lunes, 12 de marzo de 2018

REFLEXIONANDO - 2018 (20)

40- Consciencia, date cuenta de que el deseo de sentir felicidad y/o de dejar de sentir cualquier otro sentimiento pertenece a un yo que se cree un yo, esto es, a ti considerándote tú y/o considerándote una identidad; date cuenta de que más allá de ese fenómeno de identificación, nada hay siendo algo (tú siendo tú) ni hay la necesidad de que algo esté siendo algo. Date cuenta de que ser tú consiste en SER, y nada más que en SER; date cuenta de que SER y/o ESTAR SIENDO carece de la necesitad de ser tú y de las carencias que tú pudieras percibir en ti. Date cuenta de que "todo aparente algo" tiene su aparente opuesto y que ese opuesto muchas veces está aceptándose y/o rechazándose como si consistiera en algo separado de la inexistencia de su causa. Ser, sin ser algo, no tiene sentido, porque al no consistir en ser algo determinado tampoco lo necesita; sin embargo, he ahí que "ser la existencia de algo" precisa de la existencia de aquello otro que le otorgue sentido y que no deje de sostener activa la percepción de esa apariencia. Consciencia identificada, date cuenta de que, comenzando siempre por tu propia identidad, nada es eso que parece… ni de la manera que pudiera parecer que es, precisamente porque NADA está siendo algo ni siendo alguien. Consciencia identificada, date cuenta de que eso que denominas y/o que consideras que consiste en la existencia del amor (como si algo estuviera consistiendo en ser algo distinto a SER), siempre estaría tratándose de  “amor propio”, pues siempre está tratándose de un sentimiento tuyo hacia ti y/o hacia aquello que tú percibes como si estuviera consistiendo en aquello que tú percibes siendo algo distinto a ti y/o aquello que para ti está siendo algo.  

41- “No te entiendo…” -me confirman algunos amigos. “No te entiendo…” -me dicen aquellas mentes y/o consciencias identificadas que, porque no se entienden a sí mismas, interpretan que no entienden aquello que consiste en algo ajeno que no se adapta a lo que entienden. “No te entiendo…” -recuerdo que me dijo un familiar, cuando yo era un niño…, y muchos otros “yos” a partir entonces. “No te entiendo…” -me he dicho a mí mismo bastantes veces, antes de darme cuenta de que no hay nada que entender ni hay alguien que necesite entender algo. Nada es bueno ni malo, nada es mejor ni peor, nada es una oportunidad que debería aprovecharse ni una oportunidad que debería dejarse pasar: salvo en esa manera de ver y/o de interpretar aquello que late en el programa de cada yo, nada está siendo algo ni está siendo de ninguna manera. Todo está consistiendo en SER, sin que algo esté siendo algo distinto a nada que consista en SER algo. SER, no admite las excepciones y/o las justificaciones imprescindibles para verse “siendo un yo”, por tanto, he ahí que no comprenderme a mi también consiste en SER…, y que nada falta por hacerse al respecto. Consciencia identificada, date cuenta de que tú crees que hay algo distinto a ti -algo que tú puedas y/o que tú necesites entender-, sólo porque tú crees que tú eres eso que percibes siendo tú, y que lo demás es aquello otro que tú percibes siendo lo demás, esto es, date cuenta de que quizás sea esa fantasía de percibir algo siendo algo (identificación) lo único que tratas de entender y/o lo único que continuamente está impulsándote a creer hay hay algo que entender. “Yo sí te entiendo…” -escucho decirme a mi mismo alguna vez todavía y/o que me dicen algunos amigos, confirmándose así que nada hay siendo algo distinto a sólo SER.

Juande Puerta.
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