miércoles, 10 de enero de 2018

REFLEXIONANDO - 2018 (2)

04- “Debe ser hermoso vivir al margen del mundo de la percepción de los miedos, los deseos, los juicios, el sufrimiento, las dudas, la competencia, la ansiedad, la dualidad… ” -expresa la consciencia identificada con la percepción de la existencia del personaje que aparentemente está expresando y experimentando eso. Sin embargo, he ahí que fuera de esa “identificación imaginaria” nada está siendo bueno ni malo, bello ni feo, felicidad ni desdicha, amor ni odio, real ni irreal. ¡Nada está siendo algo distinto a SER! Consciencia, date cuenta de que la creencia en la infelicidad nace de la creencia en la felicidad y que -sin excepción- todo cuanto tú puedas considerar como la existencia de algo (tanto lo positivo como lo negativo), siempre está siendo creado por la creencia en la particularidad de tu propia existencia. Sin la identificación contigo (tú convertido en una identidad) nada estaría siendo lo otro. ¡No hay lo uno, pero tampoco lo demás! La percepción de dualidad nace de la identificación con el uno mismo; la percepción de  dualidad comienza con la percepción del uno que la percibe. La identificación con la existencia del perceptor no puede separarse del resto de las percepciones (propias o ajenas), pues todas están constituyendo la misma fantasía. Fuera del ámbito mental, egoico y/o especulativo, que permanentemente está creando el fenómeno de la identificación con la existencia del yo, no hay nada de lo que el yo identificado consigo mismo y/o consciente de sí mismo pueda percibir, hacer, sentir, experimentar y/o vivir. He ahí la paradoja de la trascendencia de no ser algo ilusoriamente convertida en la intrascendencia de ser alguien. 

05- Más allá de los límites de la mente, es decir, de las creencias, de los programas y/o de los patrones que están configurando los rasgos fundamentales de cada identidad (personaje interpretado por la consciencia identificada), sólo hay autodestrucción del yo, es decir, ningún yo hay ni puede haber; fuera de los límites que conforman la apariencia de la existencia de cada yo consciencial, “nada” hay que esté consistiendo en ser la existencia de algo. Las personas no son los personajes que viven interpretando el guión que creen estar protagonizando, sino formas imaginarias adoptadas por la consciencia identificada con todo ese universo de apariencias. No hay más actor que la consciencia identificada con la interpretación de la existencia de cada personaje. La persona no tiene identidad, ni voluntad, ni inteligencia, ni origen, ni destino; la identidad de la persona es la identidad de la consciencia que está manifestándose a través de esa creación imaginaria. El diálogo entre personas queda reducido al diálogo entre seres imaginarios. Las personas (los seres) no existen fuera de la creencia en la existencia del mundo de las personas. ¿Consciencia, comprendes mejor ahora el motivo del miedo a soltar las creencias que están sustentando la apariencia de la existencia de tus identidades? Consciencia, date cuenta de que crees todo lo que crees porque esa es la manera de creer en ti y/o porque tú identidad depende y/o está configurada por todas esas creencias; date cuenta de que, más allá de la creencia en tu existencia, nada está siendo tu existencia ni la existencia de algo más. He ahí que mientras permanezcas creyendo en ti no podrás evitar que la percepción de tu existencia esté sujeta al torbellino del continuo cambio de creencias.

Juande Puerta.
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