jueves, 16 de febrero de 2017

REFLEXIONANDO 2017 (12)

23- DUALIDAD Y SEPARACIÓN-1. Salvo en el universo de la percepción transitoria de existencia, creado a partir la identificación de la Consciencia de Ser (consciencia sin identidad o mente) consigo misma , ninguna existencia y/o acontecer está siendo bueno, malo ni de ninguna otra forma, porque, excepto en forma de percepción, de juicio y/o de especulación mental, TODO NADA-UNO es lo único que está existiendo siempre. Paradójicamente, el fenómeno de la identificación de la Consciencia consigo misma, no sólo origina la percepción consciencial de la existencia del UNO (yo soy); también se convierte en la fuente mental y permanentemente creadora del resto del universo perceptible (he ahí la divinidad que -siempre ahora- permanece creando la percepción de la existencia infinita del universo). ¡La percepción sensorial, anímica, psicológica, espiritual, etc., de dualidad y de infinitud nace de la percepción del uno mismo! La percepción de la apariencia de “dualidad y separación” surge al identificarse la Consciencia de Ser consigo misma, de manera que por un lado la Consciencia de Ser (carente de identidad) continúa consistiendo en una fuente creadora de absoluta indeterminación, mientras que por otro lado la consciencia identificada o mente no puede evitar percibirse, pensarse, sentirse, experimentarse, etc., siendo la existencia de “un” algo determinado, por tanto, de percibirse dividida y separada de Sí Misma y/o de su Esencia. No hay percepción de existencia (ego) que no esté siendo efecto del fenómeno de la identificación consciencial; pero tampoco hay identificación sin Consciencia, de ahí que toda percepción de existencia (ego) esté consistiendo en una consecuencia de la identificación consciencial. ¿Será la percepción de la existencia del bien y del mal el primer fruto (manzana prohibida) de la identificación de la Consciencia de Ser consigo misma? ¿Es posible una paradoja superior a la que supone que la Inexistencia absoluta de determinación, sin embargo, “a la vez”, pueda percibirse identificada con la determinación absoluta de su existencia, esto es, siendo “un” algo? Nada que, por parte de alguien y/o de la consciencia identificada (mente), esté siendo percibido como la existencia-acontecer de alguna cosa, consistirá jamás en algo distinto a una percepción consciencial egoica e ilusoria. Consciencia identificada, date cuenta de que la primera creencia y/o la creencia que está originando la particular historia de tu existencia particular es la creencia de la identificación con tu particularidad (tu yo). La historia de la percepción de tu existencia no es nada más que el efecto de la identificación con la percepción delimitada de ti misma. ¡Podría decirse que la mente humana es esclava y fanática de la creencia en sí misma! Por mucho que percibido desde el fenómeno de la identificación consciencial la percepción de la existencia de algo unas veces pueda parecer de una manera, y otras parecer lo contrario, “nada” está siendo pensando, hecho, experimentado, decidido, conocido, aprendido…, por alguien: simplemente todo consiste en el Estar Siendo y/o en el fluir universal de nada determinado (nada algo). He ahí que los seres humanos, en tanto que consistiendo en manifestación de consciencia identificada, no podremos cambiar las condiciones de la “percepción” de nuestra existencia mientras no cambie la consideración (consciencia) que tenemos a cerca de la existencia de nosotros mismos. 

24- DUALIDAD Y SEPARACIÓN-2. La identificación de la Consciencia consigo misma no puede alterar (salvo ilusoria y/o perceptivamente) la naturaleza esencial de la Consciencia de Ser y/o de la Consciencia carente de límites e identidad; sin embargo, la identificación origina el fenómeno ilusorio (sueño, maya, etc.,) de la percepción de existencia de “un aparente estar siendo algo” determinado, cambiante y múltiple. La identificación de la consciencia transforma en MENTE a la consciencia identificada. La identificación origina en la consciencia identificada (mente) percepción (sensorial, psicológica, emocional, anímica…) de existencia, de dualidad, de determinismo y de separación…, allí donde NADA (Consciencia de Ser) está siendo lo único. Dicho de otro modo, la identificación consciencial origina la “percepción mental” de la CONSCIENCIA DE SER (todo siendo nada algo) ilusoriamente convertida en la percepción de existencia de infinitas formas aparentemente distintas, cambiantes y separadas entre sí. ¡El sueño no consiste en lo soñado, en lo percibido, en lo vivido;  el sueño consiste en la identificación consciencial con la existencia de un soñador soñando y/o de que aquello que se percibe estuviera consistiendo en algo distinto al incesante fluir del Estar Siendo Universal de Nada! He ahí que a “Ser Nada” se le llama realidad, y también sueño, cuando se percibe y/o identifica siendo la apariencia de algo. Así como la inexistencia absoluta de algo (Consciencia de Ser) no puede estar dividida en partes, la existencia, es decir, la percepción surgida tras la identificación de la consciencia, tampoco puede dejar de ser toda la misma. Estando consistiendo en Consciencia de Ser, “no hay percepción” posible y tampoco juicios, límites ni división; sin embargo, paradójicamente, considerándonos mente y/o consciencia identificada, todo consiste en percepción de la misma existencia (ego), aunque percibiéndose también absolutamente fragmentada y diversa. Igual que -por mucho que las apariencias muestren lo contrario-, no es posible ser una parte de la Consciencia de Ser (inexistencia de algo), tampoco se puede ser una parte de la consciencia identificada y/o de la percepción de existencia, pues la segunda únicamente consiste en una percepción egoica de la primera. Consciencia identificada, ¿comprendes mejor ahora el motivo de la incesante pugna y/o contradicción que percibes y experimentas en absolutamente todas tus percepciones de existencia, esto es, en la percepción mental (ego) de tu existencia? En efecto, comenzando por ti misma, todo cuanto percibes y experimentas existiendo, consiste en no-existencia.

Juande Puerta.
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