jueves, 13 de julio de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (48)

99- DEPENDENCIA. Percibir, exactamente igual que cualquier otra acción, deja de manifiesto el origen de una identificación consciencial (yo existo), un desdoblamiento artificial, pues toda existencia de acción, incluida la acción de existir, precisa de la existencia de un sujeto actor. ¡Existir depende de la identificación de la consciencia con la existencia de algo, aunque ese algo sólo consista en la ilusión de una percepción! Más allá del fenómeno ilusorio de la percepción del uno mismo (identidad ficticia, y, por tanto, incognoscible), no hay dos, porque tampoco hay uno. No hay dualidad (plural), porque tampoco hay unidad (singular). No ser-algo no puede comprenderse, porque, ¿quién lo necesitaría y qué sería necesario entender? He ahí la razón de que cualquier intento de comprender la existencia de algo lo único que origina es el reforzamiento de la identificación de la consciencia con la aparente existencia del personaje protagonista. Todo cuanto sea percibido por mi, como la existencia y/o el acontecer de algo para mi, sin excepción siempre estará consistiendo en un reflejo y/o una creación mental de la identificación con la percepción de mi existencia. Todas las particularidades que percibo nacen de la percepción de mi particularidad. ¿Cambiaría la comprensión de estas palabras algo? No, puesto que, excepto la experiencia ilusoria de existencia de algo, nada hay que pueda cambiarse.  

100- FELICIDAD Y OTROS TRUCOS. He leído que una persona le decía a otra que “…por fin se había dado cuenta de que no necesitaba de nadie para ser feliz.” ¡Cierto y falso! Según cómo se mire, llegar a esa conclusión parece un gran logro y/o una gran liberación; sin embargo, he ahí que en la identificación de la consciencia que afirma eso todavía predomina la presencia, la idea, la génesis, el programa, la creencia, el convencimiento, etc., de la existencia de un sí mismo (yo existo), de la existencia de las demás personas, de la existencia de lo otro y también de la existencia de la felicidad y de la infelicidad. Si te percibes y consideras siendo la existencia de una persona y/o de algo determinado, no podrás evitar sentirte arrastrado por el caudal de apariencias que conforma el cauce de esa identificación. La afirmación de que “tú” no necesitas de nada ni de nadie para “tú” poder sentirte feliz, no deja de consistir en el mismo truco de siempre: seguir creyendo en tu existencia particular. He ahí que la existencia de la felicidad, de las demás personas, del mundo, y de todo aquello que tú percibas consistiendo en la existencia de algo, sólo sirve para que tú continúes considerándote la existencia de ti, es decir, la existencia de algo que, por no ser algo, tú jamás podrás comprender en qué consiste. No necesitar de nada ni de nadie para sentirte feliz convierte a la felicidad en un disfraz de ti y/o en una dependencia de ti. Decir que no necesitas a los demás para “sentirte” feliz, esto es, para “percibirte” a ti mismo siendo tú mismo y siendo de ese modo, todavía no evita que persista en ti la percepción de la existencia de la felicidad y/o de cualquier otro truco que sirva para percibirte siendo la existencia de algo.

Juande Puerta.
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