miércoles, 28 de junio de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (44)

89- VÍCTIMA DE TI MISMO. No hemos olvidado quién somos, por tanto, tampoco tenemos que recordar quién somos ni quién no-somos. Sencillamente no somos; sencillamente nunca ha habido un soy ni un somos. No hemos olvidado qué somos, pues, dado que nunca hemos sido algo, tampoco nunca alguien ha conocido su naturaleza. ¡Ser, no significa ser algo ni ser la existencia de algo; SER, no puede conjugarse! El desconocimiento de aquello que, por no ser algo, tampoco puede ser conocido, comprendido, aprendido, descubierto, conquistado ni salvado, no significa que algo haya sido olvidado y tampoco que algo tenga que ser recordado. He ahí que creer que has olvidado quién eres y que debes hacer alguna cosa y/o superar algunas experiencias para recordarlo, únicamente sirve para poder seguir creyendo que eres el ser de alguien, por tanto, una víctima de ti mismo y/o de la identificación con la particularidad de tu existencia. Consciencia, date cuenta de que para olvidar y recordar, igual que para cualquier otro acto, percepción y/o experiencia, antes tendría que haberse asumido ser algo. Creerse ser algo es la causa creadora de todo cuanto la consciencia de ese ser algo después necesita creer que también es algo…, y es por algo…, y es para algo. Los ser-es humanos (ser en modo identidad humana) no sabemos despejar la incógnita de qué somos -ni ninguna otra que trascienda la apariencia de ser algo-, por el simple motivo de que no somos algo que consista en ser algo. Considerarse el ser de un ser supone el inicio del destierro al universo ilusorio de percepción de existencia y/o dualidad. He ahí que si alguna vez creíste que tienes que conocerte a ti mismo, ya puedes dejar de buscarte.  

90- CONSCIENCIA E INCONSCIENCIA. El universo de la consciencia de existencia (yo existo), por tratarse de algo determinado, siempre estará siendo mental e ilusorio. Paradójicamente, la inconsciencia humana consiste en el efecto de considerar real (ser algo) todo aquello que esté percibiéndose conscientemente y/o a través de la consciencia de existencia de un sí mismo. Sin excepción, toda forma de existencia y todo acontecer, que esté percibiéndose a través de la consciencia identificada con la existencia del perceptor, estará certificando su pertenencia a la inconsciencia de lo que significa SER. He ahí que, desde lo más positivo o supremo hasta lo más negativo o despreciable, todo cuanto esté percibiéndose y experimentándose como la existencia de “un algo” (percepción de dualidad), siempre estará tratándose de “un algo” exactamente igual de egoico o falaz que su opuesto. ¿Acaso puede creerse en la existencia de algo sin estar considerándose uno mismo la consciencia de la existencia de algo? ¿Acaso puede creerse en la existencia del amor, la justicia, la libertad, la paz y/o de cualquier otro valor, sin que ello suponga estar reforzando a la vez la creencia en la existencia del opuesto? He ahí que la causa de la percepción de la existencia de los enemigos (negativo) está presente también en la percepción de la existencia de los amigos (positivo), y que ambas -tanto en una dirección como en la otra- nacen siendo hijas o creaciones inseparables de la consciencia de la existencia del uno mismo perceptor. Se dice que la mente inconsciente es semejante a la parte sumergida de un gran iceberg; sin embargo, véase que aquello que el yo identificado (yo consciente) mantiene oculto, aquello que al yo identificado le asusta manifestar, aquello que al yo identificado le desagrada y/o  rechaza, no se trata de otra cosa que aquello que demostraría la mentira que supone vivir considerándose la consciencia de la existencia de un yo. Consciencia, date cuenta de que entre la existencia de un yo separado y la existencia de un yo unido todo continua siendo existencia de un yo.

Juande Puerta.
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