martes, 9 de mayo de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (32)

63- LA FELICIDAD DE NADIE. Paradójicamente, los seres humanos (personajes ilusorios protagonistas de la fábula de nuestra propia existencia) vivimos utilizando los supuestos grades valores de la humanidad (amor, paz, felicidad, libertad, solidaridad…) como la excusa perfecta para justificar las actitudes y los comportamientos que estarían en el polo opuesto. Parece que todas las actividades humanas se vuelven comprensibles y razonables cuando la causa de ello consiste en la persecución de “cosas” como la felicidad, el progreso, etc. Sin embargo, la felicidad que busca el ser humano es tan ilusoria como el ser humano que la busca y como todo aquello que cree que puede proporcionársela. ¡Si es algo (uno), entonces sólo podrá tratarse de algo ilusorio! ¿No será que la existencia de los grandes valores u objetivos de la humanidad -como la felicidad- sólo estén consistiendo en la excusa que utiliza el ser humano para ocultar la evidencia de que su existencia únicamente consista en el guión de una fábula? ¿Tantas universidades, tantas instituciones mundiales, tantos sabios del conocimiento, tantos recursos invertidos y tantas barbaridades justificadas…, para que todo siga como siempre, y la búsqueda de “la felicidad de nadie” continúe siendo el motor de nuestra historia? Si existe y/o acontece, siendo algo para alguien, entonces sólo puede tratarse de una existencia ilusoria. Nada ES algo, de ahí que la existencia de todo algo sólo sea posible percibida ilusoriamente. ¡Todo aquello que sea buscado por alguien, y también todo alguien que esté buscando algo, estará consistiendo en una simple falacia! ¿Qué felicidad podría superar a aquella que nadie necesitara sentir…, y mucho menos que sentirla dependiera de que algo pudiera proporcionársela? ¿Qué sentimiento de felicidad es aquel que está sujeto a la satisfacción de la ilusión de la existencia personal? Creerse uno (yo existo), es la fuente de todo lo que ello obliga a inventarse para seguir creyéndose uno. He ahí que todo aquello que el ser humano cree que busca, necesita, merece, protagoniza, etc., no consiste en algo diferente a aquello que le mantenga dormido, ciego, loco, inconsciente, es decir, identificado con la falacia de su existencia particular. Observando el discurrir de la fábula del día a día humano, es fácil darse cuenta de que dentro de esa narración nadie está buscando despertar, ni progresar, ni mejorar, ni conocerse; la única manera de continuar siendo la existencia de “un ser” es dentro de ese cuento y/o formando parte de esa ilusión. 

64- NADA-ESO. Por tratarse todas las formas posibles de existencia en simples percepciones ilusorias y/o de apariencia, fuera de ese espejismo nada de todo cuanto los seres humanos venimos asumiendo como nuestros pensamientos, emociones, actos, voluntades, esfuerzos, sacrificios, experiencias, etc., tendrá jamás el objetivo ni el premio de convertirnos en seres mejores. Con absoluta independencia del juicio que pueda emitirse al respecto, la única razón de todo ello siempre estará consistiendo en la ilusoria andadura del camino que conduce a seguir percibiendo que “somos” el personaje hacedor, experimentador, y protagonista de algo. ¡Nada es algo, de ahí que todo aquello que se juzgue siendo de una manera y/o  siendo de la opuesta, siempre  estará constituyendo la misma ilusión! La ilusión no puede transformarse en algo distinto a ilusión, porque ni la ilusión es ilusión. Nada está siendo algo distinto al Estar Siendo y/o al estar aconteciendo de nada-algo. Toda percepción de ser existencia de algo consiste en estar siendo nada que esté siendo percibido. Comenzando por el perceptor de algo, todo cuanto pueda percibirse consistirá en Nada-Eso ni ninguna otra cosa. Fuera del sueño de la existencia de algo, nada ni nadie es mejor ni peor que otro algo y/o que otro alguien, pues, más allá del sueño, que supone la percepción de la existencia de algo, nada existe siendo la existencia de algo ni siendo la existencia de alguien. Tú no eres tú, por tanto, he ahí que tus alegrías, tus sufrimientos, tus esperanzas, tus problemas, tus triunfos, tus enfermedades, etc., tampoco son eso ni es algo tuyo fuera de la ilusión de que tú eres la existencia de “un ser” especial. Fuera de la ilusión de la percepción egoica, nada está pasando, que ello no consista en que parezca que está pasando algo y que eso está pasándole a alguien. 

Juande Puerta.
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