto de ese deseo se convierte en una quimera inalcanzable. La misma naturaleza ilusoria del individuo que desea ser y/o estar de alguna manera específica, transforma en inviables y frustrantes todas sus pretensiones. Paradójicamente, el deseo de ser feliz se convierte en el principal obstáculo para darse cuenta de la absoluta innecesariedad de ser y/o de sentir de una manera específica. ¡Incluso con los ojos cerrados puede verse que nada hay ni acontece ni puede hacerse ni vivirse…, que únicamente no esté consistiendo en el Estar Siendo indeterminado del Uno Mismo! ¿Cómo sería posible entonces la existencia de alguien particular (especial-ilusorio) que vive deseando o rechazando ser y/o sentirse de la manera concreta (especial-ilusoria), que previamente hubiera juzgado y valorado a su antojo? ¿Cómo sería verdad que, desconociendo nuestra naturaleza (la que está manifestándose universalmente), sin embargo podríamos conocer qué sería deseable y qué no, en nuestra aparente existencia separada, cuando por el simple hecho de desear algo ya estamos negándonos la plenitud de Estar Siéndolo Ahora mismo? En el Estar Siendo nada permanece siendo algo concreto ni de la misma manera más allá del “Ahora” en que está siendo percibido. ¿Cómo sería posible alcanzar el deseo humano de sentirse feliz y/o de cualquier otra forma continuamente, y para qué sería verdaderamente necesario? Por mucho que las consciencias identificadas insistan en querer cambiar la naturaleza del Estar Siendo Unicidad, ello jamás ocurrirá. Si nadie puede caminar dos veces por el mismo camino, ni bañarse dos veces en el mismo río, ni respirar dos veces el mismo aire, ¿a qué viene pretender estar siendo y/o sintiéndose identificadamente? ¿En verdad es propio de seres inteligentes continuar insistiendo en las hipotéticas pretensiones humanas, a pesar de la milenaria experiencia respecto a los resultados a que conducen dichas falacias?  Marzo-15 
 

100- Cuestiones básicas. ¿Puede aceptarse algo antes de que ello haya sido “juzgado” de alguna manera por el supuesto aceptador? ¿Puede juzgarse algo sin que esté admitiéndose la existencia del juzgador y de lo juzgado por éste? ¿Puede juzgar algo el juzgador sin antes haber juzgado y aceptado éste la veracidad de su propia existencia particular? ¿Puede existir algo real que no esté siendo uno con el juzgador, y, por lo tanto, que no necesitara ni pudiera ser juzgando ni aceptado por nadie? ¿Necesitaría sentirse feliz o de cualquier otro modo aquel que no existiera verdaderamente como tal realidad separada, es decir, que sólo consistiera en una hipótesis mental y/o en un simple supuesto? ¿Puede haber mayor estado de felicidad que aquel que no fuera necesitado ni deseado por nadie ni estuviera sujeto a ninguna condición? Perseguir la felicidad y/o cualquier otro estado ideado por la consciencia humanizada no sólo deja de manifiesto la identificación (creación) de la consciencia con el sujeto que supuestamente protagoniza dicha persecución; además significa la autocondena (por una percepción victimista de la realidad) de dicho personaje a perseguir la necesidad de algo que está dando por seguro que no está formando parte de su naturaleza: ¡Que no está siendo uno el Sí mismo ya! El Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, sin identidad ni limitaciones, carece por completo de la necesidad de los juicios, de las valoraciones, de los deseos, de las justificaciones y de los miedos imprescindibles en la negación y/o la desconfianza de Aquello. Nada puede negarse ni aceptarse, y tampoco en nada puede confiarse ni desconfiarse que todo ello “únicamente” consista en algo percibido distinto al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo. Percibir correctamente significa percibir sin perceptor y sin deseo de percibir algo determinado, es decir, prescindiendo de la identificación con el perceptor y con sus percepciones. El sentidor y lo sentido no son dos realidades distintas, sino dos maneras diferentes de percibirse a Sí Mismo. Jamás existirá algo que no consista en el estar siendo del Estar Siendo Unicidad; en percibirse así consiste todo. La felicidad y el individuo que la desea no existen por separado ni estando siendo algo distinto, de ahí que perseguir la felicidad y/o cualquier otro estado hace imposible alcanzar esa meta ilusoria salvo inventándose justificaciones y sucedáneos pasajeros.   Marzo-15

101- El cielo y el infierno. Seres buenos y seres malos. Seres iluminados y seres oscuros. Seres amables y seres despreciables. Seres mejores y seres peores. Seres evolucionados y seres primitivos. Experiencias positivas y experiencias negativas. Actos acertados y actos erróneos. Sentimientos deseables y sentimientos indeseables. ¿Alguien puede imaginarse un infierno más cruel que el consistente en la “existencia necesaria e inevitable” entre las anteriores alternativas…, y más cuando estuvieran siendo tomadas por absolutamente reales? ¿Qué diferencia real puede existir entre las distintas percepciones o juicios de una consciencia que, por el simple hecho de atreverse a juzgar, está declarándose rotunda negadora de la realidad? ¡Basta con “muy poco” para poder darse cuenta de que nuca existió algo que fuera de ninguna manera, ni que permaneciera siendo exactamente igual que estaba siendo un instante antes, y, sin embargo, la supuesta especie de “seres”, que se autoproclama superior, inteligente y la predilecta de una Divinidad Suprema, no renuncia a vivir en el infierno de las falsas necesidades, de los inútiles juicios y de las ficticias culpabilidades que lleva milenios creando y recreando para justificar el miedo a no merecer el cielo! ¿Seres? ¡Ufff, seres! ¿Seres? ¡Woo, seres! El Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, universal, incondicional e ilimitado, de repente convertido en “seres” finitos, carentes y transitorios que se creen especiales: ¡Woo! Nunca habrá nada ni nadie que “sea” algo ni de ninguna manera. ¿Para  qué más infierno que permanecer en  la creencia de ser alguien determinado y todo cuanto ello origina? La bondad humana no es nada más que la contrapartida que el ego (consciencia identificada con la hipótesis del Sí Mismo dualizado y/o imaginario) utiliza para mantener viva la fantasía de su existencia. La única diferencia entre los seres bondadosos y los seres insensibles estriba en el papel que se interpreta dentro de la ficción en la que discurren todos sus actos. ¡Ningún personaje tiene más ego ni menos ego, por el hecho de que esté interpretando un papel u otro, pues todos serán ficticios. Es una burda mentira que alguien sea mejor ni peor que otro alguien, por la sencilla razón de que salvo especulativamente no existe la existencia de los “seres” ni de sus supuestas vivencias!  Marzo-15

102- ¿Somos? En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo no hay pensamiento, ni sentimiento, ni acción, ni sensación, ni intuición, ni conocimiento, ni experiencia, ni absolutamente nada de lo que, percibido e interpretado desde la consciencia identificada, egoísta, victimista y dualista (consciencia humanizada) parece haber y acontecer. Pese a que desde dicha posibilidad de percepción parezca distinto, lo cierto es que nada consiste en algo distinto al Estar Siendo Unicidad sin más. He ahí entonces que realmente (fuera de la existencia ilusoria  e identificada con el yo humano) no hay nada verdadero por lo que luchar (ni a favor ni en contra), y tampoco hay nada que rechazar, que perseguir, que desear, que temer, etc. ¡Sencillamente no existe eso que interpretamos como yo y mis pensamientos, yo y mis emociones, yo y mis inquietudes, yo y mi vida! Nada determinado puede saberse, ni conocerse, ni vivirse por parte de nadie, pues, todo saber, todo conocer y todas las vivencias posibles de alguna personalidad siempre estarían consistiendo en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, pero vestido con el disfraz de las ilusiones, las condiciones y las limitaciones de esa identificación egocéntrica. En anteriores escritos decía: ¡Nada hay, todo Es! Ahora matizo: ¡Nada Es, todo, sin excepción, consiste en Estar Siendo sin más! Debido a la pobreza del lenguaje humano, para referirnos a aquello que consideramos nuestra propia identidad, muchas veces afirmamos que: ¡Somos…! Sin embargo, eso, y todo cuanto luego sustituimos por los puntos suspensivos, no deja de ser una simple creencia. No hay nada ni nadie que sea algo distinto al Estar Siendo Unicidad. ¡No somos! No hay nada ni nadie que sea algo siendo eso que parece y/o que puede percibirse e interpretarse desde la convicción de un ser específico. He ahí que al soltarnos de la creencia en nosotros mismos (individualidades separadas) estamos soltándonos de todo aquello que también podamos estar considerando nuestro, sin que percibido y vivido de esa manera pueda serlo jamás. Perdonarse consiste en darse cuenta y aceptar sin condiciones que no había nadie a quien perdonar, ni nada que verdaderamente necesitara ser perdonado por parte de nadie. ¡No somos nada, ni nadie, ni de ninguna manera, ni por ningún motivo… por mucho miedo que creamos sentir (no es real) al suponer lo contrario y vislumbrar tanto poder y tanta libertad!   Marzo-15
 

103- Ni lástima ni admiración. Pensamos que nos quejamos por esto y por lo otro que ocurre en nuestra vida; pero, ¿no será que por lo único que verdaderamente estamos quejándonos sea por ser nosotros, es decir, por las consecuencias de vivir identificados con el personaje que creemos estar siendo, y que, pese a todo, paradójicamente jamás podremos ser? ¡Nada es…, todo está siendo Estar Siendo sin más! No somos ni éste ni aquel. No somos ni así ni asá. No somos por esto ni por aquello. ¡Sencillamente no somos! Nada es algo ni alguien. Todo consiste en Estar Siendo…, pero jamás nada determinado, y, por lo tanto, siempre Todo Uno Mismo a la vez. Si sientes sufrimiento: ¡Estas siendo! Si sientes alegría y felicidad: ¡Estas siendo! Si sientes tristeza y desánimo: ¡Estas siendo! Si sientes miedo y ansiedad: ¡Estas siendo! Siempre se está siendo el Estar Siendo, con total independencia de cómo ello sea juzgado, valorado, aceptado, comprendido, etc., desde la hipótesis de ser otra posibilidad distinta. Excepto Estar Siendo… sin identidad ni limitaciones de ningún tipo, nada distinto hay, ni ocurre, ni puede hacerse, ni puede cambiarse. Así pues, haz lo que quieras, piensa como desees, siente lo que más te apetezca, vive todo lo que te de la gana; pero no olvides que en verdad “siempre” estarás siendo el Estar Siendo desprovisto de cualquier rastro de identidad ni limitación. Excepto la consciencia de Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, todo lo demás puede soltarse con total confianza y tranquilidad, pues siempre será de naturaleza mental o ilusoria, y, por lo tanto, absolutamente innecesario e intrascendente. No hay pensamientos, ni sentimientos, ni actitudes, ni actos, ni nada de nada que (por mucho que parezca otra cosa) consista en algo distinto a Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin más. ¿Hay alguna diferencia entre sentir lástima o sentir admiración por otros semejantes? Ninguna, pues en ambos casos los estaríamos considerando en base a la percepción egoica e idealizada que se tuviera de uno mismo, consecuentemente potenciando la separación que los convierte en “otros” y también la culpabilidad y el miedo de sentirse distintos.   Marzo-15
 

104- Al manifestar que buscamos a nuestro verdadero yo, ¿acaso no estamos admitiendo la posibilidad de la existencia de un falso yo que, por lo tanto, no podría ser otro que aquel que estuviera buscando al yo verdadero? ¿Puede encontrarse algo verdadero cuando se da por cierto que quien lo busca es falso? ¡En esta locura vivimos! Todo es real…, cuando eso no es nada ni de ninguna manera... es decir, cuando sólo consiste en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni identificación. La existencia humana, la de cada individuo, discurre en la hipótesis de que todo es algo por separado, que todo tiene algún por qué y algún para qué, etc. Las consecuencias de esa falacia son todo aquello que cada individuo cree que es, cree que piensa, cree que siente, cree que le ocurre, cree que protagoniza, cree que vive, etc.,  Creerse una persona no significa Estar Siendo eso; pero sí obliga a vivir dentro de esas condiciones y esas limitaciones. Vivimos como personas en la ficción de creernos personas; sin embargo, está demostrado que basta con cambiar nuestra percepción y mentalidad para que todo lo demás parezca cambiar también. ¿Acaso será cierto que nosotros y nuestro mundo sólo son una realidad mental? El sufrimiento, la felicidad, la tristeza, la alegría… nunca nacen de lo que nos ocurre, sino de cómo lo percibimos, cómo lo interpretamos y cómo nos identificamos, es decir, de cómo nos vemos reflejados en ello a partir la consideración que tengamos respecto a nosotros mismos. Basta cambiar esto último para que todo lo demás parezca diferente también. De cada mente identificada es la responsabilidad y la elección. ¿Actuaría diferente el personaje de una obra literaria de ficción si fuese consciente de que él y todas sus vivencias son ficticias? ¿No estará siendo que en verdad todos somos conscientes de la ficción en la que existimos, aunque actuemos como si no conociéramos eso? ¿Puede tener alguna trascendencia el comportamiento, las reacciones, las experiencias, etc., de un personaje ficticio dentro de la obra, también ficticia, de la que forma parte mientras vive considerándose de ese modo? ¡Nada es algo; todo está   siendo nada determinado!  Abril-15 
 

105- El aquí y ahora, cuando fueran algo, es decir, cuando fuera aquí y ahora, entonces sólo sería ilusión vivida como algo real por alguien irreal que vive creyéndose real. ¡No existe el aquí y ahora de nadie! Igual ocurre con las experiencias humanas: que no sirven para nada cuando eso consiste en algo concreto para alguien. Jamás las experiencias o vivencias de algún sujeto servirán para algo que no termine cuando el individuo que las protagonizó llegue al final de su historia o del sueño de su existencia particular. Las experiencias personales no llevan a ningún cambio, por la sencilla razón de que nada consiste nunca en aquello concreto que, fuera del juicio egoico que las identifica y cataloga, alguien pueda creer que está viviendo o experimentando. ¿Qué progreso puede proporcionar, y a quién, aquello que únicamente “es eso y de esa manera” en el reflejo de una creencia completamente ilusoria y personal? ¿Qué progreso puede surgir de la absoluta innecesariedad de nada? ¡Siempre estamos tropezando en la misma piedra, pero no porque sea cierto, sino porque así queremos juzgarlo y creerlo! En la consciencia de Unicidad no hay ningún qué, ningún quién, ningún por qué y ningún para qué. En la consciencia del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (sin identidad y sin identificación), excepto el Estar Siendo sin más, nada hay ni ocurre; de ahí que todas las preguntas que pueda plantearse el ser humano nunca estarán refiriéndose al Estar Siendo (en el Estar Siendo el ser humano no existe como tal), sino a las justificaciones con las que seguir alimentando la creencia en la existencia del personaje que parece plantearlas. He aquí que todo pensamiento, emoción, idea, circunstancia, experiencia…, vivido desde el yo identificado, puede “soltarse ahora mismo sin el  menor temor ni preocupación”, porque en verdad no dejará de consistir nada más que en simples juicios o excusas del ego (identidad ficticia) encaminados a mantener activo el juego ilusorio en el que ello puede tomarse como una posibilidad cierta.    Marzo-15
 

106- Muerte y Unicidad (no uno). -¿Si te dijeran que tienes un cáncer...? Supongo que en ese caso haría lo que suele hacer casi todo el mundo. Iría al médico especialista; pero quizás con una consciencia más despejada y despreocupada. No temo a la muerte, porque soy consciente de que llegados a ese extremo lo único que moriría sería el yo ilusorio, que cree existir por separado. Cuando el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo supusiera la llamada muerte, sólo moriría el yo transitorio que, de todos modos, terminará desapareciendo un poco antes o un poco después. ¡No hay ni acontece nada que no consista en Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin excepción, por lo tanto, he ahí que en verdad morir tampoco suponga algo distinto a continuar Estando Siendo Unicidad! El Estar Siendo ni nace ni muere, porque el Estar Siendo nunca es algo determinado ni limitado; sin embargo, precisamente por esto último, las personas sí están obligadas a nacer y a morir. ¡Dime qué te consideras (Estar Siendo Unicidad o estar siendo una persona) y podré decirte cómo vives y cuál será el final de la historia! Unicidad significa no-dos siendo, pero también no-uno siendo con identidad propia. Al aceptar “no ser” alguien concreto, se esclarece la comprensión de que en el Estar Siendo mucho menos sería posible la existencia de “un ser individual”, ni el estar siendo de dos o más estar siendo distintos. Salvo en la consciencia identificada con la posibilidad o la hipótesis del uno concreto y separado, no puede haber ni uno ni dos (vida-muerte, bien-mal, amor-miedo, felicidad-infelicidad, salud-enfermedad, yo-tu, yo-alegría), ni algo que originara cualquier atisbo de diferencia o separación. En el instante que se admite el “uno concreto” (siendo algo y/o de alguna forma) tiene que admitirse el dos, el tres, el cuatro…, el infinito. ¡Nada hay ni ocurre; todo ello únicamente consiste en el mismo Estar siendo sin identidad ni identificación, esto es, sin llegar a ser nada determinado jamás! Si hubiera muerte también habría quien necesitara morir o vivir y viceversa, pues cuando algo se concibe concreto necesita de opuestos y de semejantes para no terminar desvaneciéndose. Todo cuanto nace y todo cuanto acontece es de naturaleza efímera, condicionada y limitada: el estar siendo de una percepción identificada o egoísta.  Marzo-15

107- ¿Estas preparado para sufrir? El sufrimiento no es necesario ni útil para nada. Nada es necesario para otro algo, por la sencilla razón de que verdaderamente no existen dos realidades distintas ni carentes de algo. Al identificarse y/o reconocerse a sí misma, entre otras muchas posibilidades cada consciencia (ilusoriamente aparecida), también origina el espejismo del sufrimiento. El sufrimiento no cae del cielo ni de ninguna otra parte; nosotros mismos, al creernos seres particulares, y, por lo tanto, seres sufrientes, lo creamos premeditadamente. ¿Quizás para mantener activo el funcionamiento de nuestro victimario personal? Hay personas tan adictas al sufrimiento que viven con miedo a no tener nada por lo que sufrir. El sufrimiento, igual que el resto de los conceptos propiamente humanos, forma parte del victimismo que acompaña al hecho de creerse especial y/o particular. Pero el victimismo no sólo es característico de las individualidades identificadas consigo mismas, sino que, cuando se convierte en tradición, también caracteriza a los pueblos, a las sociedades y a las especies. El victimismo no sólo consiste en ir vanagloriándose de la necesidad de experimentar sufrimiento y/o cualquier otra emoción catalogada como negativa; victimismo también es justamente lo contrario, esto es, jactarse de ser mejor, más inteligente, más organizado, más culto, más feliz, más amado, más espiritual, etc., que los demás. ¡El victimismo consiste en cualquier posibilidad que incluya la creencia en “ser” alguien separado del resto de las posibilidades de existencia! Ego y victimismo son sinónimos, de ahí que no diferencien entre estados, signos, categorías, nombres, valores ni entre nada más, pues, por el simple hecho de que la consciencia se identifique con cualquier posibilidad, la dependencia con su predominio estará asegurada. Del orgullo y del victimismo, que supone creerse especiales o particulares, surgen estos lodos.  No hay ningún Dios que no consista en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni límites, consecuentemente, cualquier religión, oración, suplica, promesa, lamento y agradecimiento a un dios externo,  nunca dejará de consistir en un ejercicio más del victimismo humano que supone vivir en el rechazo continuo al Uno Mismo.  Abril-15

108- Ni diversidad ni uniformidad. Sin estar siendo nunca alguna posibilidad concreta de estar siendo (nada es algo), sin embargo, siempre (Ahora) está siendo el Estar Siendo de todas las posibilidades a la vez. Precisamente, de la distorsión que supone la identificación con un estar siendo concreto (algo-alguien), surge el fenómeno ilusorio que, dependiendo de la posibilidad (la yoidad) desde la que esté mirándose, permite el espejismo de la percepción diferenciada. Visto desde una posibilidad (un yo o juicio concreto) puedo percibirme loco, inteligente, feliz, triste, asustado, abundante, carente… de infinitas maneras. Pero, puesto que en verdad todo consiste en el Estar Siendo todo a la vez sin división ni diferenciación posible, es decir, Ahora Todo Uno Mismo, ¿teniendo consciencia de ello de qué tendría que preocuparme, disgustarme, violentarme ni sentirme de alguna manera determinada, cuando no estuviera identificándome con una única posibilidad, yoidad o juicio…, por otra parte todas igual de acertadas y de erróneas? Unicidad (Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo) no equivale a ningún tipo de diversidad (todo distinto) ni de uniformidad (todo igual), como desde la percepción identificada, dualista, victimista y/o egoísta pudiera creerse e interpretarse. ¡Uniformidad y diversidad son simples apariencias! Las apariencias de diversidad y de uniformidad son posibles en el Estar Siendo Unicidad (Todo Uno Mismo), precisamente por la libertad de interpretación que permite el Estar Siendo sin ningún tipo de determinismo ni de concreción (todo vale). Unicidad no significa estar siendo la apariencia de algo específico, único, con identidad y todopoderoso; Unicidad equivale al Estar Siendo sin más.  La apariencia de la diversidad, al contrario de lo que se interpreta desde la percepción ilusoria de la identidad separada, no implica diferencia entre partes distintas; esa vieja interpretación es completamente errónea, ficticia y generadora de continuas e históricas confusiones. Seguramente, para no tener que admitir que las diferencias sólo obedecen a juicios mentales egoicos y discriminatorios, se dice que “la diversidad enriquece”. ¿Qué enriquece, más allá de las viejas creencias y paradigmas? La existencia particular del ser humano es una ilusión, de ahí que cualquier intento humano por "cambiar algo" siempre supone el refuerzo de la fantasía de la existencia humana, ya que, por no existir nada que este siendo algo concreto, tampoco al margen de las creencias nada puede ni necesita cambiarse.  Abril-15
 

109- Cuestiones retóricas. Si tus objetivos dependen de que puedas comer o no puedas comer, ¿cómo puedes “conseguir” que tu espiritualidad, tu mente, tu estado… sea de paz y de amor? -Pregunta típica, que parte del supuesto imaginario de que la realidad es tal como cada mentalidad condicionada la percibe y la interpreta.- Nada falta por conseguirse, pues, excepto el Estar Siendo, nada más hay ni está siendo. No hay pensar ni pensador, no hay sentir ni sentidor, no hay hacer ni hacedor, no hay experiencia ni experimentador; no hay ni ocurre ni puede hacerse nada que (aunque supuestamente esté siendo nombrado de otro modo por alguien) ciertamente consista en algo distinto a Estar Siendo Unicidad (Todo Uno Mismo sin identidad ni identificación). Eso significa que Estar Siendo no depende ni necesita de nada ni de nadie, pues, salvo especulativamente (en la falaz creencia de estar siendo alguien haciendo algo), no existe ninguna otra posibilidad ni condición. ¡No hay ni acontece nada que no consista única y exclusivamente en el Estar Siendo Unicidad! En el Estar Siendo no hay diferencia alguna entre estar procurándose alimentos, confort, salud, diversión o cualquier otra manera particular de ““interpretar”” el Estar Siendo. No hay diferencia entre realizar unas actividades u otras, pensar unas cosas u otras, sentir unas emociones u otras…, pues, con absoluta independencia de lo que ilusoriamente (en la identificación) pueda “creerse” al respecto, lo único que verdaderamente estará produciéndose siempre será el Estar Siendo y sólo el Estar Siendo. ¡Salvo mentalmente, es decir, egoísta y victimistamente, no hay ninguna diferencia entre el Estar Siendo ““interpretado”” como un sentimiento de paz o de ansiedad, de amor o de miedo, de alegría o de tristeza…, pues más allá del juicio no hay nada distinto a Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo! No existe el Estar Siendo concreto de algo ni de alguien, pues incluso cualquier posible resistencia a aceptar eso consistirá en Estar Siendo. ¡Haz, piensa, siente, experimenta, vive… con absoluta libertad, sin culpas ni miedos; pero también siendo consciente de que todo cuanto “personalmente” creas percibir y de la manera que juzgues estar percibiéndolo, será “mentira”; será la consecuencia natural e inocente de creerte alguien concreto y separado del Estar Siendo Unicidad! Excepto en la imaginación, que por juzgarlo de esa manera crea estar viviéndolo de esa forma, no hay bien ni mal, no hay mejor ni peor, no hay acertado ni desacertado, no hay yo ni tú, no hay el ser ni el estar siendo de nada.  Abril-15
 

110- La vida real. Para que en el universo virtual, surgido de la consciencia identificada, alguna cosa sea percibida, juzgada y catalogada como esa posibilidad concreta y/o de alguna manera determinada, siempre se precisa un punto de referencia a partir del cual realizar dicha valoración e identificación. Para que algo pueda percibirse cerca o lejos, arriba o abajo, mejor o peor…, primero se necesita otro algo con respecto a lo cual poder establecer ese criterio. ¿Cómo puede definirse que una flor sea bella o común, sin una conceptualización previa de la belleza, basada a su vez en otras conceptualizaciones previamente pactadas? Pero, lo más importante, ¿cuál sería el punto de referencia en base al cual el ser humano se identifica a sí mismo como tal entidad particular y de la manera específica que viene haciéndolo desde miles de años atrás? ¿En base a qué criterio real, un ser humano es un ser humano? He aquí que el ser humano percibe la realidad fraccionada, separada y enfrentada entre sí, precisamente porque en su consciencia identificada permanece esa misma percepción o concepto de sí mismo: esa inconsciencia de sí mismo. Vemos culpa, miedo, felicidad, etc., pero no porque existan la culpa, el miedo y la felicidad, sino porque creemos en la culpa, creemos en el miedo y creemos en la felicidad… ¡Creemos ansiosamente en la necesidad de que exista algo! ¿Qué principio fundamental hemos tomando de referencia para configurar todas y cada una de las “creencias o programas virtuales”, que determinan por completo prácticamente todos los detalles de nuestra virtual existencia? Todos los conceptos utilizados por la mente humana y/o por la consciencia identificada con la individualidad humana, surgen delimitados y condicionados precisamente por el concepto que cada persona tenga de sí misma. Incluso leyes tan incuestionables como la de causa y efecto sólo existen y se producen en el universo virtual creado por la mente que las percibe; sin embargo, en la consciencia de Unicidad la dicotomía, que suponen las percepciones diferenciadas entre causas y efectos, resulta completamente innecesaria. Eso significa que en este mismo mundo, siempre que sea fuera del ámbito o consciencia donde esas leyes parecen auténticas (la vida cotidiana de los egos), también “es posible soltarse y prescindir” de las repercusiones de esa interpretación: en la vida real nada determinado existe ni es necesario.   Abril-15
 

111- Según algunos autores, estamos aquí para vivir la experiencia humana. Sin embargo, ¿en qué consiste, según ellos, la experiencia humana? Dicen que básicamente en vivir sin recordar quienes somos. Con todo el respeto, quiero decir que no comparto esas opiniones. Pasar por todo tipo de supuestas experiencias personales con el fin de recordar que eres aquello mismo que continuarías siendo de todos modos, lo encuentro de puro masoquismo, es decir, característico de los razonamientos genuinamente victimistas  y/o egoicos. ¡Ni estamos aquí, ni somos nadie viviendo nada! Dice el refrán que “cree el ladrón que todos son de su misma condición…”, y, -añado yo-, cree el individuo humano que todo es de la manera falaz que él mismo vive creyendo percibirse y considerarse. ¿Quizás  por ese motivo (percibirlo todo según nuestra imagen y semejanza física y psicológica) estamos continuamente atribuyéndole cualidades y necesidades humanas a lo que consideramos externo y ajeno (personificación)? Olvidar, recordar, experimentar, conocer, aprender, amar, temer, sufrir, disfrutar, evolucionar, cambiar, mejorar…, todo son conceptos y necesidades puramente humanos, es decir, egoístas, que nada tienen que ver con la realidad en la que todos esos juicios e interpretaciones quedan trascendidos. ¡Yo soy yo! He ahí el pecado original que continuamente (a cada instante) está suponiendo la expulsión de la consciencia de Unicidad y el peregrinaje por un mundo construido a base de ilusiones, fantasías, quimeras, esfuerzos, luchas, búsquedas, sacrificios y utopías mentales que “no sólo cometió el presunto primer ser humano, sino todos y cada uno de nosotros cada vez que presuponemos caer en la tentación de percibirnos y creernos especiales y/o separados, esto es, algo distinto al Estar Siendo Ahora Unicidad sin más. Bíblicamente, el victimismo humano (creerse particulares y carentes, con todo cuanto ello supone) comienza con el mordisco al fruto prohibido (identificación-separación). Allí la consciencia elige tomar su propio camino, sin percatarse de que no había ningún camino que tomar. Así comienza lo que en verdad nunca comenzó.  Abril-15 

112- Aflicciones y alegrías. La tristeza por la muerte de un familiar y/o de un ser querido, ¿podría originarse por el reforzamiento que esa muerte parece suponer de la vieja creencia (porque no es cierto) de que eres alguien distinto y separado de la persona fallecida; creencia debida a que tú mismo estás fuertemente identificado con la percepción de que sólo eres una parte de algo desconocido y superior, a pesar de que ello ocurra en presencia de la consciencia de que todo eso es ilusorio? ¿Podría ser esa misma (creerse y sentirse separados del Uno Mismo Único o Universal), la causa fundamental del resto de las aflicciones y de las alegrías humanas? ¡Si fuera así, entonces sería fácil soltarse de esa dependencia, porque en verdad dicha supuesta separación nunca fue real y bastaría con darse cuenta de ello! Si la muerte fuera el polo opuesto de la vida, entonces no podría existir ni la vida ni la muerte. Nada que pueda ser nombrado por alguien y/o percibido de una manera específica (siendo algo concreto), podrá estar siendo algo distinto a la percepción de una simple posibilidad determinada del Estar Siendo indeterminado. La soledad, por ejemplo, ¿existe verdaderamente fuera de una identificación  mental concreta y muy particular, que hace que cada persona vivencie esa situación de un modo completamente distinto? Nadie, que no se considere a sí mismo un individuo absolutamente delimitado y carente, podría sentir soledad ni en un sentido ni en el opuesto. La soledad y todos los demás sentimientos comienzan por la creencia que se tenga respecto al Uno Mismo. En el Estar Siendo Uno con todo es imposible e innecesario el sentimiento de la soledad y también cualquier otro. Fuera de las valoraciones egoicas, lo cierto es que nunca se está solo ni acompañado. ¡Salvo en la creencia e identificación con la percepción de que ello pudiera estar siendo así, lo cierto es que nunca hay nadie que esté de ninguna manera! Exactamente por el mismo motivo, desde el momento que se admite que algo externo o ajeno al Estar Siendo del Uno Mismo ilimitado puede aportar algo de lo que realmente se carezca, la felicidad queda convertida en el sentimiento de una utopía.   Abril-15

113- Únicamente puede buscar la verdad el personaje que se cree diferente a la verdad, por lo tanto, también el individuo que, por buscar algo determinado, nunca podrá encontrarlo, pues la misma búsqueda de algo concreto y ajeno a sí mismo estará impidiendo darse cuenta de aquello. Todo está siendo real, porque verdaderamente nunca nada ni nadie está siendo algo determinado. Todo está siendo real, cuando no está siendo percibido como algo específico, por eso mismo, “Aquí y Ahora”, pero visto como algo concreto, también todo está siendo ilusorio. El observador y sus observaciones, igual que el perceptor y sus percepciones sólo tienen lugar en el mundo de la especulación, de los juicios y de las interpretaciones de supuestos mentales. Salvo lo ilusorio, nada puede ser definido. El simple intento de definir algo convierte a ese algo (comenzando por el sujeto que lo intentara) en pura fantasía. La mente (consciencia identificada) es capaz de materializar todo lo que la mente es capaz de crear e imaginar. Cada individuo ve, siente, experimenta, vive…, según desde la perspectiva que mira y comprende; más, esto es así porque a su vez cada individuo concreto no está siendo nada más que una supuesta perspectiva o punto de vista determinado. En la creencia de estar viéndose como un individuo particular, está también la creencia de estar viendo a otros individuos concretos y la de poder ayudar o perjudicar a otro y/o de poder ser ayudado o perjudicado por alguien distinto al Uno Mismo. La relación de limitaciones, conflictos, falsas esperanzas y frustraciones, que ello viene originando a la humanidad desde miles de años atrás, por ficticia, tampoco tiene límites. El egoísmo consiste en ver que la vida y los demás no son tú mismo, esto es, algo distinto al “Todo Uno Mismo” sin identidad ni identificación de ningún tipo.  Abril-15

114- El error original. El sueño, maya, las percepciones erróneas, el ego, la dualidad, la creación del universo, la falsa expulsión del paraíso de la consciencia de Unicidad…, de alguna manera esa alucinación comienza con el supuesto de que en el fluir de la consciencia aparece el concepto “yo”, esto es, la apariencia de la identificación y de la concreción, simbolizado por el mordisco de la manzana prohibida. ¿Consistirá entonces la famosa redención humana (perdón) del supuesto error o pecado original en la desidentificación total con el yo personal, egoico o ilusorio, esto es, en el regreso a la consciencia de que nunca existió ninguna identificación, ya que ello mismo consistiría también en el propio fluir del Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (Unicidad)? Aquí y ahora siento que sí, pues en la consciencia de Estar Siendo Unicidad no cabe absolutamente ninguna tentación, ni separación, ni conflicto, ni juicio, ni deseo, ni temor, ni culpa ni nada de cuanto es propio del ego (creerse alguien particular) y/o de la consciencia que, al creer identificarse, también se cree individual, separada, expulsada, culpable y merecedora de castigo o redención. No hay más pecado original que aquel que (en una especie de alucinación) consiste y se comete al decir el primer “yo”. Al identificarse con el primer “yo” también se produce la caída en el abismo de la ilusión y/o de la percepción de la separación y de los conflictos entre supuestos inexistentes. Nada hay ni acontece ni puede hacerse fuera (no hay ningún fuera verdadero), que ello pueda llenar el vacío originado al creer que no está aceptándose el Estar Siendo del Uno Mismo. Curiosamente, los mismos personajes que enseñan y defienden la estupidez de que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente también participan en el gobierno y la explotación de las condiciones del trabajo. Absolutamente todas las posibilidades, que puedan percibirse desde la consciencia identificada del yo, consisten en el Estar Siendo Unicidad y sólo Unicidad (Uno Mismo), por mucho que, únicamente por estar interpretándolo de otra manera, no lo veamos así. Hay personas que afirman vivir muy inquietas y que necesitan paz; pero he aquí que su supuesta inquietud consiste en una percepción y una interpretación equivocada de la misma paz que afirman necesitar. En la consciencia de Unicidad, la paz que se desea consiste en una interpretación distinta de la inquietud que se rechaza.  Abril-15

115- Divide y vencerás. Los personajes agresivos y violentos no pueden existir sin el permiso expreso de los personajes dóciles, los personajes sumisos, los personajes que hacen de víctimas. ¡Cada personaje se crea a sí mismo y ayuda a crear a los otros; entre el uno mismo real y los otros no hay verdaderas diferencias! En la obra de ficción, que consiste el desarrollo de la supuesta existencia humana en este mundo, para poder existir como tales, unos personajes necesitan de la existencia de los otros; eso hace que, a pesar de las apariencias y de las lágrimas fáciles, unos no sean mejores ni peores actores que los otros. ¡La responsabilidad de la representación siempre está compartida por igual! Sin diversidad de personajes, representando cada uno de ellos diferentes papeles, tampoco sería posible esta obra teatral.  Sin embargo, debería tenerse en cuenta que nada de cuanto suceda en este escenario será real excepto para las mentes que así lo crean (la creación es mental) y lo creen. ¡Siempre el engaño de la percepción dualista y/o egoísta; siempre la justificación a través de la mentira de los opuestos, de la separación, de la diferencia, de la apariencia! “Divide y vencerás”, he ahí el slogan preferido del ego, es decir, del estar siendo identificado con el personaje, que, por estar considerándose algo concreto y diferenciado, sólo discurre dentro del ámbito de esa consideración especulativa, ilusoria o teatral.  Incluso el “no ser” de algo, estaría siendo “un ser algo para alguien”, por lo tanto, algo también ficticio. No hay nada que sea ni que no sea, pues si en algo pudiera consistir aquello que intuimos como la realidad, sería en no permanecer siendo algo ni alguien determinado jamás. ¿Qué decir entonces respecto al testigo y/o al observador de la supuesta realidad? Simplemente que sólo existen en la misma ficción de la creencia en su posible existencia; decir que en el fondo son unos personajes igual de mentirosos que los demás.   Abril-15

116- Las personas no tienen un ego, pues el ego de cada persona es la  persona misma. El ego consiste en percibirse y creerse alguien particular, diferente, separado, indefenso, carente, especial…, expuesto a todo tipo de necesidades, ataques, vicisitudes y con el resto de las características y las condiciones propias de un personaje cualquiera. La persona y el ego configuran la misma ilusión, de ahí que “dentro de dicha fantasía” una no pueda existir (como tal individualidad) sin la creencia en el otro y viceversa. He ahí el motivo fundamental por el cual la famosa lucha, de las personas contra su supuesto ego, después de muchos esfuerzos acostumbra a terminar con una aceptación mutua. La persona, que vive considerándose un ser humano concreto, es ego; pero no porque realmente lo sea, sino únicamente debido a esa consideración a cerca de sí misma, y sólo dentro de ese ámbito mental. La falacia del ego y de la persona irá desapareciendo (no necesariamente en la apariencia física) en la misma medida que la consciencia abandone o  trascienda la identificación con la individualidad personificada. Por lo mismo, cuando una persona va dejando de percibirse y de considerarse a sí misma como tal entidad concreta (un ser humano determinado), también paulatinamente va cesando de percibir el  resto de la existencia de ese modo fraccionado, diferenciado, separado y enfrentado entre sí. He aquí entonces la causa por la cual todos los actos, todos los pensamientos, todos los sentimientos, todas las actitudes y todos los comportamientos de la persona, “que vive identificada con su apariencia humana”, más allá de lo que parezcan o se finja, siempre serán de naturaleza egoísta, victimista y transitoria. Del mismo modo que el ego siempre procura su supervivencia sin pararse a valorar otras posibilidades por encima de esa, llegado el caso la persona identificada con su apariencia humana también actuará siguiendo el mismo instinto.  ¡Nada es bueno ni malo; sólo teatro de unos personajes que, por creerse tales, únicamente existen mientras representan sus papeles!    Abril-15

117- ¡Ilusos! Aunque parezca increíble, hay millones de personas que “creen” que han venido a este mundo para ser felices, para disfrutar de la vida, para aprender, para formar una familia, para progresar y evolucionar, para conocerse a sí mismas y también para sentir paz, amor, libertad, plenitud. ¡Ilusos, siempre dependientes de los dictados de sus creencias personales! Al mismo tiempo, también hay otros tantos millones de personas que “creen” que han venido a este mundo a sufrir, a padecer, a pagar por errores anteriores, a hacerse conscientes de toda clase de conocimientos a través de la experimentación de dificultades, de enfermedades y de un sin fin de pruebas dolorosas. ¡Ilusos, siempre dependientes de los dictados de sus creencias personales! Pero, por si no hubiera bastante con eso, tampoco faltan las personas que, simultáneamente, “viven creyendo” que su felicidad o su infelicidad, su dignidad o su indignidad, su valoración, etc., depende del trabajo que realicen, de los conocimientos que demuestren, de su posición social, de sus pertenencias, de la opinión que se tenga de ellos, del recuerdo que vayan a dejar cuando se marchen…, y de tantas otras cosas más. ¡Ilusos, siempre dependientes de los dictados de sus creencias personales! Y, sin embargo, salvo en la creencia de “ser alguien que ha venido a este mundo por algo y/o para algo”, lo cierto es que nadie ha dejado nunca ningún mundo para venir a este, y, por lo tanto, tampoco para nada de cuanto, al creer lo primero, luego se quiera argumentar y/o tratar de justificar. ¿Todavía puede pensarse y creerse que hay unas creencias mejores que otras, pese a que todas supongan por igual estar creyéndose alguien particular viviendo una realidad también particular? ¡Todas las creencias del ser humano nacen de la creencia que el ser humano tenga a cerca de su propia naturaleza; pero sólo son creencias!   Abril-15

118- Ego y democracia. Dejémonos de historias infantiles y atrevámonos a decirlo bien claro: ¡Las personas no tenemos un ego; las personas, al estar considerándose a sí mismas de ese modo particular, son el ego considerándose a sí mismo una persona! Las personas somos un ego (una percepción concreta, limitada e ilusoria del Estar Siendo indefinido e ilimitado) materializado en forma de personaje en una obra ficticia. El egoísmo consiste en ver que los demás y la vida, con todas las circunstancias posibles, no son tú mismo, esto es, que son algo distinto al “Ahora Todo Uno Mismo” sin identidad ni identificación de ningún tipo. El ego es el alguien ilusorio que se cree una entidad particular (persona), por lo tanto, el egoísmo es la manera natural de manifestarse que tienen dichos personajes durante su representación. Eso supone que egoísmo es absolutamente todo cuando aparentemente (porque nada es real) pensamos, sentimos, experimentamos, expresamos, hacemos, vivimos…, las personas desde esa identificación. Ego es sinónimo de seres imaginarios, seres creídos (de creencia), seres efímeros; ego es sinónimo de creencia en un yo que no existe. La personalidad, el carácter, el temperamento, la actitud, el comportamiento, etc., de una persona se corresponde con las mismas características del ego (consciencia ficticia de sí mismo) que las manifiesta. No hay auténticas diferencias entre una persona y el ego de una persona. En una sociedad compuesta y organizada por la suma de egos, todo cuanto la configura (educación, política, religión, filosofía, economía, cultura, ocio, salud…) está enfocado y dirigido a mantener al ego (individuo) mínimamente satisfecho. Se dice que la democracia es el sistema político menos malo que se conoce; sin embargo, en buena parte eso es debido precisamente a que la democracia consiste en el predominio de la opinión de la mayoría de los egos. Como está más que demostrado, independientemente de que las resoluciones y las normativas sean mayoritarias o no, en el ejercicio del poder siempre termina prevaleciendo, no la verdad, ni la razón y ni la justicia, sino las voluntades y los intereses de los egos más egoístas…, comúnmente elegidos y considerados egos líderes y/o los líderes del resto de los egos. La democracia: un instrumento al servicio del ego.   Abril-15

119- Patrones aprendidos. Es cierto que todavía se antoja imposible no sentir un profundo dolor ante la muerte, la enfermedad, etc., de un ser amado; pero, experimentar dicho sufrimiento allí donde esos sentimientos son la respuesta habitual ante acontecimientos temidos y/o no deseados, quizás también merecería un poco más de atención y de análisis. Dicho de otro modo, sentir dolor emocional por la partida de un ser querido, en un mundo donde esa reacción es la que se supone normal (el mundo de la consciencia identificada con una serie de valores y de creencias concretos), no tiene por qué significar que ello fuera correcto ni necesario, al margen de los “patrones aprendidos” que históricamente vienen conduciendo hasta esa conclusión. En el mundo de la consciencia identificada y/o del ego, el sufrimiento (igual que la supuesta necesidad de sentirse feliz) se ha convertido en una costumbre bien vista. Sin embargo, saliendo del ámbito de las costumbres y/o de los hábitos humanos, opino que el simple hecho de que algo pueda desencadenar sufrimiento, tristeza, melancolía, aflicción…, ya indica que algo está comprendiéndose erróneamente, egoístamente, victimistamente, interesadamente, ilusoriamente. Se sufre porque se cree que se pierde…, y se cree que se pierde porque quien lo hace también cree que él es alguien perdiendo a otro alguien. ¡Siempre el yo viviéndose a sí mismo como algo particular, efímero y separado del resto de la existencia! En el Estar Siendo Ahora Todo Uno mismo (Unicidad) no existen las pérdidas ni los encuentros porque, por mucho que desde el ego (creerse alguien particular) pueda parecer e interpretarse distinto, lo cierto es que todas las apariencias consisten en Estar Siendo universalmente sin más. El Estar Siendo carece de opuestos, de conflictos, de necesidades y de limitaciones, sencillamente porque “el Estar Siendo no consiste en ser algo determinado” que pueda compararse ni cambiarse ni mejorarse ni dejar de estar siendo sin las creencias y las fantasías que aparecen con la identificación (ego).  Abril-15 

120- Si vemos alegría, felicidad, salud, amor, belleza, paz, inteligencia, armonía, creatividad…, en algo y/o en alguien, ¿qué y en quién estamos viendo todo eso realmente? Y, por lo mismo, si vemos tristeza, infelicidad, enfermedad, odio, fealdad, miedo, violencia, torpeza, envidia…, en los demás, ¿qué y en quién estamos viendo aquello realmente? Estando siendo absolutamente todas las posibilidades de ser y/o de existencia, el Estar Siendo del Uno Mismo, ¿qué está percibiendo cualquier persona cuando cree apreciar algún tipo  de virtud o de defecto… en los demás,  en  el mundo, en  la vida, etc? En efecto, desde la consciencia personalizada o identificada (ego) siempre está percibiéndose alguna “posibilidad, juicio o creencia ilusoria” a cerca del Estar Siendo Uno Mismo; pero será a través de los cristales que muestran la imagen imagen y semejanza del personaje que percibe. Todo lo percibido como algo concreto y determinado, esto es, como algo que puede nombrarse y comprenderse con la razón, será ficticio porque, al no consistir el Estar Siendo Universal en nada específico ni constante, cualquier perceptor y sus percepciones delimitadas jamás podrán corresponderse con la realidad. A partir de ahí, piensa, siente, cree, sueña, teme, desea, sufre, alégrate…, experimenta absolutamente todo lo que quieras desde tu propia consideración de persona. No importa aquello que sea lo que vivas ni del signo que sea lo que vivas; pero mientras estés haciéndolo, date cuenta, reconoce y ten presente que todo ello sin excepción será mentira, será una broma, será pura fantasía. He ahí que ya puedes soltarte de lo que has creído que era todo tu pasado, de todo lo que crees que es tu presente y de todo lo que creas que estás deseando para el futuro. ¡Ya puedes liberarte de todo lo que alguna vez hayas creído que era algo y/o alguien; ya puedes liberarte de ti y de las consecuencias de haberte creído un yo!  Abril-15

121- ¡Fantasmas! Obviamente, el ejercicio de comprenderse, perdonarse, aceptarse, amarse, etc., acostumbra a resultar una tarea tan ardua como condicionada y efímera. ¿Quizás se deba a que el individuo, que cada uno “cree” ser, no se corresponde con el verdadero Estar Siendo? Igual sucede, pero aumentando la complejidad imaginativa, con respecto a los demás. Desde mi punto de vista, todo aquello nombrado al principio constituyen tareas que sólo son posibles de imaginar en la ficción resultante de dar por cierta la existencia del yo separado de la existencia de los demás y del resto del Universo. Realmente no es que esas tareas de aceptarse, comprenderse, amarse…, sean difíciles; es que sólo pueden ser igual de aparentes, de limitadas y de transitorias que su protagonista. Todo ocurre en la ilusión de que ocurre algo y de que le ocurre a alguien en particular; sin embargo, fuera de ese ámbito imaginario, ni el yo ni los demás existen como tales entidades individuales. ¿Es posible un victimismo que supere al de identificarse con una individualidad carente hasta de consciencia de su naturaleza? Por mucho que ilusoriamente pueda pensarse y creerse en la posibilidad de existir siendo algo separado del resto de la “existencia una”, la realidad no deja nunca de demostrar lo contrario. Los sentimientos de amar, comprender, aceptar, etc., a los demás, siempre serán vanos, interesados e INNECESARIOS, pues mientras quién “creyera experimentarlo” continuará considerándose a sí mismo como “alguien distinto”, esa percepción separadora y diferenciadora permanecería entre medias, estorbando, condicionando e imposibilitando aquello. ¡Creerse alguien, creerse otro, creerse distinto…, origina una barrera (consigo mismo y también con los demás) tan infranqueable como falsa e inexistente! ¿Cómo pretendemos comprender a los otros cuando ni tan siquiera alcanzamos a comprendernos a nosotros mismos, es decir, cuando ni tan siquiera es real el uno mismo que pretenda comprender algo? Percibida desde la consciencia identificada o egoica, la realidad puede “creerse” siendo de infinitas maneras concretas y diferentes a la vez. Pero, igual que desde la creencia en la consciencia identificada, el yo y los demás son percibidos como diversos y distintos, en la consciencia sin identificar no hay ninguna diferencia real entre el yo y lo demás. He ahí entonces la razón por la cual prácticamente supone un imposible comprender, perdonar, aceptar, amar…, al uno mismo personal, pues para la consciencia sin identificación sencillamente no existe: es poco menos que un fantasma.   Abril-15

122- Los ojos que no quieren ver, igual que las consciencias que no quieren comprender, no ven ni lo grande por grande, ni lo pequeño por pequeño, ni lo fácil por fácil, ni lo complicado por complicado. Bastantes personas me dicen que no comprenden lo que escribo. ¡Es natural, porque siempre estoy tratando de explicar que para ver aquello que trasciende este mundo, hay que dejar de mirar con los ojos que sólo ven las cosas de este mundo, es decir, tiene que dejarse de lado a la persona que supuestamente mira algo! Mentiría si dijera que lamento que no se comprenda lo que trato de expresar, porque no lo lamento. Si lamentara algo, estaría declarándome distinto y separado de lo lamentado, por lo tanto, creando un universo infinito de otros posibles juicios también distintos. Eso sólo serviría para victimizarme más todavía… y no me apetece. Ahora soy consciente de que yo, y lo que yo lamentara o dejara de lamentar, “no están siendo dos cosas distintas”, de ahí que intentar separarlas suponga reforzar la ilusión de mi propia existencia particular, egoísta, carente y victimista. En el Estar Siendo no hay necesidad ni obligación de nada, porque no hay nada distinto a Estar Siendo. En el Estar Siendo no hay diferencia entre comprender y no comprender, porque tampoco hay el personaje necesitado de ello. Ver bondad, amabilidad, virtud…, por muy positivo que ello parezca, no deja de consistir en un juicio personal y discriminatorio, que conduce a potenciar la creencia en la separación y en todos los conflictos ilusorios que ello origina. Fuera del mundo especulativo creado por el ego, nada es positivo ni negativo, mejor ni peor, etc., porque nada está separado ni consiste en otra posibilidad distinta al Estar Siendo Ahora Todo Unicidad (Uno Mismo). En lugar de juzgar y elegir entre nuestros juicios, deberíamos darnos cuenta de que todo merece el mismo respeto y que el percibirlo e interpretarlo de cualquier manera determinada siempre conduce de regreso al mismo punto de partida (repeticiones). Buscar en los demás, es decir,  en un fuera ilusorio, la causa de algo que uno mismo no comprenda, de significar algo sería precisamente que no está comprendiéndose al uno mismo.    Abril-15

123- Para que alguien pudiera “estar iluminado”, en primer lugar tendría que existir ese alguien sin estar iluminado, es decir, tendría que existir alguien con existencia propia a parte del estado de iluminación. Pero, por si con esa ilusión no fuese bastante, también antes tendrían que existir los estados de iluminación y de no-iluminación. Conclusión: Realmente nadie puede estar iluminado ni no iluminado, pues a parte del Estar Siendo no hay ningún ser y tampoco ningún estar ni estado “real” de nada ni de nadie. Por no existir, opino que ni tampoco la consciencia existe siendo esa posibilidad específica. Todo lo que se considere que es algo específico, por muy bello y hermoso que se perciba (música, poesía, arte, relaciones, sentimientos…) al percibirse y valorarse de algún modo determinado (etiquetarse, juzgarse, valorarse desde un yo particular) siempre originará en el supuesto perceptor la tentación de una identificación y de una dependencia.¿Con qué fin, que no sea la supervivencia de las creencias que llevan a percibir así?  Nada hay; todo consiste en el estar siendo del Estar Siendo. No hay tiempo ni espacio, por lo tanto, tampoco nada que consista en el “Aquí y Ahora” de nada ni de nadie. Aparentemente las posibilidades de existencia son infinitas; pero todas consisten en la única verdadera: ¡Estar Siendo Unicidad sin el menor atisbo de identidad ni identificación! Por mucho que, ““al estar creyendo percibirlo e interpretándolo de otra manera””, no lo veamos así, lo cierto es que absolutamente todo sin excepción está siendo Unicidad (Ahora Uno Mismo) y sólo Unicidad. Hoy mismo una persona me ha dicho que se encontraba estresada, cansada y con muchas ganas de encontrar un rato de paz y de tranquilidad. ¿Estaba percibiendo e interpretando correctamente su estado o simplemente (condicionada por un sistema de creencias y valores) estaba juzgándolo y comparándolo con otras posibilidades, como si unas y otras fueran verdaderamente distintas, es decir, como si no fueran nada más que simples posibilidades? Estar sintiéndose de una manera y a la vez estar deseando sentirse de otra distinta; estar rechazando una ilusión a la vez que deseando otra: ¡Alucinante!  Abril-15 


124- Barbaridades. El individuo quizás no tenga miedo a la verdad, tanto como a reconocer lo que nunca fue verdad, es decir, él mismo. Opino que, excepto el miedo al sí mismo transpersonal, el resto de los supuestos miedos del individuo no ha existido jamás, entre otros motivos porque tampoco nunca ha existido el individuo que cree padecerlos. ¿Sientes miedo? Pues ya sabes que ello sólo puede deberse a la negativa de reconocer tu propia inexistencia individualizada. ¡Nada es de ninguna manera, simplemente todo consiste en Estar Siendo Unicidad! Identificarse con una posibilidad supone quedarse prisionero de esas creencias. La dualidad en sí no existe, sólo es una hipótesis tomada por cierta. Todo cuanto el ser humano cree que vive, tiene la misma finalidad: que continúe viva la creencia de que verdaderamente hay alguien viviendo algo distinto al Estar Siendo del Ahora Todo Uno mismo, esto es, que el ego no se redima de su hipotético pecado, identificación victimista y/o creencia original. Vivir en la creencia de ser alguien, en lugar de estar siendo una posibilidad tan indefinida e incontenible como la vida misma, hace que en ese ámbito especulativo también puedan creerse barbaridades tales como que sea verdaderamente posible estar bien a costa de otros, pues mientras existan mentes (consciencias identificadas) que piensan eso, también habrán los personajes con las actitudes que lo permitan y los personajes deseosos de aprovecharse de ello. Sin embargo, al Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo (nunca algo específico) en verdad la posibilidad de estar de un modo u otro siempre sería ilusoria (una creencia) y a costa de uno mismo, esto es, del “personaje que vive en la creencia” de ser alguien especial y/o distinto al Estar Siendo Unicidad sin el menor rastro de identidad ni de identificación.   Abril-15
 
125-  Jeff Foster: “Si quieres ser feliz, primero siéntete feliz de no ser feliz, porque la tristeza no es lo opuesto de la alegría, sino su puerta de entrada”.  Desde mi punto de vista, no es la felicidad ni la tristeza ni la alegría…, lo que verdaderamente cuenta, sino el personaje que pretenda experimentar un estado u otro…, esto es, diferenciar y preferir entre una emoción u otra. Pese a todo lo que quiera argumentarse, entre un extremo del péndulo y el otro extremo no hay ninguna diferencia, pues todo ocurre en la ilusión de que ocurre algo. Desde el instante que se produce la identificación con la posibilidad de sentirse feliz, triste y/o de cualquier otra forma, lo que realmente está produciéndose es la potenciación de la identificación con el personaje que, por creer en sí mismo, también está obligándose a creer en todo lo demás y a estar justificándose y/o defendiéndose continuamente. Lo de menos es lo que se piense, se  crea, se sienta, se haga, se desee…, porque en todos los casos, de manera inconsciente o subliminal, lo que estará admitiéndose con ello será la autenticidad del común denominador de todas esas experiencias: el supuesto sujeto protagonista de ello, es decir, la supervivencia forzosa del ser ilusorio conocido como una persona o forma de ser humana. Paradójicamente, nada de eso es necesario, y, por lo tanto, podría dejarse de lado sin prestarle demasiada atención; como si de una broma inocente de la mente se tratara.  Abril-15

126- ¿Si miramos de lejos una pintura, acaso no la vemos completa, es decir, siendo Una? Sin embargo, cuando observamos la vida (la vida no tiene los límites de un cuadro) nos empeñamos en ver, por separado y con nombre propio, cada pincelada, cada color, cada forma, cada tono. Pero, igual que en el cuadro no existe nada separado del lienzo, tampoco en la existencia nada está separado, ni es algo distinto al cuadro en su totalidad. He ahí, en pocas palabras, el origen de todos los conflictos y de todos los sentimientos humanos: ¡Vivimos tomando por cierto algo que sólo lo es en esa manera de verlo! Cada día, cuando nos levantamos de la cama y comenzamos una nueva jornada, pensamos que todo cuanto hayamos podido soñar mientras dormíamos sólo era eso, un sueño; sin embargo, de alguna manera, por mucho que nos empeñemos en vivirlo distinto, aquello que también pueda vivirse durante la vigilia continuará consistiendo en una ensoñación. No hay diferencia real entre la naturaleza de las experiencias nocturnas y las diurnas, porque tanto las unas como las otras continúa creándolas, observándolas y protagonizándolas el mismo personaje ilusorio. Los llamados “sueños”, por lo tanto, no dependen tanto de aquello que parezca configurarlos, como del personaje que los haga posibles. El yo, que cada individuo cree ser, no sólo es el personaje que sueña, sino el sueño mismo. De todos modos, como ya he escrito alguna vez, para comprender algo que no pertenece al mundo de las particularidades ensoñadas y ensoñadoras, no hay ejemplos que sirvan. Estando Siendo Unicidad (Ahora Todo Uno Mismo) no hay cuadro que pueda mirarse, porque sencillamente el supuesto observador también está siendo el cuadro mismo. Nada está siendo fuera del cuadro y tampoco nada específico está siendo dentro del cuadro. ¡Nada hay, nada ocurre, nada está haciéndose; todo consiste en el estar siendo del Estar Siendo sin etiquetas ni límites!  Abril-15

127- No hay ningún hacedor. Pese a todas las locuras que creemos percibir y vivir por doquier, lo cierto es que nunca nadie está haciendo nada que esté bien y tampoco haciendo nada que esté mal; la diferencia entre hacer algo que pueda estar bien o hacer algo que pueda estar mal procede de la creencia de que realmente exista alguien que está haciendo algo y/o de la creencia en la existencia de algo que pueda estar siendo hecho por cuenta de alguien. Salvo ilusoriamente, no existe ni el hacedor ni lo supuestamente hecho por dicho personaje. ¡Todo hipotético hacer y todo aparente acontecer queda reducido a una simple y pasajera interpretación mental! En el estar siendo Unicidad (Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni identificación) no existen ni las particularidades ni las voluntades; sencillamente todo consiste en Estar Siendo sin más, sin razón y sin necesidad que lo justifique. La primera consecuencia, de dejar de creerse la mentira de que alguien esté haciendo algo alguna vez (todo está siendo nada determinado sin más), es la de permitir la consciencia de la ausencia de cualquier posibilidad de culpabilidad, de responsabilidad, de mérito, de obligación, de exigencia…, ni de ningún otro tipo de efecto. Los juicios, las condenas, los miedos, los deseos, las esperanzas y el resto de los apremios emocionales, sólo ocurren en la creencia de que sea cierto que, a parte de Estar Siendo Todo Uno sin más, ocurra alguna otra cosa distinta y separada. Egoísmo (percepción personalizada) siempre equivale a victimismo, esto es a elegir padecer las consecuencias de creerse alguien haciendo algo por algún motivo particular.    Mayo-15

128- ¿Amor y felicidad? Desde antes incluso de tener uso de razón, los progenitores y toda la sociedad en general empezamos a inculcar en las mentes de los niños “la necesidad de necesidades” que realmente no son tales. ¡Más de dos mil años después, todavía seguimos sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo! Aunque casi todas las supuestas necesidades psicológicas y emocionales provienen del mismo error inicial (el de creernos seres particulares y especiales), quizás las reinas de esas aparentes necesidades sean las del amor y la felicidad. Las necesidades de amor y de felicidad sólo deberían verse como “carencias ilusorias” pertenecientes a personajes también ilusorios. En Esencia nadie necesita ser amado ni ser feliz; nadie necesita nada que no Esté  Siendo ya. Sin embargo, basta con creer en la verosimilitud de la necesidad de amor y de felicidad, para que, como está demostrado, ello se convierta en la búsqueda fundamental de toda la existencia de dicho creyente. Nadie necesita nada de cuanto crea necesitar, pues, como queda dicho, sólo es una creencia. ¿Por qué yo, que no tengo ni la menor idea de qué ni de quién soy…, ni de qué es la vida ni el para qué de todo cuanto parece condicionarme, debería “necesitar” eso que tampoco sé qué es (amor, felicidad, etc.,) y que por mucho que insista en perseguirlo siempre acaba escapándose? ¿Es real el personaje que cree necesitar eso de lo que únicamente conoce el nombre, o quizás todas esas aparentes necesidades surgen precisamente de lo ficticio de su propia identidad? En este teatro se podía vivir creyendo que la Tierra era plana, aunque no lo fuera. En este teatro se puede vivir creyendo que la Tierra es redonda, aunque no lo sea. En este teatro se puede vivir creyendo en la necesidad del amor, de la felicidad y de tantas cosas más, aunque no lo sea. He aquí que “la creencia en la necesidad” de algo, convierte a ese algo, supuestamente necesitado por alguien, en una droga terriblemente adictiva y esclavizante. ¡Las supuestas necesidades de amor y de felicidad sólo consisten en una creencia que el ego crea y utiliza para justificar la necesidad de la continuidad de su existencia!  Las falsas necesidades surgen de la creencia en el Estar Siendo de un personaje que se percibe particular, carente, víctima… aunque no lo sea.   Mayo-15

129- ¿Dos estar siendo? En la aceptación de “no ser” alguien concreto, se esclarece la comprensión de que en el Estar Siendo, sin condiciones ni límites, mucho menos sería posible la existencia de dos seres y/o de dos estar siendo distintos. Salvo en el mundo de la especulación mental y/o de la apariencia transitoria, (percepción egoísta y victimista), no hay dos (dualidad, multiplicidad, pluralidad, diversidad, separación…) porque tampoco hay uno (unidad). Unicidad no significa la existencia de la suma de partes o unidades conformando un algo o un todo, y tampoco la existencia de un algo único (Dios, Energía, Conciencia, etc.) determinado o concreto. El Estar Siendo no puede compararse con nada propio de este mundo de concreciones particulares. Unicidad equivale al Estar Siendo de todas las posibilidades a la vez, pero sin llegar a ser nada determinado…, sin ser un algo, sin ser uno. El ejemplo del océano no sirve (nada del mundo de la ilusión de las particularidades sirve para aclarar aquello que lo trasciende por completo), porque un océano es un algo que para existir necesita límites, necesita condiciones, necesita cualidades; el océano necesita un fondo, necesita de una ley de gravedad, necesita del viento para crear olas en su superficie. Comprender lo ilimitado e indefinible desde una consciencia absolutamente identificada con la necesidad de los límites y con la necesidad de las definiciones, no es tarea fácil, sin embargo, como está demostrado, tampoco imposible ni necesaria. Para experimentarse "uno con todo" debe renunciarse a la creencia de estar siendo algo y/o alguien (uno) viviendo desde una consciencia identificada. El que tenga ojos para ver que vea que no hay nada que ver. El misterio es que no hay misterio. Todas las posibilidades parecen distintas; pero en realidad siempre son la misma y la única que, por no necesitar, no necesita ni existir.  No hay dos estar siendo, pero tampoco un Estar Siendo que sea uno. ¡Comienza la era de la consciencia del No-Uno!   Mayo-15

130- Dejémonos de historias y reconozcamos de una vez por todas que los supuestos santos son santos por egoístas. Reconozcamos que los supuestos malvados son malvados por egoístas. Reconozcamos que los supuestos inteligentes y los supuestos torpes son de ese modo por egoístas. El ego no tiene ningún problema a la hora de elegir disfraz ni el papel que más le convenga interpretar. No se puede ser, ni actuar, ni percibir, ni juzgar de ninguna manera determinada sin la creencia en ser alguien, y, por lo tanto, egoísta. Salvo en el mundo y en la vida protagonizada por el ego (percepción individual o personal del Sí Mismo universal) no es posible la existencia de personas buenas, malas, mejores, peores, culpables, inocentes, valientes, cobardes, capacitadas, incapacitadas; si el ego estuviera en algún sitio, entonces el ego viviría en el espacio ilusorio situado entre dos juicios distintos a cerca de algo que en sí mismo jamás podría albergar diferencia alguna. Vivir en la creencia de “ser” una persona no deja lugar a nada que no consista en percepciones y manifestaciones diferenciadas y/o egoístas, esto es, propias de la  identificación con la ilusión de la condición humana. Basta ya entonces de continuar engañándose y maltratándose a base de diferenciar y colocar etiquetas de distintos colores, donde todo permanece siendo sin diferencias ni cualidades determinadas. Analicemos sin miedo nuestras sociedades, nuestros sistemas educativos, nuestras organizaciones labores; analicemos sin prejuicios nuestros sistemas políticos, religiosos, culturales, artísticos, etc., y veremos que allí donde hay protagonismo o acción identificada con la condición humana siempre predomina el egoísmo, es decir, todo cuanto, pese a criticarse o alabarse (no hay diferencia real), no deja de ser absolutamente ficticio, transitorio, vano e interesado.   Mayo-15 

131- ¡Expresa qué deseas y sabrás qué no necesitas! Las mentes    (consciencia identificada) suelen desear aquello que no necesita desearse. ¿Deseas acallar la mente? No hay ninguna mente que necesite acallarse. Quizás no se trate tanto de acallar la mente, como de darse cuenta de que no hay ninguna mente que necesite ser acallada, es decir, darse cuenta de que eso que aparentemente desea cambiarse en verdad no es necesario… pues, sencillamente esa percepción no es real, sino una simple creencia. ¡Expresa qué deseas hacer y también sabrás qué no necesitas desear ni hacer! No existe el yo, y, por lo tanto, tampoco la mente del yo que no existe. No existe el yo, y, por lo tanto, tampoco la mente del yo que “cree necesitar, desear y hacer” para continuar creyendo que existe. ¡Todo “ser algo para alguien” es mentira e innecesario! El yo particular y la mente del yo particular sólo son eso que parecen y sólo existen pareciendo eso que parecen, en la conformación de esas creencias. Realmente no existe ningún yo que necesite acallar su mente ni que necesite nada de lo que “cree” que necesita… y que, por creerlo, también “cree” desearlo. Tantas necesidades de mentira, tantas necesidades aprendidas, tantas necesidades deseadas, tantas necesidades temidas, tantas necesidades creídas, tantas necesidades vacías, tantas necesidades innecesarias; tantas necesidades que sólo se  necesitan para continuar justificando la creencia en el personaje que, por creerse especial (un algo aparte), también necesita creerse necesitado de las necesidades en las que cree. No-Uno significa Estar Siendo Unicidad, es decir, no existencia ni carencia de nada.   Mayo-15

132- Ego colectivo. Los sentimientos que se den “entre dos o más individuos y/o entre un individuo y su entorno”, siempre surgirán condicionados, dependientes, limitados, interesados, carentes, transitorios. Ahora bien, ¿significa eso que ello sea algo bueno o algo malo? Ni lo uno ni lo otro; en ambos casos se tratará de simples respuestas ante la percepción de situaciones completamente ilusorias. ¡En el Estar Siendo Unicidad (todo Uno Mismo sin identidad ni límites) no existen dos estar siendo (dos seres) distintos y separados. Más allá  de nuestras propias creencias y  posibilidades de percepción y de comprensión, el ser humano (manera de estar siendo imaginaria y transitoria) no puede demostrar fehacientemente que su existencia particularizada sea real. Hacer algo (incluido amar) desde esa identidad personalizada y/o humanizada, siempre consistirá en un acto, pensamiento, sentimiento, etc., condicionado por los límites con los que su supuesto autor permanezca identificado, esto es, con las limitaciones propiamente humanas. Creerse “alguien”, condiciona absolutamente todo cuanto dicho alguien pueda creer que hace, creer que piensa, creer que siente, creer que experimenta, creer que desea, creer que merece, etc. Creerse alguien condiciona por completo la existencia de ese alguien de naturaleza creída. Perseguir la zanahoria de ser feliz (creencia en la necesidad…), convierte a su protagonista en algo parecido a un títere manejado por sus propias creencias. ¡Dime qué persigues, qué deseas con más fuerza, qué crees necesitar, de qué crees carecer, a qué no renunciarías nunca; dime por qué estás dispuesto a sacrificarte…, y el ego colectivo sabrá como tenerte absolutamente prisionero de esa fantasía! La creencia en la necesidad de que alguien necesite sentirse de alguna manera determinada de sentirse y/o de dejar de sentirse (continuo juicio y rechazo de la realidad), lleva demasiado tiempo obnubilando las consciencias.  En la consciencia del Estar siendo Unicidad, la necesidad de la felicidad es una creencia como cualquier otra. ¡Todo está siendo ya… más de ninguna manera! Cuando se percibe desde la consciencia del Estar Siendo del Sí Mismo universal (No-Uno), ninguna necesidad es real y ningún deseo necesario.   Mayo-15

133- Creencias. Tomándonos a nosotros mismos por personas, sólo podemos ser (somos) una creencia. El yo de cada uno es la creencia que cada uno (consciencia identificada) tiene de sí mismo. Más, porque el Sí Mismo no personal abarca absolutamente todas las posibilidades, por extensión, la creencia en el yo también supone la creencia en lo demás y en la separación con lo demás. ¡Bienvenidos a la imposible separación de la divinidad y a las consecuencias de creerse esa estupidez! La existencia del yo (ego) y de cualquier otra existencia concreta, por ser aparente, sólo existe en forma de creencia. La identificación de la consciencia con la individualidad, por lo tanto, constituye la creencia de que, algo que no es real (una consciencia identificada), tiene a cerca de su naturaleza, es decir, la creencia en la posibilidad de la identificación de una consciencia. Para existir, la necesidad de creer en algo no es realmente necesaria. Sólo el personaje cuya naturaleza sea la de una creencia, puede creer en sí mismo como tal personaje. El ego, esto es, las personas que viven creyéndose tales, creen en las necesidades porque el ego consiste precisamente en una percepción carente, victimista, dramática y pobre de la realidad y/o del Estar Siendo Unicidad (No-uno). El ego nos maneja a su antojo porque consiste en creer que nosotros no somos el ego mismo. Creer que yo soy yo, que el ego es el ego, y que todo lo demás es todo lo demás, equivale a permanecer dentro del sueño de estar convencido de que se está despierto. Ser algo y/o ser alguien, significa ser ego. ¿Duro de aceptar que toda nuestra vida ha sido una especie de mentira? Quizás si, pero nada comparado con lo que significa darse cuenta y salir de ahí. ¡Para Estar Siendo Unicidad (No-Uno), las creencias no son necesarias!   Mayo-15

