lunes, 27 de marzo de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (22)

43- UN CUENTO DE FÁBULA. Había una vez una consciencia identificada con la posibilidad de ser la existencia de un yo particular (percepción de una realidad dualista y/o egoica), es decir, de estar consistiendo en una forma humana de existencia que trascendía el fenómeno ilusorio de esa percepción egocentrada. Esta consciencia identificada se sentía extraña y diferente a la mayor parte de sus semejantes, pues consideraba que su existencia, y la mayor parte de cuanto “percibía”, no le parecía coherente ni suficientemente satisfactorio. Intuía que algo no estaba en su lugar, por eso buscaba la manera de calmar aquella profunda sensación de vacío interior que la vida cotidiana no lograba llenar. Después de muchos intentos nulos de pensar, sentir, hacer, vivir, etc., como el resto de la sociedad, descubrió las “opciones mágicas” que le ofrecían las teorías y las prácticas espirituales. De perseguir la dicha, tratando de alcanzar las truculentas ofertas que “parecía” ofrecerle la adicción al materialismo, pasó a seguir los caminos que supuestamente conducían al conocimiento de su alma y/o de su yo superior. Comenzó a cambiar sus hábitos y actitudes. Ahora dedicaría su tiempo libre a conocerse a sí misma “para”  alcanzar la iluminación que mencionaban los libros y los maestros; ahora su máxima “ilusión” consistía en hacer todo lo que pudiera para lograr realizarse, para salvarse, para encontrar el camino de regreso a casa; ahora estaba convencida de que había venido a este mundo “para” aprender a soltarse y/o a liberarse de una identidad ficticia. El relato de este cuento de fábula podría seguir así durante el tiempo que se quisiera; sin embargo, he ahí que ni hay tiempo, ni hay cuento, ni hay protagonista de ningún cuento. Nunca ha habido ninguna consciencia identificada. Todo -incluido el cuento- cuanto “parece ser” un universo infinito de posibilidades distintas, sólo está consistiendo en el Estar Siendo Universal de nada determinado. La identidad ilusoria o ficticia del protagonista del cuento no es aquella que se posee, y, por tanto,  que sería necesario soltar, sino la que, sin ser, está suponiéndose que sí está siendo. ¡Nada Es algo, ni por algo, ni para algo, ni de ninguna manera! Preguntarse, ¿quién soy yo?, supone el mayor auto-engaño (un supuesto yo preguntándose a sí mismo por sí mismo) que pueda imaginarse… y el inicio de un cuento de fábula casi interminable. Observando con cierta despreocupación aquello que, percibido desde la hipotética identificación con la existencia humana, se percibe ocurriendo en este mundo, es fácil darse cuenta de la fantasía que supone la creencia en la existencia de un dios creador y también de todo aquello que se percibe ocurriendo, como si ello consistiera en algo distinto a una simple manera de ver e interpretar (un cuento) absolutamente ridícula. ¡Dios no permite que suceda lo que ocurre, porque no hay ningún Dios ni está ocurriendo algo!

44- SIN HABER NACIDO. Todo lo que existe en el mundo de la percepción humana de existencia, sólo existe en el universo conformado y configurado por la percepción humana de existencia; fuera de esa dimensión de la percepción, nada está siendo la existencia de aquello que esté percibiéndose. Consciencia identificada, date cuenta de que todo aquello que siempre has considerado que consistía en tu existencia y/o que estaba conformando la existencia de tu vida (todos tus pensamientos, emociones, circunstancias, experiencias, miedos, deseos, esperanzas, culpas, creencias, dones, defectos, remordimientos, anhelos…) nunca fue eso, nunca será eso y nunca algo será de la manera que alguna vez tú puedas percibirlo e interpretarlo. “Perdona a tus enemigos…”, no es un imposible, cuando está comprendido que los enemigos sólo son una manera egocentrada de percibir el fluir de la Vida. “Amar al prójimo como a ti mismo…”, no tiene ningún mérito ni dificultad cuando, está asumido que el prójimo y el sí mismo son la misma ninguna existencia de algo. “Poner la otra mejilla, y esperar sentado a los que vienen con la intención de crucificarte…”, no supone ningún hacer especial, cuando está siéndose el no-ser, el no-acontecer y el no-hacerse de alguna particularidad. El hacer y el acontecer, que se percibe siendo el hacer y el acontecer de algo, no consiste en un hacer ni un acontecer, sino en el Estar Siendo Universal, absolutamente carente de existencia de hacedores ni de aconteceres. La percepción de existencia no significa que la existencia del perceptor, la existencia de lo percibido y el fenómeno de la percepción de existencia estén siendo eso que está considerándose algo evidente e incuestionable. La sensación de vacío existencial, la necesidad de conocerse y de comprender la razón de aquello que está percibiéndose y experimentándose, la aspiración de regresar a la paz imperturbable de casa…, nada es algo; comenzando por el uno mismo, nada es eso que parece ser la existencia de alguna cosa. “Dejad que los muertos entierren a sus muertos…”, pues sólo pueden morir los que, sin haber nacido, viven en el convencimiento de que también llegará el día de su muerte. Toda apariencia de ser algo, de acontecer algo, de cambiar algo,  etc., únicamente estará consistiendo en la percepción egocentrada del permanente e indeterminado Estar Siendo de Nada. Dios es todo, porque todo lo que parece ser algo, está siendo-nada. Dios está en todas partes a la vez, porque no hay partes de algo ni algo sin partes. Dios lo conoce y lo puede todo, porque Nada es lo único que está siendo todo cuanto pudiera conocerse y hacerse. He ahí que incluso el  juego de imaginar la existencia de cualquier percepción (física, mental, emocional, anímica, espiritual, energética), únicamente está consistiendo en el Estar Siendo de Nada-Uno.

Juande Puerta.
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