viernes, 26 de mayo de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (36)

71- DEJAR DE SUFRIR. El ser humano quiere dejar de sufrir; pero sin que ello suponga dejar de ser el personaje que sufre. El ser humano quiere dejar de sufrir; pero sin tener que renunciar a ser aquello que, por creer que está siendo la existencia particular de alguien, también está originando la percepción de la existencia del sufrimiento. El ser humano quiere dejar de sufrir; pero sin tener que asumir que su existencia, y la existencia del sufrimiento que quiere dejar de sentir, están conformando la misma ilusión. El ser humano quiere dejar de sufrir; pero sin dejar de verse siendo un ser humano. Argumentando que ello forma parte ineludible de la condición humana, el ser humano vive justificando el victimismo de todas sus actitudes, el victimismo de todos sus comportamientos y el victimismo de todas sus esperanzas,  también con la  victimista excusa de que está persiguiendo el amor y la felicidad (efectos colaterales), como si la persecución del amor y de la felicidad, que desea sentir, no estuviera constituyendo también la principal causa del desamor y de la infelicidad que quiere evitar…, a la vez que la justificación del victimismo (profundo sentimiento de carencia e intrascendencia) que supone el fenómeno de la identificación con la percepción de su propia existencia. Utilizar el fin (búsqueda de la felicidad…) para justificar los medios (véanse las noticias diarias) nunca servirá para que la falacia de la existencia humana deje de consistir en la falacia de la existencia humana. El ser humano vive peleando, luchando, guerreando…, en pos de la paz y de la libertad, como si la falta de paz y de libertad que experimenta  no fueran el fruto de la creencia -absolutamente irrenunciable- que tiene asumida con respecto a la particularidad de su existencia, es decir, como si la causa de aquello que busca y la causa de aquello que quiere eludir dependiera de algo distinto a la creencia en sí mismo. Tú, es decir, creer que tú eres tú, es la cárcel (sin puertas ni paredes) en la que te sientes atrapado y prisionero; tú, es decir, creer que tú eres tú, también es la libertad que necesita armas para conquistarse y protegerse. Tú, es decir, creer que tú eres tú, está siendo la causa de todo aquello que tú creas que es algo y que es de alguna manera de ser algo. He ahí que, cambiar aquello que está creando la identificación de la consciencia con la existencia del personaje que pretendiera cambiar algo, nunca precisó de religiones, filosofías, dioses, maestros, lugares sagrados, ni prácticas especiales.  

72- YO, YO, YO…, Y TAMBIÉN YO. El ser humano (consciencia identificada), por creer que es algo, también creerá que siempre estará siendo de alguna manera, por algún motivo, para algún propósito, etc., etc., etc. El ser humano, por creer que es algo, también creerá que todo es “otro” algo distinto. Todas las sociedades humanas, con sus instituciones, gobiernos, políticas, economías, culturas, ideologías, religiones, etc., están construidas sobre esa falacia y giran alrededor de esa falacia. Quizás debería reconocerse que los personajes de una historia ilusoria son ilusorios también. Nada es algo ni es de ninguna manera; sin embargo, precisamente por ese motivo, en la ilusión de suponerse “ser la existencia de alguien” puede elegirse vivir como si se estuviera siendo  el  personaje que está creyendo ser algo obligado a vivir de alguna manera. Nada hay ni acontece, por tanto, he ahí que la existencia de todo aquello que parezca estar siendo percibido, protagonizado, experimentado por alguien, como si ello estuviera siendo la existencia y/o el acontecer de algo, siempre estará consistiendo en Nada. Comenzando por la percepción de la existencia del uno mismo, “Estar Siendo Nada” será lo único que siempre estará percibiéndose. Si en el juego de la percepción de existencia fallara algo, el error no estaría en aquello que estuviera viéndose, sino en la interpretación (consciencia) de que alguien estuviera viendo algo. El engaño de la percepción  no está en aquello que se percibe, sino en creer que alguien está percibiendo algo que consista en la existencia de alguna cosa determinada, y, por tanto, alguna cosa distinta al sí mismo absolutamente indeterminado (Nada-Uno). Todo está siendo; pero sin que ello suponga estar siendo aquello que pudiera percibirse desde fuera del Estar Siendo y/o consistiendo en algo distinto a SER. Paradójicamente, en el juego de la identificación consciencial con la percepción de existencia, el personaje que vive jugando a preguntarse quién soy YO, de dónde vengo YO, a dónde voy YO, para qué estoy aquí YO, etc., etc., es el mismo que vive dando por absolutamente incuestionable que él es aquello que está preguntándose así mismo por la existencia de sí mismo, y también el mismo que vive comportándose como si todas esas incógnitas trascendentales ya estuvieran resueltas. Yo, es la pregunta, y yo, es la respuesta. Paradójicamente, si algo demostrara la existencia de las religiones y de las iglesias, ello sería la inexistencia de un dios; si la existencia del ser humano y de un dios no fuera una creencia, entonces  la existencia de las religiones y de las iglesias no sería necesaria. He ahí que las creencias humanas persisten mientras persiste la creencia que el ser humano (consciencia identificada) tiene respecto a sí mismo.

Juande Puerta.
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