134- Nada ni de ninguna manera. Percibir sin identificación significa percibir sin hacerlo desde una identidad ni desde las condiciones que impone esa perspectiva. Entiéndase, por lo tanto, que percibir sin identificación significa percibir sin creencia en la forma, sin creencia en el tiempo, sin creencia en el espacio, sin creencia  en los límites, sin creencia en las condiciones, sin creencia en las carencias, sin creencia en las necesidades, sin creencia en los deseos, sin creencia en los miedos, sin creencia en la culpabilidad, sin creencia en las causas y los efectos, sin creencia en la finalidad de algo. ¡Percibir sin identificación  requiere percibir sin creencia en la necesidad de las creencias! Vivimos rechazando aquello que juzgamos que es malo y deseando alcanzar aquello otro que interpretamos que es bueno, porque creemos que tanto lo uno como lo otro es real en lugar de simples creencias generadas por la matriz de todas las creencias posibles: la creencia de que yo soy un yo. Todo cuanto la humanidad cree que rechaza y todo cuanto la humanidad cree que persigue supone la consecuencia natural o el fruto de una creencia original absolutamente ilusoria. Nunca ha habido/sucedido, ni habrá/sucederá jamás, nada que sea algo ni de ninguna manera, por lo tanto, tampoco ninguna de nuestras supuestas experiencias del pasado y ninguna de nuestras supuestas experiencias del presente ni del futuro. Nunca hubo ni habrá error alguno, nada de lo que arrepentirse, nada de lo que sentirse culpable, nada que temer ni que ambicionar, nada que sanar ni que saldar. Salvo dentro de una “supuesta creencia”, nunca ha existido ni existirá ningún yo viviendo su vida particular, con todo cuanto en ella parece acontecer y protagonizarse. ¡He ahí que para soltarse de todo cuanto le oprime y le limita, al ser humano le bastaría con soltarse de la creencia en un sí mismo ficticio e inexistente!   Mayo-15

135- Siempre y nunca. Realmente sólo se puede estar siendo “siempre” (sin tiempo) el Estar siendo de todas las posibilidades a la vez, es decir, “nunca” ninguna posibilidad concreta; nunca “una” posibilidad. Sin embargo, creídamente y/o identificadamente, es decir, desde la atalaya de estar creyéndose un individuo particular, cada uno puede elegir lo que quiera creerse que es y que vive, aunque ello jamás pueda estar siéndolo verdaderamente. ¡No hay ningún yo "real" que haga, ni que piense, ni que sienta, ni que viva nada de cuanto pueda creer que protagoniza! Ver a los demás como "los demás" no es nada más que la excusa del ego para continuar creyéndose un "yo real". Más, ya que tenemos el atrevimiento para identificarnos con un supuesto yo individual, también deberíamos tenerlo para reconocer que, por lo tanto, todo cuanto vivamos desde la identificación con esa posibilidad concreta, conllevará exactamente todas las condiciones, limitaciones, ilusiones, esperanzas, frustraciones, etc., que la humanidad lleva experimentando desde su imaginaria creación. ¡No por mucho adornarlo, el egoísmo se convertirá en otra posibilidad distinta! ¿Pasará algo por reconocerlo? No. ¿Significa que sea bueno o negativo reconocer que llevamos toda la vida manifestándonos desde  una percepción egoísta, victimista y dramática de la Realidad? Pues tampoco. Una fantasía muy generalizada consiste en ver que “el planeta Tierra tiene que evolucionar, y que sólo con amor se logra esa unificación”. De nuevo el caso del ladrón que piensa que todos (incluido el planeta) son de su condición y tienen sus mismas necesidades; de nuevo viendo dualidad, viendo pluralidad, viendo diversidad, viendo diferencias y carencias para justificar nuestra propia mentira. Opino que, por mucho que percibir desde el estrecho agujero del ego (personalidad), esto es, desde la creencia de que pueda existir alguna otra opción distinta al Estar Siendo Unicidad (No-Uno), lo cierto es que nunca falta nada por estar siendo. ¡Comprende que ya estás siendo todo y siéntate a disfrutarlo! Sólo nace y muere el ego, es decir, la persona y/o la creencia de ser algo distinto al Estar Siendo ahora todo a la vez.  Mayo-15

136- Descreerse.  Cuando afirmo que “yo no soy yo”, es decir, que yo no soy la persona, el individuo, el ser humano, que pueda estar creyendo “ser eso” y/o creyendo ser cualquier otra cosa más, no es que esté renunciando a mi naturaleza: simplemente se trata de un ejercicio de desapegarse, un ejercicio de desidentificarse, un ejercicio de “descreerse”, un ejercicio de soltarse de esas percepciones tan limitadas, de esa manera de ver y de sentir tan irracional, victimista y dramática. ¡No se trata de que hayamos olvidado qué somos, pues, sencillamente no somos nada ni nadie! Nada es algo distinto al Estar Siendo de todo a la vez (No-Uno). ¿Comprendes ahora por qué no te comprendes ni a ti ni a nada más? ¿Comprendes ahora por qué nunca le has encontrado sentido a tantas cosas de este mundo? Desde la creencia en la existencia de una identidad particular (una mente o consciencia identificada) no puede comprenderse aquello que trasciende esa manera de percibir. No he olvidado nada, porque tampoco soy nada; todos los recuerdos dejan de existir para mi cuando acepto desaparecer con ellos. ¿Cómo se vive así? Pues lo cierto es que exactamente igual que se está viviendo siempre; aunque sin las molestias de estar juzgándolo todo, catalogándolo todo, controlándolo todo, creyéndoselo todo, temiéndolo todo. En la consciencia de Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo, ya está todo solucionado, es decir, no hay nada que necesite buscarse, encontrarse, hacerse ni cambiarse. ¿Puede enseñarse esto? No, pues, como acabo de escribir, en verdad no hay nada ni nadie que necesite cambio alguno. No existiendo nada excepto el Estar Siendo Unicidad (No-uno), ¿cómo y para qué podría enseñarle alguna cosa alguien a otro alguien? Cualquier intento de hacer algo por parte de alguien sólo  sirve para mantener viva esa fantasía. ¡No hay nadie que pueda enseñar algo ni nadie que necesite aprender alguna cosa; todo sin excepción consiste en Estar Siendo!  Nadie puede enseñar a otro ni aprender de otro porque no existen dos seres distintos y separados. La diversidad es el fruto de la creencia en la apariencia del Uno Mismo.  Mayo-15

137- Uno Mismo. Nada hay ni existe ni acontece ni puede ser hecho por nadie, sin que ello no consista nada más que en “el fluir incesante del Estar Siendo nada ni nadie”. Aunque, ciertamente, desde la creencia en el uno mismo separado (yo soy yo),  pueda creerse que está viéndose e interpretándose la existencia de otro modo, lo cierto es que lo único que está percibiéndose y experimentándose siempre es el Estar Siendo del Uno mismo universal, desprovisto de cualquier rastro de identidad, limitaciones y juicios.  Sentir frío, sentir calor. Sentirse amado, no sentirse amado. Estar quieto, estar moviéndose. Notarse feliz, notarse infeliz. Tener confianza, tener miedo.  Nada es eso que parece ni ninguna otra cosa. Trascendiendo los juicios o etiquetas mentales, que parece convertir la Unicidad indivisible en infinitas partes auténticas y separadas, únicamente queda el fluir incesante del Estar Siendo Universal, en cuya naturaleza cualquier rastro de identidad sólo puede ser imaginaria. ¡No hay ningún "uno mismo" salvo el Uno Mismo que consiste en el Estar Siendo absolutamente todo y nada a la vez! No existe ningún "uno mismo" propiedad de nadie. No existe ningún “uno mismo” particular. No existe nada de cuanto el “uno mismo” personal crea que está experimentando. La única razón que dificulta al ser humano darse cuenta de que para “Estar Siendo” no existe la necesidad de la existencia de nada ni de nadie, es precisamente la creencia en la existencia del “uno mismo” humano. Considerarnos entidades particulares origina la fantasía de creer que también existen las posibilidades de tener, perder, elegir, preferir, desear, temer, equivocarse, amar, ser feliz, sufrir, morir y tantas maneras más de victimizarse. Excepto en la creencia de lo contrario, lo cierto es que nada puede impedir que, “tal como está siendo realmente” (No-Uno, no algo) nada necesite cambiarse. Creemos que disfrutar de la vida consiste en “ser y poseer” algo distinto a lo único que siempre Esta Siendo. Creemos posible y verdadero disfrutar de la vida siendo algo distinto a la vida misma. El intento de conseguir algo, que ya se está siendo, supone alejarse todavía más de comprenderse, por estar negándose a sí mismo.  Nada es bueno ni malo…, nada es necesario fuera de la creencia en la carencia.   Mayo-15

138- Thich Nhat Hanh: “Cuando mi boca desprende el aroma de las palabras correctas, una flor se abre en el jardín de mi corazón”. Si hubieran palabras correctas, también tendría que haber palabras incorrectas. ¿Sería posible esa diferenciación fuera del mundo ilusorio de las particularidades? Separar entre correcto e incorrecto origina un torrente de falsos e innecesarios conflictos. Nada de eso es cierto. No hay dos. No hay diferencias. No hay yo y mis palabras. No hay yo y mi corazón. No hay yo y mi vida. No hay yo y mis experiencias. ¡No hay más yo que el yo sin la identidad de ningún yo! Nada es algo (No-Uno) ¿De qué sirve disfrazar de flor el viejo victimismo de siempre? Cualquier elección del yo entre bueno y malo, mejor y peor, erróneo y acertado, alegría y tristeza, felicidad y sufrimiento, salud y enfermedad, amor y odio, vida y muerte…, por mucho que visto desde el filtro del ego (creerse alguien particular, y, por lo tanto, especial) parezca distinto, realmente siempre estará eligiéndose exactamente lo mismo: ¡Yo! El yo siempre está eligiéndose a sí mismo, y, por mucho que lo haga empleando todo tipo de recursos, sólo a sí mismo. Del mismo modo que, salvo en el mundo ilusorio, transitorio e intrascendente de los egos (las personas), no hay nada de lo que culpar a nadie ni por lo que culparse ni perdonarse, así, fuera de dicha fantasía mental, tampoco hay nada “real” entre lo que elegir. La capacidad y la necesidad de elección únicamente son posibles allí donde el autor de dichas creencias esté percibiéndose a sí mismo absolutamente fragmentado, carente, indefenso, víctima y atrapado en su propia maraña de ilusiones. Vemos que hay otros mundos, otras galaxias, otros planos; vemos que hay infinitas formas, acontecimientos y experiencias, precisamente porque "creemos" que somos algo distinto a todo lo que "creemos" que vemos y que vivimos. La creencia en la identificación con un yo separado, único, especial (hijos de un Dios todopoderoso y reyes de la Creación) hace que lo percibamos todo según la imagen y semejanza mental que tenemos de nosotros.  Mayo-15

139- Tópicos (1). Muchas veces escucho decir que “deberíamos  aprender a pensar y a sentir más con el corazón y menos con la cabeza.” ¿Qué diferencia puede haber entre lo que sea percibido por el corazón del ego y por el cerebro del mismo ego? En el fondo ninguna, excepto aquellas que el propio ego invente para hacer creer lo contrario y para que termine produciéndose lo que el ego necesita para mantenerse activo y, por lo tanto, sobrevivir. El ego, es decir, “la persona que se cree una persona”, siempre percibe dividido, para luego poder justificar la necesidad de la elección, de la preferencia y de la frustración final. Otro tópico humano, que comienza a estar desgastado por tanto uso, consiste en “la diferenciación entre las apariencias de interior y exterior del Sí Mismo”. El Sí Mismo no tiene interior ni exterior, por la sencilla razón de que no tiene límites ni forma ni nada que pueda contenerlo ni definirlo ni comprenderlo. ¡Donde no hay nada siendo algo, tampoco pueden haber diferencias reales! Si el Uno mismo pudiera concretarse, entonces el Uno Mismo consistiría en el Estar Siendo de todo el Universo a la vez: nada está dentro ni fuera. Todas las diferenciaciones, que percibe y que toma en consideración el ser humano, sólo son tópicos mentales de uso corriente. Otro ejemplo típico…, otra falsa diferenciación, consiste en el empeño de “separar la materia y el espíritu”, como si ambas posibilidades existieran separadas la una de la otra…, y tampoco juntas. ¡Nada hay ni sucede ni puede hacerse que no consista en el Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo sin identidad ni condiciones! En la lista de los tópicos también está aquel que mantiene que “somos lo que pensamos, somos lo que sentimos, somos lo que comemos…”. Para no variar, en este caso, como en todos los demás, la estrategia del ego vuelve a consistir en comenzar la expresión dando por incuestionable su propia existencia: ¡Somos! Lo que sigue a continuación (lo que pensamos, lo que sentimos…) sólo persigue disfrazar y ocultar la mentira inicial “haciendo creer” (originando la creencia) de que, puesto que “somos”, también tenemos que ser esto, aquello, así, asá, para esto, para lo otro… ¡Siempre la ilusión de la necesidad de separar y diferenciar aquello que jamás será posible, porque ni tan siquiera existe siendo algo (No-Uno).  Mayo-15

140- Tópicos (2) Uno de los tópicos (falsas diferenciaciones) preferidos por el ego humano consiste en el de “hacer creer” en la necesidad de pasar por la enfermedad para saber qué es la salud, la necesidad de pasar por la felicidad para saber qué es el sufrimiento, la necesidad de pasar por la culpa para saber en qué consiste el perdón. Pienso que “la necesidad de pasar” por un estado anímico, una experiencia, una situación, etc., doscientos millones de veces para darse cuenta de la naturaleza de la percepción opuesta a eso, no tiene ningún sentido ni puede servir de excusa. Opino que, por ejemplo, si hubiera algo que fuera "la felicidad", entonces, puesto que ya estaría siendo, su existencia y disfrute no debería depender de nada. Con la felicidad y todos esos grandes conceptos, aparentemente imprescindibles, ocurre como con Dios: que no existe como tal cosa y mucho menos está en ningún sitio poniendo condiciones ni esperando nada. ¡El ego es una fábrica de crear creencias innecesarias! He aquí que realmente "no hay nada" que sea y/o que permanezca siendo algo concreto. Otra cosa bien distinta es la creencia en la necesidad de la felicidad, la creencia en la necesidad de la paz, la creencia en la necesidad de la libertad, la creencia en la necesidad del amor, etc., inventadas por el ego para que, como burros hambrientos y esclavos, sigamos y tratemos de alcanzar esas zanahorias. Todo lo que sea percibido como algo y/o de alguna manera específica por alguien, siempre consistirá en la zanahoria que el ego (asno) se pone delante de sí mismo para justificar que necesita caminar hacia donde él (haciéndose pasar por otra cosa) cree que desea y que necesita. Sentirse feliz (o de cualquier otro modo) no requiere de la “creencia en la necesidad” de la existencia de la felicidad; más bien esa creencia estaría dificultándolo. ¡Las necesidades pertenecen al ego (persona que se cree una persona), porque su naturaleza consiste en una percepción carente, victimista, finita y dramática del Uno Mismo Universal! Opino que tomando consciencia de eso tan evidente, también resultaría más fácil empezar a tomar decisiones sin tantas dudas y sin sentirte bien ni mal por ello, pues entonces también se comprendería que verdaderamente no hay diferencia “real” entre algo y su opuesto, entre una percepción y su contraria. ¡Soltarse de la necesidad de las creencias comienza por “descreerse del yo” que cree creer todo lo demás!    Mayo-15

141- Un ser creído. Nada puede ser diferente a como está siendo, por la sencilla razón de que en verdad no hay nada que esté siendo, y, por lo tanto, tampoco nada que esté siendo de la manera que los seres humanos creemos e interpretamos (cada uno distinto) que está siendo. He ahí que los problemas y el resto de los inconvenientes, que supuestamente vivimos, surgen de la creencia de que algo está siendo como cada uno de nosotros cree percibirlo e interpretarlo. Paradójicamente, comprendiendo esto bastaría para liberarse de la aparente necesidad de desear cambiar el mundo, cambiar la vida, cambiarse a sí mismo, cambiar a los demás. ¡Nada puede cambiarse, pues nada está siendo algo ni de ninguna manera; sólo las ilusiones pueden cambiarse por otras ilusiones…, sin que ello suponga que algo cambie realmente! Todo cuanto cada individuo cree vivir, y de la forma que cree estar viviéndolo, parte de la creencia que, a cerca de sí mismo, tenga asumida cada uno. ¿Qué papel desempeñan en las sociedades, constituidas por seres ilusorios, las ideologías y los sistemas educativos, religiosos, políticos,  judiciales, económicos, etc., sino el de potenciar unas creencias determinadas con el fin de amalgamar todas las mentes, pese a los conflictos y las frustraciones que ello origina? Creyéndose algo/alguien, el ser humano es “un ser creído” (de creencia); cada individuo consiste en una posibilidad de existencia reducida al ámbito de una creencia. Nada es externo ni ajeno, pues ciertamente no hay ni lo uno ni lo otro. Más allá de las creencias surgidas de la madre de todas ellas (yo soy yo y lo demás es lo demás), nada es algo (No-Uno). Todo consiste en un fluir único (Unicidad), en un Estar Siendo universal, indefinido e indivisible…, carente de la necesidad de ningún fin, de ningún cambio ni de ninguna otra posibilidad imaginable por cualquier mente o consciencia.   Mayo-15

142- ¡NO UNO! Nadie puede amar a otro, ni necesita ser amado por otros. La idea del amor de unos a otros, a parte de presuponer la  posibilidad del odio y la desunión de unos a otros, nace de la misma creencia de que se puede existir siendo yo, siendo los otros y siendo el amor por separado. Si la necesidad del amor no fuera una creencia ilusoria, entonces se comprendería que “nadie podría no estar siendo todo el amor”. En la consciencia del Estar Siendo Unicidad (todo el Uno Mismo Universal sin llegar a ser nada determinado… No-Uno), nada hay ni ocurre que pueda ni que necesite cambiarse. Puesto que nada está siendo algo distinto a Estar Siendo sin más, tampoco nada es preciso que sea diferente. La necesidad de cambios surge de la fantasía de creerse algo concreto. Las particularidades consisten en creencias de percepciones e interpretaciones ilusorias, y, por lo mismo, puesto que no pueden aguantarse por sí mismas, también transitorias y necesitadas de esfuerzo. Para amar no es necesario que exista el amor como algo específico y aparte, pues, sólo por el hecho de existir, esto es, de Estar Siendo existencia, Ahora mismo está amándose sin límites ni condiciones. Es hora de soltarse de la creencia en necesidades mentales que no son reales. Creer en la necesidad de algo ilusorio es la manera más fácil de no alcanzarlo nunca y/o el camino más corto a ningún sitio. ¿Significa lo mismo “ser” que “Estar Siendo…”? Desde mi punto de vista, “ser” implica ser algo que “es” algo, es decir, algo especifico, determinado, concreto, estable, limitado, condicionado: un uno. Sin embargo, Estar Siendo equivale a “no ser” algo determinado (No-Uno). Estar siendo lo traduzco como indeterminación, universalidad, neutralidad, actividad, creatividad, infinitud; Unicidad y/o No-Uno. El Estar siendo Unicidad y/o No-Uno va mucho más allá del no-dos y/o no-dualidad, pues lo trasciende por completo. Con todo el respeto debido al antiguo mensaje del del no-dos y/o de la no-dualidad, considero llegado el momento de que muchas consciencias puedan dar un paso más y asumir que “tampoco nada Está Siendo uno” (No-Uno).    Mayo-15

143- Creer en la necesidad de algo (uno) supone creer en la carencia de lo supuestamente necesitado, pero, sobretodo, creer en el personaje que, por creerlo, estará obligándose a sí mismo a padecer las consecuencias de dichas creencias. Creer en la necesidad de algo (uno) supone creer que ese algo (sea lo que sea) está y/o depende de otro algo (otro uno) con identidad propia, externo, separado; algo que, para obtenerlo, precisa de búsqueda, de esfuerzo, de sacrificio, de contrapartidas, de lucha. Creer en la necesidad y/o la carencia de algo (uno), por lo tanto, también facilita (cuando no origina) la aparición de la creencia en la posibilidad de la necesidad de los abusos, de los privilegios, de las desigualdades, de las discriminaciones, de las dependencias, de la violencia y de todo aquello que manifestamos aborrecer. ¿Qué sucede cuando se cree en la necesidad o carencia natural de algo tan básico como el amor, la felicidad, la libertad, la paz e incluso el sustento básico? Para responder a esta cuestión basta con observar el funcionamiento del mundo cotidiano, construido a base de creencias y más creencias, es decir, de las falsas necesidades mentales de unos personajes (los seres humanos)  absolutamente ilusorios. Excepto para el ego humano (la persona que vive en la ilusoria creencia de ser alguien) para existir nada necesita estar siendo algo (uno) ni por algo; nada necesita de causa ni de efecto alguno que pueda justificarlo. La apariencia de la dualidad (dos) no sería posible sin la apariencia de la unidad (uno). La creencia en la posibilidad real del uno (algo concreto y separado) origina la creencia en la posibilidad real del dos, y así hasta el infinito en el que suponemos andar perdidos; sin embargo, salvo desde una percepción egoísta, victimista, catastrofista, limitada y ficticia…, surgida de la creencia en el uno mismo individual (persona), todo consiste en el Estar Siendo del No-Uno y/o de “No Estar Siendo algo determinado” nunca. Comenzando siempre por la propia, lo cierto es que para Estar siendo (No-Uno) no es necesaria creencia alguna.  Mayo-15

144- Tópicos (3). Al renunciarse a la creencia en el yo soy yo (un yo particular), también puede comenzar a verse que únicamente existía la universalidad sin limites. Uno de los tópicos más populares afirma que “todo pasa por algo, pues nada sucede por casualidad sino por causalidad”. Basta con creer en dicho enunciado para, sin darnos cuenta, haber recaído en el pozo de la fantasía. Sólo allí, en ese espacio virtual, no sólo parece que hay cosas que ocurren, sino que además parece que le ocurren a alguien y también que le suceden “por” algún motivo y “para” un fin determinado. Salvo creidamente (los seres humanos somos seres creídos y creyentes), nadie ha salido de ningún mundo para ir a otro, por lo tanto, excepto ilusoriamente, tampoco nadie está haciendo nada de aquello que pueda creer que está haciendo ni viviendo nada de cuanto crea estar viviendo. ¡Al ego tanta libertad le genera mucho miedo! Para existir no es necesario estar juzgándolo, catalogándolo, justificándolo y controlándolo absolutamente todo; para existir no es necesario ser algo ni creer en nada. Hasta hace unos días habría dicho que allá donde se perciba el menor atisbo de dualidad (más de uno) podría asegurarse que ello pertenecería a la ficción mental. Hoy manifiesto lo mismo, pero ampliado a todo cuanto pudiera ser “algo específico (uno) para alguien específico y por alguna causa o fin específico”. ¡Nada es casual ni causal porque, salvo aparentemente, nada es algo ni para algo!  Quien quiera conformarse con las migajas de creerse alguien particular, está en su derecho. Mendigarse a sí mismo consiste en buscar algo que no consista en el Estar Siendo del Sí mismo impersonal; algo que, por lo tanto, no necesita buscarse. Para estar siendo no es necesaria ninguna creencia. El tema de las “coincidencias”, igual que el de aspirar a “ser buena persona o mejor persona” son otros tópicos basados en ilusiones infantiles. En la consciencia del Estar Siendo Unicidad (No-Uno) las famosas coincidencias sólo consisten en simples interpretaciones tan parciales como aquellas de creer que alguien concreto puede “ser” de una manera concreta (bueno, malo, mejor, peor, capaz, incapaz…). Salvo en forma de creencia ilusoria, nada está conectado ni necesita cambiarse; simplemente  consiste en el Estar Siendo todo y nada a la vez y sin condiciones. (No-Uno).  Mayo-15

145- Caridad mal entendida. Estando consistiendo absolutamente todas las posibilidades de existencia en ninguna concreta, sino en el Estar Siendo único y carente de cualquier particularidad ni limitación (No-Uno), ¿qué ayuda real puede prestar el personaje que, por creerse esa identidad separada, percibe las creencias de sus propias carencias y necesidades reflejadas en la ilusión de un mundo ajeno? ¿Qué ayuda puede prestarse a aquel que se considera otro? ¿Que ayuda puede prestarse desde la consciencia de que yo soy yo y tú eres tu? ¿Qué ayuda puede prestarse desde la creencia de que yo poseo aquello de lo que tú careces? Qué ayuda puede prestarse desde la creencia “de que sea real” la existencia de dos seres distintos, dos vidas distintas, dos situaciones distintas, dos realidades distintas? En efecto, la caridad religiosa se sustenta sobre una base tan hipócrita como ilusoria o falsa. La caridad (limosna) de unos hacia otros (pan para hoy y hambre para mañana) no está bien ni está mal; pero quizás debería desmitificarse y valorarse en su justa medida. Ayudar a otro, amar a otro, hacer feliz a otro… hace que continúe viviéndose en la percepción del Uno Mismo convertido en otro; hace que continúe percibiéndose el Estar Siendo Todo Uno Mismo (No-Uno) de forma individualizada, separada, necesitada, limitada, enfrentada, dramática, victimista; hace que siempre siga creyéndose en la necesidad de ayudar y ser ayudados por los otros, de amar y ser amados por los otros, de procurar la felicidad de los otros y dependiente de los otros. La caridad religiosa (caridad mal entendida) potencia la creencia en la necesidad mantener viva ilusión de la división, de la separación, de la diferencia, de la comparación, de la competencia y de todas las formas de percibir dualidad y/o polaridad donde nada de todo eso existe realmente. La caridad religiosa, moral o egoísta, no comprende ni facilita la aceptación del reparto igualitario y justo. Aquello que sea hecho desde la consciencia de que alguien se lo está haciendo a otro alguien, siempre ocultará la acción del ego, por mucho que el ego (la persona) lo interprete como altruismo, bondad, generosidad, solidaridad o de cualquier otro modo piadoso. Creer que se da algo a otro, también conlleva creer que se tiene que recibir de los otros... y esa mentalidad puede causar mucho dolor.    Mayo-15

146- Miedo y deseo. Opino que, como muy a menudo se dice, los miedos no están para superarlos ni para enfrentarse a ellos. Pensar eso todavía le da más fuerza a la creencia en la veracidad de los miedos. Los miedos, igual que los individuos que afirman padecerlos, sólo existen en la creencia de que existen ambos. ¡Superar un miedo significa darse cuenta de que nunca existió realmente ese miedo ni el personaje que creía sentirlo! Desde mi punto de vista, la manera de trascender la fantasía de los miedos, es decir, la supuesta necesidad de su existencia, pasa por ver que verdaderamente jamás hay motivo para temer nada. ¡Descreerse! ¿Quién podría sentir miedo y a qué podría tenerse miedo, cuando en el Estar Siendo Unicidad (No-Uno) no existe nada que sea “un algo” ni que sea “un alguien”? La ilusión de los miedos nace con la ilusión de creerse alguien particular; creerse alguien que, por lo tanto, también creerá justificada la necesidad de temer la posibilidad de dejar de ser ese personaje. El miedo, como todo cuanto pueda ser nombrado, consiste en otra fantasía o proyección del ego, esto es, de la ilusoria creencia de ser alguien (uno). Pienso que aquello que más asusta al ego (la creencia de ser un alguien concreto… una persona) es reconocer que verdaderamente no es nadie y/o que no existe. ¿No será debido a eso por lo que el ego humano siempre busca fuera todo cuanto cree necesitar, a la vez que también culpabiliza a lo ajeno de todas sus contrariedades? Para ver y comprender aquello que corresponde al yo no-uno, hay que quitarse las gafas del yo uno; sin embargo, antes debe admitirse que se llevan puestas. El deseo de ser mejor y/o de ser buena persona no sólo esconde la falsa creencia de que se está siendo una persona (un uno), sino que además hace creer que no se está siendo completamente neutral o inocente. El deseo de ser mejor persona, es decir, mejor ego, es como una rueda que nunca se cansa de girar, pues cada vuelta crea la inercia para seguir rodando y rodando. ¿Pueden pararse esos giros? No, porque ello nunca existió realmente. Con los deseos ocurre igual que con los miedos: que sólo parecen reales para que también lo parezca el individuo que está creándolos y así esquivar la consciencia de la absoluta innecesariedad y la absoluta imposibilidad de ser algo distinto al Estar Siendo Unicidad (No-Uno).   Mayo-15

147- Errores y aciertos. Trascendiendo la percepción del ego (persona que vive creyéndose una persona), esto es, mirando más allá de la ilusoria apariencia, suele ocurrir que las cosas percibidas desde la limitada perspectiva humana (objetos, situaciones, acontecimientos,  emociones, ideas…) dejan de verse (no con los ojos) y/o de comprenderse como tales. Entonces, ¿merecía o eran verdaderamente necesarias las reacciones que despertaron aquellas percepciones en su momento? Opino que, fuera del juicio que se hiciera al respecto, eso tampoco importa demasiado, pues continuaría siendo ilusorio. Nada era, nada es y nada será lo que parezca que fue, que es o que pueda ser, pues nada (incluida la posible reacción) consiste en algo distinto al Estar Siendo de todo a la vez ahora mismo (No-Uno). Sentir sufrimiento, sentir felicidad, sentir alegría, sentir tristeza, sentir paz, sentir confusión…, todo etiquetas distintas de la única posibilidad cierta o real: “estar siendo nada…, estar siendo  sin más”. ¡Todo cuanto pueda nombrarse sólo serán distintas formas de juzgar y de catalogar el misterio de que nada esté siendo “un” algo! Cada mente no sólo elige la etiqueta que quiere poner ante cada una de sus creaciones; no conforme con eso, luego también escoge un valor,  un signo, una categoría, etc., para cada una de aquellas fantasías. ¡De ilusiones vive el hombre! Sin embargo, fuera de esa  especie de locura, salvo el estar siendo del Estar Siendo, no hay nada que sea algo ni que sea alguien ni que sea de ninguna manera ni que sea por ningún motivo. Al margen de la creencia de que existen los errores y los aciertos, nunca han existido ni los errores ni los aciertos…, ni aquel que crea haberlos protagonizado alguna vez. ¿Para qué tendrían que existir los errores y los aciertos, salvo para poder justificar la existencia y las excusas del personaje que se creyera expuesto y necesitado de errores y de aciertos para algo? Entre el amor a alguien y el apego a alguien no hay ninguna diferencia, pues en ambos casos está abrazándose la ilusión de que realmente exista “otro”, con lo cual aquellos sentimientos y relaciones siempre discurrirán en  una falacia y/o en el ámbito hipotético de una interpretación errónea de la Realidad.  Mayo-15

148- Dios. La creencia en un Dios es una creencia como cualquier otra creencia. Cuando se pregunta a alguien si cree en la existencia de Dios, ¿acaso no está planteándosele al otro si tiene esa creencia? La creencia en Dios, como todas las creencias, sólo las necesita el ego (fantasía de creerse una persona), de ahí que, igual que el creyente, todas las creencias también sean efímeras e ilusorias. ¿Te has planteado alguna vez que tú no eres tú, sino Dios siendo tú, y que, por lo tanto, no necesitas creer en Dios, porque creer en Dios hace que te creas algo distinto y separado de Dios? Yo soy Dios (No-Uno… nada determinado) cuando no me creo que soy yo; pero también soy Dios (no un alguien) cuando estoy creyéndome otra cosa. El Estar Siendo incluye el estar creyéndose, pues, excepto el Estar Siendo Unicidad (No-Uno), nada más está siendo. Dios no necesita que se crea en su existencia, por la sencilla razón de que no hay ni ocurre nada que no consista en la existencia Divina o el fluir de la Divinidad. Creer en Dios significa creer en ser otra cosa distinta a Dios, por lo tanto, en crear ilusiones y creer que está viviéndose en el destierro del Uno Mismo y/o exiliado al universo de las infinitas apariencias. ¡Cualquier creencia separa ilusoriamente al supuesto creyente de lo supuestamente creído, obligándole a vivir en la virtualidad del espacio surgido entre ambas percepciones! Paradójicamente los creyentes en Dios viven de espaldas a aquello en lo que dicen creer, de ahí que necesiten pruebas, oraciones, actos, imágenes, celebraciones, guías…, con lo que poder apaciguar los miedos y las supersticiones que sus mentes generan. Si existe Dios, entonces Dios es lo único que Existe; pero jamás siendo “un” Dios concreto o delimitado (No-Uno). En un Dios no se puede creer, porque eso sería la creencia de un creyente; Dios sólo puede consistir en el Estar Siendo ilimitado y sin la menor condición. No hay nada que no consista en el Estar Siendo Divino (sin nombres ni etiquetas), por lo tanto, el Estar Siendo Divino (No-Uno) tampoco puede estar siendo algo determinado ni específico. Nada existe ni acontece que no consista en el Estar Siendo Unicidad (Divinidad), consecuentemente, ¿en qué  pueden consistir los creyentes y sus creencias, sino en el mismo Estar Siendo interpretado como algo distinto?  Blasfemia no es saberse Dios, tanto como creerse algo distinto al estar siendo divinidad. Comenzando por los creadores de las creencias, no existe la culpa ni el pecado ni nada de todo lo que alguien pueda creerse que existe.  Mayo-15

149- ¡No hacer! Si este mundo existiera como cada mente lo percibe e interpreta, entonces este mundo sería el de la imposición de existir obedeciendo a infinitos caprichos. Sin embargo, para “estar siendo existencia” (en lugar de aquello particular que cada mente pudiera imaginar), no es preciso ser algo… y tampoco ser “para” nada. Para existir, esto es, para estar siendo existencia sin más, no es necesario vivir inventándose todo tipo de eventualidades y victimarios. Otra cosa bien distinta ocurre cuando a la existencia se le atribuyen funciones y necesidades humanas. Para Estar Siendo Unicidad (No-Uno) las creencias personales pueden enviarse a la papelera de reciclaje. ¡La manera de soltarse de todas las creencias consiste en soltarse de la primera de ellas: la creencia en el yo personal! Las creencias sólo se necesitan para poder creer que se es “un algo”, para creer que se es “un ser”, para creer que se existe con algún fin particular; las creencias se necesitan para creer que la existencia es y funciona como lo percibe cada mente. ¡No-Uno equivale al estar siendo “todo… nada concreto” simultánea e instantáneamente; estar siendo sin identidad, sin objetivo, sin tiempo, sin consecuencias, sin condiciones, sin intención! Nada existe que sea algo que pueda nombrarse ni experimentarse, pues al hacerlo quedaría convertido en un simple juicio o percepción ilusoria. ¿Por qué tendría que ser algo determinado la vida? Nuevamente se cumple que al preguntar por algo concreto está dándose por incuestionable la existencia de ese algo, y también la existencia del supuesto interesado en saber la respuesta, aunque ello todavía esté por demostrarse? Para estar siendo no hay que hacer nada; y exactamente igual para dejar de ser lo que nunca se fue ni será. No hagas nada, no pretendas nada, no luches contra nada, no te identifiques con nada; cualquier hacer convierte al supuesto hacedor en las creencias de sus supuestos haceres. En lugar de hacer, date cuenta de que todo está siendo sin necesidad de tus aparentes creencias. No hay prisa, recuerda que en cada Ahora ya está siendo todo. Nunca salió nadie de la casa a la que se deba regresar, porque el universo entero “está siendo” esa casa. Nunca se pierde el tiempo. Nunca se cometen errores. ¡Nunca se deja de Estar Siendo, pues en estar siendo consisten también las infinitas apariencias!  Mayo-15

150- ¿Estar aquí? Desde mi punto de vista, pensar o sentir que estamos aquí para aprender algo (otros dicen que hemos venido aquí para recordar quienes somos…), no deja de representar una excusa o una manera de justificar la ilusión de nuestra hipotética existencia personalizada: justamente esa que, paradójicamente, siempre estamos tratando de cambiar. La historia del yo comienza con la creencia en la existencia del yo que cree existir siendo una particularidad. Sin embargo, todo demuestra que la existencia consiste en el no-existir ni ocurrir de nada de cuanto pueda percibirse, juzgarse, experimentarse desde una particularidad determinada.  Todo consiste en un continuo fluir de la existencia (Estar Siendo Unicidad); un fluir que las mentes o forma de percibir egoica interpretan como cosas particulares que están sucediéndole a entidades particulares y por motivos también particulares: ¡Pura fantasía! ¿Donde queda ahí espacio para la universalidad? No llueve para que se riegue el campo, sino que, porque llueve, se riega el campo. ¡Nada es "para" algo ni le ocurre a nadie, y ni falta que hace! Al ser humano como tal, por consistir en el efecto ilusorio de la creencia y/o la identificación con un ser particular (ego), la única opción que le queda consiste permanecer adaptándose al Estar Siendo indeterminado (No-Uno), como si en lugar de “consistir en el fluir universal”, fuese una víctima de eso. Preguntas, aparentemente profundas y trascendentales, como ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí? etc., son absolutamente retóricas, pues parten de la convicción de que, efectiva e incuestionablemente, “se es” un alguien que está en algún sitio y por algún motivo. ¿Alguien puede demostrar eso, más allá del ámbito de sus propias y limitadísimas ideas acerca de la Realidad? Como he escrito antes, desde mi punto de vista, esas preguntas sólo persiguen la justificación de las creencias que sustentan nuestra propia ilusión. No hay ningún aquí y tampoco nadie que esté aquí. No hay forma de existencia que perdure más de un instante, ¿quién está aquí entonces? Todo esta siendo real siempre, pero nunca de la manera concreta que fuera visto e interpretado por alguien también concreto.  “Nada real puede ser amenazado… Nada irreal existe… en eso radica la paz de Dios”.  (Un curso de milagros)   Mayo-15 

151- Mirar en el interior. Desde mi punto de vista, es decir, desde la convicción de que excepto el Estar Siendo Unicidad (No-uno) no existe nada más y/o no existe nada que esté siendo algo ni alguien determinado, ¿cómo podría interpretarse la expresión de mirar en el “interior” de uno mismo? ¿Podría verse igual al mirar “dentro de uno mismo” cuando el uno mismo estuviera considerándose como “estar siendo un individuo” o considerándose como “el Estar Siendo” universal, sin identidad ni limitaciones? ¡Únicamente en el mundo mental puede mirarse dentro de algo y creerse que puede verse algo real! Sentir tu interior únicamente puede significar el sentimiento de estar siendo todo y nada a la vez. No existe ningún interior de algo ni de alguien; el ego consiste en la creencia de todas las fantasías supuestamente experimentadas por un yo particular. No existe nada que no esté consistiendo en el Estar Siendo de todo (nada concreto) a la vez (No-Uno). El interior del yo particular es el interior del ego disfrazado con la fantasía de una supuesta espiritualidad. Por no ser real la existencia de algo distinto al Estar siendo absolutamente indefinido, tampoco nada puede dividirse ni diferenciarse entre interior y exterior. Salvo el existir sin límites ni condiciones, no existe ningún otro tú real. ¿Comprendes ahora por qué cuando miras dentro de tu imaginario yo personal no ves nada de lo que buscas y crees necesitar? ¿Comprendes ahora por qué no existe diferencia entre la vida y la muerte y por qué sólo nacen y mueren las apariencias? Que yo deje de creer que soy un yo concreto, no significa que deje de existir; sin embargo, superar el espejismo de ese miedo abre las puertas a poder vivir de otra manera. No se trata de que hayamos olvidado qué somos, pues, sencillamente no somos nada ni nadie. ¡Si algo hubiera podido ser olvidado, entonces quizás consistiría en la consciencia de que no somos nada ni nadie!  Jamás nada será lo que pueda creerse siendo percibido desde dentro de la creencia de ser algo particular o diferente a Unicidad. Nada es algo ni de ninguna manera ni por alguna causa o finalidad, por lo tanto, tampoco nada es posible ni necesita cambiarse.  Mayo-15

152- ¿Perdón y aceptación? ¿Quién creemos que somos para atrevernos a pensar y sentir que realmente podemos “perdonar” a otros por algo de lo que “realmente” fueran autores y culpables? ¿Quién creemos que somos para atrevernos a pensar y a sentir que “realmente” podemos “aceptar” a otros por su manera de ser, de pensar, de sentir, de vivir…? ¿Quién creemos que somos para atrevernos a pensar y a sentir que  realmente podemos “cambiar” algo real de los demás? Tanto siendo todos uno, como siendo cada uno una identidad separada, la idea de perdonar, aceptar, ayudar, etc., a otros, continuaría constituyendo una construcción mental primaria encaminada únicamente a satisfacer el bienestar del propio ego (creencias respecto al uno mismo).  En la consciencia del Estar Siendo ahora todo Uno Mismo (Unicidad, No-Uno) puede comprenderse que únicamente es posible perdonar, aceptar, intentar cambiar, etc., las creencias que se tengan respecto al uno mismo ilusorio, pero jamás nada ni nadie real. No existen dos personas, pues ni tan siquiera existe una persona siendo alguien real ni de ninguna manera real. ¡Tan fácil como asumir con humildad que nadie hace nada y a nadie le sucede nada! ¿Puede perdonarse, aceptarse, amarse, etc., a alguien, sin haber pasado previamente por un proceso (más o menos consciente) de enjuiciamiento de ese alguien y de sus posibles cualidades, acciones o méritos? El juicio es previo a todo lo demás. ¿Quién es nadie para atreverse a pensar que realmente puede juzgar a otro? Pero, sobre todo, y ésta es la clave de todas las demás posibilidades, ¿quién es nadie para atreverse a ver a “otro” y a las vivencias de “otro” allí donde sólo existe el Estar Siendo (No-Uno), indeterminado y, por lo tanto, sin división ni apariencia posible? ¡Yo te perdono a ti, yo te acepto a ti, yo te amo a ti, yo te comprendo a ti, yo te necesito a ti, yo te admiro a ti… he ahí el motivo por el cual, no  existiendo dos seres reales y distintos, la fantasía de las relaciones plurales no consiguen perdurar armónicas ni tan siquiera aunque estén reconstruyéndose continuamente! Démonos cuenta de que, salvo para mantener en pie el tinglado de las ilusiones protagonizadas por los egos, no es necesario continuar creyendo que tenemos que “hacer” algo especial. Dejemos ya de creer que es “realmente” posible culpar, perdonar, aceptar, rechazar, amar, odiar, etc., a otros que no Estén Siendo el Todo Uno Mismo (No-Uno), pues quizás el único fin de ello consista en justificar la ansiedad egoísta y victimista que empuja a “no dejar de hacer”. Simplemente no hay nada real que perdonar, nada real que aceptar, nada real que hacer, nada real que alcanzar…, nada real que consista en algo distinto a estar siendo sin más… estar siendo No-Uno.   Mayo-15

153- ¡No ser, no necesitar, no creer! “La doctrina advaita es una rama no dualista (no-dos) del hinduismo que promueve la existencia de un ser unido a la totalidad de seres existentes, hasta tal punto que no puede hablarse de relación entre los distintos seres, sino de unidad total. Es la unión entre el sujeto que percibe y lo percibido”. (Wikipedia) Comparto que no hay dualidad real, porque realmente no hay dos (no-dos). Sin embargo, también difiero de la doctrina advaita, pues considero que, “aunque realmente no hay dos,  tampoco hay un uno real” (No-Uno). El estar siendo de todas las apariencias, como resulta más que evidente, no consiste en nada que pueda limitarse, comprenderse, condicionarse, nombrarse ni separarse; el Estar Siendo no consiste en el ser de un algo, ni de una suma de  partes, ni de una totalidad o conjunto de unos, ni de un ser alguien,  ni de un uno supremo y concreto. ¿Por qué tendría que haber/suceder un algo, que sencillamente no consistiera en el Estar Siendo infinito, indeterminado e instantáneo de todas las apariencias de algo, pero sin llegar a ser algo? ¿Quién lo necesitaría y para qué, no habiendo realmente un alguien que lo juzgara así? He ahí el poder de las creencias en las necesidades: que consistiendo en algo absolutamente inexistente, sin embargo puede llegar a parecer imprescindible. ¡No ser, no necesitar, no creer! No ser nada nunca, no significa no estar siendo todo siempre. ¡Suéltate de tu supuesta creencia en ti y estarás soltándote de todas tus supuestas creencias; suéltate de todo y no vuelvas a cogerte a nada, pues, aquello que fuera algo para ti, siempre consistiría en un reflejo de tu creencia en ti, y, por lo tanto, sólo una creencia necesaria para seguir creyendo en ti como estás viéndote. ¿Comprendes ahora en qué consiste el cielo y el infierno? ¿Comprendes ahora de dónde proceden todas tus películas y qué origina todos tus sueños? Los los aparentes conflictos de las personas nacen de la creencia en la existencia finita y real de las personas, auto-imaginadas como “un” algo concreto (realidad absolutamente imposible y fácil de demostrar), en lugar de estar siendo lo No-uno que siempre está abarcándolo absolutamente todo.    Junio-15

154- Creerse un uno. Siendo Uno Mismo se está siendo todo a la vez, y, por lo tanto, nada ni nadie en concreto. Tal es el error en el que, al considerarnos un yo, vivimos creyendo: ¡Que el Uno Mismo consiste en ser un alguien en particular viviendo experiencias y tiempos también particulares! Buscamos aquello que, por creernos un uno, también creemos que no estamos siendo ya. Buscamos aquello de lo que, por creernos un uno, también creemos carecer. ¡Inconscientemente vivimos buscando salir de la mentira de que somos un alguien!  Todas las aparentes carencias surgen de la creencia en ser aquella identidad  limitada y concreta que creemos que somos y de la resistencia a aceptar que permanecer siendo algo y/o alguien resulta absolutamente imposible, ficticio e innecesario. Paradójicamente, las aflicciones humanas proceden de la conflictiva y/o errónea creencia en nosotros mismos. La felicidad humana, como todo cuanto pertenece al mundo ilusorio de la particularidad humana, tampoco deja de consistir en una ilusión convertida en una necesidad aparentemente real. ¡Hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos, sintamos lo que sintamos, estemos donde estemos, tengamos lo que tengamos, vivamos lo que vivamos… todas las posibilidades estarán consistiendo siempre en la misma y la única posibilidad real (realidad): !Estar Siendo Unicidad (No-Uno)! Estando Siendo “el Uno mismo No-Uno” se está siendo todo a la vez, porque ser “Uno Mismo” no significa ser una identidad particular, sino el estar siendo de nada que pueda limitarse, condicionarse, calificarse, nombrarse, comprenderse, identificarse. ¿Comprendes ahora que estando siendo el Estar Siendo universal (No-Uno) tampoco pueda ser cierta la existencia de la vida, ni de la muerte, ni de la vida después de la muerte de un alguien real? ¡No existe el existir de nada por separado! ¿Comprendes ahora el motivo por el que, estando siendo todo el Uno Mismo universal (No-Uno), inconscientemente todos los uno mismo personales (creídamente separados) vivamos anhelando unirnos a través del sentimiento del amor, esto es, salir de esa ilusión?  Junio-15

155- ¿Responsabilidad y elección? ¿Hay alguna forma de responsabilizarse (con ausencia total de culpabilización) de todo cuanto una persona crea que puede estar viviendo, a parte de asumiendo que todo aquello que se vive y la persona que supuestamente está viviéndolo son exactamente lo mismo? ¿Cómo podría producirse algún conflicto entre una persona y sus vivencias, en la consciencia de que no está existiendo ninguna diferencia real el supuesto experimentador y sus supuestas experiencias? Va siendo hora de comenzar a dejar de lado la falacia de la posibilidad de “elegir”, pues sencillamente no hay nada real entre lo que elegir, y tampoco nadie real que pueda elegir entre dos opciones verdaderamente distintas. ¡No existen los opuestos, porque tampoco existe nada que permanezca siendo algo estable y determinado (No-uno)! Desear sentir (elegir sentir) paz, amor, alegría…, no dejan de ser deseos, y, por lo tanto, ilusiones surgidas de la creencia en la existencia de aquello que supuestamente está siendo deseado (preferido) por alguien. ¡Un mundo de sueños e ilusiones necesita de sueños e ilusiones para que pueda continuar creyéndose en ello, es decir, para que el soñador e ilusionista siga creyendo en sí mismo de esa manera! Hasta ese extremo, el de creer en la existencia de todo lo que imaginamos, llega el sueño que está siendo percibido e interpretado, como si fuera nuestra vida. No existe la paz, no existe la felicidad, no existe el amor (tampoco sus opuestos); no existe nada que pueda considerarse que es algo y/o de alguna manera de ser real. ¡Todas las aparentes necesidades de existencia de algo, así como la manera de alcanzarlas, son un invento mental absolutamente innecesario fuera de la creencia en ello! No hay cuerpo, no hay mente, no hay alma, no hay espíritu…, no hay nada que no consista en el Estar Siendo universal (No-Uno) sin el menor rastro de limitación ni identificación. ¡No desees, no elijas, no prefieras…, pues de ese modo lo único que estará ocurriendo (ilusoriamente) será el refuerzo de la creencia en aquel que cree que es alguien haciendo y protagonizando algo. ¡Todo suceder consiste en el no-suceder de algo!   Mayo-15 

156- Aparentes posibilidades. Corre por el mundo la expresión: “Ésto también pasará…” Yo mismo -cuando creía en el tiempo y me creía más yo de lo que estoy creyéndome ahora-, he utilizado bastante esa frase, convencido de que estaba afirmando algo positivo y auténtico. Sin embargo, ahora comprendo que sólo era otra manera de mantener tranquila mi identidad egoica, es decir, a la creencia de que yo soy un yo y el resto es el resto. Pero, estando siendo y/o consistiendo absolutamente todas las aparentes posibilidades en la única real del “Estar Siendo No-Uno” (nada que verdaderamente sea algo), ¿qué podría estar ocurriéndole a alguien, que ello no estuviera consistiendo en un sencillo espejismo? La creencia en algo origina en el creyente la sensación y la certeza de que “ese algo” es real, en lugar de una simple creencia en un sí mismo particular. La supuesta existencia humana sólo es y sólo discurre en la creencia de que es algo que está discurriendo de esa manera… y que además permite cambiarse. ¡Nada ha sido, está siendo ni será jamás lo creído por alguien, ni de la manera que esté creyéndose, percibiéndose, juzgándose, experimentándose, sintiéndose, etc., desde una identidad particular! Excepto configurando el sueño de la separación, nunca hubo nada que estuviera bien ni mal, que fuera erróneo ni acertado, que consistiera en algo mejor ni peor que otra posibilidad. Nada fue, ni será nunca, nada ni de ninguna forma concreta de ser; sencillamente, incluida tu creencia en ti y en tu existencia, todo sin excepción está consistiendo en el Estar Siendo de nada determinado (No-Uno) absolutamente inocente. Mientras alguien crea que existe algún poder ajeno u otro alguien que puede culparle, agredirle, humillarle, olvidarle, hacerle feliz, revalorizarle, etc., es decir, quitarle o aportarle algo, eso continuará ocurriéndole, y el creyente en ello haciendo todo lo posible -creándolo- para que no deje de ocurrir, pues nace de la percepción de una identidad victimista…, que ha convertido su existencia en un gran victimario. He ahí que, por lo tanto, todo cuanto pueda vivirse y/o experimentarse desde la consciencia identificada con una identidad particular o personal, siempre podremos estar absolutamente seguros de que, visto e interpretado de esa manera, nunca será real.   Mayo-15

157- Esta vida, precisamente al considerarse de esa manera, es decir, como “esta vida” (un algo concreto), instantáneamente queda convertida en una ilusión. A partir de ahí, todo cuanto en el ámbito de la ilusión de esta vida sea considerado como algo y/o de alguna manera de ser para alguien (comenzando por el uno mismo personal), siempre consistirá también en un algo imaginario. Disfrutar de esta vida equivale a disfrutar de la ilusión de esta vida; de ahí que tomarse esta vida en serio y/o de una manera personal sólo sirva para generar todo tipo de frustraciones, luchas y conflictos inútiles. Suele decirse que “de ilusión también se vive”, sin embargo, opino que vivir desde la consciencia identificada con un algo y/o con un alguien, “únicamente” permite vivir creyendo en las ilusiones y creando ilusiones. ¿Puede haber algo más agotador? ¿Consistirá en esa obligación de vivir creando ilusiones aquello de tener que ganarse el pan con el sudor de la frente? No hay más; incluso podría ser divertido verlo así, pues en la vida de las ilusiones no hay trascendencia ni repercusión futura alguna. Todo queda olvidado aquí. Si te apetece vivir la ilusión hazlo: no pasa nada, no está bien ni mal, no es mejor ni peor. De lo que suceda en este escenario virtual nada tendrá premio ni castigo fuera de él. Pero si realmente quieres disfrutar de la ilusión de esta vida hazlo consciente y responsablemente, pues de lo contrario estarías pretendiendo imposibles. En el fondo todos conocemos que, por no existir realmente nada siendo algo ni alguien (No-Uno), excepto ilusoriamente tampoco nada puede estar bien ni mal, ni ser mejor ni peor. Sin embargo, contradiciendo nuestro propio sentir, vivimos tratando (y también obligando a otros) de  “ser” buenas personas, es decir, buenos egos; vivimos tratando de hacer siempre aquello que “se supone” que “es correcto” y que “está bien”. ¿Comprendes ahora de dónde proceden esas luchas y conflictos que no te dejan existir en paz y con plenitud? ¿Comprendes ahora las consecuencias de vivir conformando la creencia en la división y la identificación con alguna parte o cosa imaginaria? ¡Creerse alguien conlleva la obligación de sentirse bajo el yugo de algo igualmente creído! Si nunca llueve a gusto de todos, ¿como podría vivirse “haciendo” lo que esté “bien visto” por todos, y, por lo tanto, lo correcto? En verdad nadie hace nada, porque no hay nada que hacer y tampoco nadie que pueda hacer algo; a parte de lo que interprete la mente egoica (creerse uno) todo sin excepción está siendo, “sin necesidad de ser un algo”  (No-Uno).   Mayo-15 

158- ¿En qué consiste Dios? Mi mente no puede utilizarme a mi, porque mi mente y yo somos la misma fantasía. Creer que mi mente puede utilizarme a mi sólo sirve para luego poder seguir justificando la creencia en mi a través de cualquier supuesta actividad mental. El programa del ego “hace creer” que eres lo que no eres, pues hace creer que eres alguien (un ser humano) en lugar de la creencia en ese alguien. Pese a todo cuanto se quiera argumentar, lo cierto es que nada “es” algo. Ser, implica concreción; ser, implica límites y condiciones espacio-temporales, físicos, psicológicos, emocionales, mentales, espirituales. Los límites sólo son posibles en las limitaciones de las creencias. ¡Nada hay ni acontece que no consista en “el Estar Siendo” siempre único, siempre ahora, siempre activo, siempre irrepetible e indeterminado! Si “algo”, de lo que yo crea estar percibiendo, me pareciera negativo, desastroso, etc., la veracidad de esa percepción continuaría siendo tan ilusoria como la veracidad de las percepciones opuestas. ¿La razón? Que en ambos casos estaría dándose por cierta la creencia de que hay alguien percibiendo algo diferente al Estar Siendo Unicidad (No-Uno). Nada es de ninguna manera que pueda percibirse, juzgarse, catalogarse…, desde alguna identidad, por la sencilla razón de que verdaderamente “nada es un algo ni un alguien”. Salvo en el mundo ilusorio de la creencia en las particularidades (el mundo cotidiano de los egos) no hay ninguna diferencia real entre el aparente observador y lo aparentemente observado. Salvo en el mundo ilusorio de la creencia en las particularidades (el mundo cotidiano de los egos) no hay ninguna diferencia real entre el aparente hacedor y lo aparentemente hecho. Salvo en el mundo ilusorio de la creencia en las particularidades (el mundo cotidiano de los egos) no hay ninguna diferencia real entre el aparente sentidor y lo aparentemente sentido. En eso de “no ser un algo concreto” consiste Dios y toda su supuesta obra. En eso de “no necesitar ser” nada nunca para Estar siendo absolutamente todo siempre, consiste Dios y todo lo que aparenta ser algo y/o suceder de alguna manera. ¿Para qué entonces las imágenes, los altares, los ritos, las idolatrías y tantas particularidades espirituales más? ¡Siempre el deseo y la necesidad de hacer algo para poder continuar creyendo que somos alguien! Cada individuo ve aquello que decide ver; pero, pese a las infinitas apariencias e interpretaciones posibles, realmente siempre estará viendo única y exclusivamente lo único que realmente existe: ¡El Estar Siendo No-Uno del Sí mismo!    Mayo-15  

159- Sin intención. No hay ningún camino que recorrer, y tampoco ninguna meta que alcanzar mediante ninguna práctica que no consista nada más que en el fluir incesante e indeterminado de la existencia. ¡Sólo con estar siendo existencia (existiendo) ya está todo alcanzado, pues ya se está siendo todo! Por mucho que, percibido desde la atalaya particular de cada ego, pueda parecer completamente distinto, lo cierto es que no existen actividades separadas del Estar Siendo Único, por lo tanto, tampoco una actividad que verdaderamente sea ni más ni menos espiritual o trascendental que otra. ¡No hay diferenciación que no sea mental o egoica! Todo, sin excepción y sin separación real, consiste en el Estar Siendo único, simultáneo e infinito. Salvo en el mundo relativo e ilusorio de la consciencia identificada con la particularidad (mundo mental), y, por lo tanto, con todas y cada una de las supuestas condiciones humanas, en verdad no hay nadie que tenga que llegar a ninguna meta, estado, plano, casa, etc., porque aquello adonde se supone que habría que llegar, y también el sujeto que estuviera pretendiéndolo, sería lo único que realmente estaría existiendo, es decir, lo único que estaría siendo ahora mismo sin la necesidad de ser algo ni de creerse algo. No camino ni caminantes, no prácticas ni practicantes, no tiempos ni espacios, no haceres ni hacedores, no creencias ni creyentes, no necesidades ni necesitados. En la consciencia del Estar Siendo Unicidad (No-Uno) tampoco hay ni acontece ningún “para qué”, pues en el fluir de la Unicidad no cabe ni la menor posibilidad de “intención”. Las intenciones son manifestaciones necesarias para el ego humano, consecuentemente innecesarias e ilusorias fuera de la identificación con esa apariencia. Todos los qué, todos los por qué, todos los para qué, y el resto de los interrogantes posibles, corresponden al mundo imaginario de las posibilidades particulares, pues sólo en ese ámbito parece obligado hacer, conocer y experimentar algo que no consista en el Estar Siendo No-Uno del Sí mismo.  Mayo-15

160- Auto-engaño. Las personas no tienen un ego; el ego y la persona que cree tenerlo son exactamente la misma fantasía. En esa ilusión de los seres y sus tenencias, la persona necesita de la creencia en la existencia del ego y viceversa. No es que el ego -supuestamente tenido por la persona- engañe u obligue a la persona mediante trucos, culpas, deseos, miedos, etc., sino que nosotros mismos (la consciencia de nosotros), al creernos “un alguien determinado”, estaremos originando el auto-engaño de considerar cierto que, fuera de esa creencia imaginaria, somos aquello que jamás estará siendo. ¡Una falacia dentro de otra! La supuesta dualidad configurada entre ego y persona es utilizada a modo de excusa para continuar el auto-engaño de creernos entidades reales. Desde esa dualidad (persona y ego) siempre se puede responsabilizar y culpabilizar a alguna causa ajena de las consecuencias de la identificación con dicha ilusión. ¿De qué y a quién se puede culpar de algo que ello no sea ilusorio también? Más allá de ese inocente juego mental, todo está consistiendo en el fluir incesante del Estar Siendo de infinitas posibilidades simultáneas, pero “sin que ninguna llegue jamás a materializarse” en un algo distinto ni separado del Estar siendo absolutamente indeterminado (No-Uno). ¡Desde dentro del fuego las llamas nunca son algo distinto al fuego! Cuando en la consciencia de Estar Siendo sin más, emerge la oportunidad de desear, creer o imaginar la identificación con una posibilidad determinada, la consciencia queda atrapada en la ilusión de “ser” eso concreto en lugar de continuar consistiendo siempre en el fluir incesante del Estar Siendo incondicional e indeterminado (No-Uno). A partir de ese fenómeno, ya en el ámbito ficticio de aquella hipótesis creída y asumida, al considerarnos una identidad particular y/o especial (ni más ni menos que hijos predilectos de Dios), también se hace inevitable creer que cada percepción nuestra se corresponda con “otro algo” siendo de la manera que nosotros vemos, pese a que esas percepciones vayan cambiando continuamente, y con ello potenciando el auto-engaño. He aquí que todo cuanto el ser humano cree vivir desde la identificación con su yo personal, va encaminado a mantenerse auto-engañado y/o creído, aunque todo discurra en una simple ilusión. Por muy hermosa que nos parezca la posibilidad de ir aprendiendo de nuestras experiencias, ¿cuánto más no lo sería la innecesariedad absoluta de ello?    Junio-15

161- Creencias egoicas. Del mismo modo que la “aparente necesidad” de la felicidad, del amor, de la paz, de la libertad…, y también de sus opuestos, son simples creencias creadas por el ego, es decir, los sentimientos de carencia naturales por creerse una entidad particular y separada, así también la necesidad de la enfermedad surge de esa creencia egoica de considerarse una individualidad real. El ego, es decir, la creencia de “ser” alguien particular viviendo una existencia determinada (en lugar del Estar Siendo infinito), necesita generar otras creencias, juicios, culpas, metas, estados de ánimo, etc., con tal de sobrevivir; sin embargo, todo es ilusorio, y por eso mismo allá donde pueda apreciarse cualquier tipo de intención o voluntad, también puede asegurarse que se trata de algo irreal e intrascendente de lo que puede prescindirse. No conforme con las creencias basadas en necesidades surgidas del pasado y del vivir cotidiano, el ego, haciéndose pasar por algo distinto a la persona identificada con dichas fantasías temporales, todavía crea también la idea o pantalla del futuro sobre la que proyectar creencias basadas en hipótesis razonables, con las que alargar más aún el deseo de que no desaparezca “su particularidad”. Así surgen las sugestivas creencias egoicas en la continuación de la existencia “de cada uno por separado” después de esta vida, la creencia en que existan muchas vidas más, la creencia de que exista un poder Supremo, la creencia en que exista un cielo o un infierno, etc. Siempre para acreditar su supervivencia, el ego “necesita crear y creer las creencias” de que existan reencarnaciones, karmas, espiritualidad, seres elevados, maestros, evolución espiritual, regreso a la casa del Padre, etc. Creencias gracias a las cuales no sólo poder  justificar su hipotético futuro, sino también la falacia de su supuesto pasado y de su supuesto presente; en definitiva, la veracidad incuestionable de su existencia. ¿Qué problema tiene el ego (forma de ser ilusoria) para crear enfermedades (incluso mortales) cuando tiene asegurada su continuidad particular mediante las creencias en el más allá, en la evolución interminable, en el despertar espiritual, etc, etc,? Aquello que, salvo en forma de creencia, no existe siendo algo ni alguien específico, tampoco puede morir ni desaparecer, pues, precisamente porque nunca será algo ni alguien, siempre consistirá en el Estar Siendo eterno del Sí Mismo No-Uno. ¿No consistirán los medicamentos y la medicina global en simples productos mágicos (terapias) que, por pertenecer al mundo de la ilusión de la existencia individualizada (allí donde únicamente acontecen las enfermedades), incluso las intervenciones quirúrgicas actúan por sugestión mental y psicológica (placebos) y, por eso, generalmente sólo funcionan sobre los efectos (enfermedades y lesiones) derivados de la falsa creencia de que cada persona es un ser único o especial?  Junio-15 

162- Cavernas mentales. Nadie viene de ninguna parte a este mundo, ni se irá de este mundo a ningún otro lugar. ¡No existe nada real que no esté siendo lo “único” que existe; no existen los lugares siendo algo distinto a aquello que pudiera haber y/o que estuviera sucediendo en los lugares! Tampoco -fuera de una realidad ilusoria-, nadie elige a sus padres, nadie elige el país donde nacerá, nadie elige su condición social ni la cultura en la que crecerá, nadie elige las pruebas que deberá pasar. Nadie elige absolutamente nada, porque en verdad no existe ese alguien que pueda o que necesite elegir algo… y tampoco existe nada que permita ser elegido por nadie “para” algo. Puesto que “nadie real” nace, tampoco “nadie real” vive ni muere. ¡Aquello donde pueda apreciarse cualquier rastro de división puede soltarse y dejarse marchar tranquilamente! Es hora de salir de las cavernas mentales consistentes en seguir confundiendo las ilusorias carencias y necesidades del ego (creencia de ser alguien determinado) con el discurrir incondicional del Estar Siendo Universal e indeterminado (No-Uno)! En la consciencia de Estar Siendo Unicidad (No-Uno), no existe la creencia de la necesidad de tenerlo todo etiquetado, controlado, ordenado, justificado,  comprendido…, pues nada consiste en algo distinto a Estar Siendo sin más. Todos esas aparentes necesidades sólo son posibles en el ámbito de la ilusión mental que configura el ego: consciencia identificada con creerse una persona, y, por lo tanto, “un ser” finito, limitado, efímero, carente, culpable, imperfecto; un ser necesitado de experiencias, de protección, de castigos, de perdón y de benevolencia externa.  Precisamente porque los seres humanos somos seres ilusorios, “resulta posible y hasta fácil” dejar de basar el funcionamiento y el ordenamiento de las sociedades humanas en la continua apología del miedo. ¿Miedo? Comenzando por las propias familias, y siguiendo por las instituciones políticas, religiosas, económicas, judiciales, educativas, etc., es decir, todas las instituciones “creadas por y para proteger nuestra falsa identidad”, el miedo, las amenazas y los chantajes continúan estando entre los principales instrumentos empleados a la hora de ordenar nuestras relaciones y normas de convivencia. El lenguaje que mejor entiende el ego (creerse alguien) son el miedo y el amor egoico, pues eso constituye también su esencia: el miedo a dejar de ser ese alguien único que tanto se ama a sí mismo. Se acepte o no, en la posibilidad de vivir considerándonos “un alguien particular” no hay paz, libertad ni dicha sin condiciones.  Junio-15

163- Existencia separada. En la consciencia del No-Uno, por no haber la existencia de nada real siendo ni sucediendo aquello que a alguien le parezca que es algo determinado y/o que pueda nombrarse de algún modo, tampoco nada real necesita juzgarse ni compararse,  nada real necesita preferirse, nada real necesita cambiarse, nada real necesita hacerse ni ocurrir, nada real necesita pensarse ni sentirse, nada real necesita comprenderse, nada real necesita ser mejor ni peor. ¡Toda forma concreta de ser y/o de acontecer siempre será tan ilusoria como innecesaria! ¿Qué tipo de libertad, creatividad, amor, etc., sería aquello que estuviera sujeto a alguna identidad y/o condición? Para Estar Siendo sin necesidad de ser nada ni nadie, no es preciso rendirse, cambiar, hacer, aprender, soltar, elegir, recordar, pensar, sentir nada…, pues cualquier intento supondría alimentar la creencia de “ser” el personaje que estuviera protagonizando esas obligaciones ficticias, y, con ello, resistiéndose al Estar Siendo natural del Sí Mismo Universal (No-Uno). El Estar Siendo Unicidad no tiene principio ni fin ni objetivos (no tiene nada de cuanto se atribuye la identidad humana), de ahí que cualquier particularidad  sólo consista en una interpretación parcial, interesada, efímera, ilusoria e intrascendente a cerca del Sí Mismo consistente en el Estar Siendo único, universal e indeterminado. Aunque parezca muy razonable juzgarse, culparse, desear, etc., (tanto a si mismo como a los otros), si realmente se comprendieran las consecuencias de eso quizás podría comprenderse también que únicamente puede ocurrir en el ámbito de la locura que supone creer en la posibilidad real del Estar Siendo de la existencia fraccionado y separado en partes inconscientes y autónomas. ¿No es de locos creer que, salvo en un mundo que estuviera siendo constantemente imaginado, alguien real puede estar haciendo algo y/o siendo objeto del hacer de otros, es decir, de algo distinto al Uno mismo? Leo: "Si te pasas la vida cediéndole el poder a alguien, terminarás dependiendo de sus elecciones, convertido en marioneta de sus pensamientos y acciones”(Denko Mesa). Generalmente ese “alguien”, a quien se le está cediendo el poder de Estar Siendo, suele ser al propio ego, es decir, a la persona oculta que realmente cada uno cree ser.   Junio-15  

164- Cambio de percepción. Escuchando una entrevista sobre actividades para conectar con nuestro ser verdadero, me asalta la siguiente cuestión: ¿Haciendo y/o realizando cualquier tipo de práctica (meditación, oración, posturas, ritos…) distinta a sólo estar siendo y/o existiendo sin más, puede lo que “no somos” conectar con lo que “sí somos”? ¿Es real esa supuesta dualidad (verdadero - falso), esa aparente separación, esa hipotética conexión-desconexión de uno mismo con consigo mismo… o simplemente seguimos jugando en la misma infantil fantasía mental de siempre? ¡De nuevo dando por cierto algo que sólo es imaginario! La posibilidad de conectar con el sí mismo verdadero sólo sirve para reforzar la creencia egoica y profundamente victimista (pobre de mi) de que también existe un sí mismo falso. No existe ningún sí mismo verdadero y tampoco ningún sí mismo falso; no existe ningún sí mismo de nadie, por lo tanto, nadie puede conectar con nada que no esté consistiendo en el Sí mismo de todo a la vez, que, por no ser nada concreto ni de nadie concreto,  tampoco jamás está desconectado. ¡Siempre la ilusoria necesidad de la mantener viva la creencia en la existencia de “un algo concreto, especial y separado” para, con ello, poder justificar el miedo a la consciencia de que no hay otra forma de existencia que no consista en el Estar Siendo No-Uno, y, por lo tanto, que tampoco existe nada ni nadie siendo eso que durante millones de años haya podido llegar a crearse y creerse! En la consciencia de Unicidad (No-Uno) no existe lo que somos ni lo que no somos. Siendo así, qué cosa “real” faltaría realmente por suceder, faltaría realmente por conseguirse, faltaría realmente por aprenderse o recordarse, faltaría realmente por perdonarse o sanarse, faltaría realmente por cambiarse? Absolutamente nada de cuanto alguien crea vivir será real siendo eso ni de esa manera, por lo tanto, nada real falta por llegar ni por ocurrir; nada tiene que esperarse en nuestra vida imaginaria, que ello no fuera imaginario también. Para Estar Siendo plenamente no es preciso seguir creyendo en algún tipo de varitas mágicas, de lámparas maravillosas con duendes dentro, de sucesos milagrosos,  de suertes ni de destinos merecidos. ¡No se conecta con nada; sólo cambia la percepción! ¿Para qué, al Estar Siendo Unicidad (No-Uno), las personas le ponemos nombres distintos como sufrimiento, felicidad, odio, amor, alegría, tristeza, salud, enfermedad, vida, muerte, etc., cuando entre una u otra posibilidad la única diferencia consistirá en el nombre y/o en la identidad ilusoria que se le atribuya? Sólo se me ocurre una respuesta: para que la ilusión continúe igual que siempre, pues en verdad nada real puede ni necesita cambiar absolutamente en nada.   Junio-15 

165- Miedo a no ser. Cualquier deseo o creencia de existir, de elegir, de aprender, de controlar, de juzgar, de comprender, de hacer, de necesitar, de merecer, de pensar, de sentir… deja al descubierto el “miedo humano” a asumir la consciencia de Estar Siendo No-Uno, es decir, no alguien, no algo, no de ningún modo, no por algún motivo ni con ningún fin concreto. ¡Miedo a que Estar Siendo sin limitaciones signifique no ser alguien único, especial, con un sentido que justifique todo lo creado, lo creído y lo invertido en nuestro ego hasta ahora! Salvo en el mundo ilusorio de la creencia en las existencias transitorias y particulares, nada sucede “por alguna razón, para algo determinado, de ninguna forma concreta ni a alguien en particular”. ¡Es razonable que intuir tanta libertad y tanto poder aterre al pobrecito personaje! Parece evidente que toda la aparente diversidad de seres, de sucesos, de circunstancias, de coincidencias, de causas y efectos, de intenciones y de voluntades (supuestamente divinas), conforma una de las manifestaciones básicas del funcionamiento del ego (creerse una individualidad) y/o de la percepción fragmentada del Uno mismo universal en partes diferentes, opuestas y separadas. ¡Puesto que, excepto el Estar Siendo No-Uno, no hay nada más esté siendo ni sucediendo realmente, la identificación de la consciencia de ser con la creencia en la existencia de una parte y/o de un yo personal (ego) quizás debería considerarse como el deseo o tentación inconsciente de la consciencia por existir siendo uno, siendo algo, siendo alguien, siendo por algo y para algo! Para justificar la falacia que representa la creencia en el sí mismo individual o personal, el ser humano vive absolutamente dependiente de la necesidad de que todas sus identificaciones o ilusiones tengan un porqué y un para qué…, que todo tenga un sentido, que todo encaje, que todo oculte o atenúe el miedo y la culpabilidad que le produce creerse y sentirse un yo, un ego, un algo, un uno, la víctima de un sí mismo ficticio.  Junio-15

