lunes, 12 de febrero de 2018

REFLEXIONANDO - 2008 (11)

22- Todo “hacer algo”  por parte de alguien remite a la identificación de la consciencia con la existencia del personaje hacedor, de ahí que supone la perpetuación de la apariencia de su existencia: la sensación constante de la rueda que no deja de girar y/o del pez que se muerde la cola. Haz lo que quieras, pero sin expectativas egoicas, es decir, consciente de que nadie estará siendo alguien, y, por tanto, tampoco siendo el hacedor ni el experimentador de algo. Sin excepción, todo algo está consistiendo en el mismo no estar siendo algo y/o en SER, pero sin estar siendo “un” ser. Toda percepción de algo (existencia) consistirá en una percepción egoica, pues supone la identificación de la consciencia con la existencia de un perceptor determinado -la consciencia misma-, y, por tanto, algo distinto y separado de lo percibido. He ahí que si existiera un Dios, entonces toda su creación sería aparente, toda su creación estaría produciéndose en el presente y toda su creación estaría consistiendo en una percepción egoica de sí mismo. Hagas lo que hagas, con absoluta independencia de la manera que lo percibas, lo juzgues, lo nombres, lo valores, etc., sólo SER estará siendo. Date cuenta de eso y verás que ya está todo. Nada es algo; sólo estar siendo SER está siendo todo aquello que parece ser algo. Sin excepción, todo está siendo nada-algo y/o nada-uno, pero, ¿cómo podría comprender eso aquello que consiste en la suposición de que nada esté considerándose ser algo? ¿Cómo podría comprender, que nada está consistiendo en ser la existencia ni el acontecer de algo, aquello que, por estar considerándose la existencia de un ser determinado, pretendiera comprender algo? He ahí que tú y todo aquello que tú consideras que está formando parte de tu vida, discurre en ese imaginario laberinto de fantasías.  

23- Consciencia, date cuenta de que el impostor que finge ser tú, eres tú considerándote la existencia de algo. Consciencia, date cuenta de que el impostor que finge ser tú, eres tú jugando contigo a hacerte creer que tú eres algo. He ahí que no habiendo algo que esté siendo algo, luchar contra el ego supone la paradoja de tu lucha contra ti, de ahí que esa lucha (como cualquier otra acción y/o experiencia tuya) lo único que estará suponiendo será el refuerzo y/o la supervivencia de la identificación con la falacia de tu existencia. ¿Comprendes ahora porqué se dice que la máxima prioridad del ego consiste en procurar su supervivencia? Tú, no eres tú, ni eres ninguna otra posibilidad de ser algo, por tanto, tú tampoco puedes ser de ninguna manera, ni por ningún motivo, ni para algún fin. Date cuenta de que cada vez que piensas, dices, sientes, experimentas…, que tú eres algo siendo de alguna manera, etc., únicamente estás refiriéndote a aquello que crees que eres tú, pero que ni eres tú ni está siendo algo distinto a sólo SER. He ahí que, cuando nunca algo consiste en ser algo, entonces todo está consistiendo siempre en estar siendo SER. Nada pasa, nada llega, nada se queda, nada discurre, nada cambia, nada se transforma, nada evoluciona, nada es juzgado, nada se aprende…, pues -más allá de la identificación con la percepción de apariencia-, nada está siendo algo y/o toda apariencia de ser algo está consistiendo en no estar siendo algo. He ahí que vivir considerándose la existencia de algo siempre está creando y facilitando infinitas posibilidades de experiencias; pero, date cuenta de que todas ellas son de naturaleza tan efímera, insustancial, subjetiva e intrascendente como la existencia de su  supuesto protagonista. -¿Por qué, desde que nací, parece que todas las cosas me pasan a mi? -Me confesó entre las lágrimas de la rabia, el dolor, la frustración y la impotencia que -exactamente igual que el sentir opuesto a ese- genera el fenómeno de no comprender que todo cuanto pueda ocurrirme a mi está creándolo mi creencia en mi…, y, por extensión, mi creencia en eso. 

Juande Puerta.
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