lunes, 12 de junio de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (40)

80- BREVES-3 (2017) 1-Cuando el hijo de la consciencia identificada (creado por la consciencia identificada), es decir, el yo egoico, el ser humano, etc., se dice a sí mismo: "yo tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo; yo tengo una mente, pero no soy mi mente; yo tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos; yo tengo emociones, pero no soy mis emociones...", y luego añade: "yo soy el observador y/o el testigo de todo eso..." en ningún caso estará refiriéndose a algo cierto, fuera de la fantasía que supone su propia existencia. ¡Tampoco algo es el observador! 2- Consciencia, date cuenta de que no se trata de perdonar, tanto como de no culpar. Si crees que tienes que perdonar a alguien por algo, entonces, sin darte cuenta, siempre -estés donde estés y hagas lo que hagas- estarás culpándote a ti de ser tú. La falacia de la culpabilidad es como un veneno que va matando poco a poco; pero no por aquello que supuestamente ocurrió alguna vez, sino por estar significando que estás creyendo que eres el personaje al que le ocurrió algo. 3-Nada es algo; pero tampoco nada es nada. Todo ES, pero sin ser algo ni ser nada. Entre ser algo y ser nada no hay diferencia, porque en ambos casos continúa presente la fantasía de la existencia de algo siendo algo. Ser algo y/o ser nada sólo es necesario en la identificación con la percepción de existencia. ¡Ni esto, ni eso, ni ninguna otra posibilidad! Consciencia, date cuenta de que la búsqueda de la verdad está en la creencia de que tú formas parte de alguna verdad; date cuenta de que la causa de la no-comprensión de la verdad está en la creencia de que hay alguna verdad que comprender y alguien que pueda o necesite comprender algo; date cuenta de que creer que eres algo se ha convertido en la causa de todas las preguntas trascendentales a cerca de tu existencia y también en el origen de todo -sin excepción- cuanto crees que has vivido, que estás viviendo y que podrás vivir alguna vez. ¡Nada es algo; pero tampoco nada es nada! 

81- BREVES-4 (2017) 1-Nada es algo, de ahí que, siempre ilusoriamente, pueda elegirse “percibir” aquello que se prefiera. Estando siendo…, que nada es algo, sin embargo todo parecerá estar siendo aquello que la consciencia identificada decida “percibir” siendo algo. Todo cuanto puede percibirse, puede elegirse percibirse siendo eso que está percibiéndose, precisamente porque no estará siendo algo determinado. ¿En qué consiste la imaginación, los sueños y las ilusiones que persigue el ser humano, salvo en la elección de aquello que quiere percibir siendo algo? 2-No es que -más allá de la apariencia de la existencia- los seres humanos no seamos individuos separados; es que no somos individualidades, no somos almas, no somos espíritus, ni somos ninguna otra particularidad. Porque nada consiste en ser algo, nada está separado, pero tampoco unido. ¡Todo está siendo el estar siendo de nada que esté siendo algo; nada consiste en algo distinto a SER! No es posible eludir el sufrimiento mientras está persiguiéndose la felicidad, pues en ambos casos -igual que ocurre con el resto de los sentimientos- ello estará consistiendo en la consecuencia de la identificación consciencial con la existencia del personaje protagonista de su aparente existencia. Consciencia, mientras continúes identificada con la percepción de la existencia de algo, ¿cómo podrás dejar de sentirte víctima de ser eso identificado? He ahí que si algo demostrara el hecho de tener consciencia de la existencia de uno mismo, ello consistiría en “la identificación” con esa percepción absolutamente egocéntrica e ilusoria. La consciencia de la existencia de uno mismo demuestra que la existencia del uno mismo consciente de sí mismo y/o consciente de cualquier otra posibilidad de existencia queda reducido al ámbito de la especulación mental. Tener consciencia de la identidad de uno mismo no significa SER una identidad; más bien supone el efecto de una identificación. ¿Desde cuándo la consciencia de la existencia de uno mismo ha supuesto que el ser humano consiga trascender los límites de esa identificación? ¿Acaso no está suponiendo justo lo contrario? He ahí que el títere y el ser humano necesitan por igual de la consciencia que los mueva. 

Juande Puerta.
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