166- Consideración negacionista. No se trata de darse cuenta de que las personas no somos un cuerpo, no somos una mente, no somos un alma, no somos un espíritu, no somos un ser; se trata de darse cuenta de que “ni tan siquiera somos algo”. Estar Siendo No-Uno, significa no estar siendo algo y tampoco estar sucediendo algo. He ahí que todo cuanto el hipotético ser y/o el supuesto ego humano (creencia de ser un uno, un yo) pueda alcanzar a creer que piensa, que siente, que intuye, que hace, que experimenta…, siempre serán creaciones ilusorias encaminadas precisamente al objetivo de continuar creyendo y reforzando la ilusión y el deseo inicial de ser algo siendo alguien. En el mundo de la identificación con el “estar siendo alguien en particular o especial” suele desearse, suele amarse, suele buscarse, suele esperarse…,  aquello de lo que se cree carecer, a la vez que también acostumbra a temerse perder aquello que se cree poseer. Se desea, se ama, se busca y se teme todo cuanto se percibe distinto y separado del “estar siendo ahora todo uno mismo universal”, como si al margen del Estar Siendo Unicidad (No-Uno) existiera alguna otra posibilidad. Creerse alguien no sólo “obliga a luchar” por verse y experimentarse a sí mismo dividido y separado de “otros” sí mismos; creerse alguien particular también impone la necesidad de crear y de apreciar diferencias incuestionables en cada sí mismo percibido de aquella forma. ¿Estamos unidos o estamos separados de cuanto consideramos que, no estando siendo el uno mismo universal e infinito, nos sucede y nos rodea? Ni unidos ni separados, pues al margen de aquella consideración absolutamente egoísta, victimista, dramática y negacionista de la realidad, nadie existe siendo una particularidad. Al poner nombre a algo, puesto que el sujeto que lo hiciera estaría manifestándose desde una percepción de sí mismo absolutamente parcial e identificada, aquello que nombrara siempre consistiría en un reflejo de su propia consideración. Si la vida pudiera consistir en algo específico en lugar del Estar Siendo siempre Ahora mismo nada delimitado ni fragmentado (No-Uno), ¿podría ser aquello que desde la delimitación de la mente humana pudiera concebirse? Un amigo acaba de hablarme de dudas, sin embargo, no considerándome a mi mismo el estar siendo de alguien ni tampoco una parte del Estar Siendo Único, ¿qué dudas ciertas podría tener y sobre qué… por mucho que creyera vivir en un mar de dudas?  Junio-15

167- ¿Ser y dejar de ser? Por muy paradójico que parezca, la mejor manera de no llegar a saber “quién soy” consiste en planteárselo. Preguntarse ¿quién soy? es una pregunta con trampa, pues parte de  la convicción de que soy alguien. Sin embargo, ¿somos?, ¿existe algo/alguien que pueda “ser” separado del resto del estar siendo universal, y, por lo tanto, ser eso particular que se está dando por cierto al preguntarlo? El sueño (igual que los cuentos para niños) comienza dando por cierto algo que no puede serlo. Así, “cayendo en la tentación de creerse alguien y además dotado de la capacidad de hacer algo por su cuenta”, comienza la historia de la estúpida escena del enfado divino y de la separación, en la que supuestamente estaríamos existiendo. Así comienza la ilusión de la creencia en la culpa y en el perdón. Así comienza la ilusión de la creencia en la necesidad del premio y del castigo. Así comienza la ilusión de la creencia en la necesidad del amor y del miedo y de la felicidad y del sufrimiento. Así comienza la ilusión de la creencia en todo cuanto mantiene a la humanidad viviendo en las cavernas de la mente. Pero si la primera pregunta es retórica, ¿no estarán siendo también todas las siguientes? Excepto el Estar Siendo nada determinado, nada más hay ni sucede. He ahí que la creencia en el uno mismo ilusorio se convierte en el origen de todas las creencias y experiencias del uno mismo ilusorio. ¿A dónde va el alma de quien se atreve a quitarse la vida? De nuevo otra demostración palpable de lo escrito anteriormente. En este caso, con la pregunta no sólo se establece como absolutamente veraz la existencia de un alma viajera para cada individuo, sino que además ese personaje también dispondría de vida infinita propia, de la que podría disponer a su antojo. Desde mi punto de vista, salvo en forma de creencia, no existe el alma ni ningún sitio a donde pueda ir aquello que no existe! Tampoco, salvo en la ilusión de la creencia en la existencia individual y separada, realmente nadie puede quitarse aquello que, por no ser suyo, no lo tiene ni le pertenece. Nada existe por separado ni siendo algo distinto al Estar Siendo sin más. Todo ser algo, ser de alguna manera y ser por algún motivo consiste en una simple construcción o invención mental. Todo tan simple como que no hay nada de cuanto el ser humano "crea" que hay, sólo para así poder justificar la mentira de su propia existencia. Nada nace, nada vive y nada muere porque nada es aquello que se percibe separado del resto. Todo está siendo, pero sin que jamás consista en algo específico. ¿Alguien decidió cuándo, dónde, etc., nacer, qué cuerpo tener, qué carácter padecer, qué sexo, qué cualidades, qué dones, qué salud…, qué nada? Entonces ¿en qué nos basamos para seguir pensando que nosotros decidimos algo realmente? Sentirse que no somos nada ni nadie, y que nuestra supuesta vida no necesita tener ninguna finalidad ni continuidad…,  genera miedo, violencia y frustración, ¿quizás porque aceptarlo significaría tener que reconocer que nunca hubo un motivo real para vivir como hasta ahora?   Junio-15

168- Despertar y pensamiento. ¿Qué opinas del despertar y de la idea de alguien que necesita despertar? Opino que nadie tiene que despertar. La necesidad del despertar de alguien sólo puede plantearse en el mundo ilusorio conformado por el conjunto de las creencias humanas. Si despertar pudiera consistir en algo, entonces despertar seguramente consistiría en darse cuenta de que, “por no existir nadie siendo un alguien real ni viviendo estados diferentes”, tampoco nadie está dormido y nadie necesita despertar. ¡No eres lo que puedas creer que eres ni estás como puedas creer que estás! Se puede “creer ser” todo cuanto la imaginación sea capaz de inventar; sin embargo, jamás se puede “estar siendo” algo ni alguien ni de ninguna manera, pues el estar siendo no acepta límites, condiciones, estados ni ninguna otra posibilidad determinada. Sólo las ilusiones viajan en la ilusión del tiempo y del espacio, pues nada real permanece siendo algo ni alguien más allá del aquí y hora instantáneo. La Realidad no tiene recuerdos de sí misma, por la simple razón de que nunca permanece siendo de una forma determinada (No-Uno). ¿Recuerdas tu ayer, recuerdas tu hace un minuto y todavía te crees alguien real? ¿Recuerdas experiencias, lugares, pensamientos, emociones… y todavía sigues creyendo que eres el protagonista de algo real? Para tener un hermoso día -cosa que habitualmente suele desearse a todo el mundo- únicamente hay que no juzgar ni desear que algo sea de algún modo, es decir, evitar creer y desear que algo -comenzando por el supuesto uno mismo- consista en algo distinto al Estar Siendo de nada ni de nadie ni de ninguna forma. ¡La diferencia entre días buenos y días malos es ilusoria! Sin juicios identificados es innecesario pensar en tener un buen día o un mal día. Sin juicio, sin identidad, sin creencias ni deseos particulares nada puede temerse, desearse ni preferirse, pues se está en la consciencia de que se está siendo “todo uno mismo” simultáneamente. Salvo percibido desde la identificación egoísta, nada está siendo algo determinado ni de ninguna manera determinada, de ahí que cualquier cosa que lo pareciera siempre podría trascenderse al instante y sin esfuerzo. Comprender esto significa darse cuenta de que nadie tiene ninguna carencia por resolver ni virtud descubrir, pues eso que alguien pudiera estar considerando de alguna forma (una cualidad, un defecto, etc.,) nunca consistiría en eso y, por lo tanto, en verdad tampoco podría estar siendo diferente. E igual que ocurre respecto a la posibilidad del despertar de “algún alguien”, sucede también con los intentos de detener el pensamiento. Intentar detener algo que no existe siendo algo específico ni separado de su perceptor (pensamiento, emoción, intuición…) sólo sirve para continuar creyendo en su existencia y experimentando sus efectos.  Del mismo modo que no existe el ser humano siendo algo distinto al estar siendo simultáneo de todo el universo, tampoco existe el pensamiento por un lado y el pensador otro.  Junio-15 169- Teoría y práctica. “El conocimiento sin práctica es necio” -me comenta una amistad, queriéndome transmitir que mis actos no parecen coherentes con aquello que escribo. Sin embargo, ¿quién dice que la práctica (aparentemente personal o particular, es decir, realizada por alguien concreto) no esté consistiendo también en el único Estar Siendo universal, por mucho que percibido y juzgado desde la mente analítica, victimista e individual (dependiente de la necesidad imperiosa de mantener activo un victimario personal), esté viéndolo distinto y separado? Quizás sea hora de comenzar a plantearse que, puesto que no hay “ningún algo”, mucho menos son posibles dos seres y/o dos estar siendo distintos, y tampoco son posibles dos acontecimientos iguales, ni diferentes ni separados. Excepto el Estar Siendo, sin llegar a ser algo nunca (No-Uno) nada más es posible, por lo tanto, he ahí que tampoco es necesaria la creencia en que exista alguna diferencia “real o trascendente” entre la teoría y la práctica. En la consciencia del Estar Siendo Unicidad (ahora todo uno mismo sin identidad ni límites) no existe la teoría ni la práctica, ni todas las aparentes incoherencias y conflictos anímicos que origina la creencia en esas posibilidades del mundo ilusorio o mental. ¡Todo sin excepción consiste en Estar Siendo sin más! No hay culpa, no hay castigo, no hay bien, no hay mal, no hay tiempo, no hay espacio, no hay incoherencias, no hay carencias, no hay preferencias, no hay nada ni nadie que pueda permanecer “siendo algo” más allá de la creencia en la apariencia de estar siéndolo. ¡Todo algo sólo es una manera diferente de percibir el Estar Siendo Único! Otra amistad plantea: “¿Para qué se trabaja, para qué ese esfuerzo de ser honesto, humilde, servicial?”  Opino que no sólo no hay ningún “para qué” verdadero ni falso, sino que tampoco existe ninguna necesidad real de que lo hubiera. Hagamos en cada instante y situación aquello que conscientemente sintamos las ganas de hacer, pero sin creernos protagonistas, sin esperar nada a cambio distinto a la simple e instantánea satisfacción que ello produzca, sin albergar ninguna intención personal ni impersonal, sin miedo al miedo de la creencia en la existencia de algún tipo de realidad externa o ajena: ¡Sin creer que existe alguna posibilidad distinta al Estar Siendo sin más!   Junio-15


170- ¿Coherencia e incoherencia? No hay nada real que buscar fuera, pero tampoco dentro. No hay nada real que alcanzar ni que esperar que vaya a llegar alguna vez.  No hay nada real que pueda ser proporcionado o arrebatado por algo ni por alguien. Tampoco es cierto que  deba experimentarse o dejar de experimentarse algo para poder evolucionar. En realidad no existe la necesidad de evolucionar; la evolución sólo es aparentemente posible en el mundo ilusorio de las creencias humanas. Los seres humanos únicamente aprendemos y evolucionamos allí donde creemos existir (efímeramente) como tales entidades; sin embargo, nada está consistiendo en algo distinto al Estar Siendo instantáneo e indeterminado que, por creernos seres reales, interpretamos como la necesidad ineludible de una lucha constante. Por mucho que a las apariencias creadas por la consciencia  identificada  con la individualidad (mente), se les asignen nombres, funciones, cualidades y objetivos, nada consistirá jamás en ninguna posibilidad distinta al Estar Siendo universal sin más. No hay el todo y las partes del todo, porque verdaderamente no hay el estar siendo de “un todo” ni el estar siendo de “ninguna parte” (No-Uno). No hay formas de vida que consistan en algo distinto a la vida sin formas. Salvo en forma de juicio parcial e ilusorio a cerca de simples apariencias, no  existe la coherencia ni la incoherencia. Excepto para la mente y el sistema de creencias que esté configurándola (mentalidad) nada permanece siendo coherente ni incoherente. ¡Ya puedes salir del juego de esa mentira!  Haz lo que quieras hacer; pero sin utilizar la excusa de la coherencia o de la incoherencia de tus actos para victimizarte, castigarte, justificarte ni valorarte, pues nada de lo que creas estar protagonizando será eso que tú interpretas, ni te pertenecerá realmente. Exactamente igual con respecto a los demás: sin un juicio no hay coherencia ni incoherencia. Elige lo que quieras, prefiere lo que quieras; sin embargo, hazlo consciente de que en verdad no hay nada real que elegir ni que preferir, pues, fuere lo que fuere que pareciere, todo siempre consistiría en el Estar Siendo universal sin más. El proceso consciencial y evolutivo, que refieren algunos autores de la (¿nueva espiritualidad?) en sus trabajos, continua representando otra forma aparentemente distinta de percibir y de comprender errónea y/o egocéntricamente la realidad. Los procesos conscienciales y evolutivos no tienen nada que ver con aquello que, por “consistir en el no estar siendo algo concreto nunca” (No-Uno), jamás necesitará cambios ni evolución. Percibirse desde la consciencia de una identidad personal o limitada, es decir, de una identidad absolutamente dependiente y necesitada de continuas ilusiones, conlleva cargar con lastres tales como la obligación de creer en la fragmentación, la separación, la diferenciación, la evolución, las metas, las pertenencias, el tiempo, etc.   Junio-15

 171- Vivir confiando en la vida, desde la creencia de ser algo distinto al estar siendo la vida misma, no es muy diferente a vivir desconfiando de la vida; por mucho que parezca distinto, en ambos casos estará actuándose desde una mentalidad tan victimista  como ficticia, esto es, dando por cierto algo (una separación) que jamás podría ser real.  En el mundo ilusorio de la creencia en el estar siendo particularidades separadas, acostumbra a suceder que, por mucho que cueste admitirlo, los seres humanos (seres creídos y paradójicos) acostumbramos a juzgar que vivimos incoherentemente, esto es, pensando, sintiendo y actuando contradictoriamente. Sin embargo, incluso siendo conscientes de las dudas, de los conflictos emocionales y de los miedos que “esa aparente falta” origina en sus protagonistas, muchas veces no logramos evitarlo. Es como si un sentimiento inconsciente de absoluta certeza emergiera a la consciencia diciendo que esa supuesta incoherencia en realidad no es tal y que tampoco está bien ni mal. ¿Bien, mal, mejor, peor…? ¡Todavía andamos en esas! La coherencia y la incoherencia, igual que todos los demás juicios y conceptos humanos, no deberían tomarse como algo incuestionable. Aquello que “parezca”  coherente para una persona puede no serlo para otra y también dejar de serlo para la primera un minuto después. En el fondo, la coherencia y la incoherencia sólo son dos formas distintas de percibir la realidad dividida entre bueno y malo, mejor y peor, correcto e incorrecto, etc. Nada permanece siendo algo concreto ni de ninguna manera más allá del ahora mismo en el que se juzga, por lo tanto, los juicios personales siempre se corresponderán con ideas o creencias absolutamente egoicas o falaces. ¡Nadie se baña  dos veces en el mismo rio ni pasa por el mismo camino, porque nada ni nadie permanece siendo exactamente igual, es decir, siendo eso que juzga! ¡Alguna vez debió ocurrir algo (caer en la tentación de creerse “uno”… con los consiguientes sentimientos de culpabilidad y miedo surgidos de esa locura) de lo que la humanidad es inconsciente pero que, sin lugar a dudas, debe ser la causa de todas mis penurias, esfuerzos, frustraciones, sueños y esperanzas! -piensa el ego (creencia de ser una persona), en un ejercicio de aparente introspección y lucidez.   Junio-15

172- ¿La voluntad de Dios? Dios no tiene voluntad, porque Dios, fuera de un nombre, no es nada determinado. ¿Cómo algo, que no puede permanecer siendo algo concreto más allá del instante presente, podría tener voluntad? No hay ninguna voluntad, no hay ningún poder supremo y no hay ningún algo que no consista en el Estar Siendo de todo (No-Uno) sin más. ¿De qué sirve continuar buscando responsables o responsabilidades en causas ajenas por acontecimientos que jamás han ocurrido ni sucederán realmente, esto es, por nuestras fantasías mentales? Curiosamente, al aceptar la existencia de algo “que no estuviera siendo la única existencia de todo a la vez”, ¿acaso inconscientemente no estaríamos declarándonos posibles victimas inocentes e indefensas de su voluntad, de sus intenciones, de sus intereses, es decir, de sus cualidades humanas? No somos víctimas; nosotros decidimos la manera de ordenar nuestra existencia y la mayor parte de las condiciones de vida de la humanidad. ¡El ser humano es libre y responsable de todo lo que sucede en su mundo de fantasía! Desde mi punto de vista, “Conócete a ti mismo” significa “conoce que no existe ningún tú mismo que sea alguien ni algo, sino el Estar Siendo único, infinito, simultáneo e instantáneo de nada determinado (No-Uno)”. ¡Reconócete no siendo el uno mismo que no consistiera en todo el Estar Siendo (No-Uno) en lugar de algún uno mismo particular! ¿Somos Dios? No. ¿Somos Consciencia? No ¿Somos Energía? No. ¿Somos Espíritu? No. ¿Somos Amor? No. ¿Somos? No. ¿Cuántas veces habremos exclamado que esta vida no tiene sentido? Pero, ¿nos hemos planteado alguna vez por qué y para qué debería tenerlo? ¿No habiendo realmente nada ni nadie concreto que estuviera siendo algo separado de la Unicidad Absoluta, carente de cualquier tipo de condiciones ni de limitaciones (No-Uno), qué o quién necesitaría que algo tuviera sentido... y con respecto a qué cosa determinada debería tenerlo? Dios (el Estar Siendo de todo No-Uno simultáneamente) carece de intención. ¿Para qué la necesitaría? Si existiera algo siendo “un algo”, entonces eso sería lo único que existiría (sin nombre), por lo tanto, no podría demostrarse de ninguna manera, pues todo sin excepción estaría siendo una demostración de eso. PD. Cuando en el mundo de los humanos hay problemas, el papa, (representante directo de Dios en la Tierra) no habla con su jefe, sino con los jefes de los gobiernos y de los poderes económicos.    Junio-15

173- Tirar la primera piedra (1/3). Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?" Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". (…) Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?" Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, y no peques más en adelante". (Juan, 8:1-11)

Tras recordar esas palabras, y siendo consciente de que realmente no existe ninguna individualidad separada de la Unicidad…, ninguna persona que, por lo tanto, verdaderamente pudiera cometer pecado real alguno, ha llegado a mi consciencia la siguiente cuestión: ¿Y si el pecado (que impide a todos tirar la primera piedra contra otro) no consistiera en lo que alguien pudiera hacer, pensar, sentir, desear, etc., (porque, como debía conocer Jesús, ese supuesto actor y su existencia separada son ilusorios), sino que el pecado al que estaría refiriéndose Jesús fuera “el único pecado posible, el pecado de los egos”, esto es, el pecado de creerse alguien particular, existiendo separado de la Unicidad (No-uno) y capaz de actuar por su propia cuenta? No hay otro pecado que el de creerse alguien y, consecuentemente, tampoco nada más de lo que perdonarse o hacerse consciente. Ante la no-existencia real de las individualidades, ¿en qué podría consistir el adulterio realmente, sino en “caer en la tentación” de desear y creer no Estar Siendo toda la divinidad, esto es, en la infidelidad al Estar Siendo del Uno Mismo universal e indeterminado? Siendo así, ¿qué nuevo sentido tomarían entonces las palabras de Jesús: “Vete, y no peques más en adelante"? En efecto: ¡No sigas creyéndote o considerándote como hasta ahora! (Sigue…)   Junio-15

174- Tirar la primera piedra (2/3). Fuera de las creencias basadas en hipótesis mentales y/o fuera del mundo ilusorio de las identidades (este mundo y esta vida), lo cierto es que no existen ni los pecados ni los pecadores. Sin embargo, en la identificación con esta existencia imaginaria, aquello que, sin serlo verdaderamente, se consideran pecados, únicamente puede tener su origen en el que “inconscientemente fuese considerado” el primero de todos…, el original y, consecuentemente, también la causa del resto: el pecado y/o la caída en la inconsciencia consistente en “creerse” alguien (un uno, un yo…) distinto y separado de la divinidad (No-Uno). He ahí la razón de que todos sin excepción (¿quién no se considera un individuo, y, por lo tanto, podría tirar la primera piedra contra otro?) sintamos la sensación psicológica de llevar encima la carga de una culpabilidad,  de unas carencias, de unos deseos y de unos miedos tan ilusorios y arraigados como la creencia en nuestra propia existencia individualizada. Una consecuencia posterior a la identificación con dicha “creencia original” (la de no estar siendo todo el estar siendo y sucediendo sin diferenciación posible) consistiría en, por creerse una particularidad separada, considerarse también una víctima inocente de todo cuanto no fuera y/o no se ajustara a los anhelos que dicho personaje pretendiera. Dicho de otro modo, tomarse la vida y/o el fluir natural de la existencia como algo personal, entendiendo por ello que todo lo que no fuera o sucediera a nuestro favor (según nuestros intereses personales) estaría siendo hecho u ocurriendo en nuestra contra, con alguna intención oculta, por algún motivo desconocido y casi siempre injusta e inmerecidamente (victimario). Excepto el Estar Siendo y/o aconteciendo universal, simultáneo e instantáneo, nada más “es ni ocurre realmente”, por lo tanto, fuera del ámbito mental de una identidad ficticia, nada le sucede a nadie jamás. Todas las formas de ser, de hacer y/o de suceder concretas son ilusorias, es decir, simples interpretaciones erróneas o particulares de la realidad. ¡Todo está siendo y sucediendo, pero nunca de la manera que pueda ser percibido y juzgado desde una identidad determinada. “…incorporándose, le preguntó: Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado? Ella le respondió: Nadie, Señor". (sigue) Junio-15


175- Tirar la primera piedra (3/3). En el mundo de las particularidades que vivimos creyéndonos tales en lugar del Estar Siendo universal, simultáneo, instantáneo e indeterminado (No-Uno) nada es pecado porque tampoco nada es real de la manera que es percibido y juzgado desde la consciencia identificada (mente). Por mucho que desde la mente sólo se perciba egoicamente, esto es, fragmentación y diferencias, excepto el Estar Siendo nada más hay ni acontece. Vida y muerte consiste en Estar Siendo. Guerra y paz consisten en Estar Siendo. Tú y el resto de los seres consiste en Estar siendo. Mi acontecer, junto con todo cuando acontezca en el universo, consiste en Estar Siendo. Precisamente porque las diferencias no son reales, la percepción de diferencias lo que hace es demostrar fehacientemente que no están siendo tales. Conscientes de esa Unicidad inseparable y absolutamente indeterminada, en la que es imposible pecado alguno (de ahí que Jesús no viera “motivo” para apedrear a la mujer, y tampoco para reaccionar contra sus acusadores), “una vez consumado algo”, sólo queda aceptar que “no pudo ser de otro modo”, ya que fuera del juicio que hace verlo de esa manera, lo cierto es que no fue ni eso ni así. A partir de ahí, y como Jesús debía ser consciente de ello, ¿cómo podría hablarse o pensarse alguna vez de culpa, castigo, perdón, error, justicia, responsabilidad, etc., sin que ello se correspondiera únicamente con el mundo ficticio de las mentes inconscientes e identificadas? Comprendamos que todos esos conceptos y reacciones sólo son característicos, útiles y necesarios para el ego. ¿Acaso no es en base a eso como están ordenadas las sociedades compuestas por la suma de individuos? Culpar a los demás, castigar a los demás, aceptar a los demás, amar a los demás, desear bien o mal a los demás…, ¿qué diferencia real hay entre cualquiera de esas maneras victimistas de interpretar la realidad? Absolutamente ninguna, pues en todos los casos estará actuándose desde el universo de la percepción fragmentada, separada y diferenciada del Estar Siendo indivisible e indeterminado (No-Uno) ¿Alguien se siente libre de ese adulterio e infidelidad al Sí Mismo? “…Vete, y no peques más en adelante…”. ¡Sé sin creencias ni identificaciones…!  Junio-15 


176- Arcaicas creencias. Si ciertamente la realidad consistiera en aquello que las personas interpretamos que está siendo real después de pasarlo por nuestro particular sistema de creencias, valores morales, intereses personales y demás características propiamente humanas (egocentrismo), entonces eso de visitar a los presos en las cárceles, acompañar los enfermos en los hospitales, proporcionar alimentos a las personas sin recursos, etc., podría considerarse comportamientos y actitudes excelsos y ejemplares. Sin embargo, y sin entrar en ningún tipo de crítica ni desmérito de esas “actitudes” absolutamente tan respetables como las demás, no debería obviarse que, en ese mismo mundo de apariencias ilusorias y de paradojas, quizás sería preferible potenciar la facilitación de los medios oportunos (educación, política, economía…) para que esas situaciones (todas con causas bastante objetivas) no llegaran a producirse, de tal modo que nadie cayera en la delincuencia, la enfermedad, la pobreza, etc., debido a su apego y dependencia de las “arcaicas creencias” que llevaron a esas miserias y que, incomprensible e hipócritamente la sociedad se encarga de mantener y de potenciar históricamente. Creerse distinto y separado de los demás hace que cada uno viva guerreando por su cuenta, mientras permitimos (pasiva y activamente) que las instituciones que deberían velar por una sociedad sana, igualitaria, solidaria, altruista, democrática…, demuestren impunemente grados de corrupción absolutamente abominables y apestosos. Refugiarse tras la creencia en la existencia de una supuesta espiritualidad y de una hipotética bondad personal no es excusa. Ya es hora de quitarse esa máscara. Siempre que su origen sea el ego, es decir, la identificación con la individualidad separada y diferenciada, nada es mejor ni más espiritual que cualquier otra opción. Esconderse tras atuendos, actividades, lecturas y otras modas supuestamente espirituales no resulta menos trágico, victimista y egoísta que hacerlo recurriendo a otras  creencias. La causa de todo cuanto decimos aborrecer, tanto a nivel particular como social, no es otra que la identificación con una personalidad propia. ¿A qué, sino a que se mantenga viva esa falacia, se dedican las instituciones políticas, religiosas, culturales…, absolutamente decrépitas, que los egos continuamos apoyando y sosteniendo? ¡Nada divide tanto como creerse alguien!Creerse una persona origina también la creencia de que existan personas positivas y personas negativas, personas que roban energía y personas que aportan energía. ¿Es real esa energía que puede robarse o repartirse? ¿No se tratará más bien de egos que se sienten afines y egos que se sienten contrariados delante del reflejo de sus propios juicios y percepciones? No hay ningún yo, no hay ningún tú, no hay ningún nosotros; no hay ni acontece nada que consista en algo distinto al Estar Siendo único e indeterminado (No-Uno).   Junio-15  


177- Amarse a uno mismo (1/2). La autoestima incondicional y sin limitaciones no puede consistir en amar al uno mismo determinado que cada uno mismo cree ser; sembrar el amor en una forma de ser privada e ilusoria (manifiestamente decadente), únicamente puede dar lugar a un amor igual de limitado y mental. Aquello que no traspase los límites aparentes de las creencias de alguien, tampoco consistirá en algo distinto a permanecer dentro de la propia consideración que ese alguien tenga de sí mismo. Amar al uno mismo específico, que cada uno mismo cree ser, supone un contrasentido y una auto-agresión (conducta propia del autismo profundo), pues no sólo estará amándose esa percepción limitada de uno mismo, sino que, además, también estará dificultándose la consciencia de horizontes más extensos. Amar al uno mismo, que cada uno mismo cree ser, esto es, desde la identificación con esa particularidad, impide percibirse “siendo a la vez” todo cuanto mentalmente esté considerándose ajeno y distinto. Amar al uno mismo, que cada uno mismo cree ser, separando ese amor de cualquier pensamiento, emoción, experiencia, circunstancia, relación, actividad, etc., supone vivir luchando contra el uno mismo auténtico, universal, ilimitado, incondicional, infinito, único; supone vivir negando que el Uno mismo no consiste en ser algo ni alguien, sino en el Estar Siendo de todo a la vez y sin distinciones (No-Uno). Paradójicamente, para  estar amándolo absolutamente todo (cosa que siempre está siendo así realmente, por mucho que no se tenga consciencia de ello), no es necesario amar absolutamente a nadie ni a nada. ¿Quién lo haría? Para estar amándolo absolutamente todo a la vez y sin esfuerzo ni rastro de condiciones, unicamente es preciso permitirse existir sin identificación ni intenciones o voluntades personales. ¡El amor no necesita que nadie lo ejerza ni lo practique, pues eso ya no sería amor incondicional; el amor a algo y/o a alguien es un amor que divide, separa, diferencia y discrimina! La autoestima bien entendida no consiste en amar al uno mismo particular que cada uno cree ser, pues ese individuo sólo existe en forma de creencia. Si amarse a uno mismo fuese posible, entonces seguramente consistiría en verse “no siendo uno”. El uno mismo personal es tan efímero que sólo existe una décima de segundo, pues a la siguiente se convirtió en pasado; de ahí que no valga la pena prestarle demasiada atención a ese personaje ni a sus recuerdos y esperanzas.  (Sigue) Junio-15


178- Amarse a uno mismo (2/2). ¿Qué es amar? ¿En qué puede consistir amar? Amar sólo puede consistir en Estar Siendo todo uno sin el menor rastro de identidad ni separación. No es posible Estar Siendo sin estar amando; más, por la misma razón que no es posible Estar Siendo sólo en una medida, tampoco   es posible estar amando estableciendo límites, condiciones,  diferencias ni preferencias. Para amar plenamente no es necesaria la consciencia de estar amando ilimitada e incondicionalmente. Para estar amando plenamente, igual que para Estar Siendo  plenamente, jamás será necesaria ninguna voluntad. ¡La voluntad de amar  es mental! Las condiciones y las limitaciones para amar y para estar siendo amados no dependen de creencias ni de intereses de personajes ilusorios. La Realidad, “sin necesidad de ser algo que las mentes humanas y/o que los egos puedan alcanzar a comprender”, siempre está siendo única, indeterminada, instantánea e indivisible, por lo tanto, por encima de cualquier juicio, creencia, valoración o preferencia particular. ¡El pretendido amor de un alguien hacia otro alguien, más que una manifestación de amor más elevado quizás consista en una identificación entre consciencias afines! El egoísmo (identificación con un yo personal) no permite ver que, excepto el Estar Siendo todo uno mismo simultáneamente (No-Uno) jamás hay ni acontece nada más. Puesto que, salvo mentalmente, no es posible estar siendo algo ni alguien distinto y separado de la Unicidad, tampoco amar puede consistir en “un algo específico, diferente y/o separado del Estar Siendo único”. ¡La intención de amar a otros y de ser amados por otros sólo es posible en el mundo de las creencias y de las fantasías! Evidentemente, tampoco nadie puede amar ni ser amado más o menos que otro, pues sencillamente ese otro no existe. Lo siento (es un decir) por los egos que llevan toda “su vida” creyéndose y esforzándose por “ser” buenos. También lo siento (sigue siendo un decir) por los egos que se han acostumbrado a creerse inferiores, culpables, incapaces, victimas, etc,. En ambos casos deberían darse cuenta de que “es mentira” que existan actos, actitudes, pensamientos, sentimientos…, más o menos amorosos ni más o menos meritorios que otros. Está sobradamente demostrado que creer en la veracidad de esas diferencias origina las apariencias de división y de separación, que a su vez se convierten en motores de la cotidianidad humana.   Junio-15


179- Apariencias de ser. Me dicen que resulta absolutamente contradictorio e incoherente escribir aquello que publico, a la vez que el hecho de que en un momento determinado me guste ver en la televisión un western o cualquier otra película en la que se relaten hechos violentos. No voy a negar que, según y desde qué consciencia se mire y juzgue, mi vivir cotidiano podría parecer repleto de contradicciones e incoherencias. ¿No será porque se juzga como algo particular o mío desde otra consciencia que también se cree particular? Admito que en otros tiempos esas opiniones seguramente me habrían afectado y hecho dudar. Sin embargo, sin que esto suponga ninguna comparación ni valoración de nada ni de nadie, hoy esas discrepancias de opinión quedan integradas sin más. Tal y como lo vivo ahora, opino que esos puntos de vista (que comprendo y respeto) bien podrían estar demostrando todo lo contrario a lo que afirman. ¿Cómo podría existir contradicción e incoherencia allí donde no se aplicara juicio alguno, y tampoco se apreciara diferencia ni separación entre nada, esto es, cuando se  comprendiera que todas las “apariencias de ser y de suceder” estuvieran consistiendo en una única expresión y/o en la manifestación de una única e indivisible Realidad? ¿Qué podría interpretarse como verdaderamente incoherente cuando se dejaran de lado las posibilidades, “exclusivamente mentales o egoístas”, de percibir, juzgar, dividir, separar, diferenciar, discriminar, comparar, etc., el Estar Siendo Unicidad (No-Uno), atendiendo a dogmas o paradigmas tales como bueno y malo, mejor y peor, correcto e incorrecto, físico y espiritual? ¿Qué sería incoherente fuera de todo cuanto la mente humana (consciencia identificada con una individualidad) invente para justificar la necesidad del apego con la creencia en su existencia separada? ¿Qué podría interpretarse como verdaderamente inconsecuente en la consciencia de que no existen los personajes que pudieran percibir, juzgar e interpretar algo de alguna manera? Nada está bien ni mal, nada es mejor ni peor, pues nada es algo ni de la manera que alguien pueda juzgarlo. La historia demuestra que esos valores religiosos y morales no sirven para calibrar la realidad. ¡Resulta complicado comprender algo cuando quien lo intenta es precisamente la causa de no comprenderlo! Amarse uno mismo significa estar amándolo absolutamente todo “sin excepción” (pensamientos, emociones, instintos, sensaciones, pasiones, situaciones, acontecimientos…) y sin la intención ni la voluntad de amar. Percibido desde una consciencia identificada, ¿qué diferencia real hay entre amor y egoísmo? Ninguna, por mucho que aparente otra cosa.  Junio-15

180- Re-creación de la creencia (1/2). Nada existe siendo aquello que parece ser, pues, salvo ilusoriamente, tampoco existe aquel personaje al que pudiera parecérselo. Toda apariencia de existencia demuestra que, por no haber surgido de sí misma ni por sí misma, consiste en la manifestación infinita del Estar Siendo único e indeterminado (No-Uno). Por ese motivo, pienso que ante cualquier apariencia concreta, en la que todavía no se apreciara la Unicidad del Sí mismo y/o el Estar Siendo único e indivisible, debería tomarse como “algo” ficticio: una simple interpretación egocéntrica (mental) sin la menor trascendencia. Del mismo modo que, sin separación posible entre ambas apariencias, el soñador y lo soñado conforman el sueño mismo, así también todo cuanto el ser humano cree vivir sólo existe en la configuración y/o en la continua re-creación de la creencia en la posibilidad de la existencia separada. ¿Procederá de esa incesante re-creación mental aquel famoso parloteo de la mente humana, es decir, de la consciencia identificada con la particularidad humana? ¡Tal es el infinito poder creador de ilusiones de la consciencia identificada (mente), pues excepto ilusiones (particularidades) nada más ha sido creado nunca! Nada, que alguien pudiera considerar de alguna manera específica (identidad propia, pensamientos, sentimientos, ideas, estados anímicos, relaciones, objetos, mundos, universo, etc.,) existe ni acontece fuera del supuesto de que eso existe y acontece siendo eso realmente. ¿Significa esta afirmación que, puesto que excepto el Estar Siendo único e indivisible (no-Uno) nada más está siendo ni aconteciendo realmente, yo esté abogando aquí por lanzarse a materializar cualquier tipo de actitudes, comportamientos y actos, sin importar sus consecuencias allí donde parezcan producirse? ¡Por supuesto que no! Todo importa y tiene repercusiones en el ámbito que esté considerándose como real, aunque fuera de ahí su repercusión y trascendencia sea nula. Aquello que conforma el mundo y la vida de las ilusiones comienza y termina en las ilusiones que lo conforman; todo queda olvidado y saldado aquí. Tú no tienes pasado, tú no tienes presente, tú no tienes futuro, tú no tienes culpa, tú no mereces castigo, tú no haces nada… tú no existes en la forma de ser “un” tú. Suéltate de la creencia en ese personaje ilusorio y podrás soltarte y descansar de todo lo que pertenezca a ese personaje ilusorio. (sigue) Junio-15


181- Re-creación de la creencia (2/2). El sistema de creencias comienza con la creencia en el creyente. A partir de ahí, las creencias (todo lo que consista en algo para alguien será una creencia), también originan en el creyente creído la viva sensación y la certeza de que “lo creído es real”, en lugar de consistir en la creencia primaria u original (ilusión) re-creándose continuamente. No hay diferencia real entre el ego y la persona que cree tener un ego, pues el ego consiste en el efecto  vivo de creerse una persona. Del mismo modo que, para re-crearse y/o sobrevivir, el supuesto ego tenido por alguien se sirve del miedo, de la culpabilización, de la felicidad, del amor y de la necesidad de experimentar todos los demás conceptos posibles, también la persona identificada con un ego utiliza continuamente el miedo, la culpabilidad, el amor, etc., para justificar todo cuanto sirva para re-crear y re-afirmar la aparente veracidad de su existencia particular. Sólo las ilusiones tienen límites (nunca la Realidad), de ahí que todas las posibles necesidades, cualidades, características, condiciones, esperanzas…, humanas o no humanas, por ser de naturaleza ilusoria, también sean tan efímeras y limitadas como la creencia en su perceptor. Compréndase que al margen del ámbito virtual de este mundo y de esta vida, todas las particularidades, las eventualidades y las condiciones creadas y re-creadas por la consciencia identificada (mente), carecen de la menor trascendencia. Allí donde la única posibilidad real consiste en el Estar Siendo único, infinito, indeterminado y sin identidad  (No-Uno) las particularidades (ilusiones) deberían tomarse como simples elementos de un juego. ¿Qué diferencia real puede haber entre los posibles juicios respecto a cualquier creencia concreta cuando aquello que estuviera juzgándose fuera un una posibilidad ficticia? Por muy opuestos o contrarios que parezcan los polos de cualquier idea, realmente siempre están siendo exactamente lo mismo y sin la menor posibilidad de separarlos, de manera que al esforzarse por alcanzar alguno de ellos, a la vez, inconscientemente también estará rechazándose eso y atrayéndose lo contrario. La consciencia de Estar Siendo No-Uno permite trascender por completo las condiciones y las limitaciones que configuran este supuesto mundo de aparentes relaciones entre hipotéticas particularidades. Por eso mismo, llegados a este punto, quizás convendría aplicar aquello de confiar (la fe que mencionó Jesús) más allá de lo que la mente (consciencia identificada) pueda alcanzar a crear, recrear y comprender.    Junio-15


182- Creencia creadora. René Descartes (1596-1650): “Pienso, luego existo”. Estar Siendo No-Uno: “Creo que existo, luego creo que pienso y viceversa”. ¿Podemos ser realmente ese personaje que experimenta que está pasando por dificultades en su vida? Si fuéramos algo específico, es decir, un uno y/o un yo, entonces quizás sí podríamos ser ese personaje que vive oscilando de un lado al otro de un hipotético péndulo mental. Sin embargo, puesto que el Estar Siendo Realidad (No-Uno) excluye la posibilidad de estar siendo alguna posibilidad determinada, únicamente podemos ser (ser, no equivale a Estar Siendo) ese personaje en la creencia o fantasía de que ser eso es realmente posible. Todas las incógnitas humanas quedan resueltas con sólo darse cuenta de que nada es… ni necesita ser, algo ni para algo. Nos creemos culpables, inocentes, victimas, protagonistas, etc., únicamente porque inconscientemente deseamos creer que eso es verdaderamente posible al margen de ese “deseo de creer”. Nos creemos responsables porque nos creemos autores. Nos creemos autores porque nos creemos reales. Nos creemos reales porque nos creemos. Nos creemos por miedo a consistir en algo infinito (Estar Siendo No-Uno) en lugar de simples apariencias sin identidad ni voluntad propia. En el fondo, cada personaje, al preferir continuar identificado con su yo particular, vive exactamente como está escogiendo. Aunque otra cosa sería reconocerlo, lo cierto es que nuestra aparente existencia personal queda reducida a la obligación de estar satisfaciendo las exigencias que impone la elección victimista de seguir creyéndonos un ser único (uno) en lugar del único Estar siendo (No-uno). La víctima no soporta vivir sin el victimario que justifica esa manera de concebirse a sí misma. ¿Comprendes ahora el motivo de tus actitudes, de tus comportamientos, de tus reacciones y de tus creencias respecto a ti mismo? El ego de una persona consiste en la creencia que tenga asumida una persona en cuanto a que “es” una persona. Por esa razón, en la medida que la consciencia identificada con “ser” esa persona vaya reconociéndose y/o desidentificándose con ese deseo de ser alguien particular, en esa medida el ego y sus consecuencias (creerse una persona) irá retrocediendo como hace la oscuridad ante la luz. Los conflictos de las personas nacen de la creencia creadora de la existencia de las personas y de todo cuanto supone percibirse como tales creaciones concretas, separadas y diferenciadas.    Junio-15

183- Ladrones en casa. ¿Puede “ser” realidad algo percibido desde la consciencia identificada con un alguien? ¿Puede “ser” realidad algo distinto al Estar Siendo del Sí mismo universal (No-Uno), más allá del Ahora inmediato? ¡Nada puede ser algo distinto a Estar Siendo ahora mismo; todo “ser…” es ilusorio! Suelto cualquier tipo de vinculación con los recuerdos del pasado; pero también con las ilusiones del presente y con las esperanzas del futuro, de tal manera que sólo quede la consciencia del Estar Siendo No-Uno aquí y ahora, esto es, la consciencia sin identificación con el personaje creído y con las condiciones que impone esa falsa presencia. Ayer entraron a robar en casa. Hoy experimento de qué manera la percepción de esa situación -realizada desde la consciencia del ego y/o desde la consciencia identificada con mi supuesta personalidad-, origina emociones de sentirse agredidos, tratados injustamente, con ganas de resarcirse y desear que los ladrones experimenten lo mismo que ellos han originado -¿con la excusa de que sufran, paguen y aprendan?-. Sin embargo, a la vez estoy comprendiendo lo arcaico, lo erróneo, lo inútil y lo dañino de continuar creyendo en la necesidad y en la autenticidad de esas reacciones. ¡Parece muy real, pero renunciando a la identificación y a los juicios todo queda comprendido e integrado! Nunca hay alguien a quien esté sucediéndole algo y tampoco hay algo que esté sucediéndole a alguien. No es real esa dualidad (yo y mis experiencias), esa separación, esa manera de percibir e interpretar el Estar Siendo Unicidad. El experimentador, la experimentación y lo experimentado no “son” cosas distintas; las apariencias separadas representan supuestos imaginarios y/o percepciones victimistas y egocéntricas del Estar Siendo sin identidad (No-Uno). ¡Aunque la creencia en ello origine esas apariencias, lo cierto es que fuera de la percepción personalista o egocéntrica de la vida, no hay motivo real para ningún duelo, rabia o tristeza! Ayer, hoy y mañana el yo sin identidad permanece siendo íntegramente todo lo que aparentemente fue, es y será algo y/o de alguna manera. No considerándome un yo, entonces ayer era el personaje al que robaron, pero también estaba siendo los ladrones y el resto de circunstancias que llevaron a ello. Durante el robo estaba robándome a mí mismo, por lo tanto, no hubo ningún robo… no ocurrió nada que no consistiera en el fluir inocente de la vida (Estar Siendo No-Uno). No es cierto que deba lucharse, esforzarse, etc., por cambiar nada de cuanto se sienta ante cualquier circunstancia; simplemente se trata de darse cuenta de que hay que verlo de un modo distinto y/o sin el dualismo ni el victimismo de un sujeto protagonista, es decir, verlo desde la consciencia del no-uno, del no-yo, del no-ego, del Estar Siendo uno mismo íntegro.  Junio-15


184- El duelo emocional. “El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación…” (Wikipedia). ¿Proceso de adaptación emocional de quién…, y ante qué…, que algo de ello sea real fuera de esos juicios? He ahí que estando consistiendo todo en el Estar Siendo sin identidad ni separación (No-Uno) el duelo y las emociones que le acompañan sólo puede sentirlo la consciencia identificada con la creencia en una individualidad…, y no la individualidad que crea experimentarlo. La individualidad personal sólo es el efecto o la creación de una creencia original, por lo tanto, un reflejo sin realidad propia, un ego, una sombra, un yo. Pero, puesto que esa identificación particular de la consciencia discurre en un ámbito absolutamente hipotético, psicológico o mental, bastaría con darse cuenta de ello para poder trascender la necesidad de experimentar ningún duelo. “Un duelo se lleva lo mejor que se puede, y tiene su proceso” -me comenta una amistad. Poco se puede añadir a esa percepción milenaria de la realidad, salvo que merece el mismo respeto que cualquier otra. ¡Nada ocurre que no consista en el Estar Siendo universal, por lo tanto, nada hay que necesite juzgarse ni valorarse de ningún modo! El duelo emocional no es ni bueno ni malo; pero tampoco necesario. El duelo emocional (dolor emocional) deja al descubierto hasta qué punto la consciencia está identificada y apegada a sus creaciones mentales. Por tratarse de elementos o supuestos discordantes con la realidad -la realidad únicamente puede consistir en el “no ser” de algo determinado y en el “no ser” de alguna manera- las ideas, las creencias, las preferencias, los apegos, los juicios, las valoraciones, los miedos, las culpas, los deseos, etc.,) al tratarse de “maneras aparentemente distintas de calificar la creencia en la separación” por fuerza tienen que originar conflicto y desequilibrio. Igual que el dolor físico avisa de la enfermedad, así también el duelo emocional manifiesta una desarmonía. No te juzgues tan duro…, deja de victimizarte y reconoce que eres inocente, reconoce que nunca te equivocaste; tú no existes siendo un tú, por lo tanto, jamás podrías cometer errores. El personaje que creas ser nunca existió siendo eso ni de esa manera. ¿No consistirá en aceptar eso y perdonarse por haberse creído ese individuo, aquello que origina el dolor o duelo que, aunque crea sentirlo y padecerlo el individuo, parte de la consciencia identificada? Deja de creer que eres el personaje que cree en los errores y en los aciertos…, deja que caiga ese disfraz. Si intentas culparte o perdonarte estarás dándole fuerza a la creencia de que eres el individuo que puede ser culpable o perdonado… y no eres eso. No necesitas sufrir ni perdonarte porque no eres culpable ni protagonista de nada.   Junio-15


185- ¿Tener razón? En el mundo creado, percibido e interpretado por la mente (consciencia identificada) todo sin excepción es igual de ilusorio  o mental. Tan mental es el juicio de la teoría como el juicio de la práctica. Tan mental es el juicio de la coherencia como el juicio de la incoherencia. Tan mental es el juicio del bien como el juicio del mal. Tan mental es el juicio de la ilusión como el juicio de la realidad. Tan mental es el juicio del amor como el juicio del miedo y del odio. Tan mental es el juicio de la vida como el juicio de la muerte. Tan mental es el juicio del yo como el juicio del tú. ¡En el mundo de la consciencia identificada -este mundo- todo algo, para ser eso, necesita de un juicio y de la creencia en el juzgador, por lo tanto, lo realmente importante no es lo que ponga en la etiqueta que se coloque tras el juicio, sino la creencia en la autenticidad de ello. Paradójicamente, apreciar alguna diferencia real entre un juicio u otro (una posibilidad u otra) potencia la ilusión y sus consecuencias! Practicar las teorías (no importa de qué manera) no convierte a las teorías ni a las prácticas en algo distinto entre sí. No hay teorías ni prácticas humanas que no sean exclusivamente mentales (juicios conscienciales), por lo tanto, que sean  mejores ni peores, pues todas continuarán siendo simples hipótesis pasajeras. Salvo consideradas mentalmente, no hay diferencias entre nada, pues tampoco hay nada siendo algo. ¡Comprende eso y nada faltará por comprenderse! Trascendiendo la consciencia identificada, es decir, el origen de todas las apariencias y sus diferencias, no queda absolutamente nada que no consista en el Estar Siendo sin más (No-Uno). ¡No existe ni acontece ningún “ser algo y/o acontecer alguna cosa” que ello no consista única y exclusivamente en el Estar Siendo universal, aunque interpretado como “ser un algo” desde la percepción de “ser un alguien”. ¿Acaso los enfados entre las personas (los conflictos que se producen cada día en todo el mundo) no proceden del contraste entre maneras distintas de ver, comprender, juzgar, etc., aquello que, trascendiendo la mente, no puede ser nada distinto a la manifestación del Estar Siendo único, indivisible e ilimitado? El conflicto (ilusorio) surge cuando alguien (ilusorio) pretende tener “más razón” que otro (ilusorio), es decir, tener “algo de razón” (ilusorio). Sin embargo, ¿tener razón con respecto a qué juicio, cuando verdaderamente absolutamente todas las posibilidades únicamente consisten en Estar Siendo sin las condiciones ni las limitaciones (No-Uno) que establece la consciencia identificada o mente?   Junio-15  


186- Nada-Uno. “Al alma se le ha dado sus propios oídos para que pueda escuchar cosas que la mente no entiende” (Rumi). Con todos los respetos al autor, opino que esa expresión, por su contenido dualista y separador (mente + alma) parece obra de la propia mente jugando al escondite. Salvo para la mente que así pudiera creerlo, no existe nadie siendo “un alguien”, por lo tanto, tampoco existe el alma particular de nadie. Las almas no existen siendo almas. No hay almas que vayan vagando y arrastrando sus penas de aquí para allá. ¿De dónde salen ideas tan oscuras y crueles? Nada existe ni acontece consistiendo en algo distinto al Estar Siendo Unicidad (No-Uno). ¡Suéltate de esas macabras creencias, pues salvo para que todo continúe igual, no son necesarias! Para Estar Siendo ilimitada e incondicionalmente, no es preciso tener un alma ni ningún otro rasgo de identidad particularizada. ¿O acaso prefieres continuar creyendo en la bondad de tu burbuja? Nada limita tanto como la identificación con las creencias en ser algo determinado. Los seres humanos no tenemos “un” cuerpo, ni “una” mente, ni “unos” pensamientos, ni “unas” emociones; pero tampoco “un” alma ni “un” espíritu. Salvo ilusoriamente, nada es “un” algo ni “un” alguien, nada es por “un” algo ni para “un” algo. Nada real tiene principio ni fin, porque nada real existe consistiendo en “un” algo concreto ni determinado. Todo a la vez está consistiendo en Estar Siendo No-Uno y/o Nada-Uno. Todos los objetivos, todos los temores, todas las culpabilidades, todas las esperanzas, todas las ilusiones, todos los sacrificios…, todo lo que sea “un algo” para “algún alguien” simplemente consistirá en una percepción y una interpretación absolutamente ilusoria, errónea, distorsionada, parcial…, de la realidad. Nada real espera a nadie que no consista en continuar siéndolo todo a la vez simultáneamente. Nada hay que desear ni que temer, pues excepto Estar Siendo No-Uno -aunque mentalmente ello pueda percibirse e interpretarse de infinitas maneras diferentes-, nada más existirá ni acontecerá jamás. ¡Nacer, vivir y morir no son nada más que etiquetas temporales del Estar Siendo eterno! Algunas veces intervienen amigos para aclararme que no entienden nada de lo que escribo… (bla, bla, bla, bla…) -dicen. Hoy he respondido a una de estas amistades que “entre no entender nada, entender un poco y entenderlo todo, no existe ninguna diferencia real”. Las diferencias siempre son ilusorias, pues en el Estar Siendo no existe nada que comprender, no existen grados de existencia ni de comprensión y tampoco existe nadie de pueda ni que necesite comprender algo. En el Estar Siendo No-Uno y/o Nada-Uno no existen verdades ni mentiras; no existe nada siendo "un" ser algo.  Junio-15


187- ¿Soy? He ahí que cualquier pregunta que se plantee el ser humano siempre obedecerá a razones o cuestiones absolutamente hipotéticas e ilusorias, pues nacerá condicionada por la suposición de la existencia real del personaje que la planteara e intentara responderla. Las preguntas necesitan de un preguntador, por lo tanto, al producirse en el ámbito ilusorio de la dualidad conformada por un sujeto y sus acciones, está claro que tanto las preguntas como las respuestas carecerían de cualquier trascendencia fuera del ámbito dualista al que pertenecen. ¡No existe dualidad real (uno + uno) porque tampoco existe ninguna unidad (uno) real! ¿Soy? No, cuando ser consistiera en ser algo y/o en ser de alguna forma determinada de ser. ¿Es posible saber que soy, que existo? Todo lo que es considerado como algo y/o como alguien es ilusorio, por lo tanto, aquello que alguien pudiera creer que es, que está siendo y/o que está viviendo, también sería de naturaleza ilusoria. Paradójicamente, no estar siendo nada ni nadie “real” experimentando algo “real”, supone la demostración incuestionable del Estar Siendo absolutamente indeterminado. ¡Todo consiste únicamente en el Estar Siendo sin necesidad de ser algo ni para algo (No-Uno), de ahí que creerse alguien no signifique ser ese alguien protagonizando todo lo que crea estar viviendo. Todo lo que parece que es algo y/o que sucede, sólo consiste en el Estar Siendo universal único, por lo tanto, nada que pueda ni que necesite cambiarse por parte de nadie. La realidad no cambia, porque “no es nada concreto” que pueda ni que necesite ser cambiado; la realidad consiste en la ausencia absoluta de cualquier otra alternativa verdadera. La realidad no puede cambiarse por otra realidad. La realidad no cambia por cambiar la manera de percibir la realidad; sólo cambia la consciencia que se tenga de la realidad. No existen los pensamientos ni las emociones ni nada que las personas identifiquemos o valoremos de alguna manera, pues todo consiste en Estar Siendo sin más, pero interpretado, juzgado y nombrado como si fuera otra cosa. Ninguna lucha sirve para algo, porque la lucha no es otra cosa que Estar Siendo interpretado como lucha. ¡En el Estar Siendo (No-Uno) ya está todo alcanzado!   Julio-15


188- Un mundo psicológico. “Cualquier injusticia contra una sola persona, representa una amenaza contra todas las demás” (Montesquieu, siglo XVIII). Efectivamente, sin embargo, a pesar de los siglos transcurridos desde que esas palabras fueron publicadas, en el fondo todo continúa igual, pues, para sobrevivir, el ego (consciencia identificada con la creencia de ser una individualidad existiendo entre otras individualidades) necesita -tanto como el aire que respira- sentirse fuerte, poderoso y especial. Las palabras de Montesquieu, pareciendo sabias y liberadoras, sin embargo ya deberían superarse, pues quedan circunscritas y remiten al ámbito absolutamente ilusorio y efímero de las apariencias que conforman lo que consideramos nuestro viejo mundo. ¡Creernos individualidades mantiene a las consciencias inconscientes, aletargadas, dormidas! Mientras el ser humano permanezca atrapado en la consciencia de considerarse una individualidad independiente del resto del universo, “cualquier injusticia contra una sola persona -solo- representará una amenaza hacia las demás personas que compartan esa manera de comprender la vida, esa identificación”. ¡No somos víctimas de nadie más que de nuestras propias creencias! Las amenazas contra “una persona” sólo son posibles en el mundo donde es posible imaginar la existencia separada de las personas, por lo tanto, en un mundo físico, mental, psicológico victimista, dualista, egoísta; un mundo y una existencia en las que, sin que nunca suceda nada real, tampoco nunca dejará de suceder aquello que a alguien pueda parecerle que sucede. ¡Las amenazas, los chantajes, los abusos de poder, las injusticias…, continúan manteniendo en pie a las mismas instituciones políticas, religiosas, económicas, académicas, culturales, etc., (que llevan prevaleciendo durante siglos y siglos), porque las personas continuamos considerándonos en base a las mismas creencias de siempre. Todo está siendo uno, pero sin que ese uno llegue a ser “un” uno real (No-Uno). El ego humano constituye la sombra o el efecto de la creencia en la identificación con una forma de ser que, siendo ilusoria,  está considerándose real. Mientras que el término “ser” presupone la existencia de algo definido, particular, estático y transitorio,  es decir, imaginario e irreal, la consciencia del “Estar Siendo Unicidad” ayuda a trascender la apariencia de una percepción mental o egoica de la realidad (Nada-Uno).  Julio-15

189- Las creencias (1/2). Estando siendo y/o consistiendo absolutamente todo en el Estar Siendo único e ilimitado del Sí mismo (No-Uno), queda claro que no puede haber ninguna diferencia real (no mental) entre el observador y lo observado, entre el experimentador y lo experimentado, entre el sentidor y lo sentido. Por no haber nada real siendo aquello que parezca, cualquier diferencia percibida sólo puede corresponderse percepciones o juicios a cerca de simples hipótesis. Creer en el pecado y en la virtud, creer en el bien y el mal, creer en lo justo y lo injusto, creer en lo mejor y lo peor, creer en lo acertado y lo erróneo, creer en Dios y en su obra, creer en el uno mismo personal y en el uno mismo transpersonal… no convierte a nada de lo creído en algo distinto a meras creencias. Las creencias sólo sirven para poder seguir creyendo que lo creído es cierto. Las creencias sólo sirven para que todo siga igual y así poder quejarnos de que todo siga igual. Aquello que sea creído no importa tanto como el hecho de continuar creyendo en algo, por muy absurdo, violento, frustrante y discriminador que resulten sus consecuencias. Así funcionan las religiones, las políticas, las culturas, las costumbres, las educaciones y todos aquellos instrumentos que se emplean para gobernar las sociedades. Sin embargo, fuera de las creencias no hay bien ni buenos, no hay mal ni malos, no hay vida ni vivos, no hay muerte ni muertos, no hay pecado ni pecadores, no hay aciertos ni acertantes, no hay errores ni errados, no hay culpa ni culpables, no hay yo ni las creencias del yo; fuera de las creencias no hay nada que sea un algo. Las creencias sólo sirven para continuar creyendo en que existe todo aquello que pueda creerse que existe y/o que acontece. ¡Mientras continúen vivas las creencias en algún algo también continuará creyéndose que existe ese algo y ese creyente! Las creencias en que existe algo que puede cambiarse, no cambian nada que no sean unas creencias por otras creencias. Las creencias en que existe algo real que puede cambiarse sólo sirven para que siga creyéndose en que hay algo real que puede cambiarse, pues precisamente su objetivo consiste en que persista la creencia y la búsqueda de aquella fantasía. No hay nada que creer ni nadie que pueda creer en algo real. ¡Únicamente dejando de creer en tu yo creído podrás dejar de creer en todo lo que cree tu yo creyente! (Sigue)    Julio-15


190- Las creencias (2/2) Al principio no había principio. El tiempo no existe; el tiempo sólo existe para las mentes que creen en el tiempo, y que, por lo tanto, crean la percepción de la existencia del tiempo. El tiempo no existe, consecuentemente el tiempo tampoco puede perderse, ganarse ni malgastarse. ¿Intuyes cuánto aumentaría la calidad de vida con sólo soltar todo lo relacionado con esas viejas e ilusorias creencias respecto al tiempo? ¡Al creer se crea la apariencia de lo creído! El bien y el mal sólo existen para las mentes que creen en el bien y en el mal, pues, ¿que son el bien y el mal salvo creencias en el mundo imaginario de las creencias? El yo, el tú y los demás sólo existen para las mentes que creen en esas percepciones de la realidad, esto es, para las mentes que crean esa apariencia de realidad. Sin embargo, para estar siendo el Estar Siendo de toda la existencia no es necesario “ser ni creer” en nada; más bien, en la medida que la mente y las creencias vayan dejando de prevalecer en la consciencia identificada, la consciencia del Estar Siendo irá haciéndose más y más evidente. Dicho de otro modo, en la medida que aumente el descreimiento y/o la desidentificación con algún tipo de posible particularidad, la consciencia del Estar Siendo No-uno también irá desvaneciéndose en Sí misma. Creer en algo -comenzando siempre por la creencia en el creyente- limita, divide, diferencia, discrimina, y, simbólicamente, supone caer en el abismo de la inconsciencia del Sí mismo desprovisto de creencias, de carencias, de necesidades, de condiciones y de identidades (Unicidad, No-Uno). Leo: “Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar y eres tú mismo” (Aldons Huxley). Pues no; esa percepción del universo y del uno mismo ya no sirve. Nadie puede ser el uno mismo que está en alguna parte del universo ni que esté expuesto a la posibilidad de mejorar, de empeorar… ni de cambiar lo más mínimo. Ya basta de las creencias que dividen, separan y crean las condiciones para todo tipo de conflictos, abusos, discriminaciones, mercadeos y luchas de poder. El yo mismo, que aparentemente puede mejorar o empeorar (cambiar), no es nada más que el yo mismo identificado, creído, ilusorio, efímero, mental: un fantasma al que no debería prestársele tanta atención. Nada real puede ni necesita mejorar, pues, cuando no fuera juzgado (los juicios también dependen de las creencias), incluso aquello que se percibiera necesitado de mejora estaría siendo absolutamente inmejorable… pues sólo consistiría en Estar Siendo (Nada-Uno). Julio-15 


191- Empatía con los demás. Todo cuanto exista siendo algo para alguien siempre consistirá en una creencia y sólo existirá dentro de una creencia. El ego de cada persona consiste en la creencia en sí misma de esa persona… y en todo cuanto se deriva de ello. En la medida que la consciencia identificada con una personalidad vaya desidentificándose con ese espejismo, en esa medida la inexistencia del ego también irá evidenciándose. Nada existe siendo algo distinto al Estar Siendo de todo simultáneamente (Nada-Uno), de ahí que el intento de cambiar algo únicamente sirva para fortalecer todavía más la creencia en que hay algo real que cambiar y también la creencia en la veracidad del supuesto protagonista de todo ello (negación egoica del sí mismo). Muchas veces intentar comprender a otro acaba suponiendo todo lo contrario, pues no hay ningún otro real a quién comprender ni nada real que pueda comprenderse. No hay ni sucede absolutamente nada "real" que alguien necesite ni pueda comprender. El personaje que cree necesitar comprender alguna cosa… y también aquello que supuestamente precisaría comprender, esta siendo ilusoriamente creado por la mente (consciencia identificada). Todo lo que aparentemente abarca el ego nace de la creencia en la existencia del ego. ¿Podrías considerarte una persona y dejar de actuar como exige considerarse una persona viviendo entre otras personas? Todo queda reducido a un tema de consciencia. En la consciencia de Unicidad, nadie ayuda, ama, culpa, perdona, etc., a otro alguien, pues todo consiste en el Estar Siendo del Sí mismo (No-Uno). Hacer algo por los demás, esto es, viendo a los demás como a seres distintos, carentes, necesitados, inferiores, superiores, etc., no está bien ni mal, pues visto de ese modo simplemente es ilusorio. ¡Quizás sea hora de desvincular nuestros actos de los juicios condicionados e interesados de la posibilidad de que puedan estar bien, estar mal, ser mejor, ser peor, convenga más o convenga menos; quizás sea hora de, siendo conscientes de que “todo” consiste en el Estar Siendo Único, simplemente debe actuarse conforme al sentir incondicional de ese instante! Por mucho que cada mente pueda juzgarlo y valorarlo de mil formas distintas, lo cierto es que todo cuanto creamos hacer a otros y/o hacer por otros jamás consistirá en algo distinto al fluir natural de la existencia. ¿Ves como todo depende de consciencia? La empatía con los demás (los demás no existen salvo como una manera egoísta, victimista, dramática e ilusoria de percibir al Sí mismo) cuando partiera de la consciencia de la no existencia de un yo separado, ¿cómo podría suponer una necesidad, un esfuerzo, un sacrificio ni parte de ningún otro viejo paradigma? Paradójicamente, podría no haber nada menos empático que la empatía del sí mismo que vive considerándose fraccionado y separado.   Julio-15

192- ¿Qué hacer cuando sientes que no encajas en un lugar, con una persona, etc,?  Esta cuestión -igual que tantas otras que el ilusorio ser humano acostumbra a plantearse-, al dar por sentado algo que jamás podrá serlo realmente, supone tenderse una auténtica trampa. ¿Para qué, sino para luego caer en ella y así justificar el victimario y las creencias que conforman nuestro personaje? ¿Cómo podría encajar algo (una persona) en otro algo (otra persona, un lugar, una actividad…) cuando realmente ambos supuestos “algos” no existen siendo dos, pues consisten en el único Estar Siendo universal sin diferencia ni separación posible? El intento de encajar deja en evidencia “la identificación con la creencia en el estar siendo alguien distinto y separado”, es decir, la creencia en la causa de todas las vivencias. Para ver de qué manera actúa la creencia en el yo particular y las consecuencias que origina sólo tienes que observar tu supuesto vivir. Plantearse preguntas trascendentales no cambia la realidad de que tanto el preguntador, como las preguntas y las respuestas -sucediendo en el mundo mental- consisten en el Estar Siendo sin más (Nada-Uno). ¡Todas las posibilidades parecen ciertas por separado, pero sólo el Estar Siendo único de todas ellas a la vez es real! En la consciencia del Estar Siendo sin forma ni identidad, nadie tiene que adaptarse a nada, pues está siendo todo. La creencia en la diversidad diferenciada convierte en ilusorias a todas y a cada una de las partes que -desde dicha  creencia- puedan percibirse separadas o conectadas. Ninguna parte y/o particularidad es verdadera por separado; pero tampoco juntas; sencillamente no existen las partes (No-Uno). Basta con cambiar esa percepción y/o comprensión errónea, para que la fantasía de sus efectos comience a difuminarse. Estando siendo todo el mismo Estar Siendo, ¿quién tendría que encajar ni dejar de encajar con algo/alguien, y, por lo tanto, quién debería hacer algo al respecto, que verdaderamente fuera mejor ni peor que otro algo? Quedarse o marcharse de donde no parece encajarse no significa separarse ni supone ruptura ni división auténticas, consecuentemente tampoco debería creerse en los sentimientos de culpabilidad, de menosprecio, u otros que el ego pudiera generar. Haz lo que quieras, pero siendo consciente de que ninguno de tus actos, pensamientos, sentimientos, etc., cambiará la realidad. ¡Aquello que consiste en el Estar Siendo único -salvo ilusoriamente- nadie puede unirlo ni separarlo! ¿Si soy ello mismo, por qué no lo siento así? -Precisamente porque en el Estar Siendo no existen los sentidores necesitados de sentir ni de dejar de sentir; por mucho que las mentes pueden interpretarlo de otro modo, nada consiste en algo distinto al Estar Siendo sin más. No dualidad significa no-dos. No-Uno equivale a no partes de uno ni suma de unos (Nada-Uno).   Julio-15


193- Liberarse de lastres. Todo lo que parezca ser algo y/o de alguna manera para alguien, sólo será un juicio a cerca de Aquello que, sin necesidad de ser nada en concreto, sin embargo, está siendo todo el Estar Siendo a la vez. ¡Todo el Estar Siendo no significa el Estar Siendo de todo, pues no hay nada real que esté siendo algo ni de ninguna manera; no hay ningún todo formado por la suma de muchas partes! En la consciencia del Estar Siendo (consciencia sin identificación) no existe pluralidad, diversidad, complejidad; pero tampoco ninguna singularidad. El Estar Siendo, por lo tanto, no admite juicios, divisiones, separaciones, identificaciones ni unificación de particularidades. No existe nada que sea otra cosa distinta al Estar Siendo sin más. No acontece nada que consista en algo distinto al Estar Siendo. Por mucho que percibido desde una supuesta consciencia identificada (mente) pueda creerse en la veracidad de las percepciones diferenciadas entre sí, realmente todo consiste en "un único Estar Siendo infinito, indivisible e indeterminado" (No-Uno). Al considerarnos individualidades y/o personas protagonizando una existencia propia e independiente (especial), inconscientemente está aceptándose que el Estar Siendo (absolutamente ilimitado e indeterminado) sea percibido como el “estar viviendo una vida personalizada”, de ahí que, mientras se permanezca dentro de la identificación con dicha consideración particular, los seres humanos vivamos en una realidad ficticia, una realidad de mentira. Precisamente porque las diferencias no son reales, la percepción de diferencias lo que hace es demostrar fehacientemente que aquello percibido de esa manera no es real. Una consecuencia practica de asumir “no ser realmente” aquel personaje concreto creído hasta ahora, la actitud de descreerse, desidentificarse, trascenderse…, conlleva poder liberarse también de la mayor parte de los lastres mentales que aquella arcaica creencia origina. Nada ni nadie es de ninguna manera, por lo tanto, todas las veces, que durante el pasado y el presente más inmediato, hayamos juzgado y/o etiquetado de algún modo un suceso, una actitud, un comportamiento, un pensamiento, una emoción, un amigo, un familiar, etc., podemos estar seguros de que no estábamos refiriéndonos a nada real. No hay culpa ni necesidad de perdón. ¡Nadie ha sido, ni es, ni será de ninguna manera; todos los juicios están equivocados y son innecesarios para el Estar Siendo sin más!  Julio-15


194- Creer algo, no importa lo que sea, a parte de la atadura (limitación) que ello supone, también obliga a adoptar la creencia y la identificación con  “ser” el creyente; pero además, así mismo  impone  el conflicto de tener que permanecer creyendo a la vez en lo opuesto (dualismo) a cada creencia asumida y a creer también en todas las posibilidades intermedias entre los polos o extremos de cada una de ellas. ¡Todo tu mundo y tu vida comienza con la creencia en ti; así crees, así vives! ¿Quién cree? Nadie. Entonces, si no hay un quién…, ¿qué cree? La creencia primera u origen de todas las demás creencias posibles consiste en “creer que alguna vez hubo alguien que creyó algo”. El Estar Siendo único, por no consistir en algo siendo “un algo” determinado (No-Uno) jamás se dividió para poder creer en sí mismo. Las creencias son creaciones igual que las creaciones son creencias; se crea aquello en lo que se cree y viceversa, por lo tanto, toda posible creencia, igual que toda posible creación, siempre se corresponderá con una realidad hipotética, ficticia, condicionada, dependiente, fragmentada, diferenciada, transitoria, limitada…, cuyo fin empezará a la vez que su nacimiento. En el ilusorio universo de las creencias y de las creaciones, algo sólo puede "ser" un algo, con la condición de que lo sea para alguien (otro algo…). Sin embargo, ¿qué ocurre cuando ese alguien creado y creído no es real; cuando ese alguien sólo es el personaje de una novela de ficción mental? Para responder a esa cuestión quizás bastaría con observar en qué consiste la vida cotidiana de los seres supuestamente creados por otros seres también supuestamente creados por otros seres (cada uno de nosotros). ¿Consiste nuestro existir en algo verdaderamente distinto a la experimentación de las creaciones surgidas de la creencia individual y colectiva de cada uno de dichos seres creados por las creencias de sus semejantes? Hablando de creencias humanas, estoy acostumbrado a escuchar que no hay diferencia entre creer en el mundo de la consciencia identificada (mundo de la dualidad del yo y lo demás) y creer en el mundo de la Unicidad en la que todo permanece siendo íntegramente sin identidad concreta (No-uno). ¡No estoy de acuerdo…, pues en el Estar Siendo Unicidad no existe la posibilidad de ser el creyente ni sus creencias y sus creaciones!   Julio-15


195- Religión y psicología. Veo películas de fábulas, películas de ciencia ficción y películas de la Edad Media y experimento las mismas sensaciones que observando esas grandes ceremonias religiosas de las principales confesiones del mundo: católica, ortodoxa, musulmana, judía, budista, hinduista, etc. En todos los casos la presencia de esos personajes disfrazados con vestimentas tan ostentosas como ridículas que, a mi modo de ver, lo único que hacen es demostrar especialización, diferenciación, un gran ego espiritualizado y separación entre esos personajes y los espectadores de su respetable teatro. ¡Justamente lo contrario de lo que se supone que debería predicar una religión mínimamente creíble, si llegara a darse el caso de que alguna pudiera serlo realmente! Opino que verdaderamente esas mentes tienen que creerse lo que dicen que creen, porque de no ser así resultaría difícil de justificar tantas y tantas barbaridades. Todo el mundo tiene derecho a creer lo que le parezca mejor y/o aquello con lo que se sienta identificado, sin embargo, lo que no parece tan razonable es que en los tiempos que corren los ingentes costos que originan las creencias religiosas de cada uno (por no entrar en otros con los que se trata de mantener controlada la sociedad) tengan que repartirse entre aquellos que no comparten dichas fantasías o necesidades exclusivas del ego humano más primitivo. ¿Todavía quedará alguien que verdaderamente crea en un Dios tan pobre y miserable que precisara de esas pantomimas y humillaciones al pueblo llano? Con los debidos respetos a todo el mundo, no creo que sea necesario el informe de ninguna universidad de prestigio para darse cuenta de que allí donde los gobiernos estatales se mezclan con los representantes religiosos, justamente allí la justicia y las libertades de esos pueblos avanzan bien despacito.  La religión se impone y se sufraga con los recursos y las libertades de todos, allí donde impera la inconsciencia y la desconfianza en el fluir inocente de la vida y del uno mismo responsable. Paradójicamente, en los territorios donde las citadas religiones se practican con más intensidad, también acostumbra a destacar la ignorancia, la sumisión, las supersticiones, la pobreza y un sinfín de discriminaciones sociales. ¡Pobres ovejas descarriadas! Casi sin  pretenderlo, he llegado a la conclusión de que la psicología y las religiones se dedican al mismo objetivo de procurar que el ego (creerse una identidad personal y separada) no se contraríe y se mantenga pacífico dentro del confort de las creencias que lo crean y lo amamantan.   Julio-15 


196- ¡Nada-Uno! (1/2)“Llegaron a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas(…) Y les enseñaba, diciendo: “¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”. (Marcos 11:15-17) Quien se cree alguien, también está obligado a creerse “otro y distinto” al resto de sus semejantes…, y, así mismo, víctima y verdugo del devenir de la vida. Creerse otro y distinto al resto convierte esa forma de existencia en una lucha por dejar de creerse eso que nunca fue real. Vivir en la existencia de dicha creencia dificulta que ese personaje alcance a comprender que, actuando desde la consciencia del “Estar Siendo Nada-Uno” (la consciencia de Jesús), se hiciera lo que se hiciera (echar a los mercaderes del templo con violencia) sería desde la certidumbre de que no estaría haciéndoselo a otro, sino a lo que el otro estuviera creyéndose… a su creencia, a su ego, a su inconsciencia. Jesús expulsó a los mercaderes del templo consciente de la repercusión de su proceder; consciente de que muchos sólo verían lo que estaban dispuestos a ver. Dos milenios después, demostrando que en el mundo de la mente identificada no cambia nada, los “principales sacerdotes, los fariseos y los escribas de ahora”, aquellos que haciendo gala de su apego y veneración a una “inconsciencia casi impenetrable” se auto-proclaman los representantes del  Hijo predilecto de Dios (por decisión exclusiva de ellos mismos y sin contar para nada con la opinión ni el sentir del pueblo que dicen amar), en lugar de un mercado, en el nuevo templo han instalado su propia banca o centro de negocios. Allí donde la consciencia continúe identificada con las apariencias y las creencias en “algún algo”, nada ha cambiado ni cambiará. ¡Todavía los muertos continúan enterrando a sus muertos y todavía sigue sin comprenderse que el amor al prójimo no consiste en amar a otro! ¿Otro?  (sigue) Julio-15


197- ¡Nada-Uno! (2/2) Todavía sigue sin comprenderse que el amor al prójimo no consiste en amar a otro. “Amar al prójimo como a ti mismo”. ¿Acaso esa expresión no está afirmando que “el prójimo y el uno mismo no estamos siendo dos estar siendo? ¿Acaso si el amor pudiera caracterizarse por algo, ello no consistiría en “unificar” las consciencias que se creen separadas? He ahí que amar equivale a consciencia de Unicidad. ¿Acaso puede imaginarse un amor más incondicional que aquel en el que absolutamente todas las posibilidades quedaran integradas en el Estar Siendo de una e indivisible? Los sacerdotes y los fariseos de hoy (consciencias identificadas con la ilusión de las diferencias y la separación) siguen sin comprender, y, por lo mismo, aferrados al ejercicio de un poder tan blasfemo como mezquino. Predicar el amor de la Divinidad debería ser algo tan fácil y accesible como predicar la Unicidad de todo y de todos. ¿A que viene entonces tanta apología del sufrimiento y de la culpa y del sacrificio, tantas ceremonias, tantos dogmas, tanto despilfarro? La ejecución de Jesús en la cruz, ¿no debería predicarse como la demostración de que la muerte no existe y de que los miedos a una vida dichosa pueden trascenderse con sólo estar dispuestos a ello? Entonces, ¿qué están predicando aquellos que en medio de la miseria de la gente humilde se dedican a hacer teatro en templos repletos de imágenes de crucifijos ensangrentados, vírgenes dolorosas, santos, beatos... y símbolos cuyo mensaje fundamental supone un macabro enaltecimiento del no-amor, esto es, de las diferencias entre unos y otros, de las discriminaciones entre unos y otros, de la ignorancia, de las supersticiones y de tantas injusticias pactadas entre los poderes religiosos, políticos y económicos? Predicar el Amor consiste en todo lo contrario a enseñarle a la gente a arrodillarse delante de ignorantes e hipócritas disfrazados; predicar el Amor consiste en todo lo contrario a hacerle creer a la gente que son culpables y que deben hacer penitencia; predicar el Amor consiste en todo lo contrario en vivir a costa de las personas a las que debería amarse. Pero, así mismo, predicar el Amor también consiste en dejar de arrodillarse, de sentirse culpables, de creerse necesitados del perdón ajeno y de favorecer que los confusos sigan confundidos. ¡Predicar el Amor significa algo tan sencillo como predicar la Unicidad y/o el Estar Siendo Todo y Nada-Uno!    Julio-15 

    
198- Un mundo trascendible. Hasta hace poco -incluso después de haber dejado atrás el apego a la creencia de ser un yo separado- también creía, pensaba y sentía auténtico aquello de: “que lo que se hace a otro también se está haciendo a uno mismo”. Lógicamente -pensaba- desde la confianza en el Estar Siendo Todo Uno sin división real, ¿como podría hacer algo sin estar haciéndoselo también a los demás? ¿Si no me amo a mi, cómo podría amar a los otros y viceversa? Sin embargo, debo admitir que todavía estaba interpretando errónea, egoísta y/o victimistamente lo que verdaderamente significa “Estar Siendo Nada-Uno”. ¡El  amor jamás puede ser a otro, por la sencilla razón de que no existe ningún otro real; no existe ningún prójimo que no esté siendo el propio Estar Siendo exento de cualquier identidad! El amor a otro semejante, el amor a un prójimo considerado alguien distinto al Estar Siendo íntegro, únicamente es posible en el mundo ilusorio de las creencias en la dualidad y la separación.  ¡La posibilidad del Amor a otro nace de una creencia tan egoica e ilusoria como su opuesta! No es cierto que exista el uno y el otro separados; pero -y en esto consiste el matiz importante- “realmente” tampoco existen juntos, tampoco existen unidos, tampoco existen conectados. Estar Siendo Unicidad significa estar siendo el mismo y único Estar Siendo…, hasta el extremo de que desaparece las creencias en algún uno (Nada-Uno). Estar Siendo Unicidad significa que no existe ni acontece absolutamente nada siendo “un” algo ni de ninguna manera delimitada por alguna condición. Los límites, las condiciones, las cualidades, las particularidades y todo cuanto el ser humano pueda percibir e interpretar como el estar siendo y/o sucediendo de algo concreto, solo existen configurando la misma creencia de que también existe el personaje protagonista de toda esa fantasía. He ahí que no habiendo uno, se hace imposible cualquier dualidad, cualquier juicio, cualquier culpa, cualquier necesidad de evolución…, cualquier algo. Amar, igual que el resto de los verbos gramaticales, expresa la acción de algún sujeto, de ahí que siendo ilusoria la existencia de las particularidades, la acción de amar -pero también las de odiar, temer, sufrir…, y todas las demás posibles- debiera considerarse una acción perteneciente al “mundo transitorio y trascendible” de las ilusiones. Siempre ha sido así y, se acepte o  no se acepte, a la vista de todas las consciencias permanece siempre.   Julio-15


199- Perdonarse y amarse. Todo lo que es algo y/o de alguna manera concreta de estar siendo para alguien, siempre será de naturaleza egoísta, efímera, mental…, y discurrirá en un mundo igualmente transitorio, egoico e ilusorio -este mundo que, precisamente porque estamos creándolo nosotros, también creemos que es nuestro, y viceversa-. Sin embargo, una vez asumida la consciencia de esa historia absolutamente ficticia, también queda abierta la puerta a la posibilidad de trascenderla, de soltarse de ello, de desidentificarse con dichas creaciones y percepciones. Aquello que hayamos vivido, esto es, aquello que después de juzgarlo de una manera determinada “la consciencia identificada” haya interpretado  y creído (creado) que estábamos viviéndolo y que formaba parte de nosotros, ciertamente no puedo ser de otra manera: ¿dónde puede haber entonces algún mérito, alguna culpa, algún acierto o algún error, salvo en esos juicios absolutamente programados y condicionados? La consciencia, desde la que todas las vivencias particulares hayan sido experimentadas, juzgadas, interpretadas, -creadas-, convertía en un imposible vivirlo de otro modo. La buena nueva consiste en darse cuenta de que al comprender el funcionamiento de esa ley mental, se facilita una pequeña  “desidentificación consciencial”, gracias a lo cual aquellas situaciones pueden dejar de repetirse, pues, a partir de aquella conscienciación o mutación,  dejará de juzgarse y crearse atendiendo los mismos patrones, valores, paradigmas, convencionalismos, creencias, etc., predominantes hasta entonces en la consciencia identificada con el personaje a través del cual se manifiesta. El individuo, que cree vivir una vida personal, ¿es algo más que el personaje ilusorio creado por la consciencia identificada que lo utiliza para manifestarse a través suyo? Perdónate porque cada vez que te hayas juzgado de alguna manera y/o hayas juzgado algo de tu vida, en verdad no sabías lo que hacías ni podías evitarlo. El perdón no consiste en arrepentirse, sino en hacerse consciente del Sí mismo real. Perdonarse no consiste en aceptar el arrepentimiento, sino en aceptar la consciencia de que no existe nada real de lo que arrepentirse y tampoco alguien  que tuviera que ser perdonado por algo. He ahí la causa por la que perdonarse (dejar de creerse alguien) supone una liberación. ¡No es la persona la que se siente culpable y busca ser perdonada, sino la consciencia que, al identificarse, creó todas esas fantasías! Así mismo, amarse significa aceptar la no-existencia de un yo particular y separado de la Unicidad; amarse significa aceptar Estar Siendo la Unicidad misma, en la que cualquier consciencia queda absolutamente trascendida.   Julio-15 


200- Consciencia enfadada. Hace unos días, referido al duelo emocional, escribía: “…El personaje que creas ser nunca existió siendo eso ni de esa manera. ¿No consistirá en aceptar esto y aceptar haberse creído ese individuo, aquello que origina el dolor o duelo que, aunque crea sentirlo y padecerlo la persona, parte de la consciencia identificada? El origen del duelo, la tristeza, la infelicidad -y también de los opuestos positivos de estas emociones- no está en el individuo, sino en la consciencia identificada con esa creación suya. Pienso que el duelo emocional bien podría considerarse también como “un enfado, una contrariedad, una frustración y/o una des-ilusión” de la consciencia identificada con las creencias y las experiencias que vivencia a través del personaje que utiliza para expresarse. ¡Agrade o no, la consciencia identificada siempre tiene que terminar aceptando la realidad de su existencia ilusoria y la de todas sus creaciones! ¿Podría originarse el duelo emocional al emerger a la consciencia identificada (consciencia que se cree fragmentada) un “darse cuenta” que permanecía inconsciente o negado hasta entonces? Pese a todo, la consciencia identificada (origen de los pensamientos, de las emociones y de las experiencias humanas) no existe siendo “un algo real”, es decir, siendo “una consciencia identificada” fuera del mundo de las ilusiones. No existe ninguna consciencia identificada siendo una consciencia identificada real. La consciencia identificada consiste una simple hipótesis, una suposición, una especulación. He ahí el motivo (la ilusión en la que consiste todo este proceso) por el que cualquier intento por parte de “un alguien” de alcanzar el objetivo de cambiar algo en su vida, siempre que no sea por medio del desapego a la consciencia que está creando la fantasía de ese mismo individuo y de sus vivencias particulares, acabará siendo aparente. La consciencia identificada no puede desidentificarse, pero, precisamente por consistir en una ilusión creadora de ilusiones, permite trascenderse. ¿Cómo puede trascenderse la consciencia identificada? Sencillamente trascendiéndose, esto es, dándose cuenta de que, por no ser real siendo eso, ya está trascendida; soltándose de esa creencia e identificación. Nada real necesita de enfados, de duelos, de frustraciones, de sacrificios, de evolución, de perdón, de lucha ni de ninguna otra respuesta de “algún alguien particular”, pues sencillamente no existe nada que siendo real sea algo ni de ninguna manera.  Julio-15


201- Una obra de ficción. Aquello que en bastantes escritos comenzó con la expresión “Nada hay, todo Es” luego se convirtió en “Nada hay ni ocurre…, todo Está Siendo Unicidad”. Más adelante llegó el “Nada hay ni ocurre ni puede hacerse que no consiste en Estar Siendo Ahora Todo Uno Mismo”. A esa expresión le siguió el “Estar Siendo todo No-Uno” que recientemente ha pasado al “Estar Siendo todo Nada-Uno”. En resumen, diversas maneras aparentemente distintas de estar expresando lo mismo: ¡Que todo sin excepción consiste en el Estar Siendo universal, único, instantáneo e indeterminado! Nada, que desde la consciencia identificada con un alguien, sea percibido de alguna manera concreta y/o con alguna característica, puede ser real siendo eso, pues, salvo el Estar Siendo indivisible de todo simultáneamente, nada más existe ni acontece, sino dentro de la ilusión originada con la creencia en la veracidad de las particularidades. ¡Todas las vivencias personales discurren en la misma creación o fantasía mental en la que supuestamente se producen y se experimentan! Siendo así, es decir, siendo que, tomándonos por individualidades, absolutamente todo cuanto vivimos únicamente acontece dentro de la “obra ficticia” que libremente vamos creando y escribiendo nosotros mismos, -pues no interviene ningún poder superior ni ninguna voluntad ajena a la que responsabilizar-, ¿podemos continuar defendiendo la manera en la que estamos organizado nuestras sociedades y educando a nuestros descendientes, a pesar del sufrimiento y las discriminaciones que ello viene originando a lo largo de la historia? Haya paz o hayan guerras, haya armonía o conflictos, haya abundancia o miseria, haya salud o enfermedad…, por consistir en el acontecer dentro de nuestra creación mental, nosotros somos los únicos que decidimos el argumento y el desarrollo de la historia que estamos protagonizando, por lo tanto, sólo de nosotros (la consciencia que tengamos asumida a cerca del Estar Siendo) depende también que continúe así o de otra manera. Fuera de esta vida y de este mundo nada ni nadie nos exigirá explicaciones ni responsabilidades (porque fuera de aquí nada de esto existe realmente siendo esto); sin embargo,  eso hace que tampoco sirvan las excusas egoístas e hipócritas, con las que justificar que nuestro mundo siga funcionando de la manera mezquina, cruel y desastrosa que entre todos estamos creando activa o pasivamente: ¡Precisamente porque nada de cuanto acontezca aquí tendrá ninguna trascendencia fuera de aquí, eso nos convierte en los únicos responsables!   Julio-15 


202- Al principio no había nada. ¿Y después? Después sigue sin haber nada. Nunca hubo un principio… y tampoco hubo algo en el principio que nunca hubo. Más en eso continúa consistiendo la Realidad: en la ausencia absoluta de cualquier principio y de cualquier  posibilidad determinada de haber y de suceder. No hay tiempo, no hay espacio, no hay principio ni final. En la consciencia de Estar Siendo Nada-Uno no hay mente porque tampoco hay deseo de ser ni identificación. La mente aparece con la caída en la tentación de aceptar la hipótesis o creencia en la posibilidad de que la consciencia de Estar Siendo Nada-Uno pudiera identificarse con la consciencia de “ser un yo”. La mente humana consiste en la consciencia creadora e identificada con la forma humana de estar siendo. He ahí que allá donde pueda apreciarse cualquier rastro de identificación y/o de diferenciación, ello siempre se corresponderá con el mundo ilusorio o mental. En la existencia mental (la existencia de las particularidades) todo aquello que sea identificado de alguna manera será de naturaleza mental. ¡De ahí no hay salida, por lo tanto, no la busques, pues esa búsqueda todavía refuerza más la creencia en ello! No es tanto que para llegar a la meta sea necesario recorrer todo el camino, pues sencillamente no hay camino ni caminante. Salvo mentalmente, nunca hubo que llegar a ningún lugar y tampoco hubo nadie que tuviera que llegar. ¡Nunca hubo ningún principio y tampoco algún final! Cuando no existe nada distinto al Estar Siendo Nada-Uno, porque cualquier posibilidad de ser siempre será metal o ilusoria, recorrer el camino no es la manera de alcanzar alguna meta, sino aquello que impide darse cuenta de que siempre se está siendo todo-nada a la vez. La búsqueda, la lucha… la voluntad de cualquier hacer humano y/o cualquier hacer identificado con la forma humana, únicamente se produce en el mundo de la mente, por lo tanto, supone permanecer alimentando la creencia en esa fantasía. Por lo mismo, el conocimiento del sí mismo no se alcanza gracias a las experiencias, sino prescindiendo de la necesidad de esas creaciones mentales.   Julio-15  

203- La vida ni da ni quita. El Estar Siendo de “todo Nada-Uno” puede ser negado por la mente sin la menor complicación, pero al hacerlo, muy al contrario de lo que el autor de dicha negación pretendiera, lo que realmente estaría haciendo sería demostrar la veracidad incuestionable de que, a parte del Estar Siendo, no hay nada más: ¡Fuera del Estar Siendo no hay nada que sea ni que acontezca! Algo semejante ocurriría con aquel que dijera no estar amando, pues al decirlo lo que estaría demostrando sería justamente lo opuesto. No es posible creer en la posibilidad de la existencia de algo por separado sin estar admitiendo antes la existencia del estar siendo desprovisto de ninguna etiqueta o particularidad. Afirmar que no se ama es una manera de amar, pues, aunque se niegue, no es posible estar siendo sin estar amando. Estoy escuchando algo sobre “tener miedo”. ¿Tener miedo? A veces el inconsciente se despista y nos deja ver secretos que oculta. ¿Puede tenerse y/o sentirse algo salvo dentro de la creencia de que existe alguien que “tiene o siente” alguna posibilidad que no esté consistiendo en la manifestación del Estar Siendo universal sin más? De nuevo todo queda claro: ser, tener, hacer, sentir, etc., únicamente es posible en el mundo creado por la mente identificada con la ilusión de las creencias, de ahí que todo ser, todo tener, todo hacer, todo experimentar, etc., carezca de cualquier grado de trascendencia. La vida, ni da ni quita; vivir con la idea de que la vida te devolverá con intereses y/o te premiará por algo que realmente lo merezca, es igual de absurda que pensar que la vida pueda quitarte y/o castigarte por algún motivo distinto a la creencia en que eso verdaderamente pueda ser así y que la vida y tú seáis dos realidades distintas. ¿Te das cuenta del egoísmo que manifiesta esas percepciones? La vida, el sujeto que vive la vida y las experiencias de ese sujeto durante el vivir de la vida, sólo existen en forma de las creencias identificadas que crean toda esa fantasía. La vida no le da ni le quita nada a nadie por la sencilla razón de que, excepto ilusoriamente, no existe ninguna posibilidad real distinta al Estar Siendo Nada-Uno.   Julio-15



204- He visto decir en una conferencia “que -a través- de la mente (consciencia identificada con la individualidad diferenciada) no  puede verse la vida tal y como es; para ver la vida hay que mirar -a través- del corazón”. ¿Ver la vida? ¿Ver la vida “a través” de…? Discrepo de ese mensaje dualista, y, por lo tanto, a la vez victimista y discriminatorio. Curiosamente, en la misma charla el autor de esas palabras también manifestaba vehementemente que “nosotros somos la vida”. Opino que la consciencia puede asumir que la vida ni se ve ni se vive; la vida se está siendo íntegramente, es decir, sin que nada ni nadie en particular esté siéndolo. La vida, percibida a través de la consciencia identificada con la creencia en “el yo soy un individuo”, no puede percibirse, precisamente porque estaría intentándose desde la declaración de estar siendo un alguien diferente a la vida misma y, por lo tanto, desde la negación inconsciente de la vida misma. Opino que, aunque parezca distinto, ver la vida “a través del corazón” no cambiaría nada, pues continuaría dándose por cierto que una cosa es la percepción de la vida, y otra distinta “el estar siendo el fluir de la vida. Nada que fuere visto, hecho, experimentado por “un alguien y/o a través de una parte de ese hipotético alguien” podría consistir en algo distinto a una simple creación mental. ¡No dos, no uno, todo Estar Siendo Nada-Uno! La realidad no puede verse ni a través de la mente ni a través del corazón ni a través del alma ni a través de nada en absoluto; la realidad no puede verse porque no consiste en nada distinto ni separado del Estar siendo simultáneo de Todo Nada-Uno. El concepto “ver a través de…” divide y separa, por lo tanto, todo cuanto permitiera ver sería irreal, mentira. No hay dos (dualidad), pero tampoco uno (unidad). La unidad (uno) implica la posibilidad de la dualidad (uno + uno), pues automáticamente la misma mente que crea y admite al uno, para justificar la veracidad de esa unidad también crearía un opuesto, un similar, un afín, unas cualidades, unas carencias, alguna finalidad. Salvo ilusoriamente, tú y yo no somos dos ser-es, pero tampoco somos un ser. Tú y yo no somos dos seres distintos, pero tampoco somos el mismo ser. No existe ningún ser (No-Uno). No existe ni sucede nada real (Nada-Uno). ¡Nada consiste en ser “un” algo, sino en “el Estar Siendo de todo simultáneamente, esto es, el Estar Siendo de nada siendo aquello que pudiera percibirse (Nada-Uno).   Julio-15


205- Imagen y semejanza. La mente (consciencia identificada con la ilusión de la posibilidad de estar fragmentada en partes distintas… aunque conectadas entre sí) al tratarse del producto de un supuesto, de una hipótesis, de una vulgar fantasía -porque realmente no existe tal posibilidad-, funciona creando a su imagen y semejanza, esto es, generando creencias e ilusiones que lleven a mantener vivo ese juego de quimeras. ¡La mente no distingue entre el día y la noche; la mente no duerme! Para generar dichas creaciones, la mente necesita permanecer continuamente juzgando y/o interpretando su propia actividad ilusoria desde múltiples enfoques, de ahí que, la mente (consciencia supuestamente identificada y/o separada) unas veces precise originar y experimentar estados y emociones aparentemente tan opuestas entre sí como el miedo y la confianza, el amor y el odio, la felicidad y la desdicha, la paz y el desasosiego, etc. Las personas somos ilusiones, de ahí que para vivir también necesitemos estar nutriéndonos continuamente de ilusiones y de esperanzas; de un modo u otro, nuestro equilibrio y ánimo depende de disponer de pertenencias, situaciones, recuerdos, proyectos, relaciones, deseos, metas, etc., que generen ilusión. ¿Por qué todo eso son ilusiones y no realidades? Sencillamente porque, como siempre ocurre, a cada ilusión le acompaña la correspondiente desilusión, frustración, depresión, desesperanza. Del mismo modo que, cuando  nada ajeno la altera, la superficie del océano siempre tiende a regresar a la calma, también la realidad  (consciencia exenta de identificación) siempre termina prevaleciendo sobre la marea de las fantasías mentales consistentes en negar el Estar Siendo de todo Nada-Uno y/o de todo Nada-un Algo. Las necesidades humanas de ser amados, ser felices, ser buenos, ser mejores, ser útiles…, todas las necesidades de ser…” sólo son tales como fruto de las creencias que conforman nuestras identidades individuales y colectivas. ¡El Estar Siendo nada determinado, no necesita de nada determinado para Estar Siendo, pues ya Está Siendo! Unas ilusiones tapan a otras; algunas ilusiones tapan el miedo a la realidad exenta de ilusiones, de mente, de identificación, de ego, de personalismo. Sin embargo, más allá de la apariencia de las ilusiones, el Estar Siento todo Nada-Uno, permanece inalterable.   Julio-15


206- Una dimensión imaginaria. Alguien me ha planteado: ¿Cómo llevaste -creaste- una situación complicada a tu vida? Opino que esa manera de pensar no permite salir de la ilusión en la que se produce, pues básicamente consiste en otra fantasía, otra excusa, otra fórmula empleada por el ego -creerse una persona- a modo de justificación. La teoría de que todo lo creamos nosotros mismos  para así aprender y/o para así recordar quiénes somos realmente,  no acaba de convencerme. Por decirlo de un modo simple: “la mayor parte de las preguntas que nos planteamos las personas son igual de ilusorias que las preguntas que podrían hacerse entre ellos los personajes de una película, una novela o cualquier obra de ficción”. ¡Ninguna de ellas serviría para convertir en real el ámbito en el que se producen esos diálogos ni a los personajes que los realizaran! Aquello que las personas venimos considerando “situaciones de nuestra vida” únicamente son tales en la creencia de que tanto nosotros como nuestras experiencias verdaderamente somos nosotros y nuestras circunstancias. Tal es la dimensión imaginaria en la que, considerándonos individualidades con una vida propia, podemos existir. Pero, del mismo modo que los personajes que intervienen en una obra de ficción no se crean a sí mismos, sino que son la creación de una inteligencia ajena que los maneja a su antojo y decide por cada uno de ellos, así también ocurre con las personas. En el mundo de las creencias y de las identificaciones -nuestro mundo-, las experiencias de cada individuo las crea la misma consciencia que creó y que mantiene activo al personaje que vive creyéndose el protagonista y/o el creador de sus experiencias. ¿Acaso por mucho que lo intentemos logramos alguna vez mantener controlado el devenir de nuestra existencia? ¿Si nosotros fuésemos los verdaderos creadores de las situaciones que vivimos, por qué motivo tendríamos que estar continuamente improvisando, adaptándonos, previniendo, intuyendo y protegiéndonos de cualquier posible eventualidad? ¿Tendría sentido que creásemos todo aquello de lo que luego no dejamos de lamentarnos; esas injusticias, esas miserias, esas violencias, esas discriminaciones, esos argumentos que superan a los de los guionistas cinematográficos? Y, sin embargo, a la vez todo está siendo sin que nada sea algo distinto al Estar Siendo de Nada-Uno.  Julio-15


207- No existe “un” Dios. Días atrás publiqué que: “No es cierto que exista el uno y el otro separados; pero -y en esto consiste el matiz importante- realmente tampoco existen juntos, tampoco existen unidos, tampoco existen conectados. Estar Siendo Unicidad significa estar siendo… sin creencias en algún “uno” (Nada-Uno). Estar Siendo Unicidad significa que no existe ni acontece absolutamente nada siendo “un” algo delimitado por alguna condición. Los límites, las condiciones, las cualidades, las particularidades y todo cuanto el ser humano pueda percibir e interpretar como el estar siendo y/o sucediendo de algo concreto, solo existen configurando la misma creencia de que también existe el personaje protagonista de toda esa fantasía. He ahí que no habiendo uno, se hace imposible cualquier dualidad, cualquier juicio, cualquier culpa, cualquier necesidad de evolución…, cualquier algo que sea real”. He recordado ese escrito pensando en cuestiones que me han planteado repetidamente. ¿Si todos somos uno, por qué cuando alguien sufre, enferma, muere, se siente feliz, etc., los demás no experimentan lo mismo? En otra ocasión respondí a eso diciendo que “precisamente el hecho de que una persona muera y no lo haga el resto, no significa que no seamos todos uno (Unicidad); demuestra que en el Estar Siendo no existe ni el nacimiento ni la vida ni la muerte de ninguna particularidad real…, pues, por encima de esas apariencias el Estar Siendo permanece inmutable; demuestra que aquellos casos responden a creencias, mitos y simples interpretaciones ilusorias”. ¡El Estar Siendo Nada-Uno siempre está siendo; sin embargo, el estar siendo “algún uno” siempre está desapareciendo! Pero además -añado- “todo sin excepción certifica que simplemente no estamos siendo las individualidades finitas que estamos creyendo ser”. La realidad trasciende todas las ilusiones posibles dejando a la vista que no existe la dualidad, pero tampoco la unidad (uno) ni la suma de unidades, ni unión de la totalidad de unidades. Lo real no nace ni muere ni experimenta transformaciones; lo real no está sujeto a las leyes de la existencia individualizada…, característica fundamental del mundo de las creaciones mentales. No existe el tiempo, por lo tanto, se crea lo que se crea, y muy a pesar de que el ser humano viva identificado con esa creencia, tampoco existen los años, los meses, los días, las horas, los minutos ni los segundos. “Mi reino no es de este mundo” -dijo, cuando vio que en ese no le comprendían. Estar Siendo Unicidad (Nada-Uno) equivale al estar siendo de todo a la vez pero sin ser nada concreto. ¡No existe “un” Dios! He aquí que, excepto en el mundo imaginario de las individualidades y/o de la identificación consciencial con la creencia en los “unos siendo unos”, lo que se hace a otro no se está haciendo al Sí Mismo, pues en el Estar Siendo Unicidad (Nada-Uno) no existe el yo y el otro…, no existe ni el yo ni el otro siendo eso. ¡Ciertamente lo que se hace a otro también se hace a uno mismo, pero sólo en el ámbito de la creencia en la existencia de esa percepción e interpretación dualista, egoísta y especulativa de la realidad, esto es, en el mundo ficticio creado por la consciencia humanizada!  Agosto-15 


208- El sistema. Del mismo modo que no existe ningún Dios todopoderoso tomando decisiones, juzgando, creando ni realizando ninguna obra, así tampoco existe ningún “sistema” que no estemos conformándolo entre todas las consciencias que afirmamos percibirlo. ¿Alguien  se ha dado cuenta de que ese “supuesto sistema invisible que gobierna a la humanidad” no admite discrepancias, pues, en el momento que no se comparte te excluye y si es preciso te elimina? ¿Son también invisibles los ejecutores de eso? En efecto, es hora de asumir que ese sistema lo llevamos dentro. Es conocida la historia de un hombre que se dio cuenta de que era mucho más que aquello que parecía cuando se observaba sin mirar; aquello que todos a su alrededor, a pesar de estar siendo lo mismo, no lo veían o preferían no verlo. Aquel hombre (consciencia que se manifestaba a través de esa forma física) igual que muchos más a lo largo de la historia, comenzó a predicar puntos de vista (percepciones de la realidad) distintos a los convenidos y aceptados por los que decidían sobre la  normalidad. Sin embargo, escuchándole muchas consciencias empezaron a darse cuenta de que aquello no les era del todo desconocido. Cuando una consciencia despierta, el personaje que utiliza para manifestarse también se muestra diferente. ¿Comprendes ahora? ¡Para el sistema, el problema no era lo que decía aquel hombre -que se había dado cuenta de que era mucho más de lo que parecía y que la realidad era muy diferente a todo cuanto le habían contado-, el peligro estaba en el hecho de que le prestaran atención! El sistema busca la prevalencia y el reforzamiento de la consciencia identificada con una percepción de la realidad (Unicidad) fragmentada y diferenciada. ¡Divide y vencerás! ¿Estará conformado todo eso por simples creencias? ¿Será ese sistema invisible, que parece estar por encima de nuestras voluntades, el famoso sistema de creencias predominante en las consciencias humanas? A Jesús (igual que a tantas consciencias más) lo hicieron desaparecer porque ponía en peligro la estabilidad del sistema. Incluso hoy, más de dos mil años después, las consciencias más ignorantes y temerosas del sistema continúan temiendo que pueda comprenderse su mensaje. ¿Por qué si no, a la vez que fingen predicar lo que dicen que dijo, siguen poniendo por delante de todo su imagen en la cruz? ¡Mirad lo que ocurre cuando te sales del sistema que nosotros y el resto de los poderes establecidos representamos por vuestro bien!  Agosto-15

 
209- Ser o no ser… he ahí un ejemplo más de los dos polos  (dualidad) de cualquier creencia de la consciencia identificada. El juego del lado bueno y del lado malo, que precisa y utiliza el ego para moverse de uno a otro y así mantener viva la apariencia de realidad. Ser o no ser…, no es ninguna cuestión. Ser o no ser nunca fue una cuestión -hipótesis mental sin el menor sentido- que no estuviera ilusoriamente planteada por el ego y/o por esa manera consciencial de interpretar la realidad. Realmente no hay dos opciones, porque ni tan siquiera existe una que permanezca siéndolo más de un instante. No es la persona la que se siente culpable y busca ser perdonada, sino la consciencia que, al creer identificarse, crea y alienta todas esas fantasías. La persona es algo inerte, un juguete, el personaje de una obra de ficción, una creación transitoria de la consciencia que juega a creerse “un” ser y/o “un” estar siendo algo. Ningún personaje puede cambiarse a sí mismo, porque no dispone de esa ni de ninguna otra capacidad de actuar sobre la realidad. Los aparentes cambios de la humanidad únicamente pueden llegar (así ha sido a lo largo de toda la historia) a través del darse cuenta del juego inocente de la consciencia. Es actuando sobre las consciencias identificadas como se materializan los cambios en las manifestaciones de las personalidades y no al revés. Sin embargo, puesto que la identificación de las consciencias continúa correspondiéndose a una fantasía, todos los cambios posibles unicamente se producen sobre las apariencias, sobre las ilusiones, sobre las creencias. El Estar Siendo nunca se ve alterado, porque nunca consiste en el Estar Siendo de algo (Nada-Uno). ¿Acaso alguien duda de que los poderes institucionalizados y sus cómplices conocen esos mecanismos y están empleándolos continuamente en su vano provecho? ¡Real es todo, pero siempre que no sea interpretado como ser un algo para un alguien! ¿A quién representan los políticos que permiten las miserias de la gente humilde mientras protege y favorece a las mentalidades que, escondiéndose tras dogmas, hábitos, costumbres casi primitivas y supersticiones juegan a creerse elegidos con derecho decidir sobre la forma de vivir de sus semejantes? ¿A quienes representas las jerarquías religiosas de todo el mundo, cuando ellos mismos demuestran ser los más inconscientes entre los inconscientes?  Agosto-15  


210- Ni dual ni individual. Suele decirse que la verdad es inefable. Sin embargo, al decirse que algo “es...”, inconscientemente está admitiéndose que no se trata de algo real, sino de un simple concepto más; de otra percepción limitada. La verdad es inefable porque no existe nada que sea “la verdad”. ¡He ahí la manifiesta innecesariedad de quienes, recurriendo a todo tipo de abusos, afirman poseerla, representarla o defenderla! En el mundo de las existencias particulares nada existe siendo algo distinto a una idea, una creencia, un juicio, un deseo. ¿Consistirá la inefabilidad de la verdad, del amor, de la felicidad y de todos los grandes misterios creados por la consciencia humana precisamente en su inexistencia fuera de una suposición? Comenzando siempre por el individuo que creyera en su propia existencia personal, nada puede ser algo para alguien salvo ilusoriamente. ¡Si es dual, es ilusorio… y si es individual también! ¿Salir del cuerpo? Por favor, ya basta de seguir castigándose por ninguna culpa. Cuerpo, mente, alma, espíritu, dimensiones, niveles de evolución, seres superiores, paraísos, karmas, pecados… Mientras la consciencia perciba la realidad de ese modo tan fantasmagórico por fuerza esta historia tiene que parecerse a un drama. ¿Salir del cuerpo de quién, que tenga un cuerpo suyo o prestado, como si de un vulgar vehículo se tratara? ¿Tan difícil resulta darse cuenta de que esas comparaciones (personalismos primarios) sólo pueden proceder del supremo egocentrismo de percibir el funcionamiento del Estar Siendo universal (Nada-Uno) según patrones y creencias primitivos o cavernícolas?  ¿Acaso los personajes de ficción, creados por la creatividad de la mente humana, tienen un cuerpo fuera de la historia ficticia de la que forman parte? ¿Y qué somos cada uno de nosotros junto con todo cuanto interpretamos que conforma el devenir de nuestra vida, sino creaciones mentales también? Por tratarse de una simple ilusión, el ser humano y todas sus posibles percepciones y experiencias giran en torno a aquello que mantenga motivada esa ilusión…, ¿qué puede motivar a una ilusión (el ser humano) que no consista en nutrirse de ilusiones? Pues eso, un entretenimiento similar al movimiento del columpio, que para no detenerse depende de algo tan básico como oscilar (adquiriendo energía motivadora) de las ilusiones a las desilusiones.      Agosto-15


211- Cualquier posible “hacer y/o cualquier posible acontecer” -con absoluta independencia del concepto que se le asigne a dicho acto- siempre consistirá en Estar Siendo…, y sólo en Estar Siendo; por lo tanto, en Estar Siendo “nada” que consista en algo determinado, nada que sea “un” estar siendo, nada que pueda juzgarse, nada que pudiera nombrarse desde fuera y/o siendo algo ni alguien distinto al Estar Siendo mismo. ¡Todo cuanto sea interpretado como una posibilidad distinta al Estar Siendo sin más, siempre se tratará de una percepción errónea (egoísta) de la realidad! Queda claro entonces que todas las percepciones y experiencias humanas sin excepción pertenecen a una realidad ficticia e irrelevante fuera del ámbito especulativo en el que se producen. A partir de esa consciencia, ¿para qué otorgarle tanta importancia a unas actividades o haceres sobre otros, cuando en el fondo la única diferencia estará en el juicio y/o la etiqueta que se le asigne a cada percepción… absolutamente condicionada y dependiente únicamente de factores y programas mentales heredados e inculcados? Nacer, crecer, caminar, trabajar, sufrir, disfrutar, luchar, morir… sólo son diferentes formas de juzgar y de valorar el Estar Siendo Unicidad y/o Nada-Uno. Consciencia identificada significa consciencia que cree percibirse a sí misma fragmentada e individualizada. He ahí que todo cuanto crea vivir el ser humano, es decir, esa consciencia identificada o mente, únicamente será y acontecerá dentro de los límites configurados por la creencia en “un” sí mismo particular.  Agosto-15


212- El opuesto del amor. Podría decirse que el ego consiste en una manera particular de percibir la existencia del sí mismo y de todo cuanto ello supone. Una manera egoísta de percibir al sí mismo creado por la consciencia que se cree separada del Estar Siendo Universal, es muy fácil de describir, pues consiste en la forma habitual de percibirse y de considerarse que tiene de la inmensa mayoría de los seres humanos desde hace miles de años. ¿Comprendes ahora cuál es el motivo fundamental de que en este mundo ocurran las miserias y las barbaridades que, después de originarlas y/o permitirlas nosotros, luego utilizamos para creernos víctimas inocentes e indefensas de causas ajenas? El ego siempre ofrece elegir entre varias opciones aparentemente opuestas entre sí: amor-desamor, felicidad-desdicha, alegría-tristeza, paz-desasosiego…, pues en ese truco diferenciador basa sus jugadas en pos de la supervivencia. La clave, por lo tanto, no está en aquello que el programa mental correspondiente prefiera o rechace, sino en el hecho de -creyendo que verdaderamente está eligiéndose algo real-  decantarse por la identificación con alguna de las opciones. Fuera de la mente, el blanco y el negro solo son dos apariencias creadas por el deseo de que existan los colores. Se dice que el polo opuesto del amor no es el odio, sino el miedo.  Mientras escribía esto, y sin ánimo de contrariar a los egos que estén leyendo estas palabras (o quizás si), he comprendido que -sin salirnos nunca del mundo ficticio de las existencias particulares y diferenciadas-, quizás lo contrario del amor, es decir, de la percepción del Estar Siendo Unicidad Absoluta (Nada-Uno), sea el ego. El opuesto al amor (Unicidad) por lo tanto, consistiría en la manera fragmentada, separada, diferenciada, identificada, personal, victimista, carente, limitada, etc., de percibir al Sí Mismo universal. En efecto, básicamente el amor consiste en una manera completamente opuesta de percibir al Sí Mismo de cómo se hace a través del ego humano. Mientras que el amor consiste en una percepción carente de  cualquier identidad (Siendo Nada-Uno), la percepción del ego radica en mostrarse infinitamente particularizada y determinada (siendo todo distintos unos). ¿Cuál sería entonces la forma más correcta de percibirse? Ninguna, pues ambas, por ser formas concretas que pueden definirse, pertenecen al mundo de las creencias, de las ilusiones y de las existencias particulares. ¡Los dos extremos u opuestos de algo son igual de ilusorios! Nada “Está Siendo” mejor ni peor, pues, por el simple hecho de creer que lo fuera, tanto ello como aquel que lo creyera pertenecerían a un mundo egoísta e irreal.  Agosto-15


213- ¡Dios mio! A lo largo de la historia el ser humano ha creído (porque ha creado las creencias) en la existencia de múltiples dioses. Hemos creído (creado) en tantos dioses como necesidades, miedos y esperanzas creíamos experimentar también. Aquello que la consciencia humanizada no podía comprender ni dominar lo convertía en la creencia en un dios. Sin embargo, igual que llegó a comprenderse que la Tierra no era plana (y tampoco es redonda) así paulatinamente han ido desapareciendo las creencias (porque sólo eran creencias) en aquellos dioses irreales. ¿Cuántas adoraciones y sacrificios ha exigido eso? Finalmente ya sólo quedaba la opción de creer en un único dios. Pero, pese a los esfuerzos de las mentalidades primitivas y de las instituciones que perduran lucrándose de ello, la realidad está haciendo que esa nueva creación mental también vaya desvaneciéndose. ¡Salvo en forma de creencias no existen diversos dioses; pero incluso la existencia de “un” dios continúa siendo una creencia tan innecesaria como todas las demás! Nada aleja o separa más de la consciencia de Dios que la creencia en “un” dios concreto, y, por lo tanto, delimitado. Las creencias convierten en algo ajeno e inalcanzable aquello en lo que se cree. Nada desune, divide y perturba más que las creencias. A partir de ahí, es decir, de la renuncia a la “creencia en un dios” que estuviera siendo algo distinto al Estar Siendo instantáneo y sin la menor posibilidad de limitación…, hace unos días me planteaba: ¿A quienes representan entonces aquellos que, sintiéndose distintos, se denominan a sí mismos “representantes de dios” en este mundo? Ahora queda claro que, no existiendo “un” dios real, esas consciencias identificadas con las creencias religiosas únicamente representan a ideas, dogmas, mitos, falacias y otras creaciones mentales absolutamente ilusorias, arcaicas, rancias… tan inútiles como innecesarias, limitadoras y opresoras.   Agosto-15


214- Vivo en un país…(1) Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que educar y/o programar la inocencia de los niños con creencias religiosas manifiestamente falseadas, dogmáticas y herederas de tantas barbaridades…, todavía no se considera maltrato infantil ni atentado contra la salud mental de la humanidad. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía hay reyes, herederos de los reyes, nobleza y vasallos pagando impuestos para mantener viva esa anticuada tradición. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía los partidos políticos corruptos obvian el texto de la Ley fundamental del Estado (la Constitución) y pactan mantener viejos privilegios a los representantes de la misma organización religiosa que, no conforme con pretender decirle a los ciudadanos cómo deben vivir, a la vez permite y promueve dentro de sus competencias tradiciones que atentan contra la razón, contra la dignidad y contra la salud de las personas. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía no se comprende que separar y educar a los niños por sexos más adelante se convierte en causa de todo tipo de discriminaciones sociales y de violencia. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía no se comprende que creerse diferentes (tanto a nivel particular como comunitario) supone caer en la tentación de creerse mejores y así luego tener con qué justificar las consecuencias de esa ridícula mentalidad. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía los triunfos deportivos se celebran en las iglesias y se ofrecen los trofeos a las imágenes de vírgenes y de santos, ante la representación hipócrita o teatral de instituciones políticas, religiosas y deportivas. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que los casos citados anteriormente se producen dentro de la ilusión que lo convierte en un país apegado a un pasado oscuro y victimista, que, paradójicamente, por eso mismo tiene ante sí un sin fin de posibilidades de transformación con que sólo fueran conscientes de ello sus ciudadanos.   Agosto-15


215- Estar Siendo Nada-Uno significa que nunca hubo “un” dios, por lo tanto, que el dios que nunca hubo jamás tuvo hijos naturales ni antinaturales. Siendo así, queda claro que entre nosotros tampoco somos hermanos… ni es cierto que tengamos ni que necesitemos de padres adoptivos (pastores) a los que continuar satisfaciendo sus vanas fantasías. No hay nada que sea "un" Dios. No hay nada que siendo realidad pueda ser nombrado por otra realidad distinta. Confundir el Estar Siendo universal (Nada-Uno) con la existencia de “un dios” lleva demasiado tiempo nublando las consciencias y produciendo consecuencias alucinantes. Todas las discriminaciones, las injusticias, las violencias, las competencias, las envidias, los juicios, las categorías… son ilusorias y/o mentales, pues nacen de la especulación que supone creer en la existencia de algo concreto (incluido “un Dios”) y, por lo tanto, origen mental y especulativo del resto. Las religiones mienten; los personajes que las pregonan ya no tienen razón de continuar representando esos ridículos, macabros y miserables papeles. La responsabilidad de todo cuanto ocurre a nivel humano en este mundo está compartida entre todos. Unos lo hacen, porque el resto lo permitimos de manera activa o pasiva. Aparentemente son formas distintas de inconsciencia; pero la misma inconsciencia todo.  Agosto-15  


216- ¿Dónde está la música que algún músico compondrá dentro de doscientos años? ¿Y dónde está ese músico ahora? Por mucho que a la mente identificada con una percepción fragmentada y separada de la realidad, es decir, por mucho que creerse un yo personal dificulte comprender y aceptar que la existencia de las particularidades es ilusoria, lo cierto es que por encima de todas esas apariencias aquella música y aquel compositor ya están siendo ahora. ¡Nada real llega y nada real se marcha! E igual con absolutamente todas las demás posibilidades y supuestas vicisitudes: excepto configurando una hipótesis mental, una historia de ficción…, nada ni nadie llega, permanece y se marcha. El pasado, el presente y el futuro no son nada más que percepciones erróneas (ficticias, egoístas, carentes, pobres y victimistas) del Ahora y/o del Estar Siendo Nada-Uno. Para que todo consista en el mismo y único Estar Siento todo ahora, nada puede ser algo nunca; para que alguna vez algo consistiera en lo que pareciera ser visto desde fuera, nada podría estar siendo ahora todo el mismo y único Estar Siendo! ¿En qué mundo o realidad, que ofrecen cada una de esas dos alternativas, prefieres existir?  Agosto-15  


217- ¡No hay ningún Todo! Salvo en forma de sueño, no existen las personas ni aquello que le ocurre o viven las personas. Todo es lo mismo sin diferencia ni separación alguna. El ego consiste en percibir la Unicidad (el Estar Siendo de todo sin que nada sea algo) desde la ilusión de la creencia y la identificación con la individualidad. He aquí que la ciencia médica y psiquiátrica, por tratarse de algo perteneciente al sueño, sólo puede tratar de restaurar el equilibrio y la confianza del ego. En el mundo del ego sólo pueden ponerse parches para que todo continúe percibiéndose lógico, razonable e incomprensible. Acabo de escuchar la siguiente expresión: “La humanidad forma parte de una suma superior (…) Todo es suma de partes y forma parte de una suma superior…, aunque cada parte a su vez es el todo”. Evidentemente no comparto esa idea dualista y confusa de las partes que son partes y a la vez son el todo. ¡Salvo imaginariamente (el mundo del ego y de las particularidades) no hay ningún todo…, y mucho menos un todo configurado por la suma de partes! La suma de partes sólo es posible allí donde se diera por real la existencia de las partes, es decir, en el mundo de la ilusión mental. Todo lo que existe siendo algo y/o aconteciendo de alguna manera siempre será de la misma naturaleza mental que la del personaje que crea experimentar eso. ¡En efecto, aquello que siempre has estado intuyendo es cierto: toda tu existencia es pura ficción, por eso nada tiene sentido percibido así ni sirven de nada todos los sacrificios; por eso siempre estas esperando que se produzcan cambios! Paradójicamente, cuanto más consciencia de lo innecesario de las ilusiones, con más fluidez se manifiesta la vida.    Agosto-15   


218- Nada está unido a otro algo. Nadie está unido a otro alguien. Ninguna parte está unida a otra parte. Nada está separado de otra cosa. Pese a que desde la consciencia identificada con la particularidad pueda creerse y percibirse distinto, no existen dos posibilidades de ser y/o de existir que estén siendo distintas y reales a la vez. La creencia en la posibilidad de unir nace directamente de la creencia en la posibilidad de la existencia separada. No hay dos; todo consiste en el Estar Siendo constante o el fluir de nada concreto ni permanente (Nada-Uno). ¡Nada real puede unirse a otro algo real; las uniones sólo son posibles en el mundo mental de la ilusión! La expresión religiosa: “Aquello que Dios ha unido, que no lo separe el hombre…” carece de cualquier sentido, pues constituye una auténtica falacia. ¿Serán conscientes del dolor que han generado los personajes que, tomando el nombre de Dios en vano, han predicado e impuesto esas creencias en las mentes inocentes de tantas generaciones? No hay dos que puedan “unirse”, porque ni tan siquiera existe “un uno” y tampoco el uno  (un todo) que pudiera englobarlo todo. ¡Todo ser y todo acontecer concreto es ilusorio; una simple creación mental! Nada puede unirse porque nada está separado; nada está separado porque nada existe siendo algo (Nada-Uno). Los ejemplos de aquello que pertenece al mundo del ego y/o de las partes jamás servirá para comprender la insustancialidad infinita de la realidad. Ni tan siquiera puede aplicarse la teoría de que “la parte contiene al todo y el todo contiene a la parte”. ¡No hay ningún todo ni ninguna parte que sean reales!  Agosto-15  


219- Nos han enseñado a vivir creyendo (creando la percepción) en la verdad y la utilidad del miedo. Nos han enseñado a vivir creyendo (creando la percepción) que el sufrimiento es normal y necesario. Nos han enseñado a vivir creyendo (creando la percepción) que existe alguna diferencia real entre vivir huyendo del juicio de unas posibilidades negativas y el de hacerlo deseando sus opuestas positivas. Nos han enseñado a creer (crear la percepción) que es posible vivir siendo algo distinto al Estar Siendo el fluir de la vida misma. ¿A qué se deberá que nadie nos ha enseñado a creer (a crear la percepción) que vivir con miedo a la vida significa vivir con miedo al Estar Siendo del auténtico Sí Mismo? ¿No procederá el supuesto miedo a la muerte de la creencia (creación mental) en el miedo a la vida, esto es, en el miedo a la posibilidad de dejar de Estar Siendo siempre la vida misma? Nos han enseñado a vivir creyendo y/o temiendo (creando la percepción) que en la vida puede ocurrir algo que suponga dejar de Estar Siendo la vida. Pero he aquí que no siendo nadie el personaje que cree ser algo distinto al Estar Siendo la vida misma (que tiene esa percepción de sí mismo), tampoco, fuera del mundo ilusorio de esa creencia es necesario vivir con miedo ni sufriendo ni deseando quimeras.    Agosto-15 


219- La parte no contiene al todo ni el todo es la suma de las partes. Todo y partes sólo son dos creencias que tratan de complementarse, pero que carecen de cualquier validez fuera del mundo mental y/o imaginario al que pertenecen. Todo ser algo, ya sea vinculado con el microcosmos y/o con el macrocosmos, siempre  será de naturaleza ficticia; todo algo queda reducido a una percepción. El universo no es un holograma, del mismo modo que la realidad tampoco es fractal. Nada es algo, nada es uno, nada es de ninguna manera ni existe por ningún motivo; en creer lo contrario consiste todo este teatro. No existe la dualidad ni la pluralidad ni la diversidad, pues tampoco existe la unidad (uno). Salvo ilusoriamente no existe el uno (Nada-Uno). Sólo las construcciones o creaciones mentales pueden ser percibidas, interpretadas y nombradas, pero nunca el Estar Siendo Nada-Uno que facilita ese fenómeno. El pozo del devenir de la existencia humana está construido a partir de creencias absolutamente vacías que, por más que se cambien por otras creencias, jamás llegará a llenarse. Dicen que “los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios…”, pero lo que no dicen es que, por lo tanto, Dios y nosotros sólo somos seres mentales, seres creados ilusoriamente a partir de hipótesis absolutamente falaces.  Agosto-15   


220- El oxímoron: “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”. Hay muchos oxímoron; por ejemplo, “un silencio atronador”. Podría decirse que debido a la percepción dualista, fragmentada y egoísta de la realidad (la percepción humana), todo lo que se considera opuesto a otra posibilidad constituye un tipo de oxímoron psicológico. Dios y yo, yo y tú, el todo y la parte, el observador y lo observado. Otro oxímoron muy habitual en el ámbito de las mentalidades espirituales es aquel que reza que “somos uno”. Somos uno expresa un gran contrasentido  (plural + singular). No hay ningún somos, porque tampoco hay ningún uno. ¡Nada existe siendo la existencia de algo; nada es uno!  Por lo mismo, el famoso “Conócete a ti mismo” jamás podrá alcanzarse cuando ello sea interpretado como el estar siendo de algo concreto, particular, limitado… en lugar del Estar Siendo absolutamente indeterminado de todas las posibilidades. Conocerse a sí mismo significa conocer que no existe ningún Sí mismo real. Todo ser algo y/o todo acontecer algo no pasa de consistir en simples interpretaciones imaginarias respecto al Estar Siendo o fluir incesante del Sí mismo que jamás permanece siendo algo. El avance de los estudios científicos ha permitido “darse cuenta” de que no existe el tiempo. Algún día (otro oxímoron), también se comprenderá que tampoco existe el espacio, ni las formas, ni la materia, ni la energía, ni los pensamientos, ni las emociones… ni nada que alguien pudiera considerar que existe siendo eso que se percibe ni que se experimenta. Mientras tanto…    Agosto-15  


221- El oxímoron: “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”. Hay muchos oxímoron; por ejemplo, “un silencio atronador”. Podría decirse que debido a la percepción dualista, fragmentada y egoísta de la realidad (la percepción humana), todo lo que se considera opuesto a otra posibilidad constituye un tipo de oxímoron psicológico. Dios y yo, yo y tú, el todo y la parte, el observador y lo observado. Otro oxímoron muy habitual en el ámbito de las mentalidades espirituales es aquel que reza que “somos uno”. Somos uno expresa un gran contrasentido  (plural + singular). No hay ningún somos, porque tampoco hay ningún uno. ¡Nada existe siendo la existencia de algo; nada es uno!  Por lo mismo, el famoso “Conócete a ti mismo” jamás podrá alcanzarse cuando ello sea interpretado como el estar siendo de algo concreto, particular, limitado… en lugar del Estar Siendo absolutamente indeterminado de todas las posibilidades. Conocerse a sí mismo significa conocer que no existe ningún Sí mismo real. Todo ser algo y/o todo acontecer algo no pasa de consistir en simples interpretaciones imaginarias respecto al Estar Siendo o fluir incesante del Sí mismo que jamás permanece siendo algo. El avance de los estudios científicos ha permitido “darse cuenta” de que no existe el tiempo. Algún día (otro oxímoron), también se comprenderá que tampoco existe el espacio, ni las formas, ni la materia, ni la energía, ni los pensamientos, ni las emociones… ni nada que alguien pudiera considerar que existe siendo eso que se percibe ni que se experimenta. Mientras tanto…    Agosto-15  

222- A lo largo de la existencia del personaje que vivimos representando dentro del desarrollo de la fábula humana, de cuando en cuando se producen acontecimientos inesperados y decepcionantes que, percibidos o juzgados con la mentalidad de siempre y/o de costumbre, cuestan de asimilar. La buena noticia -por decirlo de algún modo- está en el hecho de que, por consistir y acontecer todo configurando la más auténtica ficción, siempre es posible recurrir a un punto de vista distinto…, otra manera de ver e interpretar esas “aparentes experiencias” de forma que permita integrarlas en el guión como algo también posible y, por lo tanto, normal. En ese sentido, cuando alguna de dichas sorpresas inesperadas empieza a molestar a este personaje, la consciencia de que todo “ser algo y/o acontecer” es ilusorio (un juego absolutamente intrascendente) y que dichas desarmonías se deben a que simplemente tales sucesos están percibiéndose desde una óptica y/o desde una mentalidad determinista, antigua, desfasada, rígida, inadecuada, egocéntrica…, entonces, queda manifestada la libertad de elegir sin más. ¡Divide, y vencerás en nada; pero también…, divide, y sufrirás por nada! No hay pensar, no hay sentir, no hay hacer, no hay acontecer, no hay experiencia ni experimentador que consista en algo distinto al Estar Siendo de todo Nada-Uno. ¡Nada real puede… ni necesita cambiarse, pues no existe nada real siendo algo; sólo las ilusiones cambian unas por otras! Mi estar siendo no es distinto a otro estar siendo porque no existe ningún Estar Siendo que consista en “un” estar siendo verdadero. He ahí que lo desconocido, visto sin juicio ni miedo, únicamente puede corresponderse con lo propio.   Agosto-15  


223- Apología de la idolatría. Ya en el Antiguo Testamento de la Biblia se hace referencia a la imposibilidad de conceptualizar y/o de humanizar la divinidad. “…No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás... (Éxodo 20:3)” Sin embargo, hoy las iglesias católicas (igual que el resto de las religiones mayoritarias), que con tanto descaro pregonan representar a Dios y a su único Hijo (¿…?), están abarrotadas de figuras, pinturas, símbolos, imágenes y todo tipo objetos de culto. ¡Como por arte de magia divina, el humilde pesebre fue transformándose en catedrales, basílicas y todo tipo de templos suntuosos… construidos con el esfuerzo de todos y libres de impuestos! Dios no puede representarse mediante ninguna forma, idea, creencia, religión, etc., porque Dios no existe consistiendo en algo concreto. Las religiones (creencias institucionalizadas) que utilizan ídolos, imágenes y otros símbolos de culto, simplemente, aunque perduren aprovechándose de ello, “en verdad no saben lo que hacen”. ¡No existe “un” Dios; pero mucho menos el Dios ni el Maestro de las religiones, de los países, de las tradiciones, de los templos, de las imágenes, de las reliquias, de las ceremonias, de los sacrificios, de las promesas y de las celebraciones de ningún tipo! La divinidad que todos los seres pueden intuir no consiste en algo distinto al Estar Siendo del Sí Mismo único e indeterminado. La consciencia identificada y/o humanizada (que se cree individual y separada) no puede resistirse a la tentación de organizar celebraciones por cualquier motivo, esto es, por cualquier discriminación. Sin embargo, fabricar figuras de oro, piedras preciosas, yeso, madera o barro (falsos ídolos) a los que adorar y chantajear (yo te ofrezco si tú me concedes) sólo sirve para auto-engañarse y continuar manteniendo vivas aquellas creencias y tradiciones que, paradójicamente, suelen ser causa inconsciente de la mayor parte de las aflicciones humanas. Acabaré esta reflexión con una pregunta retórica: ¿nadie se ha dado cuenta de que todo aquello -ya sea material, ideológico, emocional o psicológico- con lo que la mente humana pueda identificarse, automáticamente se convierte en una fuente inagotable de creaciones y de necesidades ilusorias? ¡Cuantos negocios y actividades humanas de este mundo no funcionan gracias a la identificación que producen en las mentes dormidas!  PD. ¿Cómo sería posible que alguien se diera cuenta de algo, cuando creerse un yo es el origen de todo lo demás?  Agosto-15 


224- Vivamos lo que vivamos -precisamente por la fantasía que supone creer que realmente alguien particular está viviendo algo  también particular- eso nunca estará bien ni mal fuera de las mentes que etiqueten esa ilusión. A partir de  ahí, ¿para qué continuar sujetos a la identificación con la creencia de que  exista y/o que acontezca algo que, siendo real, pudiera o necesitara cambiarse? No existiendo ni sucediendo nada real que, por lo tanto, pudiese estar bien ni mal…, ser mejor o peor, etc., ¿qué, quién y para qué podría y necesitaría ser cambiado? ¿Qué merecería el sentimiento de culpabilidad que acompaña a los juicios? Si alguien (ser imaginario) percibe diferencias, dualidad, determinismo, necesidades de cambio y/o de evolución…, “pienso que no se debe a que aquello que esté juzgándose de ese modo sea de esa manera, sino porque el supuesto autor de esos juicios, es decir, esa consciencia, se cree algo distinto a eso que juzga… se cree que es otra realidad a parte. Nada es ni está bien ni mal…,  simplemente todo consiste en Estar Siendo sin que nada esté siendo algo ni de ninguna manera. El simple intento de juzgar algo sitúa a la consciencia ante un torbellino de posibilidades, todas igual de ficticias. No hay juicios acertados y juicios erróneos, pues tampoco hay nada que pueda ser juzgado…, ni quien pueda juzgar. No es la persona la que está identificada con su cuerpo, su mente, sus ideas y sus emociones, sino la consciencia la que está identificada con esa creación suya y con todo cuanto dicha entidad crea vivir. ¿No será entonces la consciencia identificada con “un yo” el origen de las enfermedades cuyos síntomas se manifiestan en el cuerpo y la mente de ese yo identificado?     Agosto-15   


225- La existencia, es decir, el Estar Siendo nada determinado (Nada-Uno) consiste en una especie de magia. Algo que estaba percibiéndose de un modo determinado y parecía motivo de bienestar, un minuto después puede manifestarse completamente distinto; pero por el hecho de pretender verlo igual que unos instantes antes, entonces originar malestar. Es importante comprender eso, darse cuenta de ese fluir y no identificarse con absolutamente nada que no consistiera en el Estar Siendo todo a la vez, pero sin ser algo ni de ninguna manera. No se trata de aprenderse el funcionamiento de esa magia, sino de permitirse fundirse en ella hasta el extremo de que desaparezca todo cuanto creara algún tipo de resistencia. Las creencias son causa de enfermedad cuando significan apego a algo ilusorio que es tomado por real, cierto y permanente. Las creencias no deberían perdurar más del instante que dura el Estar Siendo sin rastro de tiempo, de espacio, de mente. El Estar Siendo no admite ningún grado de determinismo, esto es, la existencia de algo determinado. (Nada-Uno). Alguien está iluminado cuando se hace consciente de que no existe siendo alguien.   Agosto-15  


226- Vivir sin la necesidad del aquí y ahora. Puesto que no existe nada que pueda ser la existencia de algo determinado y separado (Nada-Uno), tampoco existe el tiempo ni el espacio; consecuentemente, ¿cómo podrían existir el aquí y ahora, percibidos como tales particularidades? Toda existencia determinada (todo algo) siempre será de naturaleza especulativa o mental. El aquí y ahora, para existir necesitaría de la mente que creara esas percepciones, sobre las que luego proyectar la creencia de que está experimentándolo. Mientras exista un aquí y ahora también será necesaria la existencia del yo que crea vivir en ese ámbito y además juzgar la manera de hacerlo. La creencia en el aquí y ahora origina identificación, pues nace de la identificación de la consciencia con el personaje ilusorio que cree en la necesidad del tiempo y del espacio. Basta con creer en la existencia de “un aquí y ahora” para que la consciencia identificada (mente) con el personaje a través del cual vive sus creaciones, también experimente la necesidad de valorarlo, culpabilizarse por ello y luego pretender cambiarlo. No hay nada que sea el presente, igual que tampoco hay el pasado, el futuro ni nada de aquello que supuestamente aconteció durante tales períodos. ¡En el universo de la mente todo es figurado! El poder del ahora procede de la creencia en el ahora. Creer en algo otorga a esa creencia un poder sobre el creyente… tan innecesario como ficticio. Sin embargo, en la consciencia del Estar Siendo Nada-Uno no existe la necesidad de que exista poder de ningún tipo. Quien no se cree alguien particular tampoco necesita creer en el aquí y ahora ni en ningún poder distinto al que emana del Estar Siendo del Sí Mismo universal. No existe el aquí y ahora ni el personaje que al creer que existe también creerá que está viviéndolo y deseará hacerlo según le marquen sus patrones y juicios. No hay dos… no hay ningún algo y también el personaje que pueda percibirlo; todo consiste en el fluir incesante del Estar Siendo de Nada-Uno. ¡Sin la creencia en el aquí y ahora el Estar Siendo todo-nada-uno continúa inalterable! El aquí y ahora es otro “objeto” que crea y utiliza la mente para  originar identificación y dependencia.  Septiembre-15


227- El ser humano no existe como tal; y ahora pienso que intuitivamente lo conoce perfectamente, de ahí que viva como lo hace, es decir, fingiendo y sin asumir la responsabilidad de las posibilidades creativas que su naturaleza ilusoria le permite. La mayor parte de las miserias humanitarias, que cada día aparecen en los noticiarios de todo el mundo, no tienen nada que ver con algo ajeno a la voluntad humana. Nosotros (consciencias identificadas y/o egocéntricas) somos la causa primordial: nosotros las creamos de ese modo, a sabiendas de que podríamos hacerlo distinto. Precisamente porque entre nuestras capacidades reconocidas se encuentran los recursos para evitarlas, sólo nuestra debería considerarse la autoría y la responsabilidad. El hecho de que todo se desarrolle en el mundo ilusorio (intrascendente) creado por la consciencia identificada, no evita que seamos responsables del guión que estamos escribiendo. Quizás vaya siendo hora de dejar de creer en la intervención de poderes divinos, karmas contraídos, reencarnaciones evolutivas y toda esa colección de literatura espiritual, porque la evidencia de los acontecimientos y la razón más elemental demuestra que constituyen una auténtica y burda excusa. Las fronteras, los nacionalismos, las religiones, las ideologías, las políticas, las clases sociales, las culturas… y todas esas formas humanas de separar y de establecer diferencias entre unos y otros (causas ancestrales de todo tipo de conflictos y calamidades) únicamente son producto de la percepción dualista, victimista, egoísta, determinista y enfermiza que hemos inventado las mentes humanas. Cierto es que aunque la mente (consciencia identificada) disponga de la posibilidad de interpretarlo todo a su antojo, no hay ni acontece ni puede vivirse nada "real" que consista en algo distinto al Estar Siendo Nada-Uno. Sin embargo, la consciencia de ello no debería emplearse con tal frivolidad que consintamos aquellos desastres que esté en nuestras posibilidades de comprensión evitar. Estando consistiendo todo sin excepción únicamente en el Estar Siendo de Nada-Uno, ciertamente puede trascenderse la mente y alcanzarse la comprensión de que nunca hay nada real que buscar, que esperar, que desear…, pero tampoco nada a lo que renunciar ni a lo que negarse. Aquello que percibamos y comprendamos que están viviéndolo otros seres, será aquello mismo que también creamos real respecto a nosotros mismos, por lo tanto, mientras la consciencia de ello perdure, esa será la siembra que algún día deberá recogerse.  Septiembre-15


228- Culpabilidad, miedo e inocencia. Aunque quizás no seamos conscientes de ello, lo cierto es que no hay juicio humano que no vaya acompañado del correspondiente sentimiento de culpabilidad. Juzgar algo (para ello basta con percibir y/o nombrar eso) supone el reconocimiento de la identificación personal con lo juzgado, por lo tanto, el apego de la consciencia a la creencia en una realidad fragmentada, separada, dualista, egoísta, victimista, agresiva (yo y lo demás). He ahí la fuente de la mayor parte de los conflictos de la humanidad: creerse algo verdaderamente distinto a sus propias percepciones. El fluir de la realidad trasciende la cotidianidad y las capacidades humanas; no puede comprenderse por la simple razón de que la realidad no consiste en nada determinado (no hay nada que sea la realidad), de ahí que el simple intento de comprenderla sitúe a la voluntad que lo intentara al margen de la realidad misma. Todos los esfuerzos de la ciencia por alcanzar la comprensión de la realidad acabarán cuando se llegue a la consciencia de que no hay nada que comprender salvo el Estar Siendo de Nada-Uno y/o de nada algo. ¡Nada es…, todo Está Siendo sin ser algo ni para algo! Unos días atrás escribí que el opuesto al amor no puede ser el miedo, sino el ego. El amor -si es que algo pudiera ser nombrado sin estar haciéndolo desde la especulación de la consciencia identificada o mente-, manifestaría la aceptación de la integración con el Estar Siendo todo-nada-uno (ausencia de dualidad, de límites, de  determinismo). Por el contrario, el ego simboliza una percepción de la realidad absolutamente dividida, identificada, enfrentada, limitada y determinada por infinitos factores supuestamente ajenos. Con los ojos del amor se percibe unicidad, igualdad, infinitud, eternidad; a través de la mirada del ego todo parece separado, diferente, limitado, carente, efímero. ¿Cuál podría ser entonces el opuesto al miedo, teniendo en cuenta que el miedo procede de aquel sentimiento primario de culpabilidad generado tras el juicio y la identificación con la individualidad personal, esto es, con el supuesto inicio de la humanidad?  Opino que- siempre dejando claro que en la consciencia del Estar Siendo todo Nada-Uno no existe ninguna posibilidad de dualismo ni de determinismo (no-dos y no-uno)- el opuesto al miedo consistiría en la ausencia absoluta de culpabilidad, y, por lo tanto, en “pura inocencia”. En la inocencia no es posible imaginar el menor rastro de culpa ni de miedo, y tampoco de necesidad de perdón; nada más auténtico e inocente que el fluir del Estar Siendo todo-nada-uno.   Septiembre-15


229- Percepción y juicio. La simple percepción de un algo ya supone la materialización de un juicio, de una identificación profunda, de una distorsión de la realidad, de un expulsarse del paraíso de la consciencia de realidad y/o de la consciencia del Estar Siendo todo-nada-uno. Percibir supone juzgar. Aquello que se percibe no consiste en un algo ni en un alguien; aquello que se percibe no es el objeto que se enjuicia, sino la materialización del juicio mismo…, una proyección mental que, por tratarse de una "mentira", inconscientemente origina culpabilidad y miedo, pues supone la manifiesta demostración de una visión separadora o egoísta (el perceptor y lo percibido). Si el Uno Mismo -que sabios de todo el mundo aconsejan conocer- consistiera en algo específico o determinado, entonces el juicio de cualquier cosa y/o cualquier juicio consistiría en el juicio al Uno Mismo. Sin embargo, puesto que “el Uno Mismo no consiste en ser…, sino en el Estar Siendo de todo-nada-uno simultáneamente”, los juicios siempre son de un alguien imaginario acerca de un algo también ilusorio. ¿Qué vemos al ponernos frente a un espejo, sino la imagen de los juicios y de las creencias con los que la consciencia está identificada? ¿Qué percibimos mientras caminamos por la calle, realizamos cualquier actividad o estamos relacionándonos con otras personas, salvo juicios, creencias y un torbellino de emociones contrapuestas? Creernos “uno” convierte la existencia de los “unos” en la percepción y la relación entre juicios, creencias y programas mentales. He ahí que todas las percepciones particulares podrían corresponderse con la materialización física, psicológica, emocional, etc., de los juicios y de las creencias a cerca de un Uno Mismo inexistente. A partir de ese fenómeno, ¿cómo no resultaría una fuente de conflictos la identificación con la creencia de que nuestras supuestas percepciones y experiencias personales se corresponden con la realidad? El término “humanidad” no sólo se refiere al conjunto que conforma la totalidad de los seres humanos, pues, evidentemente también hace referencia a la “condición humana” que nos otorgamos al percibirnos y considerarnos individualidades humanas.    Septiembre-15


230- Estos días los medios de comunicación están haciéndonos conocer la crudeza de algunas de las infinitas escenas y de los infinitos acontecimientos, que el apego a nuestra condición de seres especiales (individuales) está escribiendo en el libro de la fábula humana. Allí donde se percibe individualidad y finitud,  ¿cómo podría dejar de apreciarse muerte y sufrimiento también? En un mundo imaginario, como el creado por la mente identificada con la particularidad humana, ¿acontecería algo que antes no fuera imaginado por sus presuntos protagonistas? He ahí el motivo por el cual somos responsables de todo cuanto acaba aconteciendo en ese escenario, pues bastaría con hacerse conscientes de las consecuencias que origina la identificación con nuestra imaginación.  Septiembre-15   


231- Inmortalidad y reencarnación. Cuando digo que no existe la muerte, evidentemente no estoy refiriéndome a la desaparición de la persona y/o del personaje ficticio que cada individuo representa mientras perdura su papel en esta obra casi interminable. Por tratarse el nuestro -el de las individualidades- de un mundo ilusorio, aquí lo único que nace y que muere son precisamente las ilusiones. De una manera u otra, ¿en qué consisten las ideologías políticas de uno u otro signo, las religiones, las culturas, las costumbres sociales y el resto de los pilares fundamentales de cualquier sociedad, salvo en mantener activas las ilusiones que las originan y las sustentan… incluso anteponiendo eso al respeto de las necesidades y de los derechos básicos de una gran parte de los individuos que las integran? Creer en la autenticidad de la muerte, de las injusticias, de los buenos y de los malos, de lo perfecto y de lo imperfecto…, en definitiva, “creer en la posibilidad real y permanente de algo” es precisamente la causa de que ese supuesto algo (siempre de naturaleza imaginaria o mental) continúe perdurando y manifestándose por encima de quejas y de defensas igual de hipócritas e inútiles. Opino que la única manera de que las ilusiones vayan disolviéndose -en lugar de ir renovándose de aspecto- sólo llega a través de la toma de consciencia y/o del ir dándose cuenta de que todo acontecer surge de la fantasía, de la especulación, del miedo. La inmortalidad y la reencarnación jamás podrán ser alcanzadas por alguien que viva considerándose una particularidad, pues esa misma consideración actúa de barrera infranqueable. La inmortalidad y la reencarnación están siendo sin necesidad de sueños; pero jamás se refiere a partes separadas ni a nada que sea algo determinado. El ser humano sólo trata de conseguir un sucedáneo de sí mismo. Por decirlo de un modo que se comprenda, puesto que lo único que realmente existe y/o acontece consiste en el Estar Siendo de todo-nada-uno, tanto la inmortalidad como la reencarnación sólo son ideas humanas respecto a aquello que intuye que debe estar siendo la realidad que trasciende sus capacidades de comprensión.   Septiembre-15


232- Frases del pasado. 1. "Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad".  -Si la felicidad fuera algo, entonces tendría que serlo para alguien, con lo cual la felicidad y ese alguien, por tratarse “de posibilidades distintas”, quedarían vinculados por una infinidad de condiciones y de exigencias de obligado cumplimiento. De esa manera tan simple la felicidad queda reducida a otro concepto dualista, determinista, ficticio…, surgido de la identificación con el personaje o sujeto (el ego) que lo hace suyo. ¿A qué recuerda eso de hacer, tener, conocer… algo, porque eso me hace feliz? Cuando el ego consiste precisamente en la identificación con la creencia de “ser alguien”, ¿qué está haciéndose y reforzándose entonces cuando “ayudamos a otro” y además lo hacemos con la intención premeditada de que eso servirá para sentirnos felices? Aquello que no consista en el Estar Siendo todo-nada-uno ni existe ni se necesita fuera del ámbito ilusorio donde se interpreta como real la existencia de los egos y de sus condiciones de obligada existencia y cumplimiento.  2. "He sido un buscador y todavía lo soy, pero he dejado de preguntar a los libros y a las estrellas. Empecé a escuchar la enseñanza de mi alma". -El ego tiene una capacidad creativa absolutamente impresionante. Tal es así que en este mundo no existe nada que no sea obra suya. He sido “un” buscador… y todavía soy “un” buscador… pero ahora busco en otro sitio. Esa expresión, aparentemente tan sublime, ¿acaso no continua suponiendo la defensa de la identificación con la creencia (creación mental) de que hay “un” alguien concreto, que necesita aprender “un” algo concreto, que además se encuentra en alguna parte concreta? Las almas existen donde existe la creencia en las almas, y sólo por ese motivo. Las almas, por continuar tratándose de objetos individuales, únicamente pueden tratarse de creaciones ilusorias o creencias. La creencia no sólo crea al creyente; la creencia también crea lo creído por el creyente, de tal forma que todo lo creado y todo lo creído alguna vez sólo será una creencia también. Las creencias crean creencias y nada más que creencias; nada que exista siendo algo y/o siendo alguien dejará de consistir en una simple creencia.  Septiembre-15


233- El amor humano, igual que el resto de los sentimientos y/o de las emociones humanas -con total independencia del signo positivo o negativo que se le atribuya a cada una de ellas-, por consistir en algo determinado, que continuamente estamos nombrando e identificando de un modo específico según las circunstancias, sólo pueden ser creaciones del mismo ego que, para creerse real, necesita experimentarlas. Siempre ha sido  así; observarlo sin identificación, hacernos conscientes de ello y reconocerlo sin más, para muchas consciencias ya no debería suponer ningún escándalo y tampoco ninguna amenaza. ¡No ocurre nada, todo es natural…. y no está bien ni mal! Del mismo modo que no sería posible mayor felicidad que aquella que nada hiciera necesaria sentirla -generalmente para dejar de sentir otras emociones-, tampoco el amor sería más puro e inocente que cuando se manifestara sin que nada lo hiciera preciso ni conveniente.  Asumir conscientemente que los sentimientos humanos son una creación ilusoria del ego, únicamente existentes en el mundo y en las relaciones protagonizadas por los egos, no tiene por qué suponer ningún cataclismo. Muy al contrario, opino que esa toma de consciencia y esa aceptación desidentificada abre la puerta a la responsabilización de vivir sin excusas, sin miedos, sin condiciones, sin dependencias ficticias, sin cargas inútiles. El ego (la entidad individual e ilusoria surgida tras la identificación de la consciencia con la forma humana) acostumbra a reaccionar mediante la huida y/o mediante el ataque; sin embargo, todo discurre en la ilusión de que discurre algo.  El miedo -otra emoción del ego- suele esconder un sentimiento de culpabilidad falso porque supone la materialización de la creencia en una  separación imaginaria, porque jamás se produzco realmente.  Septiembre-15


234- ¿Amarse a sí mismo? Escuchaba una conferencia en la que, en un momento determinado el conferenciante dice aquella conocida frase: “Si no te amas a ti mismo tampoco puedes amar a los demás”. ¡Cuántas veces no habré expresado yo también eso mismo! Sin embargo, esta vez, al escucharlo de nuevo comprendí que, según  de la manera que se interpretara, aquella expresión podía tratarse de otra creencia más. Amarse a sí mismo jamás podrá consistir en amar a la persona que cada uno vive creyendo ser. Esa clase de amor no se diferencia en nada de cualquier otra manifestación del ego. Si amarse a sí mismo fuera posible -que no lo es realmente…, y ni falta que hace-, paradójicamente quizás amarse a sí mismo consistiría en “dejar de amar al sí mismo personal”. ¡Menos amar al sí mismo que cada uno crea ser, porque no existe ningún sí mismo que pueda ser identificado! Amar al sí mismo personal tampoco facilita que pueda amarse más a los demás, pues percibir a los demás como algo distinto y separado del Uno Mismo real (Estar Siendo todo-nada-uno) consiste en una de las principales manifestaciones de la identificación egocéntrica. ¿Amar a los demás? Eso sólo sería posible en la consciencia de la inexistencia de cualquier separación entre el amor y lo amado, por lo tanto, se trata de algo que verdaderamente ya está siendo siempre sin necesidad de que sea hecho por nadie ni por ningún motivo. Todo cuanto se percibe como “el ser un algo y/o un alguien” consiste en una percepción egoica, es decir, particular, diferenciada, separada, ficticia, innecesaria, intrascendente, soñada. No es necesario amarse a sí mismo ni a nada más, pues el simple intento de hacerlo ya supone experimentar la duda y la culpabilidad de encontrarse exiliado en el universo de las creencias.   Septiembre-15  


235- Ni ego ni opuestos del ego. Observando los efectos del egocentrismo sin demasiado apego ni desdén, puede apreciarse que no se trata de asumir que al personaje que vivimos interpretando (el yo identificado de cada uno) le resulte más duro vivir libre de condiciones y de dependencias, que hacerlo estando atado a unas ideas y unas creencias tan viejas y limitadas como frustrantes. Sencillamente ese individuo, por tratarse de una simple especulación y/o proyección mental, solo puede existir precisamente en el ámbito donde se dan aquellas características existenciales (las famosas condiciones humanas). Del mismo modo que el pez no puede sobrevivir fuera del agua, el ser humano -que vive considerándose tal cosa- no soportaría existir sin poder manifestar su naturaleza egoica en todos y cada uno de los aspectos (físico, psíquico, anímico, emocional…) que, como a tal entidad, le son propios. ¡Reconocerlo con la mayor naturalidad quizás no solucione nada, pero seguramente ayudará a sentirse un poco más ligeros de equipaje!  Los comportamientos humanos no son culpa del ego…, sino el ego mismo. No existe el ego del ser humano, pues simplemente ambas posibilidades -ego e individuo humano- consisten en la materialización de la misma manera rígida, limitada, anticuada y determinada de percepción, de comprensión y de relación con la Realidad. Sin embargo, en el fluir del Estar Siendo todo-nada-uno (aquello que intuimos como la Realidad única) no hay dos, no hay dualidad, no hay pluralidad, no hay diversidad; pero tampoco uno, tampoco la unión de infinitos unos o singularidades. En el fluir del Estar Siendo todo-nada-uno no hay ego; pero tampoco ninguno de sus opuestos.   Septiembre-15


236- Vivir siendo, en lugar de vivir creyendo ser; vivir siendo nada, en lugar de vivir creyéndose esto y/o lo otro. Nada hay ni acontece, que siendo algo y/o siendo de alguna manera, no consista en una simple interpretación ilusoria, una hipótesis, una suposición, una inocente especulación de la consciencia identificada. Creyendo en el amor de la manera que estamos haciéndolo ahora, esto es, creyendo que el amor consiste en algo concreto, que tiene que cumplir con unas características concretas también -el amor que nos han enseñado aquellos que a la vez admiten estar buscándolo-, ¿cómo evitar eludir la creencia en la existencia real de los sentimientos opuestos al amor… y así hasta llegar a crear e identificarse con creencias y más creencias que lleven a percibir la Realidad dividida y enfrentada entre el bien y el mal,  entre lo mejor y lo peor, entre lo perfecto y lo imperfecto, entre lo divino y lo maléfico, etc., etc., etc.? En el mundo percibido desde las creencias identificadas, no existe un color para el ego y otro color para el amor. Todo es ego porque todo es apariencia y juicio. Todos los colores son identificación egoica. No hay elección real entre ego y no ego; siempre ha sido así y no ocurre nada por reconocerlo. Allí donde habitan los seres humanos, es decir, la consciencia identificada con las formas aparentes, no hay religiones, ni sistemas políticos, ni ideologías, ni instituciones educativas, ni culturas, ni departamentos de justicia…, no hay nada cuyo jefe supremo deje de ser el ego disfrazado con diferentes aspectos. Sin embargo, trascendiendo esa manera limitada y condicionada de percepción, nada hay que sea algo ni de ninguna manera ni por ninguna necesidad real.  Septiembre-15 


237- ¿Para qué he nacido? Una vez más la mente planteando preguntas retóricas, es decir, preguntas que parten de un dar por cierto algo que, desde mi punto de vista, por el simple hecho de ser planteado, ya demuestra su naturaleza especulativa. ¿Quién quiere conocer la respuesta? Nadie, sólo es ruido mental. Intentar responder a una cuestión ilusoria puede llevarle la existencia entera a esos personajes; de echo interrogantes como ese llevan toda la supuesta historia de la humanidad sin una respuesta satisfactoria. Que alguien haya nacido “para algo” configura otra nube mental que no tiene ningún sentido fuera de la creencia de que verdaderamente puede existir algo que, por no estar consistiendo en el fluir del estar siendo todo y nada a la vez, ello fuese “un algo” real. En el Estar Siendo de todo-nada-uno y/o del estar siendo sin que nada sea jamás algo determinado, nada real nace, nada real muere y nada real está haciendo alguna cosa.   ¿En qué podría consistir la realidad, salvo en el no existir de ninguna realidad que fuera una realidad? ¡No hemos venido a sufrir; pero tampoco a perseguir quimeras! Piensa lo que quieras; haz lo que te de la gana; si no quieres no renuncies a nada que honestamente puedas permitirte, porque nada está bien ni mal, ni es mejor ni peor; siente sin añadir culpas ni represiones; pero no olvides que eres un ser ilusorio y que todo cuanto vivas desde la consciencia de “ser ese ser” será ilusorio también. ¡Nada de cuanto vivas merece identificación, pues no perdurará! Todo tendrá el valor que tú quieras creer e imaginar que tiene mientras sigas creyéndolo así, pero nunca porque realmente pueda valorarse algo auténtico. En el Estar Siendo todo-nada-uno nada puede añadirse ni restarse, por lo tanto, tampoco nada real puede ganarse ni perderse.  Septiembre-15    


238- ¡Pobre de mi! A este mundo no hemos venido a sufrir; pero tampoco por ningún otro motivo. A este mundo no hemos venido a sufrir; pero tampoco a perseguir quimeras (felicidad, amor, paz…) que, por el simple hecho de pretender alcanzarlas, ya supone estar afirmando su inexistencia fuera de la nebulosa mental, y, por lo tanto, inconscientemente también están excluyéndose del Estar Siendo del Uno Mismo real. ¡He ahí al famoso fantasma del pobre de mi! Comprender que a este mundo no hemos venido a sufrir tampoco tiene porqué significar que hubiéramos venido a ser felices, a disfrutar de algo ni a experimentar ninguna otra emoción sustitutoria de aquello que se rechaza. No hay dos, no hay dualidad, no hay opuestos; pero tampoco hay un uno, tampoco hay una unidad. No hay ni el sujeto que busca ni el objeto buscado. ¡Tan simple como darse cuenta de que para Estar Siendo todo-nada-uno no es necesario que exista alguien, y menos aún obligado a ir a algún sitio para experimentar algún algo! No hay lo bueno y también lo malo, pues salvo en la percepción fragmentada y victimista de la realidad, no hay ni el polo positivo ni el polo negativo de nada. No hay nada “real” que permanezca siendo un uno ni un algo. Excepto en el mundo ilusorio creado por la consciencia identificada (mente), no existe el ego; pero tampoco sus opuestos ni su supuestas aspiraciones. Nada real nace ni muere, por lo tanto, “si crees” que has nacido y que algún día morirás…, también deberías creer que ni tú ni ninguna de “tus” experiencias son reales. Ciertamente que a la mente identificada con una existencia particularizada le resulta casi imposible comprender y asumir que su naturaleza sea absolutamente ficticia; sin embargo, ¿qué salvo el aparente miedo a traspasar esas aparentes barreras puede ser entonces la causa de que nuestras supuestas existencias discurran de la manera que están haciéndolo… a pesar de las quejas y el sufrimiento que reconocemos sentir? Los seres humanos (seres identificados con la condición humana) vivimos rechazando aquello que consideramos malo o negativo, sin querer darnos cuenta y admitir que las consecuencias de perseguir lo que “creemos” bueno y positivo no difieren en nada de las de aquellas otras creencias.    Septiembre-15  
 

239- Fuera del mundo de las mentes no existe el ego; pero tampoco ninguno de sus opuestos ni de sus intermedios (felicidad, amor, paz). Toda forma de existencia siempre será ilusoria y pertenecerá al mundo de la ilusión (este mundo). El ego (programa mental derivado de la identificación con la creencia de “ser” un alguien) no es positivo ni negativo; pero, precisamente por el mismo motivo, tampoco son mejores ni peores el resto de los programas -aparentemente distintos- derivados de aquella identificación inicial. Si ahora mismo tuviera que decir mi opinión sobre qué habrá causado más sufrimiento en este mundo, si el rechazo a lo juzgado como perturbador y negativo o la lucha por alcanzar lo considerado sublime y positivo, pienso que la balanza estaría equilibrada. ¡Tan frustrante resultará siempre rechazar lo que nos han dicho que es malo como perseguir lo que nos han dicho que es bueno! Precisamente por “ser” algo para alguien, ello -no importa el nombre ni el juicio- sólo puede tratarse de una creencia o ilusión. ¡Aunque la mona se vista de seda…, mona se queda! Tanto el ego como el amor consisten en formas de percibir la Realidad. Con la forma de mirar egoica o victimista todo se ve diferenciado, separado, ajeno, enfrentado, especial; ilusionante, aunque transitorio. Mirando desde la perspectiva del amor o idealista todo tiende a verse unido, igual, armónico, propio; sereno, aunque infinito. Sin embargo, no debería olvidarse de que tanto el ego como el amor “son” las formas “adoptadas por un alguien” para percibir e interpretar “un algo” que, por no permanecer siendo (ser) realmente nada concreto ni de ninguna manera determinada (el fluir incesante del Estar Siendo sin más), tampoco puede percibirse ni interpretarse de ninguna forma que se corresponda con la visión de la Realidad. La historia de la humanidad describe con todo detalle las consecuencias resultantes de la práctica de vivir dividiendo el devenir de la existencia entre un aspecto positivo y otro aspecto negativo… como si fueran realidades distintas en lugar de la misma fantasía. La desidentificación con aquello que “un alguien crea” expresión del ego, puede parecer algo magnífico; sin embargo, nunca más que la desidentificación con aquellas otras etiquetas mentales “que alguien crea” opuestas al ego, es decir, menos ilusorias. ¡Así hemos montado este mundo, y, pese a que cada minuto que transcurre los resultados continúan evidenciando el error que supone, así continuamos enseñándolo y defendiéndolo!   Septiembre-15 

240- ¿Dentro de Uno Mismo? Así como si hubiera alguna felicidad real, algún amor real, alguna plenitud real, etc., ello sólo podría consistir en la ausencia de cualquier necesidad de que existiera ningún tipo de felicidad, de amor y/o de cualquier otro “sentirse alguien en un estado determinado”, -no importa si etiquetado negativo o positivo-, igualmente, de haber algún Dios esa divinidad únicamente podría consistir en la ausencia absoluta de cualquier necesidad de que existiera “un algo” que fuera Dios. ¡Nada que sea algo y/o de alguna manera para alguien, será real fuera de este mundo de ilusiones e interpretaciones mentales! En este mundo todo es posible, precisamente porque todo consiste en creaciones mentales, y, por lo tanto, en el fondo también casi todo innecesario, intrascendente, prescindible. Las condiciones, que impone la identificación con la percepción dualista, egoísta o victimista de la realidad, hacen complicado comprender que no existe ningún motivo real para huir y/o para arrepentirse de algo; pero tampoco ningún motivo para vivir buscando ni deseando nada que dejara de consistir en las creencias que van escribiendo el guión de cada personaje. Situándose al margen de ese ámbito mental -el que configura este mundo y todo cuanto aparentemente existe y acontece aquí- tampoco existe ningún “dentro ni fuera” de nada ni de nadie. La expresión: “Todo está dentro de uno mismo” no lleva a  ninguna parte, pues cuando ese “uno mismo” queda circunscrito por unos límites, constituye una fantasía o identificación mental como cualquier otra. No existe ningún “uno mismo” que pueda ser “un” uno mismo real, por lo tanto, mucho menos aquello que debiera buscarse “dentro” de ese uno mismo. Estar Siendo Uno Mismo significa no estar siendo nada ni nadie ni de ninguna manera; estar siendo uno mismo significa la imposibilidad de “ser un” uno mismo delimitado o concreto. No hay dentro y fuera porque tampoco hay ni dentro ni fuera. Dentro y fuera, exactamente igual que el resto de los conceptos,  los juicios, los pensamientos, las emociones, la divinidad, etc., que definieran un algo determinado para un alguien también determinado, pertenecen al mundo de las creaciones mentales o de las ilusiones. En el Estar Siendo todo-nada-uno no existe culpabilidad, miedo, felicidad, amor, perdón…, ni ninguna otra forma de haber y/o de acontecer, pues tampoco hay separación ni juicio.   Septiembre-15


241- La teoría del espejo mágico (1/3). Cualquier cosa que, desde la consciencia de ser un yo, yo diga y/o crea que soy (amor, dicha, paz, plenitud…,) siempre será ridícula con respecto a lo que ciertamente está siendo la Realidad, por lo tanto, siempre estaré estafándome, victimizándome. El día a día demuestra que hemos sido educados para perseguir sueños y quimeras imposibles, por innecesarios... aunque bastante rentables. La Realidad no consiste en “ser”; no existe otra realidad que el “fluir del Estar Siendo” sin limitaciones, condiciones ni identidades (todo-nada-uno). Insisto: La concepción más suprema que el ser humano -identificado con la apariencia de su forma particular- imagine respecto a su naturaleza, nunca dejaría de consistir en una minúscula migaja. Se dice que, actuando los demás y la vida como un espejo, cada uno de nosotros puede verse reflejado en las actitudes, los comportamientos, etc., de los otros y del devenir de la cotidianidad. Yo también he creído la teoría del "espejo mágico" durante bastante tiempo; pero ahora comprendo que sólo se trataba de otra creencia del yo. ¡Auto-circunscribiéndose dentro del mundo de la realidad creada por la mente -realidad ilusoria o mágica-, excepto el personaje egoico nadie más puede verse reflejado en ningún acontecer ni en otro personaje que no consista en otra manifestación del ego también! Ego también podría definirse como la percepción de la realidad como algo determinado (uno) y/o también dual (plural). En el Estar Siendo universal, no cabe la posibilidad de la existencia de algo ni de nadie determinado (de un ser o forma de ser). La teoría del espejo mágico sólo puede aplicarse al mundo de los egos, de ahí que únicamente refleje las creaciones mentales de los egos (percepción personalizada de la realidad). Aquello que pueda proyectarse y verse reflejado en un “sujeto o un objeto” siempre se corresponderá con una fantasía mental, y, por lo tanto, no propio, no real, no trascendente. Si ves proyecciones, reflejos y/o cualquier otra posibilidad de percepción particular, no dudes de que “nada de ello es tuyo” es decir, del Estar Siendo, sino que pertenecerá al ámbito del sueño, de la ilusión, del estar creyendo “ser un” algo determinado y separado del “ser de otros unos” igualmente determinados: por lo tanto, permanece tranquilo y no te culpes ni alardees de nada. (sigue)   Septiembre-15


242- La teoría del espejo mágico. (2/3)  (continúa) Únicamente un espejo mágico (irreal) puede reflejar cualidades positivas y cualidades negativas (mágicas), es decir, los juicios del ego y sólo del ego. ¡Ya sería hora de atreverse a admitir que los defectos y las virtudes, la perfección y la imperfección…, sólo existen en forma de creencias y de juicios creados por programas mentales primitivos! Sólo los egos (aquello que consiste en la identificación con la percepción fragmentada, separada, diferenciada y victimista de la realidad) pueden vivir estableciendo diferencias ilusorias y escogiendo entre unas y otras opciones como si -en esencia- realmente fueran ciertas, distintas y precisas para algo que no consista en la supervivencia  del mismo ego. En la primera parte de esta reflexión decía que, por ficticia e innecesaria, “cualquier cualidad que el yo conciba en sí mismo, será ridícula respecto la realidad”. Ahora, después de escuchar nuevamente que “¡Dios es amor!”, me gustaría extender aquella misma afirmación con respecto a la hipotética necesidad de la existencia del Dios creado por las mentes humanas. Curiosamente, por creernos entidades concretas y diferenciadas, luego a la divinidad la consideramos “la fuente inagotable” de las cualidades que, justamente para poder seguir considerándonos individualidades, egos, victimas…, también necesitamos creer que son reales y que carecemos de ellas. Dios no es amor. Dios no es paz. Dios no es sabiduría. Dios no es energía. Dios no es luz. Dios no es bondad. ¡Dios es nada; nada es Dios! Si Dios fuera algo y/o con algún atributo, entonces ya no sería Dios. Cualquier definición del ego a cerca de Dios convertiría la existencia de Dios en una creencia limitada, condicionada, egoísta, es decir, en la creencia en la existencia de Dios. Dios  es nada; si Dios fuera algo y/o tuviera alguna cualidad o atributo, entonces Dios sería ego. Cuando alguien afirmara que “Dios es amor”, y seguidamente a esa  misma persona se le preguntara en qué consiste el amor según su experiencia, ¿en qué quedaría convertido entonces Dios? ¿Sería esa la definición que se hubiera pretendido al afirmar que Dios es amor? Seguramente no, porque el ego sólo puede imaginar características que le son afines. Y exactamente igual ocurriría con el resto de las definiciones que pudieran expresarse con respecto a la divinidad: ¡que todas sin excepción, por el simple hecho de expresarlas, ya estarían refiriéndose a la percepción egoica, determinista y dualista de la realidad. Comenzando por el famoso uno mismo personal, la creencia en la existencia real de algo identificable -por divino o excelso que pareciera-, convierte a dicho sujeto y al objeto de su creencia en una sencilla e inocente fantasía. ¡Todo “ser” algo es ego! (sigue)  Septiembre-15  


243- La teoría del espejo mágico. (3/3) (continúa) Cuando simultáneamente se está siendo “todo el Estar Siendo”, sin que ello suponga que nada consista en “algo” determinado (nada-Uno), entonces ya se comprende que nada es necesario, pues ya nada falta. ¿Te has planteado alguna vez que aquello que tú vives considerando “la divinidad” ya existía antes de que tú creyeras que naciste (comienzo de la creencia en ti) y que también continuará existiendo después de que tú creas que morirás (final de la creencia en ti)? En el estar siendo del Estar Siendo todo-nada-uno nada nace ni muere, pues nada hay nunca que sea “un” algo. ¿Tan especial te crees como para ser una excepción? Vivir buscando la felicidad, el amor, la libertad, la paz, la alegría… igual que rechazando los estados emocionales opuestos a los anteriores, ¿acaso no supone estar dando por cierto (creando la ilusión) que tanto el buscador como los objetos buscados son “algos” distintos, separados, extraños entre sí, ajenos unos de los otros…, es decir, “algos ilusorios”, ya que si no fuera así tampoco necesitarían rechazarse ni buscarse, pues constituirían el mismo Estar Siendo? ¿Ves ahora en qué consiste el ego? No hay ninguna diferencia “real” entre desear bien o desear mal a otro, pues el error y la causa de todos los juicios y conflictos que puedan proceder de esas creencias están precisamente en el hecho de ver a otro (no importa de qué manera) allí donde absolutamente todo consiste unicamente en el Estar Siendo del Uno Mismo ilimitado. ¡No hay otros; pero tampoco aquello que pueda desearse ni rechazarse! Opino que no se trata de comprender que todos somos uno y de que no existe ni es necesario que exista algo que le de sentido a lo demás; unicamente se trata de darse cuenta e integrar que absolutamente nada -se perciba como se perciba, se juzgue como se juzgue y se sienta como se sienta- deja de consistir, única y exclusivamente, en el Estar Siendo todo-nada-uno. El espejo mágico no muestra la realidad, pues en la realidad (el Estar Siendo sin más) no hay espejo ni nada que pueda ser reflejado… no hay dos, no hay dualidad…, pero tampoco uno, tampoco el menor rastro de determinación o límites. ¿Comprendes ahora qué produce la creencia en el ego? Todo reflejo y todo lo reflejado será siempre de naturaleza egoica, es decir, ilusoria. El odio a los otros y el amor a los otros son dos caras de la misma falsa moneda, pues ni son reales los personajes ni son reales los sentimientos que esos personajes rechacen o persigan. ¿Somos divinidad inconsciente? No, si eso significara ser algo y/o de alguna manera…, en lugar de sólo todo el Estar Siendo nada-uno.   Septiembre-15


244-  Vivo en un país…(2). Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que la Ley se escribe igual para todos, pero donde luego también las instituciones judiciales acostumbran a interpretarla según los intereses de los poderes políticos y particulares de turno. Pese a eso, mucha gente -que se considera ilustrada- continúa afirmando que vivimos en una democracia seria y en un verdadero Estado de Derecho. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, que pertenece a un continente, de cuyo nombre tampoco me olvido, en el que “gobierna un sistema de creencias” tan egocéntrico que necesita recurrir a los eufemismos para ocultar la cantidad incesante de ciudadanos esclavos que es capaz de generar. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que durante las campañas electorales las mentes políticas todavía pregonan ofrecimientos de paz, libertad y prosperidad a quienes ven como sus posibles votantes, como si aquellas metas fueran algo ajeno a la naturaleza de quienes las desean y poder disfrutarlas dependiera del hacer o del no hacer de aquellos charlatanes que al ofrecérselas a los demás están demostrando confundirlas con sus ideas y sus ambiciones egoicas, es decir, personales. Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que todavía la enseñanza y la educación está en manos de mentes extraviadas en el laberinto de sus propias creencias; mentes ciegas que funcionan educando a los niños en base a la percepción de diferencias tales como lo bueno y lo malo, que terminan convirtiendo la neutralidad de la existencia en una lucha entre bandos de victimistas enfrentados por miles de motivos tan imaginarios como sus propios protagonistas. ¿Cuántas guerras se habrán librado y cuántas miserias estaremos ocasionado cada día en nombre de la creencia en la existencia de un Dios, de la creencia en la existencia del amor a uno mismo y a los demás, de la creencia en la existencia de la felicidad, etc.? Mientras continuemos educando -también en el seno familiar- en base a las creencias en la verdad de la diferencia, las creencias en la verdad de la desigualdad, las creencias en la verdad de las carencias, las creencias en la verdad de todo cuanto hace percibirnos como particularidades, y, por lo tanto, como extraños, mucho me temo que esta historia continuará escribiéndose a modo de drama.   Septiembre-15


245- Miedo y victimismo. Vivir creyéndose un individuo y/o un ego, por suponer la identificación y el apego inconscientes a una profundísima adulteración y desvalorización del Sí Mismo, la experiencia diaria demuestra la imposibilidad de que dichos personajes puedan evitar manifestarse sin el miedo y el victimismo que aquella creencia origina. Cuando en las reflexiones me refiero al “victimismo”, es decir, a esa característica fundamental resultante de la percepción egoica de la realidad y/o de la percepción y la comprensión de la realidad canalizada a través de la identificación con la forma de ser personal, no sólo estoy refiriéndome al clásico papel del “miedoso pobre de mi”. Tan victimista es esa actitud lastimosa como su opuesta. Tan victimista es el personaje que vive haciéndose pasar por, temeroso, débil y carente como aquel otro que se cree más dotado o superior. El mismo victimismo se manifiesta en los personajes adeptos a papeles afines al temor, el sufrimiento, la tristeza, etc., como en aquellos que acostumbran a actuar como verdugos, opresores, justicieros, vengadores y defensores de causas ajenas. Todo son diferentes formas de interpretación y/o caminos para llegar a la misma meta: conseguir de los demás egos la atención, el afecto, el protagonismo y la energía que, paradójicamente, debido a la identificación con un yo particular, estaríamos rechazando en nosotros mismos y/o creyendo todo eso verdaderamente necesario. No existe ninguna diferencia real entre un concepto y su contrario, pues son la misma fantasía percibida de diferente manera. ¡Nada que sea creído algo para alguien será real fuera de esa creencia! La naturaleza esencial de todo “ser algo” es ilusoria, de ahí que en el fondo todo algo (todo uno) y sus posibles opuestos (dualidad) son exactamente igual de ficticios e intrascendentes fuera del ámbito mental al que pertenecen. Toda búsqueda humana (la búsqueda de un algo por parte de un alguien) es tan imaginaria como lo supuestamente buscado y como el supuesto buscador; todo discurre conformando la misma fantasía de que verdaderamente discurre algo. Para estar siendo todo el Estar Siendo nada-uno y/o nada-algo, no es necesario ni posible que exista nada más; incluso la existencia de Dios, del amor, de la felicidad, de la paz interior, etc., se vuelven innecesarias. ¿Quién las precisaría y para qué? Creer en la necesidad de la existencia real de algún “ser algo concreto”, y, por lo tanto, distinto y separado del Estar Siendo nada-uno, se convierte en el apego a necesidades ficticias, es decir, frustrantes y victimistas.   Septiembre-15 


246- ¡Vivir buscando! (1/3) Todo cuanto los seres humanos creemos que existe y/o que acontece -no importa de la naturaleza que fuese-, siempre será una consecuencia de la creencia original de que existimos nosotros. La creencia en la necesidad de la existencia de Dios, del amor, de la felicidad, del sufrimiento, de la muerte, etc., la creamos nosotros mismos al creer en la veracidad de la existencia de nosotros mismos, como si fuésemos un algo específico con existencia propia y limitada. La búsqueda de la felicidad -que tanta ansiedad, frustración, explotación, abusos, discriminaciones, violencia, injusticias, negocios lucrativos, etc., genera en la sociedad de los egos-, por mucho que duela tener que aceptarlo no es otra cosa que puro ego, pues resulta de la percepción carente, miedosa y victimista del Sí Mismo. La búsqueda de la felicidad nace de la creencia egoísta en la necesidad de buscar, de encontrar y de sentir algo tan absolutamente ficticio como innecesario, por parte de aquello que no consistiera en una percepción errónea del Estar Siendo. Pero la búsqueda de la felicidad -ese poderoso motor que el ego emplea para sobrevivir como tal posibilidad- no es una manifestación menos egoica que la búsqueda del amor, ni que la búsqueda de la paz interior, ni que la búsqueda de la libertad, ni que la búsqueda de un Dios. ¡Toda búsqueda es egoísta, pues a parte de suponer la negación y/o el rechazo al Estar Siendo todo-nada-uno (el único Sí Mismo), también significa la creencia en la existencia de otras posibilidades distintas al Estar Siendo todo-nada-uno! Liberarse, soltarse, desidentificarse de la creencia en la autenticidad de los sentimientos de culpabilidad, de inferioridad, de miedo y de cualquier otro…, supone el acceso a experimentar intuiciones de una libertad, de una armonía y de una concordia hasta entonces casi imperceptibles; sin embargo, nunca más sublimes que las que siguen a la experiencia de desprenderse también de la creencia en la necesidad de sentirse felices, amados, comprendidos, etc. ¿Sentirse…, de qué depende sentirse?¡Sólo el ego cree en la particularidad de las pertenencias y de las necesidades personales, porque en creer eso consiste precisamente el ego!  (sigue)   Septiembre-15


247- ¡Vivir buscando! (2/3). Libérate de las creencias en la existencia de lo negativo; pero también de las creencias en la existencia de lo bueno o positivo. No hay ninguna diferencia real entre unas creencias u otras. Todas las creencias son la misma creencia, pues proceden de la misma raíz: el ego, el creer “ser alguien” en lugar del Estar Siendo de todo, sin que nada sea nunca un algo ni de ninguna manera. Creerse alguien (ser un algo concreto) lleva a creerse limitado, carente, necesitado, víctima, efímero…, por lo tanto, también el origen y el creador de todo aquello que luego vivirás persiguiendo y padeciendo (tanto lo positivo como lo negativo). No existe ninguna diferencia real entre lo que significa vivir rechazando algo y vivir deseando lo contrario, pues el protagonista siempre es el mismo personaje ficticio, imaginario o mental…, cuya supervivencia depende de que perduren esas creencias y esos haceres personales. No luches ni a favor ni en contra de nada, porque al hacerlo estarás declarándote diferente a los objetos de tus luchas y, por lo tanto, también estarás justificando la creencia de que “eres alguien separado o especial”; pero a la vez absolutamente dependiente y obligado a manifestarse como tal. No hagas nada para sentirte feliz ni para hacer felices a otros, no hagas nada para amar ni ser amado por los demás, no hagas nada para comprender ni sentirte comprendido; bastaría con que comprendieras y aceptaras que, por no ser tú el personaje que crees ser tú, aquello tampoco es posible ni verdaderamente necesario, pues tampoco son reales esas carencias ni obligaciones. Admite de una vez que todas las humillaciones, todas las injusticias y todos los abusos que has visto padecer en el mundo y que también tú has creído padecer por parte de la sociedad, en realidad los ha creado y permitido tú mismo al juzgarlos de ese modo. ¿Cómo podrías evitar que ello continúe igual mientras no aceptes la responsabilidad que te corresponde y dejes de percibir la realidad de esa manera tan falsa, victimista y cruel?   (Sigue)   Septiembre-15


248- ¡Vivir buscando! (3/3). Recuerdo que tiempo atrás solía afirmar: “Realmente nada hay ni acontece; todo Es”. Todavía esa expresión resuena en mi consciencia; sin embargo, ahora la escribiría con el siguiente matiz: “Nada hay ni acontece; todo parece que lo hay, que lo acontece y que lo Es”. Todo “ser” es ego (ilusión); no hay realidad posible que no consista únicamente en el “estar siendo del Estar siendo de todo-nada-uno” y/o de la ausencia absoluta de cualquier rastro de limitación, de identidad, de determinismo, de cualidades. No se trata de que no deba buscarse la felicidad en esto, en lo otro ni en lo de más allá, esto es, ni en la relación con los demás, ni en las posesiones materiales, ni en  las actividades, ni en los acontecimientos presentes o futuros. La búsqueda implica rechazo del Si Mismo. Tampoco se trata de renunciar a nada porque se crea que eso vaya a convertirse en la causa que impida sentirse felices. Si nada real puede dar la felicidad que buscas, tampoco nada real puede evitarlo. Se trata de “no buscar” la felicidad, el amor, la paz, la libertad, etc., en nada ni en nadie; se trata de, comenzando por el ilusorio e innecesario deseo de sentirse feliz, no condicionar el sentimiento de felicidad a absolutamente nada. Se trata de soltar la creencia en la felicidad, soltando primero también la creencia en ti. Paradójicamente lo único que te convierte en esclavo de la felicidad es la creencia en ti y en el resto de las creencias que surgen de ahí. No existe nada “real” que sea y/o que consista en la felicidad ni en ninguna otra emoción, sentimiento, etc. La felicidad es una utopía como cualquier otra, y tan innecesaria -fuera del torbellino mental- como todas las demás. Todo “ser algo” y/o ser de alguna manera para alguien, siempre consistirá en  una ilusión creada a partir de la misma creencia en ese personaje. Nadie “real” necesita ser feliz ni hacer felices a los demás, nadie real necesita amar ni ser amado por los otros; el único objetivo inconsciente de esas aparentes necesidades consiste en continuar manteniendo viva la creencia en ese sujeto mental que se cree real siendo eso concreto y de esa manera particular. ¡No hay dos, porque tampoco hay uno! Algunas mentes me acusan de negarlo todo, sin embargo pienso que, igual que sucede con todas las percepciones dualistas, según cómo se mire, una negación también puede estar siendo la mayor afirmación y viceversa.  Septiembre-15


249- La creencia en el ego (1/4). La idea de la posibilidad de “un” sólo ego únicamente puede surgir de la idea o de la creencia anterior en “un sólo ser”; sin embargo, no hay nada que sea “un ser”, y tampoco nada que sea el ser de un algo. He ahí de qué manera, sin la pretensión real de nadie, ni de la necesidad de la existencia de alguien real, la creencia en la existencia de “un uno” puede llegar a convertirse en la creencia de una multitud infinita de “unos y/o de algos” aparentemente reales, aunque realmente ilusorios. E igual ocurre con los opuestos, las semejanzas, las comparaciones, las afinidades, etc., de cada “uno y/o cada algo” que la mente crease: que todo surgiría de la creencia inicial en un algo verdadero. Pero antes de continuar escribiendo voy a consultar qué se entiende por creencia en la Wikipedia: “Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación”. ¡Me vale la definición; aunque incluiría dentro de la creencia misma al individuo creyente! Regresando al inicio de esta reflexión, a las mentes que creen en “un Dios”, es decir, que creen en la existencia real de “un uno y/o de un algo nombrado de ese modo” les diría que, puesto que toda creencia nace de la semilla de creencias anteriores, la creencia en el ego -de ser o de tener un ego- seguramente tendrá que admitirse que proceda de la creencia en Dios. La creencia en Dios antecede a todas las demás, por lo tanto, es el origen de todas las demás creencias. Muy posiblemente Dios sea el creador de todo, precisamente porque todo surge de la creencia en Dios.  Ahora bien, puesto que la creencia en Dios es la primera creencia y/o la creencia más profundamente arraigada en la mente humana, es decir, en la consciencia identificada con la particularidad humana, ¿de dónde procedería entonces la creencia en el Dios que termina derivando en la creencia en el ego? Desde mi percepción, la creencia en el Dios, que todos los “seres” y/o que todas las formas aparentes de Estar Siendo un algo particular afirmamos intuir…, brota del Uno Mismo universal, es decir, de la misma divinidad, pero percibida e interpretada por la mente como un Dios concreto y diferenciado de sus aparentes creaciones. ¿Por qué otra causa la intuición de la existencia y de la presencia del Estar Siendo todo-nada-uno (Dios sin identidad ni particularidad) estaría presente en todo, salvo porque consiste en el Estar Siendo de todo, aunque realmente en ese “todo” no exista nada determinado?  (sigue) Septiembre-15

250-  La creencia en el ego (2/4). He ahí que la creencia en “un” ego (un ser algo y/o un ser alguien particular) emerge de la creencia más arraigada o primera de todas: la creencia en la existencia de “un” Dios concreto. En efecto, ha llegado la hora de admitir que la existencia de “un Dios” concreto, y, por lo tanto, limitado, sólo es una creencia. Si todo comienza por el principio, ¿cuál es el principio de “absolutamente todo” para la mente, sino la existencia de “un” Dios creador de todo lo demás? ¡La creencia en un Dios convierte a ese Dios y al creyente en una misma creencia o fantasía mental! Creer en un Dios convierte a todo lo que no consistiera en el Estar Siendo indeterminado e ilimitado en “un algo” diferente y separado de la infinitud; sin embargo, para estar siendo todo el Estar Siendo no es necesaria ninguna creencia que lo sustente. ¿Quién, que no fuera alguien ilusorio, estaría creyendo en algo? ¡Sí, la creencia en el ego humano nace de la creencia humana en la necesidad de la existencia de un Dios creador! He ahí de qué manera la creencia humana en la existencia de un Dios sirve para reforzar la creencia en la existencia de un yo personal (ego) y de todo cuanto ese personaje ilusorio crea protagonizar. La existencia del ego consiste en una creencia ilusoria que a su vez procede de otra creencia ilusoria anterior. Entonces, ¿cómo soltarse de la creencia e identificación con “un yo ilusorio” sin hacerlo antes de la creencia en la existencia de un Dios concreto y creador? ¡La creencia ilusoria en la necesidad de la existencia real de un Dios supone el origen de la creencia ilusoria de la necesidad de la existencia del ego! La creencia en la existencia real del ego deja de manifiesto la creencia previa en la existencia del estar siendo de un Dios distinto al estar siendo "nada determinado ni limitado". La creencia en la existencia real del ego evidencia la necesaria existencia de otra creencia precedente, por lo tanto, la creencia que un supuesto Dios tuviera a cerca de sí mismo, pero percibiéndose como un Ente fragmentado en infinitas partes que, unidas o conectadas entre sí, conformarían su totalidad (teoría del todo y las partes). ¡Bendita ilusión! (sigue)  Septiembre-15    


251- La creencia en el ego (3/4). Incluido aquello que alguna mente pudiera considerar ilusorio (ilusorio es todo cuanto es percibido e interpretado siendo algo concreto y diferenciado del resto), en verdad absolutamente nada deja de consistir en todo el Estar Siendo de nada-uno simultáneo e instantáneo; de ahí precisamente que todos los seres (ilusorios únicamente por percibirse y creerse concretos y separados), a la vez que su aparente individualidad también experimenten en sí mismos la presencia permanente de algo que trasciende todas sus capacidades de comprensión. ¡Nadie es real siendo un algo, pero tampoco deja de consistir en el Estar Siendo de todo-nada-uno! Sin embargo, puesto que la percepción de la separación es ilusoria, ¿quienes podrían sentirse separados, salvo los seres ilusorios viviendo una existencia ilusoria también? He ahí la razón de que, siempre que te sientas “un ser” particular y separado, no deberías dudar a qué ámbito pertenecen y dónde se desarrollan todas esas experiencias. Quizás ya sea hora de comenzar a “desmitificar” la necesidad de la creencia en la necesidad de la existencia de un Dios que, entre otras capacidades estaría obligado a tener la de creer en sí mismo. ¡Salvo percibido egoicamente, no existe algo que no consista es Estar Siendo nada! La supuesta necesidad de la creencia en Dios acaba generando la supuesta necesidad de la creencia en el ego que cree en ello…, y de todo cuanto se deriva de esa falacia. La creencia en la necesidad de la existencia de Dios crea la creencia en la necesidad de la existencia del yo creyente. ¡En la consciencia del Estar Siendo todo-nada-uno las creencias en la existencia de un Dios, de un individuo y de cualquier otra posibilidad particular, simplemente no son necesarias! Para estar siendo todo el Estar Siendo nada-uno no es preciso hacer nada, pensar nada, sentir nada…, y mucho menos hacer algo especial, hacer algo con unas características determinadas, hacer algo que vaya a producir algún efecto real en alguien real. Todas las actividades, realizadas desde la consciencia de “ser” el  personaje que las practica con la intención de que cambie alguna cosa, por tratarse de algo egoico, acostumbran a esconder la voluntad inconsciente de que todo siga igual; ocultan un gran miedo a la posibilidad de dejar de ser aquello con lo que se está identificado…, un gran miedo a que el “yo uno particular” desaparezca…, un gran miedo a perder todo lo apostado a esa creencia. ¿Comprendes ahora de dónde proceden las justificaciones de esa ansiedad absolutamente imperiosa de hacer cosas, de buscar tesoros, de alcanzar metas, de cambiar el mundo, de ser mejor, de tener relaciones especiales, etc., etc., etc,?   (sigue)  Septiembre-15


252- La creencia en el ego (4/4). La creencia en Dios y la creencia en el ego humano no son creencias distintas, pues no hay creencias que, por el simple hecho de serlo, puedan ser diferentes unas de las otras. ¡He ahí que, siendo la misma creencia, en efecto el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios! Precisamente porque la ilusión resultante de la creencia inicial e inconsciente en la existencia de un Dios y/o de un poder superior y separado de su supuesta creación es también el origen del ser humano y de todas sus experiencias, ¿no procederá la percepción fragmentada e ilusoria de la realidad de la identificación con esa percepción generada a partir la creencia de que la divinidad pudiera percibirse y creer en sí misma? La fantasía de la creencia en la existencia del ego humano emerge de la fantasía de creer en la existencia de “un dios determinado” y capacitado para creer en sí mismo separado de su creación. Pero, no existiendo división ni separación reales -porque tampoco existe nada real que consista en “ser un algo concreto”-, he ahí que la ilusión de cada yo individual también estaría correspondiéndose con la identificación de un Dios ilusorio con ese yo particular e igual de ilusorio. Cuando se habla de búsqueda, de regreso a casa, de perdón, de expiación…, ¿no estará tratándose de la intención del dios creído de abandonar esa identificación o percepción limitada de sí mismo? ¿No estará tratándose todo ello del supuestamente necesario proceso de desidentificación de la consciencia? Pienso que, por constituir la misma ilusión, cuando -para justificar la veracidad de su existencia- el yo se pregunta por la existencia de su creador, de algún modo también está produciéndose el reflejo del movimiento contrario, esto es, el del creador preguntándose por su obra. Sin embargo, estando consistiendo todo siempre en el Estar Siendo todo nada-uno, se comprende que “verdaderamente no existen” ni dios ni el yo que supuestamente puedan plantearse aquellas y otras cuestiones. ¡Bendita ilusión!   Septiembre-15  


253- Ap-ego (1/2). Cuando tú mismo consistes en una ilusión, esto es, en una concretización mental y particularizada del Estar Siendo todo-nada-uno, ¿cómo no serían ilusorias también todas las percepciones, las emociones, los anhelos y las experiencias que considerases tuyas? ¿Acaso no consideras tuyas todas esas vivencias, porque de algún modo estás creándolas y/o creyéndolas tú de ese modo determinado, sin que ello tenga porqué ser así verdaderamente? El ser humano vive apegado a la creencia que tiene de sí mismo (ego), por lo tanto, también al resto de las creencias derivadas de la necesidad de mantener vivo y/o de justificar ese gigantesco victimario. Comenzando siempre por el uno mismo personal, todo “ser algo para alguien” es ilusorio, pues consiste en la creencia con la que se está identificado y, por lo tanto, también íntimamente apegado. Las personas, que por el simple hecho de considerarse tales, viven en la creencia, la identificación y el apego a esa concepción particular o egoica del Sí Mismo, ¿cómo podrían evitar que “su existencia” discurra configurando un mundo de creencias, identificaciones y apegos…, mientras no cambiaran dicha auto-consideración? Las personas no son algo distinto a sus circunstancias, pues ambas proposiciones conforman exactamente la recreación de la misma fantasía. Paradójicamente, mientras que casi todas las personas estarían dispuestas a admitir los efectos negativos, que el apego supone en el desarrollo cotidiano de sus vidas, ¿cuantas aceptarían estar viviendo fuertemente apegadas a la creencia en la necesidad de la existencia de la felicidad, apegadas a la creencia en la necesidad de la existencia del amor, apegadas a la creencia en la necesidad de la existencia de la paz y de la libertad y de la justicia, apegadas a la creencia en la necesidad de la existencia de un Dios y/o de “un algo” Todopoderoso? ¿Acaso unos apegos son buenos y otros apegos malos? Fuera de las maquinaciones mentales no hay ni la existencia ni la necesidad de la existencia de ningún algo que no consistiera en una creencia. ¡Todo ser algo/alguien es ilusorio, por lo tanto, pese al miedo que aparentemente produzca aceptarlo, también son realidades ilusorias el apego y el personaje que crea experimentarlo! (sigue) Septiembre-15


254- Ap-ego (2/2)  Estaba en medio de una conversación cuando surge la recurrente idea de que “todo tiene un por qué y un para qué…, esto es, que todo sucede por algo y para algo… y que de todo podemos aprender alguna cosa”. Automáticamente emerge en mi consciencia la convicción de que estaba ante otro viejo tópico, otro antiguo recurso, otra huida, otro ataque, otra duda, otra rancia excusa del ego. ¿Por qué en el fluir incesante y absolutamente indeterminado de la vida, sería necesario que acontecieran algos concretos (sólo son juicios) que tengan que ser y/o que suceder “por” otros algos concretos (también juicios) y “para que” le sirva de algo concreto a otros algos concretos (más juicios)? ¿Por qué esa necesidad de juzgarlo y de mantenerlo todo controlado, cuando la experiencia demuestra que esas prácticas terminan siempre en el más rotundo fracaso? Quizás vaya siendo hora de comenzar a diferenciar cuándo estamos refiriéndonos a la Realidad del Sí Mismo y cuando a la realidad del personaje que se cree alguien viviendo una vida y unas experiencias que considera autenticas y suyas. La existencia de los algos y de la necesidad de la existencia de sus “por qués” y de sus “para qués” sólo es posible en el universo de las creencias, de las identificaciones y de los apegos a la percepción egoica, culpabilizante y victimista de la realidad. No hay ningún algo que no consista en una creencia de otro algo creído anteriormente; por eso tampoco hay creencia que no manifieste un profundo y personal apego. Allí donde se perciba una creencia no puede faltar el ego ni el apego. ¿Cuántas miserias humanas (causadas por los seres humanos) no procederán del apego a “la creencia en la necesidad de la existencia” de la felicidad, del amor, de Dios y de tantas creaciones mentales más? ¡Crear la falacia de la necesidad de algo, sólo sirve para justificar la falacia de la existencia del creyente! Las creencias, creencias son; igual de creencia es la creencia en el sujeto creyente como la creencia en los objetos creídos…, por muy sagrados que quieran considerarse. Quizás hasta ahora en muchas consciencias las creencias y los apegos a la necesidad de la existencia de algo que fuera Dios, de algo que fuera la felicidad, de algo que fuera el amor, etc., hayan servido para calmar los miedos a no tener con qué llenar el vacío que genera la percepción egoica de la realidad; sin embargo, tantas desilusiones están sirviendo para que algunas consciencias comprendan que la existencia de aquello únicamente era “ilusoriamente necesaria”: un victimario ilimitado. Sólo la creencia y el apego a la existencia de las ilusiones produce vacío…, más nunca el Estar Siendo desprovisto de cualquier atributo, juicio y/o determinismo. En la consciencia del Estar Siendo todo-nada-uno, nada falta ni es necesario, pues tampoco nada consiste en algo distinto al Estar Siendo sin rastro de determinación.   Septiembre-15   


255- ¡Ser y creer! Convéncete de que no es posible dejar de sufrir ni de perseguir dulces quimeras mientras continúes creyendo en la existencia real de eso mismo; convéncete de que no es posible dejar de sufrir ni de perseguir dulces quimeras sin antes dejar de creer en la “existencia no-ilusoria” de ti mismo, de Dios, de todo cuanto amas y de cualquier otra cosa que puedas creer verdadera y necesaria para Estar Siendo sin más. Al creer en algo no sólo se está creando la ilusión de ese algo y de las consecuencias limitadoras de esa creencia; al creer en algo también se está creando la ilusión de la existencia encarcelada del creyente: la ilusión de que realmente hay alguien creyendo algo. Deja de creer que necesitas “ser y creer” en algo y/o en alguien, porque salvo ilusoriamente no es así y precisamente esas creencias (innecesarias para estar existiendo plenamente) no dejan percibir la neutralidad y la inocencia de que no hay nada que creer, y tampoco nadie real que pueda ni que precise creer en algo. Igual que el “ser” de cualquier algo depende de la creencia en ese algo, así también sucede con el amor, la felicidad, la libertad, etc., que sueña la mente humana. La creencia en la necesidad de la existencia real de un algo -no importa de qué se trate- oculta la innecesariedad de cualquier creencia. Las creencias, por ser de naturaleza ilusoria, sólo crean ilusiones también; pero nunca realidad. La creencia en la necesidad de la existencia del amor, de la felicidad, de una divinidad, de un futuro, etc., convierte a los objetos de esa creencia en una percepción del Estar Siendo tan egoica, carente, frustrante y victimista como cualquier otra. La creencia en algo convierte a ese algo en ego (ilusión), por lo tanto, en una forma inconsciente de rechazo a la indeterminación absoluta (no estar siendo nada concreto nunca) de la Realidad. He ahí que la creencia en el amor (igual que las demás creencias incluida la creencia en el yo personal) transforma al amor en  materia prima, en mercancía, en otro negocio, en un objeto de chantaje, en un instrumento de poder, en un símbolo de culto y de superstición, en una causa de sacrificio, en la joya preciosa que hay que proteger y defender a muerte de otras percepciones. ¿Qué puede cambiarse, cuando se parte de la creencia en un personaje que cree que hay algo que realmente pueda y necesite ser cambiado por alguien y para algo? ¡Sólo una ilusión puede ser cambiada por otra y/o por la misma vista de otro modo!  Septiembre-15


256- ¡Ni…, ni…,! No hay un ser y un no-ser. No hay un yo real y un yo irreal. No hay un yo con ego y un yo sin ego. No hay un yo bueno y un yo malo. No hay un yo mejor y un yo peor. No hay un ángel que habla en una oreja y un demonio que habla en la otra. Sencillamente, salvo en forma de creencia, no hay ni una opción ni la otra. No hay dos, no hay dualidad; pero porque tampoco hay uno, ni unidad, ni todo uno. El Sí Mismo no es ningún yo, pues no hay ningún sí mismo que consista en estar siendo un algo ni un alguien. ¿Hacemos lo que hacemos y de la manera que lo hacemos para seguir creyendo lo que creemos y de la manera que lo creemos…, comenzando siempre por la creencia en nosotros mismos? Mucho me temo que teniendo en cuenta la ley de causa y efecto (ley que, como todas las demás leyes conocidas, únicamente puede aplicarse al mundo de la percepción egoica de la realidad), debería decirse que sí, ya que,  como está sobradamente demostrado, la mayor parte de los actos humanos acostumbran a producirse como consecuencia de la creencia previa en ellos, esto es, de la creencia de que realmente son posibles y reales percibidos y juzgados de esa manera determinada. ¡Todo ser algo para alguien es aparente, todo ser algo para alguien es ilusorio, todo ser algo para alguien es ego, todo algo y todo alguien es fantasía! La creencia en la evolución humana discurre en la apariencia, en la ilusión, en la percepción y la comprensión egoica (concreta, determinada, finita…) de la Realidad. Actuar desde el miedo o desde el amor no cambiaría nada…, porque en todo caso estaría actuándose desde las creencias y desde la identificación de un personaje ilusorio, que sólo existe en un mundo ilusorio también. No hay ninguna ley espiritual, pues no hay ningún tipo de determinismo (uno). Los egos (creerse alguien), que juegan a  interpretar el papel de considerarse malos e imperfectos afirman que quieren ser mejores: pero, ¿mejores qué? Somos la creencia de que somos la existencia de algo; sin embargo, también la consciencia de que no existe nada distinto al Estar Siendo todo-nada-uno. En tanto que creyéndonos “ser un alguien particular” somos una creencia; sin embargo, en tanto que no creyéndose ni sintiéndose nada ni nadie, entonces somos el Estar Siendo de todo a la vez, es decir, de nada que sea "uno, ni de ninguna manera”.   Septiembre-15


257- ¿A qué enemigos perdonar y cuántas veces? La mente (consciencia identificada) cree que es posible y necesario perdonarse a uno mismo y al otro, porque además de creer en la existencia del yo, y, por extensión, en la existencia del otro, también cree en la culpabilidad y en el miedo derivado de aquella idea. ¿Dónde están los enemigos, que antes no hayan sido ilusoriamente creados por la supuesta víctima? ¿Y si todo ese mecanismo, que desde tan lejos viene considerándose real, no fuese cierto más allá de la creación ilusoria de la mente a modo de justificación del personaje que cree existir individualmente? Precisamente porque nadie existe siendo “un ser separado”, tampoco nadie puede perdonar ni necesita ser perdonado por otro ni por nada. He ahí que el mensaje de “perdonar a nuestros enemigos”, y también el perdón de nuestras supuestas deudas ““quizás debería interpretarse como la invitación a borrar la creencia en las ilusiones ocultas tras el supuesto de la individualidad y de la culpabilidad””. ¡Borra tus creencias en la culpa y en el perdón, porque todo eso, y también el mundo en el que supuestamente ocurre todo eso, estás creándolo tú mismo con sólo considerarte un ser particular a la vez que real! Tan egoísta, victimista y falaz resulta la creencia en la culpabilidad propia como en la de los demás, pues todo discurre en el ámbito de las creencias y/o de las creaciones mentales. Todo lo humano surge de la identificación con la posibilidad humana, de ahí que, si el perdón pudiera consistir en algo, el perdón únicamente podría consistir en la renuncia a cualquier posibilidad de identidad determinada. Allí donde no hay identidad, tampoco hay nada que perdonar ni nadie que verdaderamente necesite del perdón: no hay culpa, no hay enemigos, no hay miedo, no hay castigo, no hay deuda, no hay juicio, no hay nada que se crea que hay… y tampoco necesidad de nada que se creyera necesario que lo hubiera. El sentimiento de culpa, y, por lo tanto, de miedo y de necesidad de perdón, emerge directamente del sentimiento de identidad y/o de “ser” un algo creado con algún fin. Sin embargo, no siendo real ninguna identidad ni limitación, todo cuanto se crea vivir y/o experimentar desde una identidad concreta o limitada, por fuerza será ilusorio y finito también. La culpabilidad y la necesidad de perdón son creaciones mentales tan ilusorias como el personaje que, al creer en ello también estará creándolo en su cárcel o mundo (identidad) de fantasía. ¿De qué otro modo puede perdonarse a los enemigos -no siete veces ni setenta veces siete veces-, sino dejando de percibir la realidad de ese modo fragmentado, egocéntrico, culpabilizador y victimista…, esto es, dejando de crearlos y/o dejando de creer en la autenticidad de esa ilusión? ¡Bastaría con darse cuenta!  Septiembre-15


258- ¿Los  atributos de Dios? (1/3) Creer en la existencia real del dios que diferencia y separa entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno, entre la culpa y el perdón…, sólo tiene un nombre: ¡egoísmo! Creer en la existencia real del dios que ofrece felicidad, amor, paz, libertad, protección, etc., a quienes le fueran siervos fieles y obedientes, sólo tiene un nombre: ¡egoísmo! ¿Qué clase de dios seria ese dios, si es que dios pudiera ser algo distinto a una creencia humana, y, consecuentemente, no ser una creación mental egoica, victimista, culpabilizante, cruel e ilusoria? Creer en la existencia real del dios que dicen representar y conocer las religiones, que subvencionan los gobiernos y los poderes económicos, que enseñan a los niños en los colegios, que procesionan por las calles, que atiende -o ignora- las súplicas de unos y de otros, etc., etc., sólo tiene un nombre: ¡egoísmo! No hay creencia humana que deje de consistir en una manifestación categórica del egoísmo (manera ilusoria de percibir y de comprender la realidad) en su versión humana; y la creencia en dios no es ninguna excepción. Dudo mucho que pudiera imaginarse la existencia de un dios más egoísta y cruel que aquel que naciera de la falsa necesidad de una creencia humana. Pero, ¿para quién podría ser de ese modo el dios creado con esa creencia, salvo para las mentalidades que, al creer en ello, también estuvieran tratando de ocultar aquella otra gran característica de las creencias humanas: el miedo a no existir realmente?  No hay ningún algo primero, verdadero y divino de lo que surjan las creencias, pues, por ilusorias, unas creencias surgen de las otras por el simple hecho de considerarse ciertas. Va siendo hora de admitir que la creencia en la existencia de un dios creador y todopoderoso ha sido la causa de actos humanos de todo tipo; pero también que ahora, por comprenderse que se trata de una simple creencia, que nada tiene que ver con “el fluir de la realidad”, ya origina más perturbaciones y conflictos de los que consigue evitar. Los atributos de dios, por supremos que fueran, sólo por el hecho de “ser” algo para alguien, reducirían a esa divinidad hasta límites humanos; los atributos o cualidades son juicios propios de la percepción egoica, por eso mismo, inimaginables en el Estar Siendo todo-nada-uno. Incluso el dios más Supremo, al consistir en “un algo para un alguien”, que supuestamente estuviera creyéndolo, definiéndolo y nombrándolo, únicamente podría corresponderse con una creación mental limitada, egoísta, culpabilizante y victimista.  (sigue)  PD. Hoy mismo un portero de fútbol comentaba que ayer paró un penalty con la ayuda de dios; pero -igual que estamos haciendo todos continuamente- dice eso sin darse cuenta de que su expresión esconde un profundo sentimiento de egoísmo.   Septiembre-15


259- ¿Los  atributos de Dios? (2/3) ¿Es bueno creer en la existencia de un dios supremo y todopoderoso? No. ¿Es malo creer en la existencia de un dios creador del universo? No. La creencia en la existencia de un dios supremo, todopoderoso y creador del universo no es  bueno ni malo; pero, por ilusoria, tampoco necesaria. ¿Para quién en particular lo sería y por qué motivo? Creer o no creer en la existencia de un dios supremo no evita que todo continúe consistiendo en el estar siendo del Estar Siendo de todo-nada-uno. Nada es algo, ni por algo, ni para algo…, por lo tanto, ¿qué, que ello no consista en una percepción ilusoria y/o egoica, puede ser temido por alguien real, de qué puede carecer alguien real, qué precisa ser logrado por alguien real? ¡Solo lo ilusorio puede acontecer en el mundo ilusorio! Las creencias no cambian el incesante discurrir de la Realidad y/o de la Unicidad indeterminada, pues únicamente consisten en una percepción particular, egoísta, temerosa, interesada, transitoria, discriminada, lucrativa…, acerca del Estar Siendo universal. La creencia en la “existencia real de un dios” esconde el miedo del ego (ilusión de creerse alguien) a aceptar la responsabilidad derivada de la innecesariedad de la existencia de un supuesto creador determinado y omnipresente, pues ello convertiría a cada personaje en el único autor y responsable de sus experiencias. La creencia en la existencia de un dios sólo es necesaria -a modo de excusa victimista y de eterna justificación- para el ego surgido de la creencia en un creador desconocido, misterioso, dogmático, idolatrado. Compréndase de qué manera, para sustentarse, y a modo de victimario perfecto, la creencia en un yo personal necesita a toda costa de la creencia en un dios creador, amoroso y justiciero, con la que poder justificar tanto la autenticidad de nuestra existencia como la causa fundamental (ignorancia e imperfección) de todas y cada una de nuestras reacciones, emociones, actos y vivencias. Por el simple hecho de existir siendo algo específico -incluido dios-, ese algo denota limitaciones, carencias, finitud y necesidad de evolución, es decir, curiosamente las mismas características que el creyente en ello tendría asumidas respecto a sí mismo. A medida que la creencia en la necesidad de la existencia de un creador va perdiendo apariencia de realidad, también va desvaneciéndose la intensidad de la creencia en la necesidad de la existencia del creyente que fuera creado con algún fin. Una consecuencia de ello es el abrazo fraternal con el maravilloso fenómeno que supone vivir fluyendo en la incertidumbre mas absoluta con la total convicción de que nunca hay nada real que temer ni que desear porque, entre otros motivos, tampoco hay nadie real que pudiera temer ni desear algo.  PD. ¿Qué clase de dios sería aquel al que alguien debiera temer por algún motivo? Efectivamente: el dios egoísmo humano.   Septiembre-15 


260- ¿Los  atributos de Dios? (3/3) La creencia en la existencia no-ilusoria del ser humano, y de todo cuanto éste personaje cree vivir (surgida a su vez de la creencia en la existencia de un supuesto creador divino), para mantenerse activa necesita de un incesante y agotador refuerzo del resto de las creencias que sirvan para aportarle sensación de realismo, de confianza, de control, de dominio, de poder, de transcendencia. ¿Comprendes ahora la razón de la frenética actividad de la mente humana? Lógicamente, dentro de ese ámbito mental e ilusorio, el simple intento de aceptar la absoluta y maravillosa incertidumbre en que consiste el estar fluyendo del Estar Siendo todo simultáneamente, -pero sin la menor necesidad de que nada sea uno y/o sin que nada sea algo/alguien determinado-, al principio originará sensaciones de negación, rechazo, ansiedad, culpabilidad, miedo. Sin embargo, pese a todo ello, sólo por el hecho de que alguien pueda creer en la existencia concreta de un dios que no consistiera en expresión de absoluta incertidumbre e indeterminación, tanto la existencia del creyente como la de esa divinidad y de sus supuestos atributos únicamente pueden ser imágenes ilusorias. Llevo tiempo escribiendo que, para estar siendo el Estar Siendo de todo (incertidumbre absoluta), sin que verdaderamente ello tenga que suponer ser algo determinado ni limitado, “no necesitamos creer en dios, no necesitamos creer en nuestro yo, y tampoco necesitamos creer en todo cuanto desde nuestra hipotética existencia individual llevamos miles de años considerando trascendente e imprescindible: la vida, los demás, el amor, la felicidad, la paz, la libertad. ¿Consistirá la fe capaz de mover montañas en aceptar que para Estar Siendo todo-nada-determinado (incertidumbre), “salvo ilusoriamente” nadie necesite creer en la existencia de algo ni de alguien? ¿Acaso la incertidumbre no convierte a todas posibilidades en algo incierto? ¡Sólo necesita creer quien, precisamente por creerse real, tampoco puede evitar las dudas que ello origina! La necesidad de creer en la necesidad real de la existencia real del sí mismo personal, y también de ésto y de lo demás allá, sólo existe en la fantasía que supone la creencia en la existencia auténtica de algún grado de limitación o determinismo (sin incertidumbre). ¡Las creencias, la necesidad de creer y el creyente son ilusiones mentales; en el Estar Siendo nada-uno no existe ni ésto ni aquello…, no existe ni el existir!  PD. Señores que se creen representantes de dios en este mundo, si de verdad se consideran ustedes pastores y servidores útiles del pueblo, hagan el favor de dejar de ver a sus semejantes como pobres ovejas descarriadas y márchense al campo a cuidar auténticas ovejas, cabras y vacas; dejen de una vez por todas de tomar el nombre de dios en vano, de blasfemar, de mentir, de alimentar la creencia en la veracidad del miedo, de la felicidad, del amor, de la culpa, del perdón, de la superstición y de todo cuanto no son nada más que creaciones mentales a partir de una percepción pobre, victimista y egoica de la realidad. Demuestren que el amor del que tanto hablan no consiste en una pantomima publicitaria y dejen de creerse con la potestad de decidir cómo deben vivir y de cómo deben morir el resto de los hijos su dios celestial. Por favor, dejen ya de querer unir aquello que sólo por existir no puede estar desunido, dejen ya de querer bendecir aquello que sólo por existir no necesita de ninguna bendición, dejen ya de perdonar culpas que sólo existen en sus mentes y permitan que los muertos (los que creen en la muerte) entierren tranquilamente a sus muertos. ¡Por favor dejen ya de creerse y de actuar como si verdaderamente fueran algo distinto y separado a la divinidad que está siéndolo todo sin excepción! Septiembre-15


261- ¿Yo? Nada real tiene un principio ni un final. No existe ni acontece nada que consista en “ser” real. Real, equivale a no ser algo concreto; sólo estar siendo nada determinado se parece a estar siendo realidad. Nada real nace, existe y luego muere. Nada real ha sido creado nunca, por eso mismo tampoco nunca ha existido ningún creador real de algo real. No hay un creador real, consecuentemente, tampoco hay una creación real. Todo creador y toda creación son ilusorios; todo creador y toda creación sólo son posibles en la ilusión de que no son ilusorios. No habiendo ningún creador real y tampoco ninguna creación real, he ahí entonces que tampoco yo ni mis semejantes podemos ser personajes reales existiendo como tales en un mundo real. Todo ser, todo acontecer y todo existir delimitado sólo puede ser de naturaleza ilusoria, hipotética, imaginaria, especulativa, mental, no-cierta…, simples supuestos. ¡Aquello que no consista en absoluta  incertidumbre sólo puede ser incierto y/o no-cierto! Mientras yo viva considerándome un yo, ni yo ni nada de cuanto yo pueda vivir podrá ser real fuera de ese conglomerado de creencias. Si el ser humano dispone de la capacidad de percibir, juzgar, catalogar, escoger, decidir, modificar, rectificar, imaginar, crear, destruir, etc., aquello que considera que es real, se debe precisamente a su naturaleza absolutamente ficticia. Por lo mismo, luego, el hecho de que su existencia discurra de la manera que supuestamente está haciéndolo, y no de otra distinta a pesar de “pensar y de decir” que lo desea y también de tener la capacidad para lograrlo, demuestra la absoluta inconsciencia respecto a sí mismo en la que vive atrapado. La inmensa mayoría de los acontecimientos que, egoísta, victimista e hipócritamente la humanidad manifiesta aborrecer, detestar y desear evitar (guerras, enfermedades, hambrunas, esclavitud, enseñanzas dogmáticas, injusticia social y todo tipo de miserias y/o calamidades) no se deben al funcionamiento ni a la dogmática e interesada influencia de poderes superiores o ajenos, sino precisamente al miedo a aceptar la responsabilidad derivada de la absoluta inexistencia de aquello; dicho de otro modo, de la negativa a asumir los “poderes creativos” que le confiere “ser” el autor y el protagonista principal -semejante a un dios- en el juego virtual de las creencias. ¡La partida está servida: hagan juego señores!    Septiembre-15 

262- ¡Existencia identificada! Esta mañana una amiga ha escrito una reflexión relatando la experiencia de haberse encontrado con una persona que estaba llorando debido a las dolorosas circunstancias que están produciéndose en su vida familiar y personal. Luego, textualmente otra amistad me confiesa que “está decaída”. Estar desanimado, estar deprimido, estar triste, estar sufriendo, estar infeliz, estar ansioso. Cada día decimos y escuchamos decir miles de expresiones como esas; pero, ¿significa esto que, por muy real que le parezca a quienes se encuentran en ese estado, eso que viven de esa manera concreta sea del todo cierto, o quizás simplemente se trata de la manifestación y/o del efecto de estar viviendo una existencia identificada con las creencias que hacen que nosotros mismos y nuestras experiencias tengan esa apariencia? Puesto que yo sólo soy la creencia de que soy alguien, en verdad al estar siendo -sin identidad- no puede ocurrirle ni dejar de ocurrirle nada; al vivir creyéndome un yo, todo cuanto viva sólo será en la creencia de que le ocurre algo al personaje que yo creo ser… y a todo aquello que orgullosamente considero mio. Por lo mismo, en la vida real (no mental y/o personalizada) tampoco nunca puede alcanzarse ni perderse nada (amor, felicidad, paz, libertad…); unicamente se vive en la creencia de que eso ocurre verdaderamente y que también está ocurriéndole a alguien real. La creencia en el ego (percepción personalizada, limitada y condicionada de la realidad) brota de la creencia previa en un creador supremo; sin embargo, fuera del universo de percepciones y de apariencias, que originan y/o que crean las creencias, lo cierto es que no existe ni el creador ni el ego ni las experiencias de ningún ego. Más tarde, otra amistad escribía: “La felicidad no existe (...), pero con qué poco se puede hacer feliz a una persona”. En efecto -le respondí- “La felicidad no existe…, lo que existe es la creencia en la persona, en la felicidad y en la necesidad de la felicidad”. Sólo creyéndose uno mismo una persona es fácil y posible hacer creerse felices a los que también se perciben de ese modo, pues entonces basta con reforzar esas y otras creencias mediante regalos, promesas, halagos, cuidados, etc. Sólo siendo uno mismo la creencia de que es una persona -un ser separado o especial- puede alimentarse la creencia en la felicidad y en la necesidad de la felicidad de una manera tan fácil como sería la de añadir leña al fuego para que éste no se apague. ¿Precisaría algo la consciencia desidentificada de la creencia en el yo particular, concreto, carente y/o egoico? Los seres humanos, por creer en nosotros mismos siendo esas individualidades, únicamente podemos consistir y existir en esa creencia y en todas las creencias que, para mantener vivo ese fuego, surgen de la primera. Creer en un sí mismo personal nos convierte en una creencia que, por lo tanto,  únicamente puede desarrollarse y experimentar aquello que sea de su misma naturaleza ilusoria y/o que de un modo u otro también consista en creaciones mentales respecto a sí mismo. Nadie es feliz ni necesita ser feliz fuera de la creencia en sí mismo y de la creencia en todo cuanto cree que experimenta y que son los demás y las experiencias de los demás; sin embargo, pese a lo efímero y lo frustrante de ello, el fluir del Estar Siendo todo-nada-uno jamás se detiene.  ¡Algún día se comprenderá que para pretender hacer felices a los demás primero hay que verlos siendo seres distintos, separados, carentes, discriminados por la vida… cosa que recuerda bastante la manera de vivir en el mundo del ego y el proceder propio del egoísmo!  Septiembre-15


263- Jugar a ser dioses. La creencia en el ser humano (ser ilusorio) por haber surgido de la creencia previa en un creador (también ilusorio), nos convierte en seres creídos (creados de una creencia) que, por lo tanto, auto-concebidos como tales, únicamente existimos en el universo de las ilusiones. Como seres ilusorios que somos, las personas podemos permitirnos el lujo de tener todos los sueños y todas las ilusiones que nos vengan de gusto; pero si no queremos que ello termine causándonos una serie interminable de conflictos, de ansiedades y de profundo malestar, tampoco deberíamos olvidar que todas y cada una de nuestras experiencias siempre serán ficticias, efímeras, condicionadas y que estarán discurriendo en el mundo imaginario (individual y colectivo) originado por cada uno de nosotros a partir de nuestra propia percepción particular, diferenciada y separada de la Unicidad. Pretender jugar a dioses y tomarnos el fluir de la existencia -que sin ser nada determinado posibilita esa especie de sueño- como algo personal, suele causar bastantes frustraciones, pues acostumbra a demostrar que las ilusiones y las desilusiones no son creencias distintas. La identificación con el famoso ego humano (la persona que creemos ser), y todo cuanto configura su aparente existencia, por tratarse de una entidad casi absolutamente inconsciente e imaginaria, se traduce en una percepción ilusoria (fragmentada, determinada, finita, separada, dual, enfrentada, intencionada, objetivada…) del Estar Siendo todo-nada-uno y/o del Sí Mismo universal. El ego (fenómeno de percibirse y creerse una entidad particular y diferenciada) nace a su vez de la creencia de que, para que su existencia sea verdadera, necesariamente tiene que existir “otro algo creador” que sea “la Divinidad, la Realidad y/o un Poder Absoluto”; pero además precisa de creer que esa “existencia necesaria” tenga que “ser y/o ajustarse” a unos patrones concretos. ¿Acaso no es justamente así -con características y cualidades concretas- como nos vemos a nosotros mismos en las creencias que tenemos asumidas a cerca de nosotros mismos? ¡Nada existe separado ni diferenciado, pues nada existe siendo “un estar siendo determinado”! A partir de ahí, una reacción muy habitual y humana sería la de plantearse: ¿esa manera de auto-percepción, fundamentalmente egoica, limitada, culpabilizante y victimista de la existencia, es buena…, y consecuentemente no hay que hacer nada para cambiarla, o es negativa…, y debería lucharse para transformarla? La percepción humanizada de la Realidad y/o del Sí mismo sin identificación, no es ni buena ni mala… (nada es bueno ni malo) sencillamente es ilusoria, por lo tanto, excepto asumir la consciencia de esa fantasía, tampoco hay que hacer ni que dejar de hacer algo con respecto a eso, pues cualquier hacer o dejar de hacer, cualquier pensar o dejar de pensar, cualquier sentir o dejar de sentir por parte de alguien siempre continuaría siendo pura ilusión y discurriendo en la ilusión más pura.   Septiembre-15


264- ¡Bendita incertidumbre! La intención que tenga un ego de perdonarse, ¿acaso no es la manera más eficaz de no llegar a perdonarse nunca, es decir, de no alcanzar a admitir que no hay absolutamente nada de lo que alguien real tenga que perdonarse…, y tampoco nadie real que necesite ser perdonado por alguna culpa real? La creencia en nuestros miedos, culpas, deseos, recuerdos, pensamientos, sentimientos, actos, experiencias…, esto es, de todo cuanto podamos considerar que configura nuestra existencia humana, siempre procederá de la creencia original que cada uno tenga respecto a la naturaleza de sí mismo y/o de la realidad. No es razonable (ni posible) escoger vivir en creencia de ser un ser humano viviendo una existencia humana y a la vez pretender no estar obligado a experimentar las condiciones que exige esa consideración elegida. Y, por el mismo motivo, tampoco es razonable preferir vivir creyéndose una persona a la vez que convertir esa preferencia de existencia en una lucha denodada por cambiar las consecuencias naturales de ello. Creerse alguien particular, creado por otro “ser y/o poder” particular, para no se sabe bien qué fin particular, no puede consistir en otra cosa nada más que en una especie de fantasía tomada por algo verdadero. El sufrimiento y el resto de las emociones del ser humano proceden de la creencia en la autenticidad del ser humano y de todas sus posibles experiencias, pues en el fondo dichas creencias representan la negación total y el rechazo frontal a que la Realidad y/o el Estar Siendo del Sí Mismo real consista en el fluir incesante e ilimitado de la más absoluta e indeterminada incertidumbre. ¡Nunca nada es algo ni de ninguna manera ni por ningún motivo, por lo tanto, todo cuanto alguien pueda percibir, juzgar, catalogar, experimentar de alguna forma concreta (comenzando siempre por ese supuesto sujeto protagonista) siempre será ilusorio. Las creencias no cambian el incesante discurrir de la Realidad, pues únicamente consisten en una percepción egoica, culpabilizante, victimista, carente o discriminatoria a acerca del Estar Siendo todo-nada-uno universal. He ahí de qué manera, de nada -que necesariamente tenga que ser un algo determinado- sale todo, sin que tampoco nada de ese todo tenga por qué ser alguna cosa concreta. ¡Bendita incertidumbre, por la ilusión que descrea con sólo imaginarla posible!   Septiembre-15

 
265- Breves. 1- La muerte no existe, por lo tanto, tampoco existe la vida que pueda creerse que existe; nada existe siendo algo, sin embargo, mientras alguien crea que él sí existe, ese alguien estará obligado a vivir creyendo en absolutamente todo lo que esa mente -que considera suya- quiera creer y crear. 2- Salvo desde la percepción egoica e ilusoria de la existencia (fragmentada en infinitas partes, formas y apariencias sujetas al tiempo, al espacio y a mil factores más) nada (ni físico, ni mental, ni emocional, ni espiritual…) puede ser verdaderamente distinto de otra posibilidad, por la sencilla razón de que excepto el Estar Siendo todo-nada-uno (la incertidumbre de la vida) no existe ni acontece absolutamente nada de cuanto es creado, visto y juzgado “como real” desde la consciencia identificada. 3- Los milagros nos parecen algo excepcional, algo extraordinario…, y quizás precisamente por eso cueste tanto darse cuenta de que “siendo algo especial” los milagros no existen.  4-Nadie puede trascender nada auténtico, pues nadie existe como tal identidad particular; sin embargo, por el simple hecho de Estar Siendo sin la aparente y estresante necesidad humana de ser algo ni nadie determinado, absolutamente todo está trascendido siempre. 5-Desde mi punto de vista, que todo consista en el mismo “no ser nada determinado ni limitado” (¡bendita incertidumbre!) significa que no hay cosas que sean cosas..., y tampoco ninguna otra cosa. 6- El karma (¿sucedáneo de la culpa y de la ignorancia?) sólo es otra creencia. Las mentes identificadas con la existencia personalizada creen que por existir tiene que pagarse algo, que aprenderse algo, que hacerse algo, que sanarse algo, que buscarse y que encontrarse algo, etc. Pero hacen creer eso sólo para justificar aquello que al creerlo también estarán creándolo: la ilusión de la existencia de las partes o particularidades. Lo paradójico es que, en efecto, existir creyéndose una particularidad conlleva todas las consecuencias que constituye el día a día de la humanidad. La mentalidad victimista necesita mantener vivo su victimario y para ello es capaz de inventarse cualquier cosa…, aunque después tampoco deje de lamentarse por ello. 7- No existe el ser humano carente, y, consecuentemente, tampoco nada de cuanto el ser humano cree carecer. La simple creencia en la verdad, el amor, la felicidad, la paz, la libertad, la divinidad, la identidad…, convierte a eso en la dependencia y la adicción a un sueño fugaz. ¿Cuántas mentes humanizadas no habrán tenido que llegar hasta el final de su existencia para darse cuenta de que para existir tampoco era necesario luchar por aquello de lo que creían carecer? 8- Me comentan que si a un niño enfermo, que le quedara poco para morir, le diría que no existe Dios. Mi respuesta es que “ni sí ni no”. ¡Sin embargo, estoy convencido de que ese niño enfermo no tendría demasiadas dificultades para comprender que eso a lo que los adultos llamamos Dios y él mismo no son formas de existencia distintos. ¿Para qué hablarle a un niño de la existencia de un Dios extraño, misterioso y que nadie conoce; pero a su vez responsable de su enfermedad y del sufrimiento que ve a su alrededor?   Septiembre-15


266- Condición humana. En el día a día las personas podemos decir y escuchar decir expresiones tan naturales como: “Yo no soy consciente de sentir culpa por nada”, “yo no siento miedo…, yo no deseo nada…, yo soy optimista…, yo no soy egoísta…” y tantas afirmaciones más de ese estilo. Expresamos eso como si sentirse culpable, sentir miedo, tener deseos, juzgar de un modo u otro, vivir egoístamente, etc., consistiese en algo distinto a los efectos naturales de creerse una persona viviendo una vida particular (yo). Percepciones, actitudes y actos egoicos; culpabilidad, miedo, apego, deseos de toda índole…, ¿en qué consiste y/o de qué surgen todos esos reflejos, sino del foco de la creencia identificada del mismo sujeto, personaje, individuo, persona, ser humano, etc., que a su vez creyera estar experimentándolos? ¡Todo cuanto vive el ser humano, así como la manera en que lo vivencia, es algo inherente e inseparable de la misma naturaleza que la creencia en el ser humano; es condición humana! Las personas, sólo por creernos e identificarnos con esa particularidad existencial, ni tan siquiera tenemos que hacer o que dejar de hacer, que pensar o que dejar de pensar, que sentir ni que dejar de sentir nada concreto, para que de todos modos creamos ser y sentirnos culpables, temerosos, carentes, pobres, imperfectos, finitos. La identificación con la individualidad humana no puede separarse de la identificación con todo cuanto se experimente dentro del universo ilusorio conformado por esa creencia inherente y/o pecado original (mental e ilusorio). Creer que un día nacemos y que otro día moriremos también nos obliga a considerar nuestro (condición por la identificación con la forma humana) todo cuanto creamos vivenciar entre dichas fechas… como si no estuviéramos creándolo nosotros mismos. Mientras permanezca la creencia en la identificación y el apego con la condición humana (percepción egoica del Estar Siendo nada determinado), no hay excepciones, no hay diferencias, no hay atajos, no hay errores, no hay escapatoria posible. Nacemos no pudiendo evitar juzgarlo, valorarlo, separarlo, culpabilizarlo, discriminarlo, temiéndolo, deseándolo, comparándolo absolutamente todo, porque, en tanto que considerándonos individualidades, somos hijos de la creencia en la necesidad de que eso deba ser realmente eso y así: lo llevamos impreso en los genes de la creencia que conforma la condición humana. Nada puede evitar eso, y tampoco es necesario hacer nada para evitarlo; sin embargo, basta con darse cuenta de ello para que, sin que verdaderamente ocurra nada, se produzca eso que llamamos “un milagro”.   Septiembre-15


267- Breves (2). 1- Tú no eres ese yo que siempre creíste ser y al que siempre estuviste defendiendo, obedeciendo y sirviendo. Tú no existes siendo un yo…, ni un tú…, ni un nosotros. Observa las nubes, observa la superficie del océano, observa todo a tu alrededor, observa los cuerpos, observa las células, observa los átomos, observa los pensamientos, observa las emociones... y admite que absolutamente nada permanece siendo un algo quieto e igual; nada permanece siendo el mismo algo determinado. ¡No hay ningún algo determinado que no sea imaginario! Tú eres el no-uno; tú eres el no-ser algo, ni alguien, ni de ninguna forma, ni por ningún motivo. Tú eres el no permanecer siendo un tú. 2- Nada es uno, por lo tanto, no hay ningún ser uno ni estar siendo un uno, no hay ninguna suma de unos, y tampoco hay ningún todo siendo uno. En comprender eso, sin apreciar el menor rastro de identificación, consiste el misterio de la fe. La fe no consiste en creer ni en dejar de creer en algo, pues al no existir ningún algo real, al creer en algo se crea la figura y el universo ilusorio del creyente creyendo en sí mismo como si fuera otro algo particular y diferenciado de todo cuanto percibe siendo de alguna manera. 3- Un día, cuando entre las opciones que ofrece la mente (consciencia identificada), dejemos de agarrarnos a la creencia en un dios, en un nosotros y en cualquier otra posibilidad de existencia determinada…, entonces dios y toda su supuesta creación dejarán de verse como creencias necesarias para la existencia real…, esto es, para la total incertidumbre del Estar Siendo todo-nada-uno, al margen de cualquier determinismo, limitación y otras condiciones artificiales. Por muy extraordinaria que llegara a creerse cualquier posibilidad de existencia particular o concreta, las creencias en algo no convierten en real ni al creyente ni a sus creencias. 4- Del mismo modo que -independientemente de cómo prefiera nombrarse- un ser humano no es algo distinto a una persona…, así también la persona no tiene un ego, sino que el ego y la persona son lo mismo. Todo cuando se hace, se siente, se experimenta, se piensa, se cree, se vive, etc., desde la identificación de un ser humano -aunque pueda nombrarse e interpretarse de otro modo-, siempre se tratará de algo personal y egoico… que, por lo tanto, únicamente tendrá repercusión en un mundo igual de efímero, personalista, limitado, egoísta e ilusorio. 5- Si yo fuera el personaje que afirma las cosas que yo afirmo, entonces yo sería alguien haciendo algo; pero puesto que eso de “ser alguien haciendo y/o viviendo algo” sólo es posible dentro del ámbito de las creaciones mentales, he ahí que considerándome un yo, entonces yo, mi vida y todo lo demás sólo son una percepción determinada, carente, victimista y egoica del Todo Uno Mismo universal e indeterminado.   Septiembre-15


268- ¿Niveles de consciencia? Creer en los niveles de consciencia, ¿acaso no es otra manera de defender la creencia en la fragmentación, en la separación, en el determinismo, en la diferencia…, y en todo cuanto es representativo de una percepción egoica, culpabilizante, victimista, ilusoria e ilusionante del Estar Siendo real, consistente en la ausencia absoluta de cualquier particularidad, limite y determinación? ¿Acaso, curiosamente, no son aquellas también las características propias  de la percepción o creencia que tenemos respecto a nuestra identidad personal? Para que existan diferentes niveles de consciencia primero también tendrían que haber los personajes que los manifestaran. ¿Acaso al hablar de la existencia de diferentes niveles de consciencia no estaremos tratando de justificar la diferenciación de nuestra propia existencia en uno de ellos? Los niveles de consciencia sólo son posibles allí donde se imaginan, es decir, en el mundo virtual y transitorio del ego. Creer en la veracidad de que cada uno tiene su nivel de consciencia ¿acaso no se convierte en un poderoso elemento de discriminación y de separación (yo soy yo y mi estado de consciencia y tú eres tú…), esto es, en la principal justificación de esa ancestral y dramática manera de percibir, de juzgar y de vivir…, origen también del primitivismo de la envidia, de los celos, de la rivalidad, de la violencia, etc., etc., etc,? Para que hubiera algo y/o aconteciera algo, primero también tendría que haber “el ser y/o el existir” de ese alguien para el que hubiera y/o aconteciera alguna otra cosa distinta. ¿Habría realmente algo de eso cuando antes no se admitiera la hipótesis de la existencia del sujeto que estuviera percibiéndolo, seguramente porque a la vez estaría creándolo y viceversa?  Paradójicamente, todo aquello que a alguien pueda parecerle real, sólo puede ser mente, porque mente es también aquel a quien algo pudiera parecerle real. Las personas creemos en la culpabilidad propia y de los demás, obligados por la necesidad de poder seguir creyendo también en dios, en nosotros, en los demás y en todo cuanto fuera considerado preciso en cada instante con tal de que sirviera para autentificar la veracidad de nuestra propia existencia. Duda de la veracidad de tu existencia si escuchas que alguien te culpa de algo y/o dice que te perdona por algo, pues eso sólo puede ocurrir en la ilusión de que pueden ocurrir esas fantasías. Más, por el mismo motivo, tampoco dejes de reflexionar a cerca de la no-ilusión de tu existencia si alguien te habla de personas con diferentes niveles de consciencia, de la búsqueda de la felicidad y de otras fantasías de ese tipo. Los niveles de consciencia sólo pertenecen al ámbito ilusorio del ego; el ego los necesita y el ego los inventa.   Octubre-15 


269- Vivo en un país…(3) -Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, (¿en qué consiste el día a día de un país salvo en las condiciones de vida de sus gentes?) en el que todavía continúa repartiéndose (enseñándose) entre sus ciudadanos la creencia en la pobreza y en la carencia, en lugar de administrar equitativamente la riqueza y la abundancia que seamos capaces de generar. -Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que, no importa el color de los partidos gobernantes (los que gobiernan no son los partidos, sino los egos que los forman), y también con la inestimable ayuda de una manera interesada de interpretar las leyes, de una justicia tan ciega como sorda y muda… y de unas fuerzas represoras bien surtidas y serviciales, aquí convivimos los muy ricos con los muy pobres, como si unos y otros no hubiéramos nacido con los mismos derechos fundamentales y mereciéramos el mismo respeto. -Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que hay universidades de prestigio mundial, mentes lúcidas reconocidas y premiadas internacionalmente, enormes empresas multinacionales, grandes entidades bancarias y financieras, ingentes capacidades para la producción de recursos de todo tipo…, y donde diariamente también se realizan grandes adelantos técnicos y científicos; pero, incomprensiblemente es el mismo país en el que “todavía no se ha aprendido a dividir” el número de horas de actividad laboral entre el total de las personas activas, de modo que todos dispongan de la facultad de ejercer su aportación solidaria con el resto de la sociedad, a la vez que ello les facilite también sufragar las necesidades básicas de una vida digna y ““altruista””. -Vivo en un país, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en el que, desde hace demasiado tiempo ya, a la actividad básica para sustentar la existencia de las personas se le llama “trabajo” (¡qué inhumano suena!). Pero, por algún extraño motivo, sólo a “una parte de las personas que realizan la actividad de existir” (pues no hay actividad que no consista en estar existiendo) se les denomina “trabajadores”. En ese país (que no debería ser entendido como un territorio, sino como la forma de vida del conjunto de sus ciudadanos), no conformes con esa manera mezquina, humillante y discriminatoria de interpretar lo que debería significar las ventajas de pertenecer a una especie de seres supuestamente racionales, inteligentes y solidarios, un día en las empresas y en el resto de los órganos de poder mundial, se decidió dejarse de eufemismos y llamar a “los seres humanos trabajadores”  de la manera que verdaderamente son vistos y considerados por los egos más grandes del momento: ¡Simples recursos humanos!  ¿Quién tiene la culpa de vivir en un mundo donde sea imprescindible la obligación de ganarse la vida y de que ello funcione y esté siendo ordenado exactamente así? -Deben pensar, para no tener que darse cuenta de que, por acción o por omisión, nosotros somos los únicos responsables de la marcha de nuestros sueños.  Octubre-15 


270- ¡Ni real ni irreal! En la consciencia del Estar Siendo todo-nada-uno, es decir, al margen de cualquier percepción egoica y/o determinada de la realidad, no existe el tiempo ni el espacio, ni las formas, ni absolutamente nada más. Por lo tanto, sería hora de asumir que todo cuanto pueda percibirse, pensarse, sentirse, imaginarse, creerse, experimentarse, etc., desde la hipótesis de la particularidad existencial del ser humano, únicamente se corresponderá con creaciones mentales surgidas a imagen y    semejanza de esa suposición.  No es real la existencia del pasado, no es real la existencia del futuro, y tampoco es real la existencia del presente ni del aquí y ahora percibido e interpretado por la mente humana; no es real la existencia de nada que pudiera ser visto, juzgado, valorado, nombrado, soñado, vivido…, por parte de alguien, pues dicho sujeto tampoco será real.  Dice un conocido autor que “…cuando percibimos la vida a través de la mente, entonces la vemos torcida”. Luego, para que eso se comprenda, suele poner el ejemplo del lápiz que se introduce en un vaso de agua limpia y por un efecto óptico se percibe como si verdaderamente estuviera torcido. Con todos los respetos a esa opinión, mi interpretación al respecto es que “percibida a través de la mente, es decir, de la identificación con la creencia en la veracidad de la existencia individualizada, la vida no se ve torcida, sino que aquello que se ve -por estar mirándose desde la naturaleza ficticia del supuesto observador- simplemente no existe, no es real, es ilusorio”. ¡Por separado, esto es, siendo cosas distintas, nunca existió el lápiz, nunca existió el vaso, nunca existió el agua del vaso y tampoco existió nunca el experimentador de todo eso! La mente -consciencia identificada- no sólo crea lo observado por el observador; antes creó al observador también. No hay observaciones acertadas y observaciones erróneas, no hay observaciones reales y observaciones irreales, no hay observaciones mejores y observaciones peores; sencillamente, salvo imaginariamente no hay  ni observaciones ni observadores. Pero aún puede darse un paso más y  afirmar con total seguridad que: ¡No hay nada físico, no hay nada psíquico, no hay nada anímico, no hay nada emocional, no hay nada espiritual…, que siendo “un algo” y/o que siendo “un alguien”, sea real ni irreal, pues, por lo dicho anteriormente, incluso “lo que sea real para alguien” tampoco estará siendo eso ni así. ¡El gran misterio de esta vida radica en que Estando Siendo todo a la vez, sin embargo nada está siendo uno nunca! Aunque desde la mente (consciencia identificada con la percepción determinada, fragmentada, egoica y condicionada de la realidad) la rosa parezca hermosa y el cardo borriquero feo, lo cierto es que ni la rosa es hermosa ni el cardo borriquero feo…, pero porque tampoco la rosa es una rosa ni el cardo borriquero es un cardo borriquero ni el que lo ve y lo juzga de algún modo esta siendo un observador.  Octubre-15


271- ¡Nada se repite! Hay experiencias que, por un motivo u otro, parecen repetirse una y otra vez. Respecto a eso he escuchado argumentar que ello es así porque esa circunstancia o experiencia contiene un mensaje o enseñanza que, hasta que no se reconozca irá regresando y manifestándose. ¡Se dice que todo tiene un porqué y un para qué! También he escuchado que lo importante para aprender aquello, que esas circunstancias vendrían a enseñarnos, consiste en el “cómo” se afronten dichas experiencias. No estoy de acuerdo con esas opiniones porque, una vez más, olvidamos que todo “ser algo” y/o ser de alguna manera para alguien, esto es, toda circunstancia, todo acontecer, todo acontecimiento, toda relación, toda vivencia…,” siempre será de naturaleza ilusoria o ficticia; simplemente todas las experiencias humanas se corresponden con juicios que discurren en un mundo mental y que protagonizan un personaje igualmente ilusorio. En el Estar Siendo todo-nada-uno y/o en el fluir incesante de la absoluta incertidumbre e indeterminismo que manifiesta la realidad, nada se repite jamás…, pues nada hay siendo “un” algo. Las repeticiones, las casualidades, las sincronías, las leyes espirituales y todo cuanto quiera añadirse a esa lista de aparentes realidades, únicamente pertenecen al mundo imaginario de las creencias y/o de las creaciones mentales. Sólo en ese ámbito ficticio, originado con la supuesta identificación de la consciencia con una comprensión egoica, victimista, culpabilizante, limitada, etc., del Estar Siendo universal, pueden repetirse las percepciones y los juicios.  Paradójicamente, todas las experiencias posibles -sin excepción absolutamente no-reales-, por muy nuevas, originales y novedosas que parezcan, estará creándolas el mismo individuo que también crea estar vivenciándolas. ¿Por qué y para qué entonces esa reiteración de situaciones y experiencias…, aunque pertenezcan a un mundo y a unos personajes ficticios? Todo es fruto de nuestras creencias; nosotros mismos estamos creándolo continuamente a partir de la creencia en nuestra propia identidad. Nuestras creencias van  con  nosotros allá donde vayamos nosotros, pues nosotros mismos somos esas creencias, ¿será ese el motivo por el que no importa dónde estemos, ni con quién estemos, siempre continuemos percibiendo y creando la misma irrealidad? Respecto al “para qué” nuevamente aparece otra paradoja: por una parte así se retro-alimenta la creencia en el protagonista de ello, pero, por otro lado, gracias a tanta falacia la consciencia terminará por darse cuenta de la innecesariedad y de la fantasía que supone todo eso. Situándose en una consciencia menos identificada y/o apegada a las creencias dualistas y deterministas -que hacen percibir la incertidumbre de la realidad de una manera particular, limitada y mínimamente controlable (necesidades propias del ego), resulta bastante más fácil “darse cuenta” de que el experimentador y sus experiencias “sencillamente no son reales”. Una vez comprendido y aceptado que siendo ilusorio todo alguien y todo ser algo para alguien, ¿para qué debería seguir creyéndose aquello que crea repetitivamente aquellas circunstancias, experiencias, etc., cuando ello jamás servirá para alterar en lo más mínimo el fluir absolutamente incierto de la realidad?   Octubre-15  


272- ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Para ello sólo tienes que ponerte delante de un espejo… y darte cuenta de que eso que veas y que experimentes está creándolo tus creencias. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Sólo tienes que mirar y que escuchar a tu alrededor… y darte cuenta de que todo cuanto percibas, y también de la manera precisa que lo percibas, siempre está creándolo tus creencias, pues eso no son sino creaciones de tus creencias. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Sólo tienes que observar tus pensamientos, tus ideas, tus opiniones, tus conocimientos, tus sentimientos, tus recuerdos, tus inquietudes, tus deseos… y darte cuenta de que todo eso está emergiendo de tus creencias. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Sólo tienes que darte cuenta de que lo que piensas y sientes respecto a tu familia, tus amigos, tus compañeros, tus relaciones, tu hogar, tu trabajo, tu vida… es el fruto del árbol de tus creencias. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Sólo tienes que mirar y darte cuenta que cada experiencia, circunstancia, detalle, etc., que vivas cada día…, y también de cómo lo vivas, será la manifestación exacta de tus creencias. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Date cuenta de que tú eres el personaje que quiere conocer sus creencias…, pero también las creencias que supuestamente quieren ser conocidas por ese personaje; date cuenta de que nunca podremos quedarnos solos, porque realmente tampoco nunca hemos estado acompañados. ¿Quieres conocer cuáles son tus creencias? Sólo tienes que darte cuenta de que tú, tu vida, tus pertenencias, tus anhelos, tus aficiones, tus preferencias, tus amores, tus miedos…, y todo cuanto vivas creyendo real -siendo eso determinado que crees que es-, en verdad está constituyendo el mismo mundo en el que te sientes atrapado; un mundo del que no encuentras una salida porque mientras continúes creyendo en tu existencia y en la existencia de tus creencias, sencillamente no podrás verla. No es cierto que el creyente pueda dejar de creer, porque entonces desaparecería. Si persiste el creyente ello se debe a que, aunque las creencias parezcan distintas, y, por lo tanto nuevas o renovadas, persisten las creencias. El creyente no evoluciona, porque tampoco existe: solo se renueva la apariencia de las creencias respecto a sí mismo y a su existencia.   Octubre-15


273- ¡Víctima inocente! No discutiré que el hecho de pensar, decir, sentir, creer…, que alguna experiencia pasada  -¿pasada?- “no pudo ser de otra manera”, puede  resultar una actividad balsámica para el individuo que haga eso con la intención de exculparse de “sus propios juicios” referentes a alguna vicisitud. Sin embargo, hacerse conscientes de que verdaderamente aquello “no pudo ser de otra manera”, ¿acaso no significa que esa persona está mentalmente convencida de que, aunque no pudo evitarlo, ciertamente sí ocurrió algo, esto es, sí ocurrió aquello que “no pudo ser de otra manera”, y, por lo tanto, que algo sí fue de alguna manera, y que además no fue de su aceptación? ¿Acaso manifestar que algo “no pudo ser de otra manera”, no equivale a estar reafirmando la creencia en la existencia real de nuestro yo particular, separado, diferenciado, especial, y, precisamente por todo eso, también víctima inocente de ser eso y de ser así? ¿Acaso cuando las personas (seres creados a partir de una creencia) decimos que alguna experiencia pretérita -en la que intervinieron otras personas y circunstancias-, “no pudo ser  de otra manera”, a parte de estar afirmando que efectivamente sucedió algo y que ese algo nos sucedió a nosotros, no estamos tratando de autentificar también nuestra existencia separada de la existencia de los otros y de sus actos? La existencia de alguien, que hace algo que puede valorarse de alguna manera, y que no pudo evitarse que fuera precisamente como se juzgó, puede parecer muy creativa, sin embargo no deja de corresponderse con algo absolutamente ilusorio y de producirse en un ámbito también ilusorio o mental. Pero entonces, siendo que “nada puedo ser de otra manera” -porque en verdad no fue nada ni de ninguna forma”-, ¿qué clase de culpa, qué clase de perdón, qué clase de remordimientos, qué clase de nada tiene que buscarse y alcanzarse…, y quién necesitaría hacer algo de eso…, y dónde y cuándo y para qué? Sí, hasta esos extremos llega el poder de las creencias, pues crean una apariencia de realidad tan aparentemente real que parece que no existe nada más. ¿Y si en lugar de pensar que algo pasado “no pudo ser de otra manera” se aceptara -se dejara de rechazar- la consciencia de que siendo toda experiencia particular de naturaleza ilusoria, en verdad nunca ocurrió algo y que tampoco existió el personaje protagonista de algo que todo ello no fuera nada más que una simple creación mental? Si hubiera algo auténtico que soltar, que borrar, que expiar… por parte de alguien (fuera de las creaciones mentales no lo hay), seguramente ello consistiría en trascender la creencia en cualquier posibilidad de existencia determinada, trascender la creencia en cualquier posibilidad de existencia y/o de suceder de “un algo” limitado, trascender la creencia en cualquier posibilidad de existencia de “un todo” concreto; trascender la creencia en cualquier posibilidad de existencia de alguna voluntad, de alguna intención, de alguna finalidad, de algún poder, de algo distinto a la manifestación de la más absoluta e infinita incertidumbre y/o del Estar Siendo todo-nada-uno.   Octubre-15


274- Percepciones especiales. ¿Qué es la amistad? He aquí otra pregunta retórica con la que tratar de justificar aquello que, por no corresponderse con algo real, tampoco puede justificarse sin estar cayendo en el auto-engaño. Fuera del mundo imaginario de las existencias separadas -otra cosa es dentro de ese mundo-, no existe eso que llamamos “una amistad entre…” y tampoco “una relación entre…”. Así pues, que tú creas que sí existen esas posibilidades, únicamente significa que eso existe en la creencia de que eso existe siendo eso en lugar de siendo una creencia. Tener amistades, relaciones, etc., con otras personas, nos sitúan allí donde la realidad puede interpretarse siendo de esa manera multifragmentada, es decir, en el mundo de las ilusiones mentales…, lo cual no significa que sea bueno ni malo! Realmente no hay dos (dualidad), porque tampoco hay uno. ¡No hay otra realidad que el Estar Siendo de todo a la vez sin que nada permanezca siendo algo determinado ni separado! ¿Cómo podría ser real entonces la amistad entre diferentes unos y/o la relación entre varios unos? Sólo los egos (los seres ilusorios nacidos de la creencia y dentro de la creencia en la existencia particular y separada) pueden ser amigos o enemigos y mantener o romper las relaciones entre ellos. Aceptar que no hay “un uno” también equivale a aceptar que no hay un sufrimiento, un miedo, un deseo, un mal, una muerte…, pero a su vez que tampoco hay un amor, una felicidad, una paz, un bien, una vida ni nada que pueda creerse que lo hay siendo “un” algo. ¡Nada hay ni acontece ni puede hacerse, pues para estar siendo todo sin que nada sea un estar siendo determinado, sencillamente “no es necesario” que exista ni que acontezca ni que sea hecho algo para satisfacer las creencias de alguien que tampoco existe! ¿Comprendes ahora porqué creerse alguien no es algo diferente a creerse especial, es decir, una creación al margen del Estar Siendo todo-nada-uno? ¿Comprendes ahora también el motivo de absolutamente todo cuanto consideras que existe, que ocurre, que vives y que condiciona tu vida? El ego, las personas, los seres humanos, y todo cuanto aparentemente conforma nuestra aparente existencia particular, sólo son creencias y/o percepciones especiales, es decir, ¡unos imaginarios! ¿Comprendes ahora porqué creerse alguien único o especial siempre está actuando como un elemento diferenciador, separador, competidor, culpabilizador, victimizante, etc., que, consecuentemente convierte en imposibles todas las metas y todos los deseos que puedas plantearte desde la creencia en tu estar siendo un uno? Paradójicamente, ¿acaso asumir que nuestra identidad humana -y también todas las vivencias personales resultantes de esa identificación-, estén produciéndose en un universo experiencial absolutamente ficticio, en lugar de miedos, deseos, frustraciones, etc., debería conllevar sentimientos de liberación y de gozo continuos, si no fuera porque aquello estuviera considerándose auténtico y trascendental? ¿Podría un sentimiento de amistad entre dos seres compararse a la consciencia de estar siendo el mismo Estar Siendo incondicional?    Octubre-15


275- El misterio de la vida. Todos los estados, que el ser humano identificado consigo mismo, crea experimentar -lo mismo los que considere agradables o positivos, como aquellos otros que valore o juzgue como desagradables o negativos- serán siempre igual de ilusorios. ¿Cómo el personaje ficticio de una obra creativa ficticia podría experimentar estados de ánimo y/o de cualquier otro tipo, que no fueran ficticios también, y que no estuvieran desarrollándose exclusivamente dentro de dicha creación imaginaria? ¡A ti, que vives identificado/a con la creencia de que tú eres alguien único, especial, diferente, una parte de un todo…, sí, a ti te digo que dejes ya de sentirte culpable o inocente, bueno o malvado, temeroso o valiente, superior o inferior, feliz o infeliz, amado o ignorado, etc., etc., basándote para ello en los juicios que hagas a partir de lo que creas que son tus pensamientos, tus ideas, tus emociones, tus actitudes, tu ser verdadero…, porque absolutamente nada de eso es cierto fuera de la creencia en la que estás considerándote real, y, por lo mismo, estás ilusoriamente creándolo.  El yo identificado es un ser imaginario, de ahí que todo cuanto pueda vivir desde la identificación consciencial con ese yo imaginario también será completamente virtual. No hay dualidad (dos), porque tampoco hay unidad (uno). Todo ser “uno” para alguien (para otro uno), incluidos los unos pensamientos, los unos ideas, los unos emociones, los unos intuiciones, los unos conocimientos, los unos recuerdos, los unos deseos, etc., únicamente serán suposiciones e interpretaciones mentales. En el Estar Siendo no hay diferenciación ni separación posible, porque tampoco hay unión…, y no hay unión porque tampoco hay la posibilidad de la existencia de ser “un” algo ni “un” alguien. He ahí el famoso misterio de la vida que tanto cuesta comprender: ¡En el Estar Siendo instantáneo y simultáneo de todas las posibilidades imaginables, no existe ninguna que sea y/o que consista en “un” Estar Siendo determinado, pues incluso el Estar Siendo no puede concretarse en “un” Estar Siendo ni en “la” causa de nada! Refiriéndonos a la existencia del otro mundo, muchas veces suele decirse que “nadie ha regresado para contarlo”. ¿No será que no habiendo venido ni habiéndose marchado nadie, en verdad tampoco hay nadie que pueda regresar de ninguna parte?   Octubre-15  


276- Falaz afirmación (1/2). Acabo de escuchar en un vídeo que “…las personas sufrimos porque hemos olvidado quién somos, sufrimos porque creemos ser quien no somos, sufrimos por inconsciencia…”. No estando en total desacuerdo con el significado de esas palabras, sin embargo tampoco lo comparto. Opino que “olvidar quién somos, creer que somos quien no somos y sufrir por inconsciencia...” todavía conlleva una profunda identificación con la vieja creencia en la existencia real de la dualidad (dos) y del determinismo (uno), esto es, de la percepción fragmentada, egoica, ilusoria, victimista y culpabilizante del universal Estar Siendo nada. Creer que no recordamos quién somos, creer que somos quien no somos, creer que sufrimos por inconsciencia…, y creer todo lo demás que se quiera creer, continúa suponiendo “vivir dentro” de la creencia de que “somos alguien”, por lo tanto, estar insistiendo en la falaz afirmación y/o en la creación mental de que hay una identidad concreta, que además de ser un alguien (yo) también está experimentando algo específico…, cosa absolutamente ridícula. El sufrimiento humano no es nada más que el resultado de una creencia surgida de otras creencias, por lo tanto, únicamente existe (es creado) en el mundo de las creencias, y sólo pueden experimentarlo las mentes identificadas con las creencias que originan esa reacción. Creer -con total independencia de aquello que se crea o deje de creer, pues en todos los casos persiste la presencia de “un” supuesto creyente/víctima/pobre de mi- puede producir sufrimiento -así llevamos creyéndolo y/o creándolo desde el principio de los tiempos-, pero entonces, precisamente por la misma simple razón -y no por obra y gracia de ninguna ley espiritual ni de un poder divino imaginario-, también debería considerarse que las creencias son a su vez la causa del resto de los sentimientos y de los estados humanos. ¡He ahí que la fe religiosa -entendida como el acto de creer- también podría estar siendo una de las más importantes causas de sufrimiento humano (sufrimiento del ego); he ahí como los personajes que dicen, enseñan, alientan, subvencionan, etc., que se crea en esto y/o en lo otro (con independencia del ámbito al que correspondan las creencias) en verdad “no saben lo que hacen” ni quieren dejar de ignorarlo, pues viven en esa convicción y seguramente también de expandir esa convicción! Fuera del ámbito de la identificación con las creencias en la realidad del creyente y de lo creído por éste, lo cierto es que no hay sufrimiento ni sufridor…, y tampoco lo opuesto a eso… ni la necesidad de que haya algo.  (sigue)  Octubre-15


277- Falaz afirmación (2/2). Salvo en el mundo de las creencias y/o del ego, es decir, el mundo cotidiano de las personas, no hay el ser que olvidó quién es, no hay el individuo que cree que es quien no es, no hay la inconsciencia de nada ni de nadie. ¿Por qué motivo, sino porque todo eso sólo son creencias y creaciones mentales, todos los seres humanos, egos o mentes identificadas, que comparten las mismas creencias, también acostumbran a vivir el mismo tipo de percepciones, de experiencias y suelen responder con las mismas reacciones, es decir, con las mismas creaciones? Deja ya de creerte culpable o inocente, carente o abundante, infeliz o feliz, admirado o ignorado, necesitado de amar y de ser amado; deja ya de hacerte pasar por la víctima de tus propias creaciones, porque sólo tú, “por creer en ti de la manera que estás haciéndolo”, estarás siendo también tu dios juzgador y castigador. Por ser engendrado en el universo de las creaciones mentales, y “nacer de la creencia en el nacer de una individualidad”, básicamente el ser humano consiste en la manifestación (física, psíquica, emocional, espiritual, etc.,) de una creencia profundamente culpabilizante y egoica; una creencia que únicamente tiene existencia en la percepción determinista, ilusoria y condicionada de la misma realidad que a su vez cada individuo estará creando y experimentando desde aquella auto-consciencia. El ser humano, al existir “dentro de la creencia” (configurándola) en la autenticidad de su aparente particularidad, percibe aquello que él mismo crea, y también lo vive de la manera exacta que lo crea; de ese modo tan sencillo la creencia en sí mismo y de sí mismo se mantiene viva y casi invariable. Las creencias -energía que sostiene la actividad mental- no podrían persistir si no estuvieran retro-alimentándose continuamente. He ahí que no hay que hacer nada para recordar quién somos realmente, porque realmente no somos nada determinado ni nadie determinado (no-uno). He ahí que no hay que hacer nada para dejar de creer que somos quien no somos, porque sencillamente no hay ningún somos y tampoco ningún creer que somos. He ahí  que no hay que hacer nada para dejar de sufrir por inconsciencia, porque realmente no hay nadie que esté sufriendo fuera de la creencia en toda esa maraña de fantasías e identificaciones mentales. He ahí que cualquier intento de alguien, de hacer algo para cambiar algo de sí mismo, únicamente servirá para reforzar las creencias que ese supuesto alguien se haga creer a si mismo a cerca de su deseo de cambiar. ¿Comprendes ahora el motivo de que a pesar de tantos cambios, esfuerzos, sacrificios, etc., en el fondo todo siga igual? Octubre-15   


278- ¡Dejar de hacer! (1/3). En la reflexión anterior, basándome en que  nuestra supuesta identidad personal sólo existe dentro de… y/o constituyendo aquella creencia que persiste mientras consigue auto-retro-alimentarse, terminaba diciendo: “He ahí que cualquier intento de alguien, de hacer algo para cambiar algo de sí mismo y/o de su vida, únicamente servirá para reforzar las creencias que ese supuesto alguien se haga creer a si mismo a cerca de su deseo de cambiar…”. Ampliando aquello, ahora continúo diciendo que cualquier intento de cambiar al sí mismo individual, que cada uno cree ser, automáticamente se convierte en la manera más eficaz e inconsciente para que todo siga aparentemente distinto, aunque  exactamente igual. ¿Acaso analizando el pasado de cada uno de nosotros y de la humanidad en su conjunto queda alguna duda al respecto? En efecto, cualquier hacer intencionado de un individuo (y también de la sociedad en general) para “llegar a ser mejor persona” condena a esa identidad a vivir sin darse cuenta de que perseguir esa quimera -creada por él mismo con ese fin- estará constituyendo la causa fundamental y/o creadora de todo cuanto supuestamente deseara desprenderse, soltar, dejar atrás. Mientras no cambien las creencias a cerca del sí mismo, del mundo, de la vida, es decir, las creencias que están configurando nuestra aparente identidad y existencia, tampoco podrá modificarse la ilusión de todas esas percepciones y de todas esas condiciones de vida. No es posible ningún cambio real de alguien cuya identidad es ilusoria; en ese ámbito todo cambio será siempre tan ficticio como aquel que creyera experimentarlo. ¡Deja ya de hacer, de pensar, de creer, de imaginar, de culpar, de temer, de desear…, pero también deja ya de pretender no hacer nada de nada, pues incluso esa intención de “no hacer nada” estará consistiendo en una manera subliminal de hacer algo por parte de alguien! Volviendo al escrito anterior, allí terminaba exponiendo: ¿Comprendes ahora el motivo de que a pesar de tantos cambios, esfuerzos, sacrificios, etc., en el fondo todo siga igual? Pues bien, parece claro que estando consistiendo cada individuo en el estar siendo de una creencia y en el estar existiendo dentro de las creaciones surgidas a partir de aquella, los consejos de los maestros espirituales que aconsejan “no hacer nada” tampoco hayan servido de mucho hasta ahora. (sigue)   Octubre-15   


279- ¡Dejar de hacer! (2/3). En el universo de las creaciones mentales -allí donde se existe creyendo existir siendo alguien que vive experiencias propias o particulares- no hay diferencia entre hacer algo para conseguir cualquier meta y dejar de hacer algo para conseguir lo mismo de otra manera, pues en todos los casos estará tratándose de simples y vulgares suposiciones y/o especulaciones de un personaje absolutamente virtual. ¡Deja ya de hacer, de pensar, de creer, de sentir, de culpar, de temer, de desear…, pero también deja ya de pretender no hacer nada, pues incluso esa intención de “no hacer nada” estará consistiendo en una manera subliminal de hacer algo por parte de alguien! ¿Entonces? Entonces, como está sobradamente demostrado, quizás debería empezar a comprenderse que el mensaje implícito en la vieja expresión de “no hacer nada y/o de que no es necesario hacer nada…” quizás tenga un significado distinto al que viene interpretándose desde el seno consciencial de una identidad imaginaria. Mientras persista la creencia en la presencia de un hacedor activo y/o también de un hacedor cuyo hacer debe consistir en dejar de hacer…, lo único que ciertamente estará generándose serán apariencias distintas de las mismas creaciones mentales. ¡Es hora de darse cuenta y de aceptar que la expresión de “no hacer nada y/o de no necesitar hacer nada…” está refiriéndose a la absoluta innecesariedad de creer en el estar siendo de “un” uno mismo concreto y hacedor; “no hacer nada...” equivale a trascender la identificación con el personaje que, para continuar existiendo como tal individuo, siempre estará obligado a creer necesitar hacer y/o dejar de hacer algo. ¡Date cuenta de que “no hay nada que hacer...”, porque sencillamente fuera del universo de las creencias tampoco hay el sujeto que pueda hacer ni dejar de hacer! Paradójicamente, cualquier hacer algo intencionado y/o cualquier dejar de hacer algo intencionado lo único que conlleva es la ocultación de que sólo por el echo de “Estar Siendo Existencia…” ya está siendo todo y todo está alcanzado. ¿Consistirá la fe no religiosa en la aceptación de eso? Estar Siendo todo a la vez, sin estar siendo nada determinado nunca (todo-nada-uno), no depende de la voluntad de nadie; sin embargo, situarse fuera de esa consciencia conlleva crear la creencia en la realidad imaginaria de las particularidades. ¡Suéltate de la creencia de que para “Estar Siendo” sea necesario hacer… y/o dejar de hacer, porque ambas opciones conforman por igual la fantasía de tu existencia particular y de todo cuanto aparentemente discurre en su existir! ¡Entre hacer lo que te de la gana en cada momento y dejar de hacer lo que te apetezca siempre que te sea posible, no hay otra diferencia que aquella que establezcan y/o que te hagan creer tus propios juicios; a partir de ahí, decide siendo consciente de que ningún hacer y ningún dejar de hacer tuyo servirá para cambiar nada que no sean simples apariencias (físicas, psicológicas, emocionales, anímicas…) pasajeras!  (sigue) Octubre- 15


280- ¡Dejar de hacer! (3/3) Todo hacer y todo dejar de hacer algo (incluido evolucionar, transformarse, mejorarse a uno mismo, ser más feliz, amarse más, etc.,) que parta de la identificación con el personaje que realizara cualquiera de dichas actividades, siempre discurrirá conformando una creencia de la que únicamente puede salirse renunciando a la identificación con dicha individualidad. ¡En la existencia no existe ninguna opción que no consista en la de Estar Siendo la Existencia y nada más; la contemplación de cualquier otra otra posibilidad siempre remite al mundo de las creencias y de las creaciones mentales de un personaje hipotético! Si hubiera -que no lo hay- algún hacer voluntario y/o cualquier dejar de hacer a partir de la intención de alguien, sin lugar a dudas que su único fin consistiría en alcanzar la consciencia de la fantasía que todo aquello supone. El ser humano -igual que cualquier otra particularidad determinada que la humanidad perciba e interprete como auténtica-, por tratarse del efecto de una creencia cuyo origen se pierde en el principio de los tiempos, no tiene ninguna otra posibilidad de cambio que la de dejar de creer en la particularidad del sí mismo y de todas las fantasías que, por creer en ello, también estará creándolo de la manera exacta que crea estar experimentándolo. Véase que en nuestro “humanidero” (lugar donde viven los humanos igual que el hormiguero es donde viven las hormigas) las religiones, las filosofías, la educación, la política, la economía y todos los elementos que sostienen los castillos o sistemas de vida humanos en general, por tratarse de meras creaciones ilusorias -surgidas de la necesidad de mantener la supervivencia de la creencia propia-, están absolutamente destinadas, enfocadas, dirigidas, etc., a no dejar salir de la “consciencia del estar siendo determinado y/o egoico”; todo lleva a no ver que excepto las apariencias nada puede cambiar porque nada más hay. ¡Cambiar continuamente para que todo continúe igual, es decir, para que la ilusión no desaparezca! La historia y el día a día demuestran que en el mundo de la ficción mental (nuestro humanidero personal y colectivo), precisamente por ser ilusorio, todo es posible. Para concluir este tema e ilustrar esto último que he escrito (que para la mente todo es posible y todo vale), pondré el ejemplo práctico de algo que acaba de producirse: “Al parecer la alta jerarquía de la iglesia católica ha estado reunida durante varias semanas para conversar con su “jefe celestial o supremo” ¿…? (quién si no tendría que decidir algo para que sus representantes o pastores lo expusieran e impusieran al rebaño en su nombre) para ver qué opina y ordena con respecto al trato que su organización, y la de los dirigentes en los que influye, deben adoptar con respecto a los divorciados, los homosexuales, las nuevas relaciones familiares, etc. Pero, según parece, cada uno de los obispos convocados al Sínodo de la Familia ha escuchado una opinión divina distinta, porque a la hora de exponerlo no se han puesto de acuerdo.” Viendo estos majestuosos espectáculos teatrales y el resto de las pantomimas que los seres humanos protagonizamos cada día, ¿todavía queda alguien que necesite más pruebas de la patraña que diariamente estamos ayudando a crear y a financiar entre todos, incluso a costa de estar condicionando con ello el futuro de nuestros descendientes y del resto de la humanidad? ¡Qué fuerte…con tal de seguir creyendo en nosotros, de la misma manera que hemos estado haciéndolo siempre, las personas somos capaces de creer también en el resto de las cosas más absurdas!   Octubre-15 


281- Breves (3). 1- Una amistad acaba de decirme que “…es creyente y que cree que después hay más”. ¿Después...? ¿Hay un después que no este siendo ahora? ¿Después…, qué cosa podría haber fuera de las ilusiones del tiempo, del espacio y de la existencia, tal y como se observa desde la identificación con la forma humana de crear y de percibir la realidad? ¿Para quién tendría que haber más, dónde y para qué fin, distinto a estar siendo la incertidumbre de la existencia sin rastro de límites ni condiciones? Precisamente porque somos seres creados a partir de una creencia, también somos seres creyentes y creadores de las creencias que utilizamos para justificar la particularidad de nuestra existencia. 2- La existencia es vista como incertidumbre y con incertidumbre por quien se considera “un algo” distinto a la incertidumbre de no ser algo comprensible. Paradójicamente, la existencia dentro de la creencia de ser “un alguien determinado y comprensible por sí mismo” supone verse atrapado en el circulo cerrado del miedo y del rechazo a estar siendo todo a la vez... sin estar siendo nada específico. El ego (creencia e identificación con la individualidad personal) sobrevive alimentándose del miedo a la incertidumbre del Estar Siendo todo-nada-uno, pues de lo contrario carecería de excusas con las que justificar su efímera y laboriosa existencia. El hecho de que el ser humano viva en el miedo y la resistencia a la incertidumbre del Estar Siendo absolutamente infinito e indeterminado, demuestra lo imaginario de su naturaleza y de todas las experiencias que, por estar creándolas, también crea estar viviéndolas. 3- En gran medida el mundo del ego, es decir, el mundo de los seres humanos (humanidero), está determinándolo el dios dinero porque el dios dinero también está determinando las creencias, el pensamiento, las ideas, las emociones, las actividades y el resto de las aparentes capacidades del ego y/o del individuo que lo genera. 4- Tener fe no consiste en creer ni en tener creencias. La fe que pudiera consistir y/o depender de “la creencia de alguien en algo” sólo serviría para que el creyente continuara creyendo en sí mismo, esto es, creyéndose un ser particular y también real. La fe que alguien pueda tener en algo siempre consistirá en la creencia que dicho alguien utilizará para ocultar la absoluta innecesariedad de su existencia y de la existencia de sus creencias para que la existencia continúe manifestándose sin ningún limite ni determinación. Puesto que nada permanece siendo “un uno” específico (todo-nada-uno), salvo ilusoriamente tampoco existe nada que pueda ser objeto de fe por parte de alguien. ¡Acepta tu inexistencia y la inexistencia de cualquier forma concreta de existencia, porque sólo así desaparecerá la ilusoria necesidad de creer y de dejar de creer!   Octubre-15


282- Budismo y sufrimiento. Cuando en “las Cuatro Nobles Verdades del Budismo” se hace referencia a que “…el sufrimiento humano procede del deseo… y que eliminando el deseo puede ponerse fin a nuestro sufrimiento…”, me surge la siguiente cuestión (para mi retórica): ¿No podría ser que al hablar de “no-deseo” estuviera refiriéndose al darse cuenta de la no-existencia del personaje que siente deseo? ¿No consistirá el no-deseo en la aceptación incondicional de que no hay otra existencia que la consistente en el Estar Siendo o fluyendo de la incertidumbre absoluta y/o el Estar Siendo todo-nada-uno, esto es, ninguna existencia con algún rastro de identificación, de limitación, de condición, de intención, de norma, determinismo? ¿Cuál es el origen del deseo de un sujeto, sino la creencia en el sujeto que cree experimentar deseo de ser alguien, de poseer algo, de alcanzar alguna meta, de sentirse de alguna manera? ¿En qué consiste la aceptación, sino en la consciencia de estar rechazando aquello por supuestamente precisa ser aceptado en la existencia particular o egoica de alguien? En la consciencia de la no-existencia de algo que pudiera consistir en una posibilidad de ser determinada (un uno), ¿quién podría desear y qué podría desearse, no habiendo nada que consistiera en otra posibilidad que el fluir y/o la manifestación incesante de la más absoluta incertidumbre? ¡La ilusión del sufrimiento nace de la creencia en sí mismo del personaje que desea sufrir! Todo deseo es igual de ilusorio que el personaje que, por creer experimentarlo, también se identifique con ello. ¿De qué sirve la creencia en el deseo, salvo para reforzar la idea de la existencia del deseador, aunque ello también suponga sentir sufrimiento? Podría compartir con el budismo que el deseo puede llegar a originar sufrimiento; pero ¿acaso no genera sufrimiento también la represión del deseo? Efectivamente, no es el deseo ni la represión de cualquier deseo lo que origina sufrimiento, sino la creencia y/o la identificación con la existencia del personaje que, para continuar creyendo en la autenticidad de la percepción que tiene de sí mismo, después obligatoriamente necesita creer también en el deseo, en el sufrimiento, en los juicios, en el amor, en la felicidad, en un creador, y en todo cuanto le ayude a justificar el victimario de su vida. ¡Deja de desear ser alguien con deseos, pues nada puede ser algo distinto al Estar Siendo de todo a la vez sin necesidad de ser un algo determinado! Así pues, deja de creerte y/o de desear ser buena persona, porque verdaderamente jamás podrás ser una persona buena ni mala; deja de creerte y/o de desear cualquier forma de ser, porque, salvo imaginariamente nunca dejarás de Estar Siendo nada determinado…, aunque el deseo de pretenderlo estará dificultando la consciencia de ello.   Octubre-15


283- Breves (4). 1- Sólo existe un Sí Mismo: aquel que estando siendo absolutamente todas las posibilidades a la vez, sin embargo no es nada y/o ninguna entidad en particular; no hay ningún Sí mismo que sea un alguien ni un algo determinado. ¡He ahí al Uno Mismo -no particular ni limitado- que los antiguos griegos aconsejaban conocer al exponer aquella famosa afirmación de “Conócete a ti mismo”! No hay nada que sea el estar siendo de “un” algo/alguien, por eso es que al cogernos y/o al identificarnos con la creencia en algo, lo que surge es otra creencia, otra ilusión, otra fantasía… reforzando a la primera. 2- Nada está fuera ni dentro, arriba ni abajo, aquí ni allí… en el pasado ni en el presente ni en el futuro, porque consistiendo todo en el Estar Siendo de nada determinado (todo-nada-uno) carente de tiempo, de espacio y de cualquier otra particularidad… nada es algo ni está incompleto nunca. Dios no está en la vida de nadie, pues no siendo real ningún tipo de determinismo, no existe Dios ni aquel individuo que pudiera creerse su creación. En el Estar Siendo sin más, no hay ninguna posibilidad que no consista en el Estar Siendo de la indeterminación e incertidumbre más absolutas. Al considerarse un algo concreto, el ser humano queda reducido a una creencia; por eso, lo que parece cambiar o evolucionar no es el ser humano, sino las creencias que lo crean y lo sostienen.
3- Los apegos sólo se necesitan para seguir sufriendo, deseando, temiendo; y también sintiéndose felices, amados, buenos, etc., es decir, para continuar identificados con la creencia en el sujeto protagonista de cualquiera de esas posibilidades. Mientras intentas ser feliz sigues representando a la consciencia identificada con el ego o con el personaje que se cree tal y, por lo tanto, también necesitado de todos los demás castillos de arena que la mente pueda crear. Las ilusiones necesitan de más ilusiones para sobrevivir: ¡No hay mayor ilusión que la de creer en un uno mismo particular y con cualidades particulares! 4- ¿Que es capaz de crear la mente y/o la consciencia identificada con la percepción egoica? Para responder a esa pregunta sólo hay que mirar todo cuanto acontece a diario en nuestra hipotética existencia personal; sólo hay que observar lo que apreciemos a nuestro alrededor, en nuestras relaciones personales, en el día a día de nuestro país y de cualquier parte del mundo. Sin excepción alguna, cualquier experiencia (física, psíquica, emocional, anímica, espiritual, etc.,) que alguien alcanzara a percibir, ello estaría siendo creado por la mente. Guerras, enfermedades, religiones, políticas, filosofías, ideologías, discriminaciones, corrupción generalizada, abusos de poder…, y también todo aquello que fuera visto y juzgado positivamente, por mucho que pudiera considerarse cierto, útil, necesario y con alguna finalidad, nada dejaría de corresponderse con una creación mental.   Octubre-15


284- ¡Creencias y depresión! Todo aquello que el ser humano pueda considerar que es humano (sufrimiento-felicidad, alegría-tristeza, amor-odio, culpa-perdón, miedo-deseo,…) sólo será eso dentro de la creencia de que verdaderamente exista eso que está creyéndose. ¿Son necesarias las creencias para el Estar Siendo y/o aconteciendo, cuando Estar Siendo no consistiera en ser ni en permanecer siendo nada concreto? No, la existencia no necesita de creencias en la existencia para estar siendo existencia; la existencia está siendo sin necesidad de que se crea en ello. Sin embargo, otra cosa bien distinta ocurre cuando -desde la consciencia identificada con un alguien- a la existencia se la considera “el ser y/o el estar siendo de algo”. Creer en la existencia de algo sólo sirve para crear, limitar y condicionar la supuesta existencia particular del creyente. La manera de eliminar el deseo no puede ser otra que la de trascender la creencia en el personaje que, creyéndose un ser real, luego origina la creencia en el deseo, la creencia en la diferenciación entre unos deseos positivos y otros negativos, la preferencia entre unos deseos sobre otros… y así hasta convertir el fluir neutro e inocente de la existencia en lo que hoy los seres humanos consideramos que es normal, lógico, razonable, útil, necesario, real. No se trata tanto de cambiar las creencias -cualquier hacer desde la identidad de alguien refuerza la creencia en la existencia de ese alguien y de todo cuanto parece configurar su vida- como de darse cuenta de la fantasía que supone cualquier creencia en un sí mismo y en sus experiencias personales. Tampoco se trata de dejar de creer para dejar de crear aquello que se cree que está siendo creído, pues sencillamente no hay nada que creer ni nadie que esté creyendo nada. ¿Qué es una creencia? -Me preguntó un amigo. “El efecto de la identificación de la consciencia…” -respondí sin haberme parado a pensarlo. La creencia original nace de la creencia en la identificación con una supuesta creación; por eso mismo, soltar la identificación equivale a soltarse de las creencias y viceversa. El ser humano nace de la creencia de haber sido creado, por lo tanto, de la creencia en un creador que no esta consistiendo en el estar siendo él mismo. ¡He ahí que no hay otro creador que el Uno Mismo que los antiguos griegos aconsejaban conocer, y que consiste en la innecesariedad de la existencia de nada determinado! Ego (ilusión) consiste en todo cuanto física, psíquica, emocional, anímica y espiritualmente surge de la creencia o identificación con la posibilidad de ser “un” algo y/o del estar siendo de “un” alguien. La depresión (enfermedad o crisis profunda de identidad) ¿podría definirse como un ataque agudo de identificación, un ataque agudo de ego, esto es, de victimismo, de pobre de mi, de culpabilización, etc., del yo creído e identificado?    Octubre-15


285- ¡No pudo verse de otra manera! (1/2). En el presente, los seres humanos -a partir de la perspectiva de creernos eso- estamos viviendo aquello que “interpretamos y/o que juzgamos” que estamos viviendo; pero no porque ciertamente algo sea eso que creemos estar viviendo, sino precisamente porque estemos interpretándolo (creándolo) de esa manera concreta y en base a múltiples factores, condiciones, creencias, conflictos, intereses, inconsciencia. E igual que ahora, así ocurrió con las experiencias del supuesto pasado… y ocurrirá con las del supuesto futuro de nuestro personaje. ¡Necesitamos una papelera de reciclaje bien grande! Mientras persiste la identificación con un sujeto protagonista, no se vive el Estar Siendo, sino la interpretación egoica, particular, condicionada, interesada, etc., que cada mentalidad cree, juzga, inventa o crea. ¡Nada fue, es, ni será, eso que parezca vivirse ni de la manera que alguien pueda creer que está viviéndolo! ¿Puedes asimilar la responsabilidad y la liberación que supone comprender eso y mirar de frente el miedo que origina? Para aparentar una existencia propia creíble, toda posibilidad de ser algo determinado (ideas, ideologías, creencias, dogmas, deseos, miedos, sentimientos…) necesita de la creencia en un punto de referencia. El comunismo necesita de que la población rechace los abusos y los excesos capitalistas. El capitalismo precisa de que la mayor parte de la población viva precariamente a la vez que  creyendo -creando- sueños. Las religiones necesitan que mucha gente “crea” en la realidad del sufrimiento, de la culpabilidad, del castigo y de la promesa de un cielo futuro. La creencia, que respecto a sí mismo el ser humano lleva impresa en lo más ancestral de sus genes, requiere de la creencia en un creador todopoderoso. ¿Serán conscientes del sufrimiento, del miedo, de las enfermedades y de tantas miserias más, que originan en las mentes de sus semejantes aquellos que hacen creer en la existencia de un dios…, origen y seno de la vida, del bien, del amor, de la felicidad, de la paz, de la libertad, del cielo, etc., y, por lo tanto, también de los opuestos de dichos conceptos? ¡La creencia en un dios, en un buda, en un maestro, en una filosofía, en una ideología, en una identidad, en un futuro mejor, etc., igual que todas las demás creencias humanas, expulsa a sus adictos de la consciencia de la realidad haciendo que vaguen buscando la causa de aquello que nunca sucedió! No se trata de darse cuenta de que lo pasado no pudo ser de otra manera… sino de que las creencias con las que estamos identificados no dejaron, no dejan y no dejarán verlo distinto. (sigue)  Octubre-15

286- ¡No pudo verse de otra manera! (2/2). Todo ser algo y/o ser alguien, siempre pertenece al mundo de las creaciones originadas por las creencias; cuanto más sagradas, venerables, nobles, etc., se consideren las creencias que están creando al creyente, mayor será también el grado de rigidez, de confusión, de desarmonía e inconsciencia que originen en las mentes que las asuman como veraces. Al pensar que en el pasado algo “no puedo ser de otra manera” -a parte de estar aceptando la creencia de que algo determinado fue de alguna manera determinada para alguien determinado- lo que realmente estará manifestándose será que, por corresponderse aquello concreto con una conclusión mental absolutamente condicionada, “no es que ese acontecimiento no pudiera ser otra cosa distinta ni de otra manera, sino que, debido a los programas mentales predominantes en cada individuo, aquello…, ““que verdaderamente no era nada más que el fluir de la vida neutra””, sin embargo no pudo evitarse verlo y/o interpretarlo de otra manera y/o siendo un algo…, esto es, siendo el reflejo de las creencias que estuvieran configurando a ese sujeto. ¿Hay verdadera necesidad de ser tan crueles y victimistas con respecto al personaje que constituimos e interpretamos? Rotundamente no. ¡Excepto el Estar Siendo de todo-nada-uno, todo lo demás son meras y simples interpretaciones absolutamente especulativas; por ser nosotros y este mundo -supuestamente nuestro- de naturaleza ilusoria, nada viene impuesto… todo lo creamos nosotros mismos a partir de la creencia en nosotros! Pero, incluso si algo hubiera sido de otra manera diferente a como se llegó a creer que fue -porque tenemos el poder de crearlo distinto-, entonces aquello tampoco habría dejado de consistir en una percepción y/o una interpretación. ¿Alguien aprecia en ese ámbito algún tipo de culpabilidad y de necesidad de perdón que no fuese ilusorio también? ¡Fuera del universo de la mente, nada es algo ni de ninguna manera, porque sencillamente nunca hay ni acontece nada siendo algo distinto al Estar Siendo todo a la vez pero sin ser nada determinado! Cuando aquella personalidad particular, que nosotros mismos creemos ser, consiste en una simple interpretación surgida de más allá de esa apariencia, ¿cómo no van a serlo también el resto de nuestras supuestas percepciones, juicios y vivencias? Deja de mentirte creyéndote feliz o infeliz, amado o despreciado, culpable o inocente, mejor o peor, libre o esclavo, buena persona o una persona imperfecta…, pues no siendo tú un algo ni un alguien verdadero más allá de las creencias que crean esa percepción, ¿para qué seguir poniéndote piedras en las que tropezar? Consistiendo todas las posibilidades en el Estar Siendo de todo a la vez, sin que nada sea un algo determinado nunca, ni de ninguna forma determinada nunca (todo-nada-uno), ¿dónde está realmente la carencia de felicidad, de amor, de paz, de libertad, etc., que apreciemos en nosotros mismos y/o en los demás…, salvo en la creencia en la posibilidad de la existencia de esas necesidades y las de sus opuestos? Nadie es feliz ni infeliz fuera de la creencia -creación ilusoria de esa percepción y de esos sentimientos- referida a un sí mismo hipotético.  Octubre-15


287- Breves (5). 1- Todos los estados, que la consciencia del ser humano identificado consigo mismo, crea experimentar -lo mismo los que considere agradables o positivos, como aquellos otros que valore o juzgue como desagradables o negativos- serán siempre igual de ilusorios que su creador. ¿En qué, sino en esa ambivalencia consiste la identificación? Rechazar unas posibilidades y perseguir las otras -así lleva la humanidad desde el principio de su supuesta creación y/o de su hipotético éxodo- no tiene ningún sentido, pues tanto unos estados como los otros constituyen la misma creencia retro-alimentándose como si fuera un péndulo. 2- Deja de hacer y de dejar de hacer; deja de creer que eres el sujeto que hace algo y/o el sujeto que deja de hacer algo, porque no hay absolutamente nada -ni real ni irreal- que consista en otra posibilidad distinta al Estar Siendo sin rastro de identidad ni de identificación. Todo supuesto hacer de alguien siempre consistirá en el Estar Siendo del no-uno y/o del no ser algo determinado. He ahí que no habiendo nada siendo “un” algo, tampoco pueda haber diferencia entre el hacer ni el dejar de hacer de “un” alguien. 3- Se crea aquello que se cree; más comprende que ello sólo es posible en el mundo virtual de las creaciones de las creencias. Incluido el uno mismo personal, si algo se ve y/o experimenta… (no importa que parezca físico, psíquico, emocional, anímico…) será debido a que estará creándose esa percepción de la manera exacta que esté siendo percibida. ¡Así te ves -en todos los aspectos posibles- a ti y a todo cuanto configura tu vida…, así estás creándote a partir de la creencia y de la identificación con el perceptor! Las apariencias la crea el perceptor que las percibe por estar creyendo en la identidad de un sí mismo particular; más, puesto que el Sí Mismo consiste en el Estar Siendo universal, infinito, impermanente e indeterminado, ¿qué creencias están creando esa manera tan especial y limitada de percepción? La percepción de la maldad y/o de la bondad en otros surge de la creencia en la existencia de “un” individuo creyente en sí mismo y en todo cuanto percibe después de crearlo.  4- Dar y recibir es lo mismo, porque también es la misma fantasía. Dar y recibir es lo mismo, porque, salvo ilusoriamente, nadie puede dar ni recibir nada…, ni a sí mismo ni a otros ni fuera de este mundo de ilusiones. Dar y recibir es lo mismo, porque más allá de las creencias en que dar y recibir consistiera en algo distinto al Estar Siendo todo a la vez sin que nada estuviera siendo algo por separado (Todo-nada-uno), ciertamente no hay nada que pueda darse ni recibirse. Nadie puede dar ni recibir eso que las personas interpretamos que es amor, felicidad, libertad, paz, vida…, y tampoco nadie puede quitar a otros nada que, como lo citado anteriormente, no consistiera en una sencilla creación e interpretación mental. No hay dos, porque tampoco hay uno; no hay dar y recibir; no hay el que da ni el que recibe.  Octubre-15


288- Heredar el pecado original. ¿Qué diferencia real puede haber entre vivir temiéndole a la divinidad y vivir temiéndole al Estar Siendo del Uno mismo desprovisto de la identidad particular que otorgan las creencias? La expresión "Dios une", ¿de dónde puede proceder, sino de la creencia humana en la existencia de la separación que precisa de ser restaurada? ¡He ahí que no habiendo ningún Estar Siendo determinado, al creerse e identificarse con una individualidad, el ser humano vive en una realidad troceada! Soltar la creencia en la existencia de “un dios” libera a la humanidad del enorme peso psicológico -el peso de las creencias- que ha ido acumulando ancestralmente; pero no porque la creencia en dios y en uno mismo sea buena y/o negativa, sino porque es una creencia: “la primera creencia”. La fe no consiste en creer en algo, pues no hay la menor necesidad real de nada que sea la fe y mucho menos que consista en la fe de alguien en algo. Las creencias (creaciones y/o ilusiones mentales) convierten en ilusorio tanto al creyente como a lo creído por dicho personaje. Si tener fe consiste en creer y/o en dejar de creer, en lugar de tener fe date cuenta de que no hay nada que no este consistiendo en el Estar Siendo de todo a la vez… y sin necesidad de que nada sea algo determinado que tenga que ser comprendido ni aceptado por alguien ilusorio: ¡Nada-Uno! Si la fe -esa cosa extraña y dogmática de la que tanto hemos oído hablar-, pudiera manifestarse de algún modo, diría que seguramente sería abandonando, soltando, dejando ir… la creencia en cualquier necesidad de creer en la existencia determinada de algo, pues la realidad trasciende cualquier necesidad de creencia. ¿En qué consiste realmente la fe de alguien en algo, a parte de en la creencia de ese alguien en la autenticidad de sí mismo? No puede haber otra fe que la consistente en aceptar la falacia de nuestra existencia particular. ¿No consistirá el “pecado original bíblico”, que supuestamente supuso la expulsión del hombre del paraíso y de la compañía de su creador, precisamente en la creencia de la creencia de un hipotético e ilusorio alguien, acerca de la existencia de un dios creador, y, por lo tanto, diferenciado y separado de cuanto no consistiera en el Estar Siendo único, simultáneo, instantáneo, universal e indeterminado (todo-nada-uno)? Creer o no creer no es tener fe; para creer o dejar de creer antes tiene que admitirse la existencia de “un” creyente. ¡Creer en la existencia de un creyente anula cualquier posibilidad fe no religiosa! ¿No será quizás la primera creencia -la creencia en dios- aquel primer pecado que se hereda, esto es, el origen de la creencia en el creyente y/o el ser humano identificado como una entidad creada y, por lo tanto, distinta y separada del creador? El ser humano se auto-expulsa de la realidad al creer en su existencia y en la existencia de Dios como “un” algo distinto al Estar Siendo de nada concreto. Mientras que en la consciencia persista la creencia en la presencia de un sujeto, cualquier tipo de creencia equivaldrá a crear la idea psicológica del pecado, de la culpabilidad, del castigo, del miedo y de todo cuanto lleva configurando la existencia de la humanidad desde siempre.   Octubre-15


289- Breves (6). 1- El sufrimiento nace de una manera egoísta de ver y/o de creer en la vida; creer en la vida, como si la vida consistiera en el estar siendo de algo determinado, crea el sufrimiento que ineludiblemente también deberá experimentar su creador. Del mismo modo que aquello que imaginamos no existe, pues lo creamos al imaginarlo, igual ocurre con todo cuanto se cree, piensa, siente, experimenta, etc., desde la consciencia del yo personal. Pensar que los demás saben más, hacen mejor las cosas, etc., convierte a los demás en seres especiales, por lo tanto, en seres igual de irreales que aquel otro que supuestamente estuviera juzgándolos. 2- Toda observación, todo juicio, toda reacción… se hace desde la creencia en la existencia del observador, del juzgador, del hacedor. ¿Cómo no podría consistir entonces también todo ello en una creencia dentro de otra creencia? Todo cuanto me ocurre a mi, me ocurre a mi; pero sólo en la configuración de la ilusión de que yo soy “un” yo. ¿Cómo no vamos a considerar real -nada es real ni irreal- aquello que, precisamente por creerlo, estaremos creándolo nosotros mismos, a la vez que servirá para justificar la necesidad de continuar creyendo en la particularidad de nosotros mismos? Partiendo siempre desde la creencia en el uno mismo identificado, todo cuanto imaginamos que existe y todo cuanto percibimos existiendo es creado al imaginar y al percibir su existencia. Sin embargo, puesto que toda creación siempre será mental, también sus efectos lo estarán siendo y no merecerán preocupación. 3- Leo: “...Fluir con la vida quiere decir: aceptación de lo que llega. Dejar ir lo que se va…” (Nisargadatta).  Sí, -opino- pero entendiéndose que aquello que llegue sólo será un juicio, una interpretación, una creación mental… pues nada llega siendo algo ni de alguna manera. Y, porque realmente nada llegó, tampoco nada  podrá irse; pues todo llegar y todo marcharse de algo concreto sólo es posible en forma de creaciones ilusorias, percepciones, juicios, etc., a cerca del fluir y/o de la incertidumbre del Estar Siendo todo y nada determinado. ¿Acaso la aceptación no podría interpretarse también como el cese de toda negación o resistencia, esto es, darse cuenta de que, excepto en el mundo de la ilusión, no hay nadie que tenga que aceptar nada y tampoco nada que tenga que ser aceptado por nadie? 4- Soy consciente de que lo que voy a escribir ahora sonará bastante duro; sin embargo, por muy fuerte que parezca decir que “sentirse honesto consigo mismo supone caer en otra forma de victimismo” -porque ello convierte al protagonista de ese sentir en un personaje o títere expuesto a todo tipo de especulaciones y juicios imaginarios y supuestamente inevitables-, pienso que más perturbador resulta continuar viviendo dando fuerza a las creencias que nos convierten en seres que existen diferenciados y separados del Estar Siendo la existencia. Los conflictos humanos no surgen tanto del hecho de que una persona se crea honesta, deshonesta, coherente, incoherente, etc, consigo misma y/o con los demás, sino de la gran fantasía que supone creerse una persona.   Octubre-15


290- ¡Gotas de consciencia! Había una vez un océano de consciencia tan extenso que no había dimensión que no estuviera cubierta por esa infinita capa de consciencia; dicho de otro modo: no había nada que dejara consistir en el Estar Siendo Consciencia. Ocurría que la vibración que surgía del existir de la consciencia -un efecto semejante al del calor que desprende el cuerpo humano- originaba una fuerza parecida a la del viento, cuya energía conseguía levantar olas en el océano de consciencia. Algunas veces, cuando las olas alcanzaban su máxima altura, de sus crestas se desprendían gotas de consciencia; en otras ocasiones las gotas de consciencia surgían cuando las olas de consciencia rompían en la superficie y volvían a integrarse en la forma inicial. Así era como las “gotas de consciencia”, por consistir su naturaleza en consciencia de ser y/o consciencia de estar existiendo, llegaban a creerse formas de ser individuales, separadas, algo diferente del estar siendo único de la consciencia. A partir de que las gotas de consciencia se identificaban con su aparente particularidad -aunque con la misma imagen y semejanza de las que por efecto de considerarse a sí mismas de ese modo especial también percibían repetirse a su alrededor- se hacía absolutamente necesario “crear” toda una serie de creencias para justificar su apariencia identificada y también un conjunto de normas que sirvieran para regularizar y ordenar las relaciones entre unas gotas de consciencia y las demás. Sin embargo, por encima de todas las elucubraciones e invenciones creadas por cada una de las gotas de consciencia en particular y por todas ellas en conjunto, siempre permanecía imperante la realidad de que, salvo el Estar Siendo Consciencia, nada más era cierto. Excepto para la consciencia identificada (mente) de cada gota y de la sociedad conformada por el conjunto de todas ellas, no existía ninguna existencia separada ni nada que ilusoriamente pudiera experimentarse desde dichas auto-percepciones. Excepto especulativamente no había el pasado ni el presente ni el futuro de ninguna gota de consciencia separada del Estar Siendo de toda la consciencia, pues ninguna gota había existido como tal individualidad antes de formarse, ninguna gota volvería a convertirse en esa misma gota después de retornar a la superficie y tampoco ninguna gota estaba siendo una posibilidad distinta  al Estar Siendo Consciencia. ¡No hay el nacer, el morir,  el karma, la reencarnación, el destino, la suerte; no hay nada de cuanto una gota de consciencia crea mientras se percibe siendo algo distinto y separado! Y colorín colorado este cuento se ha acabado…!  PD. No hay ejemplos ni cuentos de este mundo ilusorio que sirvan para expresar lo que no pertenece a la fantasía de la existencia siendo algo determinado.  Octubre-15  


291- Breves (7). 1- Si el vivir de alguien fuera verdaderamente posible, es decir, si vivir consistiera en algo distinto al Estar Siendo la vida misma, ¿qué sería eso de vivir? El vivir de alguien, ¿acaso no consiste en estar “convirtiendo en vivencias personales” aquello que, sin necesidad de que sea algo concreto, comprensible ni cierto, sin embargo su protagonista esté creyendo, creando e interpretando como si todo ello fuera de esa manera que sólo él experimenta así? Vivir desde la identificación con una individualidad determinada equivale a convertir en una creencia de realidad aquello que sea percibido e interpretado desde dicha consciencia identificada (mente). 2- No hay dualidad (dos, pluralidad) porque tampoco hay uno (unidad, singularidad), por lo tanto, no existe el “uno realidad” ni existe el “uno ilusión”. Nadie existe siendo un yo ni ninguna otra posibilidad concreta derivada de la creencia de estar siendo un yo. Deja de rechazar la consciencia de tu no-existencia determinada, limitada, victimista, carente, personalizada. A partir de la inexistencia de alguna individualidad, ¿qué son y/o en qué consisten “los espíritus”, salvo en la proyección de creencias materializadas y tan aparentemente reales como todas las demás posibles? No hay entidades individuales porque no hay nada que esté siendo un Estar Siendo particular y/o determinado… y tampoco que esté siéndolo en algún tiempo, espacio, dimensión, etc. 3- ¿En qué consiste el deseo de ser feliz, el deseo de amar y de ser amados, el deseo de vivir en paz y armonía? ¿En qué consiste el deseo de no sufrir, el deseo de no ser infelices, el deseo de no ser juzgados? En efecto, por mucho que parecieran otras realidades más trascendentes, todo ello siempre ha estado consistiendo en “los simples y vulgares deseos de nadie” a cerca de dogmas e ilusiones. El amor, la felicidad, la libertad y todos esos grandes sentimientos -también aquellos que rechazamos por indeseables- sólo son conceptos dogmáticos creados por la consciencia identificada con el hipotético sujeto protagonista. No hay dualidad; no hay ni el sufrir ni el sufridor, no hay ni el individuo que cree necesitar sentirse feliz ni la felicidad que alguien pudiera creer que necesita sentir. ¡No hay dos porque tampoco hay uno! 4- No es la búsqueda la que impide o dificulta encontrar, sino la creencia en la existencia del buscador necesitado de encontrar alguna cosa que pueda proporcionarle algo. Si crees que necesitas ayuda para algo, recuerda que únicamente podrás salir de ese laberinto sin salida dejando de creer que eres la persona que cree necesitar ayuda y/o cualquier otra cosa real.  Octubre-15 


292- Nada nuevo bajo el sol (1/2). Hay expresiones del  espiritualismo moderno que escucho respetuosamente una y otra vez, pero que ya no resuenan en mi consciencia; frases del tipo: “Estamos aquí para experienciar y hacernos conscientes de las situaciones y de las posibilidades que son propias de este mundo…”. “Hemos venido a este mundo con un pacto previamente acordado…”. “Antes de venir aquí para aprender decidimos no recordar quiénes somos verdaderamente…”. “Las vivencias del pasado no pudieron ser de otra manera…”. “Todo tiene un por qué y un para qué…”. Desde mi punto de vista, todas esas expresiones obedecen a la misma percepción personalista, alucinatoria, egoica, dualista, hipócrita, falaz, etc., respecto al Estar Siendo universal e indeterminado. ¡Miedo a estar siendo todo sin necesidad de ser nada! ¿De verdad -no consistiendo todas las particularidades en una simple creencia y/o ilusión consciencial- puede haber alguien aquí, que además haya venido temporalmente y sin memoria desde otra dimensión para vivir “experiencias especiales” en este “mundo especial”…, porque verdaderamente necesitara eso para su evolución particular? ¡Es hora de darse cuenta y de aceptar sin miedo que este mundo, todos los seres que lo pueblan y toda situación concreta que acontezca aquí -sin excepción- será pura ficción! Después de analizar desde cierta imparcialidad las citadas expresiones, resulta bastante más fácil no sorprenderse de las cosas que los seres humanos originamos y permitimos que sucedan cada día en esta historia… excusándonos para ello tras leyes y voluntades ajenas. ¿Será posible mayor grado de victimismo y de crueldad consigo mismo que el derivado de creerse esas teorías y todas las demás que puedan surgir de la creencia en la existencia real del personaje que supuestamente las estuviera protagonizando, esto es, que estuviera creándolas en el fabuloso mundo de la identificación con su aparente particularidad? ¡Nada nuevo bajo el sol! He aquí al ego: personaje ilusorio de un mundo ilusorio, surgido de la creencia de ser alguien determinado, separado, carente, especial “siempre necesitando y siempre dependiente”  de tenerlo todo bien controlado y mínimamente justificado. En efecto, de nuevo la misma historia de siempre: ¡Yo soy yo, el mundo es el mundo, algo supremo me creó a mi y creó este mundo (con las condiciones especiales de vida que se producen aquí) para que yo aprenda y así la consciencia se haga consciente de sí misma. ¡Alucinante, increíble, retorcido, maquiavélico…! (Sigue)  Noviembre-15 


293- Nada nuevo bajo el sol (2/2). Nadie ha venido a este mundo ha hacer algo, a experimentar algo, a recordar algo, a aprender algo,  a sanar algo, a expiar algo, a ayudar a otros en algo. ¡Nadie ha venido a este mundo! En el Estar  Siendo no existe nada siendo “uno ni algo”, porque el Estar Siendo consiste precisamente en el fluir incesante de la incertidumbre que hace imposible el menor rastro de determinismo. Es hora de aceptar el maravilloso reto que supone la consciencia de la existencia sin identificación y/o sin la necesidad de ser alguien; es hora de abrazar amorosamente la incertidumbre de estar siendo existencia sin particularidades, sin sujeciones, sin ideologías, sin disfraces ni armaduras, sin carencias ni objetivos, sin culpas ni redenciones, sin las creencias ni las condiciones que se heredan al considerarnos el estar siendo de una entidad única, especial… aunque terriblemente vacía y eternamente insatisfecha. ¡Ya basta de utilizar el invento de las supersticiones y de los miedos para continuar alimentando la creencia de que existimos siendo alguien creado único, especial, diferente y con una misión que cumplir! Todo cuanto un ser humano, es decir, una consciencia identificada con esa particularidad humana e ilusoria, crea que ha vivido (vivir algo consiste en crear y/o inventarse al supuesto personaje y sus supuestas vivencias), crea que está viviendo y crea que pueda llegar a vivir, siempre dependerá de las creencias que conformen esa mentalidad y/o personalidad. Sin embargo, precisamente porque toda vivencia personal es y discurre dentro de la realidad ilusoria creada por las creencias, ninguna experiencia pasada, presente ni futura vendrá impuesta por ningún poder externo con algún fin y tampoco será invariable e inevitable. No hay destino; el destino parecerá algo evidente y real mientras se mantengan activas las mismas creencias. ¡Cada uno de nosotros, por creer que somos esa identidad particular que creemos que estamos siendo, nos guisamos y nos comemos todo lo que, por estar creándolo nosotros, también creemos que lo vivimos nosotros! Todo vivencia de alguien sólo tiene cabida en el mundo creado por las creencias de esa consciencia, por lo tanto, puesto que siempre será ilusorio, suyo es también el poder de crearlo distinto. Quizás para las consciencias cansadas de creerse las mentiras que ellas mismas se inventan sea hora de rendirse y de soltarse del falso miedo a las nefastas consecuencias de dejar de creerlas, pues, paradójicamente es bastante probable que fuera de ahí todo sea como siempre hemos sabido que estaba siendo: ¡nada ni de ninguna manera! Ciertamente sucede que a fuerza de insistir en la actitud de excusarse tras supuestas leyes espirituales y otras tonterías similares, a la postre todas igual de crueles y de victimistas, puede llegarse a una especie de aburrimiento casi insufrible.   Noviembre-15


294- Breves (8). 1- En este mundo de apariencias nadie es tan especial como para no ser visto por sus semejantes; más, si te ven, reconoce que sólo están viendo un reflejo de las creencias e imágenes que la consciencia del perceptor tenga asumidas a cerca de su propia identidad. Entonces, ¿continuaremos ocupándonos y preocupándonos por nuestras percepciones y por las percepciones de los otros, cuando únicamente se corresponden con ilusiones y sólo perduran mientras se les presta atención? 2- Las creencias no son invisibles; creencias son todo aquello que pueda percibirse, sentirse, vivirse, desearse, recordarse, imaginarse. Creencias son todo ser algo, todo ser alguien, todo ser un qué, todo ser un por qué, todo ser un para qué, todo ser un cómo, todo ser un cuándo; creencias son todos los principios, todos los intermedios y todos los finales. Cada individuo está siendo creado por las mismas creencias que están creando sus percepciones, sus emociones, sus relaciones, sus ideas y todo cuanto dicho personaje pueda considerar que existe siendo algo separado del Estar Siendo universal. 3- Mientras se crea en la existencia de la culpabilidad siendo algo distinto a un simple juicio egoico -una forma ilusoria, condicionada e interesada de interpretar el fluir de la existencia-, también se creerá en la existencia de un culpable y de un inocente, de una víctima y de un malhechor, en la necesidad de perdonar y de ser perdonados, en la obligación de arrepentirse de aquello que no pudo evitarse que ocurriera, en la utilidad del castigo aleccionador… y en todo cuanto, sin existir más allá de las mentes que originan esas apariencias, mantiene a las consciencias atrapadas en esa red de identificaciones mentales. 4- Si la dualidad fuera algo cierto, no podría estar culpándose a otro sin estar culpándose a uno mismo…, más esas percepciones erróneas y victimistas no las solucionaría el perdón ni el arrepentimiento ni el miedo, porque perdonar es otra forma de creer en el uno separado del otro (dualidad) y de creer en el uno mediante la justificación de estar creyendo también en el otro. Pero no existiendo fuera de las creaciones mentales ninguna posibilidad de dualidad (pluralidad) porque tampoco más allá de dicho ámbito ilusorio es posible la existencia de ninguna  particularidad (singularidad), date cuenta de que no existe ni la culpa ni el culpable ni nada que un supuesto alguien pudiera creer que existe.  Noviembre-15


295- ¡Sin naturaleza! La famosa realidad (el Estar Siendo universal, indeterminado e indivisible…, la incertidumbre de la existencia sin condiciones ni limitaciones añadidas por la mente) continuará “siendo nada ni de ninguna manera específica” por mucho que el hipotético hecho de un supuesto creer personal dificulte comprender la innecesariedad de una naturaleza propia. Creer en la realidad sitúa y/o expulsa de la realidad al creyente, convirtiéndolo en un personaje irreal. Creer en la realidad, como si consistiera en el “ser de algo específico, que además puede experimentarse desde una posibilidad distinta a la de estar siendo la realidad”, convierte a esa realidad en una fuente inagotable de sueños, de esperanzas, de ilusiones, de frustraciones y de un sin fin de aparentes y de “creíbles” realidades. Creer en algo y/o en alguien convierte a ese algo y/o ese alguien en la creencia de una creencia, por lo tanto, en algo limitado y víctima de la mente que, por estar percibiéndolo así, también estará creando ese juicio al respecto. La realidad continuará “siendo nada” aunque la mente identificada con las particularidades no cese de crear percepciones absolutamente razonables. ¿Eligió el ser humano ser un ser humano en algún momento…, o quizás eso le vino dado, y con ello todo cuanto se deriva de eso? Vista desde fuera del Estar Siendo la vida misma, la vida nunca tuvo, no tiene y nunca tendrá otro sentido que aquel que la consciencia identificada (mente) quiera imaginarse. Pero, ¿acaso necesitaría tenerlo, salvo para mantener mínimamente satisfechas las necesidades del ego y/o de la ilusión surgida de la creencia en la posibilidad de ser el personaje que vive la vida en lugar del estar siendo el fluir de la vida misma? Leo: “Deja de pensar en lo que pueda pasar… y disfruta de lo que está pasando”. -Lo que pasó, lo que está pasando y lo que pueda pasar, pese a que tú lo puedas juzgar diferente y, por eso mismo, vivirlo diferente, realmente siempre habrá consistido, estará consistiendo y consistirá en lo mismo: ¡El Estar Siendo de nada ni de nadie determinado! Por lo tanto, haz y vive como puedas permitirte en cada momento, pero siendo consciente de que, independientemente de cómo lo juzgues y valores, nada de ello consistirá en algo distinto a Estar Siendo sin más, y que, por lo mismo, no hay ninguna diferencia real ni irreal entre una opción u otra. Excepto cuando se vive siendo la creencia de estar siendo un alguien concreto -en eso consiste el ego-, no es necesario detener el pensamiento, no es necesario luchar contra nada, no es necesario temer nada, no es necesario cambiar nada… pues sencillamente todo cuanto pienses, sientas, desees, temas, busques, etc., desde dicha identificación, consistirá en una simple fantasía. No se trata tanto de soltarse, desprenderse, desnudarse, desidentificarse de creencias, miedos, etc., como de darse cuenta (consciencia) de que, salvo ilusoriamente, nunca existió ese individuo ni nada de cuanto dicho personaje creyera alguna vez. ¡No existe nada que sea algo determinado, por lo tanto, tampoco existe ninguna naturaleza determinada!  Noviembre-15


296- Pecado y/o error. Cuando me percibía como un niño, los preceptos de la religión católica parecían formar parte de la atmósfera que respiraba y de la legalidad vigente; todo aquello era de obligado aprendizaje y cumplimiento. “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” -enseñaban aquellos que luego se comportaban como cualquier otro. Cincuenta años después comprendo que aquel “mandamiento” tiene bastante más sentido cuando se interpreta como una broma de mal gusto. Desde mi punto de vista, atiborrar la mente de los niños de creencias y dogmas incomprensibles, puede considerarse de muchas formas, pero nunca como un acto de amor. El ser humano es creado en un ámbito ilusorio, a imagen y semejanza de una creencia, de ahí el poder humano de crear en ese ámbito ilusorio aquello que cree, y también el poder de los que hacen creer algo sobre los que se lo creen. ¿Dónde -que no sea en la mente humana- y quién -que no sea la mente humana-, ha dicho alguna vez que haya que “creer” en dios, es decir, que haya que “crear” la existencia de un dios? El ser humano -ser mental- crea la creencia en la existencia un dios creador de todas las cosas sólo para poder justificar la hipótesis de la suya propia. Ya puede comprenderse que si hubiera algún pecado y/o error -que salvo imaginariamente no lo hay- ello seguramente consistiría en la creencia en la existencia de “un” sí mismo y de “una” divinidad.  Creer en “un” dios fue el primer pecado porque también originó la creencia en un creyente, es decir, la separación entre lo creído y lo creado por la creencia. ¡No hay un sí mismo y un dios y un prójimo separados; pero tampoco juntos ni siendo la misma realidad delimitada! ¿Has observado de qué manera viven aquellos que no dejan de “insistir e imponer” que creas en ti, que creas en tus posibilidades particulares…, y que también creas en dios y en  tus semejantes? ¡Divide y vencerás la batalla; separa y habrás ganado la guerra! ¿Piensas que esas personas son un ejemplo a seguir? Ahora iba a escribir que las mentes que ostentan los medios y el poder de hacer creer a las otras mentes aquello que piensan que les interesa, nos han mentido y que siguen mintiéndonos; pero eso sería muy fácil de aceptar y tampoco dejaría de ser otra mentira. Lo cierto es que si ello ha estado ocurriendo de ese modo ha sido porque así lo hemos permitido y continuamos permitiéndolo. No hay dos (dualidad), por lo tanto, no hay excusas ni vale buscar culpas fuera de las que son creadas por la creencia que se tenga a cerca del uno mismo.  ¡Sólo hay un uno mismo: aquel que consiste en no estar siendo nada ni nadie determinado!  Noviembre-15 


297- Breves (9). 1- Para estar siendo la vida misma no es necesario hacer ningún esfuerzo, ningún sacrificio, ningún cambio, ningún aprendizaje. Los esfuerzos, los sacrificios, los cambios, los aprendizajes y todos los demás “continuos haceres personales” son precisos para todo lo contrario, esto es, para mantener viva la creencia de que en lugar de estar siendo el estar siendo de la vida misma, eres el individuo que, por creerse eso, estará creando la falacia de la separación y/o del ser algo distinto a la vida misma. Los esfuerzos y los sacrificios, las luchas y las treguas, las ilusiones y las desilusiones, las alegrías y las tristezas, la felicidad y la desdicha…, sólo son imprescindibles para poder seguir identificados con el sujeto que, por estar creyendo vivir todo eso, también cree estar viviendo la vida. Si la vida fuese algo que puede ser vivido, entonces la vida sólo podría vivirse creyéndose -creando la fantasía de ser- algo distinto a la vida misma, esto es, el personaje vividor que no deja de esforzarse, de buscar, de desear, de temer y de inventarse justificaciones con las que negar su inexistencia particular.  2- Dicen que, para quitarse los miedos, antes hay que reconocer tener miedo. Dicen que no hay que tener miedo de reconocer que se tiene miedo. Dicen que a partir de reconocer que se tiene miedo hacia algo ya puede ir perdiéndose ese miedo. E igual que se dice con respecto al miedo acostumbra a decirse también con respecto a muchas otras   tenencias y/o sentires humanos. ¿Tener miedo? ¿Sentir miedo? ¿Quitarse el miedo? ¿Existe verdaderamente el miedo y el personaje que afirma experimentarlo? ¡No; todo es mente, todo es mental, todo ser algo es mentira! Todo ser, sentir, pensar, desear, experimentar algo determinado, siempre consistirá en los efectos de las creencias que, a causa de  ser creídas por alguien, crean eso. 3- Salvo ilusoriamente, nadie existe siendo una individualidad viviendo experiencias personales, por lo tanto, siendo conscientes de ello, quizás no deberíamos preocuparnos tanto de vivir tratando de dar ejemplo de esto ni de lo otro. Nada de cuanto parece discurrir en este mundo absolutamente mental sale y/o trasciende la ilusión que conforma este mundo absolutamente mental. 4- Comenzando siempre por el “uno mismo” que cada individuo cree ser, nada que sea considerado por dicho personaje como el ser y/o como el estar siendo de algo determinado, podrá ser jamás otra cosa distinta a una consideración, una hipótesis, un supuesto, una creencia, una fantasía. ¡Todo ser algo y/o estar siendo de alguna manera para alguien siempre consistirá en una mentira dentro de otra mentira. El yo personal, y todo cuanto crea vivir cada yo personal desde esa auto-consciencia (miedos, deseos, situaciones, sentimientos, pensamientos, sensaciones, intuiciones, espiritualidad…) siempre consistirá y discurrirá en la misma ficción de la que surge. A partir de ahí, vive como quieras, pero   siendo consciente de que todo te lo estarás inventando tú.  Noviembre-15


298- ¡Asomarse al abismo! Yo no soy el yo que cree que yo soy yo; nadie es el yo que, por creer que cree en sí mismo, estará creando la creencia en sí mismo. Yo no soy el yo que cree que es un yo, de ahí que desde la identificación con la creencia de que yo soy un yo, no sea posible dejar de creer que yo soy un yo…, y por eso mismo, tampoco nada de cuanto intente desde la creencia en mi, servirá para alcanzar la meta de dejar de creer en mi y en mis creencias. Nadie es el yo que cree que es; pero tampoco es el yo que crea que no es. Aunque esté manifestándose a través de este instrumento, la creencia en mi y del resto de mis supuestas creencias no son mías, esto es, del personaje determinado que está escribiendo y/o leyendo estas palabras. Las creencias del ser humano no proceden del ser humano, porque, concebida como tal entidad determinada, el ser humano sólo consiste en otra creencia. El ser humano, el yo que cada yo cree ser, conforma el efecto de una creencia y/o de una identificación de la consciencia. El origen de este mundo y de todo cuanto aparentemente lo constituye radica en la consciencia identificada o mente; en este mundo todo es mente o efecto de la  consciencia identificada con la posibilidad de estar siendo algo determinado -uno- en lugar del Estar siendo sin la menor posibilidad de determinación. El ser humano, al creerse una identidad particular en lugar del efecto mental de la consciencia que se expresa a través de suyo, queda atrapado en esa nebulosa ilusoria de creencias e identificaciones que le llevan a vivir en actitud permanente de victimismo (sufriendo y/o causando sufrimiento). El origen de todas las vivencias humanas no puede ser otro que el de la consciencia que se manifiesta a través de la identificación con las particularidades; pero nunca el de las particularidades identificadas. El yo, el sujeto; el individuo físico, psicológico, emocional, anímico, etc., no es causa de nada, no hace nada, no protagoniza nada, no es responsable ni culpable de nada fuera del ámbito mental de la creencia en sí mismo y en  todo cuanto interprete como propio. Mientras se actúe desde la identificación con el sujeto personal, que aparentemente protagoniza cada una de sus experiencias y estados, únicamente estará renovándose el sueño de la marioneta.   Noviembre-15


299- Breves (10). 1- ¡Dime qué crees y te diré cómo vives! Estando consistiendo el ser humano y también el resto de las particularidades percibidas desde esa identificación personalizada en la manifestación de una creencia y/o de un sistema de creencias conscienciales, ¿de qué dependería entonces la “inteligencia humana” junto con el resto de los distintos factores que caracterizan a la especie? ¿No estarán  siendo las creencias, que configuran la identidad de cada individuo, las que estén determinando también su inteligencia y su salud física, mental, emocional, etc.,?  ¿Acaso la historia de la existencia de cada uno en particular, y de la humanidad en su conjunto, no está creada y escrita por las creencias dominantes respecto a la existencia de cada uno y de la humanidad? ¡Cuanto más rígidas y/o aferradas estén las creencias en la consciencia que las manifieste, mayores serán también las limitaciones que experimente el individuo! 2- Puesto que verdaderamente no existe ninguna posibilidad de la existencia de “un” estar siendo concreto y separado del Estar Siendo universal e indeterminado, lo verdaderamente importante no es el “qué parezca ser” algo…, pues ello siempre consistiría en un juicio y/o una percepción que, salvo hipotéticamente, nadie estaría teniendo; lo verdaderamente trascendente radica en el “estar siendo sin más”, porque excepto Estar Siendo no hay ni ocurre absolutamente nada más. Excepto estar siendo el Estar Siendo no existe ni ocurre absolutamente nada que consista en “un” estar siendo determinado ni condicionado. He ahí que todo aquello que puedas creer que puede aportarte algo a ti -igual lo agradable como lo desagradable-, precisamente por estar siendo considerado “un” algo por la consciencia identificada, todo estará creándolo de ese modo la consciencia que también lo percibe. 3- La aceptación -exactamente igual que todo cuanto pueda ser nombrado y experimentado de alguna manera por alguien- tampoco deja de consistir en una creencia de la consciencia que conforma al individuo que se considera el aceptador. ¡No hay nada que (comenzando por el uno mismo personal), cuando sea considerado de alguna manera determinada no esté consistiendo en una creencia de la consciencia! La aceptación humana también nace de las creencias. ¿Acaso “aceptar” no supone estar dando por absolutamente cierta la existencia determinada de aquello que supuestamente debería ser aceptado por parte de  alguien determinado y también con algún fin determinado? ¿Acaso “aceptar” no supone también la admisión de que eso que debería aceptarse está siendo negado por el individuo que debería aceptarlo?  He ahí que “al aceptar” lo que realmente puede estar haciéndose (todo hacer determinado es ilusorio) sea reforzando el mismo sistema de creencias que origina aquella supuesta necesidad de aceptar y/o de dejar de rechazar algo… incluida la existencia de su hipotético protagonista.  Noviembre-15


300- Un mundo de conceptos. La aceptación, la felicidad, la libertad, el amor, la paz, el sufrimiento, la tristeza, la soledad, la vida, la muerte…, date cuenta de que todo lo considerado como ser “un algo determinado” para “un alguien también determinado” (tú), simplemente consiste en una mentira, una suposición, un reflejo de la consciencia identificada (mente) creando sin cesar conforme a su imagen y semejanza. Pese a su impresionante apariencia de realidad (porque nosotros estamos creándolo y creándonos), nada consiste en eso concreto que “un alguien” pueda creer que está percibiendo, viviendo, experimentando. Realidad es sinónimo de no-uno. La identificación con la existencia del uno representa el símbolo de la existencia dentro de un mundo de ficción. Fuera del ámbito del juicio ilusorio de aquel personaje ilusorio que nombra y asegura protagonizar experiencias personales, no existe ninguna posibilidad concreta de existir siendo "un" algo determinado. ¿Comprendes ahora la razón de que siempre estés sintiendo que prácticamente nada de cuanto protagoniza el ser humano tenga ningún sentido trascendente, y sólo sirva para hacer que la función teatral no termine nunca? La teoría dice que todo concepto tiene su opuesto; sin embargo, opino que hay un concepto que a la vez podría considerarse como el origen y como el contrario de todos los demás conceptos posibles: ¡El ser humano! En efecto, para poder creer en sí mismo, el ser humano crea todos los conceptos que luego también necesita utilizar para justificar todo cuanto aparentemente configura el desarrollo de su existencia particular. El concepto determinado e identificado del “ser humano”, no sólo origina conceptos tan aparentemente fundamentales como el amor, la felicidad, la libertad, la paz, el odio, el miedo, el sufrimiento, el deseo…, etc., sino que también supone la causa de todos los conceptos opuestos. ¿Cómo es posible eso? La razón es muy sencilla: ningún concepto existe “siendo eso concreto que se nombra”. Ni el nombre es lo nombrado, ni lo nombrado existe siendo eso que se nombra. He ahí que el concepto del ser humano es el denominador común presente e imprescindible para todos los demás conceptos o juicios. La creencia en la existencia humana le otorga apariencia de existencia a todo percibido desde ese mirador. Pero, ¿existe por sí mismo el amor, el miedo, la alegría, la felicidad...? ¿Existe todo cuanto afirma conocer y experimentar el ser humano, sin admitir previamente la existencia del ser humano que sostiene esas afirmaciones? ¿Existe algo sin la existencia del personaje que, por creer en la existencia propia y de ello, estará creándose a sí mismo y creando también aquello que afirme conocer y vivir? Incluido el propio ser humano, todo cuanto el ser humano cree que existe, sólo es así a partir de la creencia heredada del ser humano en sí mismo... siendo “un” sí mismo. Todas las creencias y creaciones, que el ser humano considera suyas -aunque realmente parten de la consciencia que utiliza la creación del ser humano como un instrumento-, van encaminadas a mantener viva la primera de ellas: la percepción de un sí mismo siendo una particularidad especial en lugar del Estar Siendo sin límites, sin determinación, sin identidad.  Noviembre-15


301- ¡Todo está siendo ninguno! Salvo en la creencia (creación ilusoria) de que la Realidad consiste en un algo determinado y conformado por infinitas partes diferenciadas y unidas entre sí (un todo), no es cierto que cada uno sea cada uno, y tampoco es cierto que todos seamos uno. Fuera de la especulación que suponen las interpretaciones mentales de la consciencia identificada, no hay dualidad (dos) porque tampoco hay  unidad (uno). ¡Al margen del ámbito mental no hay nada siendo “un uno”, ni siendo un “conjunto de unos”, ni siendo “todo uno”! Puesto que la existencia del uno y de cualquier otra posibilidad concreta o determinada por la creación y la percepción mental, siempre será de naturaleza absolutamente especulativa, puede comprenderse que “todo no es uno ni consiste en la suma de infinitos unos”. Todo no es uno; nada es en un algo; todo consiste en Estar Siendo sin ser ningún uno y/o nada específico. ¡Todo está consistiendo en el fluir ilimitado de nada y/o de ninguno! He ahí el gran misterio que “la consciencia identificada -mente- con la  existencia particularizada de estar siendo un algo”,  no alcanzará a comprender nunca: que todo no consista en el estar siendo de la suma de infinitos unos, ni que tampoco todo sea la manifestación de un uno, sino que todo está siendo el estar siendo de ninguno y/o de ninguna particularidad determinada. ¡Desde la creencia en el uno no puede comprenderse la existencia del ninguno! Todo está siendo sin necesidad -las necesidades son propias del ego y/o del creerse alguien- de que consista en alguna posibilidad de estar siendo algo que la mente pueda juzgar e interpretar como el estar siendo de “un algo”. Salvo en el mundo ilusorio de las creencias y de la justificación incesante de las creencias -este mundo nuestro- no hay nadie que tenga que expiar nada, no hay nadie que tenga que aprender nada, no hay nadie que tenga que cumplir con ninguna misión, no hay nadie que tenga que arrepentirse de nada, no hay nadie que tenga que experienciar algo con algún fin; no hay nadie que esté unido a ningún proceso consciencial y evolutivo. ¡Salvo en el mundo ilusorio de la consciencia identificada con la percepción egoica y/o determinista de la realidad, sencillamente todo está consistiendo en el estar siendo de nada ni de ninguno (todo-nada-uno). ¡Sin necesidad de ser nada... se está siendo todo! “Mi reino no es de este mundo” -dijo, viendo que no le comprendían.  Noviembre-15   


302-  Libre albedrío. ¿Que significado tiene el concepto del libre albedrío? Según la Wikipedia: “El libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones”. ¡…creencia de doctrinas filosóficas…! En efecto, sin embargo, considero importante señalar que para que exista el libre albedrío de alguien (las personas), primero tendría que admitirse la existencia de ese alguien siendo “un” alguien único, separado y diferenciado del resto del estar siendo universal, es decir, siendo “una” entidad particular. ¿Existe ese personaje? ¿Dónde y de qué manera podría existir si existiera? Sí existe; pero sólo como personaje u objeto de un mundo de fantasía, supuestos, especulaciones e hipótesis mentales; un mundo de castillos fugaces e ilusorios. Las personas existimos en forma de creencia y sólo siendo esa creencia y/o creación de la consciencia identificada. ¿Existiría el libre albedrío de alguien que sólo existiera siendo un individuo imaginario, es decir, existe el libre albedrío al margen de las creencias del individuo que piense y/o que se plantee si existe o no existe su libre albedrío? He ahí que sin admitir la existencia del personaje tampoco habría la existencia de nada relacionado con el personaje. ¿Sería realmente necesaria la existencia de algún libre albedrío allí donde todas las infinitas posibilidades de existencia fueran la misma y donde además esa única posibilidad no consistiera en ninguna forma determinada de existencia, es decir, existiría el libre albedrío allí donde nada ni nadie necesitara ejercerlo? ¡Los sueños, sueños son! Todo ser algo para alguien únicamente se corresponde con el universo de las creencias, y, por lo tanto, creaciones mentales proyectadas en forma de necesidades de existencia con las que a su vez justificar la existencia del creyente. ¿Cómo podría negar yo tu existencia y/o cualquier otra existencia (mundo, vida, muerte, felicidad, tiempo, espacio, emociones, pensamientos…), sin estar obligado a negar la mía también? ¡Uy, mejor sigo sin negar nada durante unas cuantas vidas más! Todo ser algo, todo ser de alguna manera, todo ser con algún fin, etc., siempre será de la misma naturaleza ilusoria, transitoria y egoica que la del personaje que creyera estar protagonizando esas percepciones o juicios. Y exactamente igual que sucede con respecto al concepto del “libre albedrío” de las personas -que todo ello únicamente es posible dentro de una creencia o creación mental-, también ocurre con el resto de los conceptos (el destino, la evolución, la muerte, el más allá…) que se quieran añadir.   Noviembre-15


303- ¿Aprender y conocerse? He leído la siguiente expresión: “Para poder asumir ciertas enseñanzas hay que empezar por desaprender lo aprendido; para llenar un vaso, este antes debe estar vacío.” Recuerdo que la primera vez que escuché referirse a la utilidad de “aprender a desaprender...” aquello resonó en mi consciencia y -aunque ningún ejemplo de algo correspondiente a este mundo sirve para comprender aquello que trasciende esta ficción- hasta ahora he estado considerándolo un punto de referencia. Sin embargo, hoy, al volver a escucharlo en una charla: ¿Consistirá el desaprender en darse cuenta de que todo lo supuestamente aprendido por alguien es mentira, porque está basado en teorías y dogmas absolutamente ficticios y/o en especulaciones transitorias y mentales? ¡Excepto ilusoriamente, esto es, conformando todo ello una fantasía mental, no existe nada que desaprender y tampoco existe nadie que tenga que desaprender nada! Tan perteneciente al mundo de la ment-ira es que nosotros seamos nosotros, como que nosotros hayamos aprendido algo alguna vez. He ahí que cualquier intento consciente por parte de alguien de desaprender alguna cosa, lo que ello supone es reforzar la inconsciencia de la creencia en la veracidad de su existencia particular, y también en la de todo lo que supuestamente debe desaprender. Si hubiera algo que desaprender, quizás se desaprendería aprendiendo que no hay “nada real” que desaprender. Puesto que real sólo puede estar siendo aquello que no sea nada determinado, ¿cómo podría haber alguien determinado que además necesitara desaprender algo determinado? Por lo mismo, ¿acaso conocerse a sí mismo no equivale a hacerse conscientes de que “no existe ningún sí mismo” individual ni colectivo ni universal, y, por lo tanto, de que el intento personal de conocerse lo que origina es justamente impedir darse cuenta de que “el uno mismo” consiste en el Estar Siendo de ningún uno determinado? De nuevo, excepto ilusoriamente, esto es, viviendo en la creencia de ser alguien determinado, ciertamente no hay nada que desaprender y tampoco nadie a quien conocer. Nada hay ni acontece que, por mucho que desde la identificación con la particularidad egoica pudiera pensarse, sentirse, creerse…, etc., que fuese “un algo”, en verdad siempre estará consistiendo en el Estar Siendo de todo a la vez…, pero sin que nada esté siendo aquello determinado que la mente (consciencia identificada) pueda crear a partir de las creencias.   Noviembre-15


304- ¡Alas para volar! La existencia humana, junto con este mundo y con todo cuanto aparentemente acontece aquí, consiste básicamente en el sueño temporal de la identificación consciencial con un soñador; un sueño tan efímero y tan repetitivo que parece casi eterno. Hace ya más de 2000 años apareció en este sueño un personaje con un mensaje distinto: ¡Si estás cansado de soñar…, si este sueño no te gusta…, puedes despertar ahora mismo! Evidentemente eso no le gustó a las mentes adictas a la necesidad ineludible del sufrimiento, del miedo, del esfuerzo y del mérito egoico. La buena nueva, de que podía salirse del laberinto con sólo atreverse a atravesar el umbral de la salida, todavía no ha convencido a las mentes programadas con la idea de que, igual que para volar hay que tener alas, para salir del sueño de estar creyéndose un soñador, obligatoriamente antes hay que recorrer un largo camino lleno de prácticas y de experiencias aleccionadoras. ¡Practica, practica, practica…! -repiten y repiten, como si realmente existiera alguien. A las mentes religiosas y espirituales, apegadas a la creencia en que todo debe seguir un arduo proceso, les cuesta mucho asimilar que las “alas para volar” sólo son necesarias allí donde, por creer en eso, se cree que eso tiene que ser así. ¡Mi reino no es de este mundo… daros cuenta de que aquello a lo que aspiráis -despertar- no puede comprenderse utilizando los mismos instrumentos o ejemplos que están usándose para negarlo o seguir soñando! -vino a decir aquel personaje. ¿De qué le sirve a la consciencia, que siente el deseo de despertar ya y/o ahora mismo, que le hablen de la reencarnación, del cielo futuro, de una cadena interminable de existencias dentro de la fabulación del tiempo y de todas esas maneras de auto-engaño? Jesús -aquel personaje que apareció en el sueño para recordarnos que podía despertarse cuando realmente se deseara (¿quizás porque despertar consiste en darse cuenta de que no existe nadie que esté soñando ni haciendo ninguna otra cosa distinta a Estar Siendo la existencia universal?)-, consciente de que su mensaje sería engullido por el mismo sueño y utilizado por las mentes soñadoras para lucrarse vanamente con la tergiversación de sus palabras, dejó dicha la única fórmula que conducía al despertar de la consciencia identificada (nunca del individuo): la fe no religiosa y/o la confianza. La fe que mueve montañas no consiste en creer ni en dejar de creer, pues las únicas montañas que necesitan moverse para despertar del sueño son las de las creencias en la existencia de un soñador. La fe no religiosa y/o la confianza, a la que seguramente se refería aquel personaje, consiste en trascender, en dar el salto ahora, en atreverse a abrir los ojos y empezar a ver ya…, ahora mismo.  Noviembre-15


305- Breves (11). 1- Cuando Jesús dijo aquello de: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y se os perdonará» (Lucas 6,37). ¿A qué debía referirse, escuchando desde la consciencia desidentificada? Hasta ahora mi interpretación consistía en creer que si yo no quería ser juzgado, condenado, etc., por los demás, entonces yo tampoco debía juzgar ni condenar a los otros. Sin embargo, comprendiendo que la diferenciación entre yo y los demás sólo consiste en una percepción egoica y victimista del Estar Siendo todo a la vez sin que nada esté siendo algo determinado nunca (todo-nada-uno), ¿podría ser que con la expresión “no juzguéis y no seréis juzgados...” estuviera indicando que puesto que todo consiste en el mismo Estar Siendo sin partes, sin separación y sin determinación, en realidad en el instante que juzgas no sólo estás juzgándote, sino que también estás creando la ilusión de tu individualidad separada? He ahí que al juzgar estaremos convirtiéndonos a la vez en los juzgadores, en los juicios y en los juzgados, y, por lo tanto, adentrándonos todavía más en el mundo de la fantasía y de las creencias egoicas. ¡No juzgues, porque para hacerlo tendrás que identificarte con el estar siendo ilusorio de “un” personaje juzgador! No hay diferencia real entre juzgar a quienes se perciban como “los demás, el mundo, la vida…” y juzgarse a sí mismo; en ambas percepciones (aparentemente distintas y opuestas) la consciencia estará reforzando la identificación que la mantiene atrapada en la creencia de que existe un yo juzgador separado de aquello que supuestamente estuviera siendo juzgado.  2- Aquello que no está consistiendo en el Estar Siendo de algo ni de alguien determinado, no muere porque tampoco vive. Para vivir y morir antes se tiene que caer en la creencia de “ser un” algo, de ahí que sólo se nace y se muere siendo esa creencia. Nace, vive y muere el sistema de creencias que conforma la falacia de la existencia de cada individuo. Salvo en el mundo de las creaciones mentales, surgidas de la identificación de la consciencia con las creencias, no existe ningún “soy” y tampoco ningún “somos”. Nada “es” ni está siendo “un” ser algo, por lo tanto, excepto en la creencia de que existen las particularidades, es decir, en la IDENTIFICACIÓN (fenómeno de crear apariencia de identidad) con los contenidos de las creencias, en verdad nada acontece, nadie vive, nadie muere, nadie hace, nadie piensa, nadie siente.  Noviembre-15


306- ¡No somos! (1/2) -Otra pregunta retórica, que el ser humano -suponiendo que puede plantearse cuestiones a sí mismo y también responderlas-, es aquella de: ¿para qué hemos venido a este mundo? Preguntas retóricas son aquellas que se expresan conociendo de antemano la respuesta. Desde mi punto de vista, el hecho de que las personas no conozcamos la respuesta a ninguna de las preguntas trascendentales -por retóricas- que creemos estar planteándonos a lo largo de toda nuestra supuesta historia, demuestra que el ser humano no es el autor, sino el intermediario. De cualquier modo, estaría bien darse cuenta de que antes de preguntarse algo, de manera que al hacerlo ya está dándose por cierta y conocida la parte más importante de la pregunta, quizás no ayude demasiado a la hora de avanzar en la comprensión de esos temas. ¿Acaso, al preguntarnos para qué hemos venido aquí, no estamos dando ya por definitivas e incuestionables muchas cuestiones que quizás vistas de otro modo no lo sean tanto? En este caso: ¿seguro que alguien determinado ha venido de algún lugar determinado hasta este mundo determinado y además para algo determinado? Algunos entendidos en temas espirituales -obviando lo que he escrito anteriormente- dicen que hemos venido aquí para recordar quienes somos realmente.¡Por creer que no quede; pero tanto reencarnar para seguir sin memoria no parece serio! Para no alargarme mucho más, diré que, tal y como yo lo percibo, simplemente “no hemos venido aquí”, por lo tanto, que no estamos aquí para recordar lo que somos realmente ni para nada más; salvo ilusoriamente no existe ningún somos ni absolutamente ninguna otra forma (física, psíquica, energética, emocional, anímica, espiritual…) de existencia determinada. No somos nada ni nadie que consista en ser un algo que esté siendo un algo para un algo. No existimos nosotros ni los mundos ni nada que consista en ser "un" estar siendo concreto. ¿Todavía no puede trascenderse ni la creencia en el ver para creer y darse cuenta de que aquello que los sentidos nos permiten percibir no tiene porque ser nada más que un punto de vista de la realidad? (sigue)  Noviembre-15  PD. Estando siendo todo a la vez, ¿quién necesitaría ser alguien haciéndose preguntas sobre sí mismo? 


307- ¡No somos! (2/2) El hecho de que creamos percibir aquello que creemos percibir, no significa que lo percibido sea eso ni de esa manera que se juzga. El día a día de las personas identificadas demuestra que la existencia humana queda reducida al deambular por un universo de interpretaciones mentales absolutamente limitadas, condicionadas, egoicas… que, por estar siendo confundidas con la realidad, exigen un continuo y frustrante esfuerzo de adaptación. ¡Nada es lo que parece que es, ni como parece que es, porque verdaderamente nada está siendo “un” algo ni de ninguna manera! No somos buenos ni malos, mejores ni peores, culpables ni inocentes, felices ni infelices, perfectos ni imperfectos. “Salvo ilusoriamente no existe ningún soy y tampoco existe ningún somos”. Todo cuanto parece que existe siendo un algo y/o de alguna manera de ser, sólo es así dentro de la creencia que origina (que crea) esa percepción egoica, carente y victimista. ¡Nada es, ni acontece, siendo “un algo” distinto al Estar Siendo de nada determinado (nada-uno)! Fuera del mundo de las apariencias -creado por las creencias de la consciencia identificada-, nada hay, nada acontece, nada se hace; todo está sucediendo y/o siendo hecho sin que nadie esté haciendo nada distinto al Estar Siendo Universal. Los seres humanos nos creemos los protagonistas de algo porque nos creemos el estar siendo de algo; sin embargo, ello únicamente está siendo así especulativamente. Nada hay que buscar ni que deba ser encontrado por alguien. Nada hay que aprender ni que deba ser desaprendido por alguien. Nada hay de lo que culparse ni de lo que deba perdonarse alguien. Nada hay que desear ni que deba ser rechazado por alguien. Nada hay que temer ni que deba ser cambiado por alguien. Nada hay que recordar y tampoco hay nadie que necesite recordar algo. Todo ser, todo acontecer, todo hacer, todo sentir, todo experimentar…, por muy real que parezca, sólo estará siendo mentalmente. ¡Igual que no hay un soy, tampoco hay un somos! Mientras que en la consciencia perdure la identificación con la creencia en el soy (uno, ego, victimismo) también perdurará la del somos (dualidad, rivalidad, lucha) y tampoco podrán trascenderse todas las creencias que, para mantener vivas las anteriores, la consciencia identificada o mente (no el ser humano) estará creando y recreando continuamente. Excepto “el estar siendo” todas las posibilidades de existencia simultánea e instantáneamente, pero sin estar siendo nada determinado, ni para algo determinado (Nada-Uno), nada hay ni acontece que sea verdad ni mentira…, pues nada está siendo “un” ser algo.   Noviembre-15


308- Breves (12). 1- La percepción dualista y/o egoica consiste en percibir el Estar Siendo universal e indeterminado desde la suposición de una perspectiva personal, determinada, condicionada, fragmentada e interesada. Pero, como el mismo concepto indica, la percepción sólo es percepción y nada más. Percibir no implica existencia de lo percibido; sin embargo, el hecho de percibir exige la aceptación de la creencia en la existencia del perceptor, de la percepción y de lo supuestamente percibido, como si cada una de esas posibilidades consistiera en “un” estar siendo distinto. Las consecuencias de ello están a la vista. 2- No existe la culpabilidad de los demás; pero tampoco existe la culpabilidad del uno mismo que cada  persona cree que está siendo, pues ese personaje, y todo cuanto desde esa consciencia identificada pueda vivirse, siempre será absolutamente ilusorio. Paradójicamente, en la consciencia del Estar siendo sin identificación no existe ni la necesidad de las creencias ni la necesidad de los creyentes; en la consciencia del Estar siendo sin identificación no existe el existir de nada determinado. La culpa, el miedo, el deseo, el sufrimiento, la felicidad, el amor, la vida, la paz, la libertad…, todo ser un algo para un alguien son mentiras creadas por la consciencia identificada -mente- y asumidas por el individuo que cree necesitar creerlas para sentirse real. 3- Está la consciencia del Estar Siendo sin identificación. De acuerdo, pero, estar siendo ¿qué? En la consciencia sin identificación no hay ningún qué, no hay ningún quién, no hay ningún por qué, no hay ningún para qué…, y tampoco hay ningún ¿cómo, cuándo, dónde? Todas las preguntas surgen de la consciencia identificada -mente- con el personaje que ésta crea y utiliza para plantearlas; sin embargo, allí donde no hay identificación de la consciencia tampoco existe necesidad de satisfacer las aparentes necesidades surgidas de la identificación. ¿Comprendes ahora en qué consiste la fe (no religiosa) y/o la confianza capaz de mover montañas? ¿No serán las creencias en las particularidades, las montañas que deben moverse? Nada es eso…, ni es como eso que alguien pueda pensar, creer, sentir, desear, temer…, que sea “un algo”, pues, excepto el Estar Siendo de nada determinado, no hay nada determinado siendo. 4- En el mundo donde (aunque  sea percibido de otro modo) nada existe siendo algo distinto al Estar Siendo nada uno y/o nada concreto, tampoco nada necesita ser como parece ser allí donde todo parece ser un algo determinado, cambiante, transitorio, especial. “Mi reino no es de este mundo… y por eso no sirven los ejemplos de este mundo”. ¿Quizás por eso, mientras no sean trascendidas las creencias en nosotros y las creencias en todo cuanto sea creído desde la consciencia identificada  con nosotros -mente-, no sea posible comprender que ya está siendo todo sin necesidad de que alguien tenga que hacer algo?   Noviembre-15


309- ¿No sé? ¿Ámate? Llevo tiempo escuchando que “…en situaciones que no acabamos de comprender, y que, seguramente por eso, están haciéndonos reaccionar originando conflicto dentro de nosotros, resulta más honesto y coherente responder admitiendo: ¡No sé!” Cierto que cuando alguien expresa ese ¡no sé!, acostumbra a sentirse una sensación de alivio, de paz, de relax; pero sólo hasta la próxima vez que vuelve a tropezarse con la piedra del ego. ¿Quién, sino el ego, experimenta algo, con total independencia de que sea agradable o desagradable? Decir “no sé” no evita que permanezca la presencia real del supuesto “no sabedor”, esto es, de hipotético personaje que se considera a sí mismo (que se cree) un alguien concreto viviendo experiencias también particulares. Decir “no sé” ¿evita que permanezca la presencia real del supuesto “no sabedor”, o quizás la admite y la refuerza? ¿Acaso la causa de aquellas situaciones, que terminan originando sentimientos de malestar y de desarmonía, podría ser otra que la identificación con el personaje que cree -porque realmente no es así- que está experimentando algo ajeno a sus propias creaciones? ¿Y si la expresión del “no sé” fuera mutada por la consciencia del “no ser” y/o del “no soy”? El personaje que sabe o que no sabe continúa evidenciando la presencia activa de una identificación egoica: aquella a la que inconscientemente está sirviendo. Negar supone una afirmación del ego igual que la afirmación supone una negación del ego; nada, que fuera juzgado como un algo determinado, puede hacerse ni vivirse salvo consistiendo en un efecto de la identificación del ego. Donde se admite la realidad del uno (ser “un” algo determinado), también está admitiéndose la realidad del dos (dualidad-separación- opuesto) y así hasta llegar a la infinitud de hipótesis con las que justificar la “necesaria realidad” de la existencia del yo protagonista. Pensar: “yo no se nada” no es diferente a pensar “yo se algunas cosas”, pues en todos los casos será el mismo “supuesto personaje o ego” el que creerá estar identificado con una opción que, con independencia de lo que parezca, ello nunca será verdad ni mentira. ¡Todo ser algo y/o de alguna manera para alguien siempre será ilusorio! Partiendo de la consciencia de que toda existencia y toda experiencia particulares “siempre” serán de naturaleza mental y/o egoica, ¿quién puede decirle a otro y/o a sí mismo aquello de: ámate? ¿Qué fin se oculta tras esa expresión tan aparentemente sublime, aunque tan evidentemente egoica? Si “amarse” fuera posible, ahora opino que amarse significaría no creerse el ser de un yo ni de ninguna otra posibilidad limitada de Estar Siendo.  Noviembre-15


310- Breves (13). 1- He escuchado decir: “El deseo o intención de que algo fuera diferente a como está siendo, duele.” Suponiendo que, salvo porque la mente lo interpreta así, algo fuera de alguna manera, ¿por qué dolería y a quién podría dolerle? ¿Hay realmente algo que esté siendo “un” algo y/o de alguna manera de estar siendo no ilusoria para alguien que esté siendo “un” alguien no ilusorio? ¿No será que ese supuesto dolor está creándolo la consciencia identificada -mente- con el supuesto sentidor del dolor, precisamente para que esa identificación perdure? Para el ego -identidad ilusoria surgida de la creencia en ser alguien único- el dolor y la alegría, el sufrimiento y la felicidad, el amor y el miedo, que pueda creer que experimenta alguien, no son nada más que recursos de supervivencia. ¡He ahí de nuevo el miedo a no ser nada ni nadie, pero por estar siendo siempre todo a la vez sin necesidad ser nada determinado! 2- “...Todo existe para tu beneficio...”. (UCDM) Con todos los respectos, dudo mucho que esa expresión deba interpretarse como que “algún algo” ocurra para el beneficio de “algún alguien”, es decir, para tu beneficio personal, pues esa manera de verlo resulta bastante egoica. ¡No hay dos, porque tampoco uno! No hay eso que sucede y también el individuo al que le sucede eso; no hay ni eso que sucede ni el personaje al que supuestamente le sucede algo con algún fin ni por alguna causalidad. ¡Nada hay ni acontece; todo consiste en el Estar Siendo universal e indeterminado de nada-uno! ¿Comprendes ahora por qué nada de lo que ves tiene significado? “Tú percibes al mundo y a todo lo que éste contiene como significativo desde el punto de vista de los objetivos del ego”. (UCDM)  3- No hay nada que perdonar, porque tampoco hay nadie a quién perdonar ni nadie que necesite ser perdonado por nada. La creencia en el perdón nace de la creencia en la culpa; y ambas proceden de la creencia en la existencia del personaje que pudiera pecar, perdonar y ser perdonado. Sin la creencia en el sujeto que cree en su existencia, y también en todo cuanto éste cree protagonizar, ¿donde estaría la culpa, el perdón y el resto de las creencias en las que cree que cree ese personaje? ¡No hay dos ni tres ni cuatro…, porque tampoco hay uno siendo un uno, ni siendo un todo uno!  4- Escribí y publiqué una reflexión negando la existencia del libre albedrío, debido a la existencia ilusoria del personaje que pudiera plantearse aquella posibilidad. En esa misma reflexión decía que “…las personas existimos en forma de creencia y sólo siendo esa creencia y/o creación de la consciencia identificada”. ¿Somos nosotros, y todo cuanto vivimos nosotros, más allá del sistema de creencias que configuran nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras percepciones, nuestros juicios, etc.? ¡No existe ningún somos! ¿Cómo no considerar real todo cuanto haga, diga, piense, sienta, perciba, etc., un individuo, cuando el sistema de creencias que conforma todas sus capacidades está diseñado y programado para ello? Es hora de comenzar a soltar la identificación. ¡Consciencia…, reconócelo…, tú, siendo “un” tú, no existes!   Noviembre-15


311- ¿Quién soy yo? Cuando surge el deseo mágico de despejar la incógnita del angustioso y trascendental “quién soy yo”, los  seres humanos acostumbramos a estar absolutamente  convencidos (cuando ello sólo es una creencia) de que somos nosotros los autores genuinos de ese planteamiento. ¿Será ese error, de creernos los protagonistas creadores, en lugar de simples instrumentos, una de las causas de que la respuesta a dicha cuestión continúe oculta para sus supuestos artífices? ¿No estará surgiendo ese “deseo de conocer” de la consciencia identificada con el personaje ilusorio (ser humano) creado a partir de todo un enigmático sistema de creencias o creaciones mentales? Véase que cuando una persona cree, piensa, siente, etc., que está preguntándose a sí misma por su propia identidad -¿quién soy yo?-, no sólo estaría afirmando retóricamente su convencimiento absoluto e indiscutible de que “es un alguien real preguntándose por sí mismo”; además estaría sentenciando que es un alguien que ni se conoce ni se reconoce siendo eso que vive creyéndose y defendiendo. Es hora de darse cuenta y de asumir sin temor que la pregunta “quién soy yo” no surge del ser humano, sino a través del ser humano convertido en un canal de manifestación. El ser humano nunca podrá saber quién es, por la sencilla razón de que fuera de la creencia en su existencia particular (identificación), no está siendo nada ni nadie determinado. No hay un “quién soy yo”, porque tampoco hay ningún yo siendo un alguien preguntándose por si mismo. Otras veces, descartada la posibilidad del quién soy yo, la mente (consciencia identificada) también suele acudir al planteamiento del “qué soy yo”; sin embargo, ese nuevo camino sigue sin llevar a ningún sitio. No hay un “qué soy yo”, porque tampoco hay ningún algo siendo un algo que esté preguntándose por su propia naturaleza. Del mismo modo que al preguntarse “quién soy yo”, la fuente de esa pregunta (que no puede estar siendo el ser humano) está partiendo de la certidumbre de que “es un alguien determinado”, también al plantearse “qué soy yo”, aquella consciencia estaría dando por hecho que “es un algo determinado”. Del mismo modo que no hay creencia, pensamiento, sentimiento, juicio, experiencia, identidad, etc., que pertenezca al ser humano que así esté considerándolo, tampoco hay pregunta que el ser humano crea, piense, sienta… que es suya, que verdaderamente sea suya. Aquí todo es ilusorio, porque aquí todo surge de la identificación ilusoria de la consciencia. El ser humano no encuentra respuesta a su identidad, porque ese personaje, que supuestamente pregunta por sí mismo, simplemente no existe siendo esa particularidad. La creencia en la necesidad del conocimiento es típica del ego, es decir, del fenómeno mental de creerse ser un alguien determinado en lugar del Estar Siendo sin determinación. ¿Será que “la pregunta retórica del quién soy yo” emerja a pesar del conocimiento de que no existe eso que la consciencia identificada denomina yo (percepción egoica y victimista), y, por lo tanto, que el verdadero objetivo de la interrogante no consista en alcanzar una respuesta directa, sino la confirmación de la falsedad de eso?  ¡Menuda paradoja!  Noviembre-15


312- Breves (14). 1- En este mundo de continuas paradojas también se produce la paradoja de que todo puede vivirse de dos maneras o perspectivas fundamentales: Desde la identificación con el yo personal y humano, que cree ser cada individuo (consciencia identificada), y desde la consciencia de que no existe ningún yo que esté viviendo alguna cosa concreta, esto es, que ni él mismo ni sus vivencias sean algo que no consista en el Estar Siendo universal absolutamente indeterminado (consciencia sin identificación). Opino que no es tanto que los seres humanos estemos aterrados de descubrir quién somos, como de llegar a darnos cuenta de que nunca hemos sido alguien ni hemos vivido nada de aquello que habíamos creído que estábamos viviendo. 2- A veces pasa por mi pensamiento la idea de que si todo cuanto es percibido desde la perspectiva del hipotético yo que cada individuo cree ser (identificación de la consciencia con el personaje a través del cual se manifiesta), pudiera tener alguna finalidad, entonces esa seguramente consistiría en la de conseguir que la consciencia identificada despertara y/o se diera cuenta de que nunca ha existido ni ocurrido nada, esto es, que nunca existió una consciencia identificada ni nada de cuanto surgió de esa creencia. 3- Para que fuera cierto que alguien tuviera miedo a la muerte, primero tendría que estar admitiéndose la existencia particular del individuo que sintiera eso, y también la existencia particular del miedo sentido por esa persona, y también la existencia particular de la vida que esa persona sitiera miedo a perder, es decir, tendría que partirse de la identificación absoluta con la posibilidad de ser aquel personaje que, por creer que estuviera viviendo en el tiempo y el espacio, también creyera que un día tendría que morir. El miedo a la muerte nace de la identificación con la creencia de ser un alguien que está viviendo la vida y que también puede dejar de hacerlo. ¡Todo creencias! 4- Hoy al despertar he recordado lo que había soñado mientras dormía. ¿Acaso un sueño no es una creación mental? Entonces, ¿lo he soñado o lo he creado? Aunque los protagonistas del sueño eran conocidos, lo soñado y/o lo creado no parecía tener ningún sentido. Sin embargo, ¿acaso lo tiene aquello que soñamos/creamos durante el día? ¿No será que el ser humano no es ni el soñador ni el creador ni el experimentador del sueño, sino sólo una especie de pantalla en la que se refleja? ¡Bien podría estar ocurriendo desde el principio de los tiempos que igual que la tierra no era plana, el ser humano tampoco sea el protagonista de nada cuanto “cree” vivir! He ahí que sea posible dejar de preocuparse por los sueños como si fueran obra del soñador. 5- Todo ser algo y/o todo ser alguien…, siempre consiste en un juicio hipotético, ilusorio. En el universo no existe la determinación, en el universo no existe nada siendo algo que la mente no juzgue, ni de ninguna manera que la mente no juzgue, ni por ningún motivo que la mente no juzgue; todo ser algo para alguien y todo ser alguien para algo sólo consiste en simples "juicios" de una mente jugando a imaginarse historias. ¡Tú no eres la persona, sino la mente y/o la consciencia identificada con las creaciones que experimentas a través de la persona que estás creando para eso! Nada hay, pues todo consiste en el fluir del Estar Siendo universal sin que nada sea algo fuera de las interpretaciones de las mentes que lo perciben separado y determinado, porque así están creándolo también.  Noviembre-15


313- Desidentificación consciencial. Tal y como vino a decir el personaje de Jesús, aquello que posibilita que las montañas o creencias humanas puedan moverse y/o trascenderse en la ilusión de un tiempo-espacio, esto es, aquí y ahora mismo, radica en la fe (no religiosa) y/o en la confianza total en el sí mismo auténtico (sin identidad ni identificación). Que el fenómeno de mover y/o trascender las montañas y/o las creencias, que conforman y sostienen la fantasía de cualquier forma de existencia determinada, pueda producirse instantáneamente, ¿se deberá a que ese trascender no esté sujeto a “un suceder” distinto al “Estar Siendo todo ya”, es decir, que únicamente dependa de un simple darse cuenta o despertar? ¿Podrá producirse instantáneamente ese supuesto milagro del despertar y/o de la desidentificación consciencial debido a que la identificación con las creencias también está produciéndose justo ahora mismo, y, puesto que la dimensión espacio-temporal no existe, será que el inicio del sueño y/o de la identificación (pecado original) tampoco ocurrió en ningún hipotético pasado ni en un ilusorio más allá? ¡No es el ser humano el que está dormido y/o identificado, sino la consciencia que está creándolo y manifestándose a través suyo! Una vez comprendido y aceptado que la existencia del tiempo -igual que la del resto de las percepciones humanas- es ilusoria, ¿en base a qué criterios veraces podemos continuar defendiendo que la particularidad del ser humano fue creada muchos miles de años atrás en un idílico más allá, sin que todo ello no consistiera en el sueño de una creencia?  Nada ocurre salvo en la ilusión de que existe y de que ocurre algo. Todo creer que se hace algo no sólo implica creer en eso que se hace; también implica la creencia en el personaje que supuestamente estaría haciéndolo y la creencia de que ese personaje sería el verdadero hacedor. ¿Trucos de la mente o la magia de las creencias? En el mundo creado por las creencias, las creencias no unen, las creencias hacen que todo se perciba separado,  distinto, enfrentado. Comenzando por la creencia en el creyente, todo creer algo crea la percepción de la división y de la separación. Percibido desde la consciencia identificada con la creencia en el yo personal (ego) sólo puede comprenderse aquello que la consciencia identificada con el yo personal puede comprender: ¡más identificación!  Noviembre-15


314- ¡Soltándose de la creencia en Dios! (1/2) ¡Soltándose de la creencia en un Dios! (1/2) Puesto que, salvo configurando la creencia en una creencia, “nada puede ser algo ni alguien” siendo eso concreto que, desde el apego a la mirada de una identificación limitada, pudiera percibirse en el lienzo del tiempo, del espacio y de cualquier otra posible dimensión, date cuenta de que todo cuanto busques experimentar desde esa identidad humana será aparente, mentira; y date cuenta también de que todo cuanto alguna vez pudieras creer que puedes encontrar y vivir desde esa forma de percepción egoica, será igual de pasajero e imaginario. ¡Buscando en el reino de la mentira sólo pueden encontrarse mentiras!  Consistiendo el ego humano en el hipotético efecto de la supuesta identificación de la consciencia con la creencia ilusoria de “ser un ser humano”, ¿comprendes ahora el motivo por el que el ego (las gafas a través de las que se mira) genere una percepción fragmentada, separada, pobre y victimista de la realidad? Sin embargo, puesto que realmente jamás se ha producido ninguna separación ni fractura (de hay que todas las particularidades consistan en percepciones ilusorias) basta con darse cuenta de la apariencia de esas percepciones para, aún estando viviéndolas, poder trascenderlas instantáneamente. Nunca ha existido un yo ni el ego de ningún yo, porque salvo especulativamente tampoco nunca se ha producido ninguna fragmentación y separación de la Consciencia universal y/o del Estar Siendo universal. ¿Y por qué es imposible que esa división se haya producido alguna vez, y, por lo tanto, que la premisa inicial de todas las conclusiones posibles surgidas de dicho supuesto sean erróneas? La respuesta es muy sencilla: “porque, al contrario de lo que pueda percibirse, creerse y crearse desde la consciencia identificada con la particularidad humana, el Estar Siendo universal nunca ha consistido en el ser ni en el estar siendo de “un” algo concreto o determinado. “En mi Reino las cosas no son como parecen aquí” -dijo. Nunca la divinidad ha estado conformada por partes, pues nunca ha existido nada siendo “un” algo concreto ni “una” divinidad. ¡No hay dos, no hay dualidad, porque tampoco hay “uno” siendo "un" Uno! Es hora de soltarse de la fabulación en que consiste la posible identificación con la particularidad determinada de una divinidad. No habiendo "un Uno"... (sigue) Noviembre-15


315- ¡Soltándose de la creencia en un Dios! (2/2) -No habiendo fuera de la creatividad mental la más mínima posibilidad -ni real ni ilusoria- de la existencia de “un Uno” de la manera que “ser un uno” se percibe y se considera imprescindible e incuestionable en este mundo ilusorio, ¿cómo podría haber fragmentación y separación del NO-UNO, de forma que tras esa división surgieran infinitos unos más? ¡El Estar Siendo Universal y/o el estar ocurriendo ahora mismo universal, no está siendo por partes, ni por especies, ni por niveles, ni por grados, ni por preferencias, ni por nada de cuanto pueda compararse con aquello que pertenece al mundo creado por la mente! El truco egoico de utilizar la idea de que “la parte está hecha a imagen y semejanza del todo”, no sirve; ningún ejemplo de este mundo sirve para comprender aquello que no pertenece a las características de este mundo. He ahí que la realidad no es holográfica ni de ninguna otra forma que la ciencia que estudia la fantasía de las partes crea poder demostrar, porque la realidad ni tan siquiera es la realidad entendida como el estar siendo de “un” algo específico. El Estar Siendo universal, simultáneo, instantáneo e indeterminado no consiste en “el ser ni el estar  siendo de un uno (Dios) con alguna posibilidad de concreción”, de ahí que tampoco pueda dividirse y separarse. ¡Fuera de la creencia de que hay algo, incluyendo la idea de la existencia de una divinidad, lo cierto es que no hay nada siendo un algo! ¿Alguna consciencia mínimamente despierta dudaría del origen egoico de la creencia en ser hijos de un Dios y de las consecuencias que ello origina allí donde esa creencia sea sustentada y negociada? ¿De donde surgen las falacias del pecado, de la culpa y del miedo, sino de la creencia consciencial (nunca humana) de que alguna vez hubo algo y/o aconteció algo que consistiera en “un” algo concreto o determinado…, con capacidad e intención de juzgar, de enseñar y de castigar? Perdonarse consiste en aceptar la responsabilidad de que nunca ocurrió nada y/o en dejar de creer en la hipotética existencia de “algún algo” especial ni vulgar con el que continuar justificándose. El sueño de creer ser un algo determinado y transitorio, en lugar del Estar Siendo de todo a la vez…, pero sin ser nada determinado nunca, desaparece con la desidentificación consciencial con la creencia de que para estar siendo existencia se tiene que ser la existencia de un algo y/o de un yo, esto es, de estar creyéndose y creándose en forma de víctima. Todo creer que alguien concreto protagoniza algo concreto, no sólo implica la obligación de creer (crear mentalmente) eso concreto que se crea protagonizar; también implica la creencia en el personaje concreto (estar re-creándose continuamente) que supuestamente estaría haciéndolo, y la creencia de que ese individuo sería el verdadero hacedor de algo en lugar de un simple cauce. ¡He ahí que al creer en sí mismo el ser humano se convierte en el títere que vive creyéndose un titiritero!   Noviembre-15


316- ¡Consciencias dispuestas! Pese a lo que cada persona crea con respecto a sí misma, el ser humano consiste básicamente en una creación de la consciencia identificada -mente- con la posibilidad ilusoria de la existencia de manera particularizada y/o dividida en partes diferenciadas entre sí. ¿Desde cuándo se dice que la vida es sueño y que los sueños, sueños son? En efecto, los individuos auto-percibidos como tales entidades personales, y también todo cuanto supuestamente conforma la vida de los individuos identificados consigo mismos, discurre en la más pura ficción. Excepto el Estar Siendo universal, simultáneo e instantáneo, pero sin que nada llegue a ser “un algo” específico nunca (todo-nada-uno), nada existe siendo “un” algo. ¡Cualquier posibilidad de ser un algo determinado en el tiempo, el espacio o cualquier otra dimensión, siempre será una opción ilusoria, especulativa, egoica! A partir de la comprensión de esa pseudo-realidad absolutamente mental, victimista, determinada, degradante, fugaz…, ¿qué sentido tienen las creencias que defienden la existencia real de los espíritus, las almas, la reencarnación, la evolución, el más allá, etc,? ¡Todo ser un algo concreto para alguien siempre consistirá en una ilusión o creación mental, pues su origen no será el individuo que piense estar percibiéndolo, sintiéndolo, experimentándolo, etc., sino la consciencia identificada (mente) que simultáneamente estará creando tanto al supuesto perceptor como todo lo supuestamente percibido por dicho sujeto! Siempre han existido consciencias dispuestas a asumir la responsabilidad derivada de la aceptación de que verdaderamente no hay nada que consista en el estar siendo de “un algo ni de un alguien determinado” (Nada-Uno), y, por lo tanto, de que tampoco sea cierto que -salvo en el ámbito de la identificación mental con la apariencia-, algo no ilusorio le suceda a algún alguien no ilusorio alguna vez. ¡Nadie es culpable de nada, porque en verdad nadie hizo algo alguna vez ni le ocurrió algo a nadie nunca! Ahora mismo muchas consciencias están dándose cuenta de que no somos las personas las que tenemos creencias; son las creencias, de la consciencia que se cree separada e identificada, las que configuran la naturaleza o condición humana. ¡El ser humano no tiene consciencia; es la consciencia la que se sirve del ser humano! Por mucho que el instrumento trate de cambiarse a sí mismo, nunca podrá dejar de ser un instrumento; he ahí que el ser humano sólo es un intermediario de la consciencia  identificada -la mente- que está creándolo y sosteniéndolo. ¿Comprendes ahora el motivo por el que, viviendo desde la identificación con el instrumento no consigas comprender ni cambiar nada?  Noviembre-15


317- Una historia verídica. -Después de levantarse, al abrir la ventana el hombre no pudo evitar exclamar: ¡Qué día tan hermoso y radiante amaneció hoy! Pero más tarde, mientras la pareja preparaba en la cocina el desayuno familiar, igual que muchas otras veces, su hijo, a pesar de haber visto lucir un sol esplendido en un cielo completamente despejado, les preguntó: ¿hoy está nublado? -Los padres, conocedores ya de que con aquella sorprendente y desconcertante pregunta la intención del muchacho no consistía en otra cosa que en la de “que le confirmaran” aquello que él ya había comprobado por sí mismo, mostrando un gran énfasis en su respuesta le dijeron: ¡No, hoy está soleado! La confirmación de sus padres iluminó el rostro del joven, pues ahora estaba convencido de que era cierto lo que estaba viendo. En el mundo ilusorio de la existencia de las personas, hay mentes (consciencias identificadas) que  funcionan con “patrones distintos” a los generales; lógicamente, aunque no existen dos mentes iguales, las mentes que se engloban en patrones de funcionamiento semejantes, sólo por el hecho de constituir una mayoría se auto-consideran normales. Sin embargo, en ese mundo también es normal olvidar que “normal” no significa ser mejor, ni superior, ni más auténtico o real, sino que dentro del ámbito ilusorio de la creencia en la existencia de las individualidades, normal equivale a estar dentro de la norma o mayoría. Pero volviendo a la historia con la que comenzaba esta reflexión, quiero decir que me ha sido muy útil para comprender el enigma de las famosas preguntas retóricas o trascendentales de la humanidad (son retóricas porque se plantean conociendo de antemano la respuesta). ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Para qué estoy aquí? Paradójicamente esas preguntas demuestran que el autor de ellas nunca puede ser el individuo que cree estar planteándolas e intentando responderlas; la verdadera autoría no puede ser otra que la consciencia identificada -mente- que está expresándose a través de esa apariencia humana y mortal. ¿Comprendes ahora que no seas ni tu cuerpo, ni tus pensamientos, ni tus emociones, ni tus experiencias, y que tampoco tengas un principio ni un final, ni unos objetivos que no sean mentales? ¿Comprendes ahora el motivo de que todo cuanto vives desde la identificación con tu supuesto yo (ego) no tenga ningún sentido ni perdure? Bien podría ser que la consciencia identificada (mente) se planteara preguntas -a través del personaje humano creado para ello- cuya respuesta ya conoce (preguntas retóricas) con el objetivo de que la búsqueda de la respuesta sirva para confirmar y reafirmar la ilusión de su existencia individualizada y determinada (con una identidad). La consciencia sin identificación (Estar Siendo todo simultáneamente, pero sin ser nada ni de ninguna manera) no pregunta nada, pues al no consistir en “un algo determinado” tampoco precisa saber nada que, por tratarse de otro algo concreto, aquello no fuera absolutamente ilusorio y retórico.   Noviembre-15


318- ¡Ni necesario ni posible! Bastantes veces recibo notas comunicándome lo difícil que resulta comprender el mensaje que trato de transmitir. Admito que así pueda percibirse e interpretarse; pero quizás ayude saber que generalmente los escritos que publico no están dirigidos a la persona o individuo que cree estar leyéndolos e intentando comprenderlos, sino a la consciencia identificada -mente- con la identidad de ese personaje, que la mente está creando y utilizando como intermediario. He ahí que, pese a la apariencia contraria, las relaciones humanas no son entre las personas, tanto como a través de las personas que las consciencias encarnan con ese fin. No es el ser humano, por tanto, el que puede ni el que necesita darse cuenta, aprender, reconocer o cambiar algo; se trata de que la consciencia identificada con ese instrumento advierta la absoluta innecesariedad, por ilusoria, que supone la creencia en la posibilidad de la existencia identificada y/o particularizada. Para estar siendo el Estar Siendo universal, simultáneo e instantáneo (Consciencia sin identidad ni identificación) de todas las posibilidades de estar siendo, no es necesario ni posible ser un algo, no es necesario ni posible ser un alguien, no es necesario ni posible ser en algún tiempo, no es necesario ni posible ser en algún lugar, no es necesario ni posible ser de alguna manera, no es necesario ni posible ser para algún motivo, no es necesario  ni posible ser con algún fin, etc.  ¡No es el ser humano el que está identificado con su consciencia, sino la consciencia la que está identificada con el ser humano que está creando y sosteniendo (en cada ahora mismo) para manifestarse a través suyo! Bien podría estar ocurriendo (todo ser y/o ocurrir determinado es mental) que ni los pensamientos, ni los sentimientos, ni las enfermedades de todo tipo, que se manifiestan a través de cada individuo y en la apariencia de cada individuo, no tengan su origen tanto en los conflictos emocionales de la persona, como en las “creencias e identificaciones” de la consciencia identificada con cada persona. ¡Igual que las emociones que se expresan a través de un aparato de radio no son del aparato radiofónico, sino del locutor, así tampoco las emociones que manifiesta el ser humano, pertenecen al ser humano, sino de la consciencia que está expresándose a través de su particular creación humana.  Noviembre-15


319- Identificación, perdón y diablo. Todo aquello que sea algo para alguien (sin importar la trascendencia, que desde la identificación con el yo personal se le quiera atribuir) siempre pertenecerá a un mundo y/o a una realidad ilusoria,  pues consistirá en el reflejo de las creencias de un sí mismo hipotético, delimitado, carente, egoico. Pese a que la humanidad lleve milenios caminando sobre el desierto de aquellas convicciones, nada de cuanto hayamos podido creer que estábamos viviendo habrá sido eso concreto que mentalmente se haya interpretado; nada hay siendo “un” algo, por lo tanto, nada ha sido, nada está siendo y nada será aquello, ni de aquella forma que, desde la percepción de un supuesto alguien, esté creyéndose y creándose. Una de las múltiples consecuencias de lo escrito anteriormente consiste en aclarar que todas las preguntas que comiencen por: ¿qué es…?, únicamente podrán responderse con suposiciones egoicas, es decir, con la creación virtual de formas ilusorias o creencias a partir de nada. Por desconcertante que resulte comprenderlo (¡menudo golpe representa para el ego!), el ser humano, al creerse y/o por vivir considerándose el ser de “una particularidad”, únicamente puede consistir en una creencia, de ahí que todo cuanto perciba y experimente desde esa consciencia identificada sólo serán creencias también. ¿Consistirá eso, que desde la percepción egoica se considera “perdón”, en la liberación de la creencia de estar siendo un alguien viviendo aquello que llamamos vida, junto con todo aquello que configura o acontece en esa aparente realidad? ¡Perdón: liberarse, soltarse, desapegarse de la creencia en la veracidad de “un” uno mismo; liberarse, de la creencia en un yo personal, liberarse de la creencia en un ego, liberarse de la creencia en ser un ser en lugar del Estar Siendo universal sin más! En el desierto de la identificación de la consciencia con las creencias, le dijo el diablo a Jesús: “Renuncia a Dios (al Estar Siendo sin identificación ni determinación) y te daré todo cuanto desees e imagines”. ¿No será que creerse un yo esté consistiendo en el resultado de la suposición de que se hubiera aceptado el ofrecimiento del diablo metafórico, esto es, que se hubiera dicho “sí” a los ofrecimientos de la mente y/o de la consciencia identificada con la particularidad separada que cada individuo cree estar siendo realmente? ¡Jesús era consciente de que Estando Siendo todo, nada real podía ofrecérsele! Estando siendo el Estar Siendo universal, ¿qué podría aceptarse que no se estuviera siendo ya? ¿Quién podría ofrecer algo y quién podría aceptarlo de quién?  ¡Pues eso!  Noviembre-15


320- Un juguete sin voluntad propia. Para que fuera cierta la existencia de algún algo, que pudiera ser ofrecido, recibido, aceptado, aprendido, experimentado, vivido, etc…, por alguien, primero tendría que estar admitiéndose -aunque fuera inconscientemente- la existencia particular del personaje que protagonizara aquello. Ahora bien, ¿sería cierto aquello que nadie experimentara, o quizás sea que se convierte en supuestamente cierto cuando un supuesto alguien cree experimentarlo? ¿Para quién podría ser algo cierto cuando no existiera previamente la creencia de ese alguien en si mismo? Evidentemente en todo esto el ser humano sólo puede ser un sujeto pasivo: un títere creyéndose otra cosa. ¿No será la ilusión de las experiencias personales, aquello que la consciencia utiliza para justificar la identificación con el supuesto individuo experimentador? ¡Todo ser algo determinado para alguien determinado es ilusorio; no hay dos porque tampoco hay uno! El Estar Siendo indeterminado -consciencia sin identidad ni identificación- no precisa del estar siendo de ninguna posibilidad determinada y/o identificada. ¡Admitir todas las hipótesis concretas imaginables sólo es posible dentro del sueño que nadie estará soñando! Sin la existencia ilusoria de la creencia ilusoria en el sujeto que cree en su existencia, y también en todo cuanto éste cree protagonizar, ¿donde estaría la culpa, el perdón, la felicidad, el sufrimiento, la vida, la muerte, el miedo y el resto de las experiencias en las que cree que cree ese personaje? Nada existe siendo algo cierto fuera de la mente (consciencia identificada) que esté creándolo. Por decirlo claro: el ser humano no tiene existencia propia, pues está hecho con las creencias de la consciencia que está creándolo en la falacia del aquí y del ahora mismo concretos. A partir de ahí, llegados a la comprensión de que las personas somos el juguete, sin voluntad propia, que la consciencia identificada -mente- crea y utiliza para jugar a creerse una proyección individual de la divinidad, parece claro que no sea tan cierto que las personas veamos en los demás, y en el mundo, nuestro propio reflejo (no hay mi yo y el yo de los demás), sino el reflejo de las creencias que conforman el personaje con el que la consciencia está identificada. Puesto que la fantasía de la individualidad se sostiene sobre las creencias que lo configuran, todo cuanto se perciba desde la identificación con esa supuesta individualidad únicamente serán percepciones de las propias creencias proyectadas. ¡Sueño feliz, sueño consciente!   Noviembre-15


321- ¡Ego! -Un amigo escribe: “¿Qué diferencia hay entre el conocimiento y la sabiduría?” La misma que entre dos personajes de ficción. -Respondo. “El conocimiento no te hace crecer interiormente, la sabiduría sí”. -Señala mi amigo. Sólo necesita creer en la necesidad de crecer la consciencia que se cree necesitada de crecer, es decir, aquella consciencia que por creerse “una entidad particular, diferenciada y separada” también se percibe a sí misma, y a la existencia, de forma fragmentada y carente, aunque ello no sea cierto fuera del fenómeno de esa percepción. -le argumento. “Me preocupa que por pensar que todo es una ilusión, no se haga nada por cambiar las cosas”. -Expone él a continuación. Excepto la percepción o creencia en el hipotético "uno mismo" (origen de todas las vivencias), nada más necesita ni puede cambiarse; en el fluir del Estar Siendo universal e indeterminado (la Realidad), por no consistir en “un algo” específico, no existe la posibilidad de ningún cambio real. Todos los cambios parecen que son cambios de algo cuando el Estar Siendo es percibido desde la suposición de una percepción externa, personal, egoica, separada. ¿Cómo puede denominarse eso de creerse entidades únicas, concretas y separadas de la Unicidad Indeterminada (el Estar Siendo simultáneo e instantáneo de todo sin llegar a ser un algo determinado) y además creerse también que somos los hacedores de alguna posibilidad que no consista en la del Estar Siendo universal sin el menor rastro de identidad ni determinación? ¡Ego! No se trata de hacer ni de dejar de hacer, tanto como de darse cuenta de que “fuera de la identificación ilusoria y/o egoica de la consciencia con un personaje hacedor” nunca es cierto que haya “un” alguien haciendo “un” algo, y tampoco que haya “un” algo que esté siendo hecho por “un” alguien. ¿En qué consistiría el fenómeno de pensar que si las personas dejáramos de hacer cosas e incluso que si los seres humanos desapareciéramos, el universo nos echaría en falta? ¡Ego! Si nadie ha nacido por voluntad propia, ¿porque debería ser algo diferente a una simple creencia y deseo de protagonismo, el hecho de que después de ese supuesto nacimiento sí que estuviéramos haciendo algo voluntariamente? ¡Ego! Mientras que las personas continuemos creyéndonos entidades particulares y protagonistas, las personas nunca dejaremos de creer también que somos los hacedores de muchas cosas, y, consecuentemente, sintiéndonos bien o mal, felices o infelices, útiles o inútiles, mejores o peores, culpables o inocentes, etc., tanto por lo uno como por lo otro. Incluso la creencia de que no fuésemos los hacedores, sino los instrumentos a través de los cuales se hacen las cosas, continúa escondiendo una intención egoica o dualista. La existencia de los instrumentos hacedores, y la existencia de alguna voluntad que estaría sirviéndose de los instrumentos hacedores, y la existencia de las infinitas cosas hechas por alguna voluntad a través de instrumentos hacedores, continuaría siendo una percepción dualista, egoísta, ilusoria. Por mucho que parezca percibirse de otro modo: ¡Nada hay, nada ocurre ni se hace, que ello no consista en el Estar Siendo absolutamente carente de cualquier necesidad de que exista el menor rastro de personalismo ni de determinismo!  Diciembre-15 


322- ¡Un buen entretenimiento! La creencia del ego (creerse una persona con  consciencia en lugar de una consciencia expresándose a través de una persona) teme a la creencia en la muerte, ¿de ahí que, para soportar ese miedo, el ego se invente la creencia en la necesidad de la existencia del más allá, del cielo, de un dios, de la reencarnación, del karma, de la expiación, de la evolución, del regreso a casa, de las almas y de todas las formas encubiertas de rechazar la completa transitoriedad de las creencias y del personaje que las crea suyas? ¿Qué, salvo el ego, (la identificación con la creencia de ser un yo particular, y, por lo tanto, efímero, determinado, condicionado, carente, dependiente y víctima) puede creer en la necesidad de que exista alguna posibilidad distinta al Estar Siendo carente de tiempo, identidad y cualquier otra limitación? ¿Qué puede limitar más que la creencia de que hay algo más…, y/o de que falta algo más? El tiempo no existe; pero tú tampoco. Todo lo que tú puedas creer que existe (tanto lo positivo como lo negativo) sólo existe porque tú así lo estás creando -en forma de percepción- para poder seguir creyendo en ti. Y lo mismo ocurre con todo lo que tú puedas dejar de creer que existe, pues ello tampoco dejará de consistir en otra creencia de tu ilusoria identidad. Comenzando siempre por el uno mismo (yo), nada existe, nada ha existido y nada existirá jamás, siendo “un algo determinado”, por lo tanto, tampoco ninguna de las causas ni culpabilidades que tú puedas estar buscando y/o utilizando para justificarlo. Nunca hubo causas, ni habrán efectos, que no consistan  en inventos mentales. Los seres humanos, por vivir configurando la creencia en ser partes de un todo, no percibimos la realidad, sino la interpretación limitada de la realidad que puede percibirse desde la identificación con la creencia de ser una parte. Los seres humanos, por vivir configurando la creencia en ser partes de un todo, percibimos la realidad como la suma de infinitas partes; sin embargo, aquello que consiste en el Estar Siendo universal sin determinación posible (nada Uno), por no consistir en “un algo  concreto ni nombrable”, tampoco puede tener partes. No discutiré que buscar el origen y/o las razones de algo concreto en el tiempo, en el mundo, en la vida y/o en los demás, puede servir para entretenerse; pero date cuenta de que al no ser cierta la premisa de la existencia de ese supuesto algo buscado, hasta que dicha ficción no sea reconocida también permanecerá cerrada la puerta del reconocimiento de que tampoco existes tú ni toda la fábula que la creencia en ti estará creando.  Diciembre-15


323- ¿Alguna vez te has sentido preso dentro de ti mismo? ¿Alguna vez te has sentido esclavo de ti mismo? ¿Alguna vez te has sentido extraño contigo mismo? ¿Alguna vez te ha costado un gran esfuerzo soportarte a ti mismo? Quien sentía todo eso no eras tú, es decir, la persona que tú crees que eres; nada de eso estaba sintiéndolo el personaje que estás representando, sino el actor que está haciéndose pasar por aquel: la consciencia identificada o mente. Sí, tú que estás leyendo estas palabras eres la consciencia que está manifestándose a través del individuo que creas y recreas con la identificación. El ser humano no es el autor de nada, sino el personaje ilusorio de una historia ilusoria. Y, sin embargo, ¡Consciencia, reconócelo…,  tú, siendo un tú, tampoco existes; tú, siendo una consciencia identificada, también eres una ilusión! ¿Comprendes ahora por qué tú, personaje con nombre e historia, no encuentras respuestas a las preguntas que se refieren a ti? ¡Eso que se refleja en el espejo no eres tú, sino tu obra, pues tú eres la consciencia que está percibiéndolo, juzgándolo, creyéndolo y creándolo! Y, sin embargo, tanto el observador como lo observado continúan siendo igual de ilusorios. Tú no eres aquello que se refleja en el espejo ni en cualquiera de las relaciones en las que el personaje humano cree participar, sino la consciencia que percibe, juzga, cataloga, experimenta y reacciona ante sus propias creaciones. El ser humano no es consciente de sí mismo, porque el ser humano, como instrumento que es, no tiene consciencia propia. Del mismo modo que el cerebro no es la mente, sino un instrumento de expresión de la mente, así tampoco el cuerpo, los pensamientos, los sentimientos, las emociones, etc., son el individuo que manifiesta esas capacidades de la consciencia identificada. Los ojos no ven, las manos no cogen, la nariz no huele, los oídos no escuchan, las piernas no caminan; el instrumento humano no habla, no piensa no siente, no hace, no percibe…, todo es experimentado ilusoriamente a través suyo. ¡Consciencia, deja de creerte el instrumento y asume la responsabilidad de ser la causa de cuanto experimentas a través de la ficción de tus creaciones! He ahí que la ansiedad, la depresión, la mayor parte de las enfermedades y de los estados anímicos o emocionales -tanto los agradables como los desagradables-, no pertenecen a la persona que, por reflejarlos en su apariencia, cree experimentarlos como propios; el individuo  no es causa, sino instrumento de la consciencia identificada con la existencia separada que está creándolo y utilizándolo para experimentar la fantasía de esa hipotética posibilidad. La existencia humana es igual de mental que todo cuanto aparentemente acontece en ella. ¿Comprendes ahora el poder de la manipulación, de la sugestión y de tantos métodos más empleados para…?    Diciembre-15


324- ¿En qué cree el ser humano, salvo en aquello que, por creerse una particularidad independiente, también está siendo él mismo, esto es, en conceptos? Entonces, ¿sirve para justificar esa identidad conceptual o intelectual, vivir generando tanta crispación, tanto sufrimiento, tanta desesperación, tanto victimismo y tantas creaciones mentales más, cuando toda posible vivencia personal únicamente estará consistiendo en los efectos de la identificación de la consciencia con ese personaje ficticio? Paradójicamente, la condición humana no radica en el hecho de ser humanos, sino en la creencia e identificación con todo lo que ese concepto determina. A partir de la caída en el abismo mental de la identificación, todo queda reducido al esfuerzo para que nada cambie y podamos seguir considerándonos víctimas del azar, del destino, del pasado, de la herencia familiar, de la ignorancia, del mal, de la evolución, del funcionamiento del mundo y de todas las posibilidades que sirvan para eludir la responsabilidad de que el origen de todas nuestras vivencias (creaciones ilusorias) está en la creencia asumida respecto a nosotros mismos. El ser humano, por estar configurado por el sistema de creencias que le hace creer suya la capacidad de ver, de tocar, de hacer, de conocer, de pensar, de sentir, de tomar decisiones, etc., vive convencido de que él y su mundo tienen que ser reales de la manera que está percibiéndolos e interpretándolos; sin embargo, defiende eso sin percatarse de que el significado de ver, tocar, hacer, pensar, sentir, etc., lo establece la misma mente (consciencia identificada) que está creando esa apariencia de realidad. La misma consciencia identificada o mente, que está creando las percepciones humanas, es también la que está interpretándolas por medio del instrumento humano. ¿Comprendes ahora que para ti tenga sentido aquello que tú vivas creyendo que tiene sentido? Ese personaje que se ve reflejado en el espejo no eres tú; tú eres la consciencia que está mirándolo, juzgándolo, catalogándolo, creándolo mediante su percepción. El ser humano no tiene consciencia; la consciencia está manifestándose a través del ser humano. Como la historia demuestra, los cambios en la ilusión de la existencia humana soló son posibles mediante la desidentificación y/o el desapego con lo dado por cierto y/o creído anteriormente.   Diciembre-15


325- La historia de la humanidad demuestra que “conocer al uno mismo personal” no es posible; y que eso lleva miles de años siendo así por la sencilla razón de que -excepto conformando una percepción imaginaria en continua transformación- no existe ningún uno mismo particular, que verdaderamente consista en el Estar Siendo de “un” uno mismo transitorio ni eterno. No es casual que las materias educativas se dediquen a enseñar a cerca de prácticamente todo menos del “conocerse a uno mismo”. La existencia de “un uno mismo” únicamente es posible en forma de creencia. El ser humano, junto con todo cuanto el ser humano cree que existe siendo algo y/o siendo de alguna forma determinada de ser, únicamente consiste en una creencia creada por la consciencia identificada con la hipótesis de su propia existencia individual y separada. Salvo en forma de creación mental, no existe ningún uno mismo y mucho menos “un” uno mismo sujeto a condiciones y limitaciones como la temporalidad y el espacio. Nada existe, acontece ni se hace…, que no consista en el estar siendo del Estar Siendo universal simultáneo, instantáneo, indeterminado y sin identidad. Por lo tanto, por mucho que ilusoriamente ello pueda percibirse materializado de infinitas formas distintas, ninguna de ellas consistirá realmente en el ser y/o el estar siendo de “un” algo cierto (Todo-Nada-Uno). He ahí entonces que no existe el tiempo, no existe el espacio y tampoco existe el ser que pudiera permanecer en un tiempo y en un espacio específicos (un aquí y ahora).  Compréndase que la naturaleza del “único uno mismo” existente nunca será personal, pues no consiste en el existir de algo, sino en el estar existiendo de nada que pueda definirse, comprenderse ni vivirse desde fuera y/o constituyendo una parte de ello; el único uno mismo es universal y representa el fenómeno de Ser existencia y/o del Estar Siendo de la potencialidad de todas las posibilidades de ser, aunque exentas de cualquier rastro de limitación o determinismo. El Estar Siendo del uno mismo, carente de identidad, limites y condiciones, siempre está presente en todo, precisamente porque consiste en el estar siendo simultáneo e instantáneo de todo, pero sin ser nada (sin ser un uno) determinado nunca. He ahí que no existe la muerte de nadie, porque tampoco existe la vida de nadie; y no existe la vida ni la muerte de nadie porque, salvo en forma de creencia o creación mental, tampoco existe nadie siendo “un” alguien.  Diciembre-15   


326- ¡Date cuenta! Al identificarse con la persona (¿durante la gestación o después de nacer?), la consciencia identificada con la particularidad de la persona pasa a creer -crea esa creencia- que es la identidad de la persona; de ahí que en lo más profundo de sí misma -enfrentada a la presencia silenciosa de la realidad- la persona se sienta y se crea dotada de una identidad propia, real y trascendente. Sin embargo, no es la persona la que vive, sino la consciencia a través de la persona a la que le proporciona una fuerte sensación de identidad y de protagonismo. Por lo tanto, no se trataría tanto de la necesidad de hacer algo para cambiar y/o para mejorar a la persona -que cada uno cree ser-, como de darse cuenta de que detrás de cada acto, cada pensamiento, cada emoción, cada sentimiento, cada intuición, cada experiencia humana o personal, está la identificación de la consciencia; detrás de cada vivencia humana está la mente, el ego, la creencia en la existencia verdadera de “un” uno mismo y la creencia en todo cuanto el ser humano piensa que cree y que protagoniza.  ¡Sin embargo, las creencias…, creencias son, y, consecuentemente, excepto creencias no son nada! Observa cada experiencia sin apego y verás que sólo es una opción escogida entre infinitas, y también que su origen (aunque lo pareciera) no está en la persona que lo refleja, sino en la consciencia identificada con ese instrumento humano. ¡¡Paradójicamente, la desidentificación de la consciencia puede llegar gracias a la consciencia de la identificación, esto es, gracias al “darse cuenta” de todo cuanto representa esa falacia!! Suéltate de todos los qué. Suéltate de todos los quién. Suéltate de todos los por qué. Suéltate de todos los para qué. Suéltate de todos los cómo, cuándo, cuánto, dónde. Suéltate de todo cuanto identifiques de alguna manera, pues, comenzando por tu propia identidad personal, nada que consideres el estar siendo de un algo, el estar existiendo de un algo, el estar ocurriendo de un algo, el estar experimentando de un algo… consistirá en eso que tú -consciencia identificada- estarás creando para justificar -a modo de victimario- la ficción de tu existencia particular o separada. ¿Te has dado cuenta de lo que le ocurre al instrumento humano cuando por algún motivo se desconecta temporalmente de la consciencia y/o pierde el conocimiento? En efecto, entonces queda demostrado que su naturaleza se parece bastante a la de un simple juguete sin batería. ¡Tú que estás leyendo estas palabras, date cuenta de que no eres el individuo con el que has estado identificado y defendiendo toda tu hipotética vida, sino la consciencia que está proporcionándole esa apariencia de identidad personal, con todas las consecuencias que eso conlleva; date cuenta de que todas las supuestas vivencias del pasado se esfuman en la intrascendencia mental sin dejar rastro ni consecuencias fuera, pero, después, date cuenta también de que igual que creaste a la persona, también creaste el sueño de tu propia identificación!  Diciembre-15


327- Nadie es el personaje que cree vivir siendo interpretado por un actor; pero tampoco nadie es el actor que cree que vive interpretando un personaje. Salvo ilusoriamente, nada es algo, ni alguien, ni de ninguna manera, ni por algún motivo. Nada es una posibilidad distinta a la de Estar Siendo nada concreto ni determinado (Nada-Uno). No hay ningún yo que buscar, ni que conocer, ni que cambiar, ni que recordar, ni que perdonar, ni que necesite sentirse feliz…, ni que nada de nada. Creer en la posibilidad de la existencia de algo determinado y/o identificado hace que la humanidad, por creerse esa posibilidad determinada de ser algo, viva deambulando sin rumbo de un extremo al otro de ningún sitio. Si yo fuera algo, y Dios fuera algo, entonces Dios y yo seríamos el mismo algo, por lo tanto, la manifestación mental de ambas posibilidades a la vez, pero sin que ninguna esté siendo "un" algo determinado y separado  de otro. ¡No hay dos existires distintos, pero tampoco uno! Démonos cuenta de que no es necesario ser algo para estar siendo el Estar Siendo de todas las posibilidades a la vez; sin embargo, paradójicamente, el echo de creerse un algo concreto, además de impedir darse cuenta de aquello, también obliga a vivir en una actitud continua de victimismo. Creerse mejor que otros demuestra exactamente el mismo victimismo que creerse igual y/o inferior. Vivir creyéndose y/o considerándose más débil, torpe, desafortunado, etc., que los demás, evidencia el mismo victimismo que vivir creyéndose y/o sintiéndose más fuerte, más inteligente, más afortunado, etc., que cualquier otro. El victimismo no consiste ni nace de aquello que cada individuo pueda creer y/o pueda creerse, tanto como del hecho de creerse algo, creerse alguien y/o creerse de alguna manera determinada en lugar del Estar Siendo universal, simultáneo, instantáneo, indeterminado y sin la menor posibilidad de identidad ni de identificación. Tan victimista estará siendo el personaje que esté considerándose infeliz, triste, solitario, incomprendido…, como aquel que se crea feliz, alegre, amado, etc., pues el victimismo -sinónimo de ego- consiste precisamente en estar creyéndose alguien siendo de alguna manera; el victimismo consiste en la actitud y consecuencia de estar identificado con las limitaciones, las carencias, las condiciones, las dependencias, la transitoriedad, los juicios, etc., que resultan de la creencia en estar siendo una particularidad concreta. Sin embargo, date cuenta de como, a pesar de todos los esfuerzos egoicos y victimistas, el aquí y ahora demuestra que nada estará siendo nunca aquello que tú, consciencia identificada con un sujeto observador y experimentador, precisamente porque estás creándolo, luego también creas que eres quien está protagonizándolo.  Diciembre-15


328- ¿Realidad? Los seres humanos, es decir, la consciencia identificada con el objeto-individuo o persona a través del cual está manifestándose -única y exclusivamente en el instante presente-, no cesa de pensar, hablar, meditar, filosofar, escribir, etc., a cerca de la realidad, como si verdaderamente existiera algo que fuera “la realidad”, y menos aún la realidad de algo ni de alguien. La realidad, sólo por el hecho de ser pensada, nombrada, conceptualizada… por alguien, es decir, por alguna consciencia personalizada, únicamente podría consistir en una creación ilusoria y/o en una interpretación egoica del nombrador.  El nombrador -identidad identificada consigo misma- crea instantáneamente aquello que nombra, de tal manera que el nombrador y lo nombrado están compartiendo la misma naturaleza ilusoria; el nombrador, el pensador, el sentidor, el soñador…, está recreándose a si mismo a través de sus creaciones. Las consciencias identificadas o mentes (por medio de la apariencia de las personas físicas) vivimos considerando una certeza absolutamente indiscutible el hecho de que la realidad tenga que “ser un algo”. ¿Quizás porque esa creencia parte de la necesidad imperiosa de las consciencias mismas de disponer de algo superior en lo que apoyarse y así poder justificar la creencia en nuestra propia existencia particular y/o separada del Estar Siendo universal? Si la realidad pudiera existir consistiendo en la existencia de la realidad, entonces no podría nombrarse y tampoco tener un opuesto (la irrealidad). ¡Nada es real ni irreal, por la sencilla razón de que nada existe siendo el Estar Siendo de un algo ni de un alguien!  Aunque ilusoriamente pueda percibirse e interpretarse como "el ser transitorio" de muchas posibilidades distintas, todo haber y/o existir y/o acontecer en este mundo, únicamente puede consistir en el Estar Siendo de nada determinado. Si intentamos entender desde la creencia en el entendedor -con el que supuestamente la consciencia se cree identificada-, ¿cómo podrá comprenderse, y quién comprendería, aquello que únicamente existe conformando esas creencias y mientras perduran esas creencias? ¡Nada es algo, nada es Uno; todo ser algo y/o todo ser uno será una creación aparente, mental, ilusoria, egoica, victimista!  He ahí que la mente y/o que la consciencia identificada con la ilusoria posibilidad de existir separada e individualmente, está creando al individuo a través del cual materializa o encarna dicha ilusión. Pero, precisamente porque ni tan siquiera la realidad está siendo una posibilidad de ser determinada, debería comprenderse que "nada fue creado ni ocurrió nunca antes de ahora mismo", es decir, que toda la ilusión de la existencia y/o del suceder de algo estaría produciéndose en cada aquí y ahora carente de tiempo y de espacio. No existe nada; por eso, fuera del recuerdo tampoco existe el pasado de nada, y fuera de la imaginación tampoco existe el futuro de nada. ¡Siempre has sido inocente porque nunca has existido siendo el ser de algo ni de alguien!   Diciembre-15


329- Breves (15). 1- ¿Aprender a través del sufrimiento y del dolor? Acepta la responsabilidad de que para ser el Estar Siendo de todas las posibilidades a la vez -que están manifestándose en forma de incertidumbre, creatividad y libertad absoluta- no es necesaria la creencia en la existencia de ningún dios creador, y tampoco necesaria la creencia en la existencia de ningún “uno mismo particular” y/o de ninguna identidad determinada. Acepta la responsabilidad de estar siendo sin la necesidad de creer tuyo (pensamientos, emociones, sentimientos, situaciones…,) nada con lo que justificar las limitaciones y las condiciones que exige el apego a las percepciones de tu ilusoria identidad. ¡Para estar siendo la universalidad sin el menor rastro de límites, contrapartidas, juicios, miedos, deseos…, no es preciso ser algo ni alguien; sin embargo, parece evidente que estar creyéndose “un alguien”, dificulta bastante darse cuenta de aquello. 2- Cualquier causa de sufrimiento, igual que cualquier causa de alegría, de felicidad, y del resto de los estados emocionales humanos, será de origen mental, pues consiste en el fruto de la identificación de la consciencia con la posibilidad de una existencia particular, separada, especial, diferenciada, egoica. Por lo tanto, comprendiendo ésto, quizás correspondería evitar el apego y/o el agarrarse a la creencia en la veracidad de ninguna posibilidad determinada que creyera estar experimentándose. Del mismo modo que la respiración y la circulación sanguínea tienen encomendada la supervivencia física del individuo, así también todo percibir, todo pensar, todo imaginar, todo sentir y/o toda actividad mental estará encaminada a mantener vivo ese aspecto de la identificación de la consciencia. Toda percepción y experimentación de algo concreto pertenece al mundo de la ilusión resultante de la identificación consciencial con la particularidad, de ahí que excepto en esa fabulación no exista ningún personaje obligado a aprender a través de la felicidad ni del sufrimiento, de la alegría ni de la tristeza, de las relaciones con otros ni de ningún proceso evolutivo que pueda creerse. 3- Los opuestos soló son opuestos aparentemente, pues constituyen la misma fantasía percibida desde diferente prisma; la identificación con un extremo también conlleva el apego y la atracción del contrario, pues en ambos casos permanece la presencia del mismo autor y protagonista. Sin embargo, pese a lo auténtico que parezca todo en el mundo de la ilusión, lo cierto es que no hay opuestos reales (dos) porque tampoco hay particularidad real (uno).  4- Quizás si se educara a las nuevas generaciones despertando la consciencia de Unicidad (en esa consciencia no cabe ninguna forma de desvalorización ni de victimismo), entonces pudiera comprenderse la gran falacia que constituye la creencia en la desigualdad y la creencia en que alguien carezca o dependa de aquello que, algo “percibido e interpretado como ajeno” pueda aportarle; aunque de todos modos cualquier acontecer concreto discurra en el mundo de la ilusión creada por su supuesto protagonista, tal vez entonces en el sueño podrían evitarse muchos casos de violencia doméstica y tantos conflictos más. Diciembre-15


330- ¡Tres personas distintas, pero ninguna verdadera! Recuerdo que la infancia de mi personaje-niño discurrió condicionada por los pactos establecidos entre una dictadura política, gentil e interesadamente acogida por los rancios responsables católicos de siempre. Fue entonces, mientras ilusoriamente la consciencia estaba afianzándose en el proceso de identificación con la identidad humana de aquel niño, cuando los maestros de la época,  encargados de impartir el debido conocimiento, sacaron de la nada el concepto de la Santísima Trinidad y lo convirtieron en materia de estudio y de obligado aprendizaje. ¡Tres personas distintas, pero un sólo Dios verdadero!- decían, porque eso les habían encargado que dijeran. La violencia (manifestación egoica o victimista) tiene múltiples formas de manifestarse; paradójicamente, mientras que una palabra malsonante puede ser considerada una forma de violencia, el echo de inculcar dogmas absurdos en las mentes (consciencias identificadas) de los niños, todavía se considera “de buena educación”. ¡Hay que joderse! Aquellas “tres personas distintas” eran el Padre de la barba blanca, el Hijo crucificado por los malos y Espíritu Santo revoloteando con forma de paloma. Sin embargo, estaba claro que lo más importante de aquella lección era aprendérsela de manera que  pasara a “creerse para siempre” que las “tres personas distintas y un sólo Dios verdadero” significaba que “no había tres dioses, sino sólo un Dios”. Con el paso ilusorio de la ilusión del tiempo, aquello no se olvidó, pero, como todo “ser algo para alguien” -sin excepción-, sí que ha ido desgastándose…, y la creencia en la Santísima Trinidad quedó reducida a una creencia tan superflua e irrelevante como cualquier otra. El proceso de desidentificación con la particularidad del creyente ha supuesto liberar a la “Santísima Trinidad” de la necesidad de ser santa, de ser trinidad y de ser cualquier otra posibilidad concreta de ser. En la consciencia de Unicidad y/o de la consciencia sin identidad ni identificación, nada es algo ni hay necesidad de la existencia de algún algo (No-Uno), por lo tanto, “salvo en forma de creencia aprendida-creída por la consciencia identificada con la individualidad”, no existen ni las tres personas distintas ni el único dios verdadero. ¡El simple hecho de que algo sea nombrado, pensado, imaginado, sentido, experimentado…, lo convierte en un producto de la mente o consciencia identificada con esa creación suya! Consciencia sin identificación, consciencia identificada y sujeto-objeto con aparente identidad propia: tres posibilidades distintas, pero, por estar siendo consciencialmente consideradas algo determinado…, “ninguna de ellas verdadera y/o las tres ilusorias”.  Diciembre-15


331- Breves (16). 1- La creencia en el yo personal esconde la obligación de la creencia en todo cuanto sea necesario para justificar la existencia de ese yo. La creencia en un Uno Mismo, en un Dios, en una Realidad, en un Algo Esencial, etc., esconde la imperiosa e ineludible obligación de crear credos, religiones, filosofías, maestros espirituales, ideologías, adeptos y creyentes. Sin embargo, en la consciencia del No-Yo y/o del No-Uno, nada se precisa, porque nada necesita ser creído, aprendido, conocido, seguido. 2- Hoy una amistad a tenido el valor (consciencia despierta) de compartir la idea de que “perderse en el Todo le aterra”. Hace unos días escribía sobre las típicas frases retóricas o trascendentales del ego: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿De dónde vengo y a dónde iré? Y decía que eran planteamientos retóricos porque se exponían conociendo de antemano la respuesta, pues, el verdadero objetivo de la pregunta consistía en obtener la confirmación de aquello que ya se conocía: ¡que todo ser algo “es y discurre” en la más pura ilusión! Ante la sincera expresión citada anteriormente -“perderme en el Todo me aterra”- la consciencia se encuentra ante otro caso evidente de retórica y/o de intento de auto-convencimiento, pues su planteamiento parte de la ilusoria convicción de que existe “un alguien concreto que puede perderse en alguna posibilidad desconocida y que además esa eventualidad le hace sentir un profundo temor”. No hay pensamiento, sentimiento, sensación ni experiencia personal que no nazca directamente de la creencia e ilusión de que se está siendo “un algo” distinto a ese todo universal que, sin ser nada concreto, posibilita que la mente especule con todas las creaciones imaginables. “Me gustaba más mi anterior visión de la cosa” -reconoció también esa amistad después. 3- Buscar no sólo significa dudar de que ya se está siendo lo buscado, sino, además, que existe algo que necesita buscarse; por lo tanto, paradójicamente, buscar equivale a la manera de no llegar a encontrar nada nunca. ¡No existiendo la existencia de nada determinado siendo la existencia de un algo concreto, he ahí que tanto lo buscado como el buscador constituyen la materialización de la misma fantasía! Para que, por ejemplo, una persona se hubiera olvidado de quién somos y de para qué estamos aquí, primero también tendría que crear y que admitir la ilusión de la presencia aquí del personaje que cree que hay algo que no recuerda…, que además cree que hay algo que puede y que necesita recordarse…, y que además también cree… ¡No existe ningún existir determinado; no existe ningún existir que consista en “un” existir ni en el existir de “un” alguien! 4- Ya está siendo todo, porque todo consiste en el estar siendo “ya” de nada determinado (No-Uno), y sólo en el Estar Siendo “ya” de nada determinado. Consciencia, no busques lo que no existe (culpa, perdón, sufrimiento, felicidad, tristeza, amor...), salvo en tu manera de interpretar tu no existencia y la no existencia de lo que crees que buscas. Nada hay, que siendo algo, no sea ilusorio.    Diciembre-15


332- Breves (17). 1- Desaprender lo aprendido es una expresión que suena muy bonita, muy espiritual, muy lírica, muy fantástica; pero, ¿quién tiene que desapreder algo… y qué tendría que ser desaprendido por alguien, cuando más allá de la especulación mental nunca hubiera habido nada ni nadie siendo algo ni alguien? 2- La mente o consciencia identificada interpreta que “no estar separado” significa “estar unido a lo otro”, e incluso “estar siendo uno con todo lo otro”; sin embargo, ¿acaso no continúa admitiéndose en esa interpretación la existencia y la presencia de dualidad, de ego, de “un uno propio” unido al resto y/o conformando un todo uno? ¿Consistirá “no estar separado” en el Estar Siendo de nada concreto, porque si se estuviera siendo algo, entonces inevitablemente también se podría estar unido o separado, ya que ser “un algo” impone la existencia de límites y condiciones? Parece evidente que sí. 3- Excepto en la creencia, que origina la apariencia de que la existencia puede consistir y/o estar configurada por la suma de infinitas particularidades conformando una totalidad (todo uno), no hay nada que esté siendo algo distinto al Estar Siendo universal de nada. Evidentemente, percibiendo desde los patrones de la identificación mental, nunca podrá comprenderse aquello que trasciende esa posibilidad. No habiendo nada, que esté siendo el estar siendo de “un” estar siendo determinado, tampoco pueden haber (salvo ilusoriamente) diferencias ni igualdad entre nada. Nada es diferente a otro algo ni igual a otro algo, pues no hay dos algos y tampoco un algo. He ahí que las consciencias humanizadas pueden hacer que los seres humanos (consciencia de ser ilusoria + forma humana de ser ilusoria) reaccionen de cualquier manera con tal de defender la autenticidad de esos conceptos. 4- En base a qué criterios o “creencias” tendría que ser más o menos espiritual hacer una meditación que ver un partido de fútbol, cuando, independientemente del juicio que la mente se invente y proyecte, realmente lo único estará haciéndose nunca consistirá en algo distinto al ejercicio de estar siendo sin más y por parte de nadie? ¿En base a qué criterios o “creencias” aquello que una mente considere bueno tendría que ser distinto a aquella otra posibilidad que fuera juzgada de otro modo, cuando realmente excepto el juicio que esté manifestándose nada estará siendo “un” algo ni de ninguna manera determinada? 5- No hay ninguna identidad personal, por lo tanto, date cuenta de que no es la persona la que hace esto ni lo otro; no es la persona la que persigue objetivos nobles, la que sacrifica su tiempo por causas ajenas, la que malgasta sus energías por mejorarse a sí misma y al mundo, la que lucha por sentirse realizada, la que busca con ahínco cumplir con su misión en la vida, la que necesita sentirse realizada y útil. ¿Comprendes ahora de dónde surge la percepción del sentimiento de la hipocresía humana?  Diciembre-15


333- Breves (18). 1-El concepto “ser humano consciente” no tiene ningún sentido. El ser humano no puede ser consciente ni inconsciente, pues es la consciencia la que está creyéndose humanizada, y no al revés. Es la consciencia la que, al identificarse con la posibilidad de la individualidad humana, crea la identidad ilusoria de la personalidad humana y de todas sus posibles experiencias. 2- La espiritualidad, por el simple hecho de ser nombrada, queda convertida en una especulación mental exactamente igual que cualquier otra. Nada es espiritual ni no-espiritual, pues nada existe siendo “un” algo que pueda nombrarse ni pensarse ni sentirse. El simple hecho de nombrar la espiritualidad y/o cualquier otra cosa que se nombrara, genera las creencias en la percepción dualista de división, separación, conflicto, tiempo-espacio, miedo y todas las ilusiones que sean “aparentemente necesarias” para que la consciencia continúe identificada. ¡Hay veces que estoy escuchando conferencias de espiritualidad y me vienen recuerdos de mítines políticos o de promociones comerciales de nuevos productos! 3- Las consciencias humanas suelen expresar tópicos retóricos tales como “Conocerme como soy…, aceptarme como soy…, cambiar mi forma de ser…, ser mejor persona, etc.,” que no conducen a la solución de nada, pues parten de afirmaciones y/o de convicciones absolutamente ficticias, por identificadas con la creencia en la posibilidad de que exista “un” alguien siendo de alguna manera. ¡Cada uno no es cada uno ni entre todos tampoco somos uno! No existe “un” estar siendo universal y simultáneo, sino “el” Estar Siendo universal, simultáneo y absolutamente ilimitado e indeterminado. Pero, consciencia, date cuenta de que ni tan siquiera “el Estar Siendo” consiste en “un” estar siendo; no hay dos, porque tampoco hay uno. 4- En el mundo del ego suele decirse que “las cosas son como son…”, como si hubiera algo real que fueran “las cosas”, y además “las cosas” pudieran ser de alguna manera distinta a como cada consciencia identificada las interprete y/o cada mente esté creándolas en el mismo instante que esté interpretando que algo es “una cosa” distinta a una supuesta percepción mental. En ese mundo de percepciones egoicas las consciencias humanizadas creemos que vivimos como si vivir pudiera consistir en algo distinto al estar siendo absolutamente incierto de la vida misma; vivimos como si estuviéramos interpretando la existencia de los personajes que estamos inventándonos.  Diciembre-15


334- Leo: “Aquello de lo que me puedo reír pierde el poder sobre mi”. -Quizás inconscientemente, una vez más la retórica convertida en expresión de una manera dualista, egoica y victimista de estar percibiendo y considerando el Estar Siendo universal, simultáneo, instantáneo, indeterminado y sin identidad (la realidad). Consistiendo absolutamente todas las posibilidades de existencia en el Estar Siendo simultáneo e instantáneo de nada concreto, ¿cómo podría creerse en la existencia de “un alguien” capacitado para elegir reírse de otra cosa existente y dotada del atributo de ejercer algún tipo de poder sobre ese sujeto, cuando todo ello no aconteciese en un ámbito absolutamente especulativo o mental? ¿Reírse de algo es verdaderamente diferente a llorar por algo…, o quizás son dos formas distintas de manifestar la veracidad de la creencia en mi, la veracidad de la creencia en ese algo y también la  veracidad de la convicción inconsciente de que ese algo pudiera tener algún poder sobre mi? Por muy distintas que parezcan  las acciones, las actitudes, los comportamientos, las circunstancias, etc., en verdad no lo son, pues todas comparten la naturaleza de un estar siendo algo ficticio: un yo personal ilusorio. ¿Existe realmente algo que tenga un poder real sobre otro algo, salvo porque yo (consciencia ilusoriamente identificada con la manifestación de una de forma humana) esté creándolo, quizás para poder seguir alimentando a modo de victimario la creencia en mi particularidad? No. ¡Elige lo que quieras, piensa lo que quieras, siente lo que quieras, vive como quieras…, pero desde la consciencia de que fuera del ámbito de las creaciones de tus creencias nada es bueno ni malo, nada es mejor ni peor…, por la sencilla razón de que ni tan siquiera es algo! La consciencia humanizada experimenta sufrimiento o felicidad, alegría o tristeza, amor o desamor, paz o ansiedad, libertad u opresión porque así lo elige, basándose para ello en los programas o creencias con los que permanece identificada, esto es, por la propia inercia de ese fenómeno. ¡Nadie busca ser feliz o infeliz, ser mejor persona o peor persona, ser reconocido por esto o por lo otro, ser más útil o menos útil, etc., por ningún otro motivo que por el de continuar creyendo en la autenticidad de su identificación (su sí mismo personal) por medio de la justificación que cualquiera de sus elecciones y/o papeles le proporciona!  Diciembre-15


335- ¿No-dualidad? Leo: Advaita es una palabra del sánscrito que significa "no dos" (No-dualidad). Advaita no es una filosofía ni una religión. No-dualidad es una experiencia en la que no existe separación entre sujeto y objeto, un "yo" y el resto del universo, un "yo" y Dios. Y también leo: La doctrina Vedanta Advaita promueve la existencia de un ser unido a la totalidad de seres existentes, hasta tal punto que no puede hablarse de relación entre los distintos seres, sino de unidad total. Es la unión entre el sujeto que percibe y lo percibido. -Tras leer esas definiciones opino que dicha interpretación de la filosofía y/o de la doctrina advaita supone un contrasentido total; pues, al afirmar aquello están contradiciéndose los fundamentos de ésto, es decir, estaría poniéndose en entredicho la esencia de la no-dualidad: ¡no un yo seguidor y lo seguido por mi, por tanto, no lo uno ni lo otro! Algo importante falla en estos planteamientos; algo que por el simple hecho de “que alguien creyera” estar cuestionándose, ¿qué falla?, ya estaría violando el espíritu advaita, pues estaría admitiendo la autenticidad de la existencia de esa razón. Asegurar que no existe (negar) la existencia de dos (no-dualidad) equivale a asegurar la existencia (afirmar) de uno; pero, como ha quedado demostrado, ¿acaso es posible afirmar lo primero, sin, a la vez estar también negando dicha  afirmación con lo segundo? He ahí que no existe diferencia entre negar y afirmar. He ahí que no existe diferencia entre ningún concepto y su opuesto. He ahí que no existe diferencia entre el dos y el uno. He ahí que no existe el dos (dualidad) ni el uno (unidad). He ahí que toda forma de existencia equivale a la existencia de nada. He ahí que cuando se dice que algo “es…” lo que verdaderamente está certificándose es el “no ser de eso ni de su nombrador”. He ahí que al manifestar que “no existe separación entre sujeto y objeto, entre un "yo" y el resto del universo, entre un "yo" y Dios…” lo que está dejándose al descubierto es la creencia en la posibilidad de que exista un algo de lo que un alguien puede tener consciencia y/o conocimiento. ¡¡¡El conflicto, que origina la percepción dualista no nace de la creencia en la percepción del dos y/o de la dualidad/polaridad, sino de la ilusoria identificación con el uno!!! No hay dos sin uno, pero tampoco podría haber uno sin dos; cualquier haber, con independencia del número, siempre será imaginario. He ahí que la no-dualidad no se refiere al no-dos, sino al no-uno y/o al no-haber de algo determinado. Incluso el uno, sólo por el hecho de serlo, precisaría de un entorno, de un límite, de un ambiente que lo contuviera, de una consciencia de estar siendo uno; no-dos significa no-un uno. ¡En el mundo de la ilusión todo es posible, porque nada es verdad ni mentira!  Diciembre-15


336- ¿Buscar fuera? La consciencia identificada con la identidad humana (no el ser humano) siempre busca “fuera” la razón de aquello de lo que, por percibirse y creerse siendo una identidad concreta, también cree carecer. Y exactamente igual (buscar fuera) hace también cuando recurre a la búsqueda de la culpabilidad y/o de la responsabilidad de SUS PROPIAS CREACIONES, en todo cuanto ilusoriamente vive considerando ajeno y/o externo. ¿Cómo no iba a sentirse carente aquello que estando siendo la potencialidad simultánea e ilimitada de todas las posibilidades pasa a creerse la identidad circunscrita de “una” entidad específica (un yo humano)? ¿Y cómo no iba a buscar en lo que considera FUERA DE LOS LÍMITES DE SÍ MISMA, las culpas y las responsabilidades de sus experiencias y de sus frustraciones, cuando más allá de esa ilusoria identificación está consistiendo en la manifestación intemporal y absoluta de toda la  existencia? Puesto que, salvo el Estar Siendo y/o el Estar Sucediendo del Uno Mismo Universal, carente de cualquier determinismo, no existe absolutamente ninguna otra posibilidad, toda búsqueda externa y toda esperanza únicamente tiene un final posible: el de terminar reconociendo que -comenzando por el sí mismo identificado o personal-, nada fue, nada es, y nada será nunca aquello que pudiera pensarse, creerse, sentirse y/o vivirse de alguna manera concreta por parte de alguien. Salvo el Uno Mismo carente de identidad, nada más hay que aceptar, pues todo lo que supuestamente tiene que ser hecho, conocido, aceptado, etc., nace precisamente de la ilusión consciencial de estar creyéndose “un” alguien. No es a la vida, a los demás, al mundo, a las circunstancias, al pasado, etc., a lo que la consciencia identificada o mente humanizada, encarnada en un aparente individuo humano, está continuamente juzgando, catalogando, culpabilizando, etc., sino al Uno Mismo Universal y sin identidad ni limitaciones, percibido como una infinitud de identidades determinadas, diferenciadas, ajenas, externas, rivales. ¿Comprendes ahora de dónde, por estar siendo todo el mismo Estar Siendo, surgen esos desagradables y dolorosos sentimientos que tú, consciencia identificada, experimentas cuando consideras que intencionadamente estás protagonizando algo contra otro; algo que no te gustaría que las demás consciencias te hicieran a ti? Al estar consistiendo absolutamente todo en el estar sucediendo o fluyendo simultáneo e instantáneo del Estar Siendo Todo-Nada-Uno universal, NUNCA SE ESTÁ HACIENDO NADA CONTRA OTRO NI A FAVOR DE OTRO, pues verdaderamente (fuera de la ilusión surgida de la identificación con las creencias) ni tan siquiera existe nadie que esté haciendo algo.   Diciembre-15 


337- Me dice una amistad: “Cada día te estoy entendiendo más; cuando un actor hace un papel en una obra, no es él..., es sólo un personaje que requiere de emociones para representar y ser creíble”. En efecto -le respondo-, pero, el ser humano ni tan siquiera es el actor…, sólo el personaje ilusorio de una obra ilusoria que está siendo creado e interpretado por la misma consciencia que, especulativamente -fruto de su propia percepción distorsionada y/o de creerse lo que no es-, está inventándose todo ese mundo de fantasía. De la especulación mental sólo sale más especulación mental. ¿Por qué sería posible darse cuenta de ello, cuando todo discurre dentro de esa espesa nebulosa mental? Queda claro que darse cuenta de eso es fácilmente posible y deducible…, pero no por un despertar, por una iluminación ni por ninguna otra posibilidad complicada o especial, sino precisamente porque todo ello es ilusorio, y más allá de esa creación ilusoria de la consciencia identificada siempre permanece presente y activo el fluir del Estar Siendo de la Consciencia sin rastro del determinismo, de la voluntad, de los juicios y de la intención…,  propios del apego a una identidad particular. El hecho de que todo ese entramado mental de pensamientos, sentimientos, ideas, sensaciones, intuiciones, experiencias, etc., resulte accesible, perceptible y comprensible, demuestra -sin dejar lugar a ninguna duda- que se trata de “un algo” absolutamente ilusorio, pues de no ser así NO HABRÍA NADIE QUE PUDIERA EXPERIMENTAR NADA NI DARSE CUENTA DE NADA. ¡Ilusión es todo aquello en lo que puede apreciarse la presencia de un algo y/o de un alguien!  El Estar Siendo Universal consiste precisamente en la ausencia absoluta de consciencia de cualquier algo determinado (Nada-Uno), por tanto, de ninguna fragmentación, separación ni diferencia. Si no fuera ilusorio tampoco podría percibirse; si puede percibirse es precisamente porque es ilusorio. Toda percepción y todo perceptor SON ILUSORIOS, SON EGO. Desde lo ilusorio sólo puede percibirse lo ilusorio. Toda percepción es ilusoria. ¡Consciencia, date cuenta de que todo lo que crees que sientes, estarás creándolo tú, como consecuencia de estar creyendo que eres quién puede sentir, experimentar, vivir algo. Sin embargo, tú y tus vivencias siempre serán absolutamente ilusorias, absoluto ego! ¡Consciencia, date cuenta de que vives creyéndote tus propias mentiras…,  tus propias identificaciones e ilusiones. Diciembre-15


338- ¡Identificación y atención! Desidentificarse no significa que “un alguien” particular e identificado (no existe nadie siendo una particularidad) tenga que hacer algo para, poco a poco, ir dejando de estar identificado con alguna personalidad; en lugar de eso, se trataría de trascender (ignorar,  no prestar atención, dejar de lado, etc.,) esa falsa montaña de creencias, puesto que dicha identificación, salvo ilusoriamente, nunca (pues tampoco existe la particularidad del tiempo), se produjo realmente. He ahí que, paradójicamente, cualquiera hacer de alguien en pos de procurar deshacer la creencia en su desidentificación, el único efecto que originaría consistiría en el reforzamiento de la creencia en la existencia del personaje que supuestamente estaría identificado consigo mismo y/o con su aparente particularidad. El día a día de la existencia de los personajes, surgidos de la supuesta identificación de la consciencia que se manifiesta a través de ellos, demuestra que la identificación con la parte -aunque fuera con la parte de un todo supremo y único- persiste generando conflicto, victimismo y una demanda continua de atención. Véase la estrecha relación entre “identificación” y “atención”. ¿Cómo no generar aquellas fantasías, cuando ello supone el nacimiento de una percepción absolutamente egoica de la existencia? Pero, el victimismo (resultado de estar prestando atención y/o considerarse el estar siendo de “un algo” distinto al Estar Siendo Universal e indeterminado, y, consecuentemente, algo ficticio) no sólo condena a su esclavo o títere a vivir en la adicción y la defensa a ultranza de la queja, del lamento, del complejo de inferioridad, de la lucha, del esfuerzo, del sacrificio, de la búsqueda, del miedo, de la culpabilidad, de la reivindicación y del sentimiento de carencia constante; en el victimismo también está el origen de todas las reacciones de ataque, de violencia, de abuso, de discriminación, de envidia, de celos, de frustración, de ambición, de las guerras. La actitud humana de victimismo, sinónimo de egoísmo, y origen tanto de la sumisión como de la crueldad más inimaginables, nace directamente de la creencia en la identificación con la individualidad humana, pues supone el apego total con la creencia o ilusión en la posibilidad de ser una miserable parte del Estar Siendo infinito e indivisible. ¡He ahí que, puesto que la Unicidad Universal no puede dividirse ni separarse (porque no consiste en “un uno” determinado), creerse alguien supone vivir en la consciencia de la mayor desvalorización posible! ¿Comprendes ahora…?   Diciembre-15 


339- ¡Este supuesto mundo nuestro! Vivir en la creencia de ser un individuo, en lugar de la consciencia que ilusoriamente está creándolo y manifestándose a través de ese instrumento, no es un hecho egoísta, sino el origen de TODAS las expresiones egoicas y/o humanas. Las consecuencias de estar  percibiendo e interpretando el Estar Siendo universal e indeterminado (Nada-Uno, nada algo específico…) desde la perspectiva de un estar siendo particular e ilusorio, no son otras que todo cuanto estamos considerando que conforma nuestra vida diaria en este mundo. La fuente de las expresiones egoicas (el egoísmo no tiene porque considerarse bueno ni malo, pues sólo consiste en una forma de percepción y de creación de una realidad ficticia), brota directamente de la identificación consciencial con la creencia en la posibilidad de la existencia de las particularidades y/o de la existencia de “un todo concreto” conformado por la unión de infinitas partes. En la práctica ello supone vivir en la fantasía de que yo (consciencia identificada con esa posibilidad) soy algo distinto al resto de la existencia que, precisamente por creerme tal cosa, también percibo fragmentada en infinitas posibilidades diferenciadas entre sí. A partir de ahí, no  resulta difícil darse cuenta de la razón por la que “en este supuesto mundo nuestro” “TODO ESTÁ CONFIGURADO” de manera que siempre prevalezca la percepción de tal ilusión: la percepción de las diferencias surgidas y/o creadas por medio de los juicios mentales. No es casualidad que la educación familiar e institucional esté orientada a lograr que las personas (instrumentos de las consciencias identificadas) sean buenas, obedientes, disciplinadas, sacrificadas, trabajadoras, etc., pues, en procurar juicios y conceptos determinados (no importa del signo que sean), radica el fundamento del egoísmo, generando causas ficticias de “percepciones” de división, separación, rivalidad, etc. Paradójicamente, los considerados SERES BUENOS O SANTOS, que las religiones dualistas y egoicas diferencian del resto al ensalzarlos e idolatrarlos interesadamente, sólo pudieron ser santos por haber actuado llevados por un gran ego. Por creerse individuos concretos y particulares, incluso los santos son grandes egos identificados con unas creencias determinadas que, egoicamente, se consideran mejores. Tan egoístas (por ilusorias) son las manifestaciones concretas que puedan considerarse de santas, como las que puedan catalogarse de malvadas. ¡Consciencia, reconócelo, lo mismo cansa y aburre vivir identificada con un personaje "que vive representando el papel de bueno en un teatro", como vivir identificada con otro que vive interpretando a un personaje miserable! Egoísmo no consiste -como hasta ahora las consciencias hemos estado interpretando- en ser de una manera u otra, sino en creer que se esta siendo alguien y de alguna manera. Por mucho que llevemos siglos y siglos creyendo y fomentando la CREENCIA EN LAS IDEAS de que ayudar, comprender, amar, etc., a los semejantes, “que mentalmente percibimos y consideramos” como “los otros”, ello es muy positivo y no consiste en una actitud hipócrita y profundamente egoica, he ahí que la obstinación de los hechos se encarga de demostrar lo contrario.  Diciembre-15


340- ¡El fluir del Estar Siendo Universal! No hay espiritualidad y no-espiritualidad, porque, excepto en el ámbito de la ilusión mental, no hay división posible; más, no hay división, porque, fuera de aquel espacio especulativo, imaginario o mental…, tampoco hay la existencia de “un algo” que pueda dividirse. ¡No hay dos, porque tampoco hay uno siendo “un” uno! Todo cuanto el ser humano cree que ha vivido, que vive y/o que le ocurre, y también que alguna vez puede llegar a suceder…, siempre es fruto de la creencia en la posibilidad cierta de que ello sea así. ¡Todo ser algo para alguien nace de la creencia en la posibilidad de la existencia de “un Uno”, siendo algo concreto y/o determinado al margen de la especulación perceptiva! La causa de nuestros enfados, nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestra felicidad, nuestras frustraciones, nuestras ilusiones y esperanzas… no es de la vida, no es del mundo, no es de una divinidad suprema, no es de los demás, no es de la necesidad de evolución, no es un castigo ni una lección, no es consecuencia del pasado ni por ninguna otra razón concreta; toda esa fantasía está creándola la misma consciencia identificada (mente) que, “al juzgar el fluir constante e indeterminado del Estar Siendo Universal” de esas maneras concretas, también ilusoriamente cree experimentar todo aquello. ¡Todo ser algo y/o suceder algo es ilusorio; todo ser algo (juicio) para alguien (consciencia identificada) es fruto de una percepción egoica del fluir incondicional e indeterminado del Estar Siendo Universal! Nada de cuanto sientas tú (consciencia identificada o mente humana) procede de fuera de ti, sino que estarás creándolo tú. Por tanto, suelta la costumbre de culpar y de culparte, suelta la costumbre de juzgar y de juzgarte, suelta la costumbre de creer en la necesidad de la existencia del miedo, del amor, del sufrimiento, de la felicidad, del deseo y de cualquier otra posibilidad concreta del existir de algo; suelta todas las costumbres, pues todo procederá siempre de la identificación con la creencia en tu existencia particular o personal. Consciencia, si te das cuenta de ello, comprende que, por ilusorio, todo ser algo puede trascenderse e ignorarse... sin que ocurra nada.  Diciembre-15


341- ¡No-Uno! El conflicto, que origina la percepción dualista (ver, pensar, sentir, experimentar, desear, temer…), no nace directamente de la creencia en la percepción del dos y/o de la dualidad/polaridad, sino de la ilusoria identificación de la consciencia con la unicidad determinada y/o el uno. ¡No hay dualidad porque no hay unidad! ¿Comprendes ahora por qué la culpabilidad de un alguien, por un algo, es otro producto ilusorio, victimista y egoico? La necesidad de la creencia en la existencia del uno (un yo, un dios, una vida, una realidad, un mundo, un concepto…) supone una falacia absoluta y una fuente inagotable de confusión, pues origina “LA FALSA PERCEPCIÓN DUALISTA DE -UNA- SUPUESTA REALIDAD”. La identificación consciencial crea la apariencia virtual del “uno” (el yo perceptor); pero, puesto que todo discurre en la más absoluta especulación mental, automáticamente también origina la obligación ineludible de admitir el fenómeno de “la dualidad ilusoria”, conformada por la separación y la diferenciación entre el perceptor, la percepción y lo percibido. ¿Comprendes ahora por qué todas las percepciones de algo determinado discurren en la ilusión de que está discurriendo algo? ¿Comprendes ahora por qué todas las percepciones, aunque parezcan distintas, en el fondo son la misma, es decir, son ego, son ilusión? ¿Comprendes ahora por qué en todas las percepciones de algo determinado sólo están percibiéndose  creaciones de un uno mismo imaginario? He ahí que una vez asumida la identificación con el uno (el yo perceptor) simultáneamente está creándose la identificación con la dualidad configurada por el yo perceptor (uno) y su percepción (dos), iniciándose así una cadena infinita de percepciones dualistas e ilusorias de fragmentación y de diferenciación. Advaita: ¡No-dos, no-dualidad! Sin embargo, es hora de comprender y de asumir que,  mientras persista la idea del Uno determinado, el no-dos continúa generando en una fuente inagotable de falacias. ¡La No-dualidad, interpretada como no-dos, continúa generando percepciones falaces, ilusorias, egoicas! Ni un todo único…, ni un todo compuesto por la unión de dos unos…, ni un todo compuesto por la unión de infinitas partes complementarias y unidas entre sí. Ni dos ni uno. Ni singularidad ni pluralidad. No hay dos y tampoco hay “un” uno. Por mucho que en el ámbito de la apariencia y de la ilusión (percepción egoica de la consciencia identificada) el Estar Siendo pueda percibirse fragmentado y enfrentado, la experiencia demuestra que cualquier estar siendo concreto siempre será imaginario.  ¡He ahí que la no-dualidad, entendida como no-dos, ha quedado anticuada y superada; ya no aporta motivación; es hora de trascender esa manera de comprender y de  percibir!  Diciembre-15

Final de las reflexiones del 2015.
Juande Puerta.